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Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
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Tras de servir por más de dos décadas al Estado Mexicano, en el rango de auxiliar de programación a director general en funciones, retornó a las aulas para obtener la maestría en historia (2008) y posteriormente convertirse, con la disertación “Independent Internationalism in Practice: Diplomatic Relations between The United States and Mexico from 1919 to 1929,” en el primer doctor en historia egresado de la Universidad de Montana-Missoula (2010). En esta institución ha impartido cursos sobre las relaciones México-Estados Unidos de América. Estudió la licenciatura en economía en la Universidad Autónoma de Guadalajara (1977); el diplomado en economía e inglés en The Economics Institute, Universidad de Colorado-Boulder (1981) y la maestría en economía en la Universidad de Colorado-Boulder (1983). Es autor del libro “El Senado estadunidense enjuicia a México y al Presidente Carranza,” editado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) (2017). Como editorialista ha escrito más de 700 artículos sobre los tópicos de historia, economía, deportes, política y relaciones internacionales, los cuales han sido publicados en el Suplemento de Política Económica de la Revista Tiempo, en los diarios El Nacional de la Ciudad de México; Zócalo producido en el estado de Coahuila; Nuevo Día de Nogales Sonora, al igual que en la paginas electrónicas eldiariodetaxco.com y guerrerohabla.com originadas en Taxco, Guerrero; y todotexcoco.com generada en Texcoco, Estado de México. Asimismo, es coautor del artículo científico, “Living close to heavy traffic roads, air pollution, and dementia.” (The Lancet. 4 de enero de 2017)

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23 Junio 2018 04:00:00
Ante la elección presidencial
Estamos muy conscientes de que este es el último fin de semana en que se puede hablar acerca del proceso electoral próximo. De no respetarse tal disposición, es factible caer en pecado capital y convertirse en portador del sambenito que puede llevarlo al cadalso, la hoguera o, si bien le va, ser sujeto de una multa de varios ceros a la derecha de un dígito entre el uno y el nueve. Todo por haber interrumpido el periodo de reflexión al que una ley electoral, propia de algún país en los linderos de la incivilización, ha condenado a sus ciudadanos a quienes considera viven aún en un estado intelectual limitado al grado de que si alguien llega y le comenta algo favorable o desfavorable sobre un candidato puede influirlo a la hora del voto y eso afectaría la santidad en que debe de desarrollarse todo proceso democrático de un país de valores tan altos como el nuestro. Eso que hacen en otras naciones en donde el mismo día de la votación nadie guarda silencio y siguen efectuando proselitismo por sus favoritos es propio de irresponsables que no va con nuestra idiosincrasia electoral, la cual, conforme a los autores de las leyes electorales, se encuentre en un estado de desarrollo infantil cuando se cuenta con cuarenta años. Pero vayamos al evento más importante dentro de todo ese proceso electoral, la elección presidencial.

Llevamos meses atiborrados por comentarios de todo tipo emitidos por expertos en el tema quienes apoyados en encuestas que, como ya lo hemos mencionado en este espacio, dejan mucho que desear y nos han hecho pensar que son realizadas al gusto de quien paga o aquellos que las elaboran sin rigor o bien quienes las leen no saben analizarlas y se compran lo que dice el cabezal de cualquier diario o medio de comunicación. Solamente de esa manera se puede entender que cuando hay entre el 40 y 50 por ciento, de quienes se dicen encuestaron, que no respondieron o dijeron que aún no sabían por quien votarían, se nos diga que la distribución del voto es w, x, y o z. Además, hay algo que siempre nos llama la atención, ni nos dicen cómo determinaron el universo muestral, ni dónde realizaron la encuesta, algo que es básico para poder dar o no confiabilidad a ese tipo de trabajos. Ya no digamos que nos expliquen el cómo y bajo qué circunstancias se realizaron los levantamientos muestrales. Pero como vivimos en los tiempos de las generalidades, pues nos dicen que esto ya se acabó y no hay porque molestarse el 1 de julio para ir a votar, todo lo han decidido los encuestadores y aquellos, quienes en base a los datos que les proporcionan, se dan a la tarea de hacer análisis y san se acabó. Ante esto, nos preguntamos: ¿Para qué se gastan miles de millones de pesos en campañas, si todo se puede lograr mediante un par de encuestas y una serie de artículos que las validen y entonces ya sabemos quien ganó sin perder tanto tiempo? Sin embargo, como esto no se da, decidimos dar un repaso breve sobre como vemos a los cuatro contendientes, mismos que abordaremos conforme a la antigüedad en que están colocados en la boleta.

Iniciamos con Ricardo Anaya Cortés a quien algunos calificaron del chico maravilla del sexenio actual, pero al cual sus paisanos queretanos conocían lo bastante como para desconfiar de él. Ni duda cabe, bueno para el verbo fue granjeándose las simpatías de correligionarios, y no, hasta que la ambición se apoderó de él y empezó a mostrar que eso de las lealtades no era su tema. Uno a uno fue dejando en el camino a quienes lo apoyaron en su carrera política fulgurante. En esa forma, se hizo de la candidatura presidencial del PAN y amalgamó un muégano con los restos del PRD que, ante la penuria, demostraron, una vez más, que eso de la ideología es algo en desuso y nada como el pragmatismo para $obrevivir. Al final, ni panistas, ni los pocos perredistas que aún se guardan algún respeto, quedaron contentos con la selección del candidato de su partido. El panismo tradicional ha mostrado poco entusiasmo y los perredistas lo ven ajeno. A ello, se debe de agregar que mientras el candidato Anaya dice ser un adalid del combate a la corrupción, ha sido incapaz de demostrar fehacientemente que las acusaciones que se le hacen, por la misma razón, son únicamente producto de la contienda política.

En respuesta ha prometido que, si gana, enviará a la cárcel al Presidente Peña Nieto, al candidato Meade Kuribreña y a quien sabe cuántos más. Al parecer, historia es una materia que no cursó el candidato panredista. En este país desde la sucesión del primer periodo del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (salvo los asesinatos que se dieron de los presidentes Francisco Ygnacio Madero González y Venustiano Carranza Garza) hasta el actual, quienes han llegado a la presidencia lo han hecho, a pesar de que no necesariamente simpaticen con él, bajo la aprobación-negociación del presidente saliente. Esto podrá sonar incomodo para los adalides de la democracia, pero es la historia y si alguien duda de ella pues que retorne al pasado y la reescriba. Pero regresando al candidato Anaya Cortes, estimamos que a la hora de la votación una gran cantidad del voto duro panista habrá de sufragar por otro y eso seria un golpe muy fuerte para aspirar a la victoria, especialmente ahora que las migajas del perredismo ya cantan la derrota pues se sienten agraviados al verse utilizados simplemente como un logotipo que actuó de pegote.

El caso de José Antonio Meade Kuribreña, su candidatura hasta cierto punto resultó inesperada. Sin embargo, a toro pasado, puede decirse que no lo fue tanto si observamos los cargos diversos que ocupó durante el sexenio, SEDESOL-SRE-SHCP. Dado que el Presidente Peña Nieto compró eso de que la imagen de su partido, el PRI, era mal vista por la ciudadanía, decidió que bajo las siglas de este presentaría un candidato ciudadano al cual apoyarían otros dos el PVEM y PANAL. Si bien la parafernalia se cumplió, a la hora de la acción la realidad mostró otra cosa. Alrededor del candidato colocaron tres personajes. Un par de fajadores y un niño bien. Uno de los dos primeros es Enrique Ochoa Reza, quien, como nos dijera un periodista respetable, cada vez que podía se bajaba del taxi para agarrarse a trompones; el otro es Javier Lozano Alarcón, un fajador de barriada quien por quítame estas pulgas ya estaba enfrascado en la refriega dispuesto a seguir la premisa de don Roque, aquel muñeco que manipulaba el ventrílocuo Paco Miller, “le rompo la cara a cualquiera”. Para compensar esto, pusieron a Aurelio Nuño Mayer quien, independientemente de su capacidad intelectual, no puede sacudirse la imagen de un niño bien cercana a la de un pedante, pues la campaña simplemente no iba hacia ningún lado. Los priístas tradicionales, acostumbrados a la disciplina, al sentirse marginados pues simplemente hicieron el vacío a un candidato a quien sentían ajeno. Como aquello pintaba para desastre, finalmente decidieron hacer a un lado a ese trío y traer a un priísta, René Juárez Cisneros, para que buscara recomponer aquel desaguisado. Será el sereno, pero desde ese momento la campaña agarró un aire que no tenía y hasta el candidato se vio más suelto. Un ejemplo de ello lo dio en los dos últimos debates en donde, sin ser una lumbrera, lució muy por encima de los otros contendientes, algo que por supuesto los analizadores partidarios de uno u otros jamás aceptaran. Esto no implica que ya por eso pueda lucir como un triunfador absoluto, pero ha sido capaz de plantear que hay algo más que un candidato acartonado que no conectaba con nadie.

Tampoco vamos a decir que luce una personalidad arrolladora, pero al menos demuestra que tiene algo más de lo que se apreciaba. Sus probabilidades de triunfo dependen de dos vertientes. Una gran parte originada en el voto duro, el de los priístas si optan sufragar por alguien que viste su logotipo, pero no es su correligionario, antes de hacerlo por otro que no viste su marca, pero actúa como su correligionario de hace cincuenta años. Otra, la del voto duro del panismo resentido por haber sido marginados y que en cierta forma ven a Meade Kuribreña como uno de los suyos que, haciendo uso de su muy personal y respetable concepción de cómo debe de relacionarse con el Gran Arquitecto, domingo a domingo va a misa y comulga. Aquí, cabe recordar que eso no le impidió, cuando estaba a cargo de la cancillería mexicana, mandar un estate quieto al sencillito porteño, Bergoglio Sivori, quien se quiso pasar de chistosito con nuestro país. La otra vertiente es el voto potencial de aquellos que no son dados a manifestarse públicamente, ni pertenecen a ningún partido político, pero que, elección tras elección, cruzan la boleta por quien creen que se asemeja a su muy personal perspectiva.

Por lo que concierne a Andrés Manuel López Obrador, cuando ya no lo dejaron seguir usufructuando la franquicia del PRD, decidió abandonarlo, como antes lo había hecho del PRI, y crear su negocio personal. Al amparo de este, decidió autoelegirse como candidato presidencial, al tiempo que amorosamente abría los brazos a cuanto tránsfuga, no siempre de reputación honorable, provenía de sus antiguos y otros institutos políticos. Así, todos tomados de las manos, fueron alcanzando la purificación de sus pecados hasta convertirse en seres en olor a santidad. Con una maquinaria bien aceitada, cuya procedencia de recursos aun no queda clara para los legos como nosotros, de pronto apareció ungido como el gran salvador de la patria. Fue capaz de vender un discurso de ser antisistema, aun cuando jamás a renunciado al patrocinio de este. En ese contexto, ha proclamado un discurso que apela al regreso de los buenos tiempos de vacas gordas.

Sin embargo, lo que no apunta es que aquello se dio bajo circunstancias que en el mundo actual ya no existen y que a retroceder el reloj de la historia ni siquiera los cubanos le apuestan. Se presenta como un ejemplo de pulcritud y trasparencia y deja de lado que cuando ejerció el cargo de jefe de gobierno del DF la nitidez brilló por su ausencia. Es fecha de que no se pueden abrir los expedientes de la construcción de los segundos pisos. Quienes marchan a su lado estiman que por hacerlo la sociedad ha olvidado su pasado, mismo que asemeja la piel de un dálmata.

Pero eso sería lo de menos, con preocupación, a pesar de su discurso de “amor y paz,” entre sus muy cercanos se aprecia una sed de revancha que a nada bueno conduce. Pareciera por momentos que algunos esperan ansiosos la noche de los cuchillos largos para cobrarse agravios con todo aquel que no comparta su credo, de no eliminarlo físicamente, cuando menos lo expulsan del país. Pobre de aquel que ose en las redes sociales contradecir la verdad eterna de lo que predica su líder, saltan con todo tipo de diatribas acompañadas con la amenaza futura de hacer pagar tal audacia. Dícese ser el heredero del estadista Benito Pablo Juárez García y ni practica la austeridad republicana, ni mucho menos entiende lo que era la filosofía político-económica de este. Habla de laicismo y promete traer al ciudadano Bergoglio Sivori para que arregle nuestros problemas. A la par, como su socio Norberto Cardenal Rivera Carrera ya anda en desgracia político-religiosa, pues ahora está asociado con los líderes de otras interpretaciones de la fe y por momentos pareciera que nos acercaríamos a un estado teocrático si llegara a ganar. En cuanto a la concepción económica del Benemérito no la entiende, este proponía un sistema generador de riqueza en donde el individuo, con su esfuerzo, fuera capaz de salir de su condición paupérrima y no estuviera esperanzado a la dádiva. Asimismo, como siempre venderá aparecer enérgico con el vecino, pues nos comenta que irá a poner en orden al presidente de aquel país a quien, según sus decires, le ordenará que reinstale, vaya ingenuidad-modernidad-independencia, el programa de la Alianza para el Progreso. De que tiene muchos seguidores, ni quien lo dude. Sin embargo, falta ver si son tantos como los que se nos dicen o simplemente es la percepción que se tiene de la CDMX hacia abajo.

El caso de Jaime Rodríguez Calderón, un candidato supuestamente independiente, luce como un contendiente de relleno. Nadie va a negar que en ocasiones hasta resulta simpático y en los debates pudo haber hecho una o dos propuestas interesantes, pero otras francamente solo pueden dejarse para el anecdotario. Como gobernante en Nuevo León, se vendió como un bronco y acabó como potrillo domesticado. Indudablemente que cumple una función en la contienda presidencial, pero de ahí a que se le considere con posibilidades de triunfo hay un trecho larguísimo. Lo que sí demuestra esta candidatura es que los llamados candidatos independientes, ni lo son, ni el hecho de asumirse como tales les aleja de terminar por caer en vicios similares a los de que lo hacen bajo las siglas de los partidos. Su victoria, en términos religiosos, solamente podría darse mediante un milagro y esos, en el siglo XXI, ya no suceden.

Es el punto de vista de este escribidor-historiador quien, aunado a lo expuesto, ha encontrado una división profunda entre la sociedad mexicana, aderezada con una sed de revanchismo enfermizo. Lo que no halla entre los candidatos es una propuesta clara para ver cómo vamos a salir de los problemas. Todos, sin excepción, acaban por invocar el pobretismo como base de la política para resolver las dificultades económicas. Hay un sector amplio de la población que ya hace cuentas de cuanto va a agregar a sus ingresos, simplemente por respirar, ahora que gane fulano o perengano. Lo que ninguno de los candidatos nos dice es cómo va a enfrentar la problemática, en todos los sentidos, que tenemos con los EUA, porque no es con bravatas, ni con declaraciones efectistas a los medios, como se resuelven las diferencias y eso lo conoce de primera mano uno de ellos, pero ni este se manifiesta objetivamente.

Apostarle a que quienes no compartan mi perspectiva son mis enemigos y por tanto voy a eliminarlos en un acto de purificación, en nada ayuda a plantear el futuro del país. Tampoco nada se resuelve con decir que los otros son corruptos y cuando el acusador es exhibido arguye que le tienen mala fe. El asunto del combate a la corrupción es al final de cuentas una cobija bajo la cual todos buscan cubrirse, pero en cuanto pueden la usan para agenciarse recursos. Quienes, si la hemos combatido, no hablamos de oídas, sabemos lo que ello implica y no anduvimos en busca de quedar bien con nadie, nos queda claro que estos de ahora son simplemente tartufos engañabobos.

Pero en fin, encuestas o no, manipuladas o bien realizadas, lo único que valdrá es lo que cada uno de los mexicanos registrados en el padrón electoral decida hacer al momento de ir a las casillas y cruzar la boleta por quien consideren es la persona idónea para encabezar la dirigencia de este país bajo la premisa de que enfrente tenemos un futuro con retos inconmensurables y que para poder tener éxito debemos de tomar en cuenta lo positivo del pasado, pero jamás tratar de replicarlo tal cual pues este se dio bajo otras circunstancias que se han ido y, como las oscuras golondrinas de Bécquer, jamás volverán. Sin embargo, mejor esperamos al primero de julio, después de todo somos historiadores, aun cuando ello, no impedirá alguna acometida por no haber rendido pleitesías.

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Añadido (1) Esperemos que algún día quien estuvo ahí, en aquella noche-madrugada del verano de 1988, le narre a sus lectores lo que vio, oyó y vivió entonces. Nada tiene que ver con las relatorías inventadas por aquellos que cuentan la historia de oídas, por versiones de terceros o porque creen versiones como la que les presenta el que ya olvidó (¿?) los días en que demandaba a la oficina gubernamental, contra la que hoy arremete, le pagara las notas de la gasolina que consumía, como si se tratara de una Suburban, su Volkswagen. Esos recursos, le eran vitales para poder continuar con su “lucha” por la democracia.

Añadido (2) Por un momento, llegamos a creer que presenciábamos una escena de una película coloreada, las originales eran en blanco y negro, en las cuales se reproducía el momento cuando en las vecindades las damas salían a lavar las ropas. Nos equivocamos, era el debate entre los candidatos al gobierno de la CDMX. Solamente faltó que volara un jabón zote y el contenido de la cubeta.
16 Junio 2018 04:00:00
Continuamos con la perspectiva del estadista respecto a la crisis mundial de entonces / b de b
Abordar temas de situaciones del ayer, aun cuando por momentos pareciera que son de actualidad, pudiera generar que se tache a quien lo hace de desfasado o bien nostálgico del tiempo ido.

Ese no es el caso de este escribidor quien cuando lo efectúa busca en cada uno de los tópicos las lecciones que puedan ser de utilidad para las situaciones actuales bajo la premisa de que nunca será factible tratar de instrumentar a rajatabla las recetas que dieron resultados positivos bajo otras circunstancias y/o escenarios. Recurrir a ello es un error que nada bueno deja.

Asimismo, no se puede ir a otra ocurrencia muy socorrida como es el juzgar el pasado a la luz de los eventos de la actualidad, pues ello irremediablemente nos llevara a conclusiones falsas.

Tomando en cuenta esto, procedemos a presentar la fracción segunda de aquella entrevista que el estadista mexicano, Plutarco Elías Calles otorgó a el diario El Nacional en 1933 y cuya parte primera expusimos en este espacio hace una semana. En esta ocasión, el tema versa sobre que utilizar como patrón monetario, ¿el oro o la plata? Vayamos al análisis manteniendo en mente que fue efectuado entonces en medio de la Gran Depresión.

El sonorense daba inicio indicando que hasta ese momento todos los esfuerzos habían sido inútiles para mejorar la situación económica agobiante; por el camino seguido vamos seguramente al más tremendo fracaso universal, a la catástrofe más trascendental de la vida económica del mundo, porque los cuerpos legislativos , los jefes de Estado y muchos de los que pudieran ser directores de los pueblos, no entienden la realidad, o si la entienden le tienen miedo, o están demasiado apegados y tienen demasiado respeto y reverencia a los sistemas establecidos, por más que los hechos y la realidad de la vida estén comprobando con luz meridiana, que estos sistemas son ya un completo fracaso. En plena carrera y con vuelo don Plutarco no se detuvo y continuó con su diagnóstico de los males y por qué aquejaban al planeta. Así, nos indicaba que pareciera, pues, que faltan en muchos de los pueblos que van a la cabeza del mundo, líderes con la templanza de alma suficiente y con el respaldo moral y político necesarios para enfrentarse con sus terribles problemas, porque ya es tiempo de hacerlo, dado que las grandes multitudes hambrientas del presente no pueden seguir esperando, ni soportar más esta situación económica que está pesando sobre la humanidad causándole terribles sufrimientos. Aquí cabe hacer una reflexión respecto a los resultados reales de las políticas empleadas en aquel entonces.

Contrario a lo que históricamente se nos ha vendido, no fue el New Deal, ni la pláticas a un lado de la chimenea lo que vino a resolver el problema económico generado por la Gran depresión. Si bien debemos de reconocer que Franklin Delano Roosevelt mantuvo con vida al paciente, no fue mediante su sopa de letras, como eran denominados cada uno de los cincuenta mil programas que creo. De hecho, la crisis se agravó porque el neoyorkino desoyó al presidente saliente Herbert Clark Hoover y no quiso apoyarlo para iniciar antes de su toma de posesión un programa de emergencia para evitar que los males se esparcieran con mayor daño sobre la población. Roosevelt prefirió jugar a la política y esperar unos meses hasta que tomara el cargo para presentarse como el gran salvador, a pesar de que en las circunstancias bajo las cuales se vivía no digamos ya meses, sino cada día era importante hacer algo para evitar el desastre. Lo que finalmente sirvió para reactivar realmente la economía estadounidense fue el involucramiento estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Si, ya sabemos que mencionar esto puede provocar que se nos tache de cualquier cosa. Sin embargo, a quien lo haga lo invitaríamos a revisar el proceso histórico y las cifras más allá del simplismo maniqueísta o bien de lo que nos han vendido los que acostumbran contar la historia en retazos tergiversados conforme a sus intereses muy particulares. Pero retomemos las palabras del ya para entonces ex mandatario mexicano.
Ahora, entraba al análisis monetarista y nos indicaba que como señal inequívoca del tremendo fracaso del ‘standard de oro” en el mundo, fracaso que puede ser o que es un indicio de la bancarrota total del sistema económico capitalista, cuando menos en la forma en que hasta ahora ha venido función ando, tomaremos como ejemplo uno de los pueblos que por muchos años ha vivido en la prosperidad, que ha sido y es justamente respetado por su organización y su fuerza económica y donde el “Dios oro” se está derrumbando: Los Estados Unidos de Norteamérica. Tras de ello, procedía a proporcionar datos concretos al respecto.

Iniciaba por indicar que la totalidad de oro en los Estados Unidos [en 1933] es de cuatro mil trescientos millones de dólares. Existen, además, quinientos millones en moneda plata (pesos fuertes) en las cajas de la Tesorería Federal, con solo un valor en metal de ciento veinte millones de dólares, de lo que resulta, como conclusión lógica que como garantía efectiva hay un total de cuatro mil cuatrocientos veinte millones de dólares que responden por obligaciones en oro con un total de ochenta y dos mil trescientos millones de dólares, provenientes por depósitos del pueblo americano en los bancos, obligaciones y deudas internas del Gobierno Federal y por otros renglones de menor importancia. Es cierto, también, que debe tenerse presente que existe, adicionalmente, la garantía que da el crédito oral, la estabilidad y el prestigio del gobierno; pero no hay que olvidar que estos valores -como se ha visto tantas veces en la historia del mundo- son aleatorios en la vida de los pueblos y pueden quedar nulificados por trastornos de orden político, o por sacudimientos de orden social, fenómenos ambos que tan fácilmente se desencadenan cuando hay colectividades hambrientas azotadas por las miserias. Esa situación de los Estados Unidos, con ligeras variantes, es la misma en Inglaterra y en otros países de primera fila. La situación del resto del mundo es aún más delicada. Tras de su sustentar su análisis con cifras, continuaba a mostrar porque, en su opinión, era necesario pasar del patrón oro al patrón plata.

Indicaba que los hechos que había anotado eran un verdadero peligro para la estabilidad del billete, del papel moneda, sin garantía leal y efectiva en metálico, y es por todas esas razones por lo que en la tremenda crisis en que nos encontramos se tiene el deber de ser previsor y volver a la plata , paso que en mucho ayudara a resolver la situación aflictiva, a más de tomar otras medidas de orden económico y social que son necesarias, y no esperar que un movimiento de carácter revolucionario, que puede ser anárquico, conduzca a mayores males. Entre estos mencionaba los que a su parecer lo eran.

Enfatizaba que el nivel de los precios cada día hace más difícil la producción, cada día también se dificulta más el pago de las deudas publicas y privadas. El abuso del crédito ha alcanzado tan grandes proporciones que no será posible realizar el alza de los precios por medio del papel moneda o de los demás instrumentos de crédito -muchos de ellos ya muy desprestigiados- y así es que siendo insuficiente el ‘stock de oro’ y no habiendo posibilidades de aumentarlo con la rapidez que el caso lo requiere, los pueblos tienen por su propia voluntad y como resultado de un análisis juicioso de la situación, que utilizar el metal plata para moneda, metal que el mundo produce en condiciones adecuadas al consumo. Acto seguido, Elías Calles daba una muestra de estar consiente hasta donde llegaban sus limitaciones cal saber en donde se tomaban ese tipo de decisiones y quienes habrían de dictar las medidas para instrumentarlas.

En el contexto anterior, el ex presidente apuntaba que le parecía inútil entrar en detalles respecto a la forma en que deba de hacerse la rehabilitación de la plata como moneda, por no ser esta la ocasión para particularizar; pues establecer la relación fija que debe tener con el oro, la ley que deban tener las monedas, las medidas de carácter legislativo que deban dictar los gobiernos para la rítmica acomodación del sistema monetario, son cosas que no pueden escapar a la penetración de aquellos a quienes competa resolver este asunto, ya sean los conferencistas de Londres, si esa reunión se lleva a cabo con todo éxito como lo espero, o los cuerpos legislativos de los países que se resuelvan a rehabilitar la plata como moneda obrando aisladamente. Sin embargo, el reconocer sus limitantes no le impedía emitir una opinión sobre cuales podrían ser los beneficios de adoptar el patrón plata.

Por ello, señalaba que solamente haría hincapié en los beneficios que, desde su concepto, la rehabilitación de la plata como moneda traerá al mundo: Aumento de los precios de las mercancías al aumentar la moneda en circulación, incrementándose la producción en paralelismo con el aumento de la moneda. Rehabilitación de la economía de los pueblos orientales, por el crecimiento del poder adquisitivo, restaurando el comercio con dichos pueblos y poniéndolos en condiciones de mejorar ente ellos el ‘standard de vida’ por elevación de los salarios de los trabajadores, despertando en estas mayores necesidades, convirtiéndolos, en una palabra, en mayores consumidores. En base a este análisis afirmaba que China, la India, volverán a un periodo de prosperidad que descansa en el talón plata y serán grandes compradores de los países industriales, los que podrán trabajar a mayor capacidad. El mismo fenómeno se producirá en otras muchas naciones, podríamos decir, en las dos terceras partes del mundo. Aquí se equivocó el estadista, muchísimos años después, recuperación su poderío económico basados no en la compra, sino en la venta, jugando el papel aparente de partidarios del mercado libre, aun cuando en realidad lo único que han hecho es aprovecharse de las circunstancias y las debilidades de las potencias para inundarlos con sus productos, sin que haya de la parte china reciprocidad a la hora de las adquisiciones. En lo que definitivamente tenía razón era en el hecho de que han de crearse economías fuertes que permitan a quienes vivan en ellas ser agentes consumidores derivado esto de un ingreso alto a partir de un incremento en productividad, las elevaciones de salarios basadas en el decreto lo único que terminan por generar es inflación y la consecuente pérdida de poder adquisitivo real a pesar de lo que nos quieran vender los encantadores de serpientes quienes claman que hay que subir los sueldos y salarios como método redistributivo de la riqueza y cuando eso no sucede tienen que recurrir a la ficción que se deriva de poner a funcionar la maquinita y a producir dinero como si fuera papel de aquel en el que antaño se anunciaban las funciones de teatro o circo. Lo que a continuación se presenta debe de recordarse era emitido en el contexto de un mundo que ya no es el nuestro, pero que entonces tenía mucha razón de ser.

Conforme a la perspectiva del sonorense, la minería mundial entraría en actividad -si se tomaran las determinaciones propuestas- reduciendo el costo de otros metales, como el plomo y el zinc, que son necesarios para la vida de los hombres, dando ocupación a miles de asalariados que en la actualidad se encuentran sin trabajo. Tal vez serian millones los que se ocuparían en las minas, las fundiciones, ferrocarriles, etc.; y estos trabajadores al duplicar o triplicar su capacidad de consumo, darían ocupación a otra legión de hombres que laborarían en los campos y en las fábricas para proveerlos de sus necesidades.

Con todo lo anterior, se facilitaría una firme regularización de los tipos de cambio internacionales, que evitaría tantas variaciones repentinas provocadas por la avaricia de los banqueros especuladores. Se facilitaría igualmente, el que algunos países que han Abandonado el talón oro lo restablecieran complementándolo con el apoyo de la plata y, en una palabra, el mundo marcharía hacia una situación normal, encontrando facilidades para el establecimiento de un equilibrio razonable entre la producción y el consumo mundiales. Sin embargo, apuntaba, no creo que la cuestión de la moneda sea como antes dijes, el único factor que ha producido la actual situación deprimente que sufre la humanidad. Hay muchos problemas de carácter político y social que hay que atacar y atacar con firmeza, hasta alcanzar resoluciones firmes. Bajo esa premisa concluía.

La humanidad necesita nuevos derroteros y descansar sobre una organización más justa, para que no sea un grupo de privilegiados los que tengan en sus manos los destinos del mundo, acaparando su riqueza. Hay que tener también muy presentes los valores espirituales, pues mientras los intereses materiales sean la única norma que guíe a los hombres, la tranquilidad de ellos en la vida y la paz de las naciones serán una mentira. Ni quien dude que esta reflexión última del estadista Elías Calles contenga un alto grado de verdad. Sin embargo, en el mundo real a través de los siglos nunca ha sido la espiritualidad la ha normado las relaciones entre los pueblos. Ni siquiera quienes venden eso como su divisa la llevan a cabo en la práctica. En lo que sí estamos totalmente de acuerdo con el estadista mexicano es que es para poder crear riqueza en los pueblos es necesario generar empleos bien remunerados basados en la productividad, lo cual permitirá estar en condiciones de que los productos elaborados puedan competir en los mercados externos y a partir de ahí buscar mejorar las condiciones del intercambio lo cual debe de realizarse bajo los principios más cercanos a la equidad, al tiempo que los pueblos deben de abocarse a desarrollar sus economías conforme a sus circunstancias, entendiendo sus fortalezas y debilidades para a partir de ahí poder enfrentar la competencia externa bajo el principio de que allá afuera no hay hermanos de la caridad y nada de quererse vender como víctimas para lograr beneficios, los cuales nadie los regalara.
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Añadido (1) De pronto los seis de los siete miembros del denominado G 7 nos salieron con amnesia histórica y rechazaron que Rusia fuera parte del mismo por su belicosidad externa. Al parecer los siete olvidaron que detrás de ellos hay un pasado de coloniaje, depredación e intervención que los coloca al mismo nivel de aquel a quien ahora segregan. La hipocresía y el arrepentimiento falso es la divisa de quienes hoy se dicen puros y castos.

Añadido (2) Mas tardó doña Ángela en regresar a Alemania en que le recordaran que su liderazgo estaba sostenido sobre un par de palillos de dientes. Su empecinamiento en la apertura indiscriminada de fronteras tiene hartos no solamente a sus aliados radicales de ocasión, sino a un amplio sector del pueblo alemán que ya no quiere andar haciendo actos de contrición por lo que vivieron durante el tiempo en que fueron dominados por aquel originario de un estado vecino del sureste.

Añadido (3) Creer que los chamacos se van a convertir en científicos porque les dan una tablet o que el campesino mexicano anda en la mitad del campo con su iPod consultando el mercado de futuros de Chicago para ver qué semilla avienta al surco es una muestra amplia de como algunos viven desfasados de la realidad de este país.

Añadido (4) Al ver tanta necedad, repetir una y otra vez lo mismo, no pudimos evitar que a nuestra mente viniera la imagen de un borracho de piquera o, como dirían los políticamente correctos, de aquel que estaba un poco alegre y el ambiente del bar lo había contagiado.
09 Junio 2018 04:00:00
La opinión del estadista sobre la crisis económica mundial de entonces / a de b
Mientras que la abrumadora mayoría de los comentaristas nos proveen un día sí, y otro también, con su perspectiva, fundada o no, sobre lo maravilloso que es el candidato de su preferencia y lo malvados y corruptos que resultan los otros, a la vera de ellos nos encontramos quienes no tenemos “gallo en este palenque”. Entre quienes conformamos este último grupo, muy reducido en cuanto número, pero no en lo concerniente a contenido, algunos prefieren analizar las diversas perspectivas político-filosóficas y otros nos vamos a dar una vuelta por la historia.

Por supuesto que quienes optamos por esto último no podemos olvidar aquellas palabras que, en nuestros lejanísimos años de adolescencia, nos dijera una condiscípula, recordada gratamente, “no me gusta la historia por que es muy aburrida”. Si en el ayer no compartíamos esa perspectiva, en el hoy tratamos de aportar nuestro esfuerzo para que los relatos del pasado no causen la impresión que entonces provocaba la reticencia mencionada. En ese contexto, mientras dilucidábamos el tema sobre el cual escribiríamos en esta colaboración, nos encontramos un texto que, algo nada extraño, conforme a nuestra ignorancia vasta desconocíamos. Apareció publicado originalmente en el diario El Nacional en 1933, posteriormente fue reproducido en la Colección “México Actual”. - Num. 6 elaborada por la Secretaría de Relaciones Exteriores. Y, en una edición facsimilar, lo editó la Escuela de Economía de la UNAM en 1989. El título del artículo era “La rehabilitación de la plata como moneda,” y estaba firmado por el estadista Plutarco Elías Calles. Bajo la premisa de que no habremos de entrecomillar los textos, pero los plasmaremos tal y como se escribieron originalmente, vayamos a la parte primera de esta pieza que aun cuando fue generada en el entorno de la crisis de 1929, por momentos recobra una actualidad que debería de hacernos reflexionar.

El estadista mexicano, constructor del edificio que albergaría al estado mexicano moderno, iniciaba su reflexión señalando que la crisis económica mundial que comenzó a dejarse sentir desde el otoño de 1929, lejos de ir decreciendo, va aumentando día a día sus desastrosos efectos, que se traducen en el cierre de fábricas, en el abandono del trabajo de los campos, en millones de seres sin trabajo que no cuentan ni con los elementos más indispensables para satisfacer las necesidades de la existencia; en la baja del “standard” de vida del resto de la población mundial que aun tiene ocupación, pero que la conserva con sueldos reducidos… Acto seguido, el antiguo maestro de escuela primaria externaba una crítica hacia los líderes mundiales.

Mencionaba que los conductores de los pueblos, los estadistas, los financieros, los economistas, habían demostrado una cobardía absoluta para enfrentarse resueltamente con un problema que en forma tan seria está afectando los intereses de la humanidad; y la política que han seguido los países, ha sido una política absurda de retraimiento, con la pretensión de encerrarse dentro de sus fronteras, estableciendo todo tipo de trabas y dificultades al libre comercio internacional, cuando deberían estar convencidos esos economistas, financieros y estadistas, de que el problema no puede resolverse por el esfuerzo o la actitud de un país obrando aisladamente, sino que se necesita de la cooperación internacional para obtener la realización de acuerdos y puntos de solución que la realidad de la vida indique, y que todos deben aceptar para llegar, no a paliar la situación, sino a resolverla con todo valor y buena fe. Aquí esta un ejemplo de cómo quienes dicen querer volver al pasado ni siquiera lo conocen y mucho menos lo entienden. El estadista que edificó el estado mexicano moderno tenía una visión bien definida de lo que era el mundo del futuro. No presumía de globalista, el término ni siquiera existía, pero claramente entendía que los sistemas cerrados no llevaban a ningún lado, la cooperación internacional y la negociación entre las naciones era la alternativa para resolver los problemas que entonces ya pintaban para aterradores. En ese contexto, retomemos al texto del sonorense.

En el cuerpo del mismo, expresaba su esperanza de que los líderes hubieran comprendido la situación y escribía que afortunadamente parece que los fracasos que en la solución de esta situación han tenido y están teniendo los países -por seguir ese camino de egoísmo que hasta el presente han tomado como norma, pretendiendo cada pueblo mejorar su situación aislándose de los demás, - han traído como consecuencia la formación de una nueva corriente de orientación. En efecto se va a celebrar en breve, en Londres, una conferencia económica internacional, conferencia a cuyo carácter de ‘económica; agregaríamos nosotros; ‘y monetaria,’ para que allí, con un concepto de cooperación mundial, se vaya a estudiar la actual situación de crisis y a buscar los medios eficaces para resolverla, tomando medidas de aceptación universal que trasformen el estado de miseria del mundo, de inactividad, de falta de trabajo, en un estado de prosperidad; estado en que la actividad de las fábricas, la del campo y la de todas las fuerzas humanas, entrando en acción, consiga rehabilitar la producción y restablecer la vida normal de esta humanidad que tantos dolores está sufriendo. Que conste, don Plutarco no hablaba de llegar a acuerdos para firmar tratados, ya fueran bilaterales o multilaterales, a lo que se refería era a la acción conjunta de las naciones para resolver la crisis que día con día se agudizaba. A partir de ahí, emitía diversos considerandos sobre los temas que posiblemente se trataran en la reunión mencionada.

En ese contexto, apuntaba que en dicha conferencia tal vez surjan discusiones sobre las deudas intergubernamentales procedentes de la guerra, la cuestión de las tarifas que tan justamente han preocupado a los pueblos, las trabas y dificultades que se han puesto al comercio internacional, así como otras medidas que esos mismos pueblos han adoptado tratando de nivelar su balanza comercial. Estos puntos, indiscutiblemente y en virtud de la nueva orientación que se está tomando, me parece a mí que serán considerados simultáneamente…A este respecto, pareciera que el estadista mexicano reseñaba la agenda a tratar en la reunión próxima del G7 que se inició el día de ayer en Quebec, Canadá. Aunado a ello, había otro aspecto que Elías Calles consideraba que se prestaría atención preferente, en la reunión de entonces no en la de ahora, era a la cuestión monetaria.

Y las palabras que a continuación reproduciremos, escritas por el ya para entonces Jefe Máximo, deben de revisarse con la percepción clara de cuales eran las circunstancias que entonces prevalecían en el mundo. Antes de ir a ellas, como nuestro amigo el economista Guillermo Robles Martínez Guizar nos lo sugirió, porque ni modo de que vayamos a presumir de que todas nuestras lecturas son producto de una búsqueda profunda e intensa, les recomendamos que revisen la obra escrita por el economista estadounidense, John Kenneth Galbraith, El Dinero (1979), en cuyo Capítulo XII, “La Inflación Final,” se hace un análisis excelente sobre el patrón oro y sus efectos en Europa durante la década de los 1920s. Podrán parecernos lejanos aquellos tiempos, pero las lecciones que de ahí emanan no son para tirarse al olvido. En ese contexto, quien fuera Presidente de México entre 1924 y 1928, indicaba que todos creemos que en esa conferencia llegarán los representantes de los pueblos al convencimiento de que, careciendo el mundo de la cantidad de oro que se necesita para la vida industrial y comercial de las naciones, así como para el desarrollo de su economía, estas tendrán que volver sus ojos a la necesidad de revalorizar la plata como moneda. Esta idea se va arraigando entre los banqueros, economistas y estadistas que han podido librarse de la influencia malsana de los grandes acreedores, o mejor dicho, de los grandes especuladores, que en perfecto acuerdo trabajan en las principales capitales del mundo: Londres, Nueva York, parís, Berlín, etc., para hacer fantásticas fortunas por medio de combinaciones financieras nada morales y a costa del bienestar de las grandes masas. Un comportamiento como este ha sido la constante entre quienes operan los mercados en los sitios indicados, nada de que sorprenderse, ni ayer, ni hoy. Pero en el entorno de ese pretérito era donde se generaban las palabras del político mexicano, algo que siempre debemos de tener presente cuando juzgamos eventos del pretérito, las circunstancias en que se generaron en su momento son totalmente distintas a las que se viven hoy en día.

Bajo esas circunstancias, indica que si en la conferencia a la que se venia refiriendo llegara al acuerdo de rehabilitar la plata como moneda, creo que entre otras medidas que se tomarían, se dictaría como primordial la de suprimir de la circulación todo papel moneda de dos unidades: digamos, por ejemplo, de dos dólares abajo, pues en los Estados Unidos circulan cientos de millones de billetes de uno y de dos dólares; en Francia circula una enorme cantidad de billetes de cinco, diez, veinticinco y cincuenta francos, y así sucesivamente en todos los países. Esto desde luego, traería como consecuencia la necesidad de emplear una gran cantidad de plata y el alza inmediata del metal argentífero. Pero antes de continuar con los asuntos monetarios, el fundador del Partido Nacional Revolucionario (PNR) hacía una reflexión sobre los adelantos tecnológicos.

Nos decía que la ciencia de la producción de la riqueza ha dado pasos gigantescos en estos últimos tiempos, al grado que los tecnócratas [ya vemos que la palabrita no es invención de ningún contemporáneo como algunos quieren hacernos creer, aun cuando la acepción que don Plutarco le daba al termino pudiera resultar distinta a la que hoy se le da] se alarman por el porvenir; temen que el maquinismo desaloje al hombre y lo condene a la miseria; y es esto porque se ha descuidado estudiar la otra ciencia complementaria de la producción; la ciencia que establezca la sabia circulación y justa repartición de la riqueza producida. Como iniciación en este camino hay que rehabilitar el poder de consumo de los pueblos, ayudándolos a revalorizar sus productos, y, por ende, a rehabilitar su moneda. De ahí pasaba a realizar un análisis breve sobre la situación de varios países y su relación con el uso de la plata como moneda.

E iniciaba apuntando que, como se sabe, hay muchos países que tradicionalmente han tenido como moneda la plata, y que en la actualidad no la usan, ya sea que estén prescindiendo de ella por la depreciación del metal o bien por encontrarse en situación económica difícil. Estos países, de dictarse las medidas que dejo apuntadas, volverían a su vieja moneda, a la que le tienen confianza y cariño y con la que han formado riquezas y alcanzado bienestar; y el poder adquisitivo de estos pueblos, entre los que podemos citar la India, la China, los países de la América Latina y algunos otros europeos, quedaría rehabilitado, provocando esta acción un aumento del comercio internacional al alza del valor de las mercancías; y esto produciría un mayor consumo de materias primas, la rehabilitación de las fábricas con el empleo consiguiente de un gran número de trabajadores, y, por último, el mejoramiento y la estabilidad de los cambios internacionales… Hasta ahí concluía la parte primera de la entrevista realizada al estadista Plutarco Elías Calles.

Como es factible observar a lo largo del texto, quienes a lo largo de los años se han dedicado a denostar al constructor del estado mexicano moderno tachándolo de fariseo, comunista y persona de escasa luces intelectuales, lo único que demuestran es su amplio desconocimiento a la concepción bajo la cual nació el modelo político-económico que permitió a México crece y desarrollarse a lo largo del siglo XX. Ni siquiera son capaces de llegar a comprender que la propuesta de los hombres del norte nada tenia que ver con el estatismo aberrante. Ni mucho menos planteaban la exclusión de tal o cual sector productivo. En la construcción de la economía que ellos proponían, los sectores productivos tenían asignado el papel que les debe de corresponder.

El de ellos era un sistema en que al campo se le consideraba un ente generador de riqueza y no en un pozo sin fondo de ayudas asistenciales. A la vez, se planteaba contar con un sector empresarial, no uno rentista de negocios, que generara los bienes y productos requeridos que no solamente fueran capaces de satisfacer la demanda interna, sino que pudieran competir en los mercados internacionales. Ellos, los generadores del Estado mexicano moderno, no apostaban a modelos de economías cerradas, sabían que la interrelación con el resto del mundo tendría que darse, pero también estaban consientes de cuales eran nuestras fortalezas y debilidades, mismas que operaban en el contexto del nacionalismo pragmático y no bajo la premisa maniquea en donde todos los demás eran malvados y nosotros los bondadosos. Pero sobre todo, no apostaban a un modelo asistencialista como base para fincar el futuro del país. Por ello, quienes dicen que quieren retomar el pasado lo único que demuestran es su amplio desconocimiento de las raíces del estado mexicano moderno y lo que es peor, no son capaces de entender todo lo que aquello llevaba en su esencia. Pero peor que estos son los que niegan que el modelo surgido estado mexicano moderno, con todos los errores que tuvo, funcionó y fue capaz de mejorar las condiciones de vida de la población. Que conste nunca afirmamos que fuera el modelo perfecto, que no tuviera fallas y mucho menos vamos a negar que hay un sector que no ha podido superar las carencias, pero para hacer que este sector prospere no lo vamos a lograr mediante el “pobretismo”, disfrazado de asistencialismo social, en donde la dádiva no genera beneficio alguno sino simplemente un clientelismo político aberrante que nunca habrá de sustituir a la inversión productiva como fuente generadora de riqueza.

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Añadido (1) Cualquiera que haya cursado y aprendido correctamente sus lecciones de estadística sabe que de haber presentado un trabajo similar al que se realiza en las encuestas publicadas, en cualquier universidad seria, lo reprobaban.

Añadido (2) Ya apareció la cofradía de la vela perpetua, con todo tipo de vestimentas, demandando castigo para los panboleros quienes, conforme a su idiosincrasia ya conocida, se fueron de fiesta con damitas de reputación bien conocida. ¿En verdad quienes andan de persignados no temen que alguien vaya y les saque del clóset los esqueletos que ahí guardan?

Añadido (3) ¿Habrán cambiado ya su perspectiva quienes perennemente han calificado a los asociados con esa empresa de comunicación de estar hechos con un material amarillento-cafesoso o, simplemente, mientras lograban la purificación espiritual, fueron procesados con un componente similar al tiempo que eran asimilados como parte de ella?

Añadido (4) Todos andan sobresaltados por la ola de suicidios que se han generado entre gente famosa, mientras los mismos medios masivos que, en México y los EUA, dan las notas sobresaltados han ignorado un trabajo recientemente publicado por una científica mexicana, ella sí real no de las de folletín que aquí inventan, en el cual se encuentra la respuesta al porque de eventos como los que hoy ocupan los titulares de los medios que a toda costa evitan dar a conocer cosas que podrían inquietar a sus lectores. Pero ya sabemos, deja más la venta de alarma que el proveer con información responsable.
02 Junio 2018 04:00:00
No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
El sol se resistía a ceder su brillantez, pero sabedor estaba de que en unos momentos daría inicio su declinar diario. Sucedió hace muchísimos años, eran apenas los días primeros del mes con el cual llega el verano. Un grupo de jóvenes estaban a las puertas del recinto religioso, tenían que cumplir con aquel ritual no escrito, pero que era parte del ceremonial instituido en el proceso de fin de estudios. En ese grupo pequeño, apenas eran diez, uno de ellos se encontraba ahí simplemente por no querer aparecer, una vez más, aislado del resto. Tras de realizar el recorrido tomaron sus asientos, en fila primera, distribuidos equitativamente en dos grupos a los que separaba el corredor que culminaba en el altar. Al dar inicio la liturgia, aquel joven, formado en el seno de una familia liberal, en el sentido político-religioso del vocablo, recordó que en los últimos cinco años apenas por una segunda ocasión acudía a ese ritual. Y así, trascurrió todo el ceremonial hasta el momento en que el oficiante llamó a la toma de la comunión. Ocho de ellos acudieron prestos a realizar, como usualmente lo hacían, lo que sus muy respetables y personales creencias les indicaban, un noveno mostraba que la postura vociferada durante un lustro era palabrería hueca y solícito inclinaba la testuz. Mientras tanto, el otro miembro del grupo permanecía erguido, existe constancia grafica de ello, sabedor que las miradas se fijaban sobre su espalda. Sin embargo, no iba a cambiar en ese momento su postura, misma que estuvo a punto de tener consecuencias mayores, pero en ese momento no lo sabía, simplemente actuaba conforme a su ideología que había sido cimentada en aquella institución educativa. Y mientras observaba aquello llegaron a su mente de manera intermitente las imágenes de todo lo vivido durante el lustro anterior. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras observaba a quien postrados de hinojos esperaban a que el sacerdote terminara todo el ritual para que bajara a repartirles las hostias, el joven recordó como había llegado ahí por puro accidente y desconocedor de lo que realmente era aquella institución que se anunciaba como apolítica y aconfesional. Si fue a parar en ella se debió a que las instituciones públicas aun vivían las secuelas del desorden que generaron los ganadores a rio revuelto. Y como su padre conocía que el joven no era de carácter dócil y en una de esas se enganchaba en asuntos políticos, no quiso que se fuera a repetir la historia de otros familiares que acabaron siendo ni lo uno, ni lo otro. En esa búsqueda, alguien le recomendó esa institución en donde imperaba la disciplina y el nivel académico era “muy bueno” y allá lo envió. A ello, tal vez, contribuyó que una de las ramas familiares provenía de aquellos rumbos. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Era la segunda quincena del mes en donde entonces los aguaceros vespertinos eran la norma. La mañana estaba soleada y por vez primera llegó al lugar para acudir a clases. Para abrir boca, la primera sesión que atendería sería una de matemáticas que tomaría junto con estudiantes de ingeniería. Desconocedor de la distribución del sitio, echó a caminar a ver si por pura suerte se topaba con el lugar asignado. En el trayecto, se encuentra con un joven de espejuelos quien lucía como que desafiaba las estrictas normas que prohibían que el cabello rozara el cuello de la camisa y le pregunta si sabia en donde estaba aquello. La respuesta es afirmativa y al iniciar la charla encontraron con que iban hacia el mismo espacio y además cursarían carrera similar. Al terminar esa clase, pasaron a tomar el resto de las materias asignadas para ese día. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras veía elevarse el cáliz, recordaba que durante el trascurrir de los cinco años, el grupo llegó a ser integrado por dieciocho jóvenes. Y dio comienzo al repaso de cada uno de ellos, inició por los que no habían llegado hasta ese día. Uno era centroamericano quien tras el sismo ocurrido en su país ya no regresó. El segundo era un “churumbelito” quien por razones familiares abandonó pronto el barco. Un tercero, cargando tantos apellidos como su humanidad voluminosa, decidió que mejor se ocupaba de las joyas que vendía su familia y dejó la escuela. El cuarto proveniente de los rumbos donde Rulfo narra que manda el espíritu del cacique, un buen día dijo que ya no le interesaba estudiar y retornó a manejar el comercio de su familia. Un quinto era tan enigmático como el tamaño de su bigote y así como llegó, se fue. El sexto habría de convertirse en la aportación fatídica que cada generación otorgaba puntualmente. Un séptimo, simpático como el solo, simplemente no estaba diseñado para andar en los fragores académicos y, convencido de ello, regresó a su tierra. El octavo era un narrador de historias fantásticas, que su paisano se encargaba de dimensionar, quien le agarró tanto cariño al sitio que decidió permanecer un año más por ahí.

