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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

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12 Agosto 2018 04:00:00
Desde el corazón
Los hechos bizarros se multiplican, o tal vez tenemos más noticias de ellos, hasta un punto apabullante. Los delitos sexuales, en particular contra menores han proliferado; la violencia se dispara, y el suicidio se convierte en la puerta de emergencia ante situaciones que no se supieron manejar. Esta semana fue el ataque aéreo de Arabia Saudita en contra de un camión escolar en Yemen, que arroja un total de 29 niños muertos y 30 heridos. Estos niños, en su mayoría menores de 10 años, participaban en un paseo escolar. La búsqueda de una causa que explique estos hechos, nos remite al corazón.

la educación se ha orientado al área cognitiva, sin tomar muy en cuenta el área afectiva del ser humano. Desde el hogar hasta las instituciones de enseñanza superior, los objetivos se enfocan a adquirir conocimientos y aprender habilidades, muy por encima de aquellas esferas relacionadas con la inteligencia emocional. Parece que el sistema educativo no acaba de convencerse de esto: La cimentación para construir ese ciudadano capaz de transformar su medio no se apoya en la mente sino en el corazón de los niños.

Un niño deseado es aquel para el cual su familia se prepara con esmero. No necesariamente mediante cosas materiales, sino con una disposición de acogida, aceptación y apoyo. Son aquellos padres que establecen como prioridad el atento cuidado del pequeño, quien (lejos de una carga), es visto como el dulce compromiso de modelar una vida, trabajando para hacer de aquel ser humano la mejor versión de sí mismo.

¿En qué punto el erotismo de un individuo se distorsiona y toma el tortuoso camino de la pedofilia o la pornografía infantil? ¿Qué parte de la ecuación falló? Sin el mínimo deseo de justificar estas conductas, sí hay que reconocer que el alejamiento de una sexualidad sana indica un trastorno grave. El desechar la satisfacción que proporciona la relación amorosa entre adultos, a favor de una situación asimétrica, que además provoca un daño irreversible a un menor, no puede considerarse normal. Algún desajuste emocional severo es el que desencadena estos patrones bizarros, no puede ser de otra manera.

Por su parte el fanatismo es una actitud con una exagerada carga emocional, frente a una causa en la cual se cree firmemente. Tenemos casos de fanatismo en diversas ramas del quehacer humano, desde las religiosas hasta las deportivas. Comparten la creencia de que la propia afiliación a un grupo otorga superioridad frente a los que no pertenecen al mismo. Dentro de esto caben muchas conductas, de las cuales un ejemplo de gran crudeza se ve en las guerras. Atacar un camión de escolares como venganza por un ataque anterior contra militares, sin tocarse el corazón frente a esas criaturas, habla de una total enajenación emocional.

En días pasados recibí un video que describe la nueva técnica para defenderse de los asaltantes mientras se conduce: Aceleras tu vehículo para aplastar al asaltante contra el vehículo del carril contiguo, hasta hacerlo papilla. La situación económica del país ha provocado un incremento en la delincuencia organizada. El asaltante callejero parte de la idea de que los demás tienen lo que él no posee, lo que le concede el derecho de asaltarlos. Y si las víctimas potenciales no traen pertenencias para robar, el asaltante está en todo su derecho de matarlas por el mal rato que le ocasionan. Y es así como vemos escenarios de lo más abigarrado en torno a los asaltos comunes que antes terminaban con la escapada del asaltante, y hoy lo hacen con el homicidio del asaltado.

Los males del mundo nacen desde el corazón, y a este hay que orientarnos. Hacerlo desde que los niños son pequeños, dentro del hogar, para luego continuar con una vigilancia cuidadosa conforme van creciendo. En los latidos de ese corazón se encierra el ritmo del mundo.
12 Agosto 2018 04:00:00
Desde el corazón
Los hechos bizarros se multiplican, o tal vez tenemos más noticia de ellos, hasta un punto apabullante. Los delitos sexuales, en particular contra menores han proliferado; la violencia se dispara, y el suicidio se convierte en la puerta de emergencia ante situaciones que no se supieron manejar. Esta semana fue el ataque aéreo de Arabia Saudita en contra de un camión escolar en Yemen, que arroja un total de 29 niños muertos y 30 heridos. Estos niños, en su mayoría menores de 10 años, participaban en un paseo escolar. La búsqueda de una causa que explique estos hechos, nos remite al corazón.

Tradicionalmente la educación se ha orientado al área cognitiva, sin tomar muy en cuenta el área afectiva del ser humano. Desde el hogar hasta las instituciones de enseñanza superior, los objetivos se enfocan a adquirir conocimientos y aprender habilidades, muy por encima de aquellas esferas relacionadas con la inteligencia emocional. Parece que el sistema educativo no acaba de convencerse de esto: La cimentación para construir ese ciudadano capaz de transformar su medio no se apoya en la mente sino en el corazón de los niños.

La gestión empresarial exige del aspirante una serie de capacidades ejecutivas que lo sitúen como pieza clave en aquella estructura tridimensional de los recursos humanos. Con ello en mente el sistema educativo prepara individuos capaces de salir airosos en los desafíos para lograrlo. Pero de esta eficiencia tecnológica al desarrollo de una sociedad comprometida con las causas de bienestar y justicia social, hay un enorme trecho.

Un niño deseado es aquel para el cual su familia se prepara con esmero. No necesariamente mediante cosas materiales, sino con una disposición de acogida, aceptación y apoyo extraordinario. Son aquellos padres que establecen como prioridad el atento cuidado del pequeño, quien --lejos de una carga--, es visto como el dulce compromiso de modelar una vida, trabajando para hacer de aquel ser humano la mejor versión de sí mismo. Por un buen rato las prioridades personales de los adultos pasan a segundo plano frente a aquella tarea –demandante, sí, pero siempre satisfactoria—de contribuir en la tarea de apuntalar la formación de un ser humano.

¿En qué punto el erotismo de un individuo se distorsiona y toma el tortuoso camino de la pedofilia o la pornografía infantil? ¿Qué parte de la ecuación falló? Sin el mínimo deseo de justificar estas conductas, sí hay que reconocer que el alejamiento de una sexualidad sana indica un trastorno grave. El desechar la satisfacción que proporciona la relación amorosa entre adultos, a favor de una situación asimétrica, que además provoca un daño irreversible a un menor, no puede considerarse normal. Algún desajuste emocional severo es el que desencadena estos patrones bizarros, no puede ser de otra manera.

Por su parte el fanatismo es una actitud con una exagerada carga emocional, frente a una causa en la cual se cree firmemente. Tenemos casos de fanatismo en diversas ramas del quehacer humano, desde las religiosas hasta las deportivas. Comparten la creencia de que la propia afiliación a un grupo otorga superioridad frente a los que no pertenecen al mismo. Dentro de esto caben muchas conductas, de las cuales un ejemplo de gran crudeza se ve en las guerras. Atacar un camión de escolares como venganza por un ataque anterior contra militares, sin tocarse el corazón frente a esas criaturas, habla de una total enajenación emocional.

En días pasados recibí un video que describe la nueva técnica para defenderse de los asaltantes mientras se conduce: Aceleras tu vehículo para aplastar al asaltante contra el vehículo del carril contiguo, hasta hacerlo papilla. La situación económica del país ha provocado un incremento en la delincuencia organizada. El asaltante callejero parte de la idea de que los demás tienen lo que él no posee, lo que le concede el derecho de asaltarlos. Y si las víctimas potenciales no traen pertenencias para robar, el asaltante está en todo su derecho de matarlas por el mal rato que le ocasionan. Y es así como vemos escenarios de lo más abigarrado en torno a los asaltos comunes que antes terminaban con la escapada del asaltante, y hoy lo hacen con el homicidio del asaltado.

Los males del mundo nacen desde el corazón, y a este hay que orientarnos. Hacerlo desde que los niños son pequeños, dentro del hogar, para luego continuar con una vigilancia cuidadosa conforme van creciendo: ¿Cómo piensa el hijo? ¿Qué hace? ¿Con quiénes se junta? ¿Cuáles son sus ídolos? Ganarnos su confianza, conocer sus sueños, acallar sus miedos e inseguridades. En los latidos de ese corazón se encierra el ritmo del mundo.


http://contraluzcoah.blogspot.com/
05 Agosto 2018 04:00:00
De transas y otros males
Extraño la velocidad con que antaño se difundían las noticias. Cuando algo ocurría, el primer medio que lo daba a conocer era el radio, y de ahí se iba desplegando la información a otros medios, y al paso de dos o tres días, la noticia había dado la vuelta al mundo. En la actualidad esos lapsos se han fraccionado a milisegundos, de hecho hay una especie de competición implícita para ver quién difunde primero una noticia inédita, a través de redes sociales. Para ejemplo tenemos el avionazo ocurrido en el curso de esta semana en Durango. Los primeros reporteros fueron algunos de los propios pasajeros que se hallaban tomando video durante el despegue y ulterior desplome de la nave.

La hiperinformación se asocia a estados depresivos. En mi caso particular encuentro que muchos de los contenidos indican el grado de descomposición que hemos alcanzado como sociedad. Al ser tantos, hallo que el sueño de llegar a conformar una sociedad justa y equitativa, es una quimera.

Hace un par de semanas en Ciudad Juárez, se dio la siguiente situación: Una tienda departamental –por error—etiquetó unos televisores a $3.29, y por supuesto en cuanto el primer cliente se percató de aquello y se apresuró a tomar uno o más televisores, comenzó una revolución dentro de la tienda, entre los presentes y los convocados por ellos. Hubo quienes intentaron comprar 10 televisores al mismo tiempo. El establecimiento cerró sus puertas para contener la avalancha humana, y después de 15 horas de negociaciones –mediadas por la PROFECO—cada familia salió con un televisor a ese precio, y la tienda tuvo que absorber, aparte de la diferencia de precio de los electrónicos, los daños provocados por el consumo libre de alimentos y de cargadores para celular que hicieron los clientes cautivos.

Hace poco conocí el concepto de cultura valorativa distorsionada del humanista Juan Martín López Calva. Este indica que la corrupción como tal se ha venido infiltrando dentro de todos los sectores de nuestra sociedad, ya no es una respuesta frente a situaciones de desventaja económica, sino una actitud de sacar provecho, siempre que sea posible. De modo que, aunque yo no necesite aquello, habrá que aprovechar la ocasión.

En un mundo ideal, el primer cliente que detecta la errata en la etiqueta avisa al responsable del departamento para corregirla, y punto. Problema abortado. Sin embargo en el mundo real actuamos de modo contrario bajo varias premisas: Si yo no logro sacar ventaja, el de atrás lo hará. / En fin, estos empresarios extranjeros son muy ricos y nunca pierden. / ¡Total, qué tanto es tantito!

El filósofo Bernard Lonergan se refiere a la corrupción como la forma en que percibimos, entendemos, juzgamos y valoramos la realidad. Y en consecuencia así decidimos y actuamos. En este escenario se entiende que un individuo aborde a un invidente que vende gelatinas, platique con él mientras mide el grado de limitación que tiene por su discapacidad, y acto seguido le robe su dinero y sus gelatinas. O justifica la actuación de aquel agente de bienes raíces que vende 5 veces un mismo terreno. Ambos delincuentes parten de esa forma de pensamiento, aprovechar la oportunidad, antes de que otro lo haga.

En un extraordinario estudio sobre la corrupción, Enrique Romero refiere que el “gandalla” hace rato que salió del barrio… para indicar que el sinvergüenza de barriada del que hablara Miguel de Cervantes a través de sus personajes Rinconete y Cortadillo, se sitúa ahora entre los ladrones de cuello blanco y los practicantes del “gandallismo político”, que no dudan un minuto en traicionar compromisos o ideologías partidistas, con tal de seguir como beneficiarios del sistema.

“El que no transa, no avanza”. En el fondo de esta actitud la gran pregunta: ¿Qué mecanismo emocional nos lleva a actuar así, como si la vida nos debiera algo que buscamos cobrarnos una y otra vez? Querer comprar 10 televisores por una cantidad menor a cuarenta pesos no es otra cosa que hacer el gran negocio con ganancias de muchos miles. Seguramente a costa del despido de un empleado, un jefe de departamento y tal vez el gerente de la tienda. Pero claro, el “gandalla” excluye este posible escenario de su mente, no lo piensa, luego no existe.

Va siendo hora de revisar a profundidad nuestra costumbre de pasar por encima de la ley para obtener un beneficio particular. Entender sus mecanismos. Descubrir qué carencias emocionales primitivas desencadenan la cultura del ventajismo y el “agandalle”. Desentrañar ese lastre mental de actuar chueco, que tanto nos ancla. Hasta pasar a la historia como una sociedad de primer mundo, que no duda en sumar esfuerzos a favor del bien colectivo.

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29 Julio 2018 04:00:00
¿A DÓNDE FLUYEN LOS RÍOS?
Cada quien observa al mundo desde su propia realidad particular; es así como se desarrolla la capacidad creativa a partir de una visión individual. Por este camino el mundo cuenta con interminables expresiones de ingenio en ciencias, artes y tecnología. Si damos un vistazo a nuestro entorno, descubriremos todo cuanto se está creando, para darnos cuenta entonces hacia dónde fluyen los ríos de creatividad.

Hay elementos de la infancia que nos marcan. Y en el caso de los adultos, no es sólo la propia, sino también la de los hijos. Desde muy pequeña mi hija tenía un particular gusto por crear con las manos. Cualquier superficie era su lienzo (incluyendo muebles, paredes y su hermano menor). Mi esposo y yo, animados por el encanto que nos provocaba esa desbordante creatividad, la inscribimos en un curso de pintura. Tras la segunda clase ella se resistía a asistir, de modo que mi esposo se infiltró “como no queriendo” para tratar de dilucidar cuál era el problema. En media hora lo supo. El tema del día era “pintar un árbol”. Cuando tienes 4 o 5 años un árbol puede tener un follaje descomunal, como cabellera de rockero, o un tronco azul celeste… Y si tienes la creatividad de una niña como la mía, será poco menos que la regla. Entonces, forzarla a pintar un árbol idéntico al modelo que les ponía la maestra, con follaje tipo nubecita, de color verde, y tronco café, era colocarle un cincho a la imaginación. Más le inquietó a mi esposo el argumento de la maestra “todos los árboles deben de ser así.” Obvio, mi hija nunca regresó a ese curso.

Esta semana que termina he participado en un reto en redes sociales. Publicar diariamente durante 10 días portadas de libros que me han marcado. Dio pie a repasar mis lecturas de otros tiempos, como una suerte de espejo autobiográfico interesante y divertido. Contemporáneos a este son algunos retos más, como el que inició bajo la etiqueta #InMyFeelings, y que consiste en que el conductor desciende de su vehículo en marcha para bailar, mientras la máquina avanza. Ya surgió uno más que es bailar en la oficina, quiero suponer que los participantes ganan puntos entre más gruñón sea el jefe. Y siguen otros retos como el de la soga, que consiste en pretender ahorcarse (y en un descuido lograrlo), o el de ingerir cápsulas de detergente para lavadora, que ya ha cobrado su cuota de muerte.

Lo primero que debemos reconocer a todas luces, es que sobra creatividad, y que a diferencia de mi hija que no tenía permitido pintar árboles azules, los jóvenes de hoy son poseedores de una gran libertad para expresarse como lo deseen. Es un ejercicio de identidad y una caricia (peligrosa, pero al fin caricia) para la autoestima. Conseguir muchos “me gusta” es un modo de sentirse tomados en cuenta por el grupo de pares.

Frente a lo anterior los padres, abuelos o maestros nos asombramos, a ratos nos acongojamos, para finalmente pasar a otro asunto con el clásico pensamiento de que son cosas de chicos. En lo personal, después de asombrarme y a ratos preocuparme, en seguida me asalta una pregunta: ¿Qué acaso no cabe la posibilidad de encauzar todos esos ríos de creatividad de otro modo? Generar versiones que aparte de divertir a los jóvenes, resulten benéficas para los demás. No se trata de restar ingenio creativo a lo que se hace, sino de sumar una razón humanitaria, un “plus” a favor de causas que lo requieren, y que finalmente permiten trascender más allá de la propia persona. Hay iniciativas por demás encomiables, acabo de conocer una bajo la etiqueta #BoardingPaz, mediante la cual un grupo de jóvenes se expresa, y a la vez recauda fondos para apoyar a los migrantes venezolanos que llegan a un país de acogida. De diversas formas los artistas que se van sumando a esta iniciativa tienen ocasión de manifestar su creatividad.

Somos un mundo con múltiples necesidades de todo orden. Problemática que mucho puede aliviar el entusiasmo y la imaginación de los jóvenes. Ello se conseguirá cuando entre ellos mismos se difunda la idea de divertirse sí, de inventar cosas novedosas también, pero con un sentido social. Que esa manera de pasarla entre amigos y de generar nuevas amistades, resulte en modos de apoyar a quienes más lo requieren. Así, nuestra juventud canalizará sus ríos de creatividad hacia un molino de agua, cuyo potente movimiento sea capaz de transformar al mundo.
29 Julio 2018 04:00:00
¿A dónde fluyen los ríos?
Cada quien observa al mundo desde su propia realidad particular; es así como se desarrolla la capacidad creativa a partir de una visión individual. Por este camino el mundo cuenta con interminables expresiones de ingenio en ciencias, artes y tecnología. Si damos un vistazo a nuestro entorno, descubriremos todo cuanto se está creando, para darnos cuenta entonces hacia dónde fluyen los ríos de creatividad.

Hay elementos de la infancia que nos marcan. Y en el caso de los adultos, no es solo la propia, sino también la de los hijos. Desde muy pequeña mi hija tenía un particular gusto por crear con las manos. Cualquier superficie era su lienzo (incluyendo muebles, paredes y su hermano menor). Mi esposo y yo, animados por el encanto que nos provocaba esa desbordante creatividad, la inscribimos en un curso de pintura. Tras la segunda clase ella se resistía a asistir, de modo que mi esposo se infiltró “como no queriendo” para tratar de dilucidar cuál era el problema. En media hora lo supo. El tema del día era “pintar un árbol”. Cuando tienes 4 o 5 años un árbol puede tener un follaje descomunal, como cabellera de rockero, o un tronco azul celeste… Y si tienes la creatividad de una niña como la mía, será poco menos que la regla. Entonces, forzarla a pintar un árbol idéntico al modelo que les ponía la maestra, con follaje tipo nubecita, de color verde, y tronco café, era colocarle un cincho a la imaginación. Más le inquietó a mi esposo el argumento de la maestra “todos los árboles deben de ser así”.

Obvio, mi hija nunca regresó a ese curso.

La semana que termina he participado en un reto en redes sociales. Publicar diariamente durante 10 días portadas de libros que me han marcado. Dio pie a repasar mis lecturas de otros tiempos, como una suerte de espejo autobiográfico interesante y divertido. Contemporáneos a este son algunos retos más, como el que inició bajo la etiqueta #InMyFeelings, y que consiste en que el conductor desciende de su vehículo en marcha para bailar, mientras la máquina avanza. Ya surgió uno más que es bailar en la oficina, quiero suponer que los participantes ganan puntos entre más gruñón sea el jefe. Y siguen otros retos como el de la soga, que consiste en pretender ahorcarse –y en un descuido lograrlo--, o el de ingerir cápsulas de detergente para lavadora, que ya ha cobrado su cuota de muerte.

Lo primero que debemos reconocer a todas luces, es que sobra creatividad, y que a diferencia de mi hija que no tenía permitido pintar árboles azules, los jóvenes de hoy son poseedores de una gran libertad para expresarse como lo deseen. Es un ejercicio de identidad y una caricia –peligrosa, pero al fin caricia—para la autoestima. Conseguir muchos “me gusta” es un modo de sentirse tomados en cuenta por el grupo de pares.

Frente a lo anterior los padres, abuelos o maestros nos asombramos, a ratos nos acongojamos, para finalmente pasar a otro asunto con el clásico pensamiento de que son cosas de chicos. En lo personal, después de asombrarme y a ratos preocuparme, en seguida me asalta una pregunta: ¿Qué acaso no cabe la posibilidad de encauzar todos esos ríos de creatividad de otro modo? Generar versiones que aparte de divertir a los jóvenes, resulten benéficas para los demás. No se trata de restar ingenio creativo a lo que se hace, sino de sumar una razón humanitaria, un “plus” a favor de causas que lo requieren, y que finalmente permiten trascender más allá de la propia persona. Hay iniciativas por demás encomiables, acabo de conocer una bajo la etiqueta #BoardingPaz, mediante la cual un grupo de jóvenes se expresa, y a la vez recauda fondos para apoyar a los migrantes venezolanos que llegan a un país de acogida. De diversas formas los artistas que se van sumando a esta iniciativa tienen ocasión de manifestar su creatividad. El contenido original de la propuesta crece en la medida en que se da a conocer, y se agregan nuevos contenidos. Un aporte reciente, de la pluma de Vanessa Marcano, dice: “Migrar es tocar tierra y a la vez desapegarse sin dejar de amar y agradecer por lo vivido. Es también una oportunidad para renacer y reinventarse”.

Somos un mundo con múltiples necesidades de todo orden. Problemática que mucho puede aliviar el entusiasmo y la imaginación de los jóvenes. Ello se conseguirá cuando entre ellos mismos se difunda la idea de divertirse sí, de inventar cosas novedosas también, pero con un sentido social. Que esa manera de pasarla entre amigos y de generar nuevas amistades, resulte en modos de apoyar a quienes más lo requieren. Así, nuestra juventud canalizará sus ríos de creatividad hacia un molino de agua, cuyo potente movimiento sea capaz de transformar al mundo.

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22 Julio 2018 04:00:00
Humanos en un mundo de redes
Comienzo con una confesión: No soy fan de AMLO ni voté por él. Como su elección es resultado de un proceso democrático me alineo y le otorgo el beneficio de la duda. La figura de su esposa Beatriz Gutiérrez me agrada, mujer preparada, nada acartonada, que viene a romper con el paradigma de “primera dama”. En redes sociales ella expresó su entusiasmo por la conmemoración del natalicio de Nelson Mandela. Humana que es, confundió natalicio con aniversario luctuoso, y de ahí comenzó un alud incontenible de críticas y descalificaciones.

La apropiación de la Internet ha condicionado una serie de fenómenos sicosociales, que dentro de 100 años aparecerán como un capítulo más en la historia de la humanidad. Frente a su equipo electrónico el individuo adopta una conducta muy distinta a la que tiene en la vida real. Como Dr. Jekyll y Mr. Hyde, se transforma en algo que lejos de la pantalla no es. Ahora nos cuesta entenderlo; seguramente dentro de una centuria figurará en los tratados de historia.

Comencé a leer un libro de filosofía muy interesante, “Elogio de la duda”, de la española Victoria Camps. Inicia con un fragmento que me cayó de perlas para esta colaboración: “…las redes sociales brindan la ocasión de apretar el gatillo contra cualquiera cuyo comportamiento o mera presencia incomoda…” Su obra habla sobre la duda como una conducta recomendable dentro de la sociedad, un modo de razonar las cosas antes de precipitarse a juzgar y atacar.

Al inicio de este milenio los seres humanos compartimos una condición común, nos sentimos aislados en un mundo donde prevalece la tecnología. Caemos en la orfandad digital de la que habla Armando Novoa, especialista en seguridad en redes. Esa sensación de abandono es en buena medida, producto del aislamiento físico respecto a otros seres humanos, cada uno metido en su pantalla. Hemos olvidado los elementales principios de la comunicación cara a cara, y como toda habilidad que no se practica, se va perdiendo. Intentar comunicarnos de manera presencial cuesta trabajo, y para los nativos digitales dicha dificultad es aún más acentuada. Ellos nacieron con el gadget en la mano.

La comunicación cara a cara no se da tan fácilmente como la digital, pero aun así hay situaciones en las que hemos de interactuar con otros seres humanos. Dos casos obligados son la familia y la escuela. En ambos es de rigor hacerlo, aun así nos cuesta trabajo convivir, aceptarnos unos a otros, ser asertivos, esto es, manifestar nuestra postura con firmeza, sin violentarnos. Nuestra falta de práctica en el arte de compartir nos lleva con frecuencia a ser imprudentes e irascibles. En cambio frente a nuestro equipo nos movemos como peces en el agua.
Frágiles, vulnerables, así nos sentimos entre el grupo humano que a ratos parece asfixiarnos. Ello explica por qué nos tornamos violentos en la convivencia, “de mecha corta”, como dice la expresión popular. La función que cumplía la palomilla para el adolescente de antaño, la abastecen hoy en día las redes sociales. Se vuelven la cancha en donde practicar el deporte de hacer trizas al otro. Lo que alguien expresa en redes tiene de inmediato simpatizantes y detractores, si se trata de una figura pública, la polarización es mayor. Las críticas a favor o en contra de una postura, pronto escalan de manera ociosa a descalificar a la persona, o sea que se convierten en expresiones violentas y nada más. Volviendo a lo expresado por Victoria Camps: Están apretando el gatillo contra un comportamiento o una presencia que incomoda, y surge entonces la pregunta: ¿Por qué nos incomoda?

La frustración genera violencia. Habrá que ver entonces por qué nos sentimos frustrados, a tal grado incómodos, que actuamos ejerciendo la violencia en redes. Atacamos desde el cómodo anonimato, y si no hay motivo para agredir, buscamos generarlo. El foro se convierte en esa pandilla de niños maldosos que atacan sin venir al caso, por el simple gusto perverso de hacerlo.

Beatriz Gutiérrez se equivocó, es humana, igual que todos nosotros que también nos equivocamos. Entonces: ¿Por qué esa carga de violencia verbal contra ella? No sé si somos tan intolerantes por tratarse de una figura pública, o movidos por el hartazgo ciudadano que traemos dentro. O sea la expresión de una conducta paranoica de nuestra parte.

El mundo vive una crisis de valores en todos los ámbitos. Darnos cuenta de ello nos obliga a actuar para resolverla. Nos hace falta ser más humanos en redes sociales, más sabios, sin precipitarnos en nuestros juicios. No sea que los hijos de nuestros nietos, cuando lean en 100 años sobre nosotros, lo hagan en los tratados de siquiatría.
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15 Julio 2018 04:00:00
El incendio es de todos
Ética de Urgencia de Fernando Savater, lectura obligada para entender cómo reacciona un niño ante estímulos del exterior. Como educador, el filósofo se orienta a los niños y su aprendizaje. Las reflexiones de su obra me presentan dos escenarios actuales: Los niños de la Tolerancia Cero en Norteamérica, y los recién rescatados en Tailandia. Los primeros alejados de sus padres por razones políticas, los segundos por un imponderable de la naturaleza.

En lo personal la imagen del árbol y el bosque es muy útil para visualizar ciertas cosas. Esto es, a lo largo de nuestra vida, nuestro entorno inmediato está representado por un árbol en medio de un bosque. Este último simboliza la sociedad en la que vivimos. A lo largo de nuestra existencia actuamos enfocados en nuestro propio árbol (es natural), pero estamos obligados a no desatender las condiciones en las que se halla el bosque en su conjunto. No poner atención a ello traerá consecuencias para nuestro propio árbol. En caso de un incendio de poco servirá que yo haga hasta lo indecible por salvarlo, cuando el incendio del bosque terminará por arrasar con todo.

Con relación a los niños separados de sus padres en Estados Unidos, algunas noticias de esta semana son desalentadoras. Aún existe medio centenar de pequeños que no han podido ser ubicados para regresarlos con sus padres. Además hay niños muy pequeños que dejaron de ver a su familia por un lapso aproximado de dos meses, y que ahora que se reúnen con ellos, no los reconocen y lloran cuando los cargan. Con toda seguridad será cuestión de tiempo y mucho amor para que se reintegren satisfactoriamente. Lo que no podríamos medir en este momento es el impacto emocional que tendrá este episodio de profunda ruptura en la vida de los pequeños.

Para los niños tailandeses, vivir esas semanas en una cueva, resultaría un período de profunda tensión emocional. No eran tan chicos como para no entender las dificultades técnicas que existían para su rescate, además estaban conscientes del riesgo de que el nivel del agua aumentara y morir. Con toda seguridad la actitud del entrenador que estuvo con ellos desde el principio, fue pieza clave para mantenerlos serenos y cooperadores.

Alrededor de esa cueva de la esperanza se tejieron historias extraordinarias, como la de Richard Harris, un espeleólogo australiano que vacacionaba en aquel país. Al enterarse de lo ocurrido, cambió la diversión por labores de rescate, se considera que su actuación fue de gran valor. Está la historia de Saman Kunan, buzo voluntario que perdió la vida después de haber llevado oxígeno a los niños atrapados. O la de Pogba, el jugador del equipo francés que dedicó su triunfo en la cancha a los pequeños.

Retomo el modelo del árbol y el bosque para volver al caso norteamericano: los adultos que huyen de su país de origen a causa de la inseguridad o la falta de empleo, lo hacen con un solo pensamiento: salvarse de morir. El incendio de su árbol los amenaza. Cada padre actua a partir de una angustia vital; no alcanza a dilucidar el mensaje que el Gobierno norteamericano intenta enviarles. Aplicar sobre ellos una forma de violencia (separándolos de sus hijos) con la expectativa de que razonen y dejen de intentar entrar a aquel país, no funciona.

