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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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13 Julio 2020 04:05:00
El fin del mito
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La enfermedad por coronavirus, declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pandemia el 11 de marzo, entró en su séptimo mes luego de los primeros casos confirmados en Wuhan, China, y aún no se vislumbra la tan ansiada luz al final del túnel. El director general del organismo, Tedros Adhanom, previno entonces de su alcance: “Esta no es solo una crisis de salud pública, es una crisis que afectará a todos los sectores, por lo que cada sector y cada individuo deben participar en la lucha. Desde un principio afirmé que todos los países debían de adoptar un enfoque coordinado entre gobiernos y sociedad, construyendo una estrategia integral para prevenir infecciones, salvar vidas y minimizar el impacto”.

El mundo deberá lidiar con el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad, por años sin término. El proceso de adaptación será arduo y prolongado. Los infectados rebasaron ya los 11 millones y el número de muertes excederá pronto los 600 mil. Con esas cifras, nadie en sus cabales puede cantar victoria. Las vacunas son un paso importante para proteger a la población, pero la inmunidad tardará en llegar. El sacudimiento ha sido mayor por el mito de que el hombre lo controlaba todo. Un organismo microscópico tajó la vanidad humana.

Las potencias han sido ridiculizadas y se ha comprobado que el centro de los sistemas económicos y políticos no lo ocupan las personas, sino los grandes intereses que mueven el mundo. Estados Unidos, cuya población es de 325 millones de habitantes, superará en los próximos días los 3 millones de contagios y los 140 mil decesos. México, el décimo país más poblado del planeta, se aproxima a los 300 mil casos y a las 40 mil defunciones, sin visos todavía de doblar la curva.

El Covid-19 ha causado mayores estragos en países con epidemias de diabetes y otros padecimientos asociados con malos hábitos de alimentación. Cuando el coronavirus no pasaba por la mente de nadie, Margaret Chan, predecesora de Tedros Adhanom en la OMS, advirtió hace cuatro años que la “evolución hacia una obesidad que afecta a la totalidad de la población se está produciendo a una velocidad aterradora”. Citó el caso de México: en el Distrito Federal, la obesidad en adultos pasó del 16% en 2000 al 26% en 2012. En niños de entre 5 y 11 años, la tasa era del 35 por ciento.
En la 47ª reunión de la Academia Nacional de Medicina, Chang planteó una de las paradojas de la globalización: “Por primera vez en la historia, el rápido crecimiento de la prosperidad está haciendo enfermar a muchas personas recién salidas de la pobreza”. Esto ocurre -dijo- “en países con pocos recursos y con sistemas de salud que carecen de la oportuna capacidad de respuesta. De continuar las tendencias actuales, puede darse el caso de que una costosa enfermedad como la diabetes acabe anulando los beneficios del desarrollo económico”.

Los gobiernos han preferido recaudar más impuestos y hacer la vista gorda en vez de reforzar las instituciones sanitarias y desarrollar programas preventivos. La elevada prevalencia de la obesidad y la diabetes -observó Chang- “no se puede achacar a una falta de fuerza de voluntad individual para renunciar a las grasas y dulces o hacer más ejercicio. Antes bien, ha de atribuirse a una falta de voluntad política para plantar cara a una serie de poderosos agentes económicos, como las industrias de los alimentos y los refrescos. Si los gobiernos comprenden cuál es su deber, la lucha (…) no está perdida”.
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