La decena que comparecía ese día estaba integrada por dos damas y ocho aspirantes a caballeros. Como manda el Manual de Carreño, iniciemos con ellas.

Una acostumbraba decirles a las cosas por su nombre y actuaba en consecuencia.

La segunda cargaba un apellido de raigambre por los rumbos y eso le pesaba mas de lo que podía aparentar. Ambas, eso sí, dedicadas al estudio. El octágono restante lo integraban un par quienes eran parientes y fueron a estudiar con el objetivo definido de que, al terminar, habrían de dedicarse a los negocios de la familia, lo cual hicieron con éxito de sobra. Un tercero, quien no era mal estudiante, tenía como característica principal ser proclive a traicionar hasta el que estaba al otro lado del espejo. El cuarto, simplemente iba a la escuela a pasar el tiempo, a la fecha es un misterio como fue capaz de graduarse. Un quinto era un fanático de su lugar de origen al cual le atribuía maravillas, además de declararse comunista. El sexto, muy buen estudiante, era amigo de todos y se caracterizaba por la franqueza. Un séptimo proyectaba una imagen de joven sabio rebelde, la cual respaldaba con resultados académicos que le permitieron ser el mejor del grupo. El octavo, era aquel joven liberal que entonces repasaba el pretérito y quien durante cinco años tuvo como actividad principal enfocarse a los asuntos escolares. A lo largo del lustro siempre proyectó una imagen que demostraba porque no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras observaba como el clérigo se pertrechaba de un número suficiente de hostias que bajaría a repartir, el joven liberal recordaba cuantas veces hubo de acudir a las sesiones en donde el objetivo final era el adoctrinamiento. Pronto, se enteraría que los dos estadistas eran presentados en ropajes similares al usado por Lucifer y de que los comunistas pululaban por todos lados. En una ocasión para guarecerlos de que fueran a pecar de obra y espíritu, los llamaron en un día inhábil para que no fueran a cometer el pecado de irse a asomar y ver pasar al líder socialista sudamericano. En el paquete de herejes, lo mismo incluían a quien entonces era el CEO de la añejísima institución, en uno de cuyos sitios se encontraba ese día, hasta aquel quien entonces era el conductor del noticiero televisivo más importante. Pero todo eso podía hacerlo a un lado, estaba ahí para formarse académicamente y lo demás pues a guardárselo para una ocasión mejor. No le quedaba duda de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Al ver que el sacerdote bajaba a repartir lo que para los creyentes simboliza el cuerpo de Jesucristo, vino a su mente que sus maestros cumplían las expectativas, ni duda cabía, bueno excepto uno con quien se encontró al principio de la carrera. Aparte de exhibir carencia de conocimientos, los cuales justificaba llamándolos “trampitas,” un día se puso a despotricar en contra de la materia de estudio. De no haber sido porque otro maestro, un estadounidense, mostraba sapiencia, más de la mitad hubieran tomado otro rumbo. Por supuesto que también se encontraba aquel que era toda solemnidad y el joven aún no olvidaba cuando su compañero con cara de sabio rebelde le criticó cara a cara su forma de dar clases. Había otro par de profesores en proceso de dar pasos hacia estadíos mayores. Uno de ellos les ofrecería a tres de los integrantes de ese grupo quedarse a laborar como profesores al finalizar los estudios, sorpresivamente en ese trio estaba incluido el joven liberal cuyo silencio le había permitido que su ideología pasara inadvertida aun para quienes formaban parte de aquel grupo que acostumbraba reunirse cuando el sol tenía rato de haber declinado. Dos de ellos agradecieron la oferta y el tercero aceptó, meses después, mediante la escasez de honorabilidad que lo caracterizaba habría de apropiarse de un galardón que no le pertenecía. Pero volvamos a los profesores. Del segundo de esos profesores, aun recordaba el día en que se paró frente al grupo lleno de nervios y les impartió lo que sería la primera clase que presentaba. Con el tiempo, ese profesor habría de convertirse en uno de los maestros en la vida profesional de aquel joven liberal quien era capaz de, aun sin compartir ideología, tener una admiración y respeto por otro profesional, su maestro de marxismo. En una de las sesiones de esa materia, sucedió un evento singular. Era impartida conjuntamente con los estudiantes de Derecho y estos eran un poco menos apegados a la rigidez disciplinaria. Así, dado que el profesor era invidente, a uno de ellos, familiar de dos de los integrantes del grupo de diez, se le hizo fácil a media clase ponerse a leer el diario deportivo Esto y mientras se enteraba de quien había anotado el gol más espectacular, de pronto se escucha por el altavoz colocado en la parte superior del aula: “Por favor tenga respeto con su profesor y deje de leer el periódico…” El silencio se apoderó del sitio y hasta la fecha el joven liberal de entonces desconoce cómo se percataron de ello. De lo que siempre estuvo cierto fue que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Al observar que ya se habían repartido a la mitad del grupo las hostias, aquel joven liberal recordó como su relación con la mayoría de los miembros del grupo se concretaba básicamente a las horas de academia. Salvo las veces en que se embarcaron en aventuras panboleras en donde llegaron a disputar una final intrafacultad y aquel partido en donde durante un primer tiempo paró toda la metralla que le enviaron los del equipo de arquitectura que para el segundo lo fusilaron inmisericordemente. Fuera de ahí, la relación era esporádica y distante. Ello le valió que casi al finalizar el último semestre lo declararan, vía voto mayoritario, el tipo más impopular o, como se decía por aquellos tiempos, “el más sangrón” con todo lo que ello implicaba. Solamente uno de los nueve les espetó que estaban equivocados y si lo declaraban eso era por no conocerlo. Él sí sabía quién era, de hecho fue el único quien lo superó en promedio y con quien acostumbraba enfrentar las tareas académicas cuando era necesario realizarlas en conjunto. Era una muestra más de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras se aproximaba el eclesiástico al lugar en donde aquel joven liberal permanecía de pie, recordó las ocasiones en que se enfrascó en discusiones divergentes con alguien, entonces estudiante preparatoriano, quien, años después, llegaría a los linderos del máximo cargo de esa institución religiosa en la entidad, un atrevimiento que le costó la carrera cuando arribó un CEO de la institución quien no compartía su perspectiva. Asimismo, recordaba los sitios en donde había morado a lo largo de esos años. Desde aquella casa de huéspedes en donde conocería a quienes serían sus amigos durante esos años con quienes convivía en las horas fuera de la vida académica y en ocasiones múltiples se fueron a presenciar partidos de panbol. Con el resto de la mayoría de los otros huéspedes mantenía relaciones cordiales, mientras observaba a otros amantes de la meditación quienes acostumbraban subir a la cúpula de dicha casa y aspirar sahumerios que les permitían al día siguiente obtener calificaciones más que notables y que, eso sí, no había fin de semana en que no cumplieran con el ritual religioso. Y en este último entorno, recuerda a un amigo quien nunca dejó de observar las normas de su perspectiva religiosa. El viernes por la tarde suspendía toda actividad hasta el sábado a las seis de la tarde todo era dedicarse a las actividades de su iglesia. Pero apenas anochecía ese día, tomaba camino a realizar visitas sociológicas por rumbos diversos de la ciudad, los cuales conocía muy bien. En una ocasión, invitó al joven liberal a que lo acompañara. Iniciaron por visitar un sitio en el cual predominaba la que entonces era la letra número 20 del abecedario. Tras de tocar la puerta, por una mirilla los vieron y les franquearon el paso. Al parecer aquel amigo era bien conocido por ese rumbo, el joven liberal simplemente se dedicaba a observar, diez pesos en la bolsa no daban para más. De ahí, siguió el tour que sería, como lo mencionamos, eminentemente de carácter sociológico. Bien cierto estaba de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Y se aproximó el religioso al joven liberal, quien seguía a pie firme la liturgia, para convidarle el vino y el pan. Amablemente declinó el ofrecimiento, no sabia que a sus espaldas había alguien tomando nota de aquella herejía. Era un sujeto que desempeñaba el papel triste de ir aula por aula para revisar que el cabello no rozara el cuello de la camisa, que las patillas no fueran a superar el lóbulo de la oreja y que estas se encontraran libres de coberturas capilares. En el grupo de diez había quienes una y otra vez engañaron al inquisidor quien, no sobra decirlo, era limitado de entendederas. Eso, no le impedía hurgar si alguna jovencita no despertaba la lascivia al portar faldas que superaran con creces las rodillas mientras mostraba los encantos femeninos. Pero hablando de radicales, nada como los que el joven liberal se encontró cuando prestaba su servicio militar. Ahí, escuchaba a los retoños de un prominente anticomunista lanzar epítetos para ir a matar a quienes no compartían su ideología, estos también eran devotos cumplidores semanales del ritual religioso. El joven liberal durante un lustro se abstuvo de visitar templo alguno, y vaya que en la ciudad abundaban, era su mecanismo de autodefensa para soportar la andanada ideológica. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Finalmente, concluyó el evento y el joven liberal de entonces salió más fortalecido que nunca sobre su perspectiva ideológica. Durante un lustro pudo cimentarla enmedio del silencio. Han trascurrido muchísimos años y aun cuando no comparte la perspectiva ideológica de esa institución, nunca dejará de reconocer que la enseñanza académica que ahí recibió fue de un nivel de excelencia. En cuarenta y un años, no ha olvidado que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

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Añadido (1) Una de las ventajas que genera el ausentarse por un tiempo de un sitio es que, al retornar, los acontecimientos se perciben de manera distinta.

Hemos encontrado un grado de encono nunca visto en quienes estiman que ya les escrituraron el país y simplemente esperan la fecha, a la par que afilan los cuchillos, para salir a tomar revancha. Eso genera que quienes no comparten dicha postura permanezcan silenciosos y, aun cuando parecen pocos, esperan el momento para expresarse ahí en donde nadie va a ir a fisgonearlos. En ese mismo contexto, existe un consenso general de que nunca se nos había ofertado una baraja tan pobre. Ante todo esto, no queda sino citar a nuestro amigo hidalguense quien con precisión filosófica nos dijo: “…que el G:. A:. U:. se apiade de este país después del 1 de julio...”

Añadido (2) El 25 de febrero de 1994, en el diario El Financiero, se publicaba la columna Indicador Político firmada por el periodista Carlos Ramírez. A la letra se leía: “…el PRI quiere ganar las elecciones con encuestas y no con votos…El problema de las encuestas está determinado por la desconfianza a quien se le pregunta su preferencia electoral y por la capacidad de manipulación de resultados… De todos modos, las encuestas no deben desdeñarse, aunque tampoco proyectarse como la tendencia dominante de las elecciones. Las encuestas reflejan el estado de ánimo de los encuestados en el momento preciso que se hacen las preguntas… Si los candidatos principales se confían en las encuestas, podrían cometer errores de seriedad en la dimensión y alcance de sus campanas…” ¿Seguirá manteniendo una postura similar durante estos días o todo es según del color del cristal con que se mira?
26 Mayo 2018 04:00:00
La bestia, disfrazada de mesías, asaltó el poder…en Alemania / y G
En medio de la crisis económica que vivía Alemania al inicio de los 1930s, se daba una batalla política que se dirimía literalmente a golpes. El grupo que más se beneficiaba de esto era la S.A. o las camisas cafés en donde lo mismo se congregaban golpeadores profesionales que jóvenes aficionados a embarcarse en un pleito por el simple placer de dar rienda suelta a sus instintos. Aunados a estos, aparecían nacionalistas fanáticos y anticomunistas. Para ellos, el nacional socialismo era “una idea, una fe, una religión…” veían la organización del partido como “una forma de transición y a la vez como un medio para reunificar Alemania”. A partir de aquí, revisemos como se da la etapa final de asalto al poder que la bestia austriaca perpetraría.

Por el carácter belicoso de los integrantes de las camisas cafés, eran reacios a acatar órdenes. En agosto de 1930, en Berlín, atacaron la sede del Partido Nacional Socialista. Aparte de la intervención policiaca, llamada para restaurar el orden, fue necesario que Hitler interviniera personalmente. En ese proceso, se dio a la tarea de dejar muy claro que él era el líder máximo de la S.A. para ello, estableció que todos los líderes de ese grupo paramilitar deberían de jurarle lealtad. Aun cuando Hitler mandó llamar de Bolivia a su antiguo jefe, el capitán Ernst Julius Günther Röhm para que actuara como su jefe de asesores en la S.A., lo cual implicaba que se hiciera cargo militarmente de su operación.

Dentro de esta organización, Hitler promovió el fortalecimiento de la SS (los escuadrones de protección) al mando de Heinrich Luitpold Himmler. Todo eso no fue suficiente y, en abril del año siguiente, fue necesario volver a realizar una purga de miembros de la S.A. quienes no terminaban por aceptar el liderazgo absoluto de Hitler quien se valió de la SS para efectuarla. Sin embargo, dada la naturaleza de los miembros de la S.A., no querían seguir el camino encubierto de legalidad que Hitler trataba de venderles, ellos querían acción. Finalmente, valiéndose de las acciones del general Karl Eduard Wilhelm Groener, Hitler convenció a él y, mediante sus acciones lo hizo con los reacios, de que era el hombre que representaba la legalidad. Bajo ese disfraz, otros fueron cayendo rendidos.

A inicios de 1931, la bestia austriaca continuó su proceso de gestación. Fue a atraer para su causa lo mismo a los miembros de la Liga Agraria que a los nobles de Brandeburgo. Tras escuchar a la bestia en gestación, los primeros, dejaron atrás su resentimiento por haber perdido votos ante los nacionalsocialistas y juraron apoyar a estos. Asimismo, miembros de la Liga Pangermana y el Partido Nacionalista se sumaron a la causa de los nazis. Al iniciarse la segunda mitad de 1931, el austriaco acordó con el líder del Partido Nacional Popular Germano, Alfred Ernst Christian Alexander Hugenberg, trabajar conjuntamente para derrocar al sistema de Weimar. A ellos agregaría, en enero de 1932, a los industriales del Rhin y Ruhr quienes impresionados por la verborrea empezaron a enviar sumas considerables hacia las arcas de los nazis. Para finales de 1931, los nacionalsocialistas ya contaban con 800 mil miembros entre sus filas, de los cuales el 38 porciento eran menores de treinta y cinco años. Lo que a continuación trascribiremos es parte de los textos de Carsten y corresponde a eventos de 1931-32, para que después no vayan a acusarnos de que mandamos mensajes con doble propósito, pero si suena actual, pues se trata de un asunto de causalidades.
“La propaganda, mas que la de ningún otro partido, llegó hasta los pueblos pequeños y las mas remotas villas…los clérigos protestantes actuaban como oradores en los mítines. Los nacionalsocialistas, se percataron de que nacionalismo y religión, preferentemente combinados, eran los tópicos más populares, además de los referentes a la desigualdad generada por el sistema”. Lo que permitió a los “nazis convertirse en respetables (sic) fue su nacionalismo intenso, su manipulación de la religión, y el apoyo que les otorgaron los conservadores…” Asimismo, en muchos otros sitios, fue el “odio hacia los socialdemócratas lo que hizo que un gran número de alemanes cayeran rendidos ante los nacional socialistas…” por lo que respecta a las reacciones de los miembros de las religiones diversas, ‘los católicos estaban aterrorizados por el neo-paganismo de los nacionalsocialistas…” su ‘salvador’ Eugenio Pacelli (el futuro Pío XII) aun no los negociaba con la bestia para que vivieran tiempos mejores. En las áreas en donde entre la población había quienes profesaban el catolicismo y el protestantismo, estos últimos eran proclives a terminar adorando los mensajes de los seguidores de la bestia.

En materia de ejercicio del gobierno, a partir de 1930, en Alemania ya no operaba un sistema parlamentario. El presidente, mariscal de campo Paul von Hindenburg se la pasaba emitiendo decretos de emergencia, mismos que después enviaba al legislativo para que se los aprobaran. “El canciller era el líder del Partido Central Católico, Heinrich Bruning cuyo nombre fue sugerido al mandatario por el poderoso general Kurt von Schleicher, quien aparte de ser la eminencia gris del ejército, gozaba de toda la confianza del gobernante”. Esto implicaba que se diera un cogobierno entre el presidente y el canciller con una agravante, el primero era ya un hombre de edad avanzada, 82 años, y se había convertido en un tipo fácilmente influenciable. Además, su periodo gubernamental llegaba a su fin en 1932, y era necesario buscar su reelección. Y aquí empezaron las labores de parto que arrojarían el alumbramiento de la bestia austriaca.
Los nacionalsocialistas decidieron que llevarían como su candidato al sujeto que, en 1932, se acaba de nacionalizar alemán, Hitler, mientras que los comunistas apoyaban a su líder. Por su parte, la derecha y del Partido Central postularon al presidente entrado en años. Con la finalidad de que el austriaco de origen no alcanzara el poder, los socialdemócratas votaron por Hinderburg.

Sin embargo, eso no fue suficiente. En las elecciones de marzo de 1932, no pudo alcanzar la mayoría absoluta, mientras que Hitler obtenía el 30 por ciento. En una segunda vuelta, el presidente obtuvo 53 porciento del total, mientras que el recién germanizado alcanzaba el 37 por ciento y el candidato comunista 10 por ciento. Bajo esta perspectiva, el gobierno quedó en situación muy precaria.
Apenas unos días después de las elecciones, el ministro de defensa, el general Wilhelm Groener expresó sus intenciones de disolver la S.A. que seguía causando disturbios. Posteriormente, se empezaron a manifestar signos de descontento con el general von Schleicher actuando como el vocero de la alarma. La situación llegó al punto de generar una crisis de gobierno evidenciada cuando Schleicher amenazó con una renuncia masiva de los generales mas importantes. Esto tuvo un efecto negativo sobre el gobierno de Bruning cuya relación con el presidente se vio deteriorada. Esto redondeo los planes de Schleicher quien deseaba incorporar al gobierno a los nacionalsocialistas, pero no podría hacerlo mientras Bruning continuará en el cargo. Eso no perduraría por mucho tiempo, el presidente perdió la confianza en su canciller y este terminó por renunciar en mayo. En su lugar fue nombrado el candidato de Schleicher, Franz von Papen. Este procedería de inmediato a buscar como incorporar a los nacionalsocialistas al gobierno. pero para que esto sucediera era requerido disolver el Parlamento y convocar a elecciones. En julio, cuando se efectuaron las votaciones, el partido de la bestia austriaca obtuvo 13.75 millones de votos que le agenciaron 230 diputados.

Los comunistas alcanzaron 89 diputaciones. Entre los dos representaban mas del cincuenta por ciento de las curules. Sin embargo, no se podía formar gobierno.

Después de las elecciones, Schleicher y Papen trataron de atraer a su bando a Hitler mediante una política de cooperación ofreciéndole la vicecancillería y el ministerio del interior prusiano que controlaba la policía. Sin embargo, sabedor de que los vientos corrían a su favor, el austriaco demandó la cancillería, y seis posiciones ministeriales, lo cual era entregarle el gobierno. “…lo que deseaba era el poder total y no una tajada del pastel; y sus seguidores adoptaron una actitud salvaje y violenta como su líder”. Esto los llevaría a sufrir un retroceso en las elecciones de noviembre cuando perdieron dos millones de votos y treinta y cuatro sitios en el Parlamento. Esto también era resultado de que el desempleo había disminuido y parecía que la crisis económica empezaba a retraerse.

A pesar de lo anterior, la crisis política alcanzó a Papen quien demandó al presidente le diera poderes para cambiar la Constitución y gobernar sin el Parlamento. Ello fue objetado por Schleicher quien no deseaba ver al ejercito defendiendo a un gobierno impopular. Al final de cuentas Papen fue obligado a renunciar y, contra su voluntad, Schleicher fue investido como canciller. A toda costa buscó encontrar la forma de negociar con los sindicatos y convertirse en el ‘canciller social.’ Después de fracasar en las negociaciones con Hitler, le ofreció al líder formal de los nacionalsocialistas, Strasser, una posición ministerial. Este renunció a su partido y no hizo ningún esfuerzo por encabezar el grupo opositor dentro del partido, ni aceptó la propuesta en el gobierno.

Inmediatamente, Hitler se dirigió a sus leales y tomó a su cargo las funciones de Strasser. Los nacionalsocialistas atravesaban una crisis grave y pocos veían un futuro brillante. En medio de ello, el 4 de enero de 1933, Hitler y Papen, se reunieron en la casa del banquero Kurt Freiherr von Schröder. Con ello darían inicio los últimos momentos del parto que arrojaría afuera a la bestia. Papen encontró el aliado que le faltaba para cobrarle afrentas a Schleicher, se aliaban los nacionalsocialistas y los nacionalistas. Al enterarse este ultimo de las negociaciones, hizo un requerimiento similar a las de su antecesor, pero tuvo igual suerte, el presidente le rechazó la petición. Lo que Hinderburg deseaba era otro gobierno de Papen, algo a lo cual los generales se oponían. Dos de ellos lo apercibieron de lo peligroso de que se diera una situación así, pero lo que encontraron como respuesta fue la propuesta para que el cabo austriaco se convirtiera en canciller. De esa manera, la bestia austriaca nacería, y estaría lista para asaltar, el poder el 30 de enero de 1933, un día de ignominia en la historia de la humanidad. Pero claro, los alemanes no se percataban de ello.

Esa misma noche, las calles se llenaron de júbilo, como si se hubiese anunciado la llegada del mesías salvador. En cada pueblo hubo fiesta, largas filas de ciudadanos marchaban por las calles portando antorchas. Por horas, muchísimos desfilaron enfrente de la cancillería desde donde la bestia, acompañado por sus mas cercanos, admiraba el espectáculo complacido. Tras de una sucesión de gobiernos débiles, cada vez mas impopulares, Alemania contaba ahora con un gobierno fuerte con un amplio respaldo popular. Sin embargo, aún había un problema por resolver entre los dos partidos ahora en el poder solamente contabilizaron el cuarenta y dos por ciento de los votos en noviembre anterior y el gobierno continuaba dependiendo de la confianza del presidente cada vez mas entrado en años. Era necesario convocar a elecciones, mismas que se efectuarían el 5 de marzo. Mientras tanto, se disolvió el Parlamento y nadie se opuso a la instauración del gobierno de la bestia austriaca. Millones le dieron la bienvenida.

Las elecciones dieron por resultado una victoria de los nacionalsocialistas al obtener el cuarenta y cuatro por ciento del total; los nacionalistas ocho por ciento, lo cual eles dio la mayoría. Los opositores, social demócratas, comunistas y católicos centrales emergieron debilitados del proceso. Pero aún faltaba algo más. El 23 de marzo, el Parlamento sesionó en el Teatro de la Opera Kroll. Las proximidades del lugar y las calles adyacentes estaban custodiadas por miembros uniformados de la S.A y la S.S. con el fin de intimidar a los diputados. A los comunistas, se les quitaron sus escaños y a muchos de los socialdemócratas, se les prohibió asistir a la sesión. En ella, la bestia austriaca presentó a votación la Ley de Habilitación mediante la cual podría emitir leyes sin la aprobación del Parlamento o el presidente de Alemania. Esta disposición legal le otorgaba poderes plenos al gobierno por cuatro años y además podría cambiar la Constitución. La ley fue aprobada por 441 a 94 votos, solamente los sociales demócratas votaron en contra. La bestia había asaltado el poder. A partir de ahí continuaría con una política basada en utilizar propaganda que se adaptaba según fueran las simpatías de la gente. Se jugó con el miedo de los alemanes al comunismo y la antipatía que generaba el régimen republicano. Se repudiaban los Tratados de Versalles, era prometido retornar a los días de la grandeza germánica y su papel relevante en el concierto mundial. El nacionalismo era el arma más utilizada, además de culpar a los judíos por todos los males. Todo ello fue acompañado por las acciones infames como las desarrolladas el 30 de junio de 1933, la conocida como “La noche de los cuchillos largos,” en la cual se entronizó la S.S. ejecutando lo mismo miembros de la S.A., que líderes católicos y conservadores prominentes, o bien figuras gubernamentales del pasado inmediato como Schleicher y su esposa; el general Friedrich William Adalbert von Bredow quien fuera la mano derecha del anterior; Strasser; Gustav von Kahr, quien traicionara a la bestia en 1923; y muchísimos más que representaran una amenaza al régimen naciente. Muy pocos, se percataban que una vez establecidos en el poder los nacionalsocialistas, solamente un terremoto, de grado diez en la escala de Richter, los despojaría de él. Atrás quedaban las promesas de inclusión, solamente había una opción y todo aquel que se opusiera a ella, si le iba bien sería expulsado, los demás pasarían a ser ejecutados o confinados a los campos de concentración. Todo ello, se resumiría en la Segunda Guerra Mundial en donde entre 55 y 60 millones de personas, incluyendo seis millones de judíos victimas de las atrocidades de la bestia, perderían la vida. Todo por que un día el pueblo alemán creyó que recuperaría su grandeza si seguía a pie juntillas las promesas de aquella bestia que, disfrazada de mesías, les vendía ser capaz de terminar con todas las injusticias, revertir su situación económica y traer gobernabilidad. Una lección que los habitantes de los pueblos en problemas no deben de olvidar. Nada es resuelto por actos de magia o mediante promesas vacuas, el camino que luce fácil al final termina por crear generaciones de ciudadanos arrepentidos. Recordemos, la historia debe de leerse siempre en tiempo presente.

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Añadido (1) El lunes por la mañana, al leer las crónicas que algunos comentaristas políticos realizaban sobre del segundo debate, no pudimos sustraernos a recordar lo que nuestro maestro de marxismo, (aunque no lo crean en la escuelita parroquial cursamos esa materia) Antonio Nario Aldana, comentaba acerca de los escritos de algunos filósofos. Los comparaba con las crónicas que sobre el partido de panbol del día anterior realizaba, allá por los 1960s en el diario deportivo Esto, el periodista español, Antonio Huerta. En nada reflejaban lo acontecido, todo era producto de la imaginación para tratar de convencernos de algo irreal.

Añadido (2) Hoy que todos andan queriendo presentar primicias sobre la salud del ciudadano López, vale la pena recordar que en un artículo, publicado hace dos meses, titulado “Hablemos de prospectiva 2018 o el ‘secreto’ del señor López” (
http://www.guerrerohabla.com 22-03-2108), el economista Sergio Enrique Castro Peña realizó un análisis amplio y bien fundamentado sobre el tema. Simplemente como un apunte para los ofertantes de “novedades”.
19 Mayo 2018 04:00:00
Cuando la economía mejoraba, llegó la gran depresión / F
Como lo mencionábamos al final de la colaboración anterior, en 1924, las autoridades alemanas buscaban la forma de iniciar la recuperación no solamente económica, sino de la vida institucional del país. En ese contexto, los miembros de la República de Weimar acordaron firmar, en agosto de 1924, el llamado Plan Dawes. A este siguió, en 1925, la suscripción del Pacto de Locarno mediante el cual se negoció una nueva frontera con Francia, establecer acuerdos para ver la forma en que se resolvían las disputas con otras naciones, y se logró evitar la imposición de sanciones nuevas sobre Alemania por parte de los países victoriosos.

Entre 1925 y 1928, poco a poco, Alemania entraba en la fase de recuperación. Hasta cierto punto, la prosperidad entre los habitantes iba ganando un sitio. Las instituciones parlamentarias parecían ser aceptadas por la mayoría del electorado. La actividad que Gustav Stresemann realizaba como ministro de relaciones exteriores daba frutos. Además de renegociar y reestructurar la deuda, había hecho que la economía pudiera ser manejable. En igual forma, en 1926, la primera zona de la región de Renania fue evacuada por los Aliados, Alemania fue admitida en la Liga de las Naciones, y se firmó el Tratado de Berlín con la Unión Soviética (un acuerdo que establecía la neutralidad mutua). Pero el logro más importante de Stresemann fue alcanzar un acuerdo con el primer ministro francés, Aristide Briand, mediante el cual se dio la reconciliación de Alemania y Francia, lo cual haría que ambos fueran galardonados, en 1926, con el Premio Nobel de la Paz. Esto no fue obstáculo para que, en otros frentes, Stresemann actuara con decisión en busca de recuperar territorios para su país. En ese contexto, aprovechó que Polonia vivía una crisis económica y política e inicio una guerra comercial en contra de esa nación. Buscaba con ello que, al intensificarse la lucha interna de los polacos, Alemania pudiera recuperar los territorios cedidos a Polonia tras de la Primera Guerra Mundial, además de poder insertar en ese mercado un mayor numero de productos alemanes. No obstante, en 1928, Alemania junto con otras catorce naciones firman el Pacto (Frank B.) Kellogg- (Aristide) Briand mediante el cual se declara a la guerra ilegal. Aquí, cabe hacer un paréntesis. Este hecho confirma que están equivocados quienes continúan empeñados en calificar la década de los 1920s como un periodo de aislamiento estadounidense. Lo que sucedió entonces fue que los EU simplemente se involucraron en asuntos externos que fueran de su competencia directa y les pudiera generar beneficios para sus intereses económicos y diplomáticos. Pero retornemos al tópico principal de esta narrativa.

En 1928, las medidas económicas empezaban a verse reflejadas en la política. Los nacional socialistas veían como su presencia entre los votantes iba reduciéndose a más del cincuenta por ciento, algo similar sucedía con los comunistas, mientras los partidos moderados incrementaban su número de adeptos, una situación muy común cuando los bolsillos empiezan a recuperar volumen. Esto de ninguna manera significaba que la gestación de la bestia hubiera sido interrumpida. Si acaso bajó la presencia pública, pero ello no impedía que continuara moviéndose para completar su ciclo, aparecer en la arena pública y asaltar el poder.

Hacia finales de 1924, el panorama lucía oscuro para los nacionalsocialistas. Sus partidarios se retiraban y salvo un núcleo leal a Hitler en Bavaria, nadie pensaba que sobrevivirían. Sin embargo, a principios de 1925, una vez que el sujeto fue liberado de prisión, volvió a la carga y reorganizó a su grupo. En ese proceso definió que solamente tendría un enemigo: Los judíos. Asumió un liderazgo totalitario indicando que sus órdenes deberían de acatarse incondicionalmente y que los líderes regionales serían nombrados por él. Sin embargo, en la región norte de Alemania, durante el tiempo en que Hitler estaba en prisión, Gregor Strasser fue nombrado como líder del movimiento en aquella zona. Este personaje operaba autónomamente y se decía que era más socialista que Hitler. Entre los más fervientes seguidores de Strasser, se encontraba un joven doctor de nombre Joseph Goebbels quien en 1926 escribía: “Nada lograremos si defendemos los intereses de la propiedad y la educación. Alcanzaremos todas las metas si movilizamos a nuestro favor el hambre, la disparidad y el sacrificio…Creo en el socialismo del proletariado.” Sin embargo, a la bestia austriaca, aun en proceso de gestación, no le gustaba que ese grupo se moviera con tanta independencia de su liderazgo y, el 14 de febrero de 1926, convocó a una reunión de todos los líderes, quienes simpatizaban mayoritariamente con Strasser. Esta, se efectuó en Bamberg en Bavaria. Ahí, Hitler habló por varias horas invocando que la recuperación alemana pasaba por la destrucción del bolchevismo que, decía el, era una invención de los judíos. Su perorata superó por mucho a la de Strasser y al final quedó claro que ahí no había más línea a seguir que la del austriaco. Goebbels, aun cuando no estaba de acuerdo, calló con lo cual sembraba para su futuro al lado de la bestia.

Durante abril, Hitler y Goebbels se entrevistaron varias veces y el segundo acabó convencido de que las ideas del primero sobre “colectivismo e individualismo, en lo referente a la propiedad de la tierra y a la nacionalización, la cual debería limitarse a ciertas empresas y campos como el trasporte”. La fascinación llegó al punto de que el futuro propagandista-vocero del nazismo, escribió en su diario: “Adolfo Hitler, te amo porque eres grande y a la vez simple…” Mas tarde anotaría, “el es un genio, el instrumento automáticamente creativo de una fe divina. Cuando estoy frente a él me estremezco. El es: como un niño, amable, bueno, piadoso; o como un gato, inteligente y astuto; o como un león, rugiente, y gigantesco….” Para septiembre de 1926, tras de que Goebbels abandonó a sus aliados antiguos y con mayor presencia en el círculo cercano del austriaco, escribía que no creía en una combinación de grupos que pudieran estar de acuerdo en este u otro punto, lo que debería de prevalecer era el liderazgo de aquel que fuera el mas fuerte. “El problema de Alemania no era la unión de los nacionalistas, sino la destrucción del marxismo y entonces consolidar el nacionalismo. Este nacionalismo nuevo estará integrado por los trabajadores, por los jóvenes alemanes. Será socialista, o nunca lo será. Esto no es asunto de unión. Es una pelea hasta que uno triunfe y el otro muerda el polvo…” Tras de leer esto, con revoltura estomacal inmensa, no queda duda de porque después sería capaz de propagar la gran engañifa que le vendieron al pueblo alemán. Pero aún faltaba tiempo para que la bestia asaltara el poder.

En 1928, se efectuaron elecciones en Alemania y los partidos moderados y republicanos obtuvieron una victoria significativa. Entre los socialdemócratas, los cristianos y dos partidos liberales sumaron cerca de diecisiete millones de votos que representaron el cincuenta y cinco por ciento del total. Así, nació la “Gran Coalición”, encabezada por un canciller perteneciente a los socialdemócratas quien contaba con una mayoría segura en el Parlamento. No obstante, cabe mencionar que el veintisiete por ciento de los votantes se oponían a la República de Weimar, algo que resultaba significativo para el futuro. Asimismo, entre los triunfantes, especialmente en el más importante de ellos el Partido Demócrata Social no había líderes que pudieran atraer a las masas. Esto, se vio agravado cuando estallaron una serie de escándalos por corrupción, en los cuales financieros judíos, Julius, Henry y David Barmat, así como los hermanos Slarek, se vieron involucrados. Aun cuando se trataba de casos aislados, a los ojos de los enemigos de la República de Weimar, aquello se convirtió en el símbolo de que, en los círculos altos, la corrupción era generalizada. Estos hechos proveyeron a los nacional socialistas y los comunistas con municiones suficientes para atacar el sistema de Weimar, acusando a los jefes de enriquecerse a las expensas de los trabajadores honestos, así como a los judíos de obtener ganancias a costa del país”. Dado que ese tipo de propaganda, ayer y hoy, vende mucho entre las masas, millones cayeron presos de los slogans de los nacionalsocialistas. Con ello, acabaron con la política exterior de Stresemann a quien, junto con otros políticos, sometieron a una campaña de ataques personales, lo cual llevaría al ministro del exterior a su muerte en octubre de 1929. En medio de todo esto, la ola nacionalista renació exponencialmente en Alemania.

Trepados en la cresta de esa ola, surgió la desaprobación al Plan Young, firmado en 1929, mediante el cual Alemania era obligado a pagar reparaciones a sus antiguos enemigos por otros cincuenta y ocho años, aun cuando se derogaran algunas de las restricciones contenidas el Plan Dawes. No obstante, el nombre de socialistas, Hitler quería deslindarlo del concepto comúnmente conocido. Para ese sujeto, “…el socialismo era un invento de los judíos para tener a Alemania “agarrada por las orejas”. Aclaraba que el término utilizado por sus seguidores “nada tenía que ver con el socialismo marxista. El marxismo es antipobreza; el socialismo verdadero no lo es.” Bajo esa premisa, los ataques al capitalismo y la plutocracia encontraba eco “entre los funcionarios a nivel local pertenecientes a la clase media. Pero aun era mayor la penetración entre los desempleados…estudiantes y oficiales jóvenes del ejercito [varios de ellos miembros de las familias nobles antiguas]…quienes favorecían soluciones radicales a los problemas de Alemania,” así como, “la utilización de algo nuevo y revolucionario que exterminara el sistema; esto no debería de ser reaccionario, ni comunista, sino socialista alemán”. En medio de todo ello, Alemania fue víctima de la crisis mundial.

En 1929, la Gran Depresión llegó a los Estados Unidos generando los pánicos financieros y las quiebras bancarias que afectaron al resto del mundo y especialmente a Alemania. Los Estados Unidos ya no pudieron proporcionar los préstamos que necesitaba la República de Weimar. Además, el comercio mundial casi se paralizó y muchos alemanes quedaron desempleados. Uno de cada tres alemanes estaba sin empleo en el momento más grave de la crisis económica y la pobreza y el hambre eran generalizados. La República de Weimar estaba sumida en una crisis económica y social. Inmersa en ella, se efectuaron elecciones en septiembre de 1930.

Aun cuando los conservadores ganaron las elecciones, hubo otros elementos que vale la pena mencionar. Los nacionalsocialistas alcanzaron un crecimiento notable al lograr 6.4 millones de votos que representaban el 18.3 por ciento del total y que le proporcionaron 107 asientos en le parlamento cuando, en 1928, apenas tenían doce. En igual forma, los comunistas y católicos centristas obtuvieron avances. Esto mostraba que, a pesar de la victoria, los conservadores reducían su mayoría. Todo esto acabaría por tomar un derrotero no deseado al implantarse las medidas económicas.

El gobierno de Estados Unidos presionó a Gran Bretaña y Francia, para que le pagaran sus deudas de guerra. Al no disponer de dinero, estos países exigieron que Alemania pagos mayores por concepto de reparaciones, provocando de esa manera una depresión económica. El gobierno alemán, se vio ante la disyuntiva de reducir los gastos gubernamentales en un intento por equilibrar el presupuesto o aumentarlo para tratar de reactivar la economía. Heinrich Brüning, quien se convirtió en canciller en 1930, eligió la opción profundamente impopular de un programa de austeridad que reducía el gasto y los programas diseñados precisamente para ayudar a los más necesitados.

El canciller Brüning, se embarcó en una serie de políticas económicas y políticas desastrosas. Las primeras implicaron la devaluación de la moneda alemana, pero esto solamente tuvo el efecto de causar una hiperinflación que agravó los problemas económicos de Alemania. Además, Brüning descartó la Constitución y gobernó por decreto presidencial para administrar las condiciones socioeconómicas en el país. La Gran Depresión y la respuesta de Brüning llevaron a muchas personas a desilusionarse con la República e incluso con la democracia. El desempleo empezó a crecer y de 2.6 millones de desempleados en marzo de 1930, paso a 5.67 millones en diciembre de 1931 y 6.13 millones en febrero de 1932 “Más de la mitad de ellos no recibían los beneficios del apoyo de bienestar social, el cual en sí era insuficiente para mantener una familia”. Ante esto, las consecuencias fueron negativas en grado alto.

La S.A., las camisas cafés, el grupo paramilitar cuyos procedimientos violentos fueron claves para el ascenso de Hitler al poder, fue un beneficiario del incremento en el número de desempleados. A través de los años, ese grupo reclutó alrededor de 300 mil hombres. Más del sesenta por ciento de los integrantes de este conjunto eran desempleados permanentes a quienes se albergaba en las barracas de la S.A. en donde se les daba casa y comida. Aunados a ellos había otros grupos entre los que se encontraban académicos proletarizados, estudiantes sin esperanzas de obtener un empleo en el futuro y sin dinero para poder subsistir. En las universidades los nacionalsocialistas encontraron terreno fértil. En ellas, nacionalsocialistas y extremistas de derecha lo mismo interrumpían las clases, impartidas por aquellos profesores que no eran de su agrado debido a su postura izquierdista, que golpeaban a estudiantes de izquierda o judíos.

En medio de toda esa violencia y la situación económica sin mejorar, “cientos de miles de alemanes esperaban estáticos que ese movimiento, el nacionalsocialista, y sobre todo su líder, habría de liberarlos de la miseria y el sufrimiento, y establecería un Tercer Reich de poder y gloria, una Alemania mas fuerte que la de Bismarck durante el Segundo Imperio, en la cual los comunistas y socialistas desaparecieran para siempre”. La precariedad hacía que los alemanes alucinaran y en medio de la penumbra se lanzaron con todo para que el ciclo de gestación de la bestia se cumpliera. En la colaboración próxima les narraremos como se dio ese evento del cual no solamente los alemanes, sino la humanidad entera habría de ser víctima.

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Añadido (1) En México, los representantes de una de las instituciones que carga con un pasado y presente pleno de impudicia y corrupción vienen a querer darnos lecciones de ética y honestidad. Para confirmar ese presente, en Chile, 34 miembros de alto nivel de ese corporativo dicen que ofrecieron al CEO su renuncia para que decida si los sanciona por sus pecados. La pregunta a este último caso es: ¿Se debe al encubrimiento de porquerías o será un castigo porque la gira del ejecutivo del negocio por aquellas tierras anduvo por los linderos del desastre y eso, con el ego del porteño, merece un correctivo ejemplar?

Añadido (2) Quiso presentarse como la salvadora de la patria. Durante seis años, aparte de promover la industria del rebozo, lo único que hizo fue convalidar el desgobierno. Hoy, dado que no emocionó a nadie, aun el marido la apoyaba a hurtadillas, trata de presentar como acto de dignidad lo que fue simplemente un desastre.
12 Mayo 2018 04:00:00
La gestación casi era interrumpida, pero…/ E
Continuamos con esta evocación histórica de la Alemania de los 1920, acerca de la cual hemos recibido comentarios provenientes de ambos extremos del espectro político indicándonos que lo descrito no se parece al comportamiento del que ellos apoyan, en nuestros días, sino que personifica al del bando contrario.

Pero mientras otros, en todo su derecho, dilucidan a quien se asemeja o no lo acontecido hace casi un siglo en tierras teutonas, procedemos a seguir con este episodio cuyos resultados finales serían deplorables no solamente para los alemanes, sino para la raza humana.

A finales de 1922, inicios de 1923, tras de que tomó el control del partido y una vez que relegó a su fundador para convertirlo en figura decorativa, la bestia austriaca sentía que llegaba su tiempo. Esto, se vio reforzado al ver cómo, en octubre de 1922, uno de su calaña a quien admiraba, el Duce Mussolini, se había hecho del poder en Italia. Por cierto, tanto el duce como la bestia tendrían una relación más que amable con la Iglesia católica. Al duce, le perdonarían sus ‘travesuras,’ faltaba más, como no iba a hacerlo, si fue él quien les firmó los Tratados de Letrán en 1929. Entre la bestia austriaca y Eugeni Pacelli, el futuro Pío XII, se desarrolló una gran empatía que culminó con la firma del Concordato entre Hitler y el Vaticano, mismo que sería muy benéfico para la iglesia católica en Alemania. Pero, esos son acontecimientos que vendrían despues, retornemos a los 1920s y, con fundamento en la narrativa de Francis Ludwig Carsten, prosigamos con el asalto al poder que paso a paso instrumentaba la bestia austriaca.

Para finales de 1922, la bestia austriaca tomó como bandera la oposición a los Tratados de Versalles y clamaba que debería de encarcelarse a los criminales, así los calificaba, quienes en noviembre de 1918 aceptaron esas condicionantes.

Como era de esperarse, tales arengas ganaban adeptos entre un pueblo derrotado.

Durante 1923, las cosas empeoraron. La especulación era aterradora, se sufría una inflación espantosa la cual llevaba a vivir una situación precaria a quienes percibían salarios fijos. Los fundamentos de la sociedad crujían. Los trabajadores volteaban en busca de un salvavidas y creían encontrarlo en los comunistas quienes adquirieron fuerza en el centro de Alemania en donde alcanzaron el poder en Sajonia y Thuringia. Por su parte, la clase media y media baja, los desheredados y los miserables recurrieron a los partidos de derecha en busca de salvación. Ante esta situación, Bavaria y su gobierno se convirtieron en pieza clave. Desde 1920, se había movido, más que ningún otro en Alemania, hacia la derecha. En ese contexto, ofrecía protección a los grupos paramilitares, líderes de derecha y activistas que eran buscados por las autoridades alemanas para castigarlos por las fechorías políticas que habían cometido. En ese territorio, continuaban operando organizaciones como el Partido Nacional Socialista que había sido disuelto en el resto del territorio germano.

Desde ahí, habría de instrumentarse la marcha hacia Sajonia y Thuringia para después arribar a Berlín y proclamar un gobierno alemán nuevo investido con poderes dictatoriales, un autentico gobierno nacional en lugar de la coalición encabezada por Gustav Stresemann quien era apoyado por los socialdemócratas y al que acusaban de haber traicionado los intereses teutones.

En ese contexto, la división del ejército en Bavaria, bajo el mando del general Otto Hermann von Lossow, procedió a enlistar miembros de los grupos paramilitares y nacionalistas. Para él, Bavaria no debería separarse de Alemania, sino iniciar la marcha sobre Berlín para establecer una dictadura nacional que salvase al país de los marxistas. Y en esa forma, un gran número de oficiales jóvenes y cadetes de la escuela militar de infantería abrazaron la causa bávara. A quienes permanecieron leales a su juramento y no se deslumbraron por los colores negro, blanco y rojo, negándose a obedecer las ordenes del gobierno de Bavaria, los llamaron ‘perros rojos’ que simpatizaban con la causa judía, además de calificarlos de traidores a la causa nacionalista.

En ese ambiente, seguía creciendo la figura de la bestia austriaca del futuro la cual con su encendido verbo seguía alucinando a los cortos de neuronas que reaccionaban al puro impulso. Veamos un ejemplo.

