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Querida Ana
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24 Julio 2019 04:01:00
Querida Ana
Fíjese que estoy preocupado por los hijos de un querido amigo. Me dijo mi amigo que cuando sus hijos van a visitar a su suegro, el señor les ofrece una bebida con alcohol. Sus hijos tienen 16 y 17 años. Dice que solamente les da una cuba o cualquier otra con diferentes licores para que conozcan. Me dijo que a su esposa no le gustaba eso, pero que ni él ni ella se animan a hablar con el abuelo de los muchachos porque es una persona difícil y no quieren hacer polémica con él. Mi amigo no me dijo que esté preocupado, pero yo creo que sí está porque no había razón para que me comentara el tema.

En ese momento no dije nada pero pienso que mi amigo y su esposa están equivocándose. Fíjese que yo también, como ellos, no hice olas cuando mi padrastro les enseñó a mi hijo mayor y a un sobrino, hijo de mi hermana, a fumar. Quería que los niños-jóvenes tuvieran una buena relación con su abuelo. Bueno, ahora los dos muchachos que tienen 24 y 25 años, fuman. Han dicho que han querido dejar el cigarrillo, pero no han podido porque tienen muchos años fumando y es difícil.

Cuando mi hermano y yo éramos muy jóvenes, mi hermano mayor se salía de las fiestas familiares y de los compañeros de escuela, para fumar mariguana y tampoco dije nada para no meter a mi hermano en problemas y tampoco tenerlos yo, así que nunca dije nada a mis padres. Ahora me arrepiento, ya que como resultado, él ahora es un adicto y hace poco tuvo que ir a un hospital por sobredosis.

Finalmente he entendido y quiero proteger de las adicciones al alcohol, al tabaco o a las drogas, a mis hijos adolescentes y en el futuro, si Dios me deja aquí, también a mis nietos. Si tengo que hacerlo, trazaré la línea precisa. Los padres deben defender lo que es correcto, sin importar que se lastimen los sentimientos de suegros o padres, ya que eso implica un precio muy alto que se paga por proteger a los hijos o nietos.

Le suplico que publique mi carta por si a alguien pueda servirle la lección.

VALORANDO


QUERIDO VALORANDO:

Me alegra que finalmente haya encontrado la fortaleza y la convicción para hablar de lo que sabe que es correcto y lo mejor para sus hijos. No se puede esperar que los niños y jóvenes sepan lo que no se les ha enseñado. Los adultos deben tomar decisiones maduras aunque no siempre sean populares. Pero si no se pone un alto o se enseña y advierte con oportunidad, los hijos pueden terminar en una cárcel, si no es que en un cementerio. Hable con su amigo.

La vida de los drogadictos es un infierno, así que si los padres que ven a otros dar a sus hijos “un traguito” de alcohol o una probadita de cigarrillo o se enteran de que andan fumando mariguana o consumiendo alguna droga, no les piden que se detengan porque pueden lastimar sentimientos o puedan disgustarse, cometen un grave error. Una vida digna y sana es el mejor regalo que se puede ofrecer a los hijos por medio de un buen ejemplo, de estar siempre pendientes de ellos y de darles buenos consejos.

ANA
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