Cuando está de por medio la sobrevivencia, los seres humanos actuamos de modos primitivos, sin dar mucha oportunidad al pensamiento racional. Bien dice el refrán popular que nadie aprende a navegar en medio de la tormenta; es de esta manera como una política que contempla la separación entre padres e hijos para desalentar la inmigración, no prosperará, como el Gobierno norteamericano supone. Tendrán que diseñarse estrategias internacionales para analizar esos problemas migratorios y buscarles solución. El primer paso para hacerlo es sentarse a negociar. En estos momentos el incendio es de todos, en este tenor habremos de trabajar todos para sofocarlo.
15 Julio 2018 04:00:00
El incendio es de todos
“Ética de urgencia” del español Fernando Savater, lectura obligada para entender cómo reacciona un niño ante diversos estímulos del exterior. Como educador, el filósofo se orienta hacia los niños y su aprendizaje. Las reflexiones de su obra me presentan dos escenarios de actualidad: Los niños de la Tolerancia Cero en Norteamérica, y los recién rescatados en Tailandia. Los primeros alejados de sus padres por razones políticas, los segundos por un imponderable de la naturaleza.

En lo personal la imagen del árbol y el bosque es muy útil para visualizar ciertas cosas. Esto es, a lo largo de nuestra vida, nuestro entorno inmediato está representado por un árbol en medio de un bosque. Este último simboliza la sociedad en la que vivimos. A lo largo de nuestra existencia actuamos enfocados en nuestro propio árbol --es natural--, pero estamos obligados a no desatender las condiciones en las que se halla el bosque en su conjunto. No poner atención a ello, traerá consecuencias para nuestro propio árbol. En caso de un incendio de poco servirá que yo haga hasta lo indecible por salvarlo, cuando en derredor el incendio del bosque terminará finalmente por arrasar todo.

Con relación a los niños separados de sus padres en la frontera sur de Estados Unidos, algunas noticias de esta semana son desalentadoras. Todavía existe medio centenar de pequeños que no han podido ser ubicados para regresarlos con sus padres. Además hay niños muy pequeños que dejaron de ver a su familia por un lapso aproximado de dos meses, y que ahora que se reúnen con ellos, no los reconocen y lloran cuando los cargan. Con toda seguridad será cuestión de tiempo y mucho amor de los padres, para que los chiquitos se reintegren satisfactoriamente. Lo que no podríamos medir en este momento es el impacto emocional que tendrá este episodio de profunda ruptura en la vida de los pequeños. Como ha sucedido con internos de guarderías y orfanatos en tiempos de guerra, los efectos podrán medirse en retrospectiva, a través de protocolos de estudio con rigor científico.

Para los niños tailandeses, haber vivido ese par de semanas atrapados en una cueva, habrá resultado un período de profunda tensión emocional. No eran tan chicos como para no entender las enormes dificultades técnicas que existían para su rescate, además estaban conscientes del riesgo de que el nivel del agua aumentara y pudieran morir ahogados. Con toda seguridad la actitud del entrenador que estuvo con ellos desde el principio, fue pieza clave para mantenerlos serenos y cooperadores. Además, claro, de los esfuerzos que se conjuntaban desde el exterior para lograr un rescate exitoso. Es muy probable que haya algunos de los pequeños con estrés postraumático, situación que finalmente se superará.

Alrededor de esa cueva de la esperanza se tejieron historias extraordinarias, como la de Richard Harris, un anestesiólogo y espeleólogo australiano que vacacionaba en aquel país. Al enterarse de lo ocurrido, cambió la diversión por labores de rescate, se considera que su actuación fue de gran valor. Está la historia de Saman Kunan, buzo voluntario que perdió la vida después de haber llevado oxígeno a los niños atrapados. O la de Pogba, el jugador del equipo francés que dedicó su triunfo en la cancha a los pequeños futbolistas, quienes no pudieron estar en el Mundial como tenían planeado.

Retomo el modelo del árbol y el bosque para volver al caso norteamericano: Los adultos que salen huyendo de su país de origen a causa de la inseguridad o la falta de empleo, lo hacen con un solo pensamiento: salvarse de morir. El incendio de su árbol los amenaza. Cada padre o madre está actuando a partir de una angustia vital; no alcanza a dilucidar el mensaje que el gobierno norteamericano intenta enviarles. Aplicar sobre ellos una forma de violencia –separándolos de sus hijos— con la expectativa de que razonen y dejen de intentar entrar a aquel país, no funciona.

Cuando está de por medio la sobrevivencia, los seres humanos actuamos de modos primitivos, sin dar mucha oportunidad al pensamiento racional. Bien dice el refrán popular que nadie aprende a navegar en medio de la tormenta; es de esta manera como una política que contempla la separación entre padres e hijos para desalentar la inmigración, no prosperará, como el gobierno norteamericano supone. Tendrán que diseñarse estrategias internacionales para analizar esos problemas migratorios y buscarles solución. El primer paso para hacerlo es sentarse a negociar. En estos momentos el incendio es de todos, en este tenor habremos de trabajar todos para sofocarlo.

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08 Julio 2018 04:00:00
No todo está bien
A diferencia de lo que vivimos en nuestra juventud quienes ahora hemos superado la barrera de los 50, hoy en día las cosas son muy distintas. Lo vemos en la política, lo vemos en la vida diaria, y hay que decirlo, no porque proliferen determinados patrones de conducta, significa que sea lo mejor. Va lo siguiente para ejemplificarlo:

En los últimos 10 años –poco más-- en nuestro amado México ha privado la impunidad. Pocos delitos son denunciados, y de cada 20 denuncias solo una termina en sanción. La aplicación de la justicia resulta bastante discrecional y no depende tanto de la magnitud del delito como de las posibilidades que tiene el delincuente para sacudirse el cargo. Es más probable que termine en la cárcel una madre de familia que roba un paquete de jamón para sus hijos, que un funcionario que haya desviado carretadas de dinero del erario público.

Un asunto que tiene que ver con la vialidad. Resulta sorprendente, ocurre a diario frente a todos nosotros y está desatendido. De forma cotidiana la prensa reporta accidentes viales producidos por un mismo mecanismo: Quien debía hacer alto no lo hizo, resultando impactado por quien llevaba el derecho de vía. Tal vez la mitad de estos accidentes estén provocados por desconocimiento de las reglas de seguridad vial, y la otra mitad se deba a que el conductor se distrajo atendiendo su celular.

Dos veces por semana acudo a un edificio del primer cuadro de la ciudad. En ese sector es complicado hallar un cajón para estacionarse, de manera que hay que dar varias vueltas hasta encontrarlo. En una de esas ocasiones, a la segunda o tercera vuelta sonó mi celular, y ya a punto de estacionarme volvió a sonar. Ya me había emparejado con el vehículo estacionado delante del cajón que iba a ocupar, y estaba a punto de maniobrar para acomodarme. Dado que tenía un familiar enfermo que me había estado llamando durante el día, en contra de mi costumbre, tomé la llamada. Efectivamente era mi familiar con un par de preguntas que respondí de manera rápida, acto seguido me estacioné. Para ese momento se hallaba una patrulla detrás de mí indicándome que había cometido una infracción; el chistecito fue valuado en $1,500. Me recogieron la licencia y amenazaron con quitarme la placa por ofensas a la autoridad. ¿Las ofensas? Haber manifestado que con la misma velocidad con me estaban infraccionando en ese momento, esperaba que hicieran con todos aquellos que sí tienen la costumbre de hablar por celular mientras conducen. En cada foro en el que puedo manifestarme he expresado lo mismo, y hasta ahora no he sabido de un solo operativo que se emprenda en ningún crucero de esta ciudad.

Volviendo al punto inicial, al conducir no respetamos la luz roja ni el derecho de vía, y todavía nos molestamos porque el otro –a quien le asiste su derecho—no se repliega ante nuestra conducta invasiva.

Esa normalización del delito es un gran lastre para nuestra sociedad. Hoy en día, en particular en nuestro México “todo está bien”, de manera que las jóvenes generaciones no cuentan con normas sociales que les indiquen las zonas de riesgo. Es más, en ocasiones nuestra misma molicie como mayores facilita el desarrollo de antivalores.

Hace algunos días me topé en Twitter con una fotografía bastante explícita, en primer plano un miembro viril y en segundo plano el rostro de una chica. No tenía nada qué ver con el mensaje que acompañaba a la imagen. Como médico y a la edad que tengo, pocas cosas podrían asustarme; en lo personal me parece de mal gusto encontrarme algo así en un sitio que no es ni de urología ni para adultos, y que simplemente está fuera de lugar. Lo que sí me quedo pensando, en qué predicamento se verá la madre de una niña de 6 años que vea aquella imagen y pregunte de qué se trata.

El triunfo de López Obrador es un parteaguas social para México. De aquí en adelante las cosas no volverán a ser como eran antes, aunque a veces me pregunto cómo va a lograrse, cuando tantos viejos priistas se han mudado al partido en el poder. En fin, concedamos al nuevo gobierno el beneficio de la duda. En lo particular quisiera que todos los mexicanos aprovecháramos esta coyuntura para sacudirnos la molicie ciudadana. Comenzar a exigir a los funcionarios que cumplan bien con su tarea, pero al mismo tiempo hacer cada uno el propósito de cumplir con aquello que nos corresponde. Levantar el índice de fuego, o quejarnos al estilo de Neymar, no va a generar ni un ápice de cambio para México. Así no se componen las cosas, y menos en un país tan lastimado como el nuestro.

No todo está bien. La normalización del delito es asunto que toca a cada uno de nosotros colocar en los anales de la historia.
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01 Julio 2018 04:00:00
Mundial y Elecciones
Tal vez la coincidencia del Mundial de futbol con las elecciones no es gratuita. Me imagino que es una travesurilla del Dios que le encanta a Sabines, ese Dios al que de repente se le pasa la mano y nos rompe una pierna, y que ahora ve a todo México inmóvil frente al televisor con el corazón puesto en Rusia.

No soy aficionada al futbol. Como deporte podría gustarme, sin embargo hallo insultante la parafernalia que se monta en torno al mismo. La Selección Mexicana resulta una casta de benditos a los que se rinde culto, casi tanto como a la Virgen de Guadalupe. Habitualmente, cada vez que van de campeonato aseguran que vencerán, y si regresan derrotados se justifican diciendo que el cielo así lo dispuso. Con estas historias hallo que son impulsivos, lo que me lleva a suponer que en la derrota contra Suecia haya influido que se confiaron tras haber ganado los dos primeros partidos.

Lo que tantas veces sucede con la selección, es lo mismo que prevaleció durante las campañas con todos los candidatos. En las encuestas cada uno clamaba a los cuatro vientos tener el triunfo en la mano. Respecto a las promesas de campaña, igualmente aseguraron que habrán de cumplirlas todas, hasta las más fantasiosas.

Catón tiene cuatro lectores, yo tengo dos. Seguramente para ahora uno de ellos ya abandonó la lectura, incómodo con mis disertaciones. Continúo entonces escribiendo para el que sigue aquí, probablemente sea mi hijo Amaury, mi lector cautivo.

Volviendo al comentario inicial, no parece gratuita la coincidencia entre el Mundial y las elecciones, ya que nos permite medir la forma como aquilatamos los distintos rubros presupuestales en nuestro país. Para el proceso electoral son carretadas de dinero la que se destinan a las campañas, y –terrible mi suspicacia—otro tanto lo que ingresa de manera subrepticia, para reforzar la estrategia partidaria. Todo estaría bien si tuviéramos resueltos rubros de primera necesidad como son salud, educación y un salario digno, pero no es así.

Resulta inconcebible que haya tantas escuelas que funcionan como de milagro en tejabanes de madera y lámina, con piso de tierra, muchas veces con una humedad insalubre. Planteles que no cuentan con agua potable ni drenaje, o que se localizan a una distancia tal de ciertas comunidades rurales, que a los niños les lleva una o dos horas llegar a ellas, y otro tanto para regresar a casa. Por cierto, son niños de primaria que muchas de las veces andan en ayunas.

Justo en estos cotejos es donde la aplicación de las matemáticas me provoca cólico biliar. La Selección Nacional es un negocio de cientos de miles de millones de dólares, que hasta donde sé, está libre de impuestos. Algunas de las 24 poderosas empresas que patrocinan a la selección, son transnacionales que se valen de la ingeniería fiscal para exentar impuestos. El resultado final de los factores en la ecuación, es que hay necesidades de primer orden que no alcanzan a cubrirse, en tanto asuntos no prioritarios tienen presupuestos sobrados.

Desde el punto de vista antropológico es muy probable que ese gusto por el balompié lo traigamos en la sangre desde la época prehispánica, y que el juego de pelota de los pueblos originales –con sus adecuaciones—esté representado por el actual futbol. Y que sea por eso que las aficiones se vuelcan en hurras y vítores, y hay quienes empeñan todo lo que tienen por ir al otro lado del mundo a vivir los partidos de forma presencial. No acabo de sorprenderme que se calcule en 300,000 el número de turistas mexicanos que han viajado a Rusia para el Mundial. En las imágenes transmitidas, me deja atónita la presencia de grupos familiares, algunos hasta con niños pequeños. En mi limitada visión financiera me pregunto: ¿Cómo le hicieron?, y prefiero quedarme con la duda, en lugar de dar vuelo a la imaginación.

Las del 2018 están consideradas como las elecciones más grandes de la historia. Grandes en cuanto a padrón electoral, grandes en cuanto a presupuesto, dolorosamente grandes en lo que respecta a muertes de candidatos y funcionarios. Está en juego el destino de México, no solamente para seis años sino para mucho tiempo. De la corriente política que resulte triunfadora en la contienda electoral, dependerá en gran medida el curso de nuestra historia. Se requiere que prive la conciencia crítica, la participación activa. No podemos actuar de manera precipitada y mucho menos con apasionamientos, como si fuera un partido de futbol y nosotros la versión mexicana de los “Hooligans”. Que prive la serenidad, la claridad de pensamiento, recordando que lo que hoy se juega es la paz y el progreso que nuestros hijos merecen.
01 Julio 2018 04:00:00
Mundial y elecciones
Tal vez la coincidencia del Mundial de Futbol con las elecciones no es gratuita. Me imagino que es una travesurilla del Dios que le encanta a Sabines, ese Dios al que de repente se le pasa la mano y nos rompe una pierna, y que ahora ve a todo México inmóvil frente al televisor con el corazón puesto en Rusia.

No soy aficionada al futbol. Como deporte podría gustarme, sin embargo hallo insultante la parafernalia que se monta en torno al mismo. La Selección Mexicana resulta una casta de benditos a los que se rinde culto, casi tanto como a la Virgen de Guadalupe. Habitualmente, cada vez que van de campeonato aseguran que vencerán, y si regresan derrotados se justifican diciendo que el cielo así lo dispuso. Con estas historias hallo que son impulsivos, lo que me lleva a suponer que en la derrota contra Suecia haya influido que se confiaron tras haber ganado los dos primeros partidos.

Lo que tantas veces sucede con la selección, es lo mismo que prevaleció durante las campañas con todos los candidatos. En las encuestas cada uno clamaba a los cuatro vientos tener el triunfo en la mano. Respecto a las promesas de campaña, igualmente aseguraron que habrán de cumplirlas todas, hasta las más fantasiosas.

Catón tiene 4 lectores, yo tengo 2. Seguramente para ahora uno de ellos ya abandonó la lectura, incómodo con mis disertaciones. Continúo entonces escribiendo para el que sigue aquí, probablemente sea mi hijo Amaury, mi lector cautivo.

Volviendo al comentario inicial, no parece gratuita la coincidencia entre el Mundial y las elecciones, ya que nos permite medir la forma como aquilatamos los distintos rubros presupuestales en nuestro país. Para el proceso electoral son carretadas de dinero la que se destinan a las campañas, y –terrible mi suspicacia—otro tanto lo que ingresa de manera subrepticia, para reforzar la estrategia partidaria. Todo estaría bien si tuviéramos resueltos rubros de primera necesidad como son salud, educación y un salario digno, pero no es así.

Resulta inconcebible que haya tantas escuelas que funcionan como de milagro en tejabanes de madera y lámina, con piso de tierra, muchas veces con una humedad insalubre. Planteles que no cuentan con agua potable ni drenaje, o que se localizan a una distancia tal de ciertas comunidades rurales, que a los niños les lleva 1 o 2 horas llegar a ellas, y otro tanto para regresar a casa. Por cierto, son niños de primaria que muchas de las veces andan en ayunas.

Justo en estos cotejos es donde la aplicación de las matemáticas me provoca cólico biliar. La selección nacional es un negocio de cientos de miles de millones de dólares, que hasta donde sé, está libre de impuestos. Algunas de las 24 poderosas empresas que patrocinan a la selección, son transnacionales que se valen de la ingeniería fiscal para exentar impuestos. El resultado final de los factores en la ecuación, es que hay necesidades de primer orden que no alcanzan a cubrirse, en tanto asuntos no prioritarios tienen presupuestos sobrados.

Desde el punto de vista antropológico es muy probable que ese gusto por el balompié lo traigamos en la sangre desde la época prehispánica, y que el juego de pelota de los pueblos originales –con sus adecuaciones—esté representado por el actual futbol. Y que sea por eso que las aficiones se vuelcan en hurras y vítores, y hay quienes empeñan todo lo que tienen por ir al otro lado del mundo a vivir los partidos de forma presencial. No acabo de sorprenderme que se calcule en 300,000 el número de turistas mexicanos que han viajado a Rusia para el Mundial. En las imágenes transmitidas, me deja atónita la presencia de grupos familiares, algunos hasta con niños pequeños. En mi limitada visión financiera me pregunto: ¿Cómo le hicieron?, y prefiero quedarme con la duda, en lugar de dar vuelo a la imaginación.

Las del 2018 están consideradas como las elecciones más grandes de la historia. Grandes en cuanto a padrón electoral, grandes en cuanto a presupuesto, dolorosamente grandes en lo que respecta a muertes de candidatos y funcionarios. Está en juego el destino de México, no solamente para 6 años sino para mucho tiempo. De la corriente política que resulte triunfadora en la contienda electoral, dependerá en gran medida el curso de nuestra historia. Se requiere que prive la conciencia crítica, la participación activa. No podemos actuar de manera precipitada y mucho menos con apasionamientos, como si fuera un partido de futbol y nosotros la versión mexicana de los “Hooligans”. Que prive la serenidad, la claridad de pensamiento, recordando que lo que hoy se juega es la paz y el progreso que nuestros hijos merecen.

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24 Junio 2018 04:00:00
Narrativas del ego
Contrario a mi sentir habitual cuando me dispongo a escribir la colaboración dominical, esta vez me encuentro apabullada. Como si para mi juego de póker me hubieran dado tantas cartas que no hallo cómo organizarlas, y hasta pienso en declinar esta vez.

La actuación de algunos mexicanos en Moscú es vergonzosa. Atacar al país alemán por algo tan elemental como un triunfo en la cancha es una bajeza. Quemar la bandera germana, tratarla con lascivia, o gritar a coro palabras ofensivas contra el portero del equipo contrario denotan ignorancia y estupidez. Cuando esto escribo es imposible saber cómo se habrá portado la afición en el partido entre México y Corea. ¡Vaya! si el famoso grito homófobo provoca que un día expulsen a México de la FIFA, será algo que nos habremos ganado a pulso.

El segundo elemento que me tunde en lo emocional es lo que viene sucediendo en la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica. Niños que son separados de sus padres, mal clasificados y canalizados de manera descuidada, lo que posiblemente impida que vuelvan a reunirse con su familia. Pequeños hasta de 8 meses colocados en confinamientos indignos para cualquier ser humano. Yo sé que la iniciativa de seguir haciéndolo ha sido suspendida por el propio Trump, pero esos niños que ya fueron separados de sus padres, ¿qué destino van a tener? Una cosa es clara, no se necesita mayor conocimiento para entenderlo: Si esas madres están saliendo de manera intempestiva de su país de origen arriesgándolo todo, es porque lo que ahí sucede es más terrible que cualquier escenario imaginable. ¡Vaya! Alguna madre así lo expresó, aún el riesgo de no volver a ver a su hijo es mejor que verlo morir en su propia tierra.

Imposible negar que las crisis migratoria golpean fuertemente la economía de las naciones de acogida. De igual manera como pasa ahora, ya sucedió en Norteamérica hace 70 años, y lo vienen viviendo diversos países europeos, las partidas presupuestales no alcanzan para dar abasto a esas crecientes poblaciones de refugiados, entonces habrá que buscar estrategias para resolver los problemas en los países de origen. Pero hay que decirlo muy claro, marcar para siempre la infancia de esos pequeños no representa ninguna solución. Además, desde el punto de vista antropológico, cuando los refugiados se sienten afectados por los países de acogida, se generan segundas generaciones resentidas que buscarán desquitarse. Para ejemplos hay muchos en la Unión Europea.

Lo más doloroso del caso es la cadena de reacciones que dicha iniciativa generó, desde racionalizaciones de diversos funcionarios apelando a la Constitución o a la Biblia para justificar su modo de proceder, hasta violencia verbal en medios. Recogí expresiones publicadas en un chat a partir de la imagen icónica del pequeño que llora desde su jaula. Eric Joseph solicita que le saquen los órganos y los donen. Joey le llama “cosa” al pequeño. José Ventura dice: “Macháquenle los dedos para que no esté tocando nuestra jaula”. Duran pide que electrifiquen las jaulas, Ian que le coloquen un bozal al niño, y Joey escribe: “Miren al changuito en el zoológico”. En verdad que los que están siendo exhibidos son otros –digo yo.

Tanto en las reacciones de los connacionales durante el Mundial, como en las expresiones de estos jóvenes norteamericanos, se percibe el fenómeno de violencia grupal a partir del anonimato. Ese sentirse amparados por el grupo para atacar despiadadamente como una diversión, movidos por un afán perverso para hacerlo. Es algo que jamás se intentaría de forma individual, a sabiendas de lo que implica ser señalados y tener que enfrentar las consecuencias de los propios actos. De manera por demás cobarde se actúa con tal nivel de violencia nada más en grupo. ¡Y luego dicen ser muy valientes!
“Función social” es un término asociado a los medios de comunicación, pero que en lo personal hallo aplicable a muchas más actividades del quehacer humano. Es una forma de medir qué tanto actuamos tomando en consideración el bien común, esto es, si lo que yo hago genera algún beneficio para los demás, o cuando menos, si mi actuación no les provoca daño. En una sociedad tan enfocada a las narrativas del ego, olvidamos incluir en nuestra actuación este aspecto que debía de ser un principio universal de conducta. No pretendo sugerir que nos convirtamos en la Madre Teresa de Calcuta, pero sí que cada uno de nuestros proyectos contemple dentro de sus propósitos, el bienestar de los demás. De este modo, aspectos como la sanidad de los mares, el comportamiento en eventos deportivos y el respeto por los derechos de los niños migrantes, dejarán de ser los gravísimos problemas de nuestro tiempo.

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24 Junio 2018 03:00:00
Narrativas del ego
Contrario a mi sentir habitual cuando me dispongo a escribir la colaboración dominical, esta vez me encuentro apabullada. Como si para mi juego de póker me hubieran dado tantas cartas que no hallo cómo organizarlas, y hasta pienso en declinar esta vez.

La actuación de algunos mexicanos en Moscú es vergonzosa. Atacar, hace unos días, a Alemania por algo tan elemental como un triunfo en la cancha es una bajeza. Quemar la bandera germana, tratarla con lascivia, o gritar a coro palabras ofensivas contra el portero del equipo contrario denotan ignorancia y estupidez.

El segundo elemento que me tunde en lo emocional es lo que viene sucediendo en la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica. Niños que son separados de sus padres, mal clasificados y canalizados de manera descuidada, lo que posiblemente impida que vuelvan a reunirse con su familia. Pequeños hasta de 8 meses colocados en confinamientos indignos para cualquier ser humano. Yo sé que la iniciativa de seguir haciéndolo ha sido suspendida por el propio Trump, pero esos niños que ya fueron separados de sus padres, ¿qué destino van a tener? Una cosa es clara, no se necesita mayor conocimiento para entenderlo: si esas madres están saliendo de manera intempestiva de su país de origen arriesgándolo todo, es porque lo que ahí sucede es más terrible que cualquier escenario imaginable.

Imposible negar que las crisis migratoria golpean fuertemente la economía de las naciones de acogida. De igual manera como pasa ahora, ya sucedió en Norteamérica hace 70 años, y lo vienen viviendo diversos países europeos, las partidas presupuestales no alcanzan para dar abasto a esas crecientes poblaciones de refugiados, entonces habrá que buscar estrategias para resolver los problemas en los países de origen. Pero hay que decirlo muy claro, marcar para siempre la infancia de esos pequeños no representa ninguna solución.

Lo más doloroso del caso es la cadena de reacciones que dicha iniciativa generó, desde racionalizaciones de diversos funcionarios apelando a la Constitución o a la Biblia para justificar su modo de proceder, hasta violencia verbal en medios. Recogí expresiones publicadas en un chat a partir de la imagen icónica del pequeño que llora desde su jaula. Eric Joseph solicita que le saquen los órganos y los donen. Joey le llama “cosa” al pequeño. José Ventura dice: “Macháquenle los dedos para que no esté tocando nuestra jaula”. D. Duran pide que electrifiquen las jaulas, Ian que le coloquen un bozal al niño, y Joey escribe: “Miren al changuito en el zoológico”.

Tanto en las reacciones de los connacionales durante el Mundial, como en las expresiones de estos jóvenes norteamericanos, se percibe el fenómeno de violencia grupal a partir del anonimato. Ese sentirse amparados por el grupo para atacar despiadadamente como una diversión.

“Función social” es un término asociado con los medios de comunicación, pero que en lo personal hallo aplicable a muchas actividades del quehacer humano. Es una forma de medir qué tanto actuamos tomando en consideración el bien común, esto es, si lo que yo hago genera algún beneficio para los demás, si mi actuación no les provoca daño. En una sociedad tan enfocada a las narrativas del ego, olvidamos incluir en nuestra actuación este aspecto que debía de ser un principio universal de conducta.

No pretendo sugerir que nos convirtamos en la Madre Teresa de Calcuta, pero sí que cada uno de nuestros proyectos contemple dentro de sus propósitos, el bienestar de los demás. De este modo, aspectos como el comportamiento en eventos deportivos y el respeto por los derechos de los niños migrantes, dejarán de ser los gravísimos problemas de nuestro tiempo.

María del Carmen Maqueo
contraluzcoah.blogspot.com
17 Junio 2018 04:00:00
Peras al olmo
Acabo de notar lo frecuente que es, a la hora que el semáforo cambia a verde, que el primer vehículo de la fila no avance. Si estamos en posición de ver de frente al conductor, por lo general descubriremos que se encuentra con la vista puesta en la pantalla de su celular. Quise buscar una explicación que me satisficiera, así que recurrí a uno de mis grandes sabios quien, como siempre ha hecho, me ha brindado una explicación más que satisfactoria.

De acuerdo a Zygmunt Bauman, sociólogo polaco especialista en redes sociales, somos víctimas de lo que él llama un “Síndrome de impaciencia”. Una de sus características es la urgencia de sentir el breve goce de las cosas. Esto es, frente a un nuevo producto tenemos urgencia por probarlo de inmediato, algo que va desde un traje hasta la mensajería instantánea. No podemos esperarnos, no concedemos su debido valor al tiempo. Más delante sucede que, una vez experimentado el goce, desechemos el producto para esperar uno nuevo que nos vuelva a estimular.

Algo similar solemos ver en el supermercado: La lucha entre la joven madre y su hijo preescolar. Este último toma un producto y lo coloca en el carrito de compras, la madre lo saca, y el niño lo vuelve a colocar, algo que a la tercera o cuarta vez suele terminar en uno de dos escenarios: La derrota de la madre, quien finalmente se lo compra, o la espectacular pataleta del niño. El primer escenario catastrófico para la formación del crío, el segundo un bochorno transitorio para la madre. Presionada por el peso del qué dirán, tal vez ella opte por comprar el producto y así evitarse el mal rato en la tienda, lo que a largo plazo perpetúa el círculo vicioso del consumismo.

Esta misma impaciencia que menciona Bauman nos lleva a procurar las relaciones en línea. Disfrutamos el goce de hallar a alguien que parece afín a nosotros, nos volcamos hacia esa amistad virtual, y en el momento cuando deja de cubrir nuestras expectativas, la bloqueamos y ya. Esto es, contrario a lo que serían las relaciones cara a cara, en las que se vive el proceso de irnos descubriendo a través del tiempo, con sus riesgos implícitos, las relaciones en línea nos otorgan ese aparente control, de poder desaparecer cuando las cosas dejan de satisfacernos.

Por una variedad de causas que no alcanzaríamos a enumerar ahora, venimos criando niños “entre algodones”. Buscamos evitarles cualquier contratiempo. Le damos las cosas ya hechas “para que no batallen”. Nos angustia verlos sufrir por algo. Además procuramos entretenerlos constantemente “para que no se aburran”.

Ello explica lo común que es hallar pequeños de brazos, entretenidos con el celular de mamá. No hemos comprendido como padres que dejarlos que enfrenten problemas es la base del desarrollo de la inteligencia. No tomamos en cuenta que el aburrimiento es el campo fértil para la creatividad. Y no hemos asimilado que amortiguarle la vida al pequeño es hacerle un daño a largo plazo.

Estamos criando individuos intolerantes a la frustración, que no están acostumbrados a que las cosas les salgan mal, de manera que ante una dificultad se dan por derrotados casi de entrada. Visualizan los problemas, no como retos a vencer sino como obstáculos por esquivar. Son los personajes que siempre andan de malas, pues continuamente habrá algo que se atraviesa en su camino y que visualizan como un fastidio.

A partir del famoso libro cincuentero del doctor Spock, que sugería evitar a toda costa “traumar” a los niños, los padres nos cargamos de culpas. Han pasado cincuenta años de aquellas hipótesis que no pasaron la prueba del tiempo, pero a ratos pareciera que siguen vigentes en nosotros y así actuamos, permitiendo que el niño decida qué se hace o qué no se hace. Una visión miope que nos impide ver que a la larga, nuestra indulgencia es dañina. A la hora de salir al mundo a interactuar y a tomar decisiones, se topará con pared. De fea manera descubrirá entonces que no es el emperador que él creía ser. Jóvenes distraídos al manejar, corriendo riesgos. Impacientes frente a lo que se recibe.