La noche del 22 de octubre, apunta Carsten, Hitler pronunció un discurso en una reunión de las asociaciones patrióticas. Entre los presentes, se encontraba una joven quien con las funciones neurales alteradas, al igual que los otros asistentes, fue y le contó a sus padres como “no tenían idea del silencio que reinaba cuando ese hombre, [bueno, así calificaba esa criatura pobre a la bestia austriaca] hablaba, era como si los miles de oyentes hubieran dejado de respirar; durante minutos hay gritos de júbilo en la sala cuando él, lleno de ira, vapulea las obras de aquellos que, desde la revolución, han castigado a nuestra gente, y de quienes le impidieron, a él y a sus seguidores, conciliar cuentas con los líderes de noviembre”. Sin embargo, eso no era todo lo que la joven deslumbrada tenía por narrar. Continuó indicando que “Adolfo Hitler está impregnado de una fe tan firme en la honestidad de sus convicciones nacionalistas que inconscientemente transmite estos hechos a sus oyentes. Dios quiera y que prepare el camino para tiempos mejores y reúna a muchos compañeros bajo el suástica…” No hay duda, aquello era una alucinación total, tal vez producto de la necesidad de creer en algo que los sacara del socavón económico en que estaban inmersos. Pero continuemos con la narrativa de aquella joven fascinada por el verbo del austriaco. “Cada grupo esta representado. Entre trabajadores y miembros de la tropa, se sientan lo mismo oficiales de rango alto que soldados de asalto y ancianos pensionados, todos se aglutinan alrededor de la gran idea que Hitler representa para ellos…Cada ser humano, ante los problemas actuales de su alma que coinciden con la miseria económica, busca apoyo y encuentra este sostén en un hombre que no lo desilusionará; así uno puede entender el fervor creado por su apariencia…” De pronto, pareció como si una ventisca helada corriera cercana a nosotros, nos percatarnos que, salvo el nombre propio y la alusión a símbolos, algo similar hemos escuchado por ahí no hace mucho tiempo y no precisamente provenientes de labios juveniles. Dejemos digresiones y volvamos a la narrativa original.

Para noviembre de 1923, Hitler y los suyos creyeron que había llegado el momento de proclamar una revolución nacional al obligar al gobierno bávaro a romper con Berlín. Los rebeldes deciden ocupar los edificios públicos, pero al final son sometidos y sus lideres detenidos. Durante las semanas siguientes, el austriaco alebrestado y nueve de sus asociados fueron juzgados por intento de traición en una corte de Múnich. Las sentencias que les impusieron fueron leves consistentes en periodos cortos durante los cuales serían sometidos a una detención honorable. No obstante, la derrota que le infringió el ejército, “Hitler fue cuidadoso de mantener buenas relaciones con el ejército, el cual pensaba un día podría serle de utilidad.” Para justificar esta postura, aducía que “al escuchar que había sido la policía quien abrió fuego y no el ejército, este había preservado su honor; el ejercito se mantiene tan limpio como lo estaba hasta antes de la contienda”. Estaba cierto de que un día las Fuerzas Armadas habrían de ser su pilar para cometer las tropelías que ya rondaban adentro de su testa. Después de todo, los miembros veteranos de la milicia eran los derrotados de la Primera Guerra Mundial la cual terminó con el mundo que ellos habían conocido y aspiraban a recuperar. Por su parte, a los oficiales jóvenes les ofrecía un futuro de maravillas. Prometía venganza contra los responsables de la derrota, un renacimiento del nacionalismo, una Alemania poderosa y libre, en donde no existiera la influencia extranjera. Cuando el 8 de noviembre, en su intento de asonada, proclamó su gobierno, los principales militares fueron relegados a cargos secundarios, el austriaco pasó de ser el tamborilero para convertirse en el conductor de la banda. Pero para que dicha banda operara, aun tendrían que pasar varios años y por lo pronto debería de pasar, desafortunadamente, solamente unos cuantos meses detenido en la fortaleza de Landsberg de donde fue liberado a finales de 1924. Durante ese tiempo, se dedicó a escribir.

El resultado fue la parte primera de Mein Kampf (Mi Lucha) un librejo de calidad literaria pobre, pero que resultó muy llamativo para los fanáticos dado que repetía lo que deseaban escuchar. Era un escrito cargado de antisemitismo, acusando a los judíos de ser los responsables de la ruina de todas las culturas.

En igual forma, culpaba a Francia de ser el enemigo más terrible de Alemania.

Indicaba que la política colonial y de intercambio prevaleciente en los años previos a la guerra debería de abandonarse para instaurar una de expansión territorial, debería de retornarse y tener como objetivo imponer las propuestas que permitieran imponer el orden teutón, mismas que habían sido implantadas por los colonos germanos durante la Edad Media. O sea, planteaba volver al antepasado para recuperar la grandeza de Alemania. ¿En dónde hemos escuchado eso? Asimismo, tenía como meta la expansión territorial que debería de darse durante los cien años siguientes moviendo las fronteras hacia el este. Aparte de esto, enfocaba sus ataques a los grupos políticos internos.

Estimaba que los partidos del Centro y el Social Demócrata estaban integrados por traidores. Respecto al primero, estimaba que sus líderes apreciaban más a cualquier polaco o bien a un traidor alsaciano y francófilo que a los alemanes que no quisieron adherirse a, lo que él llamaba, una organización criminal.
Asimismo, los acusaba de que bajo el pretexto de que representaban los intereses católicos, ese partido “aun en tiempos de paz daba una mano para arruinar en todas las formas posibles el baluarte más importante de una visión mundial del cristianismo, Alemania…” Al segundo, le imputaba haber vendido y traicionado el germanismo en la vieja Austria porque siempre ha estado en favor de los enemigos de Alemania y por supuesto indicaba que sus líderes eran judíos. En medio de todo eso, había otros eventos en Alemania.

Para el otoño de 1923, el marco alemán ya se estabilizaba; la inflación estaba bajo control. Gustav Stresemann, primero como canciller, y posteriormente como ministro de relaciones exteriores, estaba convencido de que un elemento clave en el proceso de recuperación era mantener buenas relaciones con Francia. Asimismo, en agosto de 1924, se firma el llamado Plan Dawes, llamado así en honor de quien presidió el comité de negociaciones, Charles G. Dawes. Mediante este convenio, se acordó que: La zona del Ruhr iba a ser evacuada por tropas extranjeras; los pagos de reparación comenzarían en mil millones de marcos el primer año, aumentando anualmente a dos mil quinientos millones de marcos después de cinco años; el Reichsbank sería reorganizado bajo la supervisión aliada; las fuentes para el dinero de la reparación incluirían el transporte, impuestos especiales e impuestos aduaneros; y Alemania recibiría un préstamo de aproximadamente 200 millones de dolares, principalmente a través de emisiones de bonos de Wall Street en los Estados Unidos. Como resultado de estas medidas, la economía alemana iniciaría un periodo de recuperación, lo cual no impidió que el proceso de gestación de la bestia, que por un momento pareció interrumpirse, siguiera dándose. Sobre esto comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) Falleció el Doctor Jesús Kumate Rodríguez, hijo de un inmigrante japonés. Cuentan las crónicas que su padre le encomendó que, en su nombre, tenía que mostrar el agradecimiento a la patria que lo recibió. Vaya que lo cumplió con creces, fue un mexicano ejemplar cuyo accionar tuvo como objetivo fundamental salvar vidas. Uno de los profesionales quienes contribuyeron a construir este país. Orgullosamente portaba su condición de priísta honesto.

Añadido (2) Muy “orondos” comentábamos que, al dejar atrás nuestra etapa de economistas, cerramos la época de aprendices de adivinos para convertirnos en historiadores. En esas andábamos, cuando un par de amigos, Guillermo Robles Martínez Guizar y Sergio Enrique Castro Peña, economistas ambos, nos recordaron amablemente que quien predijo lo que ocurriría con Alemania tras de la firma de los Tratados de Versalles, fue el economista, John Maynard Keynes en el libro “Las Consecuencias Económicas de la Paz.” (1919) …

Añadido (3) Son unos tigres cuando están solitos frente al micrófono, el telepromter o el teclado. Sin embargo, en cuanto tienen al sujeto a un lado, actúan como mininos de angora. Al verlos, no pudimos sustraernos a recordar al filósofo mexiquense Porfirio Remigio…

Añadido (4) Como ya les escrituraron el país, un par de damas descendientes de inmigrantes europeos, sentenciaron que, después del primero de julio, todo aquel que ose disentir con la llegada del mesías, debe de tomar sus tiliches e irse no a donde él se propone hacerlo sino, un poco más cerca, fuera del país.

Añadido (5) Por lo que pudiera venir, no está por demás recordar las palabras, atribuidas erróneamente al teatrista y poeta alemán, Bertolt Brecht, pero que en realidad las pronunciara, en 1946, el pastor protestante alemán, Martin Niemöller: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guarde silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron por mí, no había nadie más que pudiera protestar”.
05 Mayo 2018 04:00:00
Ante una nación en problemas muy serios, la bestia era engendrada e iniciaba su gestación / D
La nación pasaba por momentos de apuro, ante ello, sus habitantes se asieron a un iluminado que les prometía que bajo su mando las soluciones llegarían de manera fácil. Olvidaron, o no quisieron revisar, los antecedentes de ese que les prometía el oro y el moro. Eso sucedió con el pueblo alemán que, tras ser derrotado en la Primera Guerra Mundial, fue víctima de los acuerdos leoninos firmados al amparo de los llamados Tratados de Versalles. Vaya paradoja, Versalles fue el sitio en donde nació el Imperio Alemán en 1871, años después sería el escenario en donde sería condenado a padecer no solamente las consecuencias de la derrota, sino, creyendo que se salvaba, convertirse en víctima de las atrocidades del nativo de un estado vecino del sureste cuyas acciones no se suscribirían al territorio teutón, sino que haría que la humanidad pagara las consecuencias de su bestialidad. Todos sabemos lo que aquello ocasionó, pero poco nos asomamos a revisar su origen, en esta ocasión nos concretaremos a revisar el proceso de gestación de la bestia austriaca, un tema que siempre habrá de provocarnos repugnancia, pero que, dado los tiempos que vivimos, este escribidor-historiador se siente comprometido a revisar.

Tras de consultar en publicaciones diversas sobre el tema, decidimos seleccionar la versión que proveyó el historiador inglés más importante sobre la historia de Alemania, Francis Ludwig Carsten quien, en su libro, “The Rise of Fascism” (1967), nos muestra como este movimiento, el fascismo, se esparció por Europa durante los 1920s y 1930s, colocando énfasis especial en los casos en donde el fascismo se originó y alcanzó el poder: Italia, Austria y Alemania.

En el verano de 1918, ya no quedaba duda de que el poderío militar alemán había fallado. Los generales, Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, quienes de hecho ejercían una dictadura militar, dejaron el gobierno en manos del canciller, el príncipe Maximilian von Baden, quien era un moderado y dos miembros del Partido Social Demócrata. Meses mas tarde, el 9 de noviembre, el emperador Wilhelm II abdicó y se fue a Holanda. El 11 de noviembre, se firma el armisticio y concluyen las hostilidades entre Alemania y los Aliados. En medio de la derrota, dos millones de jóvenes alemanes murieron y 4.2 millones quedaron heridos, en total se contabiliza que el 19 por ciento de la población masculina fue considerada, en una forma u otra, como víctimas de la guerra. Asimismo, el bloqueo impuesto por las fuerzas aliadas, generó hambruna. Sin embargo, en medio de todo ello, los alemanes buscaron como volver a empezar, aun cuando les faltaba lo peor. Pero mientras eso llegaba, procedieron a buscar recomponer el desastre.

Con sus antiguos gobernantes en la huida, se formaron Consejos de Soldados y Obreros los cuales realizaron su primer congreso nacional en diciembre de 1918, en el cual se acordó que, en enero de 1919, se efectuarían elecciones para elegir los miembros a la Asamblea Nacional en donde habría d decidirse el futuro político de Alemania. Mientras llegaba esa fecha, el país era gobernado por los Consejos integrado por tres miembros del Partido Social Demócrata Independiente de Alemania liderados por Friedrich Ebert, y tres más del Partido Social Demócrata de Alemania bajo la guía de Hugo Haase. Finalmente, el 19 de enero de 1919, se efectuaron elecciones para elegir miembros a la Asamblea nacional. La mayoría de los escaños fueron obtenidos por los integrantes de los partidos moderados quienes decidieron que la Asamblea Nacional fuera establecida en la ciudad de Weimar. Se proclamó la Constitución, al amparo de la cual nacería la llamada República de Weimar que operaría bajo un sistema parlamentario cuyos miembros serian electos por representación proporcional. En su primera integración, el 80 por ciento de sus miembros pertenecían a los partidos democráticos. Este gobierno prevalecería hasta que la bestia austriaca se apoderó de todo en 1933, pero aun había algo más antes de ese desenlace.

El 28 de junio de 1919, se firmaron los Tratados de Versalles de acuerdo a los cuales, Alemania era responsable de todos los daños causados a las fuerzas aliadas y en consecuencia deberían de pagar indemnizaciones que ascendían al equivalente a 31.4 miles de millones de dólares; la perdida del trece por ciento de su territorio al retornar las áreas pertenecientes a otras naciones que habían ocupado durante el Segundo Imperio, por ahí se iban las fuentes que generaban el 16 por ciento de la producción de carbón y el 48 por ciento del mineral de hierro. Asimismo, se limitó el número de integrantes del ejército alemán a 100 mil, sin que pudieran contar con artillería pesada, submarinos y aviación. En función de cumplir con las obligaciones de reparación, el gobierno alemán se vio obligado a poner a funcionar la maquinita de hacer dinero, lo cual generó una inflación galopante. Entre 1914 y 1922, el costo de la vida se elevó doce veces. El tipo de cambio en enero de 1920 era de 64.8 marcos por dólar, para noviembre de 1923, alcanzó la tasa de 4200 billones por uno.

Todo lo anterior es resumido por Carsten cuando apunta que “los Tratados de Versalles y la humillación que representó el hecho de que la Asamblea Nacional los aceptara, las demandas nuevas establecidas por los enemigos antiguos de Alemania, los gobiernos débiles y cambiantes, la nueva república que inspiraba poco aprecio y respeto, la ineptitud e inexperiencia de los miembros del parlamento, la declinación del poder y prestigio de Alemania, pero sobre todo el empeoramiento de la situación económica generó muchos látigos útiles con los que el sistema podría ser azotado, y se usaron continuamente. Esto no creó el movimiento fascista, pero si la atmósfera para que se desarrollara”. En igual forma, el miedo a la implantación del comunismo jugó un papel importante. Sin embargo, cuando se tiene una clase media arruinada, la cual perdió su seguridad y estabilidad, vio evaporarse sus ahorros, pensiones y en muchos casos sus propiedades, era fácil buscar, y encontrar, un culpable de todo ello. Y así, la etiqueta de responsable de todas las desgracias alemanas fue endilgada en los judíos quienes, poseedores de los dineros, eran capaces de adquirir propiedades a precios bajos. Por ello, en 1919, los etiquetaron como los “vampiros de Alemania”.

En ese contexto, a principios de enero de 1919, se formó el Partido Alemán de los Trabajadores. Mientras que en Múnich el líder era un herrero de nombre Anton Drexler, como líder nacional aparecía un periodista, Karl Harrer quien insistía en que la guerra se perdió por falta de unidad entre los alemanes y porque el capital judío tenia interés en que Alemania fuera derrotada. Meses más tarde, en Múnich, el partido reclutaría al capitán Ernst Röhm quien, aun cuando reconocía la importancia de la educación política tanto en el ejercito como entre los civiles, insistía que los militares deberían prevalecer sobre los políticos. Entre junio y julio de 1919, se organizaron cursos para soldados especialmente seleccionados. El objetivo era que estos llevaran un mensaje a sus compañeros que les permitiera contrarrestar cualquier tendencia de izquierda que apareciera por ahí. Entre el grupo, el ejército “descubriría” a un pintor llamado Adolfo Hitler quien atrajo la atención de sus superiores gracias a su oratoria vehemente la cual fascinaba a sus audiencias. La retórica de este sujeto estaba cargada de antisemitismo; “consideraba a los judíos no como una comunidad religiosa, sino una raza, la cual había sido preservada durante mil años como resultado de la endogamia; los antisemitas deberían de trabajar en pos de la abolición de todos los privilegios de los judíos; deberían de ser tratados como cualquier otro extranjero y finalmente expulsados. Esto, solamente se podría lograr mediante un gobierno nacional sólido y nunca por un gobierno nacional impotente, por un renacimiento de la fortaleza moral y espiritual de la nación”. El apareamiento estaba consumado, la bestia austriaca había sido engendrada. Pero aun tendría que darse todo el proceso para que aquella aberración apareciera plenamente.

De cuidar la gestación se encargarían Dietrich Eckart y Röhm quienes presentaron a Hitler con miembros de la sociedad burguesa y le permitieron relacionarse con contactos políticos importantes muy por arriba de los que corresponderían a un cabo. Sería en marzo de 1920 cundo Hitler es dado de baja del ejército para convertirse en un político profesional. Cuando este sujeto ingresó al Partido de los Trabajadores Alemanes en Múnich, sus dirigentes eran electos por las bases, se discutían los asuntos y los acuerdos eran tomados en función del voto mayoritario. Sin embargo, entre 1910 y 1921, el antiguo cabo tomó control del partido relegando a sus fundadores, mientras que otros preferían irse. Siguiendo el ejemplo de Austria, las palabras Nacional Socialista fueron incorporadas al nombre del partido. Asimismo, siguiendo otro consejo austriaco, el suástica fue adoptada como el símbolo y la bandera del partido. Pero los símbolos no eran suficientes, se necesitaba establecer un programa de acción para el partido.

El 24 de enero de 1920, Hitler anunció los veinticuatro puntos bajo los cuales habrían de realizar su actividad política. Vayamos a la narrativa de Carsten quien señala que los primeros se referían a los de los nacionalistas extremos tales como la unión de todos los alemanes sobre la base del derecho a la autodeterminación; la adquisición de territorios y colonias; la anulación de los tratados de Versalles y Saint Germain, mediante los cuales se les desposeía, a los alemanes, de sus antiguas posesiones, al tiempo que prohibían la unión de Austria y Alemania. De ahí pasaban a los asuntos en contra de los judíos al señalar que solamente los de sangre germana podían ser miembros de la nación y del estado; únicamente a esos ciudadanos se les debería otorgar el derecho de emitir opiniones sobre la legislación y el liderazgo del estado y ocupar puestos oficiales; todos aquellos que inmigraron después del 2 de agosto de 1914, el día anterior a la declaración de guerra alemana a Francia, deberían de ser expulsados inmediatamente del territorio teutón. Acto seguido vendrían los puntos socialistas mediante los cuales se indicaba que debería de abolirse como fuente de ingresos todo aquello que no proviniera de haber desarrollado un trabajo; romper los grilletes de intereses; la nacionalización de todos los negocios y consorcios que se hubieran amalgamado; la comunalización de las tiendas departamentales y su renta a pequeños comerciantes; la reforma agraria; la confiscación de tierras para hacerlas parte del bien común sin que para ello mediara compensación alguna, así como acabar con la especulación de terrenos. Para que todo eso se cumpliera habría que tener un gobierno central fuerte y establecer un parlamento central que tuviera autoridad incondicional sobre toda Alemania. Si todos estos propósitos le sonaron como los que ha escuchado últimamente, preocúpese pues es algo más que mera coincidencia. Pero en la Alemania de los 1920s, las audiencias de alemanes que acudían a escuchar a la bestia en gestación crecían. El discurso iba poco a poco centrándose en puntos muy específicos. Entre lo que el antiguo cabo clamaba estaba que “nosotros los alemanes queremos ser revolucionarios en contra de la raza que nos oprime y explota, y no habremos de descansar hasta que ese gang haya sido removido de nuestro suelo.” Para finales del año, el partido seguía incrementando su membresía y presencia en la arena política alemana. Sin embargo, Hitler aún no tenía todo bajo su control.

En marzo de 1921, en Zeitz, se reunieron los representantes de los tres partidos socialistas alemanes. Anton Drexler por el de Múnich; el Dr. Walter Riehl por los de Austria y Rudolf Jung por los Nacional Socialistas de Bohemia. El acuerdo que tomaron fue crear el Partido Nacional Socialista Germano, pero dado que Hitler no aceptaba que se eliminara el término trabajadores, aceptaron que la fracción de Múnich la retuviera en su nombre. El objetivo era mantener la unidad. Sin embargo, cuando Hitler se enteró de los acuerdos, enfureció y llamó incompetentes y burgueses a los líderes mencionados. Hitler había decidido que no aceptaría ningún otro liderazgo sino el suyo. En julio, Hitler retornó a Múnich y anunció su renuncia al partido arguyendo su desacuerdo con las negociaciones de Zeitz las cuales consideraba contrarias a los principios del movimiento. Pero ello no le impidió establecer las condicionantes bajo las cuales retornaría al partido: Cancelar cualquier posibilidad de unificación con el Partido Nacional Socialista Germano; los grupos tendrían que subordinarse al partido en Múnich; se debería de convocar a una reunión inmediatamente y los líderes actuales deberían de renunciar para que se eligiera a Hitler como primer dirigente; tendría poderes dictatoriales para designar un comité de acción compuesto por tres miembros, los cuales habrían de purgar al partido de aquellos indeseables que lo habían penetrado.

A finales de julio de 1921, Hitler se impone y los 1200 miembros del partido aceptan sus condiciones, Drexler es convertido en figura decorativa y todo el poder recae sobre el austriaco. Para finales de 1922, había logrado aglutinar seguidores en varia ciudades de Alemania, nadie le disputaba el liderazgo, estaba lista para enfrentar el año decisivo, 1923. En la colaboración siguiente, continuaremos con esta narrativa que por momentos nos hace pensar que es una película en blanco y negro que ahora es exhibida en colores y no parece ser tan lejana. Pero, tal vez, nuestra perspectiva sea errónea, ¿Cuál es la que usted tiene, lector amable?

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Añadido (1) Al parecer, atendieron las opiniones de los que saben de leyes y dejaron para otra ocasión esa aberración con la que buscaban satisfacer a quienes tienen apetitos de venganzas.

Añadido (2) Hace unos meses, mientras revisábamos nuestros archivos, encontramos varios volúmenes empastados que contienen cada una de las columnas políticas, publicadas entre noviembre de 1993 y el 23 de marzo de 1994. En ellas, se comentaba acerca de una campaña que no prendía. Hoy, al puro recuerdo, por momentos nos parece que las releemos en los diarios de estos días. Una lástima que no las tengamos a la mano para repasarlas puntualmente y salir de dudas.

Añadido (3) Como por todo sitio que pasa, el francesito Macron cree conquistar corazones, mientras deja un “aroma” muy sui generis, los australianos, dejaron a un lado la corrección política, para identificarlo como Pepé Le Pew. Podrá reírse para la foto, pero seguramente en lo privado habrá hecho rabieta de que lo calificaran como un zorrillo arrogante y “oloroso” que al final de cuentas es el mensaje verdadero que envía la portada del diario “The Daily Telegraph.”

Añadido (4) “…Y la cuestión judía que se extendió por toda Europa no fue contra su religión, sino contra su función social, que se relacionaba con la usura y la banca…” Si usted, lector amable, piensa que esta declaración se emitió en los tiempos de la gestación de la bestia austriaca, está muy equivocado. Son las palabras que, el 30 de abril de 2018, emitiera el líder palestino, Mahmoud Abbas. Saque sus conclusiones.
28 Abril 2018 04:00:00
Con el título de príncipe construyó el imperio Alemán / C
Concluíamos la colaboración de la semana anterior con la unificación de Alemania a partir de la cual, el investido como príncipe y además actuaba como canciller del imperio, ministro-presidente de Prusia, ministro de Relaciones Exteriores de Prusia, y presidente de la Cámara Alta, “Bundesrat,” Otto Eduard Leopold von Bismarck, habría de dar forma al Segundo Imperio Alemán. Veamos como actuó durante su gobierno.

La unificación de Alemania nace como una coalición federal fundamentada en tratos celebrados entre Prusia y el resto de los estados teutones. Ello, no impedía que a partir de ese momento no hubiera más que una sola nacionalidad, todos eran alemanes. La suprema autoridad era el Kaiser quien poseía la autoridad para designar a todos los funcionarios del imperio; definir y dirigir la política exterior; era el comandante supremo de los ejercicios alemanes; y, en tiempos de guerra, podía convocar o disolver el parlamento. Sin embargo, en su accionar de gobierno requería en gran parte del apoyo del canciller. Si bien, este último, respondía únicamente a la autoridad del emperador, existía algo que lo convertía en pieza fundamental para la actividad del Kaiser quien para que sus decretos y ordenanzas tuvieran validez necesitaba que su firma fuera acompañada por la del canciller. Como lo mencionamos arriba, este personaje presidía la “Bundesrat” y además era responsable de supervisar su accionar, además de tener el privilegio de poder delegar su representación a cualquier miembro de ese órgano legislativo. En síntesis, el Kaiser no podía gobernar si no tenía de su lado al canciller. Y en este caso, para que ello sucediera, Wilhem I contaba con la figura de Bismarck. Para entender el accionar de este personaje recurrimos a una cita de Katharine Anne Lerman en “Bismarck: Profiles in Power (2004).” En este libro, Lerman retoma las palabras que pronunciara el ministro-presidente de Baden, Julius Joly quien describió a Bismarck como “un político pragmático e intuitivo cuyos métodos fueron poco comunes para la mayoría de los alemanes politizados quienes se apegaban a una ideología específica y buscaban perfeccionar un sistema”. En este contexto, se desarrollaría la vida política en Alemania entre 1871 y 1890.

Por lo que concierne a la vida legislativa, sus funciones estaban perfectamente definidas teóricamente, pero en la práctica aparecían otros elementos que, como en cualquier parte del mundo y del tiempo, terminaban por definir la operación real. Los órganos legislativos eran dos: Cámara Baja, “Reichstag,” y la Cámara Alta, “Bundesrat”.

La Cámara Alta, “Bundesrat,” estaba constituida por aquellos a quien los gobiernos de los estados nominaban para representarlos en ella. En su mayoría era controlada por Prusia. Contaban entre sus atribuciones con la autoridad para presentar iniciativas legislativas. Sin embargo, hay que mencionarlo, la soberanía de este órgano legislativo era una farsa. Las propuestas que los ministros proponían, se aprobaban al final del periodo ordinario de sesiones. Dado que los legisladores disponían de poco tiempo o experiencia en el tema, lo cual les impedía que los analizaran y en consecuencia no podían debatirlos a profundidad. Asimismo, era común que los dirigentes de los gobiernos indicaran a sus representantes que al votar lo hicieran conforme a los designios de la mayoría ya que era inútil oponerse al poder de Prusia. Esta Cámara, o mas bien quienes la integraban, estaban ahí para proteger los intereses de los estados, especialmente los de Prusia, y bloquear las ambiciones de los liberales quienes tenían como objetivo el centralismo y parlamentarizar el imperio.

Por otra parte, la Cámara Baja, “Reichstag,” la integraban quienes representaban el sentir nacional y popular. Los 383 miembros eran electos mediante sufragio universal, aquellos hombres mayores de 25 años. Entre sus actividades podían presentar iniciativas legislativas, pero estas deberían de contar con la aprobación del “Bundesrat”. En correspondencia poseían la capacidad de vetar cualquier legislación aprobada por la Cámara Alta. Pero vayamos a otras acciones desarrolladas durante los años del Segundo Imperio Alemán.

Entre las acciones emprendidas por Bismarck, estuvo la reconstrucción de las relaciones estado-iglesia lo cual se denominó el “Kulturkampf”. Esto partía de una razón política, el canciller estimaba que podía darse una alianza entre los católicos y los gobierno de Austria y Francia. Asimismo, para él, quienes profesaban la religión católica-romana obedecían a un poder extranjero. Si bien eso no podría aplicarse a todos los feligreses, Bismarck tenía razón al afirmar eso respecto a quienes desempeñaban labores como ministros de culto de dicha religión, algo que hasta nuestros días prevalece en todo el mundo. Si usted lector amable es católico y lo duda, pregúnteselo al párroco que más a la mano le quede y verá cómo le responde que en el hipotético caso de enfrentar la disyuntiva entre atender los dictados de nuestras leyes o tener que obedecer la autoridad del CEO del corporativo al que representa, acataría las instrucciones de este último. Pero volvamos a la Alemania del siglo XIX.

En 1871, Bismarck prohibió a los clérigos realizar promoción política, mientras que en 1872, removió al ministro de cultura, Heinrich von Mühler quien defendía la intervención del clero en las escuelas. A la par tuvo que actuar en contra de la orden de los Jesuitas a quienes expulsó. No olvidemos que la ambición política de estos ciudadanos nunca descansa y un par de ejemplos los pintan de cuerpo entero en otras latitudes y circunstancias, ellos fueron los cerebros que organizaron la reyerta cristera en nuestro país y años después idearon el macartismo estadounidense para perseguir “comunistas”. Para que lo rememoren quienes se deslumbran por el ropaje blanco de alguno. En 1873, el canciller alemán promovió las leyes de mayo mediante las cuales fue establecido el control sobre la educación, al tiempo que se definían el número de clérigos. Asimismo, en 1874, estableció la obligatoriedad del matrimonio civil. Sin embargo, en las elecciones de 1874, el Partido Central obtuvo un buen número de escaños y como alrededor de este se habían alineado las principales fuerzas políticas católicas, fue imposible consolidar las medidas para limitar el acción de esa entidad foránea en todo el imperio. En ese contexto, en julio de ese año, un católico miembro del Partido Central intentó asesinar a Bismarck, algo que no es extraño, ni temporal, cada vez que en una nación se inicia un proceso de cambio real, no falta el fanático con el cerebro lavado que vaya a cometer estupideces en nombre de su fe, recordemos lo que sucedió en los 1920s en nuestro país, claro que a ese alemán nadie lo ha querido santificar como lo hacen con los que aquí lo imitaron. Esta situación prevalecería hasta 1878 cuando Bismarck ya no veía a los católicos como la amenaza principal, sino a los liberales izquierdistas.

Lo anterior ya había sido mostrado en 1876 cuando Bismarck se opuso a los socialistas e introdujo diversas medidas legislativas mediante las cuales se declaraba que era una ofensa criminal atacar en medios impresos a la familia, la propiedad, el servicio militar universal, así como emprender acciones en detrimento del orden público tales como faltas a la moral, respeto a las leyes y el amor a la patria. Esto generó la reacción de los socialistas, quienes terminaron impidiendo fueran establecidas. Durante 1878, en mayo y junio, se suscitaron un par de atentados criminales en contra de Wilhelm I. La responsabilidad de dichos actos fue atribuida a los socialistas. Dado que un gran número de ellos, trabajadores, estaban adheridos al Partido Social Demócrata, en octubre de 1878, con el apoyo de los liberales nacionalistas, se aprobaron las leyes antisocialistas mediante las cuales se declaró ilegal a ese partido, se le prohibió publicar, se les negó el derecho de reunión y sus líderes más importantes fueron expulsados de los centros urbanos. Asimismo, en ese año, concluye el gobierno nefasto para la civilización de Giovanni María Mastai-Ferretti, conocido como Pío IX, quien en su afán de querer ejercer un poder extraterritorial, declaró, mediante la encíclica Quod Nunquam (5 de febrero de 1875), nulas las leyes de mayo alemanas. Al fallecimiento del ahora beato en estado de congelación, accedió al liderazgo del corporativo, Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, León XIII.

Dado que don Vincenzo poseía mayor habilidad política que su antecesor, ni tardo, ni perezoso escribió al Kaiser proponiéndole un acercamiento amistoso. Sabedor de que, políticamente, ya no convenía aquello, Bismarck actuó, ya lo mencionábamos en la colaboración anterior, como lo que era, un político pragmático que siempre dejaba un resquicio para una negociación en el futuro. En función de seguir adelante con su proyecto de gobierno requería del apoyo de los miembros del Partido Central integrado por católicos y entró en tratos con León XIII para atenuar las medidas. En 1879, destituye a Albert Falk el ministro de cultural y principal promotor de las leyes de mayo de 1871. A partir de ahí, empieza la reversa y salvo lo relativo a las escuelas oficiales y el matrimonio civil, todas las otras desaparecen. Durante el verano de 1879, se forma una coalición parlamentaria entre los miembros del Partido Central, los conservadores pro-gobierno y un numero importante de liberales nacionalistas.

Para entonces, el enfoque era un cambio en la política económica.

Se abandonó la política de libre intercambio por una de tarifas proteccionistas en favor de la industria y la agricultura alemana. Para entonces ya se habían dejado atrás los efectos de la crisis de 1873, la cual dio origen a un periodo de grandes problemas económicos los cuales Alemania superó con mayor rapidez que muchas otras naciones. Las medidas surtieron sus efectos durante la década siguiente cuando, además de un aprovechamiento efectivo de los recursos naturales, la industrialización se dio de manera sostenida en la ramas textiles, del carbón, la siderúrgica y la química. Ello la convirtió en la nación industrializada más poderosa de Europa. En ese proceso, durante 1886, cuando Nicolaus-August-Otto inventó el motor de combustión interna; en 1879, Werner von Siemens introduce en Berlín el tren eléctrico para trasporte de pasajeros; en 1881, se instala la red telefónica en Berlín; y, durante la segunda mitad de los 1880s, Carl Benz y Gottlieb Daimler patentan los vehículos motores de cuatro ruedas. No obstante este éxito, algunos otros problemas económicos estaban ahí presentes.

Bismarck nunca fue capaz de sanear las finanzas del estado germano, a la par que una nueva presión se cernía sobre la economía. Como resultado del éxito industrial el movimiento de las áreas rurales hacia las urbanas era creciente y eso incrementó las presiones sociales. Ante ello, el canciller implantó programas diverso de bienestar social tales como las leyes de salud, las de accidentes, las de vejez y un seguro en caso de invalidez. Los resultados no fueron los esperados y, además, no evitaron que un gran número de los trabajadores se adhirieran a la causa socialista. Entre 1878 y 1890, los simpatizantes de ese movimiento pasaron de 300 mil a 1.5 millones, lo cual se vio reflejado en el numero de curules en el Reichstag en donde crecieron de 9 a 35 las ostentadas por los socialistas. Pero antes de concluir, vale la pena dar un repaso breve a la política exterior de Bismarck.

Mientras mantenía aislada a Francia, buscaba acercamiento con el resto de los países europeos. Bajo la política del balance del poder, formó, en 1873, la Liga de los Tres Emperadores (Wilhelm I, el zar Alexander II de Rusia y Francis Joseph de Austria-Hungría). Entre los tres mantenían a raya a los polacos.. En la región de los Balcanes, Bismarck estuvo de acuerdo en que Austria dominara la región del oeste y Rusia la del este. Sin embargo, esto no duraría mucho y en 1877, la Liga se rompió. Como alternativa armó la Alianza Dual con Austria-Hungría y mas tarde la Triple Alianza con la adhesión de Italia. Mas tarde firmaría el Acuerdo Mediterráneo con Gran Bretaña y posteriormente, en 1881, intentaría reestablecer la Liga, pero duró muy poco. Ello, sin embargo, no impidió que en 1887 firmara el Tratado de Reaseguramiento con Rusia para evitar una posible alianza franco-rusa en contra de Alemania, asegurándose de que ambos, rusos y alemanes permanecerían neutrales ante si, excepto que Rusia atacara Austria. Aun cuando Bismarck no fomentó el coloniaje, tuvo algunas aventuras por África que resultaron negativas para la economía alemana. Su política no era expandir fronteras y para finales de los 1880s buscaba a toda costa evitar embarcarse en conflictos bélicos. Pero con el fin de la década también vendría la declinación de Bismarck. tras del fallecimiento de Wilhem I en 1888, el sucesor Frederick III murió tras 90 días de reinado y fue reemplazado por Wilhem II quien, rodeado de psicópatas y mediocres, terminó enfrentado con el canciller. El 20 de marzo de 1890, Bismarck dimitió tras no ponerse de acuerdo sobre la política laboral, bueno esa fue la última de las diferencias. El país estaba unificado y funcionado. Sin embargo, no muy lejos acechaba el peligro de que todo se fuera por la borda. Conforme trascurrieron los años, caían en el olvido las alertas señaladas por Bismarck quien durante la crisis de Bulgaria, expresó que no valía la pena intervenir ahí, al tiempo que recomendaba no involucrarse en pleitos por dominio territorial en la región de los Balcanes. Años más tarde se demostraría que ahí estaba germinando la semilla que daría pie a la Primera Guerra Mundial, un evento al amparo del cual, además de las atrocidades generadas por la pérdida de vidas humanas y la derrota estrepitosa de Alemania, terminaría por incubar a la bestia que pondría a la humanidad nuevamente al filo del abismo, pero de ello nos ocuparemos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1): Cuando veíamos al francesito Macron hablar ante el Congreso de los EUA, no pudimos sustraernos a un par de imágenes del pasado. En el siglo XIX, durante el conflicto Prusia – Austria, Napoleón III le juraba lealtad a Bismarck, mientras a trasmano firmaba un acuerdo con los austriacos para, según él, asegurarse por todos lados. Caro le saldría su viveza, acabaría destronado y desterrado. En el siglo XX, cuando la ocupación de Francia por los Nazis, con el beneplácito de Vichy y la población gala, aun cuando después se inventaron lo de las plaquitas por las calles de París, Charles de Gaulle le pidió apoyo a Winston Churchill quien lo rescató y lo mantuvo a buen resguardo para que se la pudiera pasar dando discursos y después proclamarse en el campeón de la resistencia (a larguísima distancia). Sin embargo, dado que Churchill no practicaba el juego del tío lolo, a la hora del triunfo dejó al francés en el lugar que le correspondía. Eso bastó para que De Gaulle rumiara que los convirtieron en potencia de segunda y ahí siguen, sin advertir que estamos en los albores del siglo XXI y no del XIX. Sí, los numerales romanos lucen iguales, pero el orden es distinto y eso hace una diferencia muy grande.

Añadido (2): Dado que en ese asunto, como en muchísimos otros, somos legos, nos fuimos a preguntarle a quien sí conoce acerca de esa materia y esta fue su repuesta: “Una donación o una compraventa que esté hecha en una escritura, solo manifiesta que hay una transmisión de propiedad, pero mientras no se paguen los impuestos y derechos no se completa la operación, López [Obrador] seguirá siendo dueño mientras la partida registral no se modifique, tan es así que si tú pides un certificado de libertad de gravamen aparecerá que el dueño es él, por más que diga que se los donó a sus hijos…Más aún, en este momento quien se supone que adquirió con una escritura no inscrita a su nombre, no la puede dar en garantía de un crédito, porque el dueño continúa siendo la persona que donó o vendió. En caso de que alguien finque un embargo en contra de López [Obrador] por esos bienes, al Registro [Publico de la Propiedad] no le queda más que inscribir el embargo en contra de López [Obrador].” Así que usted, lector amable, como persona pensante que es, puede dilucidar quién miente.
21 Abril 2018 04:00:00
La unificación: Historia breve de un pueblo al que gobernó el nativo de un estado vecino del sureste
Al final de la colaboración anterior comentábamos acerca del nombramiento de Otto von Bismarck como ministro presidente de Prusia, quien solamente respondía a la autoridad del rey, Wilhelm I, y presidía el Landtag (el parlamento). Esta acción tendría repercusiones trascendentales en el futuro del pueblo germano para lograr su unificación como nación. Pero antes de adentrarnos en el análisis de ello, debemos de dar un repaso breve en torno a la figura de Bismarck.

Otto Eduard Leopold von Bismarck era un prusiano nacido en el seno de una familia cuyo padre pertenecía a la aristocracia terrateniente, mientras que su madre era descendiente de miembros de la academia y funcionarios gubernamentales. No obstante que fue ella quien lo indujo por los caminos de la formación profesional, Bismarck siempre sobrepuso el honor de pertenecer a la clase terrateniente sobre el talento intelectual indudable y la perspectiva cosmopolita que poseía, características estas últimas que sustentarían su accionar en la vida pública. A instancias maternas, en 1832, se inscribió para estudiar leyese historia en la Universidad de Göttingen ubicada en el reino de Hanover. Ahí, lejos de abocarse al estudio, prefirió dedicarse a “socializar”. Tras de un año ahí, se trasladó a la Universidad de Berlín en donde se tituló. Posteriormente, después de laborar por un tiempo en el servicio público y “descubrir” que no estaba llamado a ser un subordinado, nuevamente un asunto relacionado con su madre, el fallecimiento de ella en 1839, marcaría el derrotero que seguiría. El padre atravesaba por problemas financieros relacionados con sus propiedades, lo cual hizo que Bismarck, cual joven Cincinato, dejara la vida pública y fuera a realizar labores en el campo. Ahí permanecería hasta 1847 cuando en el reino de Prusia, por vez primera se instaló un parlamento y Bismarck fue electo como miembro de él.

Ahí, se distinguiría por ser un rabioso enemigo de los liberales, oponerse a la emancipación de los judíos y expresar su desacuerdo con las revoluciones de 1848. Esto lo convertiría en una de las voces más importantes de los conservadores. Estaba convencido firmemente de que lo mejor era tener un estado cristiano la cuya existencia provenía directamente de la aprobación divina. Este acercamiento de Bismarck a la concepción religiosa se da a partir de su matrimonio con Johanna von Puttkamer quien pertenecía a una familia aristocrática y muy religiosa. Estos conceptos sobre la divinidad y el ejercicio del poder derivado de ella, hicieron que el rey y sus asesores voltearan a verlo. Durante los años subsecuentes desempeñaría varios encargos políticos y diplomáticos. Fue representante de Prusia ante la Confederación Germana, y más tarde sería embajador en Rusia y en Francia. Durante el desempeño de dichos cargos, tuvo oportunidad de conocer de cerca a quienes serían sus adversarios en el futuro. En Rusia al príncipe Alexander Mikhailovich Gorchakov; en Francia a Napoleón III; y en una visita a Inglaterra, cuya forma de gobierno nunca aceptó como modelo a seguir por Prusia, se entrevistó con el primer ministro, Henry John Temple, Tercer Vizconde de Palmerston, Lord John Russel, dos veces primer ministro durante el gobierno de la Reina Victoria, y con Benjamin Disraeli quien sería primer ministro durante los 1870s. Con el bagaje descrito habría de enfrentar los años por venir bajo el principio de que: “La política es el arte de lo posible, la cual presenta una sucesión constante de alternativas. Muy raramente hay una solución única a un problema político especifico”. Basado en ello, en las negociaciones, siempre dejo abiertas alternativas para llegar a una solución.

No obstante, lo anterior, cuando empezó a ejercer el cargo, trato de lograr un compromiso con el Parlamento, pero estos rechazaron la oferta. Ante esto, la única opción factible fue que el estado realizara sus actividades sin la cooperación del Parlamento. Pero esta sería la primera de las muchas batallas que habría de enfrentar Bismarck en el proceso para llegar a crear la unificación alemana.

En 1863, cuando se suscitaría la revuelta polaca en contra del Gobierno de Rusia, los rebeldes recibieron el apoyo de Francia, Gran Bretaña y Austria. Esto proporcionó una oportunidad para que Prusia consolidara sus relaciones con Rusia a quien le proporcionó apoyo, instalando tropas para evitar que los insurrectos se refugiaran en territorio prusiano, al tiempo que autorizaba que el Ejército ruso entrara a su territorio para perseguir a los polacos. Asimismo, en 1863, se suscita la Guerra Danesa generada a partir de la disputa por la sucesión en el trono danés en donde la sucesión de los ducados de Schleswig y Holstein fue reclamada por Cristian IX y por un duque danés, Frederick von Augustenburg. Los prusianos apoyaban fuertemente al segundo dado que la mayoría de la población en esas dos entidades eran germanoparlantes. En ese contexto, Bismarck arguyó que esos territorios pertenecían al monarca danés conforme a lo establecido en el Protocolo de Londres firmado en 1852. Sin embargo, cuando Cristian IX se rehusó a ello, Bismarck ordenó al ejercito prusiano, con el apoyo de Austria, avanzar sobre los territorios en disputa. Dado que los daneses no aceptaron entrar en negociaciones, Prusia y Austria declaran la guerra a Dinamarca en febrero de 1864. Al no contar con ningún respaldo, los daneses son derrotados y mediante la Convención de Gastein, en 1865, se decide que Prusia administre Schleswig y Austria lo haga con Holstein. Sin embargo, tanta armonía no duraría mucho tiempo.

En 1866, los austriacos se inconformaron con el arreglo y buscaron que fuera la Confederación Alemana, de la cual tanto ellos como Prusia eran miembros, la que determinara el futuro de los términos en los cuales fue firmada la Convención arriba mencionada. Ante ello, Bismarck encuentra la excusa perfecta para consolidar el poder prusiano y excluirlos de un control futuro sobre territorio alemán. Dado que la perspectiva de Bismarck era convertir a Prusia en el gran dominador de Alemania, inicia una política de aislamiento de Austria ante los grandes poderes europeos. En abril de 1866, se arregla con el reino de Cerdeña para que esta pueda recuperar Venecia que estaba en posesión de Austria. El generar esta confrontación permitiría que los austriacos tuvieran que atender dos frentes de batalla a la vez. A la vez, Bismarck logra convencer a Rusia de que permaneciera neutral en el conflicto. Gran Bretaña opta por permanecer al margen del conflicto. Por su parte, Francia a la vez que acepta apoyar a Prusia para armar una alianza con Italia, Napoleón III acepta la neutralidad a cambio de recibir territorios en la región del Rhine. Sin embargo, al sobrino de su tío le salió lo “vivo” y secretamente acordó con Austria que esta le cedería Venecia en caso de una victoria eventual de los austriacos. Mas tarde, se vería que el sobrino era muy bueno para operar dentro de los confines de Paris. Sin embargo, en eso de la política internacional todo le salía mal y aquí no habría quien pagara el precio de sus torpezas como le resultaría en su aventura mexicana, pero esto lo veremos mas tarde. Mientras tanto, en junio de 1866, Bismarck usó como pretexto las acciones que Austria desarrollaba para reorganizar el gobierno de Holstein y, como lo indicamos líneas arriba, los acusó de violar la Convención de Gastein, ante ello envió tropas a dicho territorio. Y aquí empezaron a verse los resultados de haber realizado reformas al ejercito prusiano años antes. Esta milicia resultó muy superior a la austriaca, además de contar con un liderazgo mucho muy superior. En la llamada Guerra de las Siete Semanas, las fuerzas de Bismarck lograron incorporar a Prusia los poblados de Schleswig, Holstein, Hanover, Nassau y otros territorios. En igual forma, logró que los estados del centro y norte de Alemania se convirtieran en integrantes de la Confederación Germana del Norte bajo ciertos arreglos en la Constitución. Los estados de la región sur si bien permanecieron hasta cierto punto independientes, firmaron tratados con Prusia bajo los cuales sus ejércitos, al amparo del liderazgo prusiano, responderían en caso de un ataque foráneo. En el caso de los gobernantes de Hanover y Hesse-Cassel que mostraron resistencia a aceptar los términos impuestos por Prusia, fueron echados y despojados de sus territorios. Al amparo de la Paz de Praga, la Confederación Germana fue disuelta, Prusia se comprometió a no intervenir en asuntos de Alemania. Ante esto, la oposición interna a Bismarck empezó a desvanecerse.

Lo alcanzado hizo que los liberales se rindieran ante el sentimiento nacionalista prevaleciera tanto en Prusia como en las regiones norte y central de Alemania. Quienes antes eran opositores a Bismarck no tuvieron otra opción sino sumarse a la mayoría conservadora que ahora controlabas el Congreso y aprobar la Ley de Indemnización y aceptar los arreglos presupuestarios de Bismarck, que, si bien pudieran resultar cuestionables desde el punto de vista constitucional de los cuatro años anteriores, de no hacerlo hubieran enfrentado las consecuencias de oponerse a un líder victorioso cuyo poder iba en ascenso. Sin embargo, había una cuenta por saldar con aquel quien jugó a dos cartas durante la Guerra de las Siete Semanas.

