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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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20 Mayo 2019 04:00:00
Jugar con trenes
Un autobús de Cancún a Tulum cuesta 160 pesos. No hay que esperar mucho para tomar uno con 29 viajes diarios disponibles de las 5:30 a las 22:05. Además, no tienen subsidios; son rentables.

El Tren Maya de López Obrador iría no solo de Cancún a Tulum, sino que llegaría a Bacalar, se adentraría en la península de Yucatán por Escárcega hasta Palenque y después regresaría por Campeche y Mérida hasta Cancún en un recorrido de mil 525 kilómetros. Según el Presidente, el proyecto costaría entre 120 mil y 150 mil millones de pesos, un máximo de 100 millones de pesos, 5.3 millones de dólares, por kilómetro. La construcción se haría en un tiempo sin precedente: cuatro años. El bajo costo y el breve lapso serían consecuencia de que mucho del derecho de vía ya lo tiene el Gobierno. Ah, y claro, ¡porque ya no hay corrupción!

Los trenes de alta velocidad tienen, según el Banco Mundial, un costo de entre 17 y 21 millones de dólares por kilómetro en China, 25-39 millones en Europa y 56 millones en California, Estados Unidos. El Maya no será un tren bala, pero tendrá una respetable velocidad de 160 kilómetros por hora. Ana Thaís Martínez Palacios del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ofrece cifras para construcción de otros trenes que van desde 1.9 millones de dólares por kilómetro del Osaka-Tokio hasta 111.9 millones del Bolonia-Florencia. A la inversión inicial hay que sumar, por supuesto, los costos de operación y mantenimiento.

El presidente López Obrador ha dicho que el tren tendrá capacidad para trasladar tres millones de pasajeros al año. Si es así, su capacidad estaría sobradísima. El Ferrocarril Chihuahua-Pacífico (Chepe), que junto con el Tequila Express es el único tren de pasajeros que queda en nuestro país, traslada alrededor de 170 mil pasajeros anuales en su ruta de 673 kilómetros de los cuales 90 mil son turistas y 80 mil rarámuris que no pagan tarifa completa. El servicio, proporcionado por una empresa privada, se mantiene solo gracias a un subsidio del Gobierno.

Casi ningún tren de pasajeros en el mundo es rentable. No hay razón para pensar que el Tren Maya lo será, aun si se construyera por 150 mil millones de pesos. El estudio del IMCO, empero, sugiere que los costos reales de construcción oscilarán entre 460 mil millones y 1.5 billones de pesos. Quizá el Tren Maya tenga un mayor número de pasajeros que el Chepe, pero esto llevaría quizá a un máximo de 200 mil o 300 mil usuarios anuales. No son suficientes para hacerlo rentable. Un boleto sencillo en el Chepe en clase turista entre Chihuahua y Los Mochis cuesta 3 mil 276 pesos. El tramo entre Chihuahua y Ciudad Cuauhtémoc, de solo 103 kilómetros, menos que los 130 de Cancún a Tulum, alcanza 667 pesos. Nada que ver con los 160 pesos sin subsidio de los autobuses Cancún-Tulum. Además los trenes a Los Mochis solo salen de Chihuahua los lunes, jueves y sábados. Tener 29 salidas diarias en un tren turístico es imposible.

Si realmente el Gobierno quisiera impulsar un transporte barato y eficiente en la península de Yucatán ampliaría la actual y excelente carretera Cancún-Tulum y mejoraría las que conectan con Mérida, Campeche, Escárcega y Palenque. Quizá un proyecto así no impulsaría la mística de la cuarta transformación, pero sería mejor para los supuestos propósitos que se tienen. El problema es que los políticos son como niños: les gusta jugar con trenecitos.


Declinación

Virtualmente todos los trenes de pasajeros son subsidiados, pero ni siquiera así los siguen usando los pasajeros. Según el IMCO, los servicios ferroviarios representan menos del 10% de los traslados por tierra en el mundo y hay “una disminución de casi 10% en los últimos 15 años”. No es la mejor perspectiva para construir un nuevo tren.


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