Molestos y de mal humor. Dejando escapar oportunidades por no querer batallar un poco.

Limitados en la creatividad, pues de pequeños no conocieron el aburrimiento.

Irascibles y depresivos, considerando que la vida no es justa con ellos.

Muy poco probable que de este sustrato vayan a germinar los mejores ciudadanos, los más felices. O que aquí se halle la fórmula para educar a los hombres y mujeres que emprenden los grandes cambios. O suponer que constituyen los líderes visionarios, decididos y honestos que un país necesita en tiempos de crisis. No podemos pedirle peras al olmo, así de simple, así de sencillo.

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17 Junio 2018 03:00:00
Peras al olmo
Acabo de notar lo frecuente que es, a la hora de que el semáforo cambia a verde, que el primer vehículo de la fila no avance, y por lo general veremos que es porque el conductor tiene la vista puesta en su celular. Para tener una respuesta sobre este hecho recurrí a uno de mis grandes sabios, Zygmunt Bauman, sociólogo polaco especialista en redes sociales, quien dice que somos víctimas de lo que él llama “síndrome de impaciencia”.

Una de sus características es la urgencia de sentir el breve goce de las cosas. Esto es, frente a un nuevo producto tenemos urgencia por probarlo de inmediato. No podemos esperarnos. Más delante sucede que, una vez experimentado el goce, desechemos el producto para esperar uno nuevo que nos vuelva a estimular.

Algo similar solemos ver en el super: la lucha entre una madre y su hijo preescolar. Este último toma un producto y lo coloca en el carrito, la madre lo saca y el niño lo vuelve a colocar, algo que suele terminar en uno de dos escenarios: la derrota de la madre, quien finalmente se lo compra, o la espectacular pataleta del niño. El primer escenario catastrófico para la formación del crío, el segundo un bochorno transitorio para la madre.

Esta misma impaciencia que menciona Bauman nos lleva a procurar las relaciones en línea. Disfrutamos el goce de hallar a alguien que parece afín a nosotros, nos volcamos hacia esa amistad virtual, y en el momento cuando deja de cubrir nuestras expectativas, la bloqueamos y ya.

Esto es, contrario a lo que serían las relaciones cara a cara, en las que se vive el proceso de irnos descubriendo a través del tiempo, con sus riesgos implícitos, las relaciones en línea nos otorgan ese aparente control, de poder desaparecer cuando las cosas dejan de satisfacernos.

Por una variedad de causas que no alcanzaríamos a enumerar ahora, venimos criando niños “entre algodones”. Nos angustia verlos sufrir por algo. Además procuramos entretenerlos constantemente “para que no se aburran”.

Ello explica lo común que es hallar pequeños de brazos, entretenidos con el celular de mamá. No hemos comprendido como padres que dejarlos que enfrenten problemas es la base del desarrollo de la inteligencia. No tomamos en cuenta que el aburrimiento es el campo fértil para la creatividad.

Estamos criando individuos intolerantes a la frustración, que no están acostumbrados a que las cosas les salgan mal, de manera que ante una dificultad se dan por derrotados casi de entrada. Visualizan los problemas, no como retos a vencer sino como obstáculos por esquivar.

A partir del famoso libro cincuentero del doctor Spock, que sugería evitar a toda costa “traumar” a los niños, los padres nos cargamos de culpas. Han pasado 50 años de aquellas hipótesis que no pasaron la prueba del tiempo, pero a ratos pareciera que siguen vigentes en nosotros y así actuamos, permitiendo que el niño decida qué se hace o qué no se hace. Una visión miope que nos impide ver que a la larga, nuestra indulgencia es dañina. A la hora de salir al mundo a interactuar y a tomar decisiones, se topará con pared.

Jóvenes distraídos al manejar, corriendo riesgos. Impacientes frente a lo que se recibe.Molestos y de mal humor. Dejando escapar oportunidades por no querer batallar un poco. Limitados en la creatividad, pues de pequeños no conocieron el aburrimiento. Irascibles y depresivos, considerando que la vida no es justa con ellos.

Muy poco probable que de este sustrato vayan a germinar los mejores ciudadanos, los más felices. O que aquí se halle la fórmula para educar a los hombres y mujeres que emprenden los grandes cambios. O suponer que constituyen los líderes visionarios, decididos y honestos que un país necesita en tiempos de crisis. No podemos pedirle peras al olmo, así de simple, así de sencillo.


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10 Junio 2018 04:00:00
Être biendans sa peau
Justo cuando comenzaba esta colaboración, me entero del suicidio de Anthony Bourdain. El chef, presentador y autor culinario estaba en París preparando un programa sobre Estrasburgo. Difícil saber en estos momentos qué lo llevó a tomar esa fatal determinación.

Bourdain fue un claro ejemplo del turismo gastronómico; nos permitió conocer distintos sitios de primera mano. Muchas veces desde la intimidad de alguna cocina familiar, accediendo a la verdadera cultura de los lugares visitados. Fue a través suyo como el mundo se convenció de que la cuna original de los nachos es Piedras Negras, y no algún lugar de Norteamérica. Su estilo irreverente, ramplón y divertido facilitó adquirir conocimientos de lo más variados.

Dentro de los comentarios a propósito de su lamentable suicidio, se repite la pregunta de cómo es posible que una persona que tenía todo en esta vida pudo tomar tal determinación. Desde la perspectiva más simple eso parece, suponemos que alguien a quien le pagan muy bien por comer y viajar, y que invariablemente luce divertido en todos sus programas, es muy feliz. Un personaje que inició como lavaplatos en los suburbios neoyorquinos, para llegar a codearse con chefs con tres estrellas Michelin. Alguien que recibió grandes premios internacionales y que viajó por todo el mundo, suponemos que tiene todo en la vida. Sin embargo estamos comprobando que en este caso las cosas no fueron así, y que algo falló en la ecuación.

Los elementos que provocan depresión son muy diversos. Cabe destacar ahora la sensación de soledad profunda que se llega a experimentar. La depresión se convierte a veces en la gran enmascaradora que no solamente se manifiesta con llanto y desesperanza. Hay ocasiones en que detrás de actitudes violentas hay una depresión, que bien puede pasarse por alto.

Para conocer nuestras características particulares es menester explorarnos, y para hacerlo es necesario contar con una guía y un tiempo adecuado. La vida en el tercer milenio no nos facilita el revisarnos interiormente.

Evitamos la soledad, hasta parece que le tenemos pavor y la rehuimos. De esta manera no logramos establecer un diálogo interior para conocernos y detonar la creatividad. El diálogo de mí-conmigo ayuda a despejar las grandes dudas existenciales, algo que no se logra en medio del barullo.

Por su parte la convivencia familiar es una excelente base de sustentación para la autoestima. Esta convivencia también ha sufrido grandes ajustes en los tiempos actuales. La prisa nos presiona, la tecnología nos seduce, y el intercambio entre los mayores y los más jóvenes llega a ser muy limitado. Se pierde con ello gran parte del sentido de identidad, conocer las propias raíces, sentirnos orgullosos de ellas, y pugnar por conservarlas.

En todo individuo hay infinidad de elementos capaces de desencadenar o de aumentar un estado depresivo. Para identificarlo en nosotros mismos se requiere del propio conocimiento, y este nace con la exploración individual de nuestras emociones, justo algo que los tiempos actuales no facilitan. En la medida en que fortalezcamos la autoestima de nuestros niños y jóvenes, estaremos brindándoles herramientas para explorarse interiormente, conocerse y llegar a “sentirse bien debajo de su piel”, expresión francesa que da título a esta colaboración.

La pérdida de cualquier ser humano nos pone a pensar, máxime cuando se trata de alguien como Bourdain y en circunstancias como esas en las que ocurrió. Nos queda recordar que la vida no tiene recetas magistrales, y que cada quien decide a qué le apuesta en esta bolsa de valores emocional. Y por último, que la base del bienestar radica en estar bien con uno mismo, que a final de cuentas yo soy mi única compañía constante a lo largo del camino. Quien se tiene a sí mismo por el mejor amigo, jamás está solo.
10 Junio 2018 04:00:00
être bien dans sa peau
Justo cuando comenzaba esta colaboración, me entero del aparente suicidio de Anthony Bourdain. El chef, presentador y autor culinario estaba en París preparando un programa sobre Estrasburgo. Difícil saber en estos momentos qué lo llevó a tomar esa fatal determinación.

Bourdain fue un claro ejemplo del turismo gastronómico; nos permitió conocer distintos sitios de primera mano. Muchas veces desde la intimidad de alguna cocina familiar, accediendo a la verdadera cultura de los lugares visitados. Fue a través suyo como el mundo se convenció de que la cuna original de los nachos es Piedras Negras, y no algún lugar de Norteamérica. Su estilo irreverente, ramplón y divertido facilitó adquirir conocimientos de lo más variados.

Dentro de los comentarios a propósito de su lamentable suicidio, se repite la pregunta de cómo es posible que una persona que tenía todo en esta vida pudo tomar tal determinación. Desde la perspectiva más simple eso parece, suponemos que alguien a quien le pagan muy bien por comer y viajar, y que invariablemente luce divertido en todos sus programas, es muy feliz. Un personaje que inició como lavaplatos en los suburbios neoyorquinos, para llegar a codearse con chefs con 3 estrellas Michelin. Alguien que recibió grandes premios internacionales y que viajó por todo el mundo, suponemos que tiene todo en la vida. Sin embargo estamos comprobando que en este caso las cosas no fueron así, y que algo falló en la ecuación.

Los elementos que provocan depresión son muy diversos. Cabe destacar ahora la sensación de soledad profunda que se llega a experimentar. La depresión se convierte a veces en la gran enmascaradora que no solamente se manifiesta con llanto y desesperanza. Hay ocasiones en que detrás de actitudes violentas hay una depresión, que bien puede pasarse por alto.

Para conocer nuestras características particulares es menester explorarnos, y para hacerlo es necesario contar con una guía y un tiempo adecuado. La vida en el tercer milenio no nos facilita el revisarnos interiormente. No hay mucha oportunidad para hacerlo, solamente alcanzamos a mantener la vista puesta en las metas que alguien más ha marcado para nosotros. Participamos en una bolsa de valores emocional, y si los indicadores señalan que hay que apostarle a tal o cual elemento, lo hacemos de manera casi automática, sin detenernos a reflexionar si es lo que en verdad deseamos. Aquí es donde el consumismo nos tiene sometidos y vamos a actuar de acuerdo a lo que la tendencia señala, así sin más ni más.

Evitamos la soledad, hasta parece que le tenemos pavor y la rehuimos. De esta manera no logramos establecer un diálogo interior para conocernos y detonar la creatividad. El diálogo de mí-conmigo ayuda a despejar las grandes dudas existenciales, algo que no se logra en medio del barullo.

Por su parte la convivencia familiar es una excelente base de sustentación para la autoestima. Esta convivencia también ha sufrido grandes ajustes en los tiempos actuales. La prisa nos presiona, la tecnología nos seduce, y el intercambio entre los mayores y los más jóvenes llega a ser muy limitado. Se pierde con ello gran parte del sentido de identidad, conocer las propias raíces, sentirnos orgullosos de ellas, y pugnar por conservarlas. Desde nuestro equipo de tecnología de punta nos podemos conectar con alguien de Shangai o de la Patagonia, lo que amplía nuestra visión del mundo, pero al mismo tiempo nos priva de vivir a fondo ese sentido de pertenencia, el decir “de aquí soy”, sensación altamente gratificante, y en el caso de las nuevas generaciones, formativa en grado sumo.

En todo individuo hay infinidad de elementos capaces de desencadenar o de aumentar un estado depresivo. Para identificarlo en nosotros mismos se requiere del propio conocimiento, y éste nace con la exploración individual de nuestras emociones, justo algo que los tiempos actuales no facilitan. En la medida en que fortalezcamos la autoestima de nuestros niños y jóvenes, estaremos brindándoles herramientas para explorarse interiormente, conocerse y llegar a “sentirse bien debajo de su piel”, expresión francesa que da título a esta colaboración.

La pérdida de cualquier ser humano nos pone a pensar, máxime cuando se trata de alguien como Bourdain y en circunstancias como esas en las que ocurrió. Nos queda recordar que la vida no tiene recetas magistrales, y que cada quien decide a qué le apuesta en esta bolsa de valores emocional. Y por último, que la base del bienestar radica en estar bien con uno mismo, que a final de cuentas yo soy mi única compañía constante a lo largo del camino. Quien se tiene a sí mismo por el mejor amigo, jamás está solo.

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03 Junio 2018 04:00:00
Antídoto del miedo
Fui invitada por un grupo de entusiastas preparatorianos para hablar acerca del arte. Por el corto tiempo se quedaron varias cosas en el tintero, mismas que quiero abordar aquí. Frente al grupo de estudiantes diserté sobre el arte como un recurso para el autoconocimiento, monólogo íntimo mediante el cual se puede explorar el impacto que el mundo exterior genera en nosotros. En lo personal es un espejo que refleja mis estados de ánimo, con miras a entenderlos. Esas grandes interrogantes que el mundo genera en mi persona, se van resolviendo a través de la creación literaria.

Nos toca vivir tiempos caóticos. Vamos en una embarcación que parece haber extraviado su compás marítimo en plena tormenta, y a ratos pierde puerto. Los valores tradicionales languidecen frente a elementos que se anuncian como vigentes, tales como la ambición, el poder o la violencia. Hemos desarrollado una sociedad competitiva que nos obliga a medirnos frente a los demás. En esto no hay términos medios, o eres el mejor o no cuentas.

Acausa del estilo de vida actual hay grandes necesidades humanas que se quedan sin ser satisfechas, entre ellas la comunicación, el sentido de pertenencia, y la trascendencia. Le tenemos pánico a la soledad, la identificamos como un estado de aislamiento insufrible, y no como una excelente oportunidad para desarrollar la creatividad. La creación artística necesita de la soledad para expresarse.

El antídoto del miedo es la creación. Correr el riesgo de expresar en el arte aquello que sentimos, nos salva del anonimato en medio del tumulto exterior. Mediante la creación o la apreciación, dialogamos con nosotros mismos a través de la obra de arte. Nos pone en condiciones de alejarnos para hacer una lectura de lo propio, y establecer un orden interno como respuesta al caos del exterior.
El arte es recogimiento de uno consigo mismo frente a la creación. Se trabaja estando enfocados en crear, no pensando en el destinatario final de la obra.

Todo arte concede libertad al creador, sin embargo, para cumplir con el cometido de expresar ideas y estados de ánimo propios, se requiere aprender una técnica que nos permita comunicarnos con quien la tenga frente a sí. Una improvisación puede ser genial, pero nunca podrá compararse con la obra que es producto de la maestría, de un artista que se ha preparado.

Uno de los casos más ilustrativos es el de Pablo Picasso. Quien sólo conoce su obra cubista podrá pensar que sus cuadros son simples ocurrencias. Hay que estudiar las distintas etapas del pintor para entender que la transgresión de las formas establecidas, que lleva a cabo en su etapa cubista, significa la ruptura con la pintura tradicional que ya tiene dominada a la perfección desde antes. Lo mismo sucede con la poesía, no puede haber verso libre si antes no se domina la rima, la métrica y el ritmo.

El arte es un elemento necesario para entenderse uno mismo. En Francia el filósofo Gilles Lipovetsky ha conseguido que se convierta en materia obligatoria desde los niveles de educación elemental, como una valiosa herramienta de apoyo emocional. Por su parte el escritor Daniel Pennac la considera como la pieza indispensable, junto con la curiosidad-, para fomentar el placer por aprender, tan necesario en el proceso de enseñanza. No se trata de someter a la fuerza, sino de seducir con dulzura. Pennac habla además, de la figura de los “passeurs” o facilitadores, encargados de transmitir contenidos de una generación a la siguiente, y así preservar el patrimonio de un grupo.

Dejamos nuestra condiciónde humanos íntegros para convertirnos en clientes de un sistema que continuamente está fabricando nuevas necesidades para nosotros. Una forma de zafarnos de ese círculo vicioso se llama “arte”, diálogo de mí conmigo frente al caos del exterior; antídoto del miedo; autoafirmación que salva del anonimato y permite trascender.

contraluzcoah.blogspot.com
03 Junio 2018 04:00:00
Antídoto del miedo
Fui invitada por un grupo de entusiastas preparatorianos para hablar acerca del arte. Por obvio de tiempo se quedaron varias cosas en el tintero, mismas que quiero abordar aquí. Frente al grupo de estudiantes diserté sobre el arte como un recurso para el autoconocimiento, monólogo íntimo mediante el cual se puede explorar el impacto que el mundo exterior genera en nosotros. En lo personal es un espejo que refleja mis estados de ánimo, con miras a entenderlos. Esas grandes interrogantes que el mundo genera en mi persona, se van resolviendo a través de la creación literaria.

Nos toca vivir tiempos caóticos. Vamos en una embarcación que parece haber extraviado su compás marítimo en plena tormenta, y a ratos pierde puerto. Los valores tradicionales languidecen frente a elementos que se anuncian como vigentes, tales como la ambición, el poder o la violencia. Hemos desarrollado una sociedad altamente competitiva, que nos obliga a medirnos frente a los demás. En esto no hay términos medios, o eres el mejor o no cuentas; la presión social así nos lo hace creer. Este estilo de vida habrá de cobrarnos factura en algún momento más delante.

A causa del estilo de vida actual hay grandes necesidades humanas que se quedan sin ser satisfechas, entre ellas la comunicación, el sentido de pertenencia, y la trascendencia. Le tenemos pánico a la soledad, la identificamos como un estado de aislamiento insufrible, y no como una excelente oportunidad para desarrollar la creatividad. La creación artística necesita de la soledad para expresarse.

El antídoto del miedo es la creación. Correr el riesgo de expresar en el arte aquello que sentimos, nos salva del anonimato en medio del tumulto exterior. Mediante la creación o la apreciación, dialogamos con nosotros mismos a través de la obra de arte. Nos pone en condiciones de alejarnos para hacer una lectura de lo propio, y establecer un orden interno como respuesta al caos del exterior.

El arte es recogimiento de uno consigo mismo frente a la creación. Se trabaja estando enfocados en crear, no pensando en el destinatario final de la obra. Todo arte concede libertad al creador, sin embargo, para cumplir con el cometido de expresar ideas y estados de ánimo propios, se requiere aprender una técnica que nos permita comunicarnos con quien la tenga frente a sí. Una improvisación puede ser genial, pero nunca podrá compararse con la obra que es producto de la maestría, de un artista que se ha preparado. Uno de los casos más ilustrativos es el de Pablo Picasso. Quien solo conoce su obra cubista podrá pensar que sus cuadros son simples ocurrencias. Hay que estudiar las distintas etapas del pintor para entender que la transgresión de las formas establecidas, que lleva a cabo en su etapa cubista, significa la ruptura con la pintura tradicional que ya tiene dominada a la perfección desde antes. Lo mismo sucede con la poesía, no puede haber verso libre si antes no se domina la rima, la métrica y el ritmo de la creación poética.

Movimientos de ruptura dentro del arte los ha habido. Dos ejemplos de principios del siglo pasado son el Dadaísmo europeo y el Estridentismo mexicano. Se trata de artistas que rompen con lo tradicional como una forma de rebelarse ante el caos del exterior. Estos movimientos se dieron en Europa al término de la Primera Guerra Mundial, y en México al concluir la Revolución Mexicana. Definitivamente lo que sucedía alrededor de esos artistas impactó su forma de expresarse, y fue justo el escape emocional proporcionado por el arte, lo que mantuvo a la gran mayoría de ellos, a salvo de la enajenación.

El arte es un elemento necesario para entenderse uno mismo. En Francia el filósofo Gilles Lipovetsky ha conseguido que se convierta en materia obligatoria desde los niveles de educación elemental, como una valiosa herramienta de apoyo emocional. Por su parte el escritor Daniel Pennac la considera como la pieza indispensable, --junto con la curiosidad--, para fomentar el placer por aprender, tan necesario en el proceso de enseñanza. No se trata de someter a la fuerza, sino de seducir con dulzura. Pennac habla además, de la figura de los “passeurs” o facilitadores, encargados de transmitir contenidos de una generación a la siguiente, y así preservar el patrimonio de un grupo.

El consumismo nos vuelve interdependientes. Dejamos nuestra condición de humanos íntegros para convertirnos en clientes de un sistema que continuamente está fabricando nuevas necesidades para nosotros. Una forma de zafarnos de ese círculo vicioso se llama “arte”, diálogo de mí conmigo frente al caos del exterior; antídoto del miedo; autoafirmación que salva del anonimato y permite trascender.


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27 Mayo 2018 03:00:00
La lección de Zyanya
El suicidio entre jóvenes es un tema incómodo, de esos que quisiéramos mantener en silencio. Suele ser la punta del iceberg bajo la cual existen cuadros depresivos variables.

Hemos avanzado mucho en salud mental. Los trastornos en esta esfera han perdido su atávica condición de tabú, pero aún falta entenderlos bien. Suelen ser vistos como condiciones banales, que para resolverse dependen de la sola voluntad de quien las padece.

Zyanya Estefanía cursaba su segundo año de la especialidad en Pediatría. Sus amigos la recuerdan como una niña linda, dedicada y estudiosa. Pasó de ser la anónima poseedora de tales virtudes, a lamentable noticia a causa de su suicidio. Contrasta la imagen dulce de esta chica, frente a un hecho tan absoluto como contundente, terminar con la propia vida. Varios de sus compañeros atribuyen al acoso laboral su fatal
decisión.

De por sí la carrera de Medicina es difícil. En nueve o 10 semestres hay que aprender mucho acerca del funcionamiento del cuerpo humano sano, para luego interpretar lo que ocurre cuando enferma. Una vez entendido qué sucede en la intimidad de la célula, aprender el método para conocer, limitar y revertir el daño hecho: Un tratamiento que toque todos los aspectos que llevaron al individuo a la enfermedad, y una rehabilitación que lo regrese a la condición previa a enfermar. Más delante enfocarse a modificar factores de riesgo, y así evitar el desarrollo de tal enfermedad.

Prepararse en las aulas para ser médico implica dedicación, disciplina y coraje. Es apegarse a ese propósito por encima de la comodidad personal, la convivencia familiar y la interacción social. Como dijera mi querido maestro, don Jorge Siller, “La Medicina es la novia más celosa”.

Terminan los años en el aula pero la preparación continúa por muy diversos caminos, en el área clínica o la investigación. Algunos llegan finalmente al período de preparación en una especialidad. Se trata ahora de aprender a profundidad los temas propios de un área específica. Habrá de seguir con la vista puesta en los tratados académicos, y la voluntad empeñada en la atención de los pacientes, bajo la tutela de las jerarquías superiores. El entrenamiento no es sencillo, implica mucha voluntad, resistencia física, y sobre todo resiliencia. Aprender a sacar la enseñanza de cada situación, aun en los momentos difíciles cuando la angustia o el cansancio quisieran vencernos.

No conocí en vida a Zyanya. Su historia me lleva a suponer que sucedió algo así, quiso repartirse entre tantas causas propias y ajenas, que terminó cayendo en una crisis. Seguramente había un fondo depresivo que se exacerbó debido a las presiones del exterior. De cierta forma me vi reflejada en ella; durante mi preparación en Pediatría viví un episodio parecido al suyo. Tuve la oportunidad de entrar a sicoanálisis, que en definitiva ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. No es un tratamiento para locos, sino una forma de poner orden a la máquina emocional, entender cómo se activa cada una de nuestras reacciones, y así estar en capacidad de modificarlas. Al final del sicoanálisis el individuo es capaz de analizar sus propios modos de reaccionar, modificar lo que haya que modificar, y seguir adelante.

Sorprende que en pleno siglo 21 conservemos modos de pensar anacrónicos para ciertos asuntos. La palabra “depresión” se visualiza aún rodeada de un velo lúgubre, como se entendía en la Europa anterior a la Revolución francesa. Necesitamos asimilar que es una condición clínica que cualquiera de nosotros puede padecer, y que –afortunadamente– vivimos en unos tiempos en los que existen recursos útiles y seguros para tratarla. Habrá que estar en contacto con nuestros jóvenes, animarlos a conocerse. Detectar a tiempo cualquier signo sugestivo de depresión, y en caso necesario facilitarles buscar ayuda profesional. Que no teman delimitar sus responsabilidades, sin pretender cargar el mundo sobre sus hombros.

Descanse en paz Zyanya, quien generosa nos deja una valiosa lección de vida para ser aprendida.


20 Mayo 2018 04:00:00
Humanos y reales
A partir de este año la Universidad de Yale tiene dentro de sus cursos uno sobre la felicidad. “La sicología y el buen vivir” ha roto récord de inscripción de alumnos; ofrece a los alumnos recursos para construir su propia felicidad. Me viene a la mente aquella cátedra de “Amor” que daba mi querido amigo Leo Buscaglia(+) en la UCLA, en los años ochentas.

Vivimos en un mundo tecnificado y competitivo, en el que hay que alcanzar metas elevadas, y el precio que llega a pagarse por hacerlo es el desgaste emocional. Desde pequeñitos a los niños se les programa a ser multitareas, excelentes en todo, con la mentalidad de triunfadores. Pasan de las materias curriculares a las extracurriculares día tras día, dejando poco o nada de tiempo para ser niños, para jugar en total libertad.

Manejarse de ese modo va dejando fuera de contexto la condición humana. Dudar, tropezar, o fracasar en una empresa determinada significa una devaluación como personas. Todo parte del rendimiento teórico que tendría un individuo en condiciones ideales, para esperar ese mismo rendimiento de todos. No se toma en cuenta que existen condiciones particulares que pueden dificultar que el desarrollo real de una persona sea similar al que las matemáticas predicen que debe alcanzar.

La gran pregunta sería entonces: ¿Qué propósito tenemos en esta vida? O dicho de otro modo, cuestionarnos si la felicidad equivale al logro de todos y cada uno de esos objetivos de elevado nivel, que hemos asumido alcanzar por nosotros mismos, o porque alguien más así lo dispuso.

Estoy tomando un maravilloso diplomado de Literatura Mexicana del siglo XX organizado por el INBA. Las sesiones están a cargo de especialistas que nos facilitan el conocimiento de la obra de personajes que han puesto muy en alto las letras mexicanas en el mundo. La sesión del pasado miércoles 16 comprendió el estudio del grupo de los Contemporáneos, nueve grandes –en su mayoría poetas-- nacidos entre 1897 y 1904, cuya obra se ha vuelto intemporal. La sesión estuvo a cargo de Pável Granados, ensayista, editor y bloguero, discípulo de Miguel Capistrán, quien a su vez conoció muy de cerca a varios de los Contemporáneos. De este modo se nos presentó a los poetas como si estuviéramos sentados con ellos en alguna bohemia, abordándolos desde su condición muy humana. Entendimos cómo a través de algunos de sus poemas se plantean para sí mismos las grandes preguntas existenciales, y en su búsqueda de respuestas invitan al lector a hacer algo similar: Aceptar la propia condición humana.

Entender las cosas desde el corazón es tarea de primer orden para los habitantes de este tercer milenio. Si escudriñamos el rostro de aquellas personas que esperan el cambio de luz en un crucero, quienes hacen fila en alguna oficina, o los que viajan a bordo del transporte público, nos vamos a encontrar con muchos rictus de disgusto, de angustia o de hermetismo. Cada uno de esos gestos parece indicarnos que vivir cuesta y cuesta mucho, tanto que quizá poco o nunca alcanzamos a dirigir nuestra atención hacia asuntos en verdad gratificantes.

En lo personal me parece excelente tomar un curso que me enseñe distintas formas de ponerme en bien conmigo misma. Aprender a manejar las cosas de todos los días con una mentalidad de contentamiento. No porque sea conformista, no porque decida no dar lo mejor de mi persona. Simplemente porque antes de plantearme un reto, me recuerdo que tengo todo el derecho a preguntarme si realmente quiero cumplirlo, y qué tanto estoy dispuesta a apostar por lograrlo.

En nuestro mundo altamente tecnificado hay cuestiones que escapan de nuestro control. Para ponerlo en términos que sean familiares para todos nosotros, es imposible que en cada fotografía en la que yo aparezca, vaya a salir tan bien como Kate, duquesa de Cambridge, en la boda de su cuñado Henry. Imposible. Yo no tengo ni la edad ni la belleza física ni el vestuario que ella tiene, y más de la mitad de las fotos que me toman –estando o no preparada-- quisiera eliminarlas. Así que tengo una de dos, o me paso todo el día enojada por las fotos, o le resto atención al asunto y me busco cosas más agradables en qué invertir tiempo y emoción. Así de simple.

Nuestro mundo necesita de gente feliz para salir adelante. Detrás de las caras fruncidas hay corazones poco dispuestos a abrirse para con otros. En gran medida ese es el problema que tiene anclada a la humanidad. Involucrarnos en el arte en cualquiera de sus formas, llámese creación o apreciación artística, nos permitirá asimilar que la condición humana, con sus rugosidades y sus fallas propias, constituye la maravillosa plataforma para construirnos un mundo feliz.