En sus sueños de grandeza, Napoleón III buscó convertirse en el gran mediador entre Austria y Prusia. Al mismo tiempo, como si fuese desconocido su arreglo “secreto” con la primera, demandó a Bismarck que le cumpliera el ofrecimiento de las tierras de Rhineland y en Bélgica. La respuesta fue en negativa. Temeroso de una alianza posible entre Rusia y Francia, Bismarck buscó la forma en que Francia apareciera como demandante de territorios en Luxemburgo y Bélgica. Sabedor de que en el sur de Alemania (Bavaria, Württemberg, Baden y el sur de Hesse) se mantenía latente el descontento hacia él, Bismarck jugó la carta del sentimiento patriótico que anteponía las raíces germanas a la posibilidad de que Francia fuera a alzarse en contra de ellos y eso los obligaba a participar como aliados de Prusia liderando la Confederación Germana del Norte en contra del imperio francés.

En 1870, Napoleón III aun creía que influencia le alcanzaba para jugar en las ligas mayores, la realidad le mostraría cuál era su condición real. Sin embargo, antes de llegar ahí, mostraría su condición delirante. Cuando al príncipe alemán, Leopold de Hohenzollern-Sigmaringen le ofrecen el trono de España, Francia demanda que no acepte su candidatura. Afiebrado, Napoleón III exige al rey Wilhelm que, como jefe de la Casa de Hohenzollern, ningún miembro de esa dinastía aceptara nunca la corona española. Si bien los germanos aceptan olvidarse de aventuras hispanas, Napoleón III extraviado demandó que, el rey de Prusia, le enviara una carta pidiendo perdón por simplemente considerar esa posibilidad. Para ello, envió al embajador francés ante Prusia, Vincent, Count Benedetti para que exigiera al rey actuar en consecuencia. Esto se convirtió en la pieza que faltaba para armar el rompecabezas que pedazo a pedazo había venido construyendo Bismarck. Cuando recibió el llamado “Despacho Ems” mismo que le remitió el rey narrando su entrevista con el diplomático galo, el ministro presidente prusiano lo editó y dio a conocer a la opinión pública inflamando el fervor patriótico en ambos bandos.

Bismarck demostró cuÁn superior era su olfato político, del militar ni hablamos, al que poseía el sobrino de su tío. Estaba convencido de que ninguna nación apoyaría a Francia pues si esta salía victoriosa de una confrontación con Prusia, se volvería inmanejable. Aun cuando el pronóstico de Bismarck resultó acertado, Napoleón III, movido por la presión de sus paisanos quienes clamaban revancha por la burla, movilizó el ejercito el 19 de julio de 1870. Esto fue visto por los estados germanos como una agresión y decidieron aliarse con Prusia. Dada la superioridad militar prusiana, las huestes galas fueron derrotadas y más tarde Napoleón III sería tomado como prisionero dejándolo en calidad de elemento de repuesto por si Prusia requerida colocar un títere para gobernar Francia, como no lo necesitó lo envió como exiliado a Inglaterra en donde fallecería en 1873. Tras de un sitio de cuatro meses, el 28 de enero de 1871, París fue tomada por las fuerzas prusianas.

Para entonces, Bismarck había negociado con los representantes de los estados germanos del sur, suprimido la Confederación del Norte de Alemania y dado pie a la unificación de Alemania. El 18 de enero de 1871, en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, Wilhelm I de Prusia era proclamado como emperador germánico. El imperio alemán era una federación de 25 estados en donde había reinos, ducados, (chicos y grandes), principados y ciudades libres. Si bien el emperador era igual entre sus pares, era el primero entre los iguales. Presidía el Bundesrat el cual se reunía para discutir la política presentada por el canciller, a quien el emperador nombró recayendo la designación en Bismarck a quien se le otorgaría el título de príncipe desde donde habría de liderar el Segundo Imperio Germánico entre 1871 y 1890. Sobre ello comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) De pena ajena, y esto no tiene nada que ver con asuntos de género, la actuación de las ciudadanas aspirantes a gobernar la Ciudad de México. Ellas, se dicen de izquierda y arguyen contar con el respaldo mayoritario. Sin embargo, nos surge una pregunta ¿Se deberá esto a lo que escribe el periodista Rafael Cardona acerca de que “El gobierno [¿de la izquierda?] soborna a los ciudadanos más pobres, más ignorantes, más semiurbanos (no importa si la leche “Bety” está contaminada con mierda. De todos modos, se la beben porque es regalada), a cambio de la tolerancia ante cualquier desmán.”?

Añadido (2) ¿Cómo cuantos votos más pensaran ganar los impulsores de la extinción del fuero? Desde nuestra perspectiva, cero.

Añadido (3) Toda una imagen poética, uno delante y otro atrás. Los dos peores ciudadanos que ha (des)gobernaron el Distrito Federal como ejemplo de que el filósofo tunero, Gonzalo N. Santos tenía razón, “la moral es un árbol que da moras”.

Añadido (4) Dicen que se reunían mas personas alrededor de uno de aquellos vivales que clamaban “¿Dónde está la bolita, donde esta la bolita…?” que en un mitin presidido por la ciudadana del rebozo.

Añadido (5) Mientras que, a un chofer habilitado de gran negociante, lo exhiben como un truhán, el beneficiado del negocio encabeza la cruzada contra la corrupción y se dice salvador de la patria.

Añadido (6) ¿Veremos mañana un debate de ideas o simplemente otra lucha entre cinco lanzándose lodo y porquerías? Si versara sobre ideas, los seres pensantes, como usted lector amable, saben perfectamente quien no es capaz de hilar dos oraciones.
14 Abril 2018 04:00:00
Breve historia de un pueblo al que gobernó el nativo de un estado vecino del sureste / A
Todos los pueblos sobre la tierra, independientemente de su condición, en algún punto de su historia acaban por ser víctimas de un iluminado quien les vende espejitos haciéndoles creer que él, con una varita mágica, habrá de resolverles todos sus problemas. Haciéndoles escuchar lo que quieren oír, les ofrece la vía fácil del regalo sin dejarles tiempo para pensar de donde saldrán los recursos para cumplir tales ofrecimientos. Nada se les comenta de que para repartir riqueza primero es necesario generarla. Sin embargo, inmersos en esa dinámica, los pueblos optan por colgarse de la retórica fácil y olvidan que cuando tuvieron momentos de grandeza fue producto de la participación conjunta de todos los habitantes quienes, cada uno cumpliendo con la parte que les correspondía, pudieron mejorar sus condiciones de vida. Olvidan su historia y creen que el mundo y la humanidad existe a partir de ellos. Así le sucedió a aquel pueblo, sobre cuya historia no somos especialistas, pero que no deja de atraernos por lo que significa en el contexto de la civilización occidental. Al respecto, comentaremos en este espacio y colaboraciones siguientes.

En el libro “The Dark Ages (1968),” Isaac Asimov inicia la narrativa mencionando que “alrededor del año 1000 A.C. un grupo de tribus integradas por hombres incivilizados -altos, de piel clara, y cazadores salvajes de venado- moraban al norte y el sur de la boca del Mar Báltico, en las tierras que hoy son conocidas como Dinamarca, el sur de Suecia y Dinamarca y el norte de Alemania. De donde provenían, nadie lo sabe.” El idioma que hablaban era totalmente distinto al que prevalecía entre las tribus del este y el sur. Habrían de trascurrir muchísimos años antes de que “los romanos encontraran a una tribu descendiente de aquellos salvajes (que aún lo eran)…” Como los romanos no entendían la lengua que aquellos seres primitivos hablaban, los nombraron como fonéticamente lo entendían llamándolos germanos.

Esas mismas tribus, los germanos, son calificados como bárbaros, lo cual debemos apuntarlo, se debe a que para los griegos y romanos quienes no hablaran su lengua caían dentro de esa categoría. Sin embargo, también es importante mencionar que tiempo después fueron ese grupo de germanos ayudaron a destruir “parte del imperio romano y su falta de aprecio por la cultura y la enseñanza dio pie para que la palabra bárbaro adquiriera el significado que hoy tiene de analfabeta e incivilizado.” Sin embargo, pese a que los romanos fueron capaces de dominar a otras tribus bárbaras localizadas en la región de España, las Galias y Bretaña, no pudieron conquistar a los germanos quienes liderados por un guerrero llamado Arminius (Hermann) los derrotaron hacia la frontera occidental del Río Rhein en donde iniciaron una vida dedicada a la agricultura.

Sin embargo, llama la atención lo citado por Asimov referente a lo que el historiador Cornelius Tacitus publicó, en el año 98, en un libro de 50 páginas. En ellas describe a los germanos como altos, vigorosos, fascinados con la cacería, fieros y crueles, pero honorables y hospitalarios. En igual forma, Tacitus advirtió que el vigor y la independencia de los germanos los convertiría en una amenaza para Roma cuya sociedad en ese momento se caracterizaban por su blandenguería y declive. Con el paso del tiempo, los germanos empezaron a agruparse en confederaciones y más tarde en uniones mayores. Para 233, ya estaban agrupados en una confederación de tribus ubicadas en el sur y el sureste de Alemania. A ellos, “los romanos los llamaban Alemanni, la cual se deriva de la palabra alemana, ‘todos los hombres.’” Y ello daría inicio a un periodo de confrontaciones en donde uno se alternaba en el dominio del otro, sin que ello evitara que hubiera periodos de paz en donde la comunicación y el intercambio de bienes se suscitaba. A la par, se suscitó otro fenómeno, los germanos emigraron al imperio romano. Dado que los ciudadanos romanos, acostumbrados a la vida fácil y de lujos, no querían ingresar a las filas de la milicia, a las autoridades no les quedó sino optar por buscar soldados mercenarios, los cuales los encontraron en los germanos. En este proceso, los germanos fueron adentrándose en la vida de la sociedad romana y empezaron a incorporarse a la religión romana la cual desde los tiempos del emperador Augusto había nacido, el cristianismo. Este tuvo su origen como una secta disidente del judaísmo, pero pronto fue aceptada por los no-judíos. Para el año 300, una cuarta parte de la población romana practicaban dicha religión. Sin embargo, entre 306 y 312, el emperador Constantino I convertiría al cristianismo en la religión oficial. Esta religión acabaría por borrar los signos paganos de los germanos, aún cuando no podría terminar con uno de ellos el árbol de Navidad que llega hasta nuestros días. Pero hay algo interesante que mencionar.

Allá por la década de los 330s, el cristianismo se presentaba en formas diversas, pero existían dos sectas que predominaban. Una de ellas era promovida por “un sacerdote llamado Arius (y por consiguiente llamada Arianismo), quien enfatizaba la importancia de Dios. Jesucristo era considerado un humano, una criatura subordinada a Dios. En otra perspectiva, Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo eran tres aspectos iguales de un solo Ser.” Esta última aversión fue la que prevaleció y los obispos la adoptaron como la doctrina de la iglesia universal, naciendo de ahí que quienes la profesaban fueran llamados católicos, un vocablo que se deriva de la palabra griega que significa universal. A lo largo de la cuarta centuria las dos versiones prevalecieron, pero la rivalidad prevaleció llegando en ocasiones a manifestarse de manera violenta. En ese contexto, al paso de los tiempos, la versión aria del cristianismo fue adentrándose entre los miembros de las tribus germánicas, mientras que la otra se impuso entre los romanos quienes se convirtieron en un pueblo totalmente católico. Una explicación que da Asimov para esta división es que “las tribus germánicas vivían bajo una forma primitiva de monarquía, en la cual el rey era más visible y no se encontraba en una posición marcadamente superior a la de sus guerreros, lo cual favorecía la perspectiva de que Jesucristo no estaba muy por arriba de su gente. Ellos miraban a Jesucristo como un líder de la tribu.” Esta perspectiva diferente habría de ser muy importante en el devenir de la historia del pueblo germánico.

Durante los años porvenir, entre 962 y 1806, desde la Edad Media hasta la Edad Contemporánea, prevaleció el Sacro Imperio Romano Germánico, el cual desapareció el 6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco, debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón I. En su lugar, la Confederación del Rihen fue constituida por dieciséis estados germánicos incluyendo Baviera y Wurtemberg. Posteriormente como resultado del Congreso de Viena, se creó, en 1815, la Confederación Germánica integrada por 39 estados alemanes bajo la dirección de la Casa de Austria que gobernaba en la vecindad del sureste. Uno de los problemas que enfrentaron los austriacos fue el nacionalismo alemán que iba en ascenso. Para mediados del siglo XIX, el deseo de una Alemania unificada era creciente. Muchos eran quienes deseaban una Alemania unificada. Sin embargo, durante las revoluciones de 1848, la Confederación Germánica fue incapaz de dar un apoyo efectivo a la causa nacionalista germánica. Posteriormente a 1850, los germanos nacionalistas enfocaron sus miras a determinar bajo que liderazgo habrían de conducirse, las opciones estaban entre Austria y Prusia.

En el caso de la primera, tenía la ventaja de poseer una larga tradición de supremacía, dominaba la confederación y como un país católico tenía una influencia importante sobre quienes profesaban esa religión en el sur de Alemania. Además, contaba con un ejército fuerte y poseía recursos naturales en abundancia que superaban por mucho a los que Prusia tenía. Por el lado negativo, Austria era un imperio multinacional, apenas si fue capaz de sobrevivir la crisis derivada de las revoluciones y la mayor parte de sus habitantes no eran germanos, a lo cual se agregaba el hecho de que su catolicismo los contraponía con los habitantes del norte quienes profesaban el protestantismo.

Por su parte Prusia contaba con una población exclusivamente germánica, tenía una tradición autocrática que era más aceptable para los liberales alemanes, sus pobladores profesaban el protestantismo y había experimentado un desarrollo económico importante a lo largo de la región del Rhien. Pero antes de continuar, demos un repaso breve a lo que fue la historia de Prusia entre los siglos XVII y XIX.

En la centuria XVII, Prusia tenía un gobierno centralizado apoyado en un ejército poderoso que fue capaz de someter a los miembros de la nobleza terrateniente, los denominados Junkers y hacerlos que canalizaran sus esfuerzos hacia el servicio del estado. A finales del siglo XVIII, Prusia, gracias a su ejército, amplio sus dominios territoriales, lo cual le permitió alcanzar el estatus de uno de los poderes mas importantes. Sus gobernantes, se distinguían por su liderazgo y contar con una burocracia que era calificada de honesta. Para el siglo XIX, tras de las Guerras Napoleónicas, se le otorga Prusia una gran parte de la ribera del Rhine. Esta zona, se convierte en el centro de la revolución industrial en Alemania. Su población se caracterizaba por apegarse a los principios liberales. Sin embargo, entre las diversas clases se dieron confrontaciones ya que los financieros, los industriales y los profesionales se quejaban de que el poder estaba monopolizado por la aristocracia terrateniente quienes conjuntaban fuerzas con los miembros de las clases medias. La demanda era que se estableciera un sistema parlamentario similar al inglés. Su gobernante, Friedrich Wilhelm IV, de la Casa de Hohenzollern, promulgó una constitución en 1848, pero gobernaba autocráticamente no obstante que imperaba una legislación representativa. A pesar de estas diferencias, Prusia progresaba, controlaba la mayor parte de las aduanas de Alemania, se implantaron medidas para terminar con la condición a que eran sometidos trabajadores agrícolas laborando bajo un esquema feudal. A principios de los 1850s, la prosperidad vino de la mano de la expansión económica e industrial. Se desarrolló un sistema de tarifas para proteger a las industrias nacientes, se realizaron actividades de mejoras para facilitar el tránsito en ríos y caminos. En todo este proceso de desarrollo económico tuvo un papel fundamental la cooperación amplia que se dio entre las universidades y las escuelas tecnológicas.

Finalmente, en noviembre de 1850, mediante el Tratado de Olmütz, Austria forzó a Prusia para que desistiera de su idea de unificar Alemania mediante una unión federal que estaría dominada por la segunda. Se restauró la Federación Germánica incluyendo a los dos primeros, bajo el dominio de Austria. No sería sino hasta 1858 cuando las cosas en Prusia empezarían a cambiar.

En ese año, Friedrich Wilhelm IV sufrió una crisis mental y fue sustituido por su hermano Wilhelm I quien entre 1858 y 1861 actuó como príncipe Regente y a partir del último año mencionado se convirtió en Rey de Prusia. Inmediatamente reemplazó a quienes habían venido actuando como miembros del gabinete durante el reinado de su hermano, sustituyéndolos por personales con ideas más liberales.

Aún cuando respetó la Constitución, no dejó de ejercer su autoridad ejecutiva.

Una de sus preocupaciones más importantes era contar con un ejército poderoso
por lo cual nombró a Albert Von Roon como ministro de guerra. El tiempo mostraría lo acertado de esa decisión, el ejército prusiano se convirtió en el más efectivo de Europa. Esto no fue exento de problemas. En 1862, el parlamento no quiso autorizarle un incremento en el presupuesto para cubrir los gastos del ejército. Ante los problemas, Wilhelm I planteó su abdicación, pero su hijo, el heredero al trono, lo convenció de que no lo hiciera. Posteriormente, atendiendo a las sugerencias de Von Roon, nombró a Otto von Bismarck como ministro presidente de Prusia quien solamente respondía a la autoridad del rey y presidía el Landtag (el parlamento). A partir de ese momento, empezaría a construirse la unificación de Alemania. Sobre eso, y quien era Bismarck, nos ocuparemos en la colaboración siguiente sobre la historia de una nación que con toda su grandeza, años después, sus habitantes cometerían un error garrafal, muy costoso para ellos y para la humanidad, al seleccionar como líder a un sujeto nativo de un estado vecino del sureste, pero aún no llegamos ahí en la narrativa.

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Añadido (1) La última vez que nuestras autoridades adoptaron una postura digna ante un insulto clerical fue en febrero de 2015 cuando el sencillito argentino nos estigmatizó. Se le envió una nota diplomática de protesta firmada por un católico practicante quien entonces se desempeñaba como canciller. Ante eso, el porteño sudamericano tuvo que recular y ofrecer una disculpa. Si así actuaran siempre, el respeto prevalecería en la relación.

Añadido (2) Hasta donde llegara la estulticia de algunos quienes no acaban de percatarse que nos quieren convertir en un estado teocrático. ¿Acaso ya se olvidaron de lo que nos sucedió durante tres siglos y medio en que vivimos bajo el yugo de la religión?

Añadido (3) Alega ser el mesías de trópico por lo cual puede hablarse de tu con el otro, quien se dice investido de poderes celestiales. Ninguno de los dos ofrece evidencias objetivas de su condición, pero igual sus seguidores les creen.

Añadido (4) ¿Cómo se atreve ese fulano, enemigo del estado laico, a proclamarse heredero del Estadista Benito Pablo Juárez García? ¿No se ha percatado de que la levita negra supera por muchísimas tallas el perchero, barriga incluida, que porta?

Añadido (5) La ciudadana del rebozo no iba a quedarse atrás y, actuando acorde a su pasado, también embistió al estado laico.
07 Abril 2018 04:00:00
Creyó que venía como emperador, para la curia era simplemente un ajustador de cuentas
Continuamos con el relato que partió hace tres semanas sobre la relación entre Giovanni María Mastai-Ferreti, el papa Pío IX, y Fernando Maximiliano de Habsburgo. En las dos colaboraciones anteriores, revisamos el contenido de una carta confidencial del primero hacia el segundo, así como el arribo, en medio de zalamerías, del nuncio papal a México. En esta ocasión, comentaremos sobre como Maximiliano y su cónyugue empezaron a despertar de su sueño imperial y percatarse de que los que se decían, lo siguen proclamando, investidos por el dedo divino solamente los requerían para que les devolvieran los bienes materiales, amasados con la sangre y el sudor de los habitantes de este país, que decían le pertenecían a la curia. Todo dio inicio cuando Maximiliano le presentó a monseñor Pedro Francisco Meglia un proyecto de Concordato, mediante el cual buscaba establecer una relación similar a la que tuvo la corona española y la iglesia católica durante los tiempos de la Colonia, mismo que diera resultados muy benéficos para ambos. Sin embargo, ahora, la curia ya no estaba dispuesta a compartir el pastel. Iniciemos por precisar el contenido del proyecto de solución.

Dado que el austriaco sentía que lo de su imperio era cosa seria pues quiso empezar a negociar de igual a igual con la curia y en su proyecto de concordato indicaba: “I) El Gobierno mexicano tolera todos los cultos que no estén prohibidos por la ley; pero protege el católico apostólico romano como religión de Estado”. Aun no leía con cuidado la carta confidencial y, por supuesto, aun no le llegaba la copia de la encíclica Quanta cura y el Syllabus publicados apenas nueve días antes, el 8 de diciembre de 1864.

Acto seguido, en el apartado segundo, indicaba que “el tesoro público proveerá a los gastos del culto católico y de l sostenimiento de sus ministros en la misma forma, proporción y preferencia con los que se cubra la lista civil del Estado”. ¿Acaso, esto implicaba que colocaba a la curia al mismo nivel que los servidores del estado?

En el tercer punto, se mencionaba que “los ministros del culto católico administraran los sacramentos y ejercerán su ministerio gratuitamente y sin que ellos tengan derecho a cobrar, ni los fieles obligación de pagar estipendio, emolumentos y cosa alguna, a titulo de derechos parroquiales, dispensas, diezmos primicias o cualquier otro”. El colmo, quería terminar con el negocio, eso era inaudito.

Pero ahí no paraba todo, en el cuarto inciso, se proponía que “la Iglesia cede y traspasa al Gobierno mexicano [léase a Maximiliano y sus compinches] todos los derechos con se considera, respecto de los bienes eclesiásticos que se declararon nacionales durante la República”. Esto era el acabose, pero faltaba más.

En el quinto punto, apareció lo insólito, “el emperador Maximiliano y sus sucesores en el trono ejercerán in perpetuam en la Iglesia mexicana los mismos derechos que los reyes de España ejercieron en la Iglesia de América”. Ah que chamaco tan inocente, ¿en verdad creía que lo apoyaron para venir a restaurar remedos de acuerdos viejos?

El apartado sexto rayaba en la candidez al mencionar que “el Santo Padre, de acuerdo con el emperador, determinará cuales, de las órdenes religiosas, extinguidas durante la República, deben ser restablecidas y en que forma y términos. Las comunidades de religiosos, que de hecho existen hoy, continuaran, pero con los noviciados cerrados, hasta que el Santo Padre, de acuerdo con el emperador, determine la forma y términos en que deban continuar”. Esto es un ejemplo de que Maximiliano no se percataba de su situación real. Lo enviaron a México en calidad de ajustador de cuentas para que arrebatara a punta de fusil y acto seguido entregara inmediatamente a la curia lo que esta argüía era de su pertenecía. ¿Desde cuando fulanos en esa condición podían creer que estaban a la altura del patrón?

En el séptimo punto, simplemente se anotaba “Fueros”. Pero en el octavo, volvía a la carga el soñador y establecía que “en los lugares que el emperador lo juzgue conveniente, enmendara el registro civil de nacimientos, matrimonios y fallecimientos, a los párrocos católicos, quienes deberán desempeñar este cargo como funcionarios del orden civil”. Ahora sí, ¿Qué brebaje le habían dado a este al arribar a Veracruz? O sería que el espíritu del estadista se quedó por algún sitio de palacio y acabó posesionándose de la psique del barbirrubio, aun cuando eso no permitía al austriaco alcanzar la estatura y el empaque del oaxaqueño quien portaba una levita de talla muy superior. Cerraba el noveno apartado indicando simplemente, “cementerios”. Cuando leyó todo esto monseñor Meglia casi queda al punto del infarto, eso no era lo que esperaba de un emperador de opereta a quien enviaron en calidad de ajustador de cuentas, aun cuando el barbirrubio consideraba que venía a instaurar un trono, los concordatos se celebraban con los reyes europeos a quienes estimaban que había llegado ahí por designio divino, vaya usted a saber cómo, pero esa era lo que argüían. Don Max era simplemente un desplazado a quien mandaron a la América para hacerle creer que gobernaría algo y dejara en paz a su hermano en Austria. En ese contexto, Meglia le preparó un regalito de Navidad.

El 25 de diciembre de 1864, Meglia dirigió una carta al ministro de justicia del imperio de opereta, Pedro Escudero. En ella, empezaba por relatar como se enteró del proyecto mencionado, a la vez que precisaba como desde el principio mencionó que no esta investido de poderes para negociar un Concordato. Meglia indicaba a Escudero que, como ya lo había dicho a él y a la “emperatriz,” su misión “tenía por objeto: Primeramente, ver revocar y abolir al mismo tiempo que las llamadas Leyes de Reforma, todas aquellas contrarias a los sagrados {¿Quién lo determinó así?] derechos de la Iglesia, aun en vigor aquí; activar la publicación de otras leyes encaminadas a reparar los daños que se han hecho y establecer el orden en la administración civil y eclesiástica”. En pocas palabras, como el ajustador de cuentas enviado no cumplía con la misión encomendada, pues le remitieron otro como coadjutor. Y para que no hubiera duda de ello, Meglia mencionaba que “…mis instrucciones eran las de reclamar la entera libertad de la Iglesia y los Obispos, en el ejercicio de sus derechos y en los del Santo Ministerio; el restablecimiento y la reforma de las ordenes religiosas cuyas bases le fueron comunicadas por el Padre Santo; la restitución de las iglesias y los conventos, así como sus bienes; pedir, en fin, que, como en el pasado, se reconociese a la Iglesia el derecho de adquirir, poseer y administrar su patrimonio”. Esto, en palabras llanas, se podría traducir como que el chico De Habsburgo ni esperara que le fueran a firmar convenio, contrato o concordato alguno. Para que no quedara duda, el arzobispo de Damasco, convertido en nuncio apostólico, procedió a puntualizar su opinión.

Empezó por mencionar que “analizando luego algunos puntos del proyecto, desaprobé el primero sobre la tolerancia de cultos, como contraria a la doctrina de la Iglesia y a los sentimientos de la Nación Mexicana, enteramente católica”.

Pero que sabía Pedro Francisco sobre los sentimientos de los habitantes de estas tierras, apenas tenía ocho días de haber llegado y ya era un experto en el tema.

Aun no terminaba, el nuncio de objetar la propuesta, “en cuanto al segundo punto, [decía Meglia], hice considerar que el Episcopado, el clero y la parta más sana [¿Qué habrá significado eso?] de la Nación, veían con horror la idea de una indemnización pagada por el Tesoro que preferían vivir mas bien de la caridad de los fieles y, finalmente, que la Iglesia, despojada [¿?] ya en parte, no podía ceder voluntariamente los pocos bienes que le quedaban y forman el más sagrado y legitimo patrimonio, destinado al culto divino y al subsistencia de sus Ministros y de los pobres”. Tenía razón el monseñor, eso de mezclar Iglesia y Estado no era nada bueno, además nadie le dijo previamente que aquí, Maximiliano propondría algo semejante.

Por lo anterior, Meglia reiteraba a Escudero haber declarado “…asimismo a S.(u) M.(ajestad) y a V.(uestra) E.(xcelencia), que tanto menos había podido darme instrucciones sobre los puntos expresados la Santa Sede, cuanto que no podía suponer que el Gobierno Imperial los propusiese y llevara a cabo por ese medio la obra empezada por Juárez”. Al punto del soponcio, Meglia indicaba que “he asegurado a S.(u) M.(ajestad) y a V.(uestra) E.(xcelencia) que jamás había oído hablar en Roma de semejante proyecto, ni por Su Santidad, ni por el secretario de Estado, ni por las otras personas de la Corte Pontificia y que estaba persuadido de que el ministro imperial, Sr. Aguilar, jamás hizo mención de él al Santo Padre, el cual habría ciertamente escrito una carta y dado otras instrucciones a su representante.” Posteriormente, después de indicar que enviaría las bases del proyecto a Pío IX y solicitar que, antes de recibir la respuesta, Maximiliano no debería de tomar ninguna medida contraria a la iglesia y sus leyes. Asimismo, Meglia mencionaba haber dado una explicación amplia al respecto a Carlota. Sobre como se desarrolló la entrevista entre la princesa belga y el nuncio apostólico, se conoce la versión de la primera en una carta, fechada el 27 de diciembre de 1864, que dirigió a su hermana, la emperatriz Eugenia.

Daba inicio quejándose de que en México las ordenes emitidas no pasaban del papel y avanzaban muy poco. Pero lo que más encabritaba a Carlota Amalia era la actitud del nuncio. “Jamás hubiera creído posible que frente a los intereses de la religión tan íntimamente ligados a los del Concordato, el nuncio pusiera la menor dificultad. Sin embargo, está como loco y el domingo he hecho reír al mariscal [Bazaine] diciéndole irreverentemente ‘que debemos echar al Nuncio por la ventana’. En efecto, es como un cerebro trastornado, con una ceguera y una obstinación increíbles que no pretende nada menos que el país que odia todo lo que es teocracia, desea que se devuelvan los bienes al clero…” [Carlota aun no se percataba en condición de que mandaron a su maridito a la aventura transoceánica]. Y seguía dando muestras de su desubicación al decir “como si a pleno sol no vinieran a decir que es de noche, pero, por desgracia y reconozco que para nosotros católicos de este siglo es una humillación., la Corte de Roma es así”. Si hubiera sabido cual era su futuro por esos rumbos hubiera tomado la actitud del nuncio como un preámbulo de lo que vendría. Pero seguía empecinada en creer que su conyugue jugaba en las grandes ligas y, como muestra, decía que “Napoleón I emitió sobre el particular apreciaciones de palpitante actualidad y, sin embargo, Pío VII [Barnaba Niccolò Maria Luigi Chiaramonti] fue un gran Papa que celebró el concordato de 1801.” De ahí procedió a contarle a su consanguínea cual fue la actitud de Maximiliano ante el nuncio.

Carlota menciona que, durante la primera entrevista entre los dos personajes, el barbirrubio de su marido se quedó con la impresión de que sobre tres o cuatro puntos no había divergencias y de los otros se informaría a Roma. Sin embargo, dos días después el nuncio, mediante un propio, le comunicó que no tenía indicaciones para aprobar aquellos, lo cual mencionamos en detalle líneas arriba. Conforme a la princesa belga, tras de eso, se reúne el Consejo de Ministros con Maximiliano y acuerdan, según le comunicó este último a Bazaine que, si el nuncio no da su brazo a torcer, “se publicara una carta ratificando las leyes de Juárez”. Después de eso, el austriaco decidió ya no recibir a Meglia. Carlota, sin embargo, mandó llamar a este último durante la víspera de la Navidad y pasó con él, en charla intensa, dos horas. Una reunión que nada tuvo de agradable porque según narra la promotora principal de la aventura, “nada me dio una idea mas justa del infierno que esa conversación, puesto que el infierno no es otra cosa que un callejón sin salida.” [Carlota estaba equivocada, muchísimos años, después uno de los sucesores de Pío IX, el ciudadano Bergoglio Sívori afirmó que el infierno no existe]. Tras de quejarse amargamente de la cerrazón del clérigo, expuso que Meglia “terminó diciéndome que era el clero el que había construido el Imperio. Un momento -le dije-, no fue el clero fue el emperador el día que llegó…” ¿Pero cual imperio? Eso era una puesta en escena con actores malos que ni siquiera sabían desempeñar sus roles. Carlota, sin embargo, aún se mantenía cuidadosa de que aquello escalara y relata que le presentó “…las cosas en todos los tonos posibles, serios, jocosos graves y casi proféticos; pues me parecía que una coyuntura podía traer complicaciones, quizás hasta una ruptura con el Santo Trono, para gran detrimento de la religión. Nada sirvió; [Meglia] sacudió mis argumentos como se sacude el polvo; no puso nada en su lugar y parecía recrearse en el limbo que creaba a su alrededor y en la negación universal de la luz.” Lo que sigue debe de haber pasado por la mente de Carlota tiempo después.

Frustrada, le planteó “…el ultimátum de la carta del Emperador y le dij[o]…

‘Monseñor, pase lo que pase, me tomaré la libertad de recordaros esta conversación; nosotros no seremos responsables de las consecuencias; hemos hecho todo por tratar de evitar lo que va a suceder, pero, si la Iglesia no quiere ayudarnos, nosotros la serviremos a pesar de ella.” Tras de esa charla, Maximiliano decidió convocar a sus ministros junto con el arzobispo de México para ver como encontraban una solución y convencían a Meglia de que aceptara el Concordato. De nada valieron las entrevistas que varios de ellos tuvieron con el nuncio, este no cambio su actitud. A partir de ahí, aquello se volvió un intercambio de culpas, el ministro de negocios extranjeros, José Fernando Ramírez le mando un memorándum extenso a Meglia en el cual recriminaba su actitud y como respuesta recibió otro comunicado en donde Meglia se defendía acusándolos de querer endilgar la crisis al papa sobre algo que Maximiliano le había ocultado y que de pronto sacó como conejo de chistera. El penúltimo día del año, Maximiliano decidió cargar directamente sobre los arzobispos de México y Michoacán y los obispos de Querétaro y Tulancingo, a quienes en síntesis les dijo que la iglesia, en México, se había mezclado mucho en política, olvidándose de su obligación principal que era la espiritual. Cerraba la perorata indicándoles que un “buen católico como yo lo soy, seré también un príncipe liberal y justo.” Caro le saldría dicho desafío. Más tarde cuando Napoleón III lo dejó al garete, Pío IX y sus acólitos lo abandonaron a su suerte. Maximiliano nunca entendió que lo habían enviado en calidad de ajustador de cuentas para que, bajo su guía, más por las malas que por las buenas, se agenciara, y les entregara, los bienes que decía la curia le fueron arrebatados. Lo del “imperio” fue un ropaje para encubrir el despojo, el barbirrubio creyó que venía como emperador, para la curia era simplemente un ajustador de cuentas. De todo esto, se desprende una lección que los hombres públicos en nuestro país aun en nuestros días no aprenden. Los dirigentes de las agrupaciones religiosas, en cualquiera de sus versiones, los va a “querer” mientras estén dispuestos a darles lo que les piden. El día que los cuestionen, ya no puedan entregarles lo que desean, o cuando caen en desgracia, si te veo, ni te conozco, saludarte o defenderte puede lastimar mi reputación impoluta. Ejemplos, ¿por dónde empezamos?

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Añadido: Al momento en que refriteros-merolicos-descubridores del agua tibia, de esos que todos los días anuncian algo que, según ellos, es novedoso, aparecen panegiristas quienes, en tropel, los glorifican como si hubieran descubierto la piedra filosofal. Sin embargo, cuando alguien presenta un estudio original con respaldo científico sólido que arroja resultados bien fundados, optan por ignorarlo. Sobre todo, si está demostrando y explicando que las causas de muchos de los males y conductas de un sector importante de la población tienen su origen desde edad temprana. Pero, como seremos pen…santes, se nos olvidaba que quien hace ese tipo de investigación no pertenece a cofradía alguna, ni mucho menos se apellida Smith o Jones.
31 Marzo 2018 04:00:00
La conclusión de la carta y la llegada del emisario quien venía por respuestas concretas
Como lo prometimos la semana anterior, procederemos a continuar con la misiva que Giovanni María Mastai-Ferretti le envió a Maximiliano de Habsburgo, la cual forma parte de esa recolección excelente efectuada por Jorge L. Tamayo bajo el titulo Benito Juárez: Documentos, Discursos y Correspondencia.” Sin embargo, antes de retomar el texto, debemos de precisar que, por todas sus “acciones maravillosas,” el 3 de septiembre de 2000, el ciudadano Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II, invistió como beato al ciudadano Mastai-Ferretti.

Aquí cabe apuntar que el nativo de Polonia, durante sus veintiséis años al frente de la corporación, santificó un total de 482 personas (un promedio de 18 anuales) y beatificó 1345 (51 al año en promedio), si habláramos en términos beisboleros diríamos que andaba candente con la majagua o bien que traía el brazo encendido.

Antes de continuar, hemos de mencionar que este escribidor mencionó por ahí que el ciudadano Mastai-Ferretti jugaba en el bando de los santos, pero al hacerlo recibió un llamado de atención amable indicándole que no era así, pues el aludido continuaba en grado de beato. Como la beatificación de don Giovanni generó reacciones adversas, pues el ciudadano Wojtyla ya no intentó darle el ascenso hacia la santificación.

Tras de aceptar la reconvención, dado que poseemos una gran ignorancia en asuntos religiosos, solicitamos a quien nos corrigió y, que, si les sabe a estas cosas, que nos explicara la diferencia entre un beato y un santo y esto fue lo que nos dijo. Una persona es elevada a la santidad cuando “la iglesia está cierta de que tiene un privilegio divino y esta en contacto directo con Dios, además de que tiene dos milagros realizados comprobados.

En una beatificación, lo que se reconoce es que alguien ha entrado en el cielo, ha realizado un milagro, que le cuenta para una potencial canonización, y puede interceder por aquellos que rezan en su nombre. Al nombrar a alguien beato, la Iglesia reconoce que ha llevado una vida virtuosa y santa.” ¿Habrá alguien que pueda sostener que el investido bajo el nombre de Pío IX cumplía con alguna de estas características y por ello, se le abrieron las puertas celestiales? Pero dejemos digresiones religiosas y retornemos al texto de la correspondencia confidencial entre Giovanni María y Fernando Maximiliano.

El primero le recordaba al segundo que “V.(uestra) M. (ajestad) sabe muy bien que, “para remediar eficazmente los males causados por la revolución y para devolver lo más pronto posible los días felices a la Iglesia, es menester, antes que todo, que la religión católica, con exclusión de todo otro culto disidente, continúe siendo la gloria y el apoyo de la Nación mexicana; que los Obispos tengan entera libertad en el ejercicio de su ministerio pastoral ; que se restablezcan y reorganicen las ordenes religiosas con arreglo a las instrucciones y poderes que hemos dado; que el patrimonio de la iglesia y los derechos que le son anexos estén defendidos y protegidos [¿pues no que sus asuntos eran puramente espirituales y que los bienes materiales no les importaban?]; que nadie obtenga autorización para enseñar ni publicar máximas falsas no subversivas…” Un par de meses más tarde, el 8 de diciembre de 1864, Pío IX publicaría la encíclica Quanta cura y el Índice de los principales errores de nuestro siglo conocido como el Syllabus, en donde invocaba su lucha por preservar “la pureza de la doctrina, de proscribir y condenar [como lo había hecho] desde los primeros días de su Pontificado, los principales errores y las falsas doctrinas que corren particularmente en nuestros miserables tiempos”.

Bueno, así lo enunciaba. Pero nada de eso podría lograrse si no iba acompañado de una mano pía que guiara a las ovejas que, por distraídas, podrían descarriarse. Para evitar esto, demandaba al principito austriaco “que la enseñanza, tanto publica como privada, sea dirigida y vigilada por la autoridad eclesiástica y que, en fin, se rompan las cadenas que han tenido hasta ahora a la Iglesia bajo la dependencia y el despotismo del Gobierno civil…”

Otra vez, la memoria corta de don Giovanni, habría que recordar que durante los tres siglos de maridaje corona española-iglesia y después de proclamada la independencia, la religión que aparecía como única era la católica y que al cuidado de sus miembros estaba la enseñanza, los resultados de esa combinación fueron desastrosos, 98 por ciento de la población mexicana era analfabeta, ¿En verdad eso podría generar la libertad de nadie? Volvamos al texto.

Pío IX estaba cierto de que su chamaco no le fallaría, por ello escribía: “Si el edificio religioso se establece sobre tales bases, cono no lo podemos dudar, V.(uestra) M. (ajestad) satisfará a una de las mayores, de las más vivas aspiraciones del pueblo de México, tan religioso; calmara nuestra ansiedad [sobre todo esto] y las de ese ilustre episcopado; abrirá el camino para la educación de un clero instruido y celoso y también el de la reforma moral de los súbditos de V.(uestra) M.(ajestad)… [seguramente se refería a la partida de apátridas y eclesiásticos que seguían al barbirrubio, porque el resto de la población no requería de reformas morales, sino de las que le permitieran mejorar sus condiciones de vida. De pronto, nos pareció que hay en estos tiempos uno que anda proponiendo lo mismo en asuntos de moralidad].

Pero continuemos con el escrito del futuro beato quien mencionaba que sí Maximiliano lograba todo lo que se le indicaba daría “además un ejemplo brillante a los Gobiernos de las Repúblicas americanas, en donde vicisitudes bien sensibles han hecho padecer a la Iglesia; en fin, trabajará eficazmente, sin duda alguna, para la consolidación de su trono, la gloria y la prosperidad de su Imperial Familia.” [Esto era lo más importante, después de, por supuesto, cumplir con las promesas que le hizo al papa.] Pero, como ya lo mencionamos en la colaboración anterior, el emperador habilitado no daba muestras de moverse en el sentido de cumplir con lo prometido y había que enviarle un propio para que de manera directa le recordara los compromisos contraídos.

Dado lo anterior, el ciudadano Mastai-Ferretti indicaba que “por esto es por lo que recomendamos a V.(uestra) M.(ajestad) el Nuncio Apostólico [Pedro Francisco Meglia], el cual tendrá la honra de presentar a V.(uestra) M.(ajestad) esta nuestra carta confidencial. Dígnese V.(uestra) M.(ajestad) honrarle con su confianza y su benevolencia para hacerle más fácil el cumplimiento de la misión que le está confiada…” [Ya se enteraría Maximiliano que le iban a demandar se apurara a cumplir lo pactado, pero eso lo revisaremos a detalle en la colaboración siguiente].

Prosigamos con el texto de la carta confidencial, en donde también se solicitaba al austriaco que tuviera “…también la bondad V.(uestra) M.(ajestad) de acordar igual confianza a los muy dignos [¡!] Obispos de México, a fin de que, animados como están del espíritu de Dios y deseosos de la salvación de las almas puedan emprender con alegría y valor la obra difícil de restauración [de sus prebendas y canonjías] en lo que les corresponde y contribuir por ese medio al restablecimiento del orden social.” Lo que sigue venía envuelto entre sahumerios, pero al final no era sino una oda al sometimiento ante el blanco, rubio y barbado, faltaba más.

En el penúltimo párrafo de la epístola, se leía: “Mientras tanto, no cesaremos de dirigir todas nuestras humildes oraciones al Padre de las luces y al Dios de todo consuelo, a fin de que, una vez vencidos los obstáculos, y desbaratados los consejos de los enemigos de todo orden social y religioso, calmadas las pasiones políticas [léase sometidas al arbitrio de la curia] y devuelta su libertad plena a la Esposa de Jesucristo, pueda saludar la Nación mexicana en V.(uestra) M.(ajestad) a su padre, su regenerador , su más bella e imperecedera gloria.” Ahora resultaba que la nación mexicana había nacido por generación espontanea y sus habitantes estaban en espera de la llegada de un advenedizo, a quien solamente adoraban los descastados, para entronizarlo como el padre que, según Pío IX, carecían los aborígenes porque al fin de cuentas no debemos de olvidar que así eran considerados desde los días de la Colonia.

Acto seguido, en la conclusión, volvían a remarcarle a Maximiliano cual era su compromiso al indicarle que “con la confianza que tenemos de ver plenamente cumplidos los deseos más ardientes de nuestro corazón, [que nos cumpla y haga que se nos regresen todos los bienes que acumulamos a lo largo de tres y medio siglos] damos a V.(uestra) M.(ajestad) y a su Augusta esposa la bendición apostólica.” Ni siquiera se imaginaba la princesa de Bélgica, Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg-Gotha que esas alabanzas terminarían, poco tiempo después, convertidas, por el mismo emisor, en desdén y desprecio. Sin embargo, para llegar ahí faltaban otros episodios, iniciando con el arribo del nuncio papal, el arzobispo de Damasco, monseñor Pedro Francisco Meglia.

Este ciudadano arribó a México en diciembre de 1864 y para su recepción oficial ante Maximiliano se cumplió con todo el boato del caso. Se le enviaron tres carruajes hasta el sitio donde moraba en la calle del puente de San Francisco (lo que hoy es la porción de la Avenida Juárez que se ubica enfrente del Palacio de Bellas Artes).

Mientras el estadista cargaba la nación por los caminos polvosos del norte trepado en un carruaje de color oscuro carente de cualquier comunidad, cuentas las crónicas que los invasores, que no eran ningún grupo musical, quienes se decían enviados celestiales, sin intereses materiales, paseaban en un “coche de honor, tirado por seis caballos en donde iban, aparte de Meglia, el chambelán de servicio y el secretario del gran maestro de ceremonias…”

De ahí, partieron a palacio en donde lo esperaba en la puerta una valla integrada por un batallón de zuavos. Apenas, habían terminado las manecillas su unión en la parte superior a la mitad del reloj, cuando arribaron a la sede del ‘imperio.” En los altos del recinto estaba otra valla formada por la Guardia Palatina al mando de Charles Conde de Bombelles. El nuncio fue recibido por el Gran Mariscal de la Corte que no era otro sino Juan Nepomuceno Almonte quien, de su padre no heredó ninguna característica referente al honor y patriotismo, lo llevó hasta donde estaba Maximiliano y su corte de opereta. Y empezaron las zalamerías a repartirse como si fueran anuncios de ofertas.

Empezó Meglia quien indicó lo mucho que Pío IX apreciaba al austriaco, bueno eso era un afecto que tenia fecha de caducidad a menos de que le cumpliera, y para que no quede duda de esto que afirmamos, veamos las palabras textuales del nuncio: “El soberano pontífice, que ya conoce vuestra adhesión a la Iglesia y vuestras benévolas intenciones, cifra en Vos demasiada confianza para dudar que nuestra santa religión, que es la fuente mas fecunda de la prosperidad de las Naciones [seguramente a la nuestra no la consideraban como tal, pues en tres centurias y la mitad de otra, de nada le valió tener al catolicismo como religión única, la ignorancia, la miseria y la pobreza eran la divisa que portaba la mayoría abrumadora de la población], así como el apoyo más solido de los Gobiernos y los tronos, sea el objeto mas constante de la protección de V.(uestra) M.(ajestad) I.(lustrisima).”

Pero aún no terminaba, era necesario reafirmar que “no cesaré de emplear todo mi celo y de consagrar mis cuidados todos a la conservación de las relaciones amistosas que deben unir para siempre a la Santa Sede y al Imperio Mexicano. Permitidme esperar, señor, que podré lograrlo, si me es dado conciliarme la alta benevolencia de V.(uestra) M.(ajestad) I.(lustrisima).” Tras de esto vendría la respuesta de Maximiliano.

El miembro de la casa de Habsburgo iniciaría mencionando que la llegada de Meglia era un verdadero consuelo, la cual además significaba el cumplimiento de la promesa que le habían hecho en Roma, además de que su gobierno y toda la nación aguardaban con ansiedad dicho arribo. Pero eso era solamente el aperitivo, faltaba el platillo fuerte y procedió a servirlo al decir: “El Santo padre, con su bondad proverbial e inalterable, nos da en esto una prueba evidente que aceptamos con gratitud, de que la Santa Iglesia quiere el arreglo definitivo y tan necesario, de los difíciles negocios pendientes entre nuestro Gobierno y la Santa Sede Apostólica.” Aún no le quedaba claro al visitante que el único arreglo que le interesaba a Pío IX era el retorno de sus bienes y sus fueros, lo demás era simplemente accesorio y una mascarada.

Pero el archiduque seguramente sintió levitar y procedió a cerrar la perorata indicando que “el Gobierno mexicano, católico, leal y basado sobre la verdadera libertad, no faltara a sus deberes y, con estos sentimientos, recibe al digno representante del Vicario de Cristo, en la plena confianza de que su venida es el primer paso hacia un mutuo y durable arreglo que Dios bendecirá.”

Cuanta ligereza entre estos “creyentes” para andar usando el nombre del Gran Arquitecto como garante de sus fechorías. Pero tanta “melcocha” no duraría mucho. Maximiliano pensaba que en Roma consideraban como un proyecto serio su asunto en México y por ello estaba a la altura de otras casas reinantes en Europa, la de su familia incluida.

Por su parte, Pío IX solamente veía este asunto como un negocio en donde había que recuperar los medios para que siguiera redituando beneficios, pero el principito y su imperio, en realidad le importaban un carajo.

La prueba de que eso era la realidad, en la próxima colaboración revisaremos el proyecto de concordato que presentó Maximiliano y la reacción de Meglia al mismo. Era el momento de poner en claro las cosas y colocar los puntos sobre las íes, fuera las caretas melosas y complacientes. Sobre esto último comentaremos en la colaboración próxima.

