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hace 1 semana
Fernando Vanegas

Se reencuentran

Agencia Reforma

Los cánticos retumbaron en el Estadio BBVA Bancomer en medio de un ambiente de reconciliación en el umbral de una nueva Final.

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"¡Señores, yo soy Rayado y tengo aguante!".

Este cántico retumbó en el Estadio BBVA Bancomer en medio de un ambiente de reconciliación en el umbral de una nueva Final.

No se llenó el "Gigante de Acero", pero 36 mil 721 aficionados se hicieron sentir como si no faltara nadie. No cantaban sólo los de La Adicción, cantaban todos.

Fue una noche como las que se acostumbraban en el viejo Estadio Tecnológico, donde los albiazules vivieron épocas de gloria que no han podido repetir en su nueva casa aún.

Después de un torneo de desencuentros, la ilusión está intacta. Quedó demostrado con las filas que se hicieron desde temprano para comprar un boleto y durante los 90 minutos de una noche fría, lluviosa y, si se quiere, nostálgica.

El ambiente parecía el de aquel diciembre del 2009 cuando el Monterrey perdía 3-1 al medio tiempo y lo dio vuelta en 45 minutos para ganar 4-3 y enfilarse al título del Apertura.

Enfrente estaba de nuevo el Cruz Azul, al que entre Humberto Suazo, Aldo De Nigris, Sergio Santana, Osvaldo Martínez y compañía vencieron para alcanzar la tercera estrella.

Con Walter Ayoví, otra figura de la "Época Dorada", como testigo, el Monterrey no esperó demasiado para provocar el grito de gol entre sus aficionados.

En tres minutos, Rodolfo Pizarro los llevó al delirio. Lástima que cientos o miles, quizás, se lo hayan perdido porque todavía no habían entrado por un problema en los accesos.

Hubo quejas, pero después fue toda alegría. Una guerra de porras se desató.

Por cada barrida, balón despejado, buen centro o un remate de gol, había un aplauso.

Hasta Avilés Hurtado se llevó una ovación cuando se alistaba para entrar a 20 minutos del final. No hubo espacio para los reproches o mejor dicho el equipo no dio motivos para ello.

Era 5 de diciembre y el ambiente de fiesta, porque la nostalgia alcanzaba para recordar que ayer hace ocho años, los Rayados lograron la cuarta estrella, la del Apertura 2010.

"¡Yo sigo a los Rayados a todas partes, porque es un sentimiento que se lleva en el corazón, yo daría la vida por ser campeón!", continúan cantando en las tribunas.

La letra toma otra dimensión al ver a los familiares de Mario Monsiváis, Austin Díaz y David Villarreal sostener la urnas con las cenizas de los tres jóvenes fallecidos en un accidente el sábado pasado, cuando se dirigían a Torreón para el partido de Cuartos de Final.

Corrección, no son 36 mil 721, sino 36 mil 724. Todos con la misma ilusión que en este diciembre del 2018 vuelvan a ser campeones como en el 2009, como en el 2010.