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13 Mayo 2018 04:00:00
Contra toda lógica
Graciela, una querida colega y amiga de la Amazonía peruana, visitará en estos días –por primera vez—nuestro país, para una reunión médica. En el curso de la semana me permití seleccionar algunos videos que dan cuenta de lo que puede conocer en la ciudad de México y áreas circunvecinas, en el par de días que tendrá libres para hacerlo. Quise imaginar qué sitios serían del mayor interés para alguien que viene por primera vez a México. Dentro de los videos que le dejé de tarea para este fin de semana, se halla uno de Teotihuacán, en el cual aparecen sus dos majestuosas pirámides que no en balde le hacen la competencia a sus equivalentes egipcias. Esos monumentos me inspiraron en esta ocasión para abordar un tema muy nuestro.

He ido aprendiendo algo respecto al arte de crear un texto, desde la percepción de un hecho que desencadena una secuencia de ideas, hasta la culminación de ese trabajo intelectual, vuelto obra literaria que otros pueden leer. Cada texto elaborado responde a ese ejercicio mental que permite comunicar nuestro particular modo de entender la vida. Desde una carta personal hasta la colosal novela de Proust, la palabra escrita testimonia la forma como un autor interpreta al mundo. De forma paralela a ello, el escritor imprime su sello particular, su propia “tinta-sangre” a cada una de sus obras, de modo que un buen conocedor consigue identificar al autor de un fragmento por su forma de estar escrito.

Como cualquier otro arte, la escritura requiere constante pulimiento, mismo que se logra por diversas vías. Desde la Grecia antigua hasta nuestros días, reunirse con el experto provee de excelentes herramientas para cumplir mejor con un oficio, en este caso el de escribir. Así surgen los talleres de creación literaria, que aparte del aprendizaje técnico ofrecen a cada uno de los participantes un excelente ambiente para desarrollarse. En el taller en el que participo desde hace 3 años, y que coordina Gerardo Segura, estoy en vías de publicar una novela testimonial. Debo reconocer que me ha costado más que ningún otro de mis libros previos. He debido volcar en cada una de sus páginas un pedazo de mí misma, lo que implica enfrentar los propios demonios que azuzan a las palabras. El día cuando concluí el primer borrador de la obra me sentí como entre nubes, el trabajo de poco más de un año estaba terminado.

Todo lo anterior contrasta con una imagen que encontré esta mañana. Eva Cadena, la controvertida diputada veracruzana, ex integrante de MORENA, acaba de publicar su libro intitulado “La traición”. Durante una visita de AMLO a Veracruz, ella hizo llegar al candidato un ejemplar autografiado. Justo en este punto es donde quiero estacionarme, no para abordar la trayectoria de la diputada en los distintos partidos políticos en los que ha militado, ni frente a los puestos a los que ha aspirado. Tampoco sacar a colación aquel par de videograbaciones, en las que se le observa recibiendo fuertes cantidades de dinero. No, los asuntos de la política no me despiertan esa chispa creadora. Lo que me sorprendió sobremanera, fue el formato poco pulido de la dedicatoria en cuanto a caligrafía y a sintaxis, diez líneas con letra de molde, con un par de faltas de ortografía. Siendo honesta, lo que me dejó boquiabierta, fueron los tiempos: Lo transcurrido entre que ella, decepcionada de AMLO, incuba su libro, que coincide con que yo me siento a comenzar a escribir el mío, y los hechos actuales.

En la creación de mi novela participaron el relato; la crítica de mis compañeras de taller tras la lectura de cada capítulo, y la decisiva guía de nuestro coordinador. Fueron no menos de veinte sesiones quincenales de taller, además del trabajo individual semana a semana, lo que me llevó a terminar ese primer borrador que ahora se halla en proceso de edición, antes de pasar a prensa. Eva Cadena me dejó patidifusa. Ha publicado su primer libro con la velocidad de un Robert L. Stevenson, y ya se encuentra dedicando ejemplares.

Ahora que viene mi amiga Graciela a conocer México, debo hablarle de los diversos sitios arqueológicos de nuestra cultura prehispánica, desde las pirámides circulares de Guachimontones en Jalisco, hasta la majestuosa Chichen Itzá o Uxmal en Yucatán, pasando por Teotihuacán en el estado de México; Cholula en Puebla; Mitla y Monte Albán en Oaxaca; Palenque y Tulum en Quintana Roo, entre otras. Construidas a partir de una base amplia y sólida, con el beneficio del tiempo a su favor. No sea que se imagine que fueron hechas contra toda lógica, como el libro de la diputada, de modo veloz y con erratas en la dedicatoria. Algo tan común en nuestra vida política –hay que decirlo--, máxime en tiempos electorales.


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13 Mayo 2018 03:00:00
Contra toda lógica
Graciela, una querida colega y amiga de la Amazonía peruana, visitará en estos días –por primera vez—nuestro país, así que me permití seleccionar algunos videos de lo que puede conocer en la Ciudad de México y áreas circunvecinas. Entre los videos hay uno de Teotihuacán, en el cual aparecen sus dos majestuosas pirámides, que me inspiraron para abordar un tema muy nuestro.

He ido aprendiendo algo respecto al arte de crear un texto, desde la percepción de un hecho que desencadena una secuencia de ideas, hasta la culminación de ese trabajo intelectual que otros pueden leer.

Desde una carta personal hasta la colosal novela de Proust, la palabra escrita testimonia la forma como un autor interpreta al mundo.

Como cualquier otro arte, la escritura requiere constante pulimiento, mismo que se logra por diversas vías. Así surgen los talleres de creación literaria, que aparte del aprendizaje técnico ofrecen a cada uno de los participantes un excelente ambiente para desarrollarse.

En el taller en el que participo desde hace tres años, y que coordina Gerardo Segura, estoy en vías de publicar una novela testimonial. Debo reconocer que me ha costado más que ningún otro de mis libros previos. He debido volcar en cada una de sus páginas un pedazo de mí misma, lo que implica enfrentar los propios demonios que azuzan a las palabras.

El día cuando concluí el primer borrador de la obra me sentí como entre nubes, el trabajo de más de un año estaba terminado.

Todo lo anterior contrasta con una imagen que encontré esta mañana. Eva Cadena, la controvertida diputada veracruzana, exintegrante de Morena, acaba de publicar su libro intitulado La Traición.

Durante una visita de AMLO a Veracruz, ella hizo llegar al candidato un ejemplar autografiado. Justo en este punto es donde quiero estacionarme, no para abordar la trayectoria de la diputada en los distintos partidos políticos ni para sacar a colación aquel par de videograbaciones, en las que se le observa recibiendo fuertes cantidades de dinero. Lo que me sorprendió sobremanera fue el formato poco pulido de la dedicatoria en cuanto a caligrafía y a sintaxis, 10 líneas con letra de molde, con un par de faltas de ortografía.

Siendo honesta, lo que me dejó boquiabierta, fueron los tiempos: lo transcurrido entre que ella, decepcionada de AMLO, incuba su libro, que coincide con que yo me siento a comenzar a escribir el mío, y los hechos actuales.

En la creación de mi novela participaron el relato, la crítica de mis compañeras de taller y la decisiva guía de nuestro coordinador. Fueron no menos de 20 sesiones quincenales de taller, además del trabajo individual semana a semana, lo que me llevó a terminar ese primer borrador. Eva Cadena me dejó patidifusa. Ha publicado su primer libro con la velocidad de un Robert L. Stevenson, y ya está dedicando ejemplares.

Ahora que viene mi amiga, debo hablarle de los diversos sitios arqueológicos de nuestro país, desde las pirámides circulares de Guachimontones en Jalisco, hasta la majestuosa Chichen Itzá o Uxmal en Yucatán, pasando por Cholula, Mitla, Monte Albán, Palenque y Tulum, construidas con una base amplia y sólida, con el beneficio del tiempo a su favor. No sea que se imagine que fueron hechas contra toda lógica, como el libro de la diputada, de modo veloz y con erratas, algo tan común en nuestra vida política –hay que decirlo-, máxime en tiempos electorales.


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06 Mayo 2018 04:00:00
Lo que cuenta al final
Comienzo con una confesión. En siete minutos se cumple el plazo para enviar mi colaboración semanal, y apenas estoy sentándome a prepararla. La mañana se me fue en una labor original, divertida y entrañable, una serie de ensayos-errores hasta que quedó lo que esperaba. Resulta que es cumpleaños de mi hija, sus amigos la festejan, y me piden que le escriba algo. Esta primera parte no me costó mayor trabajo, tantos años en el oficio de escribir proporcionan habilidad para expresar aquello que queremos, en un tiempo relativamente breve. El problema fue cuando me solicitaron que grabara el escrito en una nota de voz, ahí empezaron las complicaciones técnicas: Buscar una música de fondo, grabar desde mi celular, seguir al pie de la letra lo que acababa de escribir. Colocar el celular en “modo avión”, descolgar momentáneamente el teléfono de casa, además de pedir al cielo que el perro de enfrente no ladrara en esos 5 minutos, y que nadie tocara la puerta. Esto último fue atendido de inmediato, comenzó a llover, el perro se guareció y las calles se vaciaron; el único ruido intrusivo fue el golpeteo de las gotas de lluvia en la ventana, que se integró como parte del fondo musical. Claro, lo que aquí cuento en cinco líneas, me llevó toda la mañana, subir la música, luego bajarla para que entrara la voz, mantener el nivel del sonido, hablar pausadamente pero sin demorarme demasiado para empatar con la música, y al final, cuando la voz termina, subir el volumen de la música y finalmente irlo bajando hasta que desapareciera. Esto último me llevó dos ensayos. Así que terminé en la raya, con el tiempo encima, pero feliz de haber participado a la distancia en el festejo de mi hija.

Lo anterior me llevó a una reflexión que no por ordinaria es ociosa. En estas semanas se me juntan la mayor parte de las fechas familiares más significativas, nacimientos, defunciones y demás. Es buen momento para recordar que al final del día lo que nos llevamos de este mundo es aquello que hayamos trabajado desde el corazón. Que todo lo demás podrá ser útil en algún momento dado, pero caduca con el tiempo, y una vez que hemos partido de este mundo deja de tener significado por completo. Comprar carro, conocer lugares exóticos, estrenar guardarropa cada temporada. Son elementos que nos proveen de cierta satisfacción temporal, pero que a la larga pasan, y en el balance final poco cuentan.

La doctora Feggy Ostrosky, reconocida siquiatra y sicoanalista, habla de la búsqueda de la satisfacción vital por diversas rutas: Habla de la ruta hedónica, que genera un placer inmenso de inmediato, pero por su carácter representa un riesgo de adicciones. La segunda ruta es la de la gratificación, esto es, aplicamos nuestras habilidades para construir algo que vaya más allá de nosotros mismos. La tercera vía es la del altruismo, emprender acciones encaminadas al bienestar de los demás, hacer algo por una causa, sin esperar reconocimiento alguno.

Para actuar nos rigen tanto la razón como el corazón; la primera aplica las matemáticas, hace cálculos de riesgo-beneficio y decide. El segundo actúa por convicción profunda, sin esperar nada a cambio. Sé que cada día es más difícil que encontremos personajes de esta talla, habrá que decir que sí los hay, pero muchas veces se cuidan precisamente de eso, de dar a conocer lo que hacen, pues son ajenos a la búsqueda de reconocimiento.

Ahora que estamos en temporada electoral caemos en lo de cada seis años, escuchamos de parte de los candidatos promesas que no tienen manera de cumplirse, al menos no sin desestabilizar a toda la nación. Atendemos el discurso de uno y de otro, aunque dentro de nosotros sabemos que ninguno es totalmente sincero, ya que si lo fuera no estaría prometiendo todo aquello. A ratos hasta parece que nos contagiamos y comenzamos a actuar en nuestra propia vida como candidatos en campaña, anunciando lo que simplemente no podemos cumplir.

Vaya con esto una exhortación a ser más leales a las causas que seguimos, con la mirada puesta en lo que finalmente nos lleva a trascender. No perdernos en promesas vanas, no disgregarnos en la búsqueda de aquello que, al final del camino, nada habrá representado para nuestra vida.

Pido a Dios que me permita apasionarme de otras cosas como hoy hice en la elaboración de la nota de voz para mi hija, al grado de perder la noción del tiempo y apurarme a escribir en 15 minutos lo que habitualmente me lleva un par de horas. Que con ese mismo entusiasmo pueda yo actuar en otros aspectos de mi vida, aplicarme para vencer nuevos retos, y apurar la copa saboreando el dulce sabor de la victoria, en este caso la conseguida frente a la tecnología. ¡Para este reto, mate a la reina!


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06 Mayo 2018 03:00:00
Lo que cuenta al final
Comienzo con una confesión. En siete minutos se cumple el plazo para enviar mi colaboración semanal, y apenas estoy sentándome a prepararla. La mañana se me fue en una labor original, divertida y entrañable, una serie de ensayos-errores hasta que quedó lo que esperaba.

Resulta que es cumpleaños de mi hija, sus amigos la festejan, y me piden que le escriba algo. Esta primera parte no me costó mayor trabajo, tantos años en el oficio de escribir proporcionan habilidad para expresar aquello que queremos, en un tiempo relativamente breve. El problema fue cuando me solicitaron que grabara el escrito en una nota de voz, ahí empezaron las complicaciones técnicas: buscar una música de fondo, grabar desde mi celular, seguir al pie de la letra lo que acababa de escribir. Colocar el celular en “modo avión”, descolgar momentáneamente el teléfono de casa, además de pedir al cielo que el perro de enfrente no ladrara en esos cinco minutos, y que nadie tocara la puerta. Esto último fue atendido de inmediato, comenzó a llover, el perro se guareció y las calles se vaciaron; el único ruido intrusivo fue el golpeteo de las gotas de lluvia en la ventana, que se integró como parte del fondo musical. Claro, lo que aquí cuento en cinco líneas, me llevó toda la mañana, subir la música, luego bajarla para que entrara la voz, mantener el nivel del sonido, hablar pausadamente pero sin demorarme demasiado para empatar con la música, y al final, cuando la voz termina, subir el volumen de la música y finalmente irlo bajando hasta que desapareciera. Esto último me llevó dos ensayos. Así que terminé en la raya, con el tiempo encima, pero feliz de haber participado a la distancia en el festejo de mi hija.

Lo anterior me llevó a una reflexión que no por ordinaria es ociosa. En estas semanas se me junta la mayor parte de las fechas familiares más significativas, nacimientos, defunciones y demás. Es buen momento para recordar que al final del día lo que nos llevamos de este mundo es aquello que hayamos trabajado desde el corazón. Que todo lo demás podrá ser útil en algún momento dado, pero caduca con el tiempo, y una vez que hemos partido de este mundo deja de tener significado por completo. Comprar carro, conocer lugares exóticos, estrenar guardarropa cada temporada. Son elementos que nos proveen de cierta satisfacción temporal, pero que a la larga pasan, y en el balance final poco cuentan.

Para actuar nos rigen tanto la razón como el corazón; la primera aplica las matemáticas, hace cálculos de riesgo-beneficio y decide. El segundo actúa por convicción profunda, sin esperar nada a cambio. Sé que cada día es más difícil que encontremos personajes de esta talla, habrá que decir que sí los hay, pero muchas veces se cuidan precisamente de eso, de dar a conocer lo que hacen, pues son ajenos a la búsqueda de
reconocimiento.

Ahora que estamos en temporada electoral caemos en lo de cada seis años, escuchamos de parte de los candidatos promesas que no tienen manera de cumplirse, al menos no sin desestabilizar a toda la nación. Atendemos el discurso de uno y de otro, aunque dentro de nosotros sabemos que ninguno es totalmente sincero, ya que si lo fuera no estaría prometiendo todo aquello.

Vaya con esto una exhortación a ser más leales a las causas que seguimos, con la mirada puesta en lo que finalmente nos lleva a trascender. No perdernos en promesas vanas, no disgregarnos en la búsqueda de aquello que, al final del camino, nada habrá representado para nuestra vida.

Pido a Dios que me permita apasionarme de otras cosas como hoy hice en la elaboración de la nota de voz para mi hija, al grado de perder la noción del tiempo y apurarme a escribir en 15 minutos lo que habitualmente me lleva un par de horas. Que con ese mismo entusiasmo pueda yo actuar en otros aspectos de mi vida, aplicarme para vencer nuevos retos.

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29 Abril 2018 04:00:00
El hijo que sí he tenido
30 de abril: Día del Niño. Fecha instaurada por la ONU, festejada por todos, aprovechada por el comercio para lo suyo, y por las buenas conciencias para reivindicar la figura del infante. Ocasión en la que todos amamos a los preciosos enanos que revolotean alrededor nuestro en casa, en la escuela o en la vía pública. Hoy los adoramos y celebramos. Los restantes 364 días del año: ¿Qué hacemos?

Como pediatra me ha tocado conocer el mundo desde la perspectiva de mis pacientes, a partir del momento cuando llegan al mundo. Abandonan de manera intempestiva el bendito claustro materno, que les proporcionó sereno albergue por algo así como 40 semanas, sin contacto con la luz, y percibiendo sonidos como sordos murmullos de cuando en cuando. Su única constante era el tum-tum de la circulación materna que los abrazaba mediante esa placenta proveedora de oxígeno y nutrientes. En el mejor de los casos, acompasados por los dulces cantos de una madre amorosa. De súbito, en minutos se enfrentan a la luz, intensa cuando se trata de un área hospitalaria. Los sonidos son muy fuertes en comparación con lo que habían conocido. Aparece la sensación de frío, extrema para ellos, por su piel tan delgada. Hay manipulación, los cargan, los mueven, los revisan y pesan; algunas veces los limpian de manera enérgica. En esas primeras horas de vida reciben sus primeros piquetes. Lo más terrible para ellos en esos momentos después del nacimiento, es la separación de la madre, fuente de vida.

Superado, o medianamente superado este episodio, el pequeño va adaptándose poco a poco al ambiente que le tocó vivir. Freud diría que comienza a elaborar el desprendimiento de la madre; la mamá dirá que no le alcanza el tiempo para todo, llegando a estados de ánimo desde la angustia severa a la depresión profunda, y al final de todo el desastre llega la abuela al rescate. Por eso es que en la receta para una infancia feliz, siempre debe incluirse una abuela amorosa y salvadora.

Es justo este un buen momento para detenernos a analizar bajo qué circunstancias llegó ese chaparrito al mundo, para así entender cuáles son los compromisos familiares frente a ese nuevo ser que arriba con todo el derecho a una vida feliz. Aquí sobreviene el primer choque entre sus derechos y nuestra comodidad, en esa realidad absoluta de tener un relojito que llora cada 3 o 4 horas y generalmente ensucia pañales con igual frecuencia, lo que nos obliga a organizarnos para cumplir con él.

Comencé con un epígrafe de Ramón López Velarde quien nunca se animó a participar en ser padre. Aparte de su convicción personal murió muy joven. De todas formas en su fragmento “Mi obra maestra” expone sus razones, tan válidas entonces como hoy en día. Sintió no estar preparado para hacerlo. Ello invita a una reflexión, ojalá que no para que los jóvenes se sumen a la postura del poeta, sino más bien para que analicen si ya están preparados del todo, y en caso de no estarlo, se den el tiempo para conseguirlo antes de colocarse en situación de engendrar un hijo.

A estas alturas del desarrollo de la humanidad no es válido decir que esa nueva vida es resultado de “un accidente”. Habrá que revisarnos por generaciones, si los adultos más adultos estamos cumpliendo con preparar a los jóvenes a hacerse responsables de sus actos y de las consecuencias de los mismos. No podemos cerrar los ojos y decir “ya Dios dirá”, pretendiendo transferir la responsabilidad personal a una instancia celestial.

En estos días la prensa local reportó el caso de una chica de 16 años que le comunicó a su padre que podría estar embarazada, y el progenitor arremetió contra ella golpeándole el abdomen con una tabla. Yo sé que es el caso extremo, la punta del iceberg, la nota roja que no nos interesa leer. Sin embargo hay que hacerlo y luego ir al espejo a mirarnos, a escudriñar bien.

Demos vuelo a nuestra sana alegría en el Día del Niño. Alegrémonos con ellos, festejemos también, permitamos salir nuestro niño interior y gocemos. Pero al final del día, por favor, dejemos la casa recogida, retomemos nuestra postura de adultos y hagamos un examen de conciencia muy personal, muy serio: Analicemos si celebramos por un día a ese niño, o si en realidad estamos construyendo un andamiaje que le permita acceder a las mejores oportunidades en la vida, a las que él tiene derecho por el solo hecho de haber nacido. Verifiquemos si nosotros tenemos las mejores calificaciones como educadores, y si no las tenemos, habrá que trabajar en conseguirlas.

La vida del hijo es obligación sagrada, con una fuerza tal que propicia los mejores cambios en nosotros. No debemos olvidarlo.

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22 Abril 2018 04:00:00
Nuestra tierra, nuestra existencia
Hoy celebramos el Día de la Tierra. Esta última palabra así con mayúscula, para denotar la personalidad de nuestro planeta, a quien tanto la gramática como nuestra irresponsabilidad han defenestrado. Hemos sido testigos de los terribles daños provocados por la contaminación del aire, del agua, del propio suelo. A últimas fechas conocemos el desastre de los desechos plásticos que van a dar a los mares y océanos. Este tipo de residuos afectan particularmente a las especies marinas, causando daños estructurales, enfermedad y muerte. A través de diversas investigaciones se ha documentado una isla de desechos plásticos en el Pacífico Sur, con una extensión equivalente al tamaño de la República Mexicana.

Un problema que se ha incrementado en los últimos lustros: Los daños provocados a las colonias de abejas por causa de plaguicidas. Al mermar el número de individuos que polinizan en forma natural, las cosechas disminuyen. El costo para suplir esa función de las abejas mediante métodos artificiales tiene un costo muy elevado, que va a repercutir en el bolsillo del consumidor.

El Calentamiento Global es una dolorosa realidad. Las predicciones de Al Gore se vienen cumpliendo puntualmente, aun cuando personajes como Donald Trump insistan en aseverar que no existe. Vemos cómo especies árticas se ven amenazadas y podrían extinguirse, al desaparecer las condiciones de la tundra que mantienen la cadena alimenticia. Las imágenes de osos famélicos que deambulan
desorientados a lo largo de las placas de hielo, o que hurgan contenedores de basura, son terribles. Hay algo que no estamos visualizando con la debida seriedad respecto al derretimiento de los polos; El problema no topa en que dejemos de ver osos blancos en su hábitat natural. Aparte del daño a las especies vivas, el derretimiento de los casquetes polares elevará el nivel de agua de los océanos, con los consecuentes riesgos para habitantes de las zonas tropicales de todo el mundo.

La Tierra (con mayúscula) es un ente que da vida y la sostiene, y que a la vez resulta modificado por las acciones de sus pobladores, en particular de nosotros los humanos. Hemos vivido en la creencia de que el planeta siempre va a estar ahí para nosotros. Nos ha faltado dimensionar la forma cómo los pequeños daños individuales de cada uno de nosotros, terminan generando un problema mayúsculo para el suelo; el aire que respiramos; el agua que consumimos; las especies vegetales que cosechamos; los animales a partir de los cuales producimos bienes de consumo. Cada vez que arrojamos un papel a la vía pública, que utilizamos popotes de plástico, que privilegiamos el uso de envases de polietileno, estamos perjudicando más al planeta. Parece que no estamos ni cerca de imaginar las graves consecuencias que nuestros actos están provocando.

En Sudáfrica se ha impuesto una realidad que más delante padeceremos el resto de los habitantes del planeta: Ciudad del Cabo tiene una severa escasez de agua.

En febrero de este año se notificó a sus habitantes que las reservas alcanzarían solamente para 3 meses, mismos que se cumplen en mayo, en lo que han dado por llamar el “Día Cero”. De esta forma fue como limitaron la dotación de agua por habitante a 50 litros diarios, que se han ido reduciendo a 25 litros conforme se acrecienta la escasez. La creatividad de los sudafricanos se ha echado a andar para reciclar y aprovechar hasta la última gota del vital líquido.

Los inodoros tradicionales utilizan por descarga un promedio de 16 a 24 litros de agua, según el modelo. Hay nuevas opciones que buscan ahorrar agua, está el sistema dual que permite al usuario elegir el volumen grande o pequeño de agua por descarga, y el modelo ahorrador que utiliza menos de 5 litros. De igual manera, en una ducha podemos gastar entre 50 y 100 litros de agua, cuando podríamos consumir mucho menos si estamos conscientes de que nos estamos acabando el agua entre todos.

El gran proyecto soñado han sido las desalinizadoras, que hasta la fecha no funcionan, pues son caras y limitadas en su producción. Convertir el agua de mar en potable no es una opción rentable todavía.

SOlo por hoy, domingo 22 de abril del 2018, imaginemos que no podemos tomar un baño; que no hay modo de lavar una fruta que vamos a consumir. Imaginemos que los inodoros dejan de funcionar para siempre. Que no podemos lavar platos ni ropa. Que no podemos trapear ni tener una planta en maceta. Que tenemos que racionar el agua que ingerimos porque es cara y está racionada. Que mueren las especies animales…

¿Es ese el mundo que queremos para nuestros hijos?
Imposible revertir todo el daño, pero podemos frenar la espiral destructiva. Hoy más que nunca se impone “el poder de uno”.

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15 Abril 2018 04:00:00
#YO TAMBIÉN
El caso de Luis Alberto Pérez, ortopedista pediatra acusado en Oaxaca por el delito de homicidio con dolo eventual es un claro ejemplo de las inconsistencias del sistema. El niño es llevado a un hospital del sector salud donde no cuentan con lo necesario para la cirugía requerida. Lo movilizan a un nosocomio particular, entra a cirugía, durante la misma surge una reacción alérgica grave y el niño fallece.

Desde prisión el doctor Pérez publicó una carta a través de la cual él hace un recorrido literario de lo que fue su preparación profesional, desde que aspiraba a ingresar a la carrera de Medicina. La leí y me identifiqué con cada etapa de su formación, los años de estudio en aula; el pregrado; el servicio social: los años de especialidad. Me hizo recordar además, un episodio de mi vida en el que yo también fui #Luis, aunque en mi caso las cosas no avanzaron a los niveles que padeció el compañero.

Durante un par de años ocupé la Dirección Médica del Hospital General de Zona y la Unidad de Medicina Familiar del IMSS en Piedras Negras. Mis dos hijos eran muy pequeños entonces, y la responsabilidad del puesto no me permitía atenderlos como se requería, así que regresé a ocupar mi base de pediatra. Poco tiempo después, ocurrió un accidente en la sala de Pediatría. Un niño al que la auxiliar de enfermería iba a bañar activó la palanca del agua caliente y se quemó parte del cuerpo. Siendo yo responsable de la sala, hablé con la mamá, le expliqué lo que había sucedido y le detallé el manejo hospitalario que daríamos a las quemaduras. Esto ocurrió en el verano; el cubículo del paciente se sentía muy caliente, en particular por las tardes, de modo que la madre me pidió que le autorizara llevarse al niño a casa. Tras un par de días, terminados los antibióticos intravenosos, accedí a darlo de alta con medicamento oral, vendajes en las áreas de las quemaduras, y el firme compromiso por parte de la madre de llevarlo diariamente a curación.

En cuanto la madre salió del hospital con su niño, se fue a los medios de comunicación a señalarnos a la enfermera y a mí de criminales. Días después me llegó un citatorio para comparecer ante Ministerio Público. Un abogado (buen amigo) se ofreció a acompañarme. Tomaron mi declaración, expliqué en qué términos había dado de alta al paciente, lo que, para mi fortuna, estaba documentado en el expediente médico. En seguida me pidieron esperar afuera de aquella oficina, lo que se prolongó toda la tarde; en un par de ocasiones asomó la cabeza el amigo abogado para decirme que insistían en fincar cargos en mi contra. En esos tiempos el MP estaba a la entrada de la antigua cárcel municipal, de modo que durante aquella larga espera la imaginación me jugaba chanzas, ya me veía yo ocupando una de aquellas celdas y mis hijos preguntando a su papá por qué mami no había vuelto a casa. Más delante pude enterarme que detrás de aquel procedimiento judicial manido había otro tipo de intereses en juego. La acusación finalmente no progresó, y pude regresar a casa a las 9 de la noche.

Desde esa perspectiva autobiográfica entiendo muy bien lo que pasó el doctor Luis Alberto, quien afortunadamente ya sigue su proceso en libertad. Él obró con la mejor voluntad para resolver un problema quirúrgico urgente. Es terrible que una criminalización como esa suceda a un profesional médico, en tanto las grandes carencias en el área de la salud están desatendidas.

Se exige que el profesional de la salud trabaje al 100%, sacando adelante la atención de los pacientes, cuando tantas veces no hay suficiencia en instalaciones, equipos o insumos. ¿Cómo es posible que la ley funcione de un modo para unos asuntos y de otro modo para los restantes?

México necesita un saneamiento exhaustivo de sus instituciones. Este es buen momento para comenzar a hacerlo.
15 Abril 2018 04:00:00
#Yo también
El caso de Luis Alberto Pérez, ortopedista pediatra acusado en Oaxaca por el delito de homicidio con dolo eventual es un claro ejemplo de las inconsistencias del sistema. El niño es llevado a un hospital del Sector Salud donde no cuentan con lo necesario para la cirugía requerida. Lo movilizan a un nosocomio particular, entra a cirugía, durante la misma surge una reacción alérgica grave y el niño fallece.

Desde prisión el doctor Pérez publicó una carta a través de la cual él hace un recorrido literario de lo que fue su preparación profesional, desde que aspiraba a ingresar a la carrera de Medicina. La leí y me identifiqué con cada etapa de su formación, los años de estudio en aula; el pregrado; el servicio social: Los años de especialidad. Me hizo recordar además, un episodio de mi vida en el que yo también fui #Luis, aunque en mi caso las cosas no avanzaron a los niveles que padeció el compañero.