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Añadido (1) De nueva cuenta, Castañeda el pequeño volvió a mostrar que por sus venas corre sangre azul, lo otro es simplemente para engañar incautos quienes son aficionados a comprar baratijas.

Añadido (2) Ahora que los tres, ni siquiera el género hizo diferencia, nos salieron graduados con honores en trastupijes, ¿Qué nos van a decir aquellos quienes clamaban que todos nuestros males serian resueltos con candidatos independientes porque estos, al no pertenecer a ningún partido, eran puros, castos, santos y diáfanos?
24 Marzo 2018 04:00:00
Debajo de aquellos ropajes, se encontraban un par de alacranes
Antes de que usted, lector amable, vaya a pensar que vamos a querer presentarnos ahora como expertos en aracnología, le aclaramos que los arácnidos a los que nos referiremos en esta colaboración no poseen ocho patas, sino que tenían un par de piernas sobre las cuales sustentaban sus ambiciones. A uno, le alcanzó para cruzar el Atlántico y llegar hasta nuestro país. El otro, las utilizó para irse a esconder atrás de las murallas del Vaticano y desde ahí buscar como seguir aprovechándose de la ignorancia y/o el fanatismo de quienes poco les importaba sumergir a México en el caos y la ruina. Los personajes a los que nos referimos son Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena y Giovanni Maria Mastai-Ferretti, el Papa Pío IX. Esta parejita, inicialmente, estuvieron de acuerdo en que este país de salvajes requería de la conducción europea para ser civilizados. En ese contexto, nos fuimos a revisar la recopilación extraordinaria que realizara Jorge L. Tamayo en “Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia”. Ahí, encontramos la carta confidencial que, el 18 de octubre de1864, Mastai-Ferretti enviara a Maximiliano. Habían tracurrido cinco meses desde que el barbirrubio austriaco llegó a México y aun la curia no terminaba por ver que su criaturita, porque ellos lo engendraron para que se convirtiera en emperador de opereta, les habría de cumplir con lo que les prometió bajo juramento de católico devoto. Procedamos a revisarla.

Para quienes no terminan de convencerse del daño que ha causado a nuestro país a lo largo de la historia la curia católica, partamos de las palabras con que iniciaba la misiva en cuestión. Pío IX escribía que “cuando en el mes de abril último, antes de tomar las riendas del Gobierno del nuevo Imperio mexicano, quiso V.(uestra) M.(ajestad) [refiriéndose a Maximiliano] venir a esta capital para venerar la tumba de los Santos Apóstoles y recibir la bendición apostólica, le hicimos presente el dolor profundo de que estaba llena nuestra alma en vista de lamentable estado a que las revueltas habían reducido todo lo concerniente a la religión en la Nación mexicana”. Por supuesto que el ciudadano Mastai-Ferreti olvidaba que nuestro país había vivido sumido en el atraso y la ignorancia, 98 por ciento de la población era analfabeta, porque a la curia no le interesaba que los habitantes de esta nación aprendiesen nada más que rezos y canticos religiosos, lo otro podría llevarlos a cuestionar lo que por siglos fue dado como verdad eterna. Por eso, buscaban destruir la obra que comenzaban a construir quienes integran la generación más grande de toda nuestra historia, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. En ese entorno, retornemos a la epístola.

En ella, quien se oponía a todo tipo de progreso, le indicaba al barbirrubio emperador que “antes de esa época y más de una vez, nos habíamos quejado en actos públicos y solemnes, protestando contra la inicua ley llamada de Reforma, que destruía los derechos más inviolables de la Iglesia, ultrajaba la autoridad de sus pastores; contra la usurpación de los bienes eclesiásticos y la dilapidación del patrimonio sagrado; contra la injusta supresión de las ordenes religiosas; contra las máximas falsas que lastimaban directamente a la santidad de la religión católica; en fin, contra otros muchos atentados , cometidos no solamente en perjuicio de personas sagradas, sino también del ministerio pastoral y de la disciplina de la Iglesia”. Como puede observarse este es un párrafo en donde el lobo busca ensabanarse con la piel de la oveja. Las Leyes de Reforma, partían del principio sano de establecer la separación entre el estado y la Iglesia, al tiempo que daba fin a la instauración de una religión de estado. Obviamente eso implicaba quitarle el monopolio de los bautismos e inhumaciones a la curia, además de hacer que su fortuna, amasada con la sangre y el sudor de los mexicanos, pasara a ser propiedad de la nación para que con esos recursos fuera factible dar inicio a la construcción de la patria nueva. Pero, eso obviamente no lo iban a permitir quienes se decían investidos por el dedo divino, quien sabe cómo, de privilegios que les reportaban ganancias más que significativas. En contra de las Leyes de Reforma se pronunció el arzobispo de México, José Lázaro de la Garza y Ballesteros, un neolonés que genera la vergüenza de todo aquel miembro de su familia que sea un bien nacido. A el lo acompañaría más tarde, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, el obispo de Puebla, otro sujeto que en defensa de los dineros fue a buscar un principito europeo que viniera a gobernarnos. Para que no quede duda de que el invasor venía bien forrado de bendiciones, volvamos a la carta.

En ella, se apuntaba: “Por eso ha debido comprender fácilmente V.(uestra) M.(ajestad) cuan felices éramos al ver apuntar la aurora de los días pacíficos y afortunados para la iglesia de México, gracias al establecimiento del nuevo Imperio…” Lo que sigue seguramente, ante tanta ternura, podría hacer que alguno tuviera que correr a dotarse de una buena cantidad de pañuelos faciales. Así que, bajo la advertencia, procedemos a reproducir esas líneas. “Esta alegría creció cuando vimos el llamado a aquella corona [la cual no existía sino en la mente de los apátridas] a un Príncipe de la familia católica y que había dado tantas pruebas de piedad religiosa…[y las que daría en el suelo mexicano en donde dejarían un testimonio plasmado en rojo indeleble]. “También fue grande la alegría de los dignos obispos mexicano, que al salir de la capital de la cristiandad, en donde han dejado tantos ejemplos de abnegación o filial afecto hacia nuestra persona, tuvieron la dicha de ser los primeros en ofrecer su sincero homenaje al soberano elegido por su Patria [vaya una falacia, ningún mexicano bien nacido andaba en busca de príncipe alguno que lo viniera a gobernar] y de oír de sus labios las maás lisonjeras seguridades de la enérgica resolución que tenia de reparar los daños hechos a la Iglesia y de reorganizar los elementos desorganizados de la administración civil y religiosa”. Como siempre, considerándonos una partida de salvajes que requerimos de fuereños que nos vengan a meter en orden. Pero, sobre todo, que restableciera los privilegios de la curia para poder continuar ejerciendo su monopolio de fomento a la ignorancia. Pero como don Giovanni estaba en modo de “wishful thinking” pues procedía a seguir con sus historias fantásticas, afirmando que: “Y también la Nación mexicana saludó con indecible alegría el advenimiento de V.(uestra) M.(ajestad) al trono, llamado por el unánime deseo de un pueblo que hasta entonces se le había forzado a gemir bajo el yugo de un Gobierno anárquico y a llorar sobre las ruinas y los desastres de la religión católica, que fue siempre su primera gloria y la base de su prosperidad”. Solamente un ignorante del mas elemental conocimiento de la historia de México puede coincidir con la óptica de este ciudadano italiano. La abrumadora mayoría de los habitantes de México, Primero, bajo el nombre de Nueva España, vivieron tres siglos sumidos en la miseria, la ignorancia y la superchería. Posteriormente, tras de la independencia, las asonadas procedían una tras otra al amparo de una religión única, la católica, cuyos miembros lo mismo apoyaron imperios de opereta que altezas serenísimas o bien a cambio de unos dólares coadyuvaban a que se llevaran la mitad del territorio. Así, que, efectivamente la anarquía prevalecía, pero era gracias a sus acciones piadosas y no fue hasta que aparecieron los HOMBRES DE LA REFORMA cuando se comenzó a formar la patria nueva que antes tendría que lidiar con quienes no estaban dispuestos a dejar de dominar bajo el falso manto de que el dedo divino los autorizaba a hacer cuanto quisieran.

Como el papa estaba cierto de que a Maximiliano los nativos salvajes habrían de verlo como su gran salvador, pues le pedía que “Bajo estos felices auspicios, esperábamos de día en día los primeros actos del nuevo Imperio, persuadidos de que haría una reparación pronta y justa de la Iglesia, ultrajada de tanta impiedad por la revolución, bien fuera revocando las leyes que la habían reducido a la opresión y a la esclavitud o promulgando otras, propias para suspender los desastrosos efectos de una administración impía”. Como es costumbre entre los miembros de la curia, califican de impíos a quienes no acostumbran someterse a sus designios. Quienes en México buscaban crear un país no eran enemigos de divinidad alguna, ni promovían que cada quien adoptara su relación con el Gran Arquitecto en una u otra forma, el objetivo era concluir con la extorsión que realizaban quienes se autonombraban representantes de la divinidad en la tierra, lo cual les había generado una riqueza pecuniaria extraordinaria. Pero el ciudadano Mastai-Ferreti volvia a la carga para tratar de aparentar que la curia no había tenido nada que ver con el atraso de nuestro país. Afirmaba que “frustradas hasta ahora todas nuestras esperanzas -lo cual sea tal vez debido a las dificultades con que se tropieza, cuando se trata de reorganizar una sociedad desquiciada mucho tiempo- [pero como no, tres siglos y medio de yugo religioso que más podían dejar] no nos es posible evitar dirigirnos a V.(uestra) M.(ajestad) y apelar a la rectitud de sus intenciones, al espíritu catolico de que V.(uestra) M.(ajestad) ha dado brillantes pruebas [y las que daría en el futuro con sus medidas para fusilar a todo aquel que se le opusiera] en otras ocasiones, a las promesas que nos ha hecho de proteger a la Iglesia y confiamos en que este llamamiento, penetrando el noble corazón de V.(uestra) M.(ajestad), producirá el fruto que esperamos de V.(uestra) M.(ajestad), que vera que poniendo siempre trabas a la iglesia en el ejercicio de sus sagrados derechos, no revocando las leyes que le prohíben adquirir y poseer, [esto es lo que más dolía al llamado por sus correligionarios como santo padre], continuando en destruir las iglesias y los conventos; si se acepta el precio de los bienes de la Iglesia de manos de los que han adquirido; si se da otro destino a los edificios sagrados [¿y quién les dio tal grado, algún segundo advenimiento del que no estamos enterados?]; sino se les permite a los religiosos que vuelvan a tomar sus hábitos y vivir en comunidad; si las religiosas se ven obligadas a mendigar sus alimentos y vivir en locales pobres y malsanos y si se permite que los periódicos insulten impunemente a los pastores [pero como se atreven, eso de atacar a quienes no comparten su forma de pensar es de la exclusividad de quienes se dicen investidos por el dedo divino] y ataquen la doctrina de la Iglesia católica, quedaran subsistentes el escandalo para los fieles y el daño para la religión y tal vez se harán todavía mayores”. Pero eso no podía quedarse ahí, era necesario reforzar el mensaje y el misticismo se apodero de don Giovanni quien procedió a realizar una petición.

“¡Señor! En nombre de esa fe y de esa piedad que son ornato de Vuestra augusta familia; en nombre de esa iglesia, de que, a pesar de ser indignos, [ante tanta humildad, ¡casi nos convence!] nos ha constituido Jefe Supremo y pastor Jesucristo; en nombre de Dios omnipotente, que nos ha elegido para gobernar esa nación católica…” Un momento, ¿en dónde está el documento que soporte el hecho de que el Gran Arquitecto decidió nombrar al barbirrubio austriaco para que nos trajera miseria y sufrimiento? La unción como emperador de opereta del intruso fue un acuerdo entre apátridas y miembros de la curia encabezados por el CEO de la corporación, Pío IX. Esa es una patraña inventada para justificar los apetitos de poder. Entre los seguidores de esa interpretación de la fe, ese tipo de aseveraciones son calificadas como blasfemias ¿o no? Retornando al texto de la carta, Pío IX continuaba indicando que la llegada de Maximiliano tenía “…como objeto único… cicatrizar sus llagas [las de México] y de volver a honrar su religión santísima, os rogamos que pongáis manos a la obra y que hagáis a un lado toda consideración humana y que, guiados por la prudencia y el sentimiento cristiano, enjuguéis las lagrimas de una parte tan interesante de la familia católica y con esta conducta haceos digno de las bendiciones de Jesucristo, Príncipe de los Pastores”. Pero como las palabras siempre deben de acompañadas de acciones, pues estas se tomaron.

Así, le avisaban a Maximiliano que “Con ese objeto, (el descrito arriba), y para secundar vuestros propios deseos os enviamos nuestro representante. Él confirmara a V.(uestra) M.(ajestad), de viva voz, el sentimiento que nos han causado las tristes noticias que hasta hoy nos han llegado y os hará conocer mejor todavía cuales han sido nuestra intención y nuestro objeto en acreditarle cerca de V.(uestra) M.(ajestad). Le hemos encargado, al mismo tiempo, que pida a V.(uestra) M.(ajestad), en nombre nuestro, la revocación de las funestas leyes que desde hace tanto tiempo oprimen a la iglesia y preparar, con la cooperación de los obispos y, en donde fuere necesario, con el concurso de nuestra autoridad apostólica, la reorganización completa y deseada de los negocios eclesiásticos.” Faltaba más, si para eso lo apoyaron para que fuera a regresarles sus fueros y privilegios, así que andando y poniendo en marcha la reversa don Max. Hasta aquí dejamos el texto de la carta y los comentarios a la misma, en la colaboración próxima continuaremos con la narrativa de como se desarrollaba esta relación revestida de ropajes lujosos, debajo de los cuales se encontraban un par de alacranes listos para soltar el aguijonazo.

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Añadido: MÁs que nunca a lo largo de este mes, una y otra vez, he recordado las palabras que constantemente me repetías. Tenías razón, sabes a lo que me refiero, pero que te voy a contar, tu supiste de lo difícil que es recorrer esos senderos. Vaya que te extrañe ese día, como cada uno a partir del 29 de marzo de hace cuatro años, DON RAFAEL VILLARREAL MARTÍNEZ
17 Marzo 2018 04:00:00
Anexión o protectorado,  alternativas ofrecidas por un diario neoyorkino
Cada vez que, en nuestro país, se presentan problemas que sacuden el entorno nacional, no faltan acomedidos, ayer y hoy, quienes creen poseer la fórmula mágica para que podamos salir de ellos. Al norte y el sur del Bravo, los de la salida fácil proponen que como somos incapaces de resolver nuestras dificultades y por consiguiente administrar nuestros recursos, pues lo mas conveniente es que el país deje de ser lo que es y se convierta en una estrella más, no del canal televisivo que así se anunciaba, sino de nuestros vecinos al norte. En este contexto, les narraremos lo que un diario estadounidense, “The New York Herald” proponía al momento en que las reyertas internas se sucedían tras de la muerte del estadista Benito Pablo Juárez García. Pero antes de entrar al tema, no está por demás delinear que era y quien estaba detrás de ese diario neoyorkino.

El “Herald” fue fundado, el 6 de mayo de 1835, por un escoces, James Gordon Bennet perteneciente una familia católica de posición económica elevada. Tras haber pasado cuatro años en un seminario católico, a la edad de 24 años se traslada a los EU y tras aventurar en varias ocupaciones relacionadas con la actividad editorial, finalmente funda el diario mencionado. Al frente de él, se convierte en el primer periodista al que un presidente en funciones Martin Van Buren (1837-1841) le concede una entrevista exclusiva lo cual ocurrió en 1839. En las tareas de convertir a la prensa en un negocio, Bennet fue el primero en demandar que la publicidad fuera pagada por adelantada, además de ser pionero en eso de acompañar las noticias con ilustraciones. Aun cuando la línea editorial era proclamada como independiente, lo mismo apoyó candidaturas presidenciales de Demócratas y Know Nothings. Durante la Guerra Civil, apoyó las candidaturas presidenciales de Demócratas, aun cuando mantuvo la línea en favor de la Unión. En 1866 dejó el diario en manos de su hijo, de nombre similar, a quien había educado en Francia. El diario continuó siendo exitoso bajo la dirección del junior quien era además conocido por un tren de vida pleno de extravagancias e incidentes que para aquellos tiempos sonaban escandalosos. Uno de ellos terminó por hacerlo que se trasladara a París y desde allá empezó a dirigir el diario vía telegrama, al tiempo que fundaba “The Paris Herald”. La distancia hizo mella en el New York Herald. En 1924, tras la muerte de Bennet Jr., el diario es vendido al New York Tribune, convirtiéndose en The New York Herald Tribune que sobre vive hasta 1966 cuando desaparece. Hasta aquí sobre la historia del diario que el 5 de agosto de 1872, en su página 5, coloca una nota en cuyo titular se leía: “Continued Civil War in Mexico-An American Protectorate or Annexation- A Splendid Opportunity for Lerdo de Tejada.”

La pieza daba inicio mencionando que la muerte de Benito Juárez no había traído paz a México. Conforme a los últimos reportes recibidos provenientes de Matamoros, Tamaulipas, los generales Jerónimo Treviño Leal y Julián Quiroga con un buen número de hombres bajo su mando, se rehusaban a aceptar la amnistía ofrecida por el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, quien, como presidente de la Suprema Corte, por mandato constitucional ocupó el cargo de presidente de la República a la muerte de Juárez, el cual ocuparía hasta que se realizaran elecciones. Según el Herald, ambos generales se oponían a Lerdo de Tejada y apoyaban a Porfirio Díaz quien desde 1871, se había rebelado en contra de Juárez al promulgar el Plan de la Noria. Volviendo a la narrativa del diario neoyorkino, el general Sostenes Rocha Fernández estaba listo para tomar acción en contra de los sublevados. Sin embargo, al fallecer Juárez, la revuelta entro en un impasse y se esperaba que concluyera. Pero, era mucho esperar de quienes, en las palabras del diario, solamente perseguían sus propios fines egoístas sin tener en cuenta los intereses del país. “Aun cuando tienen la oportunidad de llevar al triunfo a su candidato durante la próxima contienda electoral, prefieren el arbitraje sangriento de la espada a un triunfo pacifico en las urnas. Eso es una muestra de que esa gente [los mexicanos] no están aptos para autogobernarse”. Sin embargo, siguiendo la narrativa del Herald, a nadie le quedaba duda de que Lerdo de Tejada es el encargado del ejecutivo conforme a lo dispuesto por la Constitución hasta que se efectué las elecciones. Para ello, se requiere llamar a los miembros del Congreso y una vez que estén reunidos que procedan a promulgar la disposición legal correspondiente para establecer el día y el propósito que tendrá la elección. Sin embargo, Treviño y Quiroga querían llevar a Porfirio Díaz por la fuerza de las armas a la presidencia. “Fieles al sistema usual de la guerra mexicana, sus seguidores saquean a la gente de derecha e izquierda, sin tener en cuenta el partido”. Antes de seguir con la preparación que hacia el New York Herald preparando el terreno para lanzar su argumento principal, cabe hacer algunas precisiones históricas que tal vez por la lentitud con que entonces viajaban las noticias, aún no las había recibido.

Para inicios de agosto, las fuerzas al mando de Sóstenes Rocha ya se habían apoderado de Monterey en donde derrotaron a las comandadas por Quiroga. Por lo que respecta al general Treviño Leal, ya andaba analizando como enfrentaría los tiempos por venir bajo el principio de que esa batalla la había perdido, pero el futuro no. Finalmente, el 29 de agosto de 1872, reconoce al gobierno de Lerdo de Tejada y así se ponía a esperar lo que serían sus mejores días que llegarían a partir de que en 1876 apoyó el Plan de Tuxtepec en donde Quiroga ya estaba del otro lado derrotándolos en la batalla de Icamole, algo que Porfirio Díaz nunca olvidaría y al triunfar en 1877, le cobraría la factura fusilándolo. Pero retornemos a 1872 con las deducciones y recomendaciones provistas por el editor del New York Herald.

El diario neoyorkino afirmaba que en vista del desorden crónico en que vivía México, la guerra civil interminable que padecía y los conflictos que se suscitaban a lo largo de la frontera entre los cuatreros y contrabandistas mexicanos con los ciudadanos de Texas, sería un actuar muy inteligente de parte de Lerdo de Tejada y sus seguidores preparar el camino para que todo eso pasara a formar parte del ayer y ver hacia adelante con espíritu optimista mediante la anexión de México a los Estados Unidos, o al menos aceptar convertirse en un protectorado. Para sustentar esta propuesta, el Herald indicaba que “los telegramas de sus corresponsales en la frontera, publicados ayer, y todos los días desde hace tiempo, muestran que las depredaciones en nuestro suelo [el estadounidense] se incrementan en lugar de disminuir. Son tan frecuentes y alarmantes los robos y ultrajes que los texanos, ante la falta de una protección adecuada provista por Washington, están organizándose para protegerse”. De prevalecer esta situación, “una guerra fronteriza parece inevitable, lo cual habrá de concluir en una confrontación bélica entre las dos naciones”. Pero había que ponerle color, si era rojo mejor, a la propuesta.

Y empezaba, “toda la frontera del Río Grande (Bravo) esta infestada de mexicano ilegales y depredadores que tratan sin respeto a los Estados Unidos y su bandera. Además, nuestros ciudadanos [los estadounidenses] al igual que oficiales de aduanas son asesinados y vejados a plena luz del día”. De nada sirven ‘las buenas intenciones del gobierno instalado en la ciudad de México, el cual no tiene ni los medios, ni el poder para prevenir estas barbaridades”. Cualquiera diría que los ecos del pasado se entremezclan con las voces del presente.

Ante lo expuesto, llegaba la receta que habría de curarnos de todos los males. El diario neoyorkino asentaba que “la anexión tendrá que darse en un día no muy distante, y seria muy adecuado que el presidente interino (Lerdo de Tejada) preparara a los mexicanos e iniciara negociaciones con los Estados Unidos para que eso sea convertido en realidad. Un protectorado estadounidense, o, mucho mejor, la anexión a los EU, traería paz y prosperidad a México”. Cuantas maravillas nos esperaban, nada mas lea lo que sigue.

“Bajo influencias tan benignas empleadas bajo el imperio de la ley, la industria y los recursos vastos del país habrían de desarrollarse. Para dar inicio a ello, habrían de construirse ferrocarriles mediante la promoción de las inversiones con capital foráneo el cual también debería destinarse a las áreas mineras, agrícolas y manufactureras. En esta forma, el presidente Lerdo de Tejada se abrogaría los honores máximos al proveer con los beneficios más sustanciales y perdurables a su país”. En plena carrera, procedían a describirnos lo que teníamos y no aprovechábamos.

“Los recursos minerales de México permanecen sin desarrollarse.” Para ello, primero que nada, para alcanzar el desarrollo “se requiere paz, capital, inteligencia y una legislación liberal en materia de ferrocarriles”. Para que viéramos que no habíamos sido tan limitados de sesera, nos decían que “las leyes mineras eran los suficientemente generosas al aceptar que las minas pudieran ser propiedad de quien deseara trabajarlas, independientemente e quien fuera el propietario de las tierras o quien las hubiera descubierto”. Acto seguido, nos mostraba cuan importantes éramos en el contexto de las naciones al decirnos que “el mundo necesita, con fines de circulación, los depósitos vastos de oro y plata que hay en México, y que evidentemente México no puede por si mismo extraer e incorporarlos al flujo de comercio. Ante ello, irremisiblemente, otros, provenientes de naciones diversas, consideraran seriamente en incorporarse al aprovechamiento de los mismos”. Para sustentar sus dichos, indicaba que “hemos escuchado acerca de los millones de dólares que representan las barras de plata que se extraen de las minas de Real del Monte en el Estado de México [al parecer al editor neoyorkino las noticias le llegaban retrasada. En 1869, el estadista Juárez García había creado el Estado de Hidalgo y a esa entidad pertenecía ya ese sitio]; de las fortunas inmensas amasadas recientemente alrededor de los descubrimientos de depósitos, lo cual ha generado millones de dólares solamente por explotar algunas minas; pero cuando se conoce que por cada mina actualmente en operación hay cientos que no se han abierto al aprovechamiento, es innegable que ese potencial puede ser aprovechado por hombres trabajadores”. Y para que viéramos la imagen que proyectábamos, pues a colgarnos el sambenito. “Si los mexicanos optan por ser flojos e indiferentes ante esas riquezas que poseen entro de sus fronteras, hombres y capitalistas de otras nacionalidades, los mineros angloamericanos, podrían pronto mostrarles una forma segura y satisfactoria de mostrarles cómo aprovecharlas”. Aquí no paraba la descripción de todo lo que no poseíamos y que no terminábamos de percatarnos que lo teníamos.

“En México hay en abundancia, oro, plata, hierro, cobre, estaño, mercurio, carbón y petróleo; pero hasta la fecha solamente se ha extraído la plata y esto en una escala muy pequeña [seguramente no le avisaron que durante trescientos años ese metal mantuvo a la corona española]. Acto seguido, el periodista neoyorkino, procedía describir como los recursos abundantes de minerales de especies diversas no eran aprovechados por carecerse de un medio de trasporte adecuado, el ferrocarril, solamente se utilizaban mulas. En la costa del pacifico y el Golfo de México estaban los depósitos de petróleo sin ser aprovechados, lo mismo sucedía en otras regiones en donde se tenían depósitos de piedras preciosas. Ante esto, hacía una pregunta que mostraba la imagen que nos proyectaban.

“¿QuÉ vamos a hacer con ese país ubicado en nuestro continente, habitado por gente que duerme perezosa y ve pasar el tiempo con esas riquezas debajo de su suelo?” Y daba la respuesta: Se deben de construir ferrocarriles para trasportar las tropas que vayan a suprimir las revueltas, y así puedan proporcionar seguridad al capital y la mano de obra empleada en el desarrollo de su riqueza natural, al mismo tiempo que abaraten los costos de transporte. Ahora es el tiempo adecuado para hacerlo. Los californianos en la cuenca del Pacífico están tendiendo líneas férreas hacia la frontera mexicana. A la vez, hombres del este construyen el Southern Pacific Railroad, el cual en uno o dos años estará en operación total cerca de la frontera mexicana de Paso del Norte (Ciudad Juárez) a San Diego; la gente de Colorado, con la mira puesta en los Palacios de Moctezuma como destino final, construyen por el flanco oriental de las Montañas Rocallosas un camino de vía estrecha hasta El Paso, y los mormones en Salt Lake City desarrollan un camino que atraviese Utah hasta llegar a Arizona”. Con ello, afirmaban, se aprovecharán las ventajas que existían para México y para los estadounidenses. Extender esos caminos hasta la ciudad de México era inevitable, retrasarlo significaba perder dinero. No obstante, ello, de nueva cuenta nos culpaban de no preocuparnos por el progreso.

“Observamos a través de los despachos de prensa que México es indiferente a los ferrocarriles, que los pioneros y capitalistas dispuestos a participar seriamente en la construcción de es país infeliz no tienen la cooperación de los mexicanos quienes no expiden las franquicias, nim siquiera el derecho de vía”. Para nadie es un secreto, apuntaba el editor, “que México no tiene, ni dinero, ni crédito con el cual emprender las grandes obras, pero también es cierto que tiene muy pocas tierras públicas para concesionar; pero en su pobreza, conocida en todo el mundo, podría mostrar disposición a otorgar derechos de vía de manera gratuita, si nada más, a menos que estúpidamente estén dispuestos s crear una muralla que les impida civilizarse y progresar a escala mayor que la que hoy tiene. El incremento en el comercio mundial demanda un incremento en el medio circulante, y como México posee metales preciosos, esto podría convertirse pronto en una cuestión de interés universal por lo cual es un deber de los Estados Unidos asegurarse que ese país esté en condiciones de suministrar lo requerido”. Lo que sigue es para leerse sin agitarse.

“Como nos hemos combatido en contra las influencias extranjeras sobre este Continente, ya sea el capital político, militar o pecuniario-estadounidense, la empresa y el trabajo estadounidense deben de emplearse para encontrar una solución al problema en cuestión. En ello ha de prevalecer una protección que será controlada por las necesidades comerciales y la civilización de la época. Este tema inevitable no puede posponerse por mucho tiempo, y representa una oportunidad para que el presidente Lerdo de Tejada inicie una era nueva y gloriosa era en la historia de México.” Pues don Sebastián tendría muchísimos defectos, pero no jugaba en las ligas del gallero-lotero, ni nos ofreció para convertirnos en una estrella más, ni aceptó que pasáramos a protegernos bajo el ala de una “bold eagle.”

Preferimos enfrentar el futuro, con revueltas y todos con las fronteras bien definidas y tratando de definir los limites de la relación con nuestros vecinos al norte en medio de diferencias y coincidencias. La anexión o el protectorado nunca serán la solución a nuestros problemas. Cuando hemos tenido dirigentes que entienden la relación la situación nos ha favorecido, quienes conocemos de cerca y de lejos, de adentro y de afuera la relación con nuestros vecinos al norte, sabemos de primerísima mano que con todas nuestras carencias y ventajas, virtudes y defectos, la línea que marca el Bravo es lo mejor que puede existir para mantener la identidad de ambas naciones que al final siempre serán capaces de encontrar puntos de coincidencia que resuelvan sus diferencias.

vimarisch53 @hotmail.com

Añadido (1) Con la caída del puente peatonal en Miami, se demuestra que no solamente aquí se “cuecen habas”. La construcción de dicha pieza considerada como “state of the art”, tardó cinco años y costó 14 millones de dólares. Fue financiada con recursos provistos bajo el programa “Transportation Investment Generating Economic Recovery (TIGER),” una de las joyas de la administración estadounidense que concluyó en enero de 2017.

Añadido (2) Pues finalmente el bronco nos resultó un potrillito tramposo, lo peor es que sus paisanos van a tenerlo de vuelta para completar su obra devastadora sobre la entidad. Por su parte, el jaguar salió un minino experto en jugar con bolas de estambre, pero pésimo para falsificar apoyos. La dama del rebozo pasó de panzaso ¿sería que la consideraron porque dijo que no utilizara fondos públicos?

Añadido (3) Ayer, al ver la foto de registro del ciudadano López, no pudimos sustraernos a recordar lo que, el 15 de marzo, escribió Sergio Enrique Castro Pena en “Hablemos de prospectiva 2018 o el ‘secreto’ del señor López” (
http://www.guerrerohabla.com).
10 Marzo 2018 04:00:00
El senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza
Con su venia lector amable, para concluir con una semana intensa, nuestra colaboración versara, dividida en dos partes, sobre un evento realizado el pasado lunes 5 de marzo de 2018. En la primera, recurriremos a las notas de prensa emitidas por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y la Secretaría de Cultura (SC) del Gobierno de la República. La segunda es la transcripción literal de nuestra presentación. Iniciemos por el principio.

En su narrativa del evento, la Secretaría de Cultura indica que “la 39 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería fue el marco para la presentación de los libros. El senado estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza de Rodolfo Villarreal Ríos y también de México y el Mundo 1917-2017 de Imer Flores”.

Asimismo, el INEHRM señala que “las novedades forman parte de la Biblioteca Constitucional, creada en el marco de la Conmemoración del Centenario de la promulgación de la Constitución de 1917, con el objetivo de ‘recordar la trascendencia histórica del texto constitucional y su contribución al desarrollo político, económico y social del país; difundir su contenido y concientizar sobre la necesidad del cumplimiento cabal de sus postulados, y reflexionar sobre los mejores mecanismos para hacer efectivos los derechos fundamentales en ella consagrados”.

La presentación de los textos fue encabezada por la doctora Patricia Galeana, directora general del INEHRM y contó con la participación del historiador Rodolfo Villarreal Ríos, del jurista Imer Flores y del embajador Walter Astié-Burgos.

Al resaltar las aportaciones y la importancia de ambas obras, la doctora Patricia Galeana, directora general del INEHRM, señaló que “el conocimiento de la historia nos da luces para comprender nuestro presente y actuar en él”. El libro El Senado estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza México, autoría de Rodolfo Villarreal, enriquece, dijo, la historiografía de las relaciones entre México y Estados Unidos, al analizar uno de sus momentos más tensos: La promoción de un juicio en contra de Carranza, como mecanismo de presión para intentar revertir uno de los preceptos esenciales de la Constitución de 1917, la propiedad sobre los recursos del subsuelo, y para sumar a México a tomar partido por los estadounidenses dentro de la Primera Guerra Mundial.

En igual forma, la doctora Galeana enfatizó que “El Senado estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza da a conocer los pormenores del enjuiciamiento que hizo de México el senado estadounidense y cómo las discrepancias entre republicanos y demócratas favorecían que no se invadiera nuestro país. También da cuenta de este episodio de las relaciones entre México y Estados Unidos, en el que las diferencias políticas entre partidos estadounidenses tuvieron un papel central y además enriquece el conocimiento del periodo del gobierno de Venustiano Carranza, en el que el estadista mexicano enfrentó todo tipo de obstáculos para la reorganización del país al concluir el proceso revolucionario”.

Por su parte, Rodolfo Villarreal, autor de El Senado estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza, y [quien es] doctor en historia por la Universidad de Montana, explicó el contexto que definió el tema de su obra, que, señaló, nos narra eventos del ayer que deben de leerse siempre con los ojos del presente.

Al concluir el evento, en una entrevista con la representante de la Secretaría de Cultura, “Rodolfo Villarreal Ríos destacó que se trata de un libro que permite comprender en qué forma veían los ciudadanos estadounidenses, de todas las denominaciones religiosas, petroleros, periodistas y escritores, a México. “Por ejemplo, los católicos [percibían] a México como un país en desgracia, que no respetaba las creencias, [mientras que] los pertenecientes a otras religiones hablaban muy bien [de él]. Los petroleros, inclusive entre ellos, no se acababan en poner de acuerdo porque cada uno actuaba en función de sus intereses, [a la vez que] los periodistas que [habían estado en él] país tenían una opinión muy positiva”.

En igual forma, “el doctor en Historia [enfatizó] que el libro es una obra que invita a ver y reflexionar cómo Estados Unidos actúa en función de sus intereses y que no nos debemos dejarnos llevar, por lo que se dice y [pensar que] vamos a dictarles a ellos qué es lo que tienen o no que hacer, porque a nosotros nos interesa que a nuestro país se le respete y se respeten nuestras decisiones”.

A lo anterior, “el especialista en las relaciones México-Estados Unidos agregó que el texto también da la oportunidad para ver cómo en Estados Unidos no se gobierna pensando qué pasa, [que será lo que complace a] México [o que opinamos los mexicanos de su política interna y externa] y que cuando nuestro país ha tenido presidentes que han sabido entender la problemática en la relación entre ambos países, las [relaciones] diplomáticas han sido excelentes”. [Cabe recordar que] “durante el periodo de 1920 a 1929, tuvimos [cuatro] presidentes que supieron entender eso y hubo momentos en que ellos pudieron haber puesto en serios aprietos al presidente de [los] Estados Unidos por circunstancias diversas, pero siempre actuaron llevados de la mano de la diplomacia.

“[Fue la ] diplomacia [lo] que permitió que las relaciones alcanzaran niveles [de excelencia] y que México pudiera transformarse y crear el nuevo sistema económico y político que hizo que nuestra nación creciera, se desarrollara y pasara de ser un país rural a uno urbano, en el cual nacimos las clases medias y el cual trajo muchos beneficios para nuestra sociedad”. Hasta aquí las reseñas del INEHRM y la Secretaría de Cultura. Pasaremos a reproducir el texto de nuestra intervención.

Doctora Patricia Galeana, Directora General del INEHRM. Embajador Walter Astié-Burgos.

Dr. Imer Flores. Estimados concurrentes. Muy buenas tardes.

Quiero darles las gracias por otorgarme el honor de someter a la consideración de ustedes, y otros lectores potenciales, el libro El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza
Antes de iniciar esta intervención, debo expresar mi agradecimiento a la Doctora Patricia Galeana, por su apoyo fundamental para la edición del libro antes mencionado y haberme honrado al escribir el prólogo de este volumen.

Detrás de este escrito está la perspectiva de un coahuilense fronterizo, quien a lo largo de etapas diversas ha vivido, desde fuera y dentro, lo que es la relación México-EUA. Una convivencia plena de sobresaltos para ambas naciones, pero que ha tenido momentos brillantes cuando la razón se ha sobrepuesto a la pasión.

Entre 1919-1920, período en el cual se ubica este relato, México estaba por concluir la primera de las cuatro etapas bajo las cuales se construiría el edificio que albergaría al sistema político-económico nuevo, ese que nos permitió crecer y desarrollarnos conjuntamente. En aquellos días, el mundo vivía un periodo de reacomodo. El fin de la Primera Guerra Mundial dictó un cambio en las reglas imperantes para la convivencia de las naciones. Los vencedores, los EUA incluidos, buscaban establecer un orden mundial nuevo.

En ese contexto, el Presidente Woodrow Wilson enfrentaba las resistencias domésticas de sus rivales políticos, miembros del Partido Republicano, quienes se oponían incorporar su país a la Liga de las Naciones y permitir que Wilson se convirtiera en el gran líder mundial.

Los republicanos, bajo el liderazgo del senador por Massachusetts, Henry Cabot Lodge buscaban exhibir al presidente Wilson como un líder débil o bien hacerlo que practicara sus dotes de intervencionista militar, las cuales en México ya había ejecutado en un par de ocasiones.

Sin embargo, debemos de reconocer que el mandatario estadounidense dos veces había hecho un acto de contrición y prometido que no volvería a realizarlo. Cualquiera que fuera su decisión, estimaban los republicanos, terminaría por ser calificado negativamente y eso afectaría al Partido Demócrata en las elecciones presidenciales a realizarse en noviembre de 1920. Para tal fin, utilizaron vías diversas.

Paradójicamente, en enero de 1919, el senador demócrata por Arizona, Henry Fountain Ashurst propone que nos compren la Península de Baja California y parte del norte de Sonora. Esto nos hace recordar que fueron dos presidentes surgidos del Partido Demócrata, el fundador, Andrew Jackson y su discípulo James Polk, quienes se llevaron la mitad del territorio nacional. En esta ocasión, sin embargo, quien nos gobernaba, Venustiano Carranza Garza, no tenía espíritu de agente de bienes raíces. Esto impidió que se cristalizaran los sueños de quienes ya veían el mapa de los EUA con dos brazos, al este el de la Florida y al oeste el de la Península de BC. Ante el fracaso, decidieron correr por otra vereda.

Argumentaron que el gobierno del Presidente Carranza Garza era incapaz de garantizar la seguridad de las vidas y pertenencias de los ciudadanos estadounidenses quienes vivían en México. Además, de no indemnizarlos por los daños que habían sufrido durante los años de la Revolución Mexicana. En medio de la discusión sobre cómo hacer que México aceptara responsabilizarse, el secretario de estado, Robert Lansing, lanzó un ultimátum amenazando que si no se cumplía con las demandas, se aplicarían sanciones económicas, romperían relaciones diplomáticas o intervendrían. El Presidente Carranza Garza, en su informe del 1 de septiembre de 1919, dio una respuesta clara. Señaló que, dos días antes, había establecido la Comisión de Reclamaciones que se encargaría de atender la materia. Para entonces, el senado estadounidense ya había creado la llamada Comisión Fall, denominada así en nombre de quien la encabezaba, el republicano por Nuevo México, Albert Bacon Fall. Dicha Comisión, se convertiría en un jurado que, itinerante por su país, recogería testimonios para juzgar al nuestro y a su presidente. En ese contexto, en El Senado estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza, se analiza la opinión que sobre México emitieron religiosos de todas las denominaciones, exfuncionarios del gobierno estadounidense, propietarios y representantes de empresas petroleras estadounidenses, periodistas, escritores y varios personajes que en una forma u otra estuvieron relacionados con nuestro país.

En octubre de 1919, con la Comisión Fall en proceso de recopilación de opiniones, surgen dos eventos. Uno, el día 2, cuando el presidente Wilson sufre un infarto cerebral y otro el 19, cuando se suscita el secuestro dudoso del cónsul estadounidense en Puebla, William Oscar Jenkins. La primera situación ocasiona que las decisiones del gobierno estadounidense sean tomadas por la esposa, el médico y el asesor principal del presidente. Esto da margen de maniobra a los senadores republicanos, y sus aliados en el gabinete, para desarrollar una estrategia que los llevaría a plantear un proyecto de declaración de guerra a México, en donde la situación de Jenkins se toma como un acto de agresión a los EUA y una muestra de la incapacidad del gobierno mexicano para asegurar la paz.

Con esto en mente, un grupo de senadores, encabezados por Fall deciden entrevistarse con Wilson a quien planeaban sorprender con su propuesta. Sin embargo, cuando arriban a la alcoba presidencial todo se les descuadra. En ese instante, se informa de la liberación de Jenkins y se percatan que el presidente ya estaba enterado de sus planes. Lansing había jugado el papel de arrepentido contándole la sorpresa que le comunicarían.

Lo anterior, no detuvo las actividades de la Comisión, iniciadas el 8 de septiembre de 1919, que continuaría escuchando testimonios los cuales concluyeron cuando el testigo 257 finalizaba su comparecencia la tarde del 20 de mayo de 1920. Doce horas después, en una choza de la sierra poblana, el Presidente Carranza Garza era asesinado. Diez días más tarde, la Comisión presentaba sus conclusiones, las cuales básicamente proponían convertir a México en un protectorado estadounidense.

En México, poca atención se prestó al reporte. Las autoridades buscaban pacificar y consolidar al país, al tiempo que emprendían negociaciones no oficiales en busca del reconocimiento diplomático. En los EUA, las recomendaciones fueron recibidas en términos partidistas al grado tal de que textualmente se incorporaron en la plataforma republicana, en su capítulo de México, durante la campaña presidencial.

Como prueba de que la Comisión y sus integrantes simplemente habían utilizado a México en calidad de excusa política, seis meses más tarde, una vez que el candidato republicano, Warren Gamaliel Harding, resultó electo, Albert B. Fall terminó por convertirse en el más ardiente proponente para que se otorgara el reconocimiento diplomático a nuestro país.

Lo narrado en este libro contiene algunos pasajes poco conocidos de nuestra historia que nos muestra como los conflictos políticos internos en los EUA acaban por alcanzarnos, mientras que unos u otros, ayer y hoy, tratan de convertirnos en un instrumento para vencer al rival.

El Senado Estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza, nos narra eventos del ayer que deben de leerse siempre en tiempo presente. Muchas Gracias.

No podemos concluir esta colaboración sin expresar públicamente nuestro reconocimiento a quienes, aparte de la doctora Patricia Galeana, nos otorgaron su respaldo en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), ellos son: Emma Cecilia Negrete Guerra, Felipe Arturo Ávila Espinosa, Soledad Guadalupe López Acosta, Dania Fabiola Beltrán Parra y Filiberto Gutiérrez Díaz, así como varios más.

Para Estela Luisa Villarreal Ríos, Estela Félix Villarreal, Renata Félix Villarreal, Juan Carlos Zamorano Morfín y Sergio Enrique Castro Peña, nuestro agradecimiento especial por el motivo que conocen. . A quienes nos han dado muestras de amistad por la publicación de este volumen y aquellos que acudieron al evento, muchas gracias. A usted lector amable, lo invitamos para que incursione en la lectura de “El Senado Estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza”. Esperamos sus comentarios que nos resultaran enriquecedores.

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Añadido (1) ¿Habrá por ahí alguien que les explique a ese par lo que significa el respeto a la investidura presidencial que alguna vez, para nuestra desgracia, ostentaron? Día a día, con su comportamiento, demuestran porque nunca debieron de haber llegado a ese cargo.

Añadido (2) ¿Por qué se referiría el ciudadano López-Dóriga a la ciudadana Zavala, como “Margarina” (Sustancia grasa, de consistencia blanda, que se extrae de ciertas grasas animales y de aceites vegetales, y tiene los mismos usos que la mantequilla. Diccionario de la RAE) en lugar de Margarita? (Milenio 07-03-18) Dado que no hubo fe de erratas, nosotros, escribidores simples, preguntamos: ¿Es algún mensaje cifrado para iniciados?

Añadido (3) Ante todo lo que hoy se vive en el contexto de la inter campaña presidencial, nos encontramos con par de artículos de la columna Indicador Político, firmada por el periodista Carlos Ramírez quien escribió sobre el futuro de los candidatos del PRI y del PAN. Son de actualidad plena, fueron publicados en El Financiero el 9 y 21 de febrero de…1994.
03 Marzo 2018 04:00:00
El nombre propuesto era partido democrático nacional
Mañana, 4 de marzo, se celebran 89 años desde que el grupo encabezado por el estadista, Plutarco Elías Calles fundara la organización política antecesora de lo que hoy se conoce como Partido Revolucionario Institucional (PRI). Para los rancios de derecha y de izquierda, además de todos aquellos que dicen nadar en olor a santidad mientras se proclaman demócratas impolutos, el solo mencionar a esta agrupación les hace ariscar la nariz, a la vez que en su entorno político doméstico chacualean sobre un líquido negruzco que no es precisamente algún refresco de cola.

Sin embargo, en esta ocasión no vamos a discutir sobre la percepción olfativa de nadie, total muy su apéndice nasal y cada quien se divierte según sus costumbres. Lo que vamos a revisar es algo que, probablemente hasta los propios priístas hayan olvidado, el nombre que hoy portan no era el escogido inicialmente. Partamos, como diría aquel, desde el principio.

El 4 de marzo de 1929 nace el Partido Nacional Revolucionario (PNR) para aglutinar a las fuerzas políticas diversas surgidas al amparo de la Revolución Mexicana. En el contexto del proyecto de nación del estadista Elías Calles era un elemento más para dejar a un lado la era de los caudillos y dar paso a la vida institucional. La dirección del instituto político nuevo no podía haber recaído en manos mejores que las del más ilustre coahuilense del México postrevolucionario. Manuel Pérez Treviño. Durante los once años siguientes, alrededor del PNR, se construiría la vida política de nuestro país. Infantil sería negar la influencia que tenía el estadista Elías Calles hasta que cometió el error de creer que el “chamaco,” así lo llamaba, Cárdenas continuaría con la política del nacionalismo pragmático.

Eso no sucedió, ya como presidente Cárdenas se envolvió en la bandera del nacionalismo populista. Sabemos que no faltara algún afiebrado quien intente descalificarnos por incurrir en semejante sacrilegio, pero esa es una realidad indiscutible cuya discusión dejaremos para otra ocasión, eso no es hoy el tema a discernir. En 1936, se expulsó, para el endulzar el oído de los políticamente correctos, al estadista. En realidad este aceptó irse del país sin embarcarlo en otra revuelta, algo que pocos analizan y que tiene un significado histórico monumental.

Acto seguido, se procedió a buscar desaparecer todo lo que pudiera lucir de su creación. En ese contexto, el 30 de marzo de 1938, le cambian el nombre al PNR, y nace el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) ya no habría Maximato alguno, se daba paso al presidencialismo con todo lo bueno y malo que ello conllevaría. El político jalisciense Silvano Barba González, último presidente del PNR, entregaría el cargo a al guanajuatense Luis Ignacio Rodríguez Taboada quien fungiría como primer presidente del PRM. Bajo esas siglas, se desarrollaría la elección presidencial de 1940, un evento de cuya pulcritud no puede tenerse duda.

Las cosas llegaron a un grado tal que en la casilla en donde depositaria su voto el presidente Cárdenas Del Río recibió un baño de asepsia nunca antes visto. Según cuenta el “filosofo” inmortalizado en la frase “la moral es un árbol que da moras,” Gonzalo N. Santos, momentos antes de que sufragara el mandatario hubo algunos poco convencidos que se aparecieron por ahí y como no fue factible hacerlos cambiar de parecer, Santos ordenó a sus muchachitos que les dieran una friega a base de plomo. Pero surgió un problema, el elemento químico número 82 fue utilizado encapsulado y por consiguiente dejó huellas. Por eso, fue necesario traer a los bomberos con mangueras en mano para desaparecer cualquier rastro que pudiera incomodar al demócrata mexicano quien se sorprendió de la pulcritud del sitio, pero se abstuvo de preguntar por qué el lugar rechinaba de limpio. Sin embargo, antes de esa elección, en 1939, voces diversas pedían cambiar al PRM.

