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Ricardo Alemán
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19 Julio 2019 04:06:00
‘El Chapo’ conmueve a AMLO; no 22 mil muertes violentas
Apenas el pasado martes llamamos la atención del Gobierno federal sobre la tragedia que significa que en los primeros siete meses de la naciente Administración se hayan producido más de 22 mil muertes violentas.

A pesar de que oficialmente ya se superó esa cifra de terror y de que un mexicano muere cada 15 minutos en algún lugar del país –por causas vinculadas con el crimen organizado y la violencia en general–, nada dijo el Presidente.

Ninguna alusión en sus cotidianas conferencias, a pesar de que en los 90 minutos que dura la perorata “mañanera” –en promedio–, seis mexicanos son asesinados en alguna parte del país; a pesar de que en lo que va del sexenio la violencia ha enlutado a más de 40 mil padres y a por lo menos 60 mil integrantes de alguna familia mexicana.

Nada dice el Presidente de esa tragedia, a pesar de que en su campaña prometió que acabaría con la violencia desde el primer día de su Gobierno; a pesar de que las más de 22 mil muertes violentas –en los primeros 231 días de su Gobierno–, son la mayor cifra violenta de la historia.

En cambio, al presidente Obrador si lo conmueve la “cadena perpetua” que fijó la justicia estadunidense al narcotraficante más buscado del mundo, Joaquín, “El Chapo” Guzmán Loera. Y le conmovió a tal grado que dedicó un responso de más tiempo que aquel que nunca le ha dedicado a la muerte de un ciudadano, político, militar o policía; más tiempo y atención que el dedicado a una familia de los más de 130 muertos de Tlahuelilpan; tiempo que nunca dedicó a uno solo de los niños con cáncer que dejaron de recibir atención por los recortes presupuestales.

En pocas palabras, en su peculiar doble moral, a López Obrador le conmueve la “cadena perpetua” del mayor narcotraficante mexicano –que debe decenas de vidas y envenenó a millones de personas–, pero ignora miles de tragedias cotidianas de mexicanos productivos que sufren violencia y crimen; que son asaltados y despojados de sus bienes; no le conmueven miles de feminicidios y menos que el grupo criminal de “El Chapo”, suma a sus filas a miles de niños.

Y si dudan de la doble moral presidencial, a continuación el responso de Obrador a “El Chapo”: “Lamento mucho que se den en estos casos, yo no quiero que nadie esté en la cárcel, que nadie esté en un hospital, que nadie sufra, soy un idealista, creo en el amor, en la fraternidad. Soy humanista, no le deseo mal a nadie, no me gusta hacer leña del árbol caído, es un principio bíblico. Espero que esto ya no siga sucediendo, que todos los mexicanos tengamos la posibilidad de ser felices”.

Pero no fue todo, también señaló lo siguiente: “Es una vida también ingrata, el tener una familia y no poderla ver, el andar a salto de mata, a lo mejor eso no es vida, y cuando todas estas cosas terminan en condenas, como esta de estar en la cárcel de por vida, en una cárcel dura, inhumana, pues sí conmueve”. Hasta aquí la cita.

¿Cómo debemos entender la conmoción presidencial por la condena a un criminal y el desdén por la tragedia de miles de mexicanos víctimas de la violencia y el crimen?

En primer lugar queda claro que, de nueva cuenta, la moral religiosa del Presidente –su credo evangélico–, aparece como política pública. Y es que no es la primera vez que habla del perdón a matarifes y criminales y de otorgar amnistía a los jefes del narcotráfico y del crimen organizado.

Tampoco es nuevo que en su Cartilla Moral y en su Economía Moral las políticas públicas del Gobierno de AMLO, contra el crimen, no son más que llamados morales como “portarse bien para que no hagan sufrir a sus madres”.

Sin embargo, lo cuestionable de la doble moral presidencial aparece cuando se conmueve por un criminal y, al mismo tiempo, ignora el daño que su Gobierno le causó a miles de niños que se quedaron sin guardería, a millones de niños sin escuela de calidad; cuando no le conmueven los niños con cáncer por sus políticas de austeridad, cuando parece festejar a los miles de desempleados por sus recortes; cuando no fue capaz de un responso por los más de 130 muertos de Tlahuelilpan, cuando pareció festejar la tragedia que costó la vida a la exgobernadora de Puebla y a su esposo.

Demagogia y doble moral de un Presidente que parece hacer todo para ganar el repudio popular.

Al tiempo.
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