Durante un par de años ocupé la Dirección Médica del Hospital General de Zona y la Unidad de Medicina Familiar del IMSS en Piedras Negras. Mis dos hijos eran muy pequeños entonces, y la responsabilidad del puesto no me permitía atenderlos como se requería, así que regresé a ocupar mi base de pediatra. Poco tiempo después, ocurrió un accidente en la sala de Pediatría. Un niño al que la auxiliar de Enfermería iba a bañar activó la palanca del agua caliente y se quemó parte del cuerpo. Siendo yo responsable de la sala, hablé con la mamá, le expliqué lo que había sucedido y le detallé el manejo hospitalario que daríamos a las quemaduras. Esto ocurrió en el verano; el cubículo del paciente se sentía muy caliente, en particular por las tardes, de modo que la madre me pidió que le autorizara llevarse al niño a casa. Tras un par de días, terminados los antibióticos intravenosos, accedí a darlo de alta con medicamento oral, vendajes en las áreas de las quemaduras, y el firme compromiso por parte de la madre de llevarlo diariamente a curación.

En cuanto la madre salió del hospital con su niño, se fue a los medios de comunicación a señalarnos a la enfermera y a mí de criminales. Días después me llegó un citatorio para comparecer ante Ministerio Público. Un abogado –buen amigo—se ofreció acompañarme. Tomaron mi declaración, expliqué en qué términos había dado de alta al paciente, lo que –para mi fortuna—estaba documentado en el expediente médico. En seguida me pidieron esperar afuera de aquella oficina, lo que se prolongó toda la tarde; en un par de ocasiones asomó la cabeza el amigo abogado para decirme que insistían en fincar cargos en mi contra. En esos tiempos el MP estaba a la entrada de la antigua cárcel municipal, de modo que durante aquella larga espera la imaginación me jugaba chanzas, ya me veía yo ocupando una de aquellas celdas y mis hijos preguntando a su papá por qué mami no había vuelto a casa. Más delante pude enterarme que detrás de aquel procedimiento judicial manido había otro tipo de intereses en juego. La acusación finalmente no progresó, y pude regresar a casa a las 9 de la noche.

Desde esa perspectiva autobiográfica entiendo muy bien lo que pasó el doctor Luis Alberto, quien afortunadamente ya sigue su proceso en libertad. Él obró con la mejor voluntad para resolver un problema quirúrgico urgente. Es terrible que una criminalización como esa suceda a un profesional médico, en tanto las grandes carencias en el área de la salud están desatendidas. Se exige que el profesional de la salud trabaje al 100%, sacando adelante la atención de los pacientes, cuando tantas veces no hay suficiencia en instalaciones, equipos o insumos. ¿Cómo es posible que la ley funcione de un modo para unos asuntos y de otro modo para los restantes? Por ningún concepto se justifica considerar bajo el término “negligencia médica” deficiencias en la atención de pacientes por causas ajenas a la actuación médica. Por otra parte, no es posible criminalizar a los profesionales de la salud por eventos cuya aparición escapa totalmente de la voluntad de quienes participan en un procedimiento médico.

Se requieren modificaciones para tipificar los delitos de la práctica médica por la vía civil –y no penal--, como está normado en otros países. No es posible que el médico arriesgue todo en el desempeño de su práctica profesional, mientras que las instituciones actúan engañosamente, escatimando recursos indispensables para la atención de los pacientes. En este caso concreto, cuando el accidente del helicóptero del gobernador Murat, el doctor no dudó por un momento en atender a los heridos fuera de su horario de trabajo. ¿Y así es como le pagan?...

México necesita un saneamiento exhaustivo de sus instituciones. Este es buen momento para comenzar a hacerlo.

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08 Abril 2018 04:00:00
Gracias, mister Trump
Me irritan las campañas electorales. En buena parte por la inconsistencia de las promesas frente a la contundencia de los hechos, o lo que el candidato ha hecho frente a lo que dice que ha hecho, o bien, las promesas que hace ahora y no cumple después. Me exaspera el exceso de publicidad y el despilfarro que ello representa.

Desde el punto de vista mercadotécnico, muchos de los anuncios presentan fallas, en televisión me ha tocado la misma cantaleta hasta tres veces durante un mismo corte. Y para rematar, concluidas las campañas queda mucha basura, que incrementa los alarmantes niveles de contaminación.

El ideal serían unas elecciones limpias, ordenadas, en las que cada candidato pudiera presentar su plan de trabajo, de modo de poder elegir el que a nuestro juicio personal fuera el mejor. Candidatos con un perfil apropiado para el puesto, que garantice que van a trabajar por el mejor interés de la nación. Lo que se ha puesto de moda en los últimos años, hacer candidatos a deportistas o actores de televisión, no ayuda en la resolución de los problemas reales de nuestro país.

Luego de todo lo anterior que, dicho sea de paso, me ha servido de catarsis, va lo que hoy quiero abordar. En el curso de la semana que termina, Donald Trump hace un anuncio oficial, mientras el Congreso no apruebe el presupuesto para el muro, va a militarizar toda la frontera con México. Al parecer lo abrupto de su determinación estuvo influenciado por el avance de la caravana de centroamericanos denominada Vía Crucis Migrante, en su quinta edición. Nosotros como mexicanos damos a la migración una lectura muy distinta a la que él hace, consideramos que quienes cruzan ilegalmente van para trabajar, y trabajan duro y en condiciones laborales difíciles. No son para nada las hordas del crimen organizado que invaden con propósitos delictivos. Dos realidades son ineludibles, hay tráfico de estupefacientes de aquí para allá, y hay tráfico de armas de allá para acá, aunque claro, los responsables de estos ilícitos no tienen nada que ver con los grupos de familias migrantes que persiguen el sueño americano.

Esta vez Enrique Peña Nieto manifestó la postura de México en un comunicado claro y firme. Cuando lo escuché sentí orgullo por el posicionamiento de nuestra nación a través de las palabras del presidente, algo que, debo ser franca, hace mucho tiempo no sentía. Los candidatos hicieron lo mismo, reconocer que las luchas intestinas por la presidencia son una cosa, y el interés nacional otra muy distinta. Y que ese interés nacional es común para todos, nos une en una misma fuerza y nos identifica. Puedo decir que me hizo recordar la primera vez que fui a votar para presidente, corría 1976 y acudí con mis papás a hacerlo. Al depositar mi boleta en la urna, viví una emoción muy particular. Sentí que mi voto era decisivo.

Sentirnos parte de una nación que respira un solo aliento es muy gratificante. Saber que a pesar de las diferencias de pensamiento, de educación, religiosas o de cualquier otro tipo, existe un interés común que nos hermana a todos, despierta las ganas de luchar, de poner ese esfuerzo extra, con la convicción de que hará la diferencia.

Coincidió que en estos días termino la obra de Alex Grijelmo titulada La Seducción de las Palabras, que me explica en gran medida el comportamiento que vienen presentando las preferencias electorales. En la turbidez lodosa que han generado las campañas, y que no permiten conocer a fondo las propuestas de los candidatos, se perfilan a ganar las que se dirigen, no a la razón sino al corazón.

Gracias Mister Trump, todo lo acontecido ayuda a mantenernos unidos en una sola voluntad a favor de nuestro amado México.
08 Abril 2018 04:00:00
Gracias, mister Trump
Me irritan las campañas electorales. En buena parte por la inconsistencia de las promesas frente a la contundencia de los hechos, o lo que el candidato ha hecho frente a lo que dice que ha hecho, o bien, las promesas que hace ahora y no cumple después. Me exaspera el exceso de publicidad y el despilfarro que ello representa, cuando nuestro país tiene necesidades de primer orden que no han sido atendidas. Desde el punto de vista mercadotécnico, muchos de los anuncios presentan fallas, en televisión me ha tocado la misma cantaleta hasta tres veces durante un mismo corte programático; no entiendo con qué finalidad. Y para rematar, concluidas las campañas queda mucha basura, que incrementa los alarmantes niveles de contaminación de nuestros ecosistemas.

El ideal serían unas elecciones limpias, transparentes, ordenadas, en las que cada candidato pudiera presentar su plan de trabajo, de modo de poder elegir el que a nuestro juicio personal fuera el mejor. Candidatos con un perfil apropiado para el puesto, que garantice que van a trabajar por el mejor interés de la nación. Lo que se ha puesto de moda en los últimos años, hacer candidatos a deportistas profesionales o actores de televisión, no ayuda en la resolución de los problemas reales de nuestro país. O tal vez sea esa la intención, partidismo puro, que en un exceso de candidez no alcanzó a asimilar.

Luego de todo lo anterior que, dicho sea de paso, me ha servido de catarsis, va lo que hoy quiero abordar. En el curso de la semana que termina, Donald Trump hace un anuncio oficial, mientras el Congreso no apruebe el presupuesto para el muro, va a militarizar toda la frontera con México. Al parecer lo abrupto de su determinación estuvo influenciado por el avance de la caravana de centroamericanos denominada “Vía Crucis Migrante”, en su quinta edición.

Nosotros como mexicanos damos a la migración una lectura muy distinta a la que él hace, consideramos que quienes cruzan ilegalmente van para trabajar, y trabajan duro y en condiciones laborales difíciles. No son para nada las hordas del crimen organizado que invaden con propósitos delictivos. Dos realidades son ineludibles, hay tráfico de estupefacientes de aquí para allá, y hay tráfico de armas de allá para acá, aunque claro, los responsables de estos ilícitos no tienen nada que ver con los grupos de familias migrantes que van persiguiendo el sueño americano.

Esta vez Enrique Peña Nieto manifestó la postura de México en un comunicado oficial claro y firme. Cuando lo escuché sentí orgullo por el posicionamiento de nuestra nación a través de las palabras del presidente, algo que -debo ser franca- hace mucho tiempo no sentía. Los candidatos hicieron lo mismo, reconocer que las luchas intestinas por la presidencia son una cosa, y el interés nacional otra muy distinta. Y que ese interés nacional es común para todos, nos une en una misma fuerza y nos identifica. Puedo decir que me hizo recordar la primera vez que fui a votar para presidente, corría 1976 y acudí con mis papás a hacerlo. Al depositar mi boleta en la urna, viví una emoción muy particular.

Sentí que mi voto era decisivo para llevar a México por el mejor camino.

La octava ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio ha avanzado más lento de lo previsto, y se espera que sea para la próxima semana en Perú, durante la Cumbre de las Américas, cuando terminen de definirse las posturas de esta ronda. Fase que amén de sus complejidades intrínsecas, ha contado además con la presión de Donald Trump respecto a cancelar el Tratado si no se aprueba el muro fronterizo. Ahora México ha sido claro y firme en su posicionamiento, habló el presidente y todos lo respaldamos.

Sentirnos parte de una nación que respira un solo aliento es muy gratificante.

Saber que a pesar de las diferencias de pensamiento, de educación, religiosas o de cualquier otro tipo, existe un interés común que nos hermana a todos, despierta las ganas de luchar, de poner ese esfuerzo extra, con la convicción de que hará la diferencia. Vernos de repente rodeados de candidatos distintos en su ideología pero respetuosos en su actuación, nos permite despejar nuestro pensamiento para llevar a cabo una buena elección. Coincidió que en estos días terminó la obra de Alex Grijelmo intitulada “La seducción de las palabras”, que me explica en gran medida el comportamiento que vienen presentando las preferencias electorales. En la turbidez lodosa que han generado las campañas, y que no permiten conocer a fondo las propuestas de los candidatos, se perfilan a ganar las que se dirigen, no a la razón sino al corazón.

Gracias Mister Trump, todo lo acontecido ayuda a mantenernos unidos en una sola voluntad a favor de nuestro amado México.

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01 Abril 2018 04:00:00
El canto de la calandria
Esta vez no pensé que pudiera concluir mi tarea semanal a tiempo. Una calandria que se había ausentado desde hace meses, hoy me está dando serenata. Sospecho que me la manda desde el cielo mi mejor amigo José Clemente, quien justo hoy cumple su primer aniversario luctuoso, y que –seguramente-- para que no me entristeciera por la ocasión, mandó por delante a la calandria a cantarme todo el fin de semana. Es curioso, comencé a escucharla en la ventana de mi oficina; luego me movilicé a otras habitaciones, y lo mismo hizo la calandria para instalarse en alguna rama próxima a aquellos ventanales, y así continuar su concierto. Regresé a mi oficina, y lo mismo hizo el ave canora que, con cada línea que escribo, varía de tonada en su amplio repertorio. Mi querido José, hoy te recuerdo como siempre hago, sé que estás bien y que algún día volveremos a encontrarnos. Gracias por el concierto.

El canto de la calandria me ayudó a consolidar la idea que venía esbozando para esta colaboración. Quiero hablar acerca de nuestra actitud frente a las redes sociales, y el modo como aquellos contenidos que mandamos nos dibujan como personas. El gobierno norteamericano retoma la posibilidad de revisar nuestras redes sociales dentro de los requisitos para tramitar una visa de ingreso a aquel país. Buscan cualquier contenido relacionado con actividades potencialmente peligrosas, lo que es muy entendible. Por otro lado vemos cómo ha quedado demostrada la vulnerabilidad de nuestros datos en redes como Facebook. En lo personal encuentro hasta estremecedor imaginar que todo contenido que busque o publique en Internet deja una huella digital imborrable, más todavía que cualquier otro medio. No alcanzamos siquiera a imaginar lo que existe acerca de nuestra persona en la red, al alcance de voluntades ajenas a nosotros, imposibles de identificar.

Ello me llevó a cuestionar hasta qué punto estamos conscientes de la responsabilidad que implica el uso de las redes sociales dentro de nuestra sociedad. Particularmente lo pienso ahora que han arrancado todas las campañas políticas. Ya hemos visto que se ponen buenas las peleas con lodo entre candidatos, y mi pregunta como ciudadana es, ¿vamos a permitir que ese lodo llegue a cegarnos al momento de decidir nuestro voto?

Al día recibimos infinidad de mensajes, propuestas y cosas chuscas. Que llegue a mi equipo no implica que yo los reenvíe de inmediato, al menos es lo que se esperaría de nosotros como entes pensantes: Leer, aquilatar, y tomar la decisión de enviar o eliminar. Y no me refiero solamente a los mensajes de corte político sino a todo lo que ponemos a circular. Tal vez modifiquemos nuestra actitud si imaginamos que cada envío es como un punto dentro de una pintura impresionista, y que a la vuelta del tiempo aquel conjunto de puntos va a dibujar la imagen personal que proyectamos al mundo.

En lo particular –reconozco—soy muy puntillosa con la palabra escrita, tanto que en ocasiones modifico dos o tres veces un párrafo hasta que me convence de que está diciendo justo lo que yo quiero expresar, y no otra cosa. Sé que es una conducta que frisa con lo obsesivo, y aún así algunas veces me sorprendo cometiendo lamentables erratas. Cada palabra tiene un peso específico, para mí tan grande, que una palabra dicha de cierto modo en un determinado momento, llega a modificar toda la existencia de un ser humano.

La invitación después del canto de la calandria, es a ser más prudentes en los contenidos que manejamos en redes sociales. Más selectivos a la hora de leer, ponderar qué dice el mensaje, quién lo envía, cómo lo documenta, y si hay una intención oculta tras el mismo. Mucho más sensatos a la hora de reenviar, haciéndonos plenamente responsables de aquellos contenidos. Por desgracia el uso de la Internet produce una lectura superficial y fugaz, que nos puede llevar a grandes errores de apreciación. Recientemente se publicó en cierto chat algo así: “Mañana lunes habrá venta de tacos de barbacoa afuera de la iglesia de la Luz. Lo recaudado será para ayudar a los niños de Chiapas”. Al minuto comenzaron las preguntas: ¿Cuándo es la venta? ¿Qué es lo que van a vender? ¿Dónde será la venta? ¿De qué son los tacos? ¿Para qué se organiza la venta? ¿Unos niños de dónde?... Este tropel de preguntas puso en evidencia que habíamos leído de tal manera mal, que captamos la información de manera fragmentada y equívoca, ¿o no?

Vamos saneando las redes de contenidos, contribuyendo a que no circule todo lo que recibimos. Hagamos una lectura crítica de aquello que nos llega, ¿proviene de una fuente confiable? ¿Es congruente? ¿Desde dónde está escrito, con qué intención? Eso será nuestra mejor huella en Internet, no nos quepa la menor duda.

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25 Marzo 2018 04:00:00
El difícil arte de la convivencia
Mientras que esto escribo siguen desaparecidos tres jóvenes en el estado de Jalisco, al parecer levantados por las “fuerzas del orden”. ¿Su delito? Detenerse a revisar una falla de su vehículo después de haber grabado un documental como parte de un proyecto escolar de cine. Tememos que se repita la historia de muchos otros jóvenes que han desaparecido de manera similar, cuyas investigaciones han terminado en “carpetazo técnico”. Nadie parece hacer nada efectivo por dilucidar el ilícito, y este se olvida cuando uno nuevo capta la atención del público.

Lamentablemente sucede y sigue sucediendo aquello de imponer la fuerza bruta por encima de los derechos civiles de la población. El Estado avala esa forma de utilizar las instituciones por parte de ciertos personajes turbios, y lo que es peor, en ocasiones no solo avala dichas arbitrariedades, sino que las emprende por cuenta propia. Como si tener un pedazo de ley en las manos concediera a un individuo el derecho de atropellar a otros de manera discrecional.

Es muy doloroso vivir en el país de “no pasa nada”, en el que es peor delito robar por hambre una tapa de huevos, que defraudar al fisco mediante sumas millonarias. Donde las acciones delictivas de un individuo quedan impunes en la medida en que esté bien relacionado con quien tiene a su cargo normar o juzgar los hechos. Nuestro México es el hermoso país rico en historia, en música, artesanía y variedad gastronómica, que ha dado grandes artistas y científicos, pero en el cual alguien que se esforzó durante media vida por obtener un doctorado, percibe un salario diez veces menor al de un funcionario “chambón” que no llena el perfil del puesto, pero está allí por recomendaciones.

Son muchas las condiciones que han propiciado esta forma de actuar. Una –muy clara—ha sido la que tiene que ver con nuestra tibieza a la hora de fijar límites, digamos, muchas faltas menores que se cometen a diario son vistas como “puntadas”, y claro, no pasa nada. Si el individuo logró burlar la ley y salirse con la suya, solemos decir que es astuto o suertudo, pero difícilmente lo catalogamos como delincuente, aun cuando lo que cometió es un delito, grande o pequeño, pero un delito. Caso contrario, al que trata de cumplir con la norma lo llamamos desde “ñoño” hasta “estúpido”, difícilmente reconocemos en él como una cualidad tratar de obedecer lo establecido.

Solo para no olvidarlo, acaban de cumplirse 6 meses del sismo del 19 de septiembre. Vienen a la mente dos casos emblemáticos, entre muchos otros: El del Colegio Rébsamen y el de los donativos económicos provenientes del exterior. No hay avance en las investigaciones de los edificios construidos de manera ilegal en un predio marcado como “escolar”, y las voces de los padres de los niños muertos se pierden en el desierto de la impunidad. Con relación a los cuantiosos donativos económicos, nadie sabe dónde quedaron esas grandes sumas de dinero… a ratos da la impresión de que quienes debían hacerse responsables solo esperan el cambio de sexenio para asegurarse que todo quede en el olvido.

Comencé intitulando la presente colaboración “El difícil arte de la convivencia”, y ahora lo retomo. Un punto fundamental dentro de todo grupo humano es que cada individuo pueda actuar con libertad, pero sin afectar los intereses de los demás. En el escenario ideal, la propiedad privada, el derecho a la libre expresión, o a trabajar en lo que cada quien elija, son derechos fundamentales, cuyo límite está dado a partir del derecho de otros para hacer lo mismo. Si pretendo rebasarlos, está la ley para advertirme y en su caso sancionarme. Difícil precisar a partir de qué momento histórico el mexicano decide no reconocer esos límites y va más allá, atropellando los derechos de otros. No sé si nació de su ambición y las instituciones lo respaldaron, o fue la laxitud de estas últimas lo que propició el cambio de pensamiento en el individuo. El asunto es que en ambas situaciones, se violenta el bien común.

El arte de la convivencia: A partir del reconocimiento de los derechos del individuo, contentarnos cada uno de nosotros con los límites que el grupo señala, y desarrollar al máximo nuestras potencialidades. Dicen los especialistas que el principio del enriquecimiento desmedido es el miedo a no tener lo suficiente en el futuro. En lo personal encuentro una razón más, pensamos que el reconocimiento social está dado por aquello que se tiene y no por las obras que se emprenden.

El proceso educativo es la base del cambio, rumbo al bien común. Educar para el corazón comenzando desde el hogar, hacer de nuestro México un país de ciudadanos felices que no utilicen el atropello para sentir que valen frente al mundo.

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18 Marzo 2018 04:00:00
Día del Enfermo
Desde hace cuarenta años mi colaboración periodística se publica los domingos. La envío el viernes a mediodía, así que ese día despierto con el pendiente en la conciencia. Si ya tengo el tema, voy ensamblando las aristas; si no lo tengo todavía, amanezco revisando las vivencias de la semana. Esta vez comencé mi viernes en las instalaciones del IMSS recogiendo papelería para la valoración médica semestral a la que mi cangrejo y yo nos sometemos.

Justo un día antes escuchaba en entrevista al maestro Tuffic Miguel Ortega, director general del IMSS. Habló acerca del 75 aniversario de la institución, y del modo como para el 2016 se logró su recuperación financiera, tras de una severa crisis. Se refirió a programas para la detección de factores de riesgo, que permiten prevenir la aparición de enfermedades como el cáncer, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. El maestro se refirió también a las estrategias para mejorar el trato al derechohabiente, combatiendo esas prácticas añejas de actuar como si se le hiciera un favor a quien solicita atención. A propósito de esto último, las cosas en mi clínica fueron bastante cordiales, aunque aún falta organización. Todos quienes esperábamos papelería lo hacíamos de pie en un área que no se da abasto, además de que es un corredor de intenso tránsito entre la Consulta y la Dirección. Conseguí instalarme frente a un ventanal para ver pasar la vida, algo que me produce un cúmulo de visiones que mucho disfruto.

Desde el segundo piso de la clínica se despliega frente a los ojos la plaza cívica con su estatua icónica en bronce vaciado, diseño del regiomontano Federico Cantú. Poco más delante se halla el asta Bandera, esta vez sin Bandera.

Alrededor de dichos monumentos se apreciaba en aquellos momentos un intenso trajín de pacientes, familiares y vendedores, y hasta un par de callejeritos, ambos lucían muy familiarizados con el movimiento humano, ella -embarazada- se dejaba caer en los puntos donde la sombra de media mañana se iba extendiendo. Traté de meterme dentro de la cabeza de cada uno de los personajes que transitaban por ahí: ¿Les dolerá? ¿Sentirán cansancio? ¿Estarán fastidiados de tanto tratamiento? Al menos un par de pacientes en silla de ruedas, provenientes del área de diálisis, así parecían sentirse.

Siguió mi reflexión: ¿Qué es la enfermedad? Habría muchas maneras de definir esa condición. Es la pérdida de la salud; la interrupción de la funcionalidad; la falla de la normalidad corporal… Más allá de los tecnicismos, la enfermedad es una experiencia de vida que nos proporciona la oportunidad de medirnos frente al cosmos. En medio de la crisis que representa la pérdida de la salud, la enfermedad nos da ocasión de asimilar nuestro tamaño real, ante todo lo que nos rodea. Es ocasión de practicar la humildad y la paciencia; momento para voltear hacia nuestros seres queridos en busca de apoyo. Siento que sería bastante recomendable que de cuando en cuando enfermáramos de esa manera, para después de dicho trance volver a la vida a valorar de otra manera lo que somos y tenemos, y que tantas veces damos por sentado.

¡Cuánto se puede aprender desde una experiencia de enfermedad! A partir del dolor conseguir valorar y cuidar nuestra integridad física. Desde la incertidumbre tener la ocasión de vivir al máximo las oportunidades que la vida nos da. Partiendo de las necesidades que la enfermedad impone, aprender a reconocer con humildad nuestros límites.

Existe un día para celebrar a la persona del enfermo, corresponde al 11 de febrero, que en el santoral católico conmemora la aparición de la Virgen de Lourdes a la pequeña Bernardette de Soubirous. Ese día se desarrolla la Jornada Mundial de los Enfermos en el Santuario de Lourdes, población enclavada en un extremo de la cadena de los Altos Pirineos, al sur-suroeste de Francia, casi en la frontera con España. Al contemplar la enorme extensión del Santuario, es difícil imaginar esas grandes avenidas que convergen a la iglesia y a la gruta, atestadas de enfermos provenientes de todas partes del mundo, asistidos por 10,000 voluntarios, algo que sucede cada mes de febrero desde hace mucho tiempo.

Hoy escribo pensando en los enfermos, en sus familiares. Pienso en el personal de las instituciones públicas que hace posible que quienes así lo requerimos, recibamos atención. Cada puesto tiene su razón de existir, su función específica y su valor intrínseco. A través del buen desempeño de cada uno de los trabajadores, los derechohabientes estamos en condiciones de recibir la atención necesaria en el momento oportuno.

No digo que pidamos al cielo que nos mande enfermedad. Pero eso sí, que cuando la mande, sepamos aprovecharla para crecer en ella

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11 Marzo 2018 04:00:00
Alas para volar
8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, fecha en la que se hace presente la voluntad de media humanidad --a la cual me digno pertenecer--, para hacer valer nuestros derechos. Rememoramos las luchas emprendidas por valientes féminas en el campo laboral, universitario y electoral, entre otros, tantas veces pagando una cuota de sangre por lograrlo. En el nuevo milenio la equidad de género es mucho más real que en los albores del siglo veinte, pero aun así quedan asignaturas pendientes.

Esta fecha tuvo un significado muy especial en mi esfera íntima, al lado de una mujer que admiro por su autenticidad de plantarse frente al mundo a decir “Aquí estoy y así soy”. Se trata de mi hija Eréndira, a quien justo ese día le avisaron que había obtenido una beca de la SEP y la Embajada de Francia para una estancia académica y laboral en aquel país. En medio de su jornada de trabajo, luego de ser notificada, se hizo un tiempo para avisarme en un mensaje, y ya fue hasta que salió de su trabajo, cuando pudimos desmenuzar la noticia de manera sabrosa.

De pequeña mi hija tuvo discalculia, las restas fueron su “coco”. No pocas tardes pasamos juntas haciendo la tarea; yo angustiada pensando en cuánto tiempo iría a superar esa condición. Ella desesperada viendo que su hermano, un año menor, era muy hábil en matemáticas. Aunque ese problema se resolvió en poco tiempo, hoy se hizo presente, a raíz de la beca y de la fecha que conmemorábamos, cuando recordé un episodio de aquel entonces. Al expresar mi inquietud respecto a la dificultad de mi hija con las matemáticas, alguien me dijo, como para tranquilizarme: “Total, no es tan importante que salga bien en todo, al fin que es mujer, y las mujeres son para la casa”. Si yo me hubiera conformado con aquel panorama y hubiera doblado las manos, no estaría aquí celebrando este nuevo logro en la vida profesional de mi hija.

En este planeta cada mujer tiene derecho a definirse para sí misma y para el mundo. Nos pronunciamos a favor de iguales oportunidades que los hombres en todas las esferas de la actividad humana. Ciertamente habrá diferencias biológicas, sicológicas y culturales entre ambos géneros, que imponen límites sensatos de ser atendidos. Sin embargo no queremos ser encasilladas, que venga alguien desde fuera a decirnos qué sí y qué no podemos hacer. Pugnamos por el derecho absoluto para probar de qué somos capaces y hasta dónde podemos llegar, pues antes que mujeres somos individuos con todas las capacidades intelectuales para desarrollarnos en todos los aspectos que deseemos abordar.

Erróneamente el feminismo se ha interpretado en ocasiones como un actuar cual si fuéramos hombres. Son dos asuntos muy independientes, uno es el derecho a desarrollarnos sin límites impuestos por razón de nuestro género, y otro muy distinto sería el asumir conductas varoniles que en absoluto equivalen a desarrollar eficientemente una actividad dada.

Dentro de este ámbito de equidad que buscamos conseguir, este pasado día 8 de marzo se emprendieron diversas manifestaciones alrededor del mundo. Grandes grupos se expresaron a favor de la equidad de género y la no-violencia, que en nuestro país ha cobrado muchas vidas de una forma tan absurda. A ratos, frente a un panorama de tanta violencia, hago un examen de conciencia como mujer y madre para preguntarme si realmente estamos cumpliendo con nuestro papel en la formación de los hijos, o cuál es la razón para que tantos jóvenes opten por enfrentar las diferencias de opinión por la vía del ataque violento, y no por la del diálogo. Aquí sí, debo reconocer a nombre de todas mis congéneres, que hemos fallado en inculcar una ética, en formar dentro de los hijos un corazón que busque comunicar, conciliar y construir, antes que violentar y destruir. Por supuesto que estamos en nuestro derecho de exigir un trato digno por parte de los varones, tanto en la calle como en la relación de pareja, pero también estamos en la obligación de forjar ciudadanos con ética en su actuar.

En los años setenta estudié Medicina en Torreón, en la única facultad que tenía la UAdeC; en ese tiempo la proporción de mujeres era de 1 por 4 hombres. Hoy en día, para la misma carrera en las tres facultades de la UAdeC, es 1 por 1. Mucho se ha avanzado desde aquel 1887 cuando Matilde Montoya, la primera médica mexicana, tras enfrentar mucha oposición, logró titularse en la UNAM. Pero aún falta mucho por hacer.

“Tengo alas para volar” palabras de Frida Kahlo que llevan a Eréndira en su ruta siempre auténtica, por la que busca reinventarse y crecer. No me resta más que decirle, como la mamá más orgullosa del planeta: “Que Dios te lleve, mi querida hija. A volar tan alto como tú lo decidas y a ser feliz”.