La Liga Campesina ‘Úrsulo Galván”, pedía que fuera un partido clasista y que no albergara en su seno a los políticos profesionales. La Unión Democrática Institucional demandaba “que sea disuelto el partido oficial denominado Partido de la Revolución Mexicana, por ser antidemocrático e inconstitucional su existencia y por prestarse a realizar imposiciones con burla al voto popular.” Por su parte, el Frente Socialista de Abogados pugnaba porque el PRM desapareciera como organismo de monopolio político y se convirtiera en un partido de izquierda, con programas y tendencias bien definidas. El 15 de enero de 1941, en la Revista Combate, Narciso Bassols García criticó las propuestas de cambio que se planteaba realizar en el PRM y el rumbo que tomaba la presidencia de Manuel Ávila Camacho. Ante ello, demandaba realizar un análisis profundo sobre el rumbo a tomar.

Asimismo, en su editorial del 19 de febrero de 1941, el diario El Nacional resaltaba las críticas que se hacían al PRM por intervenir en los asuntos políticos de los estados, además de ejercer el monopolio centralizado mediante “la fiscalización y supeditación a sus decisiones de los poderes locales y sus representantes”. Lo cual hacia que se calificara al “federalismo como una ficción legal…” En medio de esto, en julio de 1941, un político muy ligado al presidente Cárdenas, Antonio I. Villalobos Maillard, quien fungía como presidente del PRM, empezó a hablar sobre la reorganización de ese instituto político. En ese contexto, se buscaría fortalecer al sector popular y ya se trabajaba con las centrales obreras.

Asimismo, se formó una comisión con los miembros del partido en la Cámara de Diputados la cual buscaría diseñar una estrategia que permitiera fortalecer a los tres sectores, alcanzar una vida económica solida e independiente del apoyo oficial y evitar, en la medida de lo posible, los choque con los grupos locales a la hora de decidir candidaturas, mientras que se buscaría garantizar el libre juego de los partidos políticos independientes para garantizar los derechos cívicos de los ciudadanos. Los gobernadores de los estados, también, se manifestaron por las reformas mencionadas. Bajo esas premisas de cambio trascurrirían los años siguientes, se insistía en la reorganización, en que dejara de ser centralista, que se transformar su organización y estructura, pero siempre trataba de precisarse que los cambios propuestos no implicaban dar un giro hacia la derecha. Finalmente, a mediados de 1944, se presentó un proyecto de estatuto del Partido Democrático Nacional (PDN), el cual se planteaba sustituyera al PRM.

Ante la propuesta mencionada, el 16 de octubre de 1944, en una carta dirigida al presidente del PRM, Villalobos Maillard, se manifestó la CTM. A nombre de la central obrera firmaban el documento Fidel Velázquez Sánchez, Fernando Amilpa Rivera y Francisco García Carranza quien afirmaban que, tras estudiar el proyecto de estatuto del PDN, estaban plenos de estupor y que a pesar del nombre endilgado, de demócrata, nada de eso tenía y solamente era “eficaz para desorientar y sembrar la confusión…” Empezaban por citar el Artículo 1º en donde se estipulaba que el PDN, “se constituye por el conjunto de ciudadanos revolucionarios del país y de aquellos de tendencias democráticas y progresistas y demás elementos afines al ideario de la Revolución Mexicana”.

Esto decían daba origen a la existencia de un organismo que no superaba al PRM en cuanto a una serie de situaciones amorfas. Asimismo, inquirían que si por el hecho de que algún ciudadano se colocara dentro de lo establecido en el “Inciso B, del Artículo IV, Capítulo II (aceptar y protestar, cumplir y hacer cumplir la declaración de principios, el programa, los estatutos y demás disposiciones legitimas del Partido) va a ser considerado como revolucionario, con las aptitudes y derechos inherentes a los elementos auténticamente revolucionarios?” Pero ahí no paraban los dos lobitos y su acompañante, cuestionaban “¿Se piensa que la tendencia y afinidad de las personas, con quienes se supone va a formarse el Partido Democrático Nacional ha de determinarse solo por una simple declaración de aceptación de las estipulaciones del Inciso B mencionado? Y, ¿Cuáles son las tendencias democráticas y progresistas y el ideario de la Revolución, con que han de cohonestarse la adhesión de los ciudadanos con que hablamos? ¿Las tendencias de Acción Nacional y las de la Unión Nacional Sinarquista, que al igual que las instituciones que se ostentan como revolucionarias dicen tender hacia normas de vida democráticas y progresistas, o han de cohonestarse la ‘tendencia’ y la ‘afinidad’ de los ciudadanos con las de los revolucionarios de verdad?” Pero ahí no paraban las dudas.

Dado que el Artículo II mencionaba que el ideario del PDN sería: “La Revolución al Servicio de la Patria”, la CTM preguntaba: ¿A qué ideario de la Revolución Mexicana deberían ser adictos los ciudadanos revolucionarios, los ciudadanos con tendencias, y los ciudadanos afines que desearan pertenecer al Partido Democrático Nacional? ¿Al ideario que quisieran forjarse cada uno de ellos de acuerdo con su libre albedrio, con sus acertadas o falsas apreciaciones personales, con su candor con su buena fe, o con su fanatismo, con sus complejos, o con su oportunismo y hasta con sus desvergüenzas? ¿Al ideario con que pudieran dotarse los ‘ciudadanos revolucionarios’ conocedores a medias , tal vez, del origen de las contradicciones y de las profundas diferencias de partidos políticos como el Partido Nacional Antirreeleccionista, el Liberal Constitucionalista,y el Nacional Cooperatista y el Partido Nacional Revolucionario [cuya] acción no fue siempre origen de la voluntad de las masas revolucionarias del país, sino que fue producto casi siempre del vasallaje político de algunos de los directores de esos partidos…” Asimismo, inquirían: “¿Al servicio de cual Patria va a estar la Revolución? ¿Al de la Patria que nos hablan los hispanistas de esta pobre y querida patria nuestra, que contemplamos cargada de injusticias y de las desgracias que heredara de los conquistadores ; o al servicio de la Patria que hemos hablado los revolucionarios…?”

Asimismo, en el Artículo III del capítulo I, se hablaba de que uno de los objetivos fundamentales del PDN, (este lenguaje nos hizo evocar el que empleaba el grupo en el cual participábamos cuando andábamos de “insurrectos” en nuestros años preparatorianos) era “alcanzar el poder público por los procedimientos democráticos y organizar la vida social con la intervención del Estado en las actividades individuales, las que deberán estar subordinadas al bienestar social”. La crítica partía a partir de la frase “Alcanzar el poder”. Por ello, los cetemistas se hacían la pregunta: “¿A quién podría ocurrírsele que es un acierto que a estas horas de organización perfecta de la contrarrevolución en las filas de Acción nacional y de la Unión Nacional Sinarquista y de agresión permanente de estos partidos políticos substraigamos a los obreros de las filas de un partido que, como el PRM, está en el poder para que se vayan a las filas de otro, que se antoja trasnochado, y que nos sale con que aspira “alcanzar el poder?” Asimismo, demandaban definir en qué contexto se proponía y que era realmente eso del bienestar social.

Para algunos esto podía ser sinónimo de explotación inmoderada de las riquezas de México, un pueblo analfabeto, fanático y sumiso que se deje explotar, la existencia de gobiernos cómplice de los extranjeros y de los nacionales que saquean el país…” Eso del bienestar social, apuntaban, suena “…tan teórico como el bienestar común, de que hablan Acción Nacional y la Unión Nacional Sinarquista”. Eso no era todo.

Cuando se apuntaba que el PDN buscaría “orientar la política nacional e internacional de México de acuerdo con los antecedentes históricos de la nación y las circunstancias continentales y mundiales”, la pregunta obligada era ¿Cuáles? ¿Los de la conquista espiritual y militar… que llevaron a cabo soldados y clérigos españoles…? ¿Los antecedentes históricos de la Guerra de Independencia… la impotencia y desgracia de los gobiernos honrados como el de [el estadista] Juárez, el del ultraje de los príncipes extranjeros, la impunidad de las tiranías sanguinarias que se asentaron en México hasta…

1910…? Asimismo, surgía la duda de que sucedería”…cuando Acción Nacional y la Unión Nacional Sinarquista acatando ordenes de la Falange española hablan de que México debe volver a las ‘excelencias’ del siglo XVIII. ¿No resulta peligro constituir un partido con ciudadanos revolucionarios que carentes de vínculos en su acción política con organismos de lucha arraigados en viejas tradiciones y anhelos de justicia, pudieran considerar que la selección de antecedentes históricos de acuerdo con las culés debe orientarse la política nacional e internacional de México, debería quedar sujeta a su libre albedrío?” en lo referente a que la política se orientaría de acuerdo a las circunstancias continentales y mundiales, lo primero que discernieron Velázquez, Amilpa y García fue que eso parecía darle la razón a los sinarquistas quienes imputaban que nuestros problemas se originaban por “el derrotismo de aquellos que creen imposible el surgimiento de la patria o que esperan provenga del extranjero la salvación de nuestro país. Ante esto, la CTM planteaba que “la política de la nación [debe plantarse] de acuerdo con las necesidades del pueblo y de México y, después de acuerdo con las posibilidades que para la satisfacción de esas necesidades presente la convivencia del país con las demás naciones del mundo.

En lo que se refería al sistema electoral propuesto para el PDN, se pretendía que “con excepción de los funcionarios de los comités municipales que serían designados por el voto directo… todos los demás órganos directivos sean electos por votación indirecta…”

En lo concerniente a la elección de candidatos del partido, se establecía que fuera mediante elección directa desde los ayuntamientos, gubernaturas y el Congreso, pero para la Presidencia de la República “…se adopta el sistema de votación indirecta, y dicho candidato sería electo en una convención integrada por delegados electores, a quienes se asignaría la facultad de opinar y resolver a su arbitrio es un asunto de interés vital para el partido y para la nación, independientemente de lo que pudieran opinar los miembros de aquel…” Tras de todos los considerandos mencionados, la CTM concluía simple y llanamente: “consideramos que sería perjudicial para los interese de la Revolución, de la nación y del proletariado revolucionario, sustituir al Partido de la Revolución Mexicana por el que se pretende crear”.

Finalmente, el PDN quedó en calidad de neonato. En lugar del PRM y el nacionalismo populista predominante, se dio paso al nacionalismo institucional el cual bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PRI) nacería el 18 de enero de 1946 y tuvo como primer presidente al chiapaneco Rafael Pascasio Gamboa. Con todos sus errores y aciertos, bajo la dirección de gobiernos emanados de este instituto político, el país alcanzó conjuntamente el crecimiento desarrollo económico, una combinación muy difícil de lograr.

Mañana, el PRI, cuando no vive su días más brillantes, cumple 89 años (divididos en tres etapas). Nuevamente se halla inmerso en un proceso por redefinirse y que muchos de sus males se originan por parecerse a los planteamientos de ese organismo neonato que fue el Partido Democrático Nacional. Sin embargo, aun cuando todos creemos tener la receta que le permitiría aliviar sus males, corresponde a los miembros del PRI determinar cuál es el rumbo que tomara es partido para enfrentar el futuro.

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Añadido (1) Les comento que este lunes 5 de marzo de 2018 a las 18:00 horas, dentro de las actividades de la 39 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el marco de la presentación de los libros que componen la Colección del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), está incluido “El Senado estadounidense enjuicia a México y al Presidente Carranza” cuyo autor es este escribidor. El evento, se efectuará en la Galería de Rectores ubicada en el segundo piso del Palacio de Minería situado en Tacuba # 5 de la CDMX.

Añadido (2) Tres espíritus se apoderaron del escenario. El del Tío Gamboín, cuando parecía que concluiría su perorata demandando “no me fallen amiguitos, no me fallen”. El de Chabelo con aquello de “ojo, mucho ojo… y cuéntaselo a quien más confianza le tengas”.
El de la Chimoltrufia, por eso de que “…yo como digo una cosa, digo otra…” Tres presencias etéreas de la barra televisiva infantil del anteayer materializadas, durante el presente, en una sola. Para quienes negaban que la TV mexicana no instruía, aquí tienen una muestra con un nivel muy alto.

Añadido (3) Hasta ternura provocan quienes, en su antiyankismo, ven a China como la esperanza salvadora. Si supieran historia, y analizaran con objetividad el presente, se percatarían que ante los chinos, los estadounidenses son apenas unos párvulos en eso de ejercer el poder como un imperio.
24 Febrero 2018 04:00:00
Lane Wilson regodeándose al culminar su obra en la decena trágica / y B
Continuamos con el relato que iniciamos la semana anterior sobre la participación, más que activa, que tuviera en la denominada Decena Trágica, el embajador estadounidense de aquel entonces en México, Henry Lane Wilson. Para no ser tachados de proveer versiones sesgadas, en la de la semana anterior y en esta, hemos recurrido a la narrativa que, sobre el evento mencionado, proveyera el mismo diplomático estadounidense la cual está plasmada en documentos incluidos tanto en los “Records of the Department of State relating to political relations between the United States and Mexico”, así como de esa serie extraordinaria de publicaciones que son “Papers relating to the foreign relations of the United States.” Pero vayamos a la segunda parte de aquel evento repleto de revanchas y traiciones.

Era ya el 18 de febrero de 1913, el sexto día desde que se empezara a cocinar la asonada. Su pupilo, Victoriano Huerta le había comunicado que los planes estaban maduros. Ante ese aviso, Wilson estimaba que todo estaba listo para culminar la felonía. Además, el diplomático había logrado convencer a sus jefes en Washington que actuaba como el gran pacificador. Ejemplo de ello era el comunicado, del día 18, en el cual el secretario de estado, Philander C. Knox, le felicitaba por lo que había informado el 15 de ese mes, en donde indicaba haber logrado acuerdos con el Presidente Madero González y con Huerta para implantar medidas diversas que salvaguardaran a los ciudadanos y edificios estadounidenses, así como la embajada. Antes de recibir esas congratulaciones ya había mandado un mensaje en el cual comentaba que Aureliano Blanquet había hecho prisionero al presidente Madero, al tiempo que reportaba que ese mismo felón capturó, omitió decir que asesinó, a Gustavo, el hermano del presidente. En el otro, trasmitido a las cinco de la tarde, una hora después de recibir las felicitaciones, hacia saber que su pupilo, Huerta, le envió un oficial para informarle (recordemos que solamente se informa a los superiores, a los demás se les comunica) que había arrestado al presidente y su gabinete, al tiempo que le solicitaba lo hiciera saber al presidente William Howard Taft y al cuerpo diplomático acreditado en México. Este último, por pura coincidencia, estaba reunido en torno a Lane Wilson quien inmediatamente expresó que confiaba en las buenas intenciones de su muchachito y por supuesto en el patriotismo que lo animaba para ejecutar sus acciones. Y como no iba a estar convencido si el felón le juraba que todas las fuerzas lo apoyaban y, a partir de ese momento, “la paz y la prosperidad reinaran.” Solamente, le faltó a Huerta recordar aquello de “podéis ir en paz, la misa ha terminado.” Recordemos que, según su confesor, el sacerdote Francis P. Joyce, Huerta era un católico muy bien portado. Pero volvamos a febrero de 1913.

Sin perder tiempo, la medianoche del 18, Lane Wilson informaba a Knox sobre los eventos más recientes. Aquello semejaba un jalar de cuerdas para que, más pronto que un chasquido, apareciera en la embajada estadounidense el par de marionetas que deshonraban el uniforme que llevaban puesto. Ahí, le ordenó a Huerta y a Félix Díaz que el primero fungiría como presidente y el segundo nombraría el gabinete. Eso era por mientras, más tarde Díaz ocuparía la presidencia permanente y Huerta lo apoyaría. Los dos salieron satisfechos en busca de consolidar la paz. Con las instrucciones precisas en mente, se fueron a firmar el Pacto de la Ciudadela el cual signaron alrededor de las 21:30 horas. Para la medianoche, Lane Wilson enviaba felicitaciones al departamento de estado diciéndoles que gracias a sus instrucciones las cosas se habían dado en esa forma. Esto, en abono del gobierno estadounidense, no consta en ningún documento. La asonada fue instrumentada por Lane Wilson sin la aprobación del presidente Taft o el secretario Knox. Sin embargo, de donde menos lo esperaba, surgió el reclamo que descuadraba el escenario.

El mismo 18 de febrero, quien era gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza, lanzó una proclama anunciando que no reconocía el gobierno espurio de Huerta, al tiempo que, autorizado por el Congreso de dicha entidad, procedía a crear grupos armados para defender el orden constitucional en el país. A la vez que hacia un llamado a los gobernantes de las otras entidades para secundarlo. Pero como entonces las noticias tomaban un rato en viajar, el 19, Lane Wilson informaba con mayor detalle a Knox: La ciudad de México estaba en paz y los documentos con los acuerdos entre Huerta y Díaz estaban resguardados debidamente en la embajada. Sin embargo, había algo que no quedo asentado por escrito como era la liberación de los miembros del gabinete de Madero, asegurar la libertad de prensa y que sus muchachitos trabajarían juntos para asegurar la paz. Hasta ese momento, Lane Wilson seguía asegurando que le habían llegado rumores de que Gustavo Madero había sido ejecutado vía la ley fuga. De pronto, se olvidó de las felicitaciones que enviara el día anterior y en un arranque de sinceridad, léase cinismo, reconocía haber actuado sin instrucciones en muchos de los casos importantes, pero no se había generado ningún daño. Por el contrario, los beneficios para su país eran grandes. Para en la noche, Lane Wilson ya estaba informando que el presidente Madero González y el vicepresidente Pino Suárez habían presentado su renuncia, misma que el Congreso aceptó. Aquí es donde Pedro Lascuráin Paredes tuvo sus quince minutos de fama multiplicados por tres, invistiéndolo como presidente provisional le pagaban sus servicios de esbirro, tras los cuales renunció y entregó el cargo a Huerta. Durante la tarde, Lane Wilson se entrevistó con Huerta para solicitarle garantías y que le refiriera la versión que según él era la real. Huerta aseguró que Gustavo Madero fue asesinado por miembros de la tropa quienes desobedecieron órdenes. Asimismo, que el presidente y su hermano habían tratado de asesinarlo en un par de ocasiones e inclusive lo mantuvieron preso durante un día. Acto seguido preguntó al diplomático estadounidense que consideraba mejor, si enviar a Madero fuera del país o internarlo en un manicomio. La respuesta fue que hiciera lo que desde su perspectiva era más conveniente para el país.

Al día siguiente, el 20, nuevamente Lane Wilson fue a ver a Huerta, no había que dejarlo sin la asesoría cercana. Bajo el pretexto de que la esposa de Madero se lo había solicitado, el estadounidense, acompañado por el embajador alemán, Paul von Hintze, sabedor del mal trato que les había dado, pidió a Huerta que respetara la vida de los prisioneros. Ante esto, la respuesta fue que la noche anterior los iba a enviar fuera del país, pero el temor de que el tren fuera asaltado y los asesinaran lo frenó de hacerlo. En igual forma, Lane Wilson solicitaba autorización para tratar de manera extraoficial con Díaz y a través de un intermediario con Huerta, mientras requería que las embarcaciones estadounidenses en aguas mexicanas no fueran retiradas. Más tarde, solicitaría que se le dijera como actuar en el tema del reconocimiento del nuevo gobierno, el cual había sido entronizado, según él, conforme a la ley. La respuesta del secretario Knox fue en el sentido de que, al consultar Huerta con Lane Wilson, hacia este último corresponsable de lo que sucediera con Madero y Pino Suárez, esperaba recibir informes de que los prisioneros eran tratados con respeto y humanidad. Esto debería servirle de guía para comentar al respecto con Huerta.

En medio de todo esto, el 21, surge una versión proporcionada por el cónsul de EUA en Saltillo, Phillip E. Holland, asegurando haberse entrevistado con el gobernador Carranza quien, según él, cambió de opinión y decidió reconocer a Huerta por estar convencido de que las renuncias se realizaron conforme a lo dispuesto en la ley. No hay documento que sustente esta aseveración que resulta dudosa dado los acontecimientos acontecidos después y la conocida testarudez de Don Venustiano que no era de los que cambiaran de parecer a la menor provocación. Pero en eso de los reconocimientos, el gobierno estadounidense, basado en los reportes de Lane Wilson, estaba dispuesto a otorgar el reconocimiento, pero antes quería estar seguro de que los recién llegados se comportarían conforme a las leyes internacionales, cumplirían con los tratados y respetarían a los extranjeros. Aparte de reclamar un arreglo al problema entre la Tlahualilo Company y el gobierno de México, el asunto del Chamizal y las aguas del río Colorado, otros asuntos fronterizos generados alrededor de las batallas de Agua Prieta y Ciudad Juárez en 1911, así como llegar a un acuerdo para pagar las indemnizaciones por la pérdida de vidas de estadounidenses y las propiedades de ciudadanos de ese país. Asimismo, que el gobierno de Huerta honraría las leyes y no influiría en los jueces para que emitieran fallos favorables a los mexicanos cuando la contraparte demandante fuera un estadounidense.

Muy temprano, al día siguiente, Lane Wilson fue a visitar a su conocido de años atrás, el secretario de relaciones exteriores, Francisco León De La Barra y Quijano, para comentarles sobre los requisitos que el departamento de estado exigía se cumplieran antes de reconocer a Huerta. Tras de ello, acordaron que el 24 habrían de reunirse para, una vez estudiadas las demandas, el gobierno mexicano le diera una respuesta a Lane Wilson. Por ello, este solicitaba a Knox que esperaran antes de dirigirse directamente con el usurpador. Sin embargo, algo se atravesaría en el camino.

La noche del 22, el mismo León De La Barra reportaba al jefe intelectual de la asonada los acontecimientos. El gobierno deseoso de que Madero y Pino Suárez gozaran de mayor comodidad (sic) y preocupado (recontrasic) por su seguridad, aproximadamente a las 23:30 horas, decidieron trasladarlos a la Penitenciaria.

Sin embargo, para la mala suerte de los detenidos, en el trayecto el convoy fue atacado y los únicos que salieron muertos fue el presidente y el vicepresidente.

Inmediatamente, a través de un escrito, Huerta condenó el hecho al tiempo que indicaba se actuaria con todo el rigor judicial, solamente le faltó aquello de “…hasta sus últimas consecuencias.” Ahora sí, ya nada le faltaba a Lane Wilson, la revancha por el desaire se había completado. Madero ya no volvería a interponerse en su camino. Huerta, en su calidad de marioneta, era ya el presidente y ahora si a hacer y deshacer. Sin embargo, allá por los rumbos del noreste no estaban muy dispuestos a mantenerse callados.

El 24 de febrero, Lane Wilson reportaba al secretario de estado que el gobierno de Huerta había rechazado el apoyo que le ofreció el gobernador de Coahuila, Carranza, y para que no volviera siquiera a pensarlo envió tropas a que lo castigaran. Extraño caso, rechazar un apoyo cuando se tiene un gobierno tambaleante. Una patraña, más engendrada por Lane Wilson y sus acólitos, uno de los cuales era el cónsul estadounidense en Saltillo, Holland, quien informó que Carranza abandonó la ciudad al mando de 1000 hombres. Pero eso, según Wilson, eran poca cosa, los eventos recién ocurridos no tuvieron ninguna repercusión entre la población. La ciudad de México estaba en calma, le faltó agregar que los únicos sonidos estruendosos fueron los causados por las campanas de las iglesias que se echaron a volar para celebrar la caída de Madero y el ascenso de uno de los suyos a quien le habían provisto con algo más que simples rezos. Las campanadas, parafraseando a López Velarde, cayeron no como centavos, sino acompañadas de pesos de plata provistos con antelación. En el resto del país, según Lane Wilson, la situación era de calma, salvo algunas excepciones sin importancia. En los EUA, los informes eran tomados con un grano de sal.

La respuesta del secretario Knox fue en el sentido de que, dada la situación imperante en México, ninguna embarcación estadounidense se movería de aguas mexicanas. Los reportes de los cónsules no afines a Lane Wilson reportaban que, en Coahuila, Sonora y San Luis Potosí, grupos armados mostraban su descontento con el gobierno. El cónsul estadounidense en Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras, Coahuila), Luther T. Ellsworth, informaba que las autoridades de ese pueblo no tenían ningún comunicado indicándoles que el gobernador Carranza Garza apoyara al gobierno de Huerta. Ante la incertidumbre, Knox comunicaba que por el momento se mantenía pendiente el reconocimiento diplomático del gobierno estadounidense al de Huerta. Esto significaba un revés para Lane Wilson.
Pero eso no lo detendría, demandaba que el departamento de estado informara a la opinión publica estadounidense que los ocupantes del gobierno mexicano mostraban una actitud amistosa al de su país y que estaba trabajando para restaurar la paz. Para reafirmar que en el asesinato de Madero nada tenían que ver sus marionetas-conclapaches comentaba que León De La Barra le había dicho que, si no creyera en la inocencia de Huerta y compañía, ya habría renunciado al cargo.

Ante ello, Lane Wilson consideraba eso un caso cerrado, a pesar de los rumores.

Vaya facilidad para resolver toda una conjura culminada con el asesinato de dos personas quienes además eran gobernantes legítimamente electos en un país en el cual al final de cuentas no tenia porque intervenir en sus asuntos internos.

Pero la urgencia estaba apoderada de Lane Wilson y quería que en Washington le reconocieran a su criatura. Así que envió una nota personal a Huerta mencionándole los requisitos necesarios a cumplirse para que le otorgaran el beneplácito diplomático de los vecinos al norte. La respuesta llegó, vía un propio, indicando que todo debería de ser atendido inmediatamente. Antes de recibirla, ya había ido a ver a León De La Barra quien le prometió que todo habría de arreglarse. Sin embargo, el esquema de Lane Wilson empezaba a resquebrajarse.

El 25 de febrero, Gran Bretaña anunciaba que no reconocería a ningún gobierno en México hasta que se efectuasen elecciones. Pasado el mediodía, apenas había terminado su “lunch,” cuando le llegó un telegrama de Washington en el cual le decían que entendían su preocupación por lograr un arreglo entre las facciones en conflicto para permitir la consolidación de un gobierno, pero que sus acciones deberían de atender a las directrices que le marcara el presidente Taft. Hasta ese momento, no se planteaba extender el reconocimiento al grupo en el poder. Por lo tanto, toda relación con el mismo debería de realizarse de manera extraoficial. La contra respuesta de Lane Wilson fue indignada demandando mayor claridad y que el asunto fuera llevado directamente al presidente.

Quien no requirió de intermediarios para plantear su queja al presidente Taft fue el líder nuevo del movimiento revolucionario, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza. El 25 de febrero, desde Piedras Negras, le envió un telegrama indicándole que la nación mexicana condenaba la asonada y el asesinato de sus gobernantes constitucionales. Esperaba que tanto Taft, como su sucesor, Woodrow Wilson, no aceptaron como legal el gobierno espurio que Victoriano Huerta pretendía establecer basado en el crimen y la traición. La segunda etapa de la Revolución Mexicana estaba en marcha. Pronto, otros estados se sumarian al descontento y nada podría hacer Lane Wilson para detenerla. Durante los cinco meses siguientes, a pesar de sus esfuerzos por presentar a su marioneta como un gobernante legítimo, nada pudo hacer. El único logro de Lane Wilson fue cumplir sus deseos de revancha por un desaire y dejar al país en manos de un dipsómano al que finalmente abandonó a su suerte cuando el 17 de julio de 1913 fue destituido del cargo. Eso sí, Henry Lane Wilson siempre mantuvo en estima alta a Victoriano Huerta. En sus memorias, publicadas en 1927, Lane Wilson lo definía como “un católico romano, un creyente en las políticas y el régimen del [presidente] Díaz…y un patriota sincero.” Para tenerlo presente siempre.

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Añadido (1): Para que vean hasta donde nos quieren retrasar. El besar la mano del supuesto mesías es un acto de sumisión vergonzoso que nadie, quien se tenga un poco de respeto, puede festinar. La degradación de la persona en todo su esplendor.

Añadido (2): Se los dijimos, en su pueblo lo conocen muy bien y sabían que el chico era una maravilla, pero para los “business.”

Añadido (3): Cuando entenderán los miembros de esta clase política que su función no es querer andar quedando bien con las redes sociales y aparecer como los salvadores al instante. Los antiguos sabían medir los tiempos y cuando deberían estar o no en un sitio. Especialmente cuando ocupaban un cargo cuyo poder crecía exponencialmente entre menos apareciera como protagonista.
17 Febrero 2018 04:00:00
Como Lane Wilson instrumentó la decena trágica /A
Por estas fechas, hace 105 años, el país vivía inmerso en una situación que apuntaba hacia el caos. En apariencia, todo era producto de la inconformidad de algunos grupos los cuales no terminaban por aceptar al Presidente Francisco Ygnacio Madero González quien, a pesar de haber dado muestras amplias de otorgar espacios al juego democrático, no era aceptado por los intereses de varios hambrientos de poder. En ello, Madero llevaba parte de culpa, nunca desarmó el aparato político-burocrático-militar que le heredaron. Además, en el entorno supuestamente revolucionario, no aplacaba los apetitos de poder de algunos como los Pascuales Orozco, padre e hijo, que podría esperarse de este par en cuyo código genético estaba impresa la traición, y del antiguo caballerango de cabecera de Nachito de La Torre y Mier, Emiliano Zapata quien con su Plan de Ayala buscaba derrocar a Madero y convertirse en el líder máximo. Aunado a todo esto, se encontraba la sed de revancha del peor embajador estadounidense que hayamos padecido, Henry Lane Wilson quien aún relamía la herida que le causó ser ignorado, estando a un par de calles, al efectuarse la reunión de marzo de 1911 en el Hotel Plaza de New York, en donde el padre y el hermano del Presidente Madero negociaron con José Yves Limantour la transición pacífica. En esta colaboración, y la próxima, abordaremos de manera sintética como Lane Wilson informaba al departamento de estado en Washington acerca de la situación en México hasta desembocar en el asesinato del 22 de febrero de 1913.
A principios de enero, el día 7, Lane Wilson reportaba a sus superiores en Washington que la situación en México lucía sin esperanzas, el gobierno enfrentaba un rechazo mayúsculo. La revolución en el norte solamente existía en Durango y Chihuahua, pero en el estado de México, Morelos, Guerrero, Michoacán, así como partes de Puebla, Veracruz y Oaxaca estaban prácticamente en rebelión en contra del gobierno. Asimismo, indicaba que los gobiernos de Francia y Alemania rehusaban a otorgar préstamos a México. Una semana después de esa nota, Lane Wilson anunciaba alarmado que la situación en Acapulco era tal que se requería se enviaran buques de guerra estadounidenses, los cuales deberían de permanecer alertas en frente del puerto hasta que el embajador, o sea él, determinara era el momento de actuar. La respuesta de Washington fue inmediata y ese día, según reporte del secretario de estado, Philander.C. Knox, el U.S.S. Denver salió para situarse en la costa guerrerense. Un requerimiento similar había realizado el cónsul estadounidense en Veracruz, Canada, a quien Wilson le preguntó la conveniencia de enviar otra embarcación hacia allá. Pero la respuesta aún tardaría en llegar, antes Lane Wilson tenía que continuar la tarea que le permitiría justificar sus acciones futuras.

El 4 de febrero, Lane Wilson informaba a Knox que entre los miembros del Ejército Mexicano rápidamente se extinguía la moral y la disciplina que existía en los tiempos del presidente Díaz Mori. Todo eran intrigas y muestras de descontento hacia el gobierno de Madero. Las actividades productivas, la economía, el comercio y las finanzas sufrían una crisis total, todo lo cual era acompañado por la inseguridad. El Presidente Madero González lucía impotente para resolver u ofrecer una solución a todos esos problemas. El gabinete gubernamental estaba totalmente dividido y se caracterizaba por que unos y otros armaban intrigas que en nada ayudaban a resolver la crisis. Asimismo, el embajador estadounidense indicaba que el gobierno mexicano se mostraba intolerante a la libertad de expresión y pensamiento, además de haber montado un sistema de espionaje que seguía, como perros de caza, los pasos de cada uno de los personajes importantes en la vida de México. En igual forma, se quejaba de que agentes gubernamentales mexicanos, tanto en nuestro país como en el suyo, dispersaban información falsa sobre las actividades que desarrollaban los miembros del cuerpo diplomático estadounidense. Una vez armado este escenario, Lane Wilson estaba listo para reportar los eventos que sucederían próximamente.

Para el noveno días del mes, de facto, Lane Wilson daba el banderazo a la rebelión mientras anunciaba la liberación del sobrino de su tío, Félix Díaz Prieto, y Bernardo Reyes quien se convirtió en la primera baja al atravesársele una bala cuando atacaba el Palacio Nacional. Otros 199 acompañarían en su viaje al soldado jalisciense, neolonés por adopción, durante los enfrentamientos. Esa misma tarde, Díaz Prieto, quien enarbolaba contar con tres mil elementos, le envió un emisario a Lane Wilson para que este fuera y demandara de Madero su renuncia con lo cual evitaría un baño de sangre. Sin embargo, Lane Wilson tenía que guardar las formas, faltaba más, y solicitó que el enviado se acreditara convenientemente. Una vez que fue por los documentos respectivos, Lane Wilson llamó a todos los jefes de misiones diplomáticas acreditadas en México y decidieron requerir al secretario de relaciones mexicano, Pedro Lascuráin Paredes, le informara si el gobierno podía o no encargarse de su seguridad. Dado que la respuesta fue que se haría lo que se pudiera, los diplomáticos extranjeros corrieron hacia Díaz Prieto para indicarle que el sería responsable de lo que les aconteciera. Eso sí, Lane Wilson dejó muy claro que eso no implicaba ningún reconocimiento al rebelde. Dicha información generó que, al día siguiente, el secretario Knox aprobara las medidas preventivas de su embajador, al tiempo que le solicitaba al secretario de marina estadounidense, George von Lengerke Meyer, que enviara embarcaciones de guerra a Veracruz y Tampico, otra de menor calado a Mazatlán y la que se encaminaba hacia Acapulco fuera detenida, posteriormente se decidió fuera uno similar al enviado hasta nuevo aviso. Todo ello era simplemente como medida precautoria.

El mediodía del día 10, Wilson trasmitía un telegrama a Knox informándole que el presidente Madero González había abandonado el Palacio Nacional con rumbo desconocido. Huerta, cuya lealtad era cuestionada, estaba a cargo de la defensa de dicho inmueble. La mayor parte de las autoridades estatales, policías y rurales se han aliado con Díaz. Y para verse como el héroe salvador, Lane Wilson apuntaba haber organizado brigadas de defensa para proteger a los extranjeros ante, lo que él decía era inminente, el arribo de los zapatistas a la Ciudad de México, como si desconociera que el jefe de ellos no haría nada por defender a Madero. Para continuar con la construcción de su trama, la mañana del 11, Lane Wilson reportaba que una abrumadora mayoría de la población nativa y extranjera apoyaba a Díaz. Para las dos de la tarde, ya había recibido la visita de uno de los lugartenientes del sublevado quien le enviaba un “recadito” indicándole que, si tenía éxito en la batalla de ese día, esperaba que el gobierno estadounidense inmediatamente lo reconociera como parte beligerante en México. Mientras tanto, por el Atlántico navegaban las embarcaciones U.S.S.Virginia y U.S.S. Georgia que, respectivamente, deberían llegar a Veracruz y Tampico el día 15. Por el Pacifico navegaban los navíos Colorado que arribaría a Mazatlán el día 14 y South Dakota cuya presencia en Acapulco era esperada el 16. Con todo esto, al embajador estadounidense se “le cocinaban las habas” por convertirse en el gran factor para resolver el problema.

Cuando caía la tarde del día 11 de febrero, Lane Wilson sugería a Knox que el gobierno estadounidense debería de actuar inmediatamente en el nombre de la humanidad y enviar una nota drástica, o tal vez con carácter amenazante, para ser entregada personalmente al presidente Madero y a los líderes de la revuelta.

Acto seguido, para mostrar su buena voluntad, Lane Wilson indicaba que si le invistiera con poderes especiales o se le autorizara actuar en nombre del presidente William Howard Taft, él podría inducir un cese al fuego y dar inicio a las negociaciones para lograr un acuerdo pacífico. El diplomático estadounidense no estaba solo en eso de querer meter la mano en nuestros asuntos. El gobernador de Texas, O.B. Colquitt, demandaba a Taft que, en nombre de la Doctrina Monroe, los EUA interviniera en México para restaurar el orden.

La respuesta que obtuvo, vía Knox, fue un relato breve de las acciones que estaban siendo tomadas, que el presidente no cambiaba su política por el momento y que en función de los acontecimientos habrían de tomarse los pasos siguientes.

En ese contexto, se dio respuesta al requerimiento de Lane Wilson por convertirse en el agente central del conflicto y su solución.

Knox contestó a Lane Wilson que su solicitud era denegaba pues ello implicaría acciones de guerra cuyas consecuencias podrían dañar a personas e interese estadounidenses en México, aparte no saber hasta donde escalaría el conflicto. Se le sugería que siguiera dando la protección pertinente y recomendara a los ciudadanos estadounidense evitar acercarse a las zonas de conflicto. Pero eso no detendría el protagonismo del diplomático estadounidense.

Muy temprano el día 12, informaba haber ido junto con los embajadores de Alemania, Paul von Hintze, y España, Bernardo Jacinto de Cólogan y Cólogan, además de llevar la autorización por escrito del de Gran Bretaña, Francis W. Stronge, para apersonarse ante el Presidente Madero González y protestar por la situación imperante. Según la versión de Lane Wilson, el mandatario mexicano se mostró apenado y ofreció disculpas, mientras que, culpando a Díaz, mencionaba haber hecho todo lo posible por lograr la paz. Ante esto, los diplomáticos extranjeros indicaron que irían a ver a Díaz para hacerle un requerimiento similar. En esto, según Lane Wilson, el presidente estuvo de acuerdo. Al continuar con la narrativa del estadounidense, aparece la mano que mecía la cuna. Según su versión, cuando, acompañado por el diplomático británico, arribaron al campamento de Diaz fueron recibidos con honores militares. Tras de mencionarle lo mismo que al Presidente Madero, Díaz respondió que el simplemente había actuado a la defensiva, pero que podía tomar el Palacio Nacional en cualquier momento. La moral de sus tropas era altísima y estaban por agregarse dos mil elementos más a su causa. En esta narrativa hubo un detalle que escapó a la memoria de Lane Wilson y que generó un comunicado al secretario de estado.

El 15 de febrero, el encargado de los negocios de México en Washington, Arturo De La Cueva, remitió una protesta a Knox. En ella, indicaba que el embajador Lane Wilson y sus acompañantes fueron a solicitarle al Presidente Madero González que renunciara para que fuera factible resolver el conflicto. El presidente respondió negándoles cualquier autoridad a esos diplomáticos extranjeros para interferir en los asuntos internos de México. Agregó que había decidido que primero moriría antes de acceder a escuchar los mensajes de representantes foráneos. Asimismo, De La Cueva expresaba el temor que, al tenerse embarcaciones estadounidenses en puertos mexicanos, Lane Wilson decidiera ordenar el desembarque de los “marines” y con ello generar un conflicto internacional cuyo desenlace no seria satisfactorio. Este no era un temor infundado.

Un día antes del comunicado mencionado, Lane Wilson solicitó se le dieran poderes para disponer, sin consultar a sus superiores en Washington, de las embarcaciones y las tropas una vez que estuvieran en aguas mexicanas. Pero mientras la respuesta llegaba, se entrevistaba con el secretario de relaciones exteriores de México, Pedro Lascuráin quien, temeroso de la posible intervención armada estadounidense, le mencionaba que algo debería de hacerse para terminar con el conflicto, y nada mejor para lograrlo que renunciara el presidente. Ante esto, viendo un aliado para su causa, Lane Wilson le recomendó que convocaran al Senado a reunión y ahí se discutiera el armisticio. En ese contexto, el embajador estadounidense recibiría copia de los comunicados que Díaz había intercambiado con el gobierno mexicano según los cuales le recomendaba como salvar vidas y propiedades. Como respuesta obtuvo una demanda de rendición y que le permitirían abandonar la ciudad sin castigo. Ante esto, Díaz solicitaba al gobierno de los EUA, le reconociera su calidad de beligerante. Ese mismo día, Lane Wilson reportaba que las acciones bélicas disminuían, estimaba que las sugerencias que le hizo a Lascuráin daban resultados, además de que se rumoraba el gabinete había solicitado al Presidente Madero su renuncia, lo cual rechazó hacer.

Mientras se quejaba de que el auto de la embajada fue vandalizado, Lane Wilson indicaba que a través de Lascuráin, el presidente mexicano le ofreció una casa en Tacubaya para que instalara la embajada y quedara fuera de la zona de conflicto. La oferta fue rechazada, como le era negada la autorización para ejercer autoridad sobre las embarcaciones y las tropas. Knox fue claro al indicarle que fueron enviados con fines preventivos y el Presidente Taft no tenía pensado cambiar su política respecto a México y ordenar una invasión. Sin embargo, Lane Wilson tenia un objetivo y hacia allá iban encaminadas sus acciones.

La noche del 14 de febrero, se reunió con los embajadores británico, Stronge, y español, Cólogan y los tres acordaron que la única solución al conflicto era que Madero renunciar y el poder se le trasfiriera al Senado. Se designó al diplomático ibérico, para que fuera y diera el ultimátum al presidente de México. Muy temprano el día 15, adelantándose a 30 senadores mexicanos que estaban en ahí con un fin similar, Cólogan expuso al presidente treinta puntos de porque debería de irse y como respuesta obtuvo una similar a la que mencionamos líneas arriba. ¡Al momento de anunciarse que los senadores entrarían con un fin similar, el mandatario mexicano exclamó “! ¡Tonterías!,” y salió de la oficina. Estos resultados provocaron que el paniaguado de los extranjeros, Lascuráin, quien tan duro había trabajado para que se diera la renuncia, se sintió descorazonado y arrancó en llanto. Ya tendría la recompensa en el futuro, sus 15 minutos de gloria, pero aún faltaban días para eso.

Mientras tanto, Lane Wilson y el embajador alemán, von Hintze, fueron a conferenciar con Victoriano Huerta, pero una vez ahí los trasladaron, sin que ellos lo solicitaran, para que vieran al presidente Madero. Ahí le solicitaron una serie de medidas relacionadas con el cese al fuego para proteger vidas y propiedades del estadounidense, a lo cual se accedió. Asimismo, se le entregó a Lane Wilson un telegrama que Madero envió a Taft, en el cual según el diplomático estadounidense se apuntaban hechos que no correspondían a la realidad, mientras se evitaba que hablaran a solas con Huerta.

Con respecto al telegrama, el secretario Knox le demandaría a Lane Wilson que aclarara lo que había dicho al presidente mexicano. Por su parte, el presidente Taft respondería a Madero que no se preparaba ninguna invasión y que la amistad entre ambas naciones pasaba por salvaguardar la seguridad de los estadounidenses en México, por lo cual esperaba que los problemas actuales se resolvieran pronto.

El día 16, en calidad de perrito faldero, Lascuráin Paredes informaría a Lane Wilson que el presidente Madero había enviado un telegrama a los gobernadores indicándoles la inminencia de una intervención armada estadounidense. Asimismo, el embajador estadounidense argüía que ya no cabían en la embajada en donde a los refugiados estadounidenses, se agregaron miembros del Congreso mexicano.

Pero como Lane Wilson buscaba cubrirse, solicitó de manera no oficial a Lascuráin que lo ayudara a desmentir lo de una invasión probable. Fue necesario que Knox ordenara a Lane Wilson retrasmitir una nota a todos los cónsules estadounidenses en México, en la cual se indicaba no estaba contemplada una invasión militar a México. La tarde del 17 de febrero, Lane Wilson tenía una noticia que trasmitir.

Mediante un mensajero, Huerta ole hacia saber al embajador estadounidense que los planes habían madurado, el retraso se derivó de los deseos por evitar un baño de sangre, el Presidente Madero seria derrocado en cualquier momento. La conclusión del trabajo de Lane Wilson y sus esbirros, cuyos resultados conocemos, los narraremos en la colaboración próxima.

vimarisch53@hotmailcom

Añadido (1) ¿En verdad alguien piensa que con escoger a cualquiera de esa tercia se van a resolver los problemas de la CDMX?
Añadido (2) Esto no se circunscribe a si adquieren armas, la dificultad es que el tejido social está hecho añicos. Además de que han creado una sociedad de zombis enajenados con películas, programas de tv y video juegos que únicamente promueven la violencia. Todo esto reforzado por la dependencia de juguetitos electrónicos que hacen creer a muchos que los dotan de inteligencia porque saben operarlos, mientras acaban convertidos en unos autómatas que ya no saben ni leer, ni escribir correctamente. Pero de esto nadie quiere hablar pues es políticamente incorrecto. Lo peor es que por acá no andamos muy lejos de lucir igual.
10 Febrero 2018 04:00:00
Con respecto a un añadido
Uno de los añadidos, de nuestra colaboración de la semana anterior, nos generó varios comentarios. Si bien para algunos parecíamos que éramos totalmente contrarios a todo lo que oliera a religión y, como lo hacen todas las personas pensantes, de manera comedida nos hicieron observaciones, bien sustentadas, sobre nuestra postura. Esto es totalmente valido y en consecuencia explicamos el porqué de nuestros escritos. Sin embargo, en el otro lado de la moneda, para otros éramos casi la reencarnación de Girolamo Savonarola, aquel monje italiano de la orden de los Dominicos quien deambulaba por las calles de Florencia durante el siglo XV. El añadido en cuestión era nuestra critica a las declaraciones que realizó el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco, quien dijo que: “Una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…” Eso desde muestra perspectiva es jugar al olvido histórico. Alrededor de eso versara esta colaboración.

Como siempre lo hemos planteado en nuestros escritos, el asunto de como cada uno enfrente su relación con el Gran Arquitecto es algo que merece todo nuestro respeto. No tenemos el mínimo conocimiento de teología como para embarcarnos en una discusión sobre existencias o no de divinidades y, por lo tanto, jamás nos hemos introducido en ese tema. Además, ¿quiénes somos nosotros para calificar si está bien o mal que alguien practique el rito religioso que más le convenza? Eso es un asunto de la índole estrictamente privada. Respecto a los dirigentes de las religiones diversas, al igual que en cualquier otra profesión, porque los ministros de culto ejercen eso como actividad profesional, hay seres humanos con virtudes y defectos. En ese contexto, reconocemos que hay, sin duda alguna, sacerdotes que toman la religión en su verdadero sentido y actúan en consecuencia. Nuestra crítica hacia la iglesia católica ha estado enfocada a la actuación de su clase dirigente en base a hechos respaldados por documentos históricos. Vamos a citar algunos casos específicos que al parecer han sido olvidados de como el Gran Arquitecto, bajo el nombre que se opte por darle, ha sido utilizado a lo largo de los tiempos para justificar acciones que nada tienen de pías.

