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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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19 Mayo 2019 04:00:00
Ecos del 68
Ecos del 68 es más que la documentación de las entrevistas del autor en las plataformas: Notas sin Pauta y Convoy Network. El libro, es la oportunidad de mantener con vida la tragedia nacional de aquella época, que por su misma impunidad se sigue repitiendo.

El propio Arturo Rodríguez, en El Regreso Autoritario del PRI, enumera puntualmente los casos de abuso de poder y yugo violento del régimen en decadencia. Hasta sus últimos momentos, el PRI mantuvo la fuerza militar y policial como remedio infalible para resolver asuntos de Estado.

Qué bueno que el profesor Iván Nieblas propuso Ecos del 68 como título de este trabajo, y qué bueno también que Arturo aceptara sin reparo, porque el libro llega en un momento en el que, desde la percepción de quien esto escribe, la sociedad civil cada vez batalla más para organizarse, alzar la voz, tomar las calles y manifestarse, sobre todo en la esfera estudiantil y particularmente en entornos como Coahuila.

Por lo anterior, Ecos del 68 aspira a eso, a mantener de manera permanente el sonido de una tragedia cuya noticia le dio la vuelta al mundo, atrae hasta ahora la atención de especialistas, pero no por eso es sinónimo de justicia para las víctimas, para los estudiantes, profesores, sus familias y la sociedad civil en general.

La historiadora María de los Ángeles Magdaleno Cárdenas, quien como lo señala el autor, fue responsable de integrar el archivo de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, Femospp, recuerda que amparado en la aplastante mayoría política de su partido, el PRI, y del férreo control gubernamental sobre cualquier institución, Gustavo Díaz Ordaz, el presidente del 68, asumió enteramente la responsabilidad histórica de la tragedia en Tlatelolco y con ello dejó evidencia de la impunidad del momento.

La historiadora recupera aquel pasaje, para desafiar a los políticos contemporáneos: “Quisiera ver hoy que un político se pare y diga: ‘Yo asumo las consecuencias de estos actos’. Lo que quieren es lo contrario; ver cómo dispersan y eluden sus responsabilidades”.

El libro llega en un momento en el que está de moda en las esferas de Gobierno, asumir responsabilidades de otras épocas y lamentarse y pedir perdón por culpas ajenas.

Hace unas semanas, a propósito de la revuelta mediática por la carta de Andrés Manuel López Obrador a España, en la que exigió disculpas por los agravios a los nativos mexicanos durante la Conquista, el propio Presidente de México anticipó que 2021 será el año de la reconciliación y su gobierno pedirá perdón a pueblos originarios por los agravios del pasado.

Aquí mismo, en Coahuila, los gobiernos estatal y federal se preparan para pedir disculpas a las víctimas de la desaparición masiva de personas en Allende, entre 2011 y 2012, en respuesta a la resolución de organismos internacionales sobre las investigaciones de crímenes de lesa humanidad, durante la época más dura de la violencia y la inseguridad en este estado.

Ahora mismo, como en el 68, más que perdón el pueblo reclama justicia, como lo señala en el libro Félix Hernández Gamundi, uno de los líderes estudiantiles del 68, y en aquel caso, ese principio moral no se concretará, pues la mayoría de los protagonistas materiales e intelectuales, directos e indirectos, voluntariosos y omisos de la masacre estudiantil, fallecieron.

Pablo Gómez contextualiza las vísperas de la matanza de Tlatelolco y lo hace de una manera relajada, como es su plática: “El movimiento estudiantil no nació un día específico, fue una serie de acontecimientos que se ligaron”, señala y destaca que si bien el movimiento estudiantil fue “derrotado”, (“fuimos aplastados”, señala el periodista Humberto Musacchio, preso durante la revuelta, mientras cubría la manifestación de los universitarios), queda la capacidad de organización de los jóvenes de entonces, quienes no necesitaron como guía a maestros, directivos ni funcionarios de las universidades.

Ecos del 68 no es una recopilación de testimonios, sino un esfuerzo por ponerle color a los trazos de la peor tragedia estudiantil, antes, durante y después.
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