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04 Marzo 2018 04:00:00
Nuestra impronta personal
Para ejemplos hay muchos. En estos momentos aludo al reciente caso -muy doloroso- de 3 jóvenes fallecidos en un accidente automovilístico en Saltillo. Las últimas imágenes compartidas por uno de los infortunados muestra los “shots” de tequila que estaban tomando, con la leyenda “Casual aquí, a punto de morir”, lo que horas después se cumplió.

Una de las características de nuestros tiempos es la profunda necesidad de hacernos presentes en el mundo, decir “aquí estoy” y dejar impronta de nuestro paso. Contrario a lo ocurrido en otras épocas en las que teníamos un Miguel Ángel Buonarroti esculpiendo la excelsa “Piedad” a los 23 años, o un Wolfgang A.

Mozart muriendo a los 35, no sin antes dejar para la historia un legado musical excepcional, hoy alcanzamos esas edades y muchas más sin sentir que ha habido una verdadera oportunidad para trascender. Cuando Goethe tenía mi edad ya había publicado la primera parte de su intemporal “Fausto”, lo que no deja de sacudir mi entendimiento. Más que concentrarnos en un objetivo que esté por encima de nosotros, y al cual enfocar tiempo y talento, nos fraccionamos en bisutería que al final del día nos deja con un vacío interior que mañana buscaremos nuevamente llenar –desgraciadamente por el mismo camino- con iguales o peores resultados.

El método más socorrido para manifestarnos, me atrevo a suponer, es el de la imagen digital. Amanecemos pensando qué indumentaria vamos a utilizar, o cómo nos vamos a arreglar para salir mejor “en la foto”. Hay inclusive sofisticados métodos de maquillaje que aseguran que los ojos luzcan más bellos, que la cara parezca más delgada, y que cualquier arruga o mancha engañen a la cámara. Una floreciente industria del “contour” que debe de estar produciendo ganancias millonarias a quien tuvo el acierto de imaginarla. Cada uno de nosotros vueltos esclavos de esa imagen que va a tomarse nos aplicamos, nos cuidamos, a veces sufrimos y otras más nos ocultamos. Una buena parte de nuestros momentos de convivencia se invierten en congraciarnos con la lente de esa cámara inserta en el celular, y que tantos cambios es capaz de producir. La “selfitis” -perdón por el barbarismo -se nos prende a la vida como ciempiés ponzoñoso, para nunca más soltarnos.

Tal vez los de edad buscamos defendernos de convertirnos en presas de ese fenómeno digital, tan difundido entre los millennials, o tal vez ya hayamos cedido a sus influjos y fotografiemos nuestras pantuflas al amanecer; el desayuno a las 9; la mascota a media mañana; alguna escena callejera al mediodía; el café o la merienda por la tarde, y la luna, o el farol, o nuevamente las pantuflas, pero ahora apuntando en dirección contraria, hacia la cama, al terminar el día. ¿Qué nos estamos diciendo a gritos a nosotros mismos? ¿Qué necesidad imperativa nos lleva a invertir tiempo, energía y tanto más, en tomar una foto cada 30 minutos?...

Somos una especie de “niños digitales”, aunque nos cueste reconocerlo, a ratos muy solos en medio de tanta tecnología de punta, deseando alcanzar al otro para comunicarnos, pero con un miedo atroz de hacerlo, pues no sabemos cómo. Perdemos de vista la necesidad vital de encerrarnos en nuestro propio espacio personal, ponernos frente al espejo y abrir muy grandes los ojos para vernos así, desnudos, sin maquillaje, sin tener que guardar las apariencias. Preguntarnos qué queremos, a dónde vamos, y si estamos tomando el camino correcto para llegar. Cuestionar cómo queremos vernos dentro de 10 o de 20 años. Mentalizarnos qué esperamos que nuestros seres queridos expresen acerca de nosotros el día que muramos. Así de simple, así de sencillo. Es la única forma de comenzar a emprender acciones que en realidad nos lleven a trascender, sería como plantarnos frente a nuestro lienzo único y personal para pintar la obra más perfecta, en lugar de estar desperdiciándonos en unos cuantos trazos sobre pedazos de papel que finalmente el viento termina por llevarse.
¿Por qué tememos tanto a la soledad? Quizá sentimos que estamos en el gran escenario, desde el cual el público nos vigila y nos juzga. O tal vez sea que necesitamos autoafirmarnos a cada momento, para de ese modo convencernos de que existimos en el mar del anonimato.

Que la muerte tan lamentable de estos jóvenes no resulte ociosa, que esa gran lección que nos dejan desde la última de sus imágenes digitales, propague su mensaje de vida para todos nosotros. Que nos haga reaccionar. Que nos invite a medirnos de otra manera, frente a nuestro “mejor yo” potencial. Que dejemos de lado ese afán de escribir en el hielo, para comenzar a plasmar nuestra mejor obra con el pincel de la voluntad y la paleta del talento, dispuestos a forjar una memoria inmune al tiempo.

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25 Febrero 2018 04:00:00
Al pie de la bandera
El jueves pasado circulaba por el primer cuadro de la ciudad, al transitar una calle aledaña al astabandera de la Puerta de México, desde donde ondea nuestra bandera monumental, hice una de esas locuras que puedo hacer como jubilada, dueña de mi tiempo. Busqué donde aparcarme y me bajé a contemplarla. El viento soplaba con cierta fuerza, de modo que había momentos cuando llegaba a desplegarse casi por completo, para luego regresar a su estado de reposo. La vi a media asta, 22 de febrero –pensé—conmemoración del asesinato de Madero y Pino Suárez. Ya luego me enteré que en realidad conmemoraban por adelantado el Día de la Bandera, y que debiendo lucir a toda asta, quiero suponer que en nuestros militares se impuso el respeto a la memoria de los grandes próceres que cayeron muertos por defender sus ideales. Podemos decir entonces que fue una celebración híbrida, que de alguna manera me puso a reflexionar.

Vino a mi memoria la “Decena Trágica” que ocurrió entre el 9 y el 19 de febrero de 1913, golpe de estado perpetrado por Victoriano Huerta para derrocar a Francisco I. Madero, quien había asumido el poder en 1911. Huerta fungía como comandante militar de la Ciudad de México, nombramiento dado por el propio Madero. Desde esa posición el también llamado “gran traidor” elaboró un plan para quitar del poder a Francisco I. Madero y a su vicepresidente José María Pino Suárez. Cuando el plan ya estaba bien estructurado fue descubierto por Gustavo Madero, hermano del presidente. En el propio despacho de Francisco I. Madero, y en presencia de Huerta, Gustavo Madero dio a conocer a su hermano las intenciones de Huerta. Con el cinismo que lo caracterizó Huerta desmintió a Gustavo Madero y aseguró a Francisco I. Madero que las cosas no eran así, y que ya pronto todo terminaría. En los siguientes días murieron de manera indigna, primero Gustavo Madero, y luego Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, el primero al pie de un monumento a Morelos, entre burlas de los cadetes comandados por Huerta, los segundos en la parte posterior del Palacio de Lecumberri. Argumentando que les daría protección los persuadió de dimitir a favor de Pedro Lascuráin, quien duró en el cargo 45 minutos, luego de lo cual asumió la presidencia el propio Victoriano Huerta. Respecto al asesinato de Madero y Pino Suárez, Huerta afirmó que habían sido asaltados y muertos al intentar defenderse.

Llego a pensar entonces que no fue casual que yo detuviera mi vehículo y me apostara a ver nuestra hermosa bandera ondeando a media asta un 22 de febrero, aniversario luctuoso de Madero y Pino Suárez, para conmemorar por anticipado el Día de la Bandera. Y me quedo pensando en el Victoriano Huerta que cada uno de nosotros lleva dentro, ese personaje funesto que traiciona a la patria de una u otra forma, el que se justifica ante el mundo sus torvas intenciones. Y sigo pensando en la bondad de los hermanos Madero que vivieron hasta el último día de su vida convencidos de sacar adelante la patria, empeñando en ello la nobleza de sus corazones.

Volteo a ver a nuestro México actual y descubro cuánto nos hemos alejado de los ideales maderistas, de cómo el poder es visto como el gran negocio de donde sacar tajada. Me preocupa nuestra pasividad ciudadana, suponemos que señalar lo que está mal es haber cumplido con la patria. Me inquieta esa molicie mental de no ahondar en el conocimiento de nuestra historia, de modo de entender qué ha sucedido y tener la valentía de resolverlo.

Este año electoral las cosas se magnifican. Los candidatos se dan con todo, lejos de proponer planes de acción se ocupan de desacreditarse unos a otros; algunos atentan contra el sentido común queriendo establecer alianzas con grandes delincuentes que tanto daño han hecho a nuestro país. Salen noticias de malos manejos por un lado y por el otro, y la contienda electoral –que todavía no arranca, de hecho—ya es un chiquero.

Los hermanos Madero crecieron con unos valores familiares que los llevaron a creer en México, en los demás y en ellos mismos, y así murieron. Mi percepción es que personajes de esa integridad proba son cada vez más escasos en la función pública, desde que esta se enfoca como un negocio particular en el cual se invierte con el propósito de obtener ganancias. No estamos hablando de ideales patrios sino de jugosas regalías.

Nunca dejaré de emocionarme cuando esté frente a nuestra hermosa bandera que significa todo lo que nuestros padres y abuelos nos han legado. Quiero entender más a mi México desde sus raíces, para encaminar mis esfuerzos ciudadanos con acierto y sagrado respeto. Aspiro a poder transmitir esta emoción que me embarga a mis hijos, mantenerla siempre como llama viva para bien de mi patria.


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18 Febrero 2018 04:00:00
Niños solos
Vuelve a repetirse. Una masacre en Norteamérica, esta vez en el estado de Florida. Una escuela secundaria, un tirador solitario, un arma semiautomática. Hasta el momento de escribir la presente son 17 muertos entre los que hay 2 maestros y 15 alumnos, y otros 15 heridos, algunos de gravedad.

Lo que hoy es una matanza dolorosa en un par de semanas pasará a la historia. Los ecos de los llantos desgarradores se irán perdiendo. Los diarios se ocuparán de otras noticias. El dolor que les abre el pecho de tajo a esos padres y madres se quedará prisionero dentro de ellos, para seguirse llorando en el silencio hasta el día en que mueran.

Como ciudadanos del mundo, debemos entender qué es lo que pasa. Volvemos los ojos a la legislación de muchos estados de la Unión Americana, donde basta con haber cumplido 18 años para comprar un arma letal de largo alcance. No hay un solo cuestionamiento o una limitación para la adquisición de ese tipo de armas, que en manos de adolescentes han ocasionado asesinatos múltiples en escuelas de aquel país. El presidente Trump se adelanta a garantizar que ningún niño o maestro se sienta en riesgo dentro de los planteles escolares. Difícil consigna, mientras fuera de los planteles las regulaciones no cambien.

Detrás de la nota roja que circula vertiginosa por las redes, yo veo un niño solo. Nikolas Cruz quedó huérfano de padres biológicos, puesto en adopción, y nuevamente hecho huérfano. Un niño aislado, enojado con la vida, dispuesto a tomar venganza. No parece gratuito que para su ataque haya elegido el Día de San Valentín. Un ser humano que decidió ollar el suelo que pisa de la única forma que encontró para hacerlo, con un arma en las manos. De ninguna manera lo justifico, simplemente trato de asomarme a la visión de ese mundo que él percibe con tanta rabia.

Niños solos, aislados, con la vista clavada en la pantalla. Ellos viven la ilusión de un acompañamiento como medida de extrema urgencia, para no morir. La suya es una piel que ha venido acartonándose por falta de caricias, que hoy solo responde al estímulo de los golpes, por lo que busca provocarlos.

Niños solos, colocados a la orilla del despeñadero, en permanente balanceo, cara o cruz, como si les diera igual lanzarse ellos mismos o lanzar a quien se halle cercano, matar o morir. Silencios que se rompen a gritos, anunciando al mundo la vocación para la que creen haber nacido: “Voy a ser un atacante de escuelas profesional”.

Niños que hallan en la pantalla el reflejo de lo que quieren ser. Es el espejo a modo en el que encuentran su propio nicho existencial, a partir del cual van modelando su propio lenguaje, y desde este su pensamiento, la manera de ver la vida y de apostarse frente a ella.

Ellos, los solitarios taciturnos, que no saben comunicarse de manera eficiente con el mundo que les rodea, ni con el universo que mora dentro de su propia persona. Ellos, cuyo encono va incubando afanes como hidras mortíferas. Personajes marginales que se mezclan con el resto de la gente, aunque son muy distintos a los demás.

Niños solos que por primera vez se sienten poderosos con un arma entre las manos, cuyos ritos de iniciación son el sometimiento y la muerte de pequeñas criaturas. Ese experimentar un goce desbordante frente a la sangre que ellos mismos consiguen derramar, los hace ir por más, y así van escalando hasta albergar sueños obsesivos de gran escala.

¡Cuánto dolor encapsulado guardan dentro de sí, esos solitarios con sed de venganza! ¡Qué difícil ha de ser ir por la vida con la cabeza entre constantes nubarrones plomizos!

Tiempo de volver la vista a nuestros niños y jóvenes cercanos, y analizar si algo los está llevando a mantener la mirada clavada en la pantalla.

Tiempo de platicar, de interesarnos en sus cosas. De diluir las limitaciones arcaicas de la edad y aprender acerca de sus motivaciones y valores como jóvenes.

Nos toca sacudirnos la molicie, salir de nuestra zona de confort a explorar los sitios que son tan suyos y que les apasionan.

Es necesario asimilar que ser padres no equivale a ganar un concurso de popularidad. Es enfundarnos en nuestro papel de guías; vigilar y conocer, evaluar y actuar en consecuencia, con sensatez y prudencia sí, pero siempre con firmeza.

Nos corresponde como adultos fijar límites que permitan a nuestros niños y jóvenes comprender qué es una sociedad y cómo funciona, para de este modo ir midiendo sus propios alcances. Que es en este ejercicio de ensayo-error bajo la fresca sombra de nuestra tutela, como se convierten en los hombres y mujeres del mañana.

Una oración al cielo por los fallecidos; claridad para los gobernantes; esperanza para sanar el alma de esos niños solos, y un examen de conciencia en nuestro propio entorno personal.


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11 Febrero 2018 04:00:00
Entretelones
En estas últimas semanas no he podido sustraerme del tema de la política. Trato de evitarlo porque no es lo mío, y porque corresponde a analistas profesionales abordar estos asuntos, sin embargo llega el tema, toca a la puerta y no puedo negarme. Va pues mi personal reflexión respecto a la aplicación de la ley en delitos de utilización de recursos de procedencia ilícita.

Lo habíamos mencionado a propósito del aniversario de nuestra Carta Magna, en México tenemos burocracia de más, para cada asunto, leyes y normas en exceso. En el caso de la tipificación de delitos, este exceso de legislaciones genera una especie de laberinto el cual condiciona vacíos legales, que permiten a un indiciado sustraerse de la acción de la justicia con la mano en la cintura. Tal parece ser el caso de Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora, que ahora ha sido exonerado por las imputaciones de lavado de dinero y defraudación fiscal, que supuestamente cometió en el 2015. La absolución la otorgó un juez federal, por supuestas irregularidades en el debido proceso.

Contrario a lo que sucede en otros países, para la mayoría de los delitos en México no existe una real extinción de dominio. Esto es, desde mi función pública yo me robo 500 millones, me acusan y mientras soy sujeta a proceso, sigo disponiendo de esos 500 millones para contratar abogados y hasta comprar conciencias, para finalmente lograr que la acusación se anule. Por otro lado, hemos visto que para la justicia mexicana muchos de estos delitos de enriquecimiento ilícito no se consideran graves. Este es el punto que quisiera revisar en la presente columna.

Sigamos con el caso de que me robé esos 500 millones, y que la suma estaba originalmente destinada a la compra de medicamentos contra el cáncer en niños. Ese dinero, en el peor de los casos podría desviarse a la compra de propiedades o caballos pura sangre –caso Javier Duarte--, y en el menos terrible de los casos para pago de nómina, lo que ya ha sucedido en otras entidades federativas. Si ese dinero estaba destinado a salvar vidas de niños enfermos de cáncer, y al no ejercerlo ellos se agravan o mueren… ¿Cómo es que el delito de peculado no se tipifica con agravantes? El daño hecho a esos niños atropellando su derecho a la vida y a la salud, ¿Acaso no es un delito grave? Vericuetos legales que no acabo de entender.

Otro caso parecido, en el sismo del pasado septiembre, los recursos que enviaron particulares y gobiernos, tanto nacionales como extranjeros, para la reconstrucción de casas-habitación, se hicieron polvo. Muchas familias damnificadas de la ciudad de México, y de los estados de Morelos, Oaxaca y Chiapas viven a la intemperie. ¿No es grave que el gobierno no asuma la responsabilidad de investigar dónde quedaron esos recursos, además de dar solución a la crisis de casas-habitación que padecen esas familias? Desde mi perspectiva particular, tan no se considera grave el caso, que ni siquiera se ha integrado una averiguación. Y si estoy en un error, por favor corríjanme quienes más saben del asunto. Estos damnificados parecen destinados a vivir una experiencia como algunos de la ciudad de México tras el sismo del ’85, que a más de treinta años de ocurrido, siguen viviendo en campamentos, pues nunca se les dotó de una vivienda digna.

Una grave falla de nuestros gobernantes es la falta de sensibilidad frente a los problemas del país. Hay una zanja que los separa, eso sí, cuando un problema afecta de manera directa a un funcionario o a sus allegados, todo el aparato gubernamental se vuelca a solucionarlo de inmediato. En cambio, cuando se trata de Juan Pueblo, son muchas las veces en que el problema se ignora, o peor aún, se busca sacar beneficio personal del mismo. La falta de sensibilidad social de nuestros políticos quedó perfectamente dibujada esta semana con lo ocurrido en Chihuahua. Los diputados invitan a un grupo de rarámuris a exponer un problema que les afecta, cuatro representantes de la etnia acuden y son colocados frente al grupo de legisladores en mesas distribuidas en forma de “C”. Los rarámuris hablan y los legisladores desayunan: Aparte de una elemental descortesía –diría mi mamá--, ¿no es acaso una falta absoluta de empatía entre representantes y representados?

En los entretelones de la corrupción se visualizan grandes cuadros de injusticia social. ¿Puede seguir tipificándose el desvío de recursos como un delito “no grave”, que dé pie a exoneraciones? ¿Puede aplicarse la justicia sin la figura de extinción de dominio? ¿Cómo tienen las manos quienes ejercen el poder?... Es insostenible un sistema de gobierno que maneja una justicia mediática, a medias o a modo. Más vale que lo entiendan quienes así deban entenderlo.

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04 Febrero 2018 04:00:00
Lo que nos toca
Acudí a la sucursal de una farmacia jalisciense de cadena. Contrario a lo que he visto en sucursales de otras ciudades, aquí no existe la unifila, y conforme los clientes llegan se van colocando a lo largo de todo el mostrador, resultando confuso identificar a quién corresponde el turno. Me sentí apenada, me adelanté creyendo que me tocaba, cuando había otra persona antes que yo.

Pero no vine a hablar sobre estrategias de atención al cliente, aunque aprovecho para mandar mi mensaje a la cadena de farmacias. Entre los que esperábamos ser atendidos se hallaba una pareja joven con un niño pequeño, muy bien portado, por cierto. Cuando finalmente los atendieron y quisieron pagar su producto, no pudieron hacerlo, la que debe haber sido una tarjeta de nómina no tenía fondos. Los esposos se miraron uno al otro con una mezcla de contrariedad y angustia, el medicamento costaba 45 pesos y –según les escuché—era un paliativo para dolor de un familiar con cáncer. Alguien en aquella desordenada fila se ofreció a hacer el pago, lo que ellos correspondieron con bendiciones.

En lo personal me vine rumiando lo que acababa de atestiguar. El salario mínimo diario es de 88 pesos, ellos necesitaban más de la mitad de aquel importe para comprar un medicamento muy urgente para su familiar que sufre de cáncer, y que aun cuando pueda estar inscrito en algún programa del Sector Salud tendrá la necesidad de comprar algunos fármacos que la cobertura no abarca. Contrario a los anuncios televisivos sobre salud, la realidad cruda y desnuda estaba ahí, gritando su verdad.

En un inicio remarqué que el niño pequeño se portaba muy bien, algo que me llamó la atención, sobre todo siendo sus padres muy jóvenes. Una práctica muy común en nuestro país –por desgracia—, es que se asocia cualquier salida de casa con la compra de bocadillos para ser consumidos mientras la gente camina, toma el camión o hace fila. Es una escena común en los comercios ver al niño solicitando a los adultos que lo llevan, la compra de un dulce, fritura o líquido endulzado, algo a lo que habitualmente los mayores acceden, y que es terreno propicio para futuros trastornos dietéticos o metabólicos de esa población infantil. En contraste a ello, este niño pequeño esperaba tranquilo al lado de sus padres, lo que como pediatra me pareció un indicador bastante acertado de la dinámica familiar y del orden en su modesta economía. No había fondos en la cuenta de nómina del trabajador, porque era fin de mes y su sueldo mensual se había agotado.

Contrasto lo anterior frente a la realidad que nos quieren vender los precandidatos en campaña. Hacen promesas con poco o nulo sustento, sin tomar en cuenta una serie de elementos del panorama global. Es muy fácil sacar números alegres y prometer recursos, subsidios, becas, apoyos y exenciones, sin tomar en cuenta la estructura total de nuestra economía. La mayoría de los mexicanos señalamos la corrupción como el gran mal de nuestro país y quisiéramos que desapareciera, pero no sucederá como por magia, pues por desgracia buena parte de nuestras instituciones tiene elementos estructurales viciados que no pueden borrarse de un plumazo. La cosa no es así, anunciarse con promesas irresponsables y temerarias, que finalmente no podrán cumplirse.

Circula una historia muy simpática de un revolucionario, que a la pregunta de que si tuviera dos casas donaría una a la revolución contesta afirmativamente. Si tuviera dos vehículos, ¡claro!, donaría uno. Y si tuviera un millón en el banco, donaría la mitad. Cuando le preguntan que si tuviera dos gallinas donaría una a la causa, ahí sí respinga.

-¿Y por qué no, compañero?...

-¡Ah, porque gallinas sí tengo!

Gobernar es poner orden, comenzando por la casa: Está el caso de Sergio Sánchez, ciudadano mazahua encarcelado en el Edomex en el 2007, su delito, vender dulces. Tras muchas presiones de organizaciones civiles ahora lo liberan. O el reciente caso de Marco Antonio, el jovencito sometido a desaparición forzada por elementos de las fuerzas del orden, que es localizado con signos de confusión 5 días después. Parece ir siguiendo el guión de tantos otros ilícitos, dejar que el tiempo pase y el asunto se olvide.

Hasta personajes relacionados con delitos de peculado andan hoy en campaña, lo que da cuenta de cómo está la legalidad en nuestro país. La injusticia social frente a prácticas tramposas. En nosotros, votantes está la esperanza del cambio, apostar a favor del mismo con nuestro voto y vigilar como ciudadanos la legitimidad de los comicios.

Lo que nos toca, nada más: Ciudadanos con autoridad moral para exigir los cambios que el país requiere, y el conocimiento necesario para planear cómo lograrlos. “Integridad” es la palabra.

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28 Enero 2018 04:00:00
Sonia de Noruega y yo
Hace poco vi en un canal español un documental que me pareció muy interesante, acerca de Sonia, reina de Noruega. De entrada debo reconocer que no conocía al personaje, como tampoco la interesante historia de una plebeya que conquistó el corazón de Harald V, entonces futuro rey, al grado que este se rebela en contra de las disposiciones de su señor padre, hasta conseguir la aprobación para casarse con ella. Después de varios años de noviazgo y de una deliberación por parte de los principales consejeros del reino, finalmente se autoriza la unión matrimonial que en agosto cumplirá cincuenta años. El documental nos condujo por las zonas montañosas de Noruega en una de las muchas excursiones que emprende la reina con grupos de amigos para recorrer esos parajes naturales, y nos muestra la sorpresa que se llevan pobladores de pequeños lugares cuando se topan de frente con la reina quien los aborda para conocer las costumbres locales.

Debo decir que con cierta malicia, quise imaginar un evento similar en nuestro país. La caminata estaría perfectamente planificada, blindada, apegada a un protocolo previamente establecido; el estado mayor enviaría su avanzada para explorar el terreno, valorar riesgos y plantar vigilancia. Nada podría suceder de manera espontánea, los habitantes de los diversos poblados visitados por la reina, acá estarían previamente escogidos, aleccionados y controlados, sin una pizca de espontaneidad. Serían incondicionales del partido oficial que inundarían el ambiente de porras y aplausos de acuerdo a lo estipulado.

Tal vez se pregunten el por qué de este parangón, y la razón es la siguiente. Me entristece un país en el que se destina tanto dinero del pueblo para asuntos protocolarios que nada tienen que ver con las urgentes necesidades de primer orden. Ahora se acaban de entregar los resultados del aprovechamiento escolar en alumnos de tercer año de secundaria, los cuales dejan mucho que desear. Se detecta que lo que hace falta, una vez que ya han sido evaluados los maestros, es capacitarlos para aplicar adecuadamente los conocimientos adquiridos, y así lograr que los alumnos despeguen, y que no tengamos un nivel de matemáticas de quinto año de primaria en los alumnos que están por ingresar a preparatoria.
Es lamentable el criterio discrecional de utilización de recursos para etiqueta, protocolo y seguridad de funcionarios en un país con índices alarmantes de pobreza alimentaria. Además del dispendio queda claro que a través de esos manejos se coloca a los “servidores públicos” totalmente alejados de las necesidades reales del pueblo.

Habrá que suponer sin mucho margen de error que esos gastos en seguridad de los funcionarios se generan porque –lamentablemente—vivimos en un país con elevados y crecientes índices de inseguridad. Pero además porque la misma cúpula gubernamental conoce el descontento del pueblo, al que se niega a escuchar envuelto en su burbuja mercadológica de “todo está bien” y “vamos avanzando”.
Todo lo anterior viene a raíz de lo acontecido hace un par de días en Gómez Palacio, Durango, en donde se bloqueó el paso de la Caravana por la Dignidad encabezada por Javier Corral, proveniente de Chihuahua, orillando a sus integrantes a desviarse por un camino que los volvía vulnerables. Obra de agitadores del PRI, encabezados por el regidor Uriel López Carrillo, inicialmente impidieron la llegada de vehículos a la ciudad, y posteriormente boicotearon un acto público convocado por la Caravana.

Javier Corral pretende con la Caravana señalar actos de corrupción y exigir la extradición de César Duarte por los 11 delitos que se le imputan. El atropello de que fueron objeto en Gómez Palacio nos habla de las malas mañas de un partido, coartación de la libertad de expresión, bloqueo de la pluralidad y temor a que se dé a conocer por boca de Corral una información que ya todos conocemos y la mayoría reprobamos. Atendiendo al viejo modo de manejar las cosas del PRI, “lo que no se dice, no existe”. Tal vez por ello su urgencia de acallar las voces que señalan los desvíos.

La reina Sonia de Noruega se siente aceptada entre los suyos, a pesar de que se las vio difíciles cuando su esposo quiso concederle el título de reina y las cámaras no estuvieron muy de acuerdo. Ahora ellos cuentan con la bendición de la iglesia como rey y reina, y Sonia dedica parte de su tiempo libre al montañismo, la fotografía y las artes plásticas, pero lo hace como una noruega más, ajena a todos esos blindajes que tanto se utilizan en México y se pagan con nuestros impuestos. Sentí franca envidia de los noruegos quienes tienen monarcas de carne y hueso que no temen codearse con el pueblo, pues se saben ampliamente aceptados y aprobados por él.

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21 Enero 2018 04:00:00
Falacia Digital
En la actual época digital es notable el modo como los medios audiovisuales influyen en la formación de opiniones. Con base en lo anterior se explica que las figuras públicas destinen carretadas de dinero para la creación de la imagen que habrán de vender al mundo. Nuestros políticos no han sido la excepción, y vemos con dolor la enorme cantidad de recursos que se han distraído de rubros de primer orden para pago de productos que pretenden construir una imagen pública que les retribuya en popularidad o votos.

Estamos a tal grado inmersos en esta cultura audiovisual, que difícilmente alcanzamos a percatarnos de la incongruencia que llega a haber entre la realidad y la proyección. Nos hemos acostumbrado a creer en el valor de la imagen como si fuera una verdad absoluta, sin reparar en lo que hay detrás.

Dos de los autores que más hablan sobre la cultura digital y sus variantes, Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky enfatizan respecto a este fenómeno que tiene que ver con la disociación entre imagen y contenido, y nuestra tendencia como usuarios a inclinarnos a favor de la imagen, concediendo al contenido menor importancia de lo que se debería. Hay muchos ejemplos de distinto orden, pero esta vez me permitiré valerme de uno reciente y muy dramático.

Durante la semana que termina se dio a conocer un caso de extremo abuso físico y sicológico ocurrido en California. Se trata de 13 niños y jóvenes que eran mantenidos encadenados, privados de afecto y de suficiente alimento, y que además eran torturados por sus propios padres. Estas condiciones de maltrato crónico se fueron agravando con el tiempo, hasta que hace 4 años los sujetaron a sus camas, primero mediante cuerdas y posteriormente (por el intento de huida de uno de ellos) con cadenas y grilletes.