Iniciemos por recordar lo apuntado por el economista sinaloense Sergio Enrique Castro Peña en un artículo, el cual recomendamos leer en su totalidad, titulado: “Hablemos de Pertenencia”, (guerrerohabla.com, 03-VIII-2017), en donde señala que “la Iglesia Católica, como todo poder en funciones, trata, sin un apoyo histórico firme, de presumir dos mil años de existencia. Pero esa preponderancia la logró en el siglo IV al ser designada como Iglesia de Estado por el Emperador Teodosio, pero, como todo poder en ciernes, inició un proceso de eliminación de toda competencia con la persecución de los cultos tradicionales ajenos a su ideología, -los cultos paganos-, y de otras formas de cristianismo que no se apegaban a su interpretación teológica”. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
En 1095, en el Concilio de Clermont, Otho de Lagery, el papa Urbano II, dijo: “…el Señor os designa como heraldos de Cristo para anunciar esto en todas partes y para convencer a gentes de todo rango, infantes y caballeros, ricos y pobres, para asistir prontamente a aquellos cristianos y destruir a esa raza vil [los musulmanes] que ocupa las tierras de nuestros hermanos…” Eso sonaría bien en boca de algún militar, pero no en quien, supuestamente, era el enviado de la divinidad. Y de ahí partieron las Cruzadas, que concluyeron en 1291, cuyo objetivo era conquistar territorios para instaurar el reino de Dios y de paso hacerse de riquezas. Eso no luce como que haya sido una labor pastoral acompañada por métodos píos. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Todas las luchas y acciones que realizó la iglesia entre 751 y 1870 para apropiarse de tierras y establecer los estados pontificios en donde la autoridad del papa sobrepasaba a la de los reyes y al amparo de lo cual se armó toda la fortuna de la iglesia católica no fueron mediante acciones pías, ni quienes las ejecutaron actuaron como ejemplo de respeto a las vidas humanas. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Y que vamos a decir del papel que jugó la Iglesia católica entre el año 476 y 1492 durante el periodo conocido como la Edad Media, en donde el oscurantismo y la superchería promovieron la ignorancia invocando a la divinidad como garante para argüir que la tierra era plana. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Recordemos que la religión católica se introdujo en lo que hoy es América Latina mediante actos tan humanitarios como los son espadazos y latigazos que sirvieron además para mantener la encomienda. Todo ello derivado de las negociaciones que, en el nombre del Gran Arquitecto, realizaron Rodrigo Lazol y Borja, Alejandro VI y los Reyes Católicos de España, Isabel y Fernando. Además, recordemos que las acciones realizadas por César Borgia al frente de los ejércitos papales no se caracterizaron por su piedad. Hasta donde tenemos conocimiento, ningún papa ha rechazado públicamente todas las acciones de esos sujetos, la familia Borgia, que además son un ejemplo de todo lo que la corrupción puede ser, desde incesto a cuanto crimen se pueda uno imaginar. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
No hay forma de que se ponga de lado la forma en que operaron la iglesia y la corona española para poner a funcionar a toda marcha al Tribunal de la Santa(¿?) Inquisición e invocando al Gran Arquitecto se dieron a la tarea de perseguir a los judíos en España con el único objetivo de extraerles sus riquezas y propiedades. Los que se salvaron fue porque optaron por “convertirse,” de no haberlo hecho seguramente el noreste de México no hubiera existido como lo conocemos. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Que vamos a decir de los trescientos años de coloniaje que vivimos en nuestro país, en donde el maridaje iglesia-corona española lo único que permitió fue el enriquecimiento de ambas mientras sumían a la población en la miseria y la ignorancia, debemos recordar que, con la educación en manos de la iglesia durante 300 años, a principios del siglo xix, el 98 por ciento de la población era analfabeta. Esto era porque seguramente querían evitar que se repitiera lo acontecido, como Castro Peña señala en “Hablemos del Mundo Feliz o Cibertropía /II” (guerrerohabla.com, 06-II-2018), en el “Paraíso del Edén cuando… Eva y Adán [al morder la manzana] perdieron la protección de Dios y accedieron al campo del libre albedrio, la curiosidad y la incertidumbre que representan el conocimiento”. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
¿Cómo vamos a calificar las acciones del arzobispo de México, quien también fue obispo de Sonora, Lázaro de la Garza y Ballesteros quien descalifico las Leyes de Reforma porque quitaban privilegios y los negocios a la iglesia? Eso fue lo que nos llevó a una guerra de tres años. Y de ahí saltamos a las actividades del obispo de Puebla, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos quien, con la aprobación de Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, Pío IX, apoyaron la venida de Maximiliano y todo lo que ello trajo. Y respecto a este papa, como olvidar que en el nombre de la divinidad elaboró su índice de libros prohibidos; decretó infalibilidad papal; publicó la encíclica reaccionaria Quanta cura, acompañada de un Syllabus errorum que significaba una defensa inflexible de la doctrina y las estructuras de poder de la Edad Media y la Contrarreforma, y una declaración de guerra general a la modernidad. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Si nos vamos al siglo pasado, primero, evoquemos como Giacomo Paolo Giovanni Battista della Chiesa, Benedicto XV, el 15 de junio de 1917, remitió una carta a los obispos mexicanos respaldando su postura respecto a la Constitución mexicana de 1917, en donde los felicitaba por “su determinación ardiente para defender el derecho divino (sic) de la iglesia”. Asimismo, enfatizaba que algunos artículos de la Constitución Mexicana, “excluían los derechos sagrados (recontrasic) de la iglesia y otros abiertamente los contradicen”. Para concluir, conminándolos a “continuar defendiendo el catolicismo, ya que muy pronto la ayuda celestial les llegaría, lo cual les permitiría que se restaurara la religión católica, volvería a reinar la armonía y la santidad de la disciplina”. Acaso es factible olvidar que la Cristiada fue un acto bendecido por Ambrogio Damiano Achille Ratti, Pío XI, en la encíclica Iniquis Afflictisque, en la cual incitaba ir a pelear o como interpretar aquello de “…una sola cosa deseamos referir, Venerables Hermanos, y es que todos los socios y socias de estas asociaciones de tal manera están libres del miedo, que no solamente no rehúyen, sino que buscan los peligros y aún se alegran cuando deben sufrir alguna acerbidad de los enemigos. ¡Oh espectáculo hermosísimo, dado al mundo, a los ángeles y a los hombres! ¡Oh gesta que debe ser celebrada con la alabanza eterna! ...” Ante ello, la curia, liderada por el arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jiménez, aguijoneó a la gente para que se fuera a matar, o al menos desorejar a quienes no compartieran su perspectiva, bajo una premisa falsa de que les querían quitar su religión y al final costó 100 mil vidas. Y por esos mismos tiempos, como olvidar la desinteresada amistad entre Pio XI y el Duce italiano que tan rentable resultó, para los fines píos, vía los Tratados de Letrán que bien valían voltear hacia otro lado y no ver las atrocidades que cometía uno de los firmantes quien no paraba de invocar al Altísimo. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Tampoco debemos de hacer de lado los nexos y acuerdos alcanzados, primero como Eugenio Pacelli y más tarde como Pío XII, con la bestia austriaca. No olvidemos que fue él quien validó el gobierno de ese sujeto execrable mediante la firma del concordato el 14 de julio de 1933. Después, en medio del Holocausto, haría como que mostraba interés, pero no tomó ninguna posición especifica para oponerse a ello. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Si nos vamos a tiempos mas recientes, ni modo que escape a la memoria como Karol Wojtyla, Juan Pablo II convirtió en santos a 26 cristeros de aquellos que andaban promoviendo que se fueran a matar o al menos desorejar a quienes no pensaban como ellos. Asimismo, encaminaba hacia la santidad a José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez, el sacerdote que, en nombre de la divinidad, conspiraba para asesinar al presidente Obregón Salido y que al ser capturado fue pasado por las armas. ¿Serán estas acciones consideradas dentro de aquello que “una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones…”?
Con todo lo expuesto, estamos convencidos de que la curia debe de dedicarse exclusivamente a los asuntos espirituales y no andar dando recetas de cómo se debe de gobernar. Porque a la vez estimamos que ninguna autoridad debe de irse a entrometer en los asuntos de la liturgia o en la vida interna de las iglesias.

Asimismo, criticamos a los hombres en el gobierno que a toda costa quieren aparecer al lado de los religiosos, lo único que muestran es su pequeñez de miras porque al final acaban siendo utilizados; consideramos que la separación estado-iglesia debe de prevalecer. Por eso, discrepamos totalmente de las actitudes como la adoptadas por los revolucionarios franceses quienes, en su afán de destruir el catolicismo, adoptaron un remedo que al final de cuentas era lo mismo. O bien no concordamos con la pantomima que se generó, durante los 1920 en México, cuando el llamado patriarca, Joaquín Pérez trato de crear la Iglesia Católica Mexicana, sobre la cual existe la conseja popular de que era promovida por el estadista Elías Calles, algo que es una falacia según se deduce al revisar el intercambio epistolar entre el expresidente Obregón Salido y Elías Calles. O bien, las acciones realizadas, durante los 1930s, por el gobernador de Tabasco, Tomas Garrido Canabal quien también en un afán de sustituir religiones acabó por crear una pantomima de lo que buscaba exterminar. Igualmente estamos en contra de la actitud que por estos días toman los musulmanes quienes, invocando supremacías religiosas, se dedican a sembrar el terror por el mundo.

Lo nuestro no es andar recomendando de cómo debe de llevarse a cabo la relación entre el Gran Arquitecto y cada uno, ¿Quiénes somos para ello? Lo que aquí exponemos tiene un carácter histórico-informativo con el afán de invitar al análisis y la reflexión, las conclusiones quedan al albedrio de cada lector y la forma en que percibe los acontecimientos. Por ello, al ver que los dirigentes religiosos nos quieren vender que han cambiado y no apreciamos acciones que condenen las acciones erróneas del pasado, pues simplemente recurrimos a la historia y la mostramos fundamentada en datos duros. Ni antirreligiosos, ni Savonarolas de bolsillo. Simplemente objetivos.

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Añadido (1) El equipo que luce como el mejor en la “Cactus League” o en la Grapefruit League”, no necesariamente es el que obtiene el campeonato al final de la temporada. Para no olvidarlo.

Añadido (2) Después de observar el comportamiento de los hombres públicos en la toma de posesión del nuevo arzobispo de México, concluimos que todos sus actos están encaminados a cumplir un deseo infantil frustrado, ser monaguillos.
03 Febrero 2018 04:00:00
Las remesas de divisas en la historia y ahora
Nuestro dilema, como sucede mas frecuentemente de lo que pudiera parecer, era seleccionar el tópico que abordaríamos en esta ocasión. Enfocados en la investigación de un tema histórico, que nos demanda la mayor parte del tiempo, dejábamos de lado que hoy teníamos una cita con usted nuestro lector amable único. Cada vez que esto nos pasa, escuchamos la voz de quien, el 20 de marzo de 2014, nos dijera “¿Ya escribiste para esta semana?... No dejes de escribir.” Bajo esa premisa, lo hemos hecho cada siete días sin falta. De pronto, al iniciar nuestra revisión diaria de las paginas electrónicas, lo primero que encontramos fue la noticia referente al monto que México captó vía las remesas de divisas que envían los paisanos quienes laboran en los EU, este será el tema que abordaremos esta semana.

Los encabezados de las notas mostraban el sesgo de quienes gustan de dejarse guiar por los medios estadounidenses o bien no dedican un poco de tiempo a analizar lo que sucede en el contexto general. Pero antes de ir a eso, vayamos a dar un recorrido de como se han comportado los envíos de remesas a lo largo de la historia.

Si bien la emigración es un problema que se remonta hasta los inicios de la segunda mitad del siglo XIX, sería el estadista Benito Pablo Juárez García quien emitiera, en 1871, la primera Ley Consular Mexicana cuyo objetivo era conocer quienes andaban por aquellos lares. Para ello, se instituyó un documento de registro consular; se les ofrecía protección y acceso a los servicios consulares, a la vez que a sus familiares se les daba apoyo para localizarlos en los EU. El movimiento de personas continuó a lo largo de los años hasta que, en ese mismo sentido, tratar de proteger a los emigrantes, en 1920, el presidente Venustiano Carranza Garza emitió disposiciones para que se elaborara un modelo de contrato laboral que garantizara que quienes fueran a trabajar en los EU tuvieran derechos laborales similares a los establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Asimismo, no sería permitido que ningún trabajador mexicano se trasladara a los EU sin tener un contrato firmado por un oficial de migración. En el documento habría de asentarse el sitio en donde laboraría, el pago y horario de trabajo. En igual forma, se demandaba que se les permitiera llevar a sus familias con ellos. En ese contexto, años después, se analizaría el fenómeno.

El primer estudio al respecto, y al comportamiento del envío de remesas a México, fue elaborado por el antropólogo mexicano, Manuel Gamio quien, bajo el título: “The Antecedents of Mexican Immigration to the United States”, lo publicó en la revista, American Journal of Sociology. en el número correspondiente a noviembre de 1929. En el contexto, de analizar el problema migratorio como un todo, Gamio buscó establecer cuales eran los estados mexicanos que generaban la mayor cantidad de emigración. Para ello, recurrió a las oficinas de correos en donde revisó los libros en los cuales se asentaban los “money-orders” que se enviaban a México. Encontró que, en promedio, el monto total de remesas que anualmente se remitieron, durante los nueve años previos, había sido de cinco millones de dólares. Asimismo, fue factible determinar que los estados de donde provenían mayoritariamente esos emigrantes eran Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Zacatecas y Aguascalientes. Entre las causas que influían para que se trasladaran hacia allá estaban la diferencia de salarios y el nivel de vida.

En los años por venir, lo mismo se enfrentaría la crisis de la depresión estadounidense cuando alrededor de 600 mil mexicanos por nacimiento vivían en los EU y ante la situación, poco más del 50 por ciento, se estima fueron 310 mil personas quienes optaron por regresar a México entre 1930 y 1933. Trascurriría el tiempo hasta que, como resultado de la Segunda Guerra Mundial, fue requerida la mano de obra mexicana en números mayores. Entonces nació el programa bracero que operó hasta mediados de los 1960s y ayudó a paliar el problema de la emigración ilegal. Bajo esa situación arribamos al final del siglo XX, tras de pasar la borrachera dorada y la cruda espantosa que nos dejó el petróleo, hasta que la globalización nos alcanzó y creíamos que por arte de magia nuestros problemas serian resueltos, entre ellos evitar que siguieran creciendo el numero de mexicanos, que, para 1992, era ya de 3.4 millones, quienes ilegalmente entraron a los EU. Para finales del siglo ya se registraban poco mas de 9 millones de mexicanos viviendo, al amparo o fuera de la ley, en los EU. Poco a poco durante las últimas tres décadas del siglo XX, la aportación de estos connacionales fue siendo cada vez más significativa para la economía mexicana.

Entre 1970 y 1980, los montos de remesas registradas fueron de 4 mil millones de dólares, los cuales equivalían apenas al 22 por ciento de lo que se obtenía vía ventas de petróleo; el 17 porciento de lo reportado como ingresos por turismo y más del 50 por ciento de la inversión extranjera directa, recordemos que vivíamos en una economía cerrada. Durante la década siguiente, mas de 14 mil millones de dólares fueron remitidos a México por trabajadores connacionales ubicados allá. Esta cifra significó apenas un 3 por ciento de lo que exportó de petróleo; 40 por ciento de los ingresos generados por el turismo; y, casi 59 por ciento de lo captado por inversión extranjera. Con esa tendencia nos encontramos durante los últimos diez años de la centuria, cuando las remesas contabilizaron mas de 43 mil millones de dólares, registrando un incremento del 71 porciento entre 1995 y 2000, justo cuando nos incorporamos plenamente al proceso globalizador. Así, llegamos al Siglo XXI.

A lo largo de los últimos dieciocho años, la captación de remesas ha adquirido una importancia trascendental en la economía mexicana. Los montos alcanzados han venido a convertirse en la tabla de salvación ante los niveles de crecimiento magros que se han obtenido. Todo empezó en el infausto (des) gobierno del ignaro con botas quien, primero, en pareja con Castañeda el pequeño dio al traste con cualquier negociación que permitiera resolver el problema migratorio. La postura de este último con su necedad de “la enchilada completa o nada…” voló cualquier intento de lograr acuerdos. Mas tarde, cuando la incapacidad para generar crecimiento y desarrollo económico fue evidente, apareció aquel quien resultó mejor cómico que el sobrino y tuvo la genialidad de producir un panfleto vergonzante titulado “Guía del Migrante mexicano,” el cual era un recetario de como irse de ilegal y sobrevivir. Ni quien pueda dudarlo, para finales de 2006, el total de divisas captadas en el sexenio era de 99.4 mil millones de dólares, mas del doble de lo captado durante el mismo periodo previo. Eso equivalió al 72 por ciento de lo obtenido vía ventas externas de petróleo; 162 por ciento de lo generado por el turismo; y, 69 por ciento de la inversión extranjera directa. Gracias a la captación de divisas por esa vía fue factible paliar los efectos de un crecimiento económico promedio de 2.13 por ciento durante el sexenio. Sin embargo, las expectativas futuras seguían luciendo poco alentadoras.

Entre 2006 y 2012, lo único que exhibió un crecimiento sostenido en el renglón económico fue el crecimiento de las remesas de divisas, que aun cuando enfrentó la crisis estadounidense de 2008-2009, totalizaron 139 mil millones de dólares. Esto significó poco mas del 50 por ciento de las ventas de petróleo en años donde el precio del hidrocarburo fue relativamente alto; el 227 por ciento de lo captado mediante el turismo y el 98 por ciento de lo que entro a través de la inversión extranjera directa. La economía mexicana promediaba un crecimiento sexenal de 3.06 por ciento con una tendencia a la baja durante los dos últimos años. Así, llegamos a este sexenio.

Las expectativas para revertir la situación económica eran altas. Sin embargo, las condiciones externas, precios del petróleo deprimidos, e internas, entrar en un proceso por realizar reformas cuyos resultados aquí lo dijimos desde el inicio no habrían de reflejarse en el corto plazo, aunado a una política económica astringente, acabaron por generar un crecimiento promedio durante lo que va del sexenio de alrededor del 2.4 por ciento. Sin embargo, las remesas de divisas que actúan como válvula de seguridad en contra de erupciones sociales, la otra violencia es un asunto de pleito por control de los mercados, siguió operando eficientemente.

Entre 2013 y 2017, vía remesas se captaron alrededor de 127 mil millones de dólares cifra que significó el 97 por ciento de lo que se exportó de petróleo; equivalentes al 153 por ciento de lo generado por turismo; y alrededor del 94 por ciento de lo captado a través de la inversión extranjera directa. Al revisar el destino de las remesas, se encuentra que la concentración se encuentra en los estados de Michoacán, Jalisco, Guanajuato y Estado de México. Los tres primeros son los mismos que reportaba Gamio en 1929 como destino principal de las divisas provenientes de los EU. Como es factible observar, vergonzosamente, tenemos que aceptar que la política que mejores resultados ha arrojado a lo largo de los últimos dieciocho años ha sido la expulsión de connacionales para que se larguen, en muchos de los casos, a jugarse la vida para poder obtener los ingresos que aquí en nuestro país no han podido obtener por la impericia combinada de las políticas gubernamentales y de los pomposamente autollamados empresarios quienes no son sino simplemente hombres de negocios. Ni unos, ni otros cumplen totalmente con el rol que se les tiene asignados en la sociedad. En lugar de ponerse a trabajar conjuntamente en pro del crecimiento y el desarrollo económico, pierden el tiempo culpándose unos a otros de su ineficiencia y, actualmente, de la corrupción. Un fenómeno que generan conjuntamente porque, ni modo que vayan a negar que, para bailar el tango, necesariamente se requieren dos. Y por supuesto no dejar de culpar al vecino de todos nuestros males.

Y en ese proceso de achacarle los males al de enfrente, nos encontramos que se fueron a negociar el TLCAN sin tener una estrategia definida y hoy andan con apuros tratando de arreglar lo que en 25 años no fueron capaces de realizar. Eso no les preocupaba, con ser maquiladores y exportadores de productos chinos “Made in Mexico,” era suficiente para convertirse en exportadores de divisas. Recordemos que, entre enero de 2013 y septiembre de 2017, salieron del país 106. 5 mil millones de dólares. Lo que nos preocupa hoy es que ante los cambios en la política económica estadounidense nuestros estrategas sigan pasmados.

Por favor, alguien podría decirles que aun y cuando el presidente Donald John Trump pueda no ser del agrado de quienes se alimentan con las noticias que vierten las principales cadenas televisivas y diarios estadounidenses, la situación en ese país no es como la pintan. La economía se esta moviendo y el consumidor de a pie, no los que presentan pegando brinquitos en las calles, exhibe una confianza que no se había observado durante los últimos quince años. Durante la pasada época navideña fue factible percibir como el estadounidense promedio mostraba una cara distinta a la de años previos, mientras realizaba sus compras. Inclusive por vez primera, en el periodo antes mencionado, volvieron a saludar con el tradicional “Merry Christmas” en lugar del políticamente correcto “Happy Holidays”. En ese contexto, llegó la reforma fiscal y aun aquí no saben como habrán de enfrentar la disminución en las tasas impositivas a las empresas. Un día si, y otro también, nos enteramos de que tal o cual empresa deja México para retornar a los EU, por los rumbos del pueblo ya empiezan a resentir ese tipo de anuncios.

Cuando hoy veíamos la nota de que las remesas de divisas a México aumentaban por el temor que los trabajadores mexicanos tienen al presidente estadounidense, casi soltamos la carcajada. Se remite mas dinero porque los paisanos obtienen ingresos mayores, porque hay más empleos y, porque no decirlo, la inmigración ilegal ha decrecido, lo cual permite que disminuya la competencia por los sitios de trabajo e incremente el precio de la mano de obra. Cualquiera que haya tomado el curso de economía básica, y aprendido lo que ahí le enseñaron, sabe cómo opera la ley de la oferta y la demanda. Dejemos ya la cantaleta de si nos quieren o no al otro lado del Bravo y, con responsabilidad, demandemos que aquí se diseñen e implanten las políticas económicas requeridas en función de nuestras circunstancias. Responsabilizar a otros o comprar ocurrencias que suenan dulces a los oídos de quienes creen que con buenos deseos o bravatas se arreglan las cosas es fantasía pura. Porque recordemos si en 18 años las remesas, cuya captación alcanzó casi 366 mil millones de dólares en este lapso, nos han salvado de que enfrentemos una crisis mayúscula, esto no es eterno y puede ser que, algún día, esa veta se seque y a ver con que cubrimos el boquete.

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Añadido (1) Como estoy seguro de que por ahí habrá algún lector, les comento que el libro “El senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza”, de la autoría de este escribidor, editado por el INEHRM, también estará disponible en las Librerías Educal. En Piedras Negras, se ubica en las instalaciones del Centro Cultural Plaza de las Culturas y en Saltillo, en la Artemio Valle Arizpe, interior Instituto Coahuilense de Cultura. En Sonora, en Hermosillo en el Museo de las Culturas Populares.

Añadido (2) Nuevamente el campeón de la palabra vacua, el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco, nos recetó sus peroratas grandilocuentes cuando dijo: “Una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones… “La violencia publicitada y ejecutada en nombre de la religión no puede sino provocar descrédito hacia la religión misma…” Ante ello, nos preguntamos: ¿Cuándo empieza de desacralizar a todos los miembros de su organización que han actuado, a lo largo de los tiempos, bajo esa premisa? ¿Memoria selectiva, la perdida de retentiva, o cinismo? Si quisiera refrescar la memoria, le bastaría simplemente con un repaso a los métodos píos que aquí emplearon para evangelizar o bien como nos embarcaron en la reyerta inútil durante el siglo pasado.

Añadido (3) En los tiempos en que acudíamos a la escuelita parroquial, para aprender economía, nos decían que el 5 de febrero se suspendían las clases no para conmemorar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sino el día de San Felipe de Jesús, forma en que es conocido Felipe de las Casas Martínez, pariente de Bartolomé de las Casas de Sosa y quien sabe cuántos más por el noreste de México. Para quienes se pregunten porque fue seleccionado ese día para entronizar al nuevo arzobispo primado de México. Del aniversario número 101 de la Constitución de 1917 y el 161 de la Constitución de 1857, ni acordarse, eso queda únicamente para los herejes necios como este escribidor.
27 Enero 2018 04:00:00
Para tratar de entender la política exterior estadounidense actual
En los días que corren, una y otra vez leemos que los Estados Unidos de América, por la forma en que abordan sus relaciones con otras naciones, han entrado en un proceso de aislamiento. Por supuesto que no faltan los maniqueístas del blanco y negro quienes ensabanados en el lábaro patrio nos otorgan el papel de víctimas y a los vecinos del norte les colocan el sambenito de malvados. Ni una cosa, ni otra, las relaciones entre países no pueden calificarse a partir de simplismos.

Pero eso no es todo, los doctos inmediatamente recurren a citar que, durante la década de los 1920s, los EUA vivió una situación similar. Fácil es quedarse en esa percepción sin proveer soporte para sustentarla. Sin embargo, a este escribidor sus profesores le enseñaron en la escuela que los argumentos se sustentan con evidencias duras y después de analizarlas encontró que esa leyenda del aislamiento estadounidense durante los diez años antes mencionados sirve solamente para alimentar el imaginario, pero que a la hora de revisar la historia no hubo tal cosa. Asimismo, en esa narrativa se nos dice que ese aislamiento supuesto inició, se desarrolló y concluyó durante los gobiernos de los republicanos, Warren Gamaliel Harding (1921-1923), John Calvin Coolidge Jr. (1923-1929) y Herbert Clark Hoover. Quienes así opinan, olvidan que, a partir de 1918, al concluir la Primera Guerra Mundial los EUA, cuando el presidente era Thomas Woodrow Wilson (1913-1921), ese país dio inicio a un proceso de redefinición de su política exterior. Sobre esto versará nuestra colaboración de hoy.

Durante mÁs de un par de décadas, entre los historiadores prevaleció la teoría del aislamiento estadounidense durante los 1920s. Sin embargo, casi a mediados de los 1950s, William Appleman Williams presentó por vez primera un análisis rechazando que la política exterior estadounidense fuera caracterizada por el aislamiento. Esto fue publicado en el artículo “The Legend of Isolationism in the 1920s,” Science and Society, Volume XVIII, No. 1 (Winter 1954).” A partir de ahí, cinco años más tarde, publicaría el libro “The Tragedy of American Diplomacy”(New York: The World Publishing Co. 1959). En ambas piezas, Willimas generaría una crítica devastadora a la interpretación del aislamiento. Argüía que los Estados Unidos de América tenía intereses económicos y de todo tipo alrededor de todo el mundo y se había dado a la tarea de atenderlos
William Appleman Williams señaló que “los estadounidenses piensan que la década de los 1920 fue un fin de semana perdido en asuntos internacionales calificándolo como un período en el cual los Estados Unidos hizo caso omiso de sus responsabilidades mundiales al emborracharse con la ginebra de aislacionismo hecha en casa.” Williams, sin embargo, dejaba claro que las administraciones de Harding, Coolidge y Hoover tuvieron un papel muy activo promoviendo y protegiendo los intereses estadounidenses alrededor del mundo. No es posible calificar como aislada a una nación, escribía Williams, que tenía inversiones por todo el mundo, y un departamento de comercio que promovía activamente esos intereses.

Respecto a cómo los estadounidenses anduvieron activos por Europa, es conveniente recordar el papel fundamental que tuvieron en la Comisión Especial de Deuda Externa. En el seno de la misma, se renegociaron las deudas de varias naciones europeas (Gran Bretaña, Finlandia, Hungría, Lituania y Polonia), las cuales lograron rebajar el monto de sus débitos de 12 a 5 mil millones. En lo referente al establecimiento de leyes e instituciones de justicia internacional, los EUA participaron en la Conferencia para la Limitación de Armamentos y sus representantes tuvieron una intervención muy importante para el establecimiento del Tribunal de La Haya y más tarde en la Corte Permanente de Justicia Internacional. Sin embargo, la pieza fundamental de la diplomacia estadounidense, durante los 1920s, fue el Pacto Kellogg–Briand, aprobado en 1928 y ratificado al año siguiente. Si bien, el Presidente Coolidge actuó como el promotor, serian el secretario de estado, Frank B: Kellogg y el ministro francés de relaciones exteriores, Aristide Briand quienes lo concretaron. Mediante este acuerdo, cincuenta y cuatro naciones convinieron renunciar a la utilización de las armas para arreglar sus diferencias, optando por la vía pacífica.

En el entorno económico doméstico, mucho se arguye que las fronteras estadounidenses fueron cerradas a los productos extranjeros. Sin embargo, revisando las cifras de 1927, se encuentra que por concepto de aranceles recaudaban 600 millones de dólares. El 65 por ciento de las importaciones no estaban gravadas. Del 35 por ciento restante, 23 consistían en artículos de lujo y productos agrícolas y el otro 12 por ciento correspondía a manufacturas y mercancías. Los aranceles tenían un objetivo específico, proteger a la industria y el comercio interno.

Hay también quien dice que los EUA cerraron sus fronteras a la inmigración de ciudadanos de otros países. Esto nuevamente debe de tomarse con cautela. Ante la apremiante situación que se vivía en otras latitudes, muchos fueron quienes deseaban trasladarse a los EUA y estos aún no acababan de absorber toda la mano de obra disponible una vez que regresaron del frente de batalla. Por ello, establecieron cuotas de inmigración y ante el naciente problema de cruces ilegales en la frontera con México, procedieron a crear, en 1924, la Patrulla Fronteriza. Sin embargo, ello no fue todo lo exitoso que se esperaba y en 1929 cuando la crisis estalló, fue necesario “invitar” a los mexicanos a regresar a nuestro país, algo que para 1933 alcanzó un total de cerca de un millón que “voluntariamente” lo hizo
Lo que mejor puede precisar cómo se comportó la política exterior estadounidense a lo largo de los veintes, son las palabras que pronunció en 1923, durante su informe de gobierno, el presidente Coolidge. Ahí, el mandatario indicó: “Nuestro país tiene solo un principio cardinal en su política exterior. Es un principio estadounidense. Nos ocupamos de nuestros asuntos, cuyo objetivo es preservar nuestra fuerza y proteger los intereses de nuestros ciudadanos; pero reconocemos nuestra obligación de ayudar a otros, reservándonos la decisión de nuestro juicio, el tiempo y el método. Nos percatamos de que existe un lazo común de humanidad y conocemos que, de manera inalienable, existe una ley de apoyo.”

Reconociendo el derecho de sus ciudadanos, expresó no tener inconveniente en que realizaran actividades comerciales con Rusia, a la vez que dejaba claro que como gobierno no podían los EUA mantener relaciones diplomáticas con un régimen que se negaba a reconocer “la inviolabilidad de las obligaciones internacionales.” En lo concerniente a la Liga de las Naciones, ratificaba su rechazo a incorporarse a ella. Ni proponía, ni solicitaba cambio alguno a la forma en que operaba. Para Coolidge era simplemente un organismo externo que, desde la perspectiva estadounidense, de incorporarse al mismo, limitaría su libertad e independencia de acción lo cual eran principios básicos que regían los asuntos domésticos y la forma de ejecutar la acción de gobierno.

Pasarían catorce años, antes de que, a partir de la tesis expuesta por Williams, Joan Hoff Wilson publicara el libro “American Business and Foreign Policy: 1920-1933 (Boston, Massachusetts: Beacon Press, 1973).” En esta obra, Hoff mantenía que, durante la década de los 1920s, en materia de política exterior, los Estados Unidos operaron bajo una política de “internacionalismo independiente.” La definición que de esta hacia era que los EUA permanecieron aislados solamente en el sentido de que no ingresaron a la Liga de las Naciones y buscaron evitar alianzas que los llevaran a participar en otra guerra en Europa. Los EUA siguieron una política en función de sus intereses e interactuaban con las naciones europeas cuando esto era útil para los intereses estadounidenses. Profundizando más sobre la definición de internacionalismo independiente, Hoff enfatizaba que no se trataba de una filosofía de política exterior, sino de un método pragmático para conducir las relaciones con otras naciones. Se asumía implícitamente que los EUA deberían cooperar a nivel internacional cuando no pudieran, o no quisieran resolver un problema diplomático en particular mediante una acción unilateral. Asimismo, mantenía que, durante los 1920s bajo las administraciones republicanas, los EUA habían dejado de lado el intervencionismo militar.

En las relaciones con otras naciones, la forma de operar fue constante. Bajo la premisa de que ante todo había que proteger las vidas e intereses de los ciudadanos estadounidenses morando en otros países, se enviaron fuerzas navales a China en donde estaba en curso una confrontación doméstica. Tratando de mantener la neutralidad, los EUA expresaron sus deseos de trabajar con quien resultara triunfante bajo el principio de que querían cooperar al bienestar de la población de aquel país. Asimismo, en escala menor, se enviaron fuerzas navales como medida preventiva a Nicaragua. Aquí cabe precisar que cuando el conflicto emergía, las partes en disputa solicitaron el involucramiento de los estadounidenses como mediadores, algo que se efectuó a bordo del buque de guerra U.S.S. Denver en donde el encargado de negocios, Lawrence Dennis actuó como mediador sin que al final de cuentas pudieran ponerse de acuerdo. En ese mismo contexto de relaciones con América Latina, los EUA tuvieron una participación fundamental en la Sexta Conferencia Internacional de los Estados Americanos, realizada en La Habana durante enero de 1928. Participaron para resolver el conflicto entre Chile y Perú los cuales reanudaron relaciones diplomáticas.

Asimismo, logran solventar las diferencias entre Bolivia y Paraguay, así como entre Guatemala y Honduras, sin que aparecieran los fusiles como elemento resolutorio.

En el caso especÍfico de México, contrario a la acepción general, nuestra perspectiva es que los cambios en la política exterior estadounidense dieron inicio al final de la administración de Wilson y fue durante los 1920s cuando las relaciones entre México y los EUA alcanzaron una etapa nueva y distinta. Durante estos años, sin hacer a un lado el nacionalismo, los Presidentes Carranza Garza, De La Huerta Marcor, Obregón Salido, Elías Calles y Portes Gil implantaron una política que reconocía lo importante que era la participación política y económica estadounidense para el desarrollo futuro de México. En esos tiempos lo que prevaleció fue el nacionalismo pragmático como filosofía de gobierno. No obstante que grupos de presión diversos pugnaban porque sus respectivos gobiernos tomaran posturas extremas, quienes estaban al frente del ejecutivo de ambas naciones fueron capaces de poner de lado sus diferencias y comprometerse para crear una relación constructiva que, al final, demostró que la participación bilateral pudo generar resultados positivos para México.
Para que lo anterior funcionase fue requerido utilizar la diplomacia como herramienta fundamental. Por esos años, la diplomacia estadounidense hacia México dejó de lado el modelo imperante durante el siglo XIX y se orientó hacia objetivos de largo plazo. Se hizo a un lado el atender incidentes y se optó por la implantación de políticas que consideraran el todo y no hechos aislados.

Asimismo, el cuerpo diplomático estadounidense acreditado en México se profesionalizó y aun cuando quien fuera embajador en nuestro país entre 1924 y 1927, James Rockwell Sheffield, llevara las relaciones al borde del rompimiento, la estatura política del estadista Plutarco Elías Calles y el silencio pragmático del Presidente Calvin Coolidge evitaron que aquello degenerara en una crisis. Con el nombramiento del mejor embajador que ese país haya tenido en el nuestro, Dwight Whitney Morrow, fue factible revertir 180 grados el estado de cosas en las relaciones. Aun cuando Morrow no era un profesional de la diplomacia, fue capaz de desarrollar sus funciones con un alto grado de profesionalismo y pronto aprendió sobre la idiosincrasia del mexicano y sus autoridades. Se involucró en negociaciones directas con las autoridades mexicanas, no solamente para resolver problemas de corto plazo, sino para establecer las bases de políticas de largo plazo entre ambas naciones. En igual forma, ayudó a consolidar la base del sistema político y económico nuevo que permitió a México crecer y desarrollarse a lo largo de setenta años.

Antes de que nos trepemos a la cresta de la ola para calificar la política exterior estadounidense como de aislamiento, revisemos este repaso breve sobre el pasado.

Entonces, al igual que hoy, decidieron que actuarían primero en función de sus intereses y a partir de ahí seleccionarían la forma en que lo harían. Con respecto a como enfrentarla desde la perspectiva de nuestro país, ahí está la lección. Hay que partir de reconocer debilidades y fortalezas sin caer en el maniqueísmo de que nosotros somos los buenos y ellos los malos.

Recordemos que, en la década de los 1920s, empezando casi de cero, quienes nos gobernaban pudieron establecer una relación de respeto mutuo, al tiempo que construían lo que nos permitiría conformar una nación nueva. Lo que prevaleció fue el nacionalismo pragmático, no lo olvidemos.

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Añadido (1) Gracias al apoyo que recibí por parte de la doctora Patricia Galena, directora general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM), fue factible que, con el respaldo del personal de esta institución, se editara y esté ya disponible, desde hace un par de días, mi primer libro “El senado estadunidense enjuicia a México y al Presidente Carranza.” Sustentado en fuentes primarias, en él, se analizan como, entre 1919 y 1920, México fue insertado, por los senadores republicanos, en el debate político doméstico de los estadounidenses para tratar de exhibir las debilidades del presidente Woodrow Wilson quien entonces lo mismo buscaba convencer a los estadounidenses de ingresar a la Liga de las Naciones que enfrentaba la sucesión próxima. Entre los tópicos que ahí se abordan están la propuesta, surgida en enero de 1919, para comprar la Península de Baja California y parte del norte de Sonora. Asimismo, se revisan los actos de contrición del presidente Wilson respecto a su actitud hacia México. A partir de los reclamos por daños ocasionados a estadounidenses, en sus personas y propiedades, el senador por New Mexico, Albert Bacon Fall instauró un jurado que, itinerante por su país, recogía testimonios para juzgar a nuestro país y a su presidente. En ese contexto, se analiza la perspectiva que religiosos, de todas las denominaciones, propietarios y representantes de empresas petroleras estadounidenses, así como varios personajes más tenían sobre México. De igual forma, se aborda como el secuestro extraño del cónsul estadunidense en Puebla, William Jenkins, origina la demanda para que nos invadan, la cual se desinfla de manera inesperada en la alcoba principal de la Casa Blanca. Los invito a incursionar en la lectura de este volumen, ahí encontraran pasajes de la historia de las relaciones, entre México y los EUA, escasamente tratados o desconocidos. El volumen está disponible al público en la librería del INEHRM, sita en Francisco Y. Madero # 1, casi esquina con Av. Revolución, en San Ángel.

Añadido (2) Fue en una gira que supuestamente promovería la armonía y la paz. Pero al salirse del script, y hablar de más, terminó por ahondar la división tanto entre la feligresía como en la población en general. Esas acciones, les hicieron recordar porque no quieren a sus vecinos al este. Además, olvidó algo fundamental: ¿Qué tal si algunos de sus seguidores se le salen del “huacal” y le empiezan a pedir “pruebas” fehacientes acerca de lo que sustenta su prédica?
Añadido (3) Para quienes gusten de analizar qué hay detrás del proceso globalizador, les recomendamos el artículo escrito por el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña, “Hablemos de ’el mundo feliz’ o de ’cibertropía,’” publicado el martes 23 de enero de 2018 en
http://www.guerrerohabla.com. Una invitación a reflexionar acerca de por donde andan los villanos reales.
20 Enero 2018 04:00:00
Entre coahuilenses y sonorenses
Andábamos en el proceso de remover las muestras de cómo el planeta está que arde, medio metro de nieve acumulada daban fe de ello. Entre palada y palada tratábamos de dilucidar el tópico que abordaríamos en esta ocasión. De pronto, nos acordamos de algunos eventos del presente que nos llevaron a rememorar situaciones personales e históricas de como se ha dado la relación entre nativos de los estados de Coahuila y Sonora. Sobre ello comentaremos a partir de la perspectiva personal.

Podemos decir que nuestro primer contacto con los sonorenses se dio durante nuestros ya muy lejanos años juveniles cuando arribamos a Guadalajara a estudiar en la escuelita parroquial. En ella, aparte de reafirmar nuestro Juarismo-Elíascallismo, se nos proveyó de una instrucción excelente en economía. Ahí conocimos a jóvenes bellas oriundas de aquella entidad con quien mantuvimos excelentes (íbamos a escribir buenas, pero en una de esas pudiera alguna mente cochambrosa interpretarlo de otra manera) relaciones de amistad. Durante el proceso de la vida académica, fue Luis Fernando Morfín Avilés con quien más nos identificamos y a pesar de que ideológicamente no necesariamente éramos afines, ello no impedía que formáramos un buen equipo de trabajo, y consolidáramos una amistad que dura hasta estos días, éramos uno los cuatro grupos en que estaba dividida aquella generación integrada por diez alumnos. De hecho, fue Luis el único que nos superó a la hora de resultados académicos, pero sería otro coahuilense, lagunero de origen, quien carente de ética y quien sabe mediante que trastupijes logró que le otorgaran el galardón al mejor alumno. Pero sigamos con nuestra relación con los sonorenses.

Al arribar a la Ciudad de México, cuando llegamos a vivir en una casa de huéspedes que de todo podía presumir menos de ser de primera, nos encontramos a un sonorense entonces estudiante de Medicina, Ramón Alberto Luque Gastélum y pronto la coincidencia en la afición beisbolera hizo que entabláramos una amistad sólida. Innumerables fueron las ocasiones en que nos fuimos al hoy desaparecido Parque del Seguro Social para presenciar los encuentros que aún tenían ese sabor añejo del béisbol real. Por circunstancias de movilidad y la ubicación geográfica, pasarían cerca de cuatro décadas antes de que volviéramos a encontrarnos y como si un día antes hubiéramos dejado de vernos, reanudamos el diálogo.

Durante aquellos años, cuando nos esforzábamos con el propósito de consolidar el desarrollo profesional, explorábamos las posibilidades de irnos a estudiar al extranjero. Nuestra primera opción resultaba imposible pues no reuníamos los requisitos del idioma. Sin embargo, eran los años dorados del petróleo y otras oportunidades se abrían, pero nos mostrábamos reacios. No fue sino hasta que en una ocasión que platicábamos con otro sonorense, Luis Alonso Galaz Tapia, quien ya cursaba estudios en el extranjero, nos alentó para hacer la solicitud para ir a estudiar al “The Economics Institute,” en la Universidad de Colorado. Y como lo hiciera Luis Alonso y varios más, con el respaldo de quien entonces era nuestro superior en la escala burocrática, Sergio Enrique Castro Peña, nos fuimos al extranjero, una decisión que cambiaria nuestro futuro de corto, mediano y largo plazo en todos los sentidos. Hasta estos días mantenemos un dialogo constante con quien nos convenció que al otro lado del Bravo podíamos obtener una instrucción de calidad.

Ya inmersos en la Última etapa de nuestra vida profesional, fue en Sonora en donde tendríamos experiencias muy aleccionadoras en nuestro trato con los miembros del sector pesquero. De todo hubo, pero al final el saldo fue muy positivo. En ese contexto, tuvimos oportunidad de conocer a uno de los funcionarios públicos mas decentes con quienes hayamos tenido oportunidad de tratar, Ernesto Gándara Camou. Si bien con él hace tiempo que no mantenemos relación directa, eso no impide reconocer el apoyo y el trato amable que imperó en aquel entonces.

Por supuesto que no ha faltado el otro lado de la moneda en la relación con los sonorenses, uno de ellos, tal y como lo comprobara no hace mucho tiempo un coahuilense distinguido, es el mejor ejemplo de lo que no se debe de ser ni como persona, ni como hombre público. Amante de prometer y luego esconderse cuando no se dan las cosas, como si fuera pecado aceptar que algo no se dio. Pero, sobre todo, ser poseedor de una peculiaridad ignominiosa al hacer de la traición a la amistad su divisa como lo demostró con alguien, que no somos nosotros, quien literalmente le mató el hambre y lo ayudó en situaciones verdaderamente graves.

Eso soporta el porque años antes, una coahuilense, quien desafortunadamente se quedó a un paso de ser la primera dama de la nación, no tuviera apreció alguno por esa persona. Quizá la mejor definición sobre este ciudadano la hizo el mánager de béisbol, también sonorense, Benjamín “Cananea” Reyes, quien lo calificaba como “zacatecas”. Pero dejemos recuerdos personales y vayamos a la historia.

De todos es sabido que el triunfo del coahuilense, Venustiano Carranza Garza durante el movimiento revolucionario se debió, aparte de su testarudez y visión de país, al genio militar del sonorense, Álvaro Obregón Salido. Asimismo, al amparo de Carranza habrían de formarse otro par de sonorenses, Adolfo de La Huerta Marcor y el estadista del futuro, Plutarco Elías Calles. Si bien los tres sonorenses fueron leales apoyadores de Don Venustiano, ya en la hora del triunfo cuando llegó el momento de decidir quien habría de sucederlo y continuar con su obra, al hombre de Cuatro Ciénegas, se le ocurrió que a ninguno de los tres habría de apoyarlo. Consideró que había un cuarto sonorense a quien debería de ungir como su sucesor, el entonces embajador de México en los EUA, un ingeniero graduado del Massachussets Institute of Technology (MIT), Ignacio Bonillas Frajio quien no había olido la pólvora y era poco conocido en México. Y pues como la obstinación, que en otras ocasiones le arrojó resultados positivos, del coahuilense parecía no tener limite, entonces la trinca sonorense terminó por revelarse mediante la llamada Revolución de Agua Prieta que concluyera el 21 de mayo de 1920 en Tlaxcalantongo con el asesinato del coahuilense. A partir de ahí darían inicio los años sonorenses. Pero aparte de los tres mencionados al inicio de este párrafo, hubo un cuarto Abelardo Rodríguez Luján quien profesaba una antipatía máxima por el mas ilustre coahuilense del México posrevolucionario, Manuel Pérez Treviño, a quien nuestro abuelo, Rafael Villarreal Guerra, solía decirle con toda la confianza y la admiración que le profesaba, “general águila chueca a ver cuando se te endereza el águila…” y cuando iba a levantar el vuelo, coordinaría la campana presidencial de Miguel Alemán Valdés, falleció. Pero yendo a la anécdota, alguna vez ya comentada en este espacio, misma que conocimos primero en las paginas de las memorias escritas por Gonzalo N. Santos y más tarde reafirmada en palabras de una de las nietas del general, María Elena Laborde Pérez Treviño, resulta que durante los años juveniles Pérez Treviño y la futura señora Rodríguez Luján fueron novios algo que debe haber dejado huella en la dama, pero más en su esposo sonorense quien hizo todo lo que estuvo a su alcance para impedir que el coahuilense fuera presidente de México. Dejemos historias de ciudadanos coahuilenses y sonorenses del pasado y vayamos al presente.

