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hace 5 meses
[Coahuila]

Una tradición ancestral

En el ejido San Francisco, en Castaños

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Una tradición ancestral
Es un trabajo artesanal de los ejidatarios preparar la mermelada de maguey.
Castaños, Coah.- Los primeros rayos del sol son los testigos del arduo trabajo en el campo, don Blas Martínez y sus hijos salen al monte en busca de maguey maduro para cortar y hacer cajeta, un proceso antes del vino.

Pueden percibir al olor silvestre de gobernadora, a su paso hay cactáceas con flores, es tiempo de la primavera y empiezan las nopaleras a ofrecer flores amarillas y naranjas, mientras que otras especies de cactus regalan flores color rosa.

Cuidándose de las espinas de los nopales, de los arbustos y otros pequeños magueyes que son hijuelos, así es como la gente del campo trabaja para elaborar la piña del agave fermentado para que la gente pueda probar su sabor inigualable.

Con pico, pala y machete la familia Martínez sale en busca de los magueyes, es un trabajo duro, cansado, agotador pero trae jugosas recompensas al momento de consumir el producto artesanal terminado.

El sol empieza a quemar la piel, los ejidatarios empiezan a sudar, van camino al monte cerca del arroyo del Cañón del Chilpitín, ubicado en el Cerro de la Gloria en el ejido San Francisco, donde los cerros guardan su riqueza natural y en cada hueco o espacio una historia que se quedó como un secreto, pues fue lugar donde habitaron los indios tobosos.

La elaboración del vino o la cajeta de la piña del agave es una tradición ancestral, los primeros pobladores del ejido enseñaron esta técnica, al parecer los indios dejaron este legado a los campesinos, que día a día descubren muchas propiedades al consumir la piña o el quiote.

Es el día domingo, los ejidatarios salen con sus herramientas de campo en su camioneta en busca de la planta curativa ancestral conocida como el maguey, la familia se reúne en la majada de don Blas Martínez en espera que los hombres de casa regresen en sus camionetas cargados con las piñas de maguey.

ES UN TRABAJO DIFÍCIL, ARTESANAL


Con picos, machetes y palas es como empiezan a sacar la piña del agave, no es un trabajo fácil, se lleva hasta una hora para sacar cada penca de la tierra, retirarle las hojas y espinas, se hace con cuidado para retirar la planta.

A partir del tercer año le crece un pequeño tronco a la planta femenina en el centro y una vez que crece y florece por medio de la polinización, se tiene la reproducción del agave, este método para la industria tequilera no se utiliza.

Cuando se deja crecer el quiote toda la fuerza y nutrientes del agave se van al arbolito, se tiene que cortar el quiote con cuidado, los ejidatarios separan los hijuelos del agave, para después replantarlos, con el pico empiezan a limpiar.

Después cambian de herramienta, toman un machete corto para hacer cortes de las pencas secas para dejarlo más manejable y de esta forma se le hace un corte conocido como “cacheteo” de las puntas del agave hasta el último corte que es el más importante, y se revisa si la piña está sana, si tiene manchas oscuras o rojas no sirve.

Una vez que la planta muestra signos de maduración, se puede apreciar en sus pencas se empieza el trabajo con el machete para quitar las espinas y hojas secas, rojizas o café, se lleva el último corte que se conoce como castigado que es eliminar el centro el cogoyo, donde se desprenderán cada una de las pencas.

Después se usa una herramienta conocida como coa, para arrancar la planta de la superficie de la tierra donde se encuentra la piña y no se le llama así por su sabor, es por la forma que tiene.

El peso aproximado de los agaves va desde los 40 a los 60 kilogramos de un tamaño mediano, varía, pues hay plantas de 20 kilos, dependiendo el tamaño.

EMPIEZA EL TRABAJO EN LA MAJADA

Los hijos, nietos y yernos empiezan a cavar un horno, este es un pozo profundo dentro de los terrenos de la casa de don Blas, lo preparan empiezan a rellenar con piedras bola y le prenden lumbre durante 8 horas, después colocan las piñas sin hojas y empiezan a cubrirlo con las mismas hojas del agave, con costales y tierra, para dejarlo reposar tres días.

Se retiran a sus hogares en la cabecera municipal, mientras que el proceso de cocimiento de las piñas continúa por tres días, no le destapan, dejan que el horno haga su trabajo durante las próximas horas.

Pasan los días y don Blas se encuentra en su casa esperando el día que van a retirar las piñas del horno, llegó la hora, empiezan a llegar sus hijos, yernos, nietos, hijas y nietas y toda la familia se reúne para ver el trabajo artesanal que elaboraron con sus propias manos y comer y beber del fruto de sus manos.

SON POCAS PERSONAS LAS QUE TRABAJAN ARTESANALMENTE LA FERMENTACIÓN DE LA PIÑA


La regidora de Turismo, Maribel Costilla, comentó que son pocos los ejidatarios que elaboran el vino o la mermelada del maguey, la familia Martínez no busca vender, hace el producto para convivir en compañía de todos los integrantes, quienes se reúnen para degustar el sabor único de la piña del maguey.

El quiote es otro procedimiento y la piña se elabora de otra manera, los sabores son parecidos, pero ambos son nutritivos y tienen un sabor único del campo.


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