La edad del mayor es de 29 años y de la más pequeña 3 años. Todos, a excepción de la más pequeña, mostraban claros signos de retraso en peso, talla, socialización y desarrollo intelectual. David y Louise Turpin de 56 y 49 años, padres de los afectados, además de la sujeción ejercieron muchas otras formas de tortura como fue mantenerlos despiertos todas las noches; en muchas ocasiones no autorizarles ir al baño; forzarlos a hacer una comida escasa al día; permitirles bañarse una vez al año, y algo que me parece inconcebible, comprar alimentos apetitosos que dejaban cerca de ellos sin que pudieran probarlos.

Lo anterior sucedía de manera cotidiana sin levantar sospechas por parte de los vecinos. A raíz de que se pusieron al descubierto las condiciones infrahumanas en que vivían los 13 hijos, circularon diversas publicaciones de redes sociales en las que aparece la familia luciendo feliz, tanto en Disneyworld como en Las Vegas, a este último lugar fueron en el 2016 con todos los hijos para renovar sus votos matrimoniales. Hoy quise revisar unos datos, pero me topo con que ya no es posible acceder al Facebook del matrimonio, cuando antes de que lo bloquearan, había unas 40 fotografías de la familia completa en distintas poses, vendiendo al mundo la idea de una familia bien integrada que se divertía.

El retraso en peso, talla y desarrollo psicomotor de los hijos ya estaba presente en el tiempo en que se publicaron esas fotografías, sin embargo no es muy evidente en las imágenes, que además presentan el evento social, no el médico. El gravísimo problema ya estaba allí, pero los padres lograron enmascararlo de muy diversas maneras, y los hijos (que vivían en pánico, según refiere la que logró escapar e hizo la denuncia) no fueron capaces de delatar nada. A la serie de razonamientos falsos que existen y que se conocen como “falacias”, agregaríamos esta nueva bajo la premisa de: “Lo que se ve no se cuestiona”.

A la fecha ambos padres se han declarado inocentes de tortura y maltrato, y por lo pronto se les ha fijado una fianza de 12 millones de dólares a cada uno. Las fotografías de su detención los muestran, a él con su cabello lacio y largo, poco expresivo, y a ella con un gesto contenido o extraviado, según quiera interpretarse. Ambos se convierten ahora en personajes siniestros, cuando hasta hace poco pasaban por un matrimonio feliz y amoroso. ¡Paradojas terribles de la vida!

Sirva este dramático ejemplo para alertarnos con relación al valor relativo que tienen las primeras impresiones, y la necesidad de hacerlas acompañar de elementos adicionales, antes de emitir un juicio.

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21 Enero 2018 04:00:00
Falacia digital
En la actual época digital es notable el modo como los medios audiovisuales influyen en la formación de opiniones. Con base en lo anterior se explica que las figuras públicas destinen carretadas de dinero para la creación de la imagen que habrán de vender al mundo. Nuestros políticos no han sido la excepción, y vemos con dolor la enorme cantidad de recursos que se han distraído de rubros de primer orden para pago de productos que pretenden construir una imagen pública que les retribuya en convicción, popularidad o votos.

Estamos a tal grado inmersos en esta cultura audiovisual, que difícilmente alcanzamos a percatarnos de la incongruencia que llega a haber entre la realidad y la proyección. Nos hemos acostumbrado a creer en el valor de la imagen como si fuera una verdad absoluta, sin reparar en mayor medida en lo que hay detrás, que bien pudiera ser todo lo contrario.

Dos de los autores que más hablan sobre la cultura digital y sus variantes, Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky enfatizan respecto a este fenómeno que tiene que ver con la disociación entre imagen y contenido, y nuestra tendencia como usuarios a inclinarnos a favor de la imagen, concediendo al contenido menor importancia de lo que se debería. Hay muchos ejemplos de distinto orden, pero esta vez me permitiré valerme de uno reciente y muy dramático para ilustrarlo:

Durante la semana que termina se dio a conocer un caso de extremo abuso físico y psicológico ocurrido en California. Se trata de 13 niños y jóvenes que eran mantenidos encadenados, privados de afecto y de suficiente alimento, y que además eran torturados por sus propios padres. Estas condiciones de maltrato crónico se fueron agravando con el tiempo, hasta que hace 4 años los sujetaron a sus camas, primero mediante cuerdas y posteriormente –por el intento de huída de uno de ellos—con cadenas y grilletes. La edad del mayor es de 29 años y de la más pequeña 3 años. Todos, a excepción de la más pequeña, mostraban claros signos de retraso en peso, talla, socialización y desarrollo intelectual. David y Louise Turpin de 56 y 49 años de edad, padres de los afectados, además de la sujeción ejercieron muchas otras formas de tortura como fue mantenerlos despiertos todas las noches; en muchas ocasiones no autorizarles ir al baño; forzarlos a hacer una comida –escasa- al día; permitirles bañarse una vez al año, y algo que me parece inconcebible, comprar alimentos apetitosos que dejaban cerca de ellos sin que pudieran probarlos, o bien el hecho de que ambos padres consumían esos productos frente a sus hijos quienes solo miraban…

Todo lo anterior sucedía de manera cotidiana sin acaso levantar sospechas por parte de los vecinos. A raíz de que se pusieron al descubierto las condiciones infrahumanas en que vivían los 13 hijos, circularon diversas publicaciones de redes sociales en las que aparece la familia luciendo feliz, tanto en Disneyworld como en Las Vegas, a este último lugar fueron en el 2016 con todos los hijos para renovar sus votos matrimoniales. Hoy quise revisar unos datos, pero me topo con que ya no es posible acceder al Facebook del matrimonio, cuando antes de que lo bloquearan, había unas 40 fotografías de la familia completa en distintas poses y momentos, vendiendo al mundo la idea de una familia bien integrada que disfrutaba y se divertía.

El retraso en peso, talla y desarrollo psicomotor de los hijos ya estaba presente en el tiempo en que se publicaron esas fotografías, sin embargo no es muy evidente en las imágenes, que además presentan el evento social, no el médico. El gravísimo problema ya estaba allí, pero los padres lograron enmascararlo de muy diversas maneras, y los hijos –que vivían en pánico, según refiere la que logró escapar e hizo la denuncia—no fueron capaces de delatar nada. A la serie de razonamientos falsos que existen y que se conocen como “falacias”, agregaríamos esta nueva bajo la premisa de: “Lo que se ve no se cuestiona”, para destacar el peso que llega a tener una imagen, al punto de inhibir nuestro juicio crítico.

A la fecha ambos padres se han declarado inocentes de tortura y maltrato, y por lo pronto se les ha fijado una fianza de 12 millones de dólares a cada uno. Las fotografías de su detención los muestran, a él con su cabello lacio y largo “de cazuela”, poco expresivo, y a ella con un gesto contenido o extraviado, según quiera interpretarse. Ambos se convierten ahora en personajes siniestros, cuando hasta hace poco pasaban por un matrimonio feliz y amoroso. ¡Paradojas terribles de la vida!

Sirva este dramático ejemplo para alertarnos con relación al valor relativo que tienen las primeras impresiones, y la necesidad de hacerlas acompañar de elementos adicionales, antes de emitir un juicio.

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14 Enero 2018 04:00:00
En el caldero
Dentro de la premiación de los Globos de Oro se realizó una manifestación del movimiento “#MeToo”. Con contadísimas excepciones las asistentes acudieron vestidas de negro en son de protesta.

El movimiento “#MeToo para romper el silencio” inició a finales del 2017 tras la denuncia pública de acoso que hace la actriz Ashley Judd en contra del director Harvey Weinstein, seguida por una denuncia de Rose McGowan contra el mismo director por violación. El movimiento #MeToo tuvo tanto impacto que se hizo acreedor del título “Persona del Año 2017” por parte de la revista norteamericana TIME.

En Francia Sandra Muller, tuitera de “La lettre del audiovisuel” da nombre a dicho movimiento con la expresión “#Balancetonporc”. Posterior a los Globos de Oro surge en aquel país una reacción contraria a los movimientos anteriores, encabezada por Catherine Deneuve, quien habla para el diario LeMonde en contra del puritanismo de las norteamericanas. Menciona que no todas las expresiones de sexualidad son causal de delito, y baja de intensidad las expresiones sexuales para dejar en coqueteo consensuado lo que se ha venido señalando como acoso. Y así van las cosas hasta el momento de sentarme a escribir la presente colaboración en la que pretendo expresar mi punto de vista respecto al origen de #MeToo.

En los últimos veinte años la industria fílmica norteamericana se ha caracterizado por una sexualización desmedida de contenidos. El sexo es tema obligado en todo tipo de producciones, nada más hay que sentarse un rato a ver cualquiera de los programas “familiares” de la televisión norteamericana para descubrir el exagerado número de veces que mencionan términos relacionados con la genitalidad. Respecto a los personajes de dichos programas nunca sabremos qué desayunan, dónde compran su mandado o si se lavan los dientes, pero siempre sabremos cuándo, cuánto y con quién tuvieron sexo, aunque no venga al caso mencionarlo. Esta exposición constante de contenidos sexuales lleva a una “normalización” de la sexualidad que conduce al público infantil a suponer que tener sexo siempre, con quien sea y como sea, es una conducta aceptable, o incluso deseable. Y que conseguir un cuerpo que alcance los estándares de perfección que presenta la televisión, es la autopista a la felicidad.

Linda Papadoupulos (2010) define la “sexualización” como la imposición de la sexualidad adulta en niños y jóvenes antes de que sean capaces de lidiar con esto mental, emocional o físicamente. Dicho de otra manera, es la imposición inapropiada de contenidos sexuales a una persona.

Desde el punto de vista del desarrollo psicosexual, una “normalización” de la sexualidad genera confusión respecto a la propia sexualidad, así como violencia de género; desubica al chamaco con relación a su propia sexualidad cuando lo somete a estímulos más allá de lo que él es capaz de entender o experimentar en esa etapa. Además de que ofrece propuestas de identificación poco sanas para una personita que vive su pubertad en la búsqueda de construir su definición como persona frente al mundo.

En cuestión de contenidos eróticos hay una clara diferencia entre el cine norteamericano y el europeo. Es notable el excesivo uso de contenidos sexuales, en gran medida ociosos del cine norteamericano. Nunca he entendido bien la razón, tal vez se deba a una fijación adolescente de sus productores, aunque más bien debe de obedecer a un beneficio económico, y por eso tan reiterativo.

En el 2008 se publica el libro de Gigi Durham “Efecto Lolita: La sexualización mediática de las niñas”, basado en el personaje de la novela de Nabokov, misma que habla de la aventura sexual de un cuarentón y una púber. El estudio de G.

Durham aborda esa tendencia a propiciar que las niñas pequeñas asuman patrones de comportamiento inapropiados para su edad, atendiendo a modelos presentados por los medios de comunicación, en particular la televisión.

Otro resultado muy negativo de esta “normalización” de conductas sociales inapropiadas tiene que ver con la violencia. Habría que analizar hasta qué punto esos casos inexplicables de ataques mortales a la pareja o al mejor amigo están influenciados por paradigmas de telenovela mexicana, donde la interacción de los personajes suele darse a base de gritos, golpes y amenazas.

Si un niño o adolescente tiene contacto con determinados contenidos de manera constante, es de esperarse que se genere un cambio de comportamiento a largo plazo.

Volviendo al #MeToo: En un imaginario sexualizado, ¿podemos esperar algo distinto a lo sexual en el trato cotidiano? Si el erotismo indiscriminado se presenta como normal y aceptable, que no nos alarme la violencia sexual ni las actitudes sexistas. Es lo que se cocina en el caldero de la cotidianidad.

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07 Enero 2018 04:00:00
El clamor de Paola
Paola Espinosa es una medallista olímpica, a la vez que una adulta sensible y proactiva. Con sus propios recursos creó hace cuatro años la fundación que lleva su nombre, y que trabaja a favor de la población infantil mediante programas de actividad física, orientación nutricional y práctica del deporte.

Hace unos días Paola sufrió un robo en las instalaciones de su fundación en la Delegación Benito Juárez de la Ciudad de México; los malhechores se llevaron equipos de cómputo y material de oficina. Ella se muestra consternada y con sobrada razón, manifestando sentir impotencia ante una situación como esta. Y claro, no es para menos, sobre todo porque sabemos que estos bienes terminan siendo vendidos por cantidades ridículas en el comercio ilegal, desestimando por completo el valor inmaterial que poseen, y que ha costado tiempo, esfuerzo y dedicación a Paola y a todo su equipo de trabajo.

Aúltimas fechas he recordado con mucha frecuencia las palabras de José Alfredo Jiménez en su canción Caminos de Guanajuato que a la letra dice “la vida no vale nada”. De alguna manera el guanajuatense profetizó con más de 60 años de anticipación que llegaríamos a este punto los mexicanos, en el que los delincuentes en Edomex dan un tiro mortal a una mujer a la que asaltaban, porque se tardó en hallar el celular que pretendían robarle, o en el que sustraen una valiosa información de una fundación sin fines de lucro, para ir a malbaratarla en cualquier mercado callejero.

El clamor de Paola es el de los mexicanos que perciben los problemas del país, y lejos de quedarse en la quejumbre ociosa se proponen utilizar sus propios recursos para resolverlos. Son los emprendedores que no se estancan eternamente en estar señalando al sistema de Gobierno lo que no ha cumplido, sino que se proponen actuar para coadyuvar con el logro de las grandes metas patrióticas.

Ella es la deportista que cree en su país y que actúa a partir del agradecimiento. Busca otorgar a las nuevas generaciones las oportunidades que algún día ella recibió, tratando de que les permitan a cada uno de estos niños y jóvenes el logro de sus propias metas personales. No se paraliza mirando todo lo que otros deberían haber hecho pero no han cumplido, sino que parte de un punto cero para trazarse las metas que ella con sus propios recursos pretende alcanzar para beneficio de muchos mexicanos.

Paola se enfrenta en su lucha contra paradigmas culturales de gran penetración en nuestra sociedad. En los últimos 30 años los medios de comunicación nos han vendido ideas que nos han perjudicado en muchos aspectos, uno de ellos ha sido el consumo excesivo de bebidas azucaradas asociado a diversas enfermedades como obesidad y diabetes mellitus entre niños y adultos. No es fácil enfrentar a estos poderosos monstruos trasnacionales, que acaparan los medios de comunicación, y en no pocas ocasiones se hacen escuchar a través de figuras públicas del más alto nivel, para vender mercancías y con ellas estilos de vida poco sanos.

Vivir en nuestro país es moverse a la defensiva en todo momento, anticipar con cierta malicia cuál puede ser la jugada de aquel que va a cruzarse frente a mí más delante.

El clamor de Paola es el de todos nosotros, a favor de un ambiente seguro para trabajar con entusiasmo por las causas de México. No la dejemos sola en estos momentos. Solidaridad es la cuota mínima que nos corresponde aportar.

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07 Enero 2018 04:00:00
El clamor de Paola
Paola Espinosa es una medallista olímpica, a la vez que una adulta sensible y proactiva. Con sus propios recursos creó hace 4 años la fundación que lleva su nombre, y que trabaja a favor de la población infantil mediante programas de actividad física, orientación nutricional y práctica del deporte. Busca coordinarse con asociaciones civiles afines para generar de este modo un ambiente más adecuado para la población infantil de nuestro país.

Hace unos días Paola acaba de sufrir un robo en las instalaciones de su fundación en la Delegación Benito Juárez de la Ciudad de México; los malhechores se llevaron equipos de cómputo y material de oficina. Ella se muestra consternada y con sobrada razón, manifestando sentir impotencia ante una situación como esta. Y claro, no es para menos, sobre todo porque sabemos que estos bienes terminan siendo vendidos por cantidades ridículas en el comercio ilegal, desestimando por completo el valor inmaterial que poseen, y que ha costado tiempo, esfuerzo y dedicación a Paola y a todo su equipo de trabajo.

A últimas fechas vengo recordando con mucha frecuencia las palabras de José Alfredo Jiménez en su canción “Caminos de Guanajuato” que a la letra dice “la vida no vale nada”. De alguna manera el guanajuatense profetizó con más de 60 años de anticipación que llegaríamos a este punto los mexicanos, en el que los delincuentes en Edomex dan un tiro mortal a una mujer a la que asaltaban, porque se tardó en hallar el celular que pretendían robarle, o en el que sustraen una valiosa información de una fundación sin fines de lucro, para ir a malbaratarla en cualquier mercado callejero.

El clamor de Paola es el de los mexicanos que perciben los problemas del país, y lejos de quedarse en la quejumbre ociosa se proponen utilizar sus propios recursos para resolverlos. Son los emprendedores que no se estancan eternamente en estar señalando al sistema de gobierno lo que no ha cumplido sino que se proponen actuar para coadyuvar con el logro de las grandes metas patrióticas.
Ella es la deportista que cree en su país y que actúa a partir del agradecimiento. Busca otorgar a las nuevas generaciones las oportunidades que algún día ella recibió, buscando que les permitan a cada uno de estos niños y jóvenes el logro de sus propias metas personales. No se paraliza mirando todo lo que otros deberían haber hecho pero no han cumplido, sino que parte de un punto cero para trazarse las metas que ella con sus propios recursos pretende alcanzar para beneficio de muchos mexicanos.

Paola se enfrenta en su lucha contra paradigmas culturales de gran penetración en nuestra sociedad. En los últimos 30 años los medios de comunicación nos han vendido ideas que nos han perjudicado en muchos aspectos, uno de ellos ha sido el consumo excesivo de bebidas azucaradas asociado a diversas enfermedades como obesidad y diabetes mellitus entre niños y adultos. No es fácil enfrentar a estos poderosos monstruos trasnacionales, que acaparan los medios de comunicación, y en no pocas ocasiones se hacen escuchar a través de figuras públicas del más alto nivel, para vender mercancías y con ellas estilos de vida poco sanos.

El clamor de Paola es totalmente válido. Esperemos que las autoridades de la Ciudad de México actúen a la altura del mismo y se den a la tarea inaplazable de esclarecer el robo, e idealmente, regresar esos archivos informáticos a la fundación Paola Espinosa, A.C., finalmente la única que podrá aprovecharlos. Que no suceda como tantas otras veces, que teniendo en la Ciudad de México un C5 de primerísimo mundo, los resultados no llevan a nada, y reina la impunidad.
Vivir en nuestro país es moverse a la defensiva en todo momento, anticipar con cierta malicia cuál puede ser la jugada de aquel que va a cruzarse frente a mí más delante. ¡Qué triste que hayamos llegado a esto, pero así es! Por eso es que tanto la seguridad pública como la privada se han vuelto negocios muy lucrativos, porque a todos los ciudadanos nos invade una sensación de vulnerabilidad hasta en la casa, y estamos más que dispuestos a invertir una parte de nuestros ingresos en comprar seguridad. Y si no, analicemos la serie de rituales y previsiones que llevamos a cabo cada vez que salimos de casa, abordamos nuestro carro, entramos a un sitio público o efectuamos un pago. Tal vez ya no lo alcanzamos tanto a percibir, puesto que se ha vuelto parte de nuestro imaginario colectivo, y si no estamos alertas, somos más susceptibles de sufrir un despojo en cualquier momento.

El clamor de Paola es el de todos nosotros, a favor de un ambiente seguro para trabajar con entusiasmo por las causas de México. No la dejemos sola en estos momentos. Solidaridad es la cuota mínima que nos corresponde aportar.

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31 Diciembre 2017 04:00:00
Frente al 2018
Una vez más la vida me da la oportunidad de colocarme frente a un año que termina para evaluar mi desempeño, y frente a uno que inicia para ajustar el plan de vuelo.

Llega el momento de cerrar ciclos, dejar en el pasado lo que debe quedar atrás como parte de la historia, y que ya no me pertenece.

Estoy frente al tiempo dando gracias a la vida por las 365 oportunidades que me brindó en el año que termina.

Prometo poner mi mejor esfuerzo por hacer una realidad digna y productiva de cada uno de los días que me toque vivir en el año que hoy inicia.

De frente al tiempo entiendo que la vida es eso, instantes minúsculos como chispazos en cada uno de los cuales se despliega la opción de aplicar todo el entusiasmo.

No alcanzaría a identificar lo que hice día a día del año que hoy termina, aun cuando en su momento haya sido cada jornada la maravillosa oportunidad de trascender.

Hoy me perdono por aquellos momentos desperdiciados en la molicie, en la quejumbre, en la procrastinación.

Sé que el tiempo vivido no habrá de volver, y que las manecillas del reloj avanzan sin detenerse, por más que queramos que no suceda así.

Pero he aprendido a ser indulgente con mis propios errores para no estancarme.
Sé que en este inicio de año estoy más cerca del final último de lo que estuve hace doce meses, y que nadie más que yo tiene en las manos las riendas de mi vida.

Deseo despertar cada mañana consciente de la realidad del tiempo, de modo de vivir cada día como si fuera el último.

Hoy me encuentro frente a mi propia persona, valorando qué se ha cumplido de mi plan de vuelo particular.

Sé que los sueños son muchos, los proyectos varios y el cumplimiento sujeto a evaluación. No puedo quedarme en buenas intenciones, porque así no se avanza.

Hoy es el momento de medir qué llevo en la mochila de viaje, y en qué medida esos recursos apuestan al cumplimiento de mi proyecto de vida.

Es la ocasión de evaluar si continúo por la misma ruta o si habré de rectificarla. También es ahora cuando debo medirme frente a lo que tengo y lo que quiero lograr.

No hay peor error que aferrarse a un sueño sin plantarse de cuando en cuando como juez imparcial de su cumplimiento.

Porque entonces sucedería como en arenas movedizas, ir hundiéndonos más entre mayores intentos hacemos por avanzar.

Frente a mi propia persona hoy es el tiempo de agradecer la mano amiga que se extendió cuando más lo necesitaba; la palmada en la espalda que me animó y la palabra de aliento que alentó mi marcha.

Agradezco también al amigo que tuvo la valentía de señalarme mis errores, y al que se abstuvo de falsas alabanzas que tanto daño hacen.

Del mismo modo es ahora cuando estoy en obligación de medir hasta qué punto he correspondido a la vida esas bendiciones con mi actitud, mi lealtad y mi generosidad.

Sé que me hallo en un cruce de caminos y que me corresponde en este preciso momento colocarme frente al futuro, en disposición de medirme con respecto a la mejor versión de mi propia persona: ¿Lo estoy intentando en serio? ¿Me voy pareciendo a esa versión, o por el contrario, me voy alejando de lograrla?
Quiero desarrollar una mente despierta que sepa asombrarse con las pequeñas cosas. Unos sentidos conectados con la existencia para disfrutar la vida de la mejor manera.

Quiero hacer del mío un corazón abierto y generoso que sepa amar. Uno que se desprenda del egoísmo paralizante para prodigarse en beneficio de quienes lo necesitan.

Quiero construir un proyecto de vida incluyente, que aparte de mí y los míos pueda beneficiar a otros, para lograr con ello encaminar mis propósitos por los cauces que el Todopoderoso tiene para mí.

Quiero recordar ahora y siempre que el amor inicia por los de casa, para de este modo evitar descuidar lo propio por atender lo ajeno.

Quiero llegar a sentir esa bendita sensación de esforzarme por ser mejor, para compartirlo en la alegría de un corazón gozoso.

En apego a la justicia, no me ha de alcanzar la vida para agradecer tantas bendiciones como las que he recibido a lo largo del año que hoy termina.

Así, de este modo, quisiera que se me presentaran las oportunidades para
ejercitar el corazón en el delicado arte de amar.

Con la convicción de que son los pequeños actos que cada uno de nosotros lleva a cabo, los que hacen de la vida algo maravilloso.

Que logre sembrar huellas que a otros orienten, para que mi andar no sea estéril.

Que mis palabras tengan un sentido, que alegren, consuelen, sanen.

Frente al 2018 me planto para decir sí a la vida, sí a los retos que me presente, sí a la ocasión de acercarme más al plan divino que el buen Dios tiene para mí, en la confianza de que sus designios son sabios.
Hoy y siempre.

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31 Diciembre 2017 03:00:00
Frente al 2018
Una vez más la vida me da la oportunidad de colocarme frente a un año que termina para evaluar mi desempeño, y frente a uno que inicia para ajustar el plan de vuelo.

Llega el momento de cerrar ciclos, dejar en el pasado lo que debe quedar atrás como parte de la historia. Estoy frente al tiempo dando gracias a la vida por las 365 oportunidades que me brindó en el año que
termina.

Prometo poner mi mejor esfuerzo por hacer una realidad digna y productiva de cada uno de los días que me toque vivir en el año que hoy inicia.

De frente al tiempo entiendo que la vida es eso, instantes minúsculos como chispazos en cada uno de los cuales se despliega la opción de aplicar todo el
entusiasmo.

No alcanzaría a identificar lo que hice día a día del año que hoy termina, aun cuando en su momento haya sido cada jornada la maravillosa oportunidad de trascender.

Hoy me perdono por aquellos momentos desperdiciados en la molicie, en la quejumbre, en la procrastinación. Sé que el tiempo vivido no habrá de volver, y que las manecillas del reloj avanzan sin detenerse, por más que queramos que no suceda así. Pero he aprendido a ser indulgente con mis propios errores para no
estancarme.

Sé que en este inicio de año estoy más cerca del final último de lo que estuve hace 12 meses, y que nadie más que yo tiene en las manos las riendas de mi vida.

Deseo despertar cada mañana consciente de la realidad del tiempo, de modo de vivir cada día como si fuera el último.

Hoy me encuentro frente a mi propia persona, valorando qué se ha cumplido de mi plan de vuelo particular.

Sé que los sueños son muchos, los proyectos varios y el cumplimiento sujeto a evaluación. No puedo quedarme en buenas intenciones, porque así no se avanza.

Hoy es el momento de medir qué llevo en la mochila de viaje, y en qué medida esos recursos apuestan al cumplimiento de mi proyecto de vida.

Es la ocasión de evaluar si continúo por la misma ruta o si habré de rectificarla. También es ahora cuando debo medirme frente a lo que tengo y lo que quiero lograr.

No hay peor error que aferrarse a un sueño sin plantarse de cuando en cuando como juez imparcial de su cumplimiento.

Frente a mi propia persona hoy es el tiempo de agradecer la mano amiga que se extendió cuando más lo necesitaba; la palmada en la espalda que me animó y la palabra de aliento que alentó mi marcha.

Agradezco también al amigo que tuvo la valentía de señalarme mis errores, y al que se abstuvo de falsas alabanzas que tanto daño hacen.

Del mismo modo es ahora cuando estoy en obligación de medir hasta qué punto he correspondido a la vida esas bendiciones con mi actitud, mi lealtad y mi generosidad.

Quiero hacer del mío un corazón abierto y generoso que sepa amar. Uno que se desprenda del egoísmo paralizante para prodigarse en beneficio de quienes lo necesitan.

Quiero construir un proyecto de vida incluyente, que aparte de mí y los míos pueda beneficiar a otros, para lograr con ello encaminar mis propósitos por los cauces que el Todopoderoso tiene para mí.

Quiero recordar ahora y siempre que el amor inicia por los de casa, para de este modo evitar descuidar lo propio por atender lo ajeno.

Frente al 2018 me planto para decir sí a la vida, sí a los retos que me presente, sí a la ocasión de acercarme más al plan divino que el buen Dios tiene para mí, en la confianza de que sus designios son sabios.

Hoy y siempre.
24 Diciembre 2017 04:00:00
Navidad profunda
Llega esta maravillosa época del año. Hoy todos tenemos permiso de volver a creer en la magia de las cosas, como cuando éramos niños.

Una fecha cuyo origen y manifestaciones debieran ir de la mano, pero no siempre sucede así. En momentos nos gana la fiesta de los sentidos por encima de la reflexión profunda del corazón.

Llega Jesús Niño que nace entre pajas en Belén. Él, quien somete su majestuosidad de rey a los rigores de la pobreza, para que ni el más sencillo tenga temor de aproximarse ante su
presencia.

Todos nos remontamos a nuestra infancia para dejarnos deslumbrar por esos misterios inexplicables que fascinan. Desde las luces de Bengala cuyas chispas se esparcen para iluminar la noche, hasta el misterio del amor de Dios que da la vida por nosotros.

Esperamos el momento en que la piñata cargada reviente su panza para regalarnos fruta y colación, después de haber representado a los peregrinos José y María que finalmente hallan posada.

Este es momento de reunión familiar, ocasión para dejar atrás las pequeñas diferencias capaces de abrir zanjas irreconciliables entre hermanos. ¿Qué sitio más precioso para el corazón que el hogar? ¿Qué amor más grande que el de la familia?

Tiempo para vernos reflejados en la mirada de los niños pequeños que esperan con ilusión la fiesta de Navidad. Momento de gozar como ellos gozan, de agradecer a la vida tantas bendiciones que nos ha regalado a lo largo del año.

De igual manera, es la ocasión para aprender a bendecir aquellas dificultades que nos permiten valorar al doble la vida, la salud y la familia. Escollos que ayudan a medir de qué somos capaces, que contribuyen a enfocarnos en lo que es en verdad valioso, y así avanzar en nuestro crecimiento personal.

¡Qué maravilloso poder dar algo de nosotros mismos para contribuir a la alegría de otros! Sacudirnos el propio interés en aras del beneficio de quien más necesita, y así percibir la experiencia transformadora de la generosidad.

Sea la fiesta una oportunidad para descubrir las necesidades reales de nuestros hermanos, con el propósito de dar un sentido sanador a nuestra dádiva.

Conservemos en mente el carácter de la celebración, evitando caer en excesos que pudieran derivar en tragedia.

Organicemos nuestro programa para librarnos de prisas que en esta temporada provocan tantas malas experiencias. Por momentos nos gana la precipitación y actuamos hasta con furia. Se trata de disfrutar con quienes más apreciamos, pero sobre todo, pasarla bien cada quien consigo mismo.