A finales del año anterior, surgió la noticia de que, en una transacción entre la secretaria de Hacienda y Crédito Público, y el Gobierno del estado de Chihuahua, se hicieron llegar fondos públicos al Partido Revolucionario Institucional para financiar las campañas durante las elecciones de 2016. Y aquí aparecieron un par de ciudadanos. Uno coahuilense, Alejandro Gutiérrez Gutiérrez y otro sonorense, Manlio Fabio Beltrones Rivera. A ninguno de los dos conocemos personalmente. el primero, en una acción que jurídicamente dejó muchas dudas, fue apresado y enviado a prisión. El segundo, por vía precautoria, obtuvo un amparo contra cualquier acción policial. Sin tener a la mano expediente alguno, a simple vista, el sustento de la acusación luce muy dudoso. Consultando con quienes saben de esas cosas, nos dicen que eso no suena lógico y que les parece más como una revancha política. En ese contexto, llama la atención que en Coahuila de pronto pareciera que nadie conoce al ciudadano Gutiérrez Gutiérrez. ¿En dónde quedaron aquellos que lo alababan, le otorgaban medallas, buscaban su amistad cuando era cercano al presidente del priísmo nacional? ¿Habrá esto último influido para que, al aeropuerto de Piedras Negras, le colocaran el nombre del ex presidente Eulalio Gutiérrez Ortiz, ancestro de quien hoy es defenestrado? ¿En donde quedaron quienes buscaban su cercanía porque estaba asociado con la familia Ancira y se le identificaba con el grupo de Carlos Slim, acaso hasta estos lo desconocen ahora? Nosotros, por la información que nos proporcionara alguien quien tuvo trato directo, hace muchísimos años, sobre quien es Gutiérrez, nos parece que la acusación carece de sustento. Por lo que concierne al sonorense Beltrones Rivera, esto parece ser un acto para congelarlo políticamente. Aquí lo hemos dicho en ocasiones repetidas, no formamos parte del grupo de matraqueros del sonorense, el cual hoy parece estar extinguido. Sin embargo, lo reconocemos como un político que durante el siglo XXI ha sido factor importante para las grandes decisiones en este país. Con la derrota a cuestas fue capaz de que, durante las administraciones del ignaro con botas y la del portador de chamarras mangas largas, su partido el PRI jugara un papel fundamental para la gobernabilidad. Durante la presente administración fue significativo el rol que jugó para que el legislativo operara. Sin embargo, como presidente de su partido acudió confiado a las elecciones de 2016 y fue víctima de traiciones que terminaron por acabar imponiendo gobernadores como los que hoy sufren Veracruz y Chihuahua, algo que aquí apuntamos en su momento cuando otros se desgañitaban alabando a los recién llegados. Pero retornado a Beltrones, lo que mas llama la atención es que ante la andanada de ataques, los miembros de su partido guarden silencio, lo cual hace sospechar que por ahí anda el origen de esa acusación. Mientras tanto, la defensa aparece en voces de otros. Desde nuestra perspectiva, acusar a Beltrones Rivera de una maniobra como esa es un asunto burdo que ni siquiera la ejecutaría un novel de la política.
Solamente un ingenuo va a creer que quienes incursionan en la vida publica son seres en olor a santidad. Sin embargo, estamos conscientes de que los profesionales de la política no actúan como truhanes, si ya se que en el imaginario mexicano todo aquel que se dedica a ella es ladrón-corrupto y quien sabe cuántas cosas más, mientras los miembros de la iniciativa privada actúan en medio de aromas a incienso y casi levitan por su santidad. Ni una cosa, ni otra para quienes integran ambos grupos. Esto no es de oídas, quienes hemos combatido la corrupción de a deberás, y no en discursos, sabemos de lo que hablamos. Por lo que respecta a Beltrones, de sus paisanos hemos escuchado, mayoritariamente, expresiones positivas sobre lo que hizo en sus tiempos de gobernador de la entidad. De que sobre su actuación a nivel nacional algunos les disguste el poder que acumuló, es normal. Sin embargo, este país para poder avanzar requiere de políticos que realmente sepan cómo hacer política y no de aprendices quienes creen que la política se hace con buenos deseos o adoptando posturas extremas en medio de alharacas que venden para la tribuna pero que poco aportan a resolver problemas. Vayamos dejando de lado aquello de que nuestros gobernantes deben de ser seres en olor a santidad, recordemos los santos son objetos inanimados elaborados de estuco, madera o carrizo y están colocados en los templos para que los sacerdotes convenzan a los creyentes de la necesidad de adorarlos. En la vida real, las naciones necesitan que quienes las dirijan sepan combinar la política y la técnica, mientras dejan de lado los discursos efectistas que alebrestan al respetable, pero que carecen de sustento y después es necesario que los pragmáticos intervengan para poder poner orden y permitir la gobernabilidad. No nos dejemos llevar por la acusación fácil y la palabra estruendosa, revisemos con objetividad aquello que se nos ofrece. Fabricar culpables, de cualquier signo ideológico, es muy fácil. Antes de emitir juicios sumarios demos paso al análisis de datos duros y con ellos en mano seamos capaces de condenar al cadalso a quienes hayan cometido fechorías. ¿Qué clase de sociedad aspiramos a ser cuando sus miembros, a la provocación menor, salen con teas en mano en busca de leña verde para incinerar a quien les indican es el demonio en turno? Esta ausencia de calores fue lo que imperó durante el proceso que nos llevó a recordar la relación entre coahuilenses y sonorenses, mientras terminábamos de apalear la nieve que luce bella cuando es observada desde una ventana y al lado se tiene una taza de café humeante.

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Añadido (1) Cuentan las historias fantásticas que, en 1988, durante la elección presidencial, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón obtuvo 3,267,159 votos (11.7 por ciento del total) ubicándose en el tercer lugar. En la realidad, conforme a quienes tuvieron acceso a los datos reales, el porcentaje que alcanzó anduvo entre 5 y 6 por ciento del total, pero para ayudar a la imagen de un demócrata tan preclaro, faltaba más, pues se le agregaron unos pocos y ni siquiera tosió. Respecto a este personaje, nos encontramos, una librería de viejo una publicación editada en 1988, de la autoría del periodista Abraham García Ibarra, titulada “La Contra Mexicana: Los bárbaros del norte”.

Añadido (2) El dizque adalid de las causas justas, al igual que sus predecesores, recurrió al simple usted disculpe y a olvidarse de las atrocidades cometidas en el pasado reciente por los miembros del corporativo Recordemos que negocios son negocios y las utilidades que se generan son muy altas como para preocuparse realmente por cosas nimias como arruinar las vidas de otros. Esa filosofía ha imperado a través de los siglos. ¿Por qué habría de cambiar ahora? En medio de todo eso, nos comentan quienes conocen el idioma que, con acento porteño, resuena en italiano “l’azienda deve continuare”
Añadido (3) Todavía no entendemos el motivo por el cual el mesías tropical y el chico maravilla andan tan preocupados porque su rival “no levanta.” ¿Acaso esto no es bueno para que ellos logren su propósito?
13 Enero 2018 04:00:00
Sobre las experiencias de nuestro pasado a la luz del futuro
Hace unos pocos días, presenciamos eventos que nos hicieron reflexionar sobre como algunas culturas en nuestro país pasaron del esplendor pleno a una condición totalmente marginal. En ese contexto nos pusimos a cavilar sobre lo que actualmente nos sucede. Pero antes de abordar esto, partamos de dar un repaso breve a lo poco que este escribidor conoce sobre culturas prehispánicas.

En medio de la oscuridad resplandecían las luces fugaces acompañadas de peroratas invocando plegarias al dios Chaac. No se trataba de ninguna sesión de chamanes o sahumerios, era el espectáculo que, para turistas, tienen montado desde hace mucho tiempo. En ese contexto, narran la desesperación de un pueblo, el Maya, que ve como los días de gloria que otrora viviera se extinguían y un futuro ominoso aparecía en el horizonte. Y este escribidor, lector aficionado al tema, pero quien no es especialista en culturas prehispánicas, imaginaba el éxodo de los habitantes de aquel pueblo quienes desesperados se dirigían hacia otros sitios en busca de, primero, salvar su existencia y, segundo, dar inició a una nueva. Atrás dejaban las edificaciones que llegan hasta nuestros días, las cuales hoy sirven para que los visitantes continúen preguntándose como aquellos seres que fueron capaces de construir esos auténticos monumentos arquitectónicos y los adelantos que poseían en el conocimiento, terminaron por convertirse en habitantes marginales de lugares en donde nunca recuperaron lo que llegaron a ser. Y aun cuando se pueda decir que los dioses los castigaron por su mal comportamiento y los excesos, al final, son pueblos y sus habitantes todos, sin importar el lugar que se ocupe en el contexto del diario vivir, los responsables de que las sociedades se degraden o se extingan. Y aquí no debemos de olvidar, que no obstante el alto grado de desarrollo alcanzado, la sociedad de los Mayas estaba totalmente estratificada y las clases sociales eran perfectamente delimitadas. Sin embargo, en la información que nos llega hasta nuestros días, siempre ha de prevalecer la pregunta: ¿Qué mas hubo en aquella cultura? Desafortunadamente, no solamente para nosotros legos en el tema, sino para los especialistas la respuesta siempre quedara en el aire. La bestialidad, no hay otro calificativo que darle, de Fray Diego de Landa es la responsable. Debemos de recordar que este fulano en su labor evangelizadora, como todos los matasiete incapaces de confrontar las ideas, se dio a la tarea de exterminar la abrumadora mayoría de los Códices Mayas y poco es lo que quedo de pruebas documentales. Pero vayamos a otra de las culturas prehispánicas.

A la clase dirigente de los Toltecas, narran los que conocen el tema, en medio de sus días de esplendor, les dio por practicar los sacrificios humanos para agradar a los dioses. Ello, provocó el disgusto de aquel sacerdote blanco, barbado y sabio a quien identificaban como Quetzalcóatl quien se oponía a esas prácticas atroces. Sin embargo, pocos fueron quienes hicieron caso a las admoniciones. Los habitantes decidieron alinearse con las clases dirigentes y dar rienda suelta a la practica de aquel salvajismo. Cansado de ver como la cultura era derrotada por las practicas barbáricas, un buen día, Quetzalcóatl decidió emprender la marcha y tomó camino hacia el este para no regresar jamás. La leyenda cuenta que fue a parar por los rumbos del sureste mexicano en donde fue conocido como Kukulcan. Mientras tanto, en medio del festín de sangre, los Toltecas iban dejando atrás sus días de gloria hasta convertirse en cultura marginal, pero con un amplio acervo de constancias de lo que habían sido en sus días de esplendor, lo cual permitiría se edificara otra cultura a partir de ahí.

Cuando aquella tribu nómada, los Mexicas, arribó al Valle de Anáhuac, las que dominaban la región las enviaron a vivir a un sitio en donde no había más que alimañas y pedregales. Sin embargo, poco a poco, el espíritu de aquellos guerreros les permitió irse apropiando del liderazgo en esa zona. Cuando ya lo tenían, y empezaba la construcción de su imperio, requirieron de crearse un pretérito glorioso y armar su cultura. Para ello, recurrieron a apropiarse del pasado Tolteca y a partir de ahí reescribirlo teniendo a los Mexicas como protagonistas centrales. Con eso, formaron una sociedad perfectamente estratificada en donde las clases sociales estaban bien determinadas y para nada existía la movilidad. En sus años de esplendor fueron miembros de una sola familia quienes se desempeñaron como sus dirigentes máximos. No era el paraíso que algunos nos han tratado de vender lo que operaba, era una sociedad clasista y un gobierno imperial que por todos los medios buscaba someter a sus vecinos.

Esto terminaría por provocar resentimientos entre los miembros de otros grupos aborígenes. En medio de todo ello, las clases dirigentes eran profundamente religiosas y vivían prendidos al hecho de que proveniente de la región del este habría de retornar el dios Quetzalcóatl, no era otro sino el sacerdote tolteca que por ahí había marchado. Por ello, el día que Moctezuma Xocoyotzin se enteró de que por ese rumbo venían hombres blancos y barbados creyó que tendría el privilegio de tratar directamente con los dioses. Lo que siguió ya lo sabemos, la cobardía, los resentimientos, las traiciones, la enjundia de los visitantes y la viruela del africano terminarían por dar fin a la cultura Mexica para franquear el paso a tres centurias de coloniaje en donde la exacción de los recursos naturales, el fanatismo religioso, la estratificación social y el poder de un dirigente único, terminaron por amalgamarse con los vestigios de las culturas derrotadas. Así, llegamos al Siglo XIX.

Procedimos a nacer como país independiente sin quitarnos ninguno de los atavismos de nuestro pasado indígena-hispano. A lo largo de la centuria, unos y otros trataron de repetir el modelo de un dirigente fuerte. En el inter, se dieron los divisionismos, lo cual fue aprovechado por traidores y bendecidos para acabar entregando medio país a cambio de unas monedas. Tras de ello, fue necesario la aparición de seres ilustrados quienes con sus acciones lograron finiquitar lo que era un conglomerado de feudos para dar paso a una nación. En ese empeño requirieron proceder con un ataque frontal a la institución partidaria del atraso y el oscurantismo, mientras se echaba fuera al invasor alrededor del cual los añorantes del clasismo buscaron recuperar su status quo.

Se trató de fomentar un nuevo concepto para impulsar el desarrollo y el crecimiento económico. Hacia finales de aquella centuria, volvimos al poder centrado en un solo hombre y a su alrededor la creación de feudos de poder económico y político. La estratificación social se endureció mas que nunca y el crecimiento nunca fue acompañado por el desarrollo y, a principios del siglo XX, nuevamente tuvimos que volvernos a enfrentar para reinventar la nación nuevamente.

Durante todo ese espacio habría de nacer un nuevo país. Con todas las virtudes y los defectos que se quieran asignar, al final de la centuria éramos otros. Ha sido, a lo largo de toda nuestra historia, el único periodo en donde durante etapas diversas, el crecimiento y el desarrollo fueron de la mano. La movilidad social existió y la educación de calidad fue accesible para las mayorías. Sin embargo, durante todo ese lapso, prevaleció la percepción de un dirigente fuerte y hacedor de todo lo bueno y lo malo, algo que proviene desde la forma en que operaban nuestras culturas prehispánicas y ha prevalecido a través de los tiempos.

En lo que va de esta centuria, nos hemos vistos inmersos en un proceso, el cual fue iniciado a finales del siglo pasado, en donde al cambiar el modelo económico se ha buscado acompañarlo de una nueva forma de sistema político. Ni uno, no otro, han dado los resultados esperados. El crecimiento económico ha sido magro y el desarrollo ha brillado por su ausencia. La forma de hacer política ha caído a nivel de lavadero y, por momentos, pareciera que la gobernabilidad no existe. Sin embargo, en todo ello hay una parte que nadie queremos aceptar, la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene en todo esto. Todos somos poseedores de la verdad absoluta y nada aceptamos de lo que otros nos digan. Nos creemos capaces de arreglar las cosas de un plumazo y somos críticos atroces de quien no coincide con nuestro punto de vista, eso sí, hay de aquel que no emplee la corrección política hacia nosotros, de racista, barbaján y quien sabe cuántos epítetos más le endilgamos. Es sumamente difícil entablar diálogos para debatir posiciones. En asuntos relacionados con la interpretación de la fe, existen los puros y castos que ven como si se les apareciera lucifer a quien osa emitir una interpretación distinta a la que ellos tienen. Al amparo de las redes sociales, se crean y deshacen famas sobre lo que se simpatiza o lo que no se está de acuerdo. Todos sabemos como se pueden arreglar nuestros problemas. En medio de todo ello, tenemos una sociedad que cruje en sus cimientos. Por un lado, demanda gobiernos fuertes, pero a la vez no quiere que se ejerza la autoridad. A la par, los miembros del sector privado pasan el tiempo endilgando culpas a otros y no asumen la responsabilidad que les corresponde. Entre ellos, prevalece la queja sobre la corrupción gubernamental y resulta que muchos de ellos son la contraparte de ese fenómeno. Hoy los profesionales a toda costa buscan galardones académicos de plástico, hay fiebre por obtener maestrías y doctorados con tan solo acudir una vez por semana a platicar con un asesor y al cabo de un año, vía la elaboración de un escrito de no más de 20 cuartillas, obtener el grado vacío de conocimientos. En nuestra relación con otros países, todo lo vemos desde una perspectiva maniquea. Atacamos a los dirigentes porque actúan primariamente en función de sus intereses, mientras demandamos a nuestros gobernantes que actúen anteponiendo los nuestros para satisfacernos. Ante todo, como país lucimos cual embarcación al garete. Nadie queremos aceptar el pedazo de responsabilidad que nos toca para que las cosas no marchen adecuadamente. Siempre será más fácil responsabilizar a otros de lo mal que van las cosas o bien acabar por creerle a charlatanes que prometen arreglar todo de “manera facilita y rápida.” Esto no es más que una falacia, nada es producto de suertes mágicas. Debemos de partir por reconocer de donde provenimos como sociedad, las culturas indígenas e hispana son nuestro origen con todos sus defectos y virtudes. En centurias muy poco es lo que hemos cambiado en cuanto a nuestra forma de gobierno y de operación. Somos una sociedad que aspira a tener un dirigente que proyecte fuerza, eso, querámoslo o no está en nuestro ADN, claro podrán decirnos que mentimos, pero un análisis profundo al respecto nos terminaría por dar la razón. Sabemos que lo que apuntaremos a continuación nos podrá ser criticado, pero es nuestra perspectiva sustentada en el análisis.

A lo largo de centurias, lo que hoy es nuestra nación ha visto el esplendor de las culturas teotihuacana, maya, tolteca y mexica; el predominio de la corona española sobre nuestras tierras; la trasformación de un conglomerado de feudos en una nación; el ejercicio único del poder por mas de tres décadas; la prevalencia de un partido mayoritario por siete décadas; el intento del cambio de modelo político-económico a lo largo de treinta años. Al final, de entre todas esas épocas solamente en una de ellas ha sido factible que el crecimiento y el desarrollo económico marcharan de la mano, la educación de calidad fuera accesible para las mayorías, se generara y existiera la movilidad social, reconozcámoslo y a partir de ahí entendamos que es factible acceder a nuevas formas de enfrentar el futuro. El dar crédito a lo positivo del pasado no implica querer vivir en él, sino utilizarlo para transformar y realizar los cambios que sean necesarios para poder enfrentar el porvenir. A la par es requerido romper atavismos, las culturas que nos antecedieron acabaron por perecer por andar creyendo en supercherías y retornos mágicos, por conservar estructuras sociales anquilosadas, pero sobre todo por no ser capaces de mirar hacia el futuro reconociendo los aciertos y estar prestos a corregir errores.

Nada habrá de obtenerse de gratis, ninguna sociedad puede avanzar basada en la limosna o la beneficencia, quien promete o espera eso estará condenado al fracaso. La responsabilidad es de cada uno y ella debe de afrontarse con honestidad y pragmatismo.

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Añadido (1) Con esta son 700 las colaboraciones que hemos elaborado desde que, en noviembre de 2003, retornamos al ejercicio semanal de la palabra escrita. Nuestro agradecimiento a quienes nos permiten que nuestros puntos de vista ocupen un espacio en Zócalo de Piedras Negras, Ciudad Acuña y Monclova, Coahuila; Nuevo Día en Nogales, Sonora;
http://www.guerrerohabla.com en Taxco Guerrero; y http://www.todotexcoco.com en Texcoco, Estado de México. Y por supuesto nuestra gratitud hacia usted lector amable, único, que nos favorece con la lectura de lo que aquí expresamos.

Añadido (2) La escuela del saltimbanquismo en México tuvo como exponente máximo durante el Siglo XIX a su alteza serenísima, Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. En el Siglo XX y lo que va del XXI, en lucha encarnizada, acabaría por adueñarse de la representación máxima de ese instituto infamante, el guanajuatense por derecho de sangre, Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega. Sin embargo, cada vez hay más competidores en eso de la machincuepa, y como aún le faltan ocho décadas a este siglo, pues nada le asegura a este último personaje que podrá sostenerse en ese lugar deshonroso hacia finales de la centuria.

Añadido (3) En México, en julio se votará para presidente y el Congreso, los resultados lucen inciertos. En los Estados Unidos de América, en noviembre hay elecciones para el legislativo y la moneda está en el aire sobre cuál partido controlara las cámaras. Para documentar el optimismo de quienes ven una firma próxima del TLCAN.
06 Enero 2018 04:00:00
La enseñanza religiosa en el siglo XIX, un tema válido para la centuria XXI
Iniciamos el año entre augurios nada gratos que nos pinta un futuro oscuro que cual espejo de Borges nos acecha al final del pasillo. En medio de ello, encontramos que el oportunismo político prevalece y aquello de las convicciones y las ideologías parece rancio y poco práctico. Lo importante es atrapar incautos y hacerse ver como lo que no se es para poder convencerlos de que hacia ellos debe de apuntar el dedo divino. Este panorama hace que los próceres del hoy busquen congraciarse con el sacerdote, pastor, chamán o cualquier otro personaje que diga representar al Gran Arquitecto para que les apoye en su empeño por alcanzar un cargo que, por su comportamiento, no pareciera ser que vaya más allá del de sacristán o monaguillo. En ese contexto, buscando remediar nuestro desánimo, decidimos irnos a revisar los textos de los tiempos en que la nación se formaba y quienes trabajaban en ello poseían capacidades que actualmente se cotizan a tasas muy altas por la escasez que de ellas tienen los personajes de hoy. Veamos lo que encontramos.

Localizamos, un volumen titulado “México en Pos de la Libertad”, editado en 1949, en el cual se compilan escritos y discursos de quien poseyera el intelecto más brillante entre LOS HOMBRES DE LA REFORMA, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, quien, junto al estadista y político fuera de serie, Benito Pablo Juárez García, fueran los dos hombres fulgurantes de esa generación compuesta por un número considerable de personajes con alto nivel en todos los sentidos del comportamiento humano. Aquí, cabe mencionar que la relación entre Ramírez y Juárez no era precisamente de lo más cordial, algo perfectamente entendible cuando comparten espacios personajes de ese calibre. Pero, volvamos a Ramírez quien el 19 de marzo de 1871, enviara una carta al literato de esa generación, Ignacio Manuel Altamirano Basilio. La colaboración primera de 2018 versara sobre un comunicado en el cual, Ramírez da su opinión a Altamirano sobre la enseñanza religiosa.

Dado que Altamirano habíase convertido en un defensor de la no intervención del estado en la enseñanza religiosa, Ramírez aceptaba incorporarse a dicha causa. Sin embargo, apuntaba que desde su perspectiva la razón favorecía a quienes se les oponían, tanto como a ellos, “sin más diferencia que la del objeto para cuyo triunfo invocamos tan poderoso auxilio.” Acto seguido, reflexionaba y escribía: “Entre los animales capaces de instrucción, ninguno, bajo la influencia de ésta, sufre tan variadas y sorprendentes modificaciones como el hombre; así que todas las instituciones sociales producen tipos constantes en las clases y los individuos, y el interés de la historia consiste en presentarnos en acción nuestras propias trasformaciones”. Vaya que, desde una perspectiva personal, podemos dar fe de la veracidad de esta aserción. A continuación, Ramírez lanzaba varios cuestionamientos que, a casi siglo y medio de distancia, continúan siendo válidos enteramente.

“¿Se trata de formar una sociedad enteramente jerárquica donde todos obedezcan y muy pocos piensen, donde el arte sea rutina y donde la ciencia enmudezca cuando habla el dogma? ¿Se trata de retroceder hasta los siglos de barbarie? ¿Se quiere que el sacerdote nos acompañe en la cuna, en el lecho conyugal, en la tribuna, en el foro, en los placeres, en las desgracias y hasta en las puertas de la muerte? ¿Se proclama como perfección administrativa el sistema teocrático? Entonces el cura de la Sierra es lógico cuando propone a la humanidad como el primero y para la mayoría como el único libro, el catecismo del padre Ripalda. ¡Creed, temblad, trabajad para nosotros!” Eso es algo que al parecer ha quedado en el olvido para quienes hoy, bajo cualquiera que sea el espectro ideológico que dicen representar, a toda costa buscan congraciarse con los dirigentes de las religiones diversas. Ante eso, nos parecen lejanas palabras como las que Ramírez Calzada engarzaba durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando las aspiraciones de quienes dirigían pueblos parecían mirar hacia el futuro y no como ahora que todo luce como un retroceso a etapas que creíamos superadas. Repasemos la perspectiva de entonces y efectuemos un repaso mental de como se ha involucionado.

En 1871, Ramírez enfatizaba que “los pueblos más poderosos de la tierra, hoy se agitan con otras aspiraciones; el trabajador busca su independencia en el provecho, protegido por la costumbre y por las leyes; ninguno tiembla fácilmente cuando vive entre iguales, y las ciencias y las artes no florecen sino entre los rayos de la demostración y de la experiencia. La soberanía individual rechaza los dogmas, porque todo dogma es una voluntad ajena y toda soberanía quiere ser independiente. En medio de una discusión universal, cuando los instrumentos más ingeniosos se multiplican para descubrir la verdad, cuando la naturaleza complacida nos prodiga sus antiguos secretos, ¿qué asiento pueden tener entre nosotros las revelaciones ni los oráculos? Lo absurdo podrá creerse, pero jamás figurará ni entre las artes ni entre las ciencias.” Como ser pensante y firme convencido de que era mediante la instrucción como el pueblo mexicano habría de salir del atraso, el intelectual mexicano del siglo XIX nos regalaba un párrafo que no tiene desperdicio, en el que se lee: “¿Cuál es el mínimo de los conocimientos que por ahora se exige a todo miembro de la familia humana? La corona de la pubertad deshonra al hombre y a la mujer cuando no la acompañan con las joyas de una instrucción que no recibirán, por cierto, en ningún catecismo religioso. Lectura, escritura, aritmética, geografía, historia, dos o tres idiomas, dibujo, un oficio o los principios de una profesión, y algunos rudimentos en las leyes civiles y criminales y en las instituciones patrias, apenas se consideran como conocimientos bastantes para que la juventud aspire al título de padre o de madre de familia. ¡Y para llenar tantas exigencias del siglo se nos propone un Ripalda!” Estamos ciertos que no faltara por ahí, si es que alguien nos lee, quien diga que estamos fuera de época, pero en nuestros días otros documentos, equivalentes a ese catecismo del siglo XIX, cumplen las funciones que a este eran asignadas. Por ello, continúa siendo vigente la parte siguiente de la epístola que Ramírez dirigía a Altamirano.

“¿Qué puede contener de útil y necesario ese pequeño catecismo que no se encuentre mejorado en los libros más comunes que constituyen la enseñanza en todos los pueblos del mundo? La religión se presenta bajo diversos aspectos; acaso el histórico es el más interesante. Pues bien, en cualquier compendio, en cualquier romance se contienen mejores noticias sobre el judaísmo y el cristianismo que en los ridículos elementos con que [Basilio Manuel] Arrillaga [un sacerdote jesuita quien fuera catedrático y rector del Colegio Carolino de Puebla (1822) y de la Universidad de México (1844-1849] ha completado el opúsculo de Ripalda, que tanto se nos recomienda. La parte moral de la religión se reduce en esta obra a los mandamientos, y éstos y mucho más están al alcance de todos los hombres en los pueblos donde figuran las leyes civiles y criminales, medianamente practicadas; existen ciertas prohibiciones que no son reveladas por Moisés, sino impuestas por la Naturaleza. Lo que principalmente compone el catecismo son ciertas prescripciones religiosas y algunos dogmas: Aquellas solo interesan al clero que las explota; y éstos, como no están sujetos a explicación, se reducen a una estéril nomenclatura”. Entrados en esa corriente, había quienes firmemente creían que los textos religiosos fueron escritos por el Gran Arquitecto o, como ellos lo llaman, Dios. Aquí cabe anotar que hoy, en el siglo XXI, aun hemos encontrado a católicos fervientes, de esos quienes estiman que fallar una semana a la misa es un pecado capital, quienes tratan de convencernos de que la Biblia fue redactada de puño y letra del Altísimo. Al respecto, retornamos a lo escrito por Don Ignacio en 1871.

Entonces, apuntó: “Ni se nos oponga que ese catecismo es el compendio de lo que Dios ha dicho. ¿Cuándo autorizó Dios a unos oscuros frailes y clérigos para que le compendiasen sus palabras? ¿Por qué, si existen éstas, ocultadas a los ojos de la multitud? Y, sobre todo, ¿esa miniatura es la fiel y viva imagen de la Biblia? Dichosos los eclesiásticos si en esa falsificación de sus primitivas instituciones solo resaltasen la mala fe y la ignorancia; pero existen los repugnantes contraprincipios, que no se pueden paliar con el credo quia absurdum de uno de los padres de la Iglesia.” Tras de efectuar un análisis sobre el asunto de la santísima trinidad, tema que obviamos ya que contamos con una ignorancia basta en asuntos teológicos que nos impide opinar con fundamento respecto a ello. Sin embargo, retornando al texto de Ramírez, se indica que en “esos mismos catecismos se empeñan en defender el celibato eclesiástico, cuando saben muy bien que de diez sacerdotes nueve tienen hijos, y que esta prole sacrílega se encuentra en la imposibilidad de cumplir el cuarto mandamiento, pues mal puede honrar a su padre y a su madre quien por la Iglesia se ve comprometido a negarlos. ¿Y qué importan a la sociedad el padrenuestro, la salve ni la peregrina explicación de los pecados veniales? El mundo, para marchar, no ha esperado a Ripalda”. Pero ayer, como hoy, se acostumbraba denigrar a quienes mantenían como principio el pensamiento racional.
Por ello, Ramírez Calzada indicaba que “se cree infamarnos diciendo que pretendemos hacer de cada hombre un Voltaire. Sí, hay un filosofillo de ese nombre que en el siglo pasado bendijo al sobrino de Franklin, quien en la culta Europa no descubrió un hombre más digno para representar a la divinidad en esa ceremonia augusta; ese herejillo salvaba a los desgraciados que encontraba en su camino; ese escritorzuelo crió la historia filosófica; esa poetilla se levantó a la altura de Sófocles y de Eurípides; y ese despreciable enemigo de los teólogos comprendió a Dios…” Ante eso, Ramírez establecía claramente su deseo de que “cada uno de los hombres que sea un Voltaire, y no me atreva a desear, ni para ninguno de los redactores de La Voz de México, que sea un Arrillaga”. Para mostrar como los miembros de la curia operaban a partir de un doble standard, Ramírez les espetaba la sospecha de “que ustedes los ripaldistas estudian algo más que su catecismo; ¿Para qué? Envanécense ustedes de que los mismos cánones y la Biblia no forman toda su ciencia. ¿Qué van a buscar en los conocimientos profanos? ¿Por qué condenan a la multitud a tan completa ignorancia? ¡Ay! Es porque bajo la máscara de la religión se oculta el espíritu de dominio; con el catecismo no aumentáis el número de los cristianos, sino únicamente marcáis servidores.” Y acto seguido procedía a descobijar a la curia.

“Esa comezón de mando se descubre cuando se acusa de ateos a los gobiernos que proclaman la libertad religiosa. Un gobierno no puede ser ateo, como no puede ser cristiano ni judío; la religiosidad consiste en la creencia, que es puramente personal: así pueden los gobernantes ser mahometanos en una nación de católicos intolerantes; así, en una federación, cada Estado podría proteger una religión diferente y el Gobierno general no profesar ninguna. El Gobierno representa la ley civil; los clérigos quisieran que representara la ley religiosa, para dominarlo y para realizar la pretensión moderna de que al Papa debemos entera obediencia. ¡Este rey, que no sabe a quién entregar su triple corona, si a turcos o a protestantes! ¡El Napoleón del cesarismo cristiano!” Un párrafo para que lo repasen quienes no terminan de entender que sus muy personales, y respetables, formas de interpretar su relación con el Gran Arquitecto son de la índole estrictamente privada y para nada debe de interferir con la actuación de los hombres públicos quienes deberían de tener siempre presente que “el clero no demanda al Gobierno fe, sino coacción; quiere que la autoridad amenace a los que no crean; para esto necesitaríamos inventar un cuarto poder: el creyente. No trastornará el mundo sus instituciones por volver a la teocracia.” Por ello, les advertía: “Señores ripaldistas, [y equivalentes en el siglo XXI] si no hemos mejorado, no hemos empeorado con el nuevo sistema, y esto sólo es bastante para declarar inútil vuestro método y con él vuestros libros de enseñanza. Existen crímenes y errores porque la virtud y la ilustración no son absolutas”. Lo que sigue es algo que los practicantes del golpe de pecho deberían de aprendérselo de memoria y colgarlo al pie de su cama.

“Podemos felizmente entrar en comparaciones; entre un número igual de personas de la misma clase, tomada una mitad de una nación teocrática y otra de una nación tolerante, es probable que aparezcan en una misma proporción las faltas y las virtudes. Entre ustedes, ciegos creyentes, y nosotros, librepensadores, no veo que el vicio se acompañe con los unos o con los otros de preferencia; podemos, sin empacho, asegurar que todos poseemos algunas virtudes: sí, ustedes y nosotros enseñamos a nuestros hijos a respetar los bienes ajenos, a ver como un tesoro la vida de nuestros hermanos, a no traspasar los límites de una justa defensa, a obsequiar todas las exigencias sociales y a ser modestos y generosos; nosotros todavía les enseñamos más, y es a no condenar a ninguno a la ignorancia, obligándole a creer lo que no podemos probarle; y les enseñamos con la voz y con el ejemplo a no hacer traición a la patria”. Para cerrar, Ramírez Calzada le indicaba a Altamirano Basilio: “No desmaye usted, mi distinguido amigo, en la noble defensa de la emancipación humana. Se dice que un libro contiene las palabras de Dios; ¿por qué se nos ha de enseñar sólo el índice? Se dice que debemos creer por temor de Dios; ¿por qué también obligarnos a creer por temor al gobernador del distrito? Las reticencias y las amenazas son indignas entre hermanos. Si Dios se dignase confiarnos sus misterios, nos apresuraríamos a suplicarle que lo hiciese a la presencia de todo el mundo; yo, por mí, no me consideraría capaz de guardarle el secreto”.

Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, identificado como El Nigromante, es uno de los dos personajes mayores entre LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Sin embargo, debemos confesarlo, poco nos habíamos asomado a sus textos hasta que, hace unos años, leímos un par de libros excelentes, “Ignacio Ramírez, El Nigromante: Memorias Prohibidas” y “La Nueva República: Ignacio Ramírez, El Nigromante,” escritos por Emilio Arellano. A partir de ahí, hemos revisado con frecuencia lo escrito por y acerca de este personaje proscrito por quienes desean que todo sea aceptado porque ellos lo dicen y no admiten cuestionamientos. Cuan benéfico sería que quienes hoy se cuelgan de sus creencias religiosas tratando de agenciarse votos revisaran textos como los escritos por Ramírez Calzada, les ayudaría a entender que los asuntos de la fe son para que los practiquen el templo o en la privacidad de la alcoba. Pero, lo olvidábamos, estamos antes los hombres públicos del siglo XXI y no ante LOS HOMBRES DE LA REFORMA del siglo XIX.

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Añadido (1) Apenas inicia el año y, la izquierda mexicana en la CDMX, nos da una muestra de lo que planean hacer a partir de julio si las cosas no le salen como ellos quieren. A botellazos, sillazos y pedradas dirimen las diferencias como ensayo para lo que viene.

Añadido (2) El calentamiento global sigue con el acelerador a fondo. Si alguien lo duda, basta voltear a ver a los habitantes de la región este en los Estados Unidos de América quienes, seguramente por necios, andan portando abrigos, chamarras, gorros, guantes, botas y prendas térmicas. Todo, como dirían en el pueblo, “por dar la contra.” ¿Qué acaso no revisan los estudios de científicos debidamente pagados?

Añadido (3) De acuerdo con el comentario del periodista Rafael Cardona, como al mesías tropical le dijeron que cuando Durazo manejaba la seguridad en la ciudad de México se vivía con más orden y menos violencia, pues inmediatamente llamó a Durazo y le dijo que sería su secretario de seguridad. Lo que no le aclararon fue que se referían a Arturo y no a Alfonso. El primero hace tiempo que ya no circula por estos rumbos. El segundo fue zarandeado por la esposa del ignaro con botas y de asuntos de seguridad sabe tanto como muchos de nosotros sobre la teoría de los hoyos negros.
30 Diciembre 2017 04:00:00
Los añadidos de 2017 / B
Ante las circunstancias actuales en México, no está de más recordar las palabras que el economista austriaco Joseph Alois Schumpeter pronunciara allá por el inicio de la década de los 1930´s: ’La preocupación real es que los votantes alemanes, insatisfechos con la situación económica actual y aún con las heridas abiertas por los Tratados de Versalles, escuchen las promesas imposibles de demagogos de todo tipo: comunistas, fascistas y socialistas extremos.’ Para reflexionarlas en los tiempos que vivimos. (1 de Abril de 2017)

En Alemania, al aparearse la izquierda con la derecha nació un engendro que bautizaron como nacionalsocialismo con el cual, dijeron, habrían de salvar al país de todos los malvados y los males. Muy conveniente sería que quienes hoy andan de aplaudidores de amancebamientos potenciales de corte similar revisaran la historia. (1 de Julio de 2017)

A poco creían que era un partido de pelados, pues no. Ya tenía a la princesita plagiaria, ahora muestra al rey de mazapán. Desde la cúspide, luce complacido su Alteza Serenísima, el del Siglo 21, no el del 19. (12 de Agosto, 2017)

En 2018, se cumple el plazo para que se abran los expedientes de la construcción de los segundos pisos en la hoy CDMX. La responsable de dicha obra fue Claudia Sheinbaum Pardo. Todo lo que sucede en el presente es coincidencia pura. (26 de Agosto, 2017)

En las voces de sus propios militantes nos vamos enterando de que un partido con colores santificados, otrora de la gente decente, hoy está conformado por “pus,” “elitistas,” “manzanas podridas,” “traidores,” incumplidores de promesas,” “carentes de palabra de honor,” “misóginos,” nazis,” “populistas,” “borrachos,” “anti demócratas,” “divisionistas,” “imbéciles,” etc. Quién iba a pensar que, detrás de esos bien portados con caras mustias, se escondían seres con tantas virtudes que, decían ellos, solamente podían encontrarse entre miembros de otros institutos políticos. ¿Será eso por lo que no tienen problema para cambiar de camiseta? (21 de Octubre, 2017)

Los propios integrantes del partido, aquel que otrora agrupaba a la gente decente, han agregado otras dos características necesarias para pertenecer al mismo, ser “pend…. y cabr….” Para que no se vaya a quejar nadie de sus agremiados de que no lo consideran. (16 de Diciembre de 2017)

Habría que preguntarles si también consideran violatorio de los derechos humanos las murallas que rodean a cierto estado ubicado en las colinas de la ciudad eterna. O ¿acaso con ese no se meten por temor a que les suban la penitencia semanal? (28 de Enero de 2017)

Al parecer en el Senado de México la escasez de vergüenza es abundante. En el pasado reciente, cuando eran matraqueros de la candidata demócrata, nos proveyeron con un par de perlas. Una, las cuatro senadoras, incluida la coahuilense, con sus camisetitas. Otra, aquel promocional del guacamole. Y como no hay segunda sin tercera, ahora se promueven como defensores de los paisanos en los EUA. Son de dar pena ajena. ¿Por qué, en lugar de tirar dinero en publicidad inútil, mejor coadyuvan a instrumentar acciones reales y demandan, tanto al gobierno como a los hombres de negocios, que aquí se creen las condiciones para que no tengan que largarse? (14 de Enero, 2017)

Aquí lo apuntamos cuando todos andaban de matraqueros intervencionistas, para uno u otro lado, en los asuntos del vecino. ¿Con que cara ahora demandan que ellos no se inmiscuyan en nuestro proceso electoral? A incrementar la producción de lábaros patrios, la demanda para usarlos como cobertor se disparará. (8 de Abril de 2017)

En el boxeo, los antiguos aconsejaban golpear al cuerpo para minar la velocidad de del contrario y que llegara exhausto a los rounds finales. De continuar a ese ritmo el “traca-traca,” como dijera el cronista nigropetense Agustín Álvarez Briones, cuando los negociadores mexicanos se vayan a negociar el TLCAN o NAFTA llegaran con los brazos caídos pesándoles una tonelada. Primero fue la papaya, siguió el batacazo del dinero sucio, a ver mañana que nos anuncian. Y aquí, impávidos en espera de que les asignen otra chambita en pro de la democracia. (12 de Agosto, 2017)

En más de veinte años, ni crearon tecnología, ni incrementaron la capacidad productiva, menos la productividad y que los importunan demandándoles que revisen las reglas de origen y los salarios. Tan a gusto que estaban como importadores de materia prima-maquiladores generando productos chinos ’Made in Mexico’ para exportarlos al mercado estadounidense. (26 de Agosto, 2017)

El diseñador del panfleto infame y vergonzante denominado “Guía del Migrante Mexicano,” o como cruzar y sobrevivir ilegalmente en los EUA que fue la base de la política migratoria del foxismo, hoy dicta línea para enfrentar lo que viene del otro lado del Bravo. Aun cuando en su descargo debemos de reconocerle que esa política ha sido la única, de las instrumentadas, que ha tenido éxito en los últimos tres sexenios. Gracias a ella, el (des)gobernante que la implantó podía enorgullecerse de captar poco más de 99 mil millones de dólares vía remesas. Y como sale baratísimo expulsar mexicanos, sus dos sucesores la han continuado. Uno logró que durante su sexenio se captaran 139 mil millones de dólares y otro, en cinco años, lleva cerca de 100 mil. Por eso están preocupados, lo demás les importa un bledo. (21 de Enero de 2017)

Es digna de alabarse la preocupación de nuestro gobierno por los paisanos en el exterior, especialmente por quienes están ilegalmente en Texas. Seguramente, atribulados por tantos asuntos pendientes, no se les ocurre como terminar con ese desasosiego. Para que de una vez por todas ya no tengan que lidiar con esos estadounidenses que les da por llevar a la práctica lo que las leyes de su país establecen, aquí hay una propuesta. Qué tal si van, rentan una flotilla de camiones y colocan al frente de ella a uno de los integrantes más conspicuos del gabinete para que marche por las poblaciones texanas y se traiga a todo el paisanaje de vuelta a casa. Esplendorosa luciría la caravana del retorno, recibiría vítores en todos los sitios por los cuales cruce desde la frontera hasta la Ciudad de México. Seguramente serían recibidos con arcos triunfales adornados con flores. De ahí al 2018 y ni quien pare al personaje que encabece la repatriación. Además, eso serviría para demostrar fehacientemente como aquí la economía va de maravilla y el empleo crece como nunca. (20 de mayo de 2017)

Muy satisfechos deben de estar, lograron imponer récord. El monto de las remesas, en 2016, alcanzó los 26 mil 970 millones de dólares. Ante esa cantidad que son mil millones de pesos (+/- 48 millones de dólares) para defender (¡!) paisanos. ¿Se imaginan que sucedería si se regresan siete millones de connacionales y deja de llegar esa cuantía? Fracasaría la única política exitosa instrumentada en dieciséis años. Por supuesto que no hay que darles todo el crédito a los actuales, debemos de reconocer los esfuerzos realizados por los grupos que encabezaron el lenguaraz ignaro y el devoto mangas largas. (4 de Febrero de 2017)

Un día sí y otro también, nos encontramos con noticias acerca de paisanos quienes se largan del país, literalmente a jugarse la vida, ante la falta de oportunidades. Condolencias oficiales no faltan cuando varios de ellos perecen. Sin embargo, no escuchamos que gobierno y hombres de negocios, acepten la responsabilidad compartida ante su incapacidad para crear condiciones que eviten irse a otros lares en busca de mejores condiciones de vida. Eso sí, gran algarabía porque van a dedicar mil millones de pesos para rescatar una especie marina cuya existencia alcanza niveles míticos que casi igualan a los de las sirenas. (29 de Julio, 2017)

Pero un momento, no seamos injustos que nuestras autoridades. También reconocen a los emigrantes, recordemos que es la única política exitosa de los últimos 17 años, durante ese lapso, vía remesas, el país ha captado alrededor de 350 mil millones de dólares. Por eso, mediante un gasto mínimo, inventan apoyos y asistencias allá y no se ocupan por crear aquí las condiciones para que existan oportunidades reales y no tengan que largarse. (29 de Julio, 2017)

Al parecer, al Kool-Aid que ingirió ese día, le había agregado alguna sustancia extraña. Así lucía el comentarista barbicano quien, en pleno paroxismo, espetaba que como en los EUA expulsarían a los ’dreamers’ estos, cuando regresaran a México, habrían de convertirse en la versión moderna de los españoles exiliados que arribaron en los 1930s-1940s. Y nosotros, inocentemente, nos cuestionamos: ¿Cuántos de esos que potencialmente nos retornarían son filósofos, poetas, pintores, literatos, políticos, científicos, compositores y/o intérpretes de música de calidad, actores de teatro, directores de cine, deportistas de excelencia u hombres emprendedores con espíritu de negocios? En los de ahora, lo que vemos son chamacos, y otros no tanto, quienes aún no terminan el ’college’ y, la mayor parte de ellos, han generado sus obras máximas en base al ’copy and paste’ de esa fuente ’excelsa’ llamada Wikipedia. La única explicación que encontramos para fundamentar los decires del comentarista barbicano es que ha bebido tantas jarras de Kool-Aid, con y sin aderezo, que ya se convenció de que hablar inglés implica superioridad intelectual. (16 de Septiembre, 2017)

Poco énfasis se ha dado a las palabras del diplomático, Carlos Manuel Sada Solana. Sin embargo, es lo más sensato y objetivo que hemos escuchado en medio de toda esta alharaca, juzgue usted: “El objetivo del gobierno [mexicano] es brindar servicios consulares a los cerca de seis millones de indocumentados que viven en Estados Unidos para que no estén tan vulnerables, [pero] no podemos protegerlos de una deportación, no podemos ir en contra de las leyes”. (18 de Febrero de 2017)

Encabezados por Castañeda, el chico, los maxihincados (mexicanos que anhelan arrodillarse ante lo europeo o un príncipe proveniente de allá) nos salieron con que hay que buscar al Macron mexicano. Obviaron que este ciudadano, aparentemente sin partido, no es sino la versión joven de Hollande. Fue su ministro, además de haber recibido de él un respaldo singular. Aun cuando las opciones para los franceses no eran nada esplendorosas, a los de acá les salió lo francófilo. ¿Será por qué recuerdan el colaboracionismo francés que en cuanto llegaron los nazis se les arrodillaron, para después inventar el cuento de la resistencia y las plaquitas en cada esquina de Paris? (13 de mayo de 2017)

Los maxhincados andan muy tristes. A su modelito francés, a pesar de las sumas erogadas, ya se le corrió el maquillaje y cada día decepciona más a sus seguidores galos quienes creyeron que compraban algo auténtico y aquello resultó puro “makeup”. (2 de Septiembre, 2017)

Como música celestial sonó en los oídos de los maxhincados escuchar las palabras del historiador de origen francés, Jean Meyer, ¿será su vocero?, quien apuntó: “…México necesitaría ahora un fenómeno comparable como el que acaba de vivir Francia, es decir, un Emmanuel Macron…” a lo cual agregaríamos, para que en tres meses se gaste 26 mil euros en maquillaje y quede demostrado que todo es cosmético. (21 de Octubre, 2017)

Se había tardado la princesita plagiaria en sacar en público su yo verdadero. Fue a Oaxaca e insultó a las aborígenes cuando señaló: “…Ahora las juchitecas que yo he visto, por la cerveza están bien panzonas y mensas…” Esta es una de las integrantes más conspicuas de ese grupo que hemos denominado los maxhincados quienes ahora salen a defenderla y decirnos que la interpretamos mal pues, como no pertenecemos a su cofradía, somos tan tontos que ni siquiera somos capaces de escuchar bien. (11 de Noviembre, 2017)

Nos preguntamos que pensarÁn, quienes lo creyeron el adalid de la democracia, al verlo hoy convertido en patiño de un payaso estadounidense, mientras exhibe una actitud y lenguaje propios de teporocho en una piquera. Cuánta razón tenía quien hace cerca de diecisiete años, cuando todos alababan al sujeto, declaró públicamente que el fulano era un desquiciado quien requería de tratamiento psiquiátrico. (4 de Marzo de 2017)

Qué tal si los trepan a un ring rodeado por una jaula metálica, reforzada con candados, y que de ahí no salgan hasta que diriman todas sus diferencias. Estamos seguros de que el éxito, en taquilla y de “pay per view,” estaría asegurado. Lector amable, nada más imagínese el anuncio: “Lengua contra lengua, sin límite de tiempo, en esta esquina, con calzoncillos cafés, El Mesías Tropical de Macuspana y, en esta otra, con mallones celeste y blancos, El Ignaro con Botas del Bajío.” Para cuidar que la deslenguada se lleve conforme al nivel intelectual de los contendientes, como tercero en el ring, el joven Lorencillo ataviado con tirantes multicolores por aquello de que fueran a acusarlo de favoritismo. (24 de Junio de 2017)

Con la huelga de árbitros panboleros, muchos aprovecharon para recordar que los jugadores profesionales de dicha actividad nunca han sido capaces de unirse. Ante esto último, nos vino a la mente lo que don Fernando Marcos González mencionara, allá por los 1970s, en el programa radiofónico “La Familia Teleguía.” Decía el cronista de las cuatro palabras que, a mediados de los 1960s, cuando se trató de armar un movimiento para defender los derechos de los jugadores, la traición llevó todo al fracaso. Nadie sabía a ciencia cierta quien lideraba el movimiento. Sin embargo, un joven defensa del Necaxa llamado Carlos Albert Llorente deseaba a toda costa ser integrante de la selección mexicana que participaría en el mundial de Inglaterra.

Como sus posibilidades eran escasas, pero la ambición mucha, se presentó ante