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Federico Muller
Federico Muller
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10 Agosto 2018 04:00:00
La cultura del no pago de electricidad
El comportamiento de los políticos mexicanos cuando llegan al poder presidencial suele ser impredecible, pues en reiteradas ocasiones sus promesas de campaña no pueden llevarse a cabo porque el contexto en el que fueron pensadas es totalmente diferente a la realidad nacional, sin importar que las intenciones de las propuestas hayan sido nobles y pretendan un mejor futuro para la población, de todas maneras fracasan por inviables.

Y una vez que sucede lo anterior, sus reacciones desde el poder se vuelven difíciles de predecir. Entonces, por la evidencia histórica, la formulación y ejecución de políticas públicas queda sujeta a lo que permita el complejo entramado político-económico nacional e internacional, que muchas veces ha sido contrario o simplemente omiso a los planteamientos asentados en el Plan Nacional de Desarrollo en turno, en el cual se plasman los objetivos que se pretenden alcanzar.

En el caso del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, por lo que ha dado a conocer a los medios de comunicación, se pueden apreciar claroscuros en las propuestas de trabajo que orientarán su próxima administración. Obviamente que al explicarse en un documento oficial requerirán de afinarlas hasta convertirlas en programas de obra pública y desarrollo social.

En este cúmulo de pretensiones aparecen algunas que tienen un impacto más psicológico en el ideario del mexicano que en la magnitud económica de los beneficios que generan; por ejemplo, sembrar arbolitos en una entidad del sureste del país, o la reducción de los sueldos a los funcionarios públicos que ocupan cargos relevantes en la Administración federal, aunque las rebajas no son significativas si se ponen en perspectiva y se analiza qué porcentaje representan en el Presupuesto de Egresos del Gobierno federal.

Los ahorros que se lograrían serían mínimos en relación con el gasto total, sin embargo, la medida es emocionalmente bien recibida por la sociedad y se aplaude en virtud de los excesos en que ha caído la burocracia “dorada” del Gobierno.

Otra propuesta, de corte keynesiano, del virtual Presidente y que ya ha sido probada con éxito en otras economías, es la construcción de vías de comunicación terrestres y líneas ferroviarias, que en mi opinión son planteamientos aceptables. Con ello, el crecimiento del sector de la construcción se incrementa, se generan empleos propiciados por la inversión privada y pública, siempre y cuando esta última no sea financiada por deuda pública.

Pero hay una promesa de campaña que, por lo visto, sí va a cumplir el candidato ganador cuando llegue al poder: condonar la deuda de miles de familias afincadas en los estados de Tabasco, Chiapas, Veracruz y el Estado de México que contrajeron con la CFE por el consumo de energía eléctrica de 1995 hasta el 1 de julio de 2018. La frase popular de borrón y cuenta nueva se aplica bien para este caso, quizá único en Latinoamérica.

El monto de la deuda de los morosos alcanza los 43 mil 320 millones de pesos, cifra significativa que aparece en los pasivos de la compañía de luz. Además, las finanzas de la CFE presentan un déficit de magnitud relevante, de acuerdo con su próximo director, deuda que asciende a 40 mil millones de pesos. También, la ahora empresa productiva del Estado durante varios años ha sufrido recortes presupuestales que han frenado la construcción de obras de infraestructura.

Aunque la medida propuesta por AMLO es muy popular, él la sintetiza así: “El más pobre va a pagar menos, y el que use la luz con fines industriales va a pagar más, pero no más de lo que paga ahora”. Desde mi punto de vista ese tipo de expresiones son muy temerarias porque no se conoce a fondo el mercado de electricidad monopólico y su transición a uno de competencia; y para variar fomentan el asistencialismo del Gobierno y la cultura del no pago.

Y lo más grave, el endeudamiento con la CFE de los hogares morosos no podrá borrarse en forma mágica: este se socializará y el resto de familias mexicanas que sí pagan su consumo de electricidad terminarán financiándolo o dejando de percibir servicios públicos a causa de los recortes que se suscitarán en el gasto público por las cifras negativas de la CFE.
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