Recordemos hoy esos lejanos goces de la infancia. La manera cómo las pequeñas cosas nos ponían tan felices. No desvirtuemos el sentido último de la celebración, que es el amor más grande. Vivamos una fiesta congruente entre el gozo cristiano que festejamos y el modo como lo hacemos.

Seamos gentiles con el medio ambiente, cuidemos nuestro planeta. Que el amor que prodigamos consiga cubrir hasta donde nuestra vista alcance. Seamos congruentes entre el motivo de la celebración y nuestra forma de festejar. Entre la pobreza del que llega para salvarnos y lo que gastamos para la ocasión. Entre el amor que celebramos y nuestro modo de manejarnos en esta temporada.

Deseo para cada uno que el milagro del amor transformador se instale en su vida y en su hogar esta noche para siempre.
24 Diciembre 2017 04:00:00
Navidad profunda
Llega esta maravillosa época del año. Hoy todos tenemos permiso de volver a creer en la magia de las cosas, como cuando éramos niños.

Una fecha cuyo origen y manifestaciones debieran ir de la mano, pero no siempre sucede así. En momentos nos gana la fiesta de los sentidos por encima de la reflexión profunda del corazón.

Llega Jesús Niño que nace entre pajas en Belén. Él, quien somete su majestuosidad de rey a los rigores de la pobreza, para que ni el más sencillo tenga temor de aproximarse ante su presencia.

Todos nos remontamos a nuestra infancia para dejarnos deslumbrar por esos misterios inexplicables que fascinan. Desde las luces de Bengala cuyas chispas se esparcen para iluminar la noche, hasta el misterio del amor de Dios que da la vida por nosotros.

Esperamos el momento en que la piñata cargada reviente su panza para regalarnos fruta y colación, después de haber representado a los peregrinos José y María que finalmente hallan posada.

Este es momento de reunión familiar, ocasión para dejar atrás las pequeñas diferencias capaces de abrir zanjas irreconciliables entre hermanos. ¿Qué sitio más precioso para el corazón que el hogar? ¿Qué amor más grande que el de la familia?

Tiempo para vernos reflejados en la mirada de los niños pequeños que esperan con ilusión la fiesta de Navidad. Momento de gozar como ellos gozan, de agradecer a la vida tantas bendiciones que nos ha regalado a lo largo del año.

De igual manera, es la ocasión para aprender a bendecir aquellas dificultades que nos permiten valorar al doble la vida, la salud y la familia. Escollos que ayudan a medir de qué somos capaces, que contribuyen a enfocarnos en lo que es en verdad valioso, y así avanzar en nuestro crecimiento personal.

¡Qué maravilloso poder dar algo de nosotros mismos para contribuir a la alegría de otros! Sacudirnos el propio interés en aras del beneficio de quien más necesita, y así percibir la experiencia transformadora de la generosidad.

Sea la fiesta que hoy vivimos, una oportunidad única para descubrir las necesidades reales de nuestros hermanos, con el propósito de dar un sentido sanador a nuestra dádiva.

Conservemos en mente el carácter de la celebración, evitando caer en excesos que pudieran derivar en tragedia.

Organicemos nuestro programa para librarnos de prisas que en esta temporada provocan tantas malas experiencias. Por momentos nos gana la precipitación y actuamos hasta con furia.

Se trata de disfrutar con quienes más apreciamos, pero sobre todo, pasarla bien cada quien consigo mismo, y los apremios no son la mejor forma de hacerlo.

Recordemos hoy esos lejanos goces de la infancia. La manera cómo las pequeñas cosas nos ponían tan felices.

No desvirtuemos el sentido último de la celebración, que es el amor más grande.
Vivamos una fiesta congruente entre el gozo cristiano que festejamos y el modo como lo hacemos.

Seamos gentiles con el medio ambiente, cuidemos nuestro planeta. Que el amor que prodigamos consiga cubrir hasta donde nuestra vista alcance.

Disfrutemos al máximo aquello que podamos comprar con sensatez. Evitemos compromisos económicos que generan malestar al término de las fiestas. Lo más importante es la convivencia, el encuentro con aquellas personas que nos valoran por lo que somos y no por otra cosa.

Vivir es el gran milagro que se lleva a cabo en la intimidad de nuestras células cada día. Tener salud implica la armonía entre procesos maravillosos que se realizan en el interior de nuestros cuerpos para proveernos de bienestar, entendimiento y una sensibilidad capaz de traspasar las murallas de nuestro propio yo. Esos son los milagros por los cuales nos corresponde agradecer día con día.

Tener la promesa de una vida después de la muerte es encontrar un propósito más allá de nosotros mismos, para hacer lo que hacemos con redoblado entusiasmo, ciertos de que lo que hoy emprendemos aquí es una forma de sembrar eternidad.

Jesús Niño viene a decirnos que las mayores riquezas del ser humano radican en su corazón, y que los afanes de posesión no apuntan en ese sentido.

Con la sencillez de niño con que hoy invita desde las pajas a revestirnos, es como Jesús ha prometido que se entrará al reino de los cielos.

Así, en el silencio, en un momento de recogimiento frente al prodigio del amor más grande, ofrezcamos desde nuestro corazón, aquello que ayude a que otros crean en el amor de Dios de viva forma.

Seamos congruentes entre el motivo de la celebración y nuestra forma de festejar. Entre la pobreza del que llega para salvarnos y lo que gastamos para la ocasión. Entre el amor que celebramos y nuestro modo de manejarnos en esta temporada.

Deseo para cada uno que el milagro del amor transformador se instale en su vida y en su hogar esta noche para siempre.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Diciembre 2017 04:00:00
Nuestra celebración
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar.

Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla.

Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos. Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas, mensajes electrónicos y canciones navideñas. Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año. Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos. Y del mismo modo, así como parte de nuestros deseos se ve satisfecha, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.

Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días. Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento. Momentos después apareció el pequeño pardal que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo. Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero. ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.

Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado emprender grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos (me incluyo en primerísimo lugar), las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada.

Cuando entendemos que Jesús, siendo rey, vino al mundo de la más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos. Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad.

El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros. Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos.

Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada. Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración de la mejor manera.
17 Diciembre 2017 04:00:00
Nuestra celebración
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar. Igual admiro a quienes han leído bibliotecas enteras, y llegan a conocer la forma de pensamiento de tantos hombres y de tantas culturas. Todos ellos impelidos por una necesidad de descubrir y amar más la vida.

Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla. Imagino que mi ventana ejerce un efecto como de imán para la naturaleza, de modo que las cosas suceden justo ahí, al otro lado de donde yo estoy, para mi goce y aprendizaje.

Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos. Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas, mensajes electrónicos y canciones navideñas. Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año. Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos. Y del mismo modo así como parte de nuestros deseos se ve satisfecho, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.

Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días. Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento. Momentos después apareció el pequeño pardal que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo. Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero. ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.

Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado emprender grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos –me incluyo en primerísimo lugar--, las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada. Cada elemento es un atractivo que atrapa nuestros sentidos, por supuesto. Ahora habría que preguntarnos si es lo fundamental de las fiestas, o si existe un sentido más profundo que debiera actuar como eje rector. Y habría que cuestionar si en cumplir con todo lo externo estamos descuidando el motivo último de la celebración.

Cuando entendemos que Jesús, siendo rey vino al mundo de la más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos. Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad.

¿Será realmente tan difícil compartir algo de lo que tenemos? ¿Tan complicado actuar desde la convicción de que todos podemos regalar un tanto que alivie a quienes menos tienen? Y que esas personas poco favorecidas en lo material puedan sentir el amor de Dios en esa pequeña dádiva.

El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros. Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos por tener nuestro propio espacio para gozar.

No nos dejemos llevar por los apremios de la temporada hasta volvernos contradictorios: Nada cristianos al manejar, al desplazarnos en sitios públicos, al festejar, cayendo en ese contrasentido de celebrar de la manera menos cristiana el más grande amor cristiano.

Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada. Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración de la mejor manera.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
10 Diciembre 2017 04:00:00
Lecciones de otoño
No hay una razón única sino muchas que vuelven para mí el otoño la época más hermosa del año. Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.

Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan. Puedo permanecer largo rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura. Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol, que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.

Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció –su hogar--, hasta su destino final en el suelo. Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor pero de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio foliado.

Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de expatriadas, tienen las hojas. ¡Tanto qué aprender de ellas!

El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar. Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración. El ocre del otoño invita a eso, al agradecimiento.

Eventos como el vivido en el país la semana que termina llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor. La formación de cristales de nieve como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal, de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos –como dijera Facundo Cabral-- y no los percibimos. Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños.

Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón, tantas veces absurda. Es darnos cuenta que no es tan complicado sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido. Es la provisión que llevamos para recorrer el camino.

¡Cuántas grandes lecciones nos trae el otoño! La mansedumbre para acatar el orden perfecto del cosmos; la docilidad para atender los tiempos que nos va correspondiendo vivir. La profundidad como seres humanos, para que a pesar de aquello que vamos perdiendo por el camino, no se agote nuestra esencia.

Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas. Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad. Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.

Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud. Es emprenderlos de manera entusiasta, pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo. Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.

Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de haber llegado hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia. Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de bendiciones que se han hecho presentes día con día.

Es hacer un alto en el camino para dimensionar el tramo final, efectuar un recuento de aquello que tenemos para una buena marcha, y emprenderla con el mejor de los ánimos.

¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!

https://contraluzcoah.blogspot.com/
10 Diciembre 2017 03:00:00
Lecciones de otoño
No hay una razón única sino muchas que vuelven para mí en otoño la época más hermosa del año. Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.

Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan. Puedo permanecer largo rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura. Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol, que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.

Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció, hasta su destino final en el suelo. Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor, pero de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio.

Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de expatriadas, tienen las hojas.

El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar. Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración.

Eventos como el vivido en el país la semana que termina llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor. La formación de cristales de nieve como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal, de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos, como dijera Facundo Cabral, y no los percibimos. Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños. Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón, tantas veces absurda. Es darnos cuenta que no es tan complicado sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido.

Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas. Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad. Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.

Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud. Es emprenderlos de manera entusiasta, pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo. Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.

Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de llegar hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia. Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de
bendiciones.

¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!
03 Diciembre 2017 04:00:00
Pensar sintiendo
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017. El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario titulado Todo lo Abierto, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama. Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.

Al referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue mediante la música de las palabras y la esencia muy humana, como llama viva, de sus contenidos.

El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que en una de cada tres familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128 mil nuevos casos. Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural, no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.

Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia. Es así como las palabras de Ana Isabel representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas. Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no alcanzan una remisión total. De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros (comenzando por los seres queridos) los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.

Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia, que se titula Todas Nosotras.
03 Diciembre 2017 04:00:00
Pensar sintiendo
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017. El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno en la ciudad de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario intitulado “Todo lo abierto”, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama. Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.

Al referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue mediante la música de las palabras y la esencia muy humana –como llama viva-de sus contenidos.

El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que en una de cada 3 familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128,000 nuevos casos. Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural, no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.

Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia. Es así como las palabras de Ana Isabel representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas. Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no alcanzan una remisión total. De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros –comenzando por los seres queridos—los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.

Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia, que se intitula “Todas nosotras”.

Me permito compartir un fragmento de su poemario que dibuja de cuerpo entero a la poeta quien, por cierto, está muy orgullosa de sus cicatrices quirúrgicas. Las identifica como parte de su propio ser, de manera que no piensa desterrarlas atendiendo a la estética, sino conservar con orgullo como parte de su geografía personal. Con esto termino:

Yo no soy
De miel.
De luz.
De aire.
Yo no soy esta herida.
No soy solo esta herida.
Claveles rojos
me estallan en la boca
si pienso un beso.
Yo no soy solo el pecho cercenado,
la maltratada carne.
Yo soy por dentro vuelo,
soy esa oscuridad
de noche con estrellas
que se puede habitar como una casa
De miel.
De luz,
De aire.
Yo no soy una víctima.

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26 Noviembre 2017 04:00:00
El corazón de piedra verde
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español. Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula “El corazón de piedra verde”. Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que buscó hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.

Ahora son Baja California sur, el estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado. El artero asesinato de Silvestre De la Toba --ombudsman en BCS—y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”. Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los derechos humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá. El gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.

Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno. La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos –o más bien de todos—durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en quince minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN. La forma segura de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: Se llama educación.

La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva. No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos, que enumere de corrido los 135 ríos de México o que identifique todos los organelos de la célula animal. Claro que es importante el conocimiento, pues entre más conoce una persona más avanza por el camino que le llevará a apreciar y amar aquello que conoce. Pero para lo que nos ocupa, la educación va mucho más allá, al fomento de valores.

El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen. Si yo como maestro no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno, y el proceso educativo no se da.

Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: Existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar. No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero. Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla. El mensaje para el joven es entonces: “La ley no tiene valor absoluto sino relativo y condicional.”

Si yo me paso los semáforos en rojo, u ocupo los cajones para discapacitados cuando no me corresponde, ¿con qué autoridad moral puedo exigir al hijo que cumpla sus obligaciones? ¿O le estoy enseñando que el respeto a los demás es variable?... Un país de Primer Mundo lo que hace de entrada es poner orden en casa. Si dice “alto” no pasas, si dice “siga” pasas. No a criterio personal, no dependiendo de las circunstancias, una regla siempre se obedece.

Un país está compuesto por individuos agrupados en familias. Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas, debe iniciar dentro de cada hogar mediante reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor. El niño necesita saberse aceptado y querido, necesita asimilar que se le corrige por amor, porque queremos que llegue a ser un ciudadano satisfecho, productivo y feliz.

Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona. Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.

Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos.

Un gran cambio requiere mucho trabajo: Todos –sin excepción-- tenemos tarea para rato. El corazón de piedra verde que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.


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26 Noviembre 2017 03:00:00
El corazón de piedra verde
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español. Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula El Corazón de Piedra Verde. Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que busco hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.

Ahora son Baja California Sur, el Estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado. El artero asesinato de Silvestre de la Toba (ombudsman en BCS) y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”. Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los derechos humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá. El Gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.

Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis, necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno. La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en 15 minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN. La forma segura de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: se llama educación.

La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva. No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos, que enumere de corrido los 135 ríos de México o que identifique todos los organelos de la célula animal.

El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen. Si yo, como maestro, no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno.

Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar. No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero. Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla. El mensaje para el joven es: “la ley no tiene valor absoluto sino relativo y
condicional”.

Un país está compuesto por individuos agrupados en familias. Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas debe iniciar dentro de cada hogar mediante reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor.

Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona. Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.

Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos.

Un gran cambio requiere mucho trabajo: todos, sin excepción, tenemos tarea para rato. El corazón de piedra verde, que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.
19 Noviembre 2017 04:00:00
Antes de izar los ideales
Hoy he recordado a don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihua-huense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones y él ya era toda una institución. Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me obsequió una copia autografiada: El Hombre es su Palabra”.

Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona. En mi caso es desde la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios. A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de 2 mil años. Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra.

Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás. Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad. Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los gifs y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente. Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos.

De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”, expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras. Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia. Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida.

años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol. En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad.

Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales infartos del miocardio, adicciones y demás. Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera. Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente.

Uno de los apelativos que tenía don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos. Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años. Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la noutilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.

Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres. Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz, es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.
19 Noviembre 2017 04:00:00
Antes de izar los ideales
Hoy he venido recordando a Don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihuahuense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones y él ya era toda una institución. Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me obsequió una copia autografiada: “El hombre es su palabra”.

Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona. En mi caso es desde la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios. A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de dos mil años. Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra, y ahí les va:

Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás. Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad. Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los GIFS y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente. Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos, y esa falta de expresión de lo propio bien puede ser el germen de interacciones sociales poco afortunadas.

De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”, expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras. Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia. Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida. Su autoestima se queda muy corta, y necesita de los demás para sentirse bien. Entra al sistema educativo escolarizado y aprende muchas cosas, pero no se le educa para desarrollar su inteligencia emocional. Como por intuición va practicando expresar lo que piensa y lo que siente, y así continúa hasta la edad adulta.

Unos años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol. En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad. La maravillosa utilidad que la palabra podría aportar para él se queda flotando en el limbo, en un mundo en el que nos guardamos de expresar lo que sentimos por miedo a ser malinterpretados, y reservamos las palabras amables, y volcamos las de odio cuando ya estamos como olla de vapor, con las emociones a punto de explotar.

Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales infartos del miocardio, adicciones y demás. Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera. Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente. Nos volvemos violentos, o más bien explosivos, sin que –visto desde fuera-- parezca existir una causa que pueda explicarlo.

Uno de los apelativos que tenía Don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos. Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años de edad. Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la no-utilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.

Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres. Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz, es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.

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12 Noviembre 2017 04:00:00
El mejor piloto
Haz de tu vida un sueño, y del sueño una realidad. Antoine de Saint-Exupéry


Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano, y hasta dónde pueden llevar los mismos a aquel que se atreve a soñar.

El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendedurías, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo no es la única forma para alcanzar las metas que nos proponemos.

La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal. Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto, porque viven esperando que alguien venga a tocar su puerta para descubrirlos.

Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún, las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien le pregunta cómo está, e invariablemente contesta con un alegre “Muy bien”.

Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala. No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.

Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de nuestra personalidad. No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.

Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal mientras vivieron, para ejemplos hay muchos. Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia. Y por el contrario, tenemos a quienes van en sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de entusiasmo, vivos porque respiran, pero nada más.

Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia. La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima. Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor. Un pequeño que se siente aceptado a pesar de sus errores, aprende a amar, asume que todo ser humano merece lo mejor, y apuesta a favor suyo.

La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.


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12 Noviembre 2017 03:00:00
El mejor piloto
Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano.

El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendedurías, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo, no es la única forma para alcanzar las metas.

La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal. Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto.

Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún, las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien le pregunta cómo está, e invariablemente contesta con un alegre “Muy bien”.

Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala. No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.

Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de nuestra personalidad. No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.

Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal, para ejemplos hay muchos. Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia. Y por el contrario, tenemos a quienes van en sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de
entusiasmo.

Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia. La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima. Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor.

La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.
05 Noviembre 2017 04:00:00
Destino y ruta
Hoy en día se impulsa la educación por competencias medida en resultados. Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos. Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular. Todo ello condiciona cambios de comportamiento que no siempre apuestan a la armonía social.

Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales. Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento. Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que impactara mi unidad. Cuando finalmente pude estacionarme, él arrancó con una quemada de llanta que debe haberse escuchado a dos cuadras a la redonda.

Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído. Pero lo que más me impresionó fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.

Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.

Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente. A los 7 años de edad me llevaron mis papás a conocer Disneylandia. Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido. En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el gran sueño de mi infancia. El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia. Mis papás y yo gozamos de igual manera el camino como la meta final.

A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible. Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en llegar al destino.

Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contra reloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida. Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo y con todos. Esto es, nos perdemos de disfrutar una gran parte de lo que el trayecto nos ofrece, dispuestos a gozar solo a partir de que lleguemos a nuestra meta.

No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final. Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que –en mi caso particular-- a más de cincuenta años de distancia siguen recordándose con particular gozo.

Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida. La costumbre de no respetar los cajones para discapacitados significa poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento por encima del elemental orden colectivo. Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia a la frustración. Habría que revisar si el manual para la vida que damos a nuestros niños y jóvenes les está permitiendo hacer de la felicidad la actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.


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05 Noviembre 2017 03:00:00
Destino y ruta
Hoy en día se impulsa la educación por competencias medida en resultados. Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos. Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular.

Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales. Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento. Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que impactara mi unidad. Cuando pude estacionarme, él arrancó con una quemada de llanta.

Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído. Pero lo que más me impresionó fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.

Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo, es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.

Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente. A los 7 años me llevaron mis papás a conocer Disneylandia. Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido. En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el gran sueño de mi infancia. El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia.

A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible. Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en llegar al destino.

Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contrareloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida. Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo

No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final. Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que, en mi caso particular, a más de 50 años de distancia siguen recordándose con particular gozo.

Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida. La costumbre de no respetar los cajones para discapacitados significa poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento por encima del orden colectivo. Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia.

Habría que revisar si el manual para la vida que damos a nuestros jóvenes les está permitiendo hacer de la felicidad la actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.
29 Octubre 2017 04:00:00
Yessica
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.

Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis, claro reflejo de su gusto por la lectura. Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.

A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos.

Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia y disciplina. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se nos encomendó desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.

Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear. Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura, sabe disfrutarla.

Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo contagien a otros, para procurar la lectura por placer. Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber, y a partir del momento cuando ya no existe una exigencia externa, la lectura se abandona.

Nuestros jóvenes la tienen difícil: Les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios. Jóvenes como Yessica amenazan con desestabilizar al sistema, en ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que –en consecuencia—vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están. Solo quien es capaz de alejarse para ver a la distancia, puede dar una lectura distinta a las cosas, proponer otros caminos para generar el cambio que México necesita.

Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares. Es bajo esta premisa como podrán prepararse adultos con clara conciencia acerca de qué cambios se necesitan, y cómo conseguirlos.

A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará. La tarea de nosotros los adultos mayores consiste en animar a niños y jóvenes a perseverar en ese entusiasmo, a reforzarlo, pero sobre todo a que entiendan cómo hemos llegado a donde estamos; de quedarnos aquí qué riesgos corremos, y cuáles serían las maneras para evitar empantanarnos. Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita --como lectora y como escritora--, está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.

Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida. Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino los sueños agotados.

Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación. Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades, y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención materna.

Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
29 Octubre 2017 03:00:00
Yessica
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.

Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis, claro reflejo de su gusto por la lectura. Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.

A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos.

Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se nos encomendó desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.

Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear. Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura, sabe disfrutarla.

Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo, contagien a otros, para procurar la lectura por placer. Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber.

Nuestros jóvenes la tienen difícil, les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios.

Jóvenes como Yessica amenazan con de-sestabilizar al sistema, en ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están.

Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares.

A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará.

Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita (como lectora y como escritora), está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.

Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida. Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino los sueños agotados.

Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación. Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades, y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención.

Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.
22 Octubre 2017 04:00:00
El arte de sanar
Mañana 23 de octubre, se celebra en nuestro país el Día del Médico. En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias, más que festejada me siento festejadora, dispuesta a rendir tributo a las figuras sanadoras de mi propia historia personal.

Con relación a los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en el año 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937 este hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.

Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración. De este modo crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César Del Bosque, a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos. En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital --el Centro Médico de la Laguna, frente a la Alameda-- desde mis años de preparatoria. Fue ahí donde vi un parto y una cirugía por primera vez, y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente. A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación. Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente, del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente, primero para diagnóstico y tratamiento, actualmente para control.

Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida. Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.

A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa. Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral. Incurriría en imperdonable injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer profesional.

Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.

Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en la ciudad de Torreón, 40 años de haber egresado de las aulas de Medicina. Regresamos a ellas y pudimos percibir de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros logró evocar algún momento vivido en las aulas que le marcó para siempre. De eso está hecho un buen maestro, de testimonios que apuntalen el incipiente proyecto de vida de sus alumnos.

La figura del médico está completa solo cuando es humana, de otra manera su trabajo podría ser reemplazado por una máquina que haga diagnósticos basada en algoritmos de probabilidad, con la frialdad de cualquier otro aditamento tecnológico. La calidez en el abordaje, la afabilidad y el buen trato para nada están peleados con la objetividad al aplicar los conocimientos científicos.

Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora. A lo largo de la vida vamos enfrentando tormentas grandes y pequeñas, cuando estamos atravesando por ellas es difícil entender las cosas a plenitud o definir un rumbo, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones y superar aquel episodio.

Una vez que va pasando el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu va sanando. Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener las velas replegadas, que podemos volver a extenderlas para continuar la travesía.

La Medicina ha sido una ciencia y un arte, sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional. “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
22 Octubre 2017 03:00:00
El arte de sanar
Mañana se celebra en México el Día del Médico. En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias, más que festejada me siento festejadora de las figuras sanadoras de mi propia historia personal.

En relación con los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937 este hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.

Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración. Así crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César del Bosque, a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos. En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital -el Centro Médico de La Laguna, frente a la Alameda- desde mis años de preparatoria. Fue ahí donde vi un parto y una cirugía por primera vez, y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente. A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación. Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente, del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente,.

Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida. Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.

A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa. Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad, han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral. Incurriría en imperdonable injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer
profesional.

Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.

Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en Torreón, 40 años de haber egresado de las aulas de Medicina. Regresamos a ellas y pudimos percibir de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros evocó algún momento que le marcó para siempre.

Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora. A lo largo de la vida enfrentamos tormentas grandes y pequeñas, cuando atravesamos por ellas es difícil entender las cosas a plenitud, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones. Una vez que pasa el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu sana. Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener las velas replegadas, que podemos volver a extenderlas para continuar la travesía.

La Medicina ha sido una ciencia y un arte, sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional. “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.
15 Octubre 2017 04:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida.

Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte, un arte de carácter sagrado que se practica con amor.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Desde entonces supe que esa consigna a favor de la vida no se abandona nunca, porque habrá de ser el lienzo último que nos cubra cuando rindamos tributo a la madre tierra.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

La existencia nos dota de grandes alas y de un espacio abierto, donde cada cual tiene libertad para ser el pintor de su propio cuadro, el creador de su propia melodía. Tenemos la maravillosa facultad de aprender cosas nuevas, de probar destrezas que antes no hubiéramos acaso imaginado, con una sola consigna en mente, disfrutar todas las oportunidades que se nos presenten, siempre y cuando aquello que adquiramos y aquello que ejerzamos no haga mal a nadie.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen cuarenta años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras. Todo ello sin perder nunca de vista que la felicidad es una opción muy personal, una actitud con la que vamos por el camino hasta exhalar el último aliento.

Si veinte años no es nada, cuarenta menos: Un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.

Doy gracias a la vida por todos sus momentos, por sus retos y oportunidades, en especial por la absoluta libertad que tengo para decidir qué par de lentes uso para mirarla cada día. Momento especial de celebrar, y en tal espíritu gozoso este pequeño espacio nuestro –suyo y mío-- no podía quedarse ajeno a la gran ocasión.

https://contraluzcoah.blogspot.com
15 Octubre 2017 03:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida. Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen 40 años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras.

Si 20 años no es nada, 40 menos: un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.
08 Octubre 2017 04:00:00
Claudia Elena
A Claudia la vine a conocer estos últimos años, previamente era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace 6 años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aún cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar.

Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón de madre la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía –entonces sí—sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, desgranarlo y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: Su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

Cronológicamente fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace diez meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: Le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Hace algunas noches, atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del mes de Lucha contra el Cáncer, intitulada “Cáncer en el alma”, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017 en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia. El mayor de estos retos, un diagnóstico que marcó para su vida un antes y un después.

A partir de su experiencia como paciente transmite al público como en esos momentos de incertidumbre y de angustia, gestos tan simples como un abrazo o una palabra de aliento llegan a hacer la gran diferencia. Varios de los asistentes, que ya hemos andado ese mismo camino, asentimos totalmente a lo expresado por ella. En definitiva un diagnóstico de cáncer rompe el equilibrio de tu día a día, te arranca con brusquedad de tu zona de confort y te lleva a temer lo peor, primero la muerte, después la limitación física, y por supuesto el desequilibrio financiero. Una vez superada la crisis comenzamos a ver la vida de otra manera, apreciamos cada pequeño detalle como con lentes de realidad aumentada, provistos de un entusiasmo tal, que los demás no consiguen abarcar.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos y bien. No hay tiempo ocioso, cada día tiene un propósito específico por cumplir, de modo que la existencia se convierte a largo plazo en una colección de experiencias maravillosas.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como “Cáncer en el alma”, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos.

Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro, como el respaldo más fuerte en tiempos de crisis.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!

https://contraluzcoah.blogspot.com/
08 Octubre 2017 03:00:00
Claudia Elena
A Claudia la conocí estos últimos años, era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace seis años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aun cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran ´por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar. Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace 10 meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del Mes de Lucha contra el Cáncer, titulada Cáncer en el Alma, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017, en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como Cáncer en el Alma, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos. Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!
01 Octubre 2017 04:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del ‘85 -para quienes hemos vivido ambos escenarios- en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los “millennials”. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia. Con toda seguridad Elena Poniatowska o Sabina Berman vendrán recogiendo tantas experiencias de vida que confluyeron en una sola intención, la de levantar a México después del cataclismo. Los grandes que nos hacen falta para ayudarnos a entender las cosas son Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Ignacio Padilla.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución –debemos decirlo-- no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció en buena medida las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados, además –por supuesto- evaluar qué proporción de las afectaciones obedeció a factores humanos que pudieron haberse prevenido. Tiempo de fincar responsabilidades, y por una vez garantizar que esas denuncias de la sociedad civil no se queden en el limbo de la no-procedencia judicial. Para ejemplo el caso del Colegio Rébsamen en el cual se concentran muchos vicios institucionales y que resultó en 26 muertes, cuando si se hubiera cumplido la norma, no tendríamos ese saldo fatal.

Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez –más que nunca- el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío ni merma alguna.

En definitiva este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender. La rapiña a todos los niveles es una mala costumbre que se da a partir del pensamiento --“cultural”, diría nuestro señor Presidente--, de que si aquello no me lo apropio yo, lo hará alguien más, cuando lo ideal sería decir, si no es mío, tiene que ser de alguien más, y me toca respetarlo. Esto último sucede en países con un gran desarrollo humanista, y hacia allá debemos de enfocarnos a llegar.

Nuestros millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
01 Octubre 2017 03:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del 85 (para quienes hemos vivido ambos escenarios) en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los millennials. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución, no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados. Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez (más que nunca) el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío. En definitiva, este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender.

los millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el Gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, es necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es
irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aun en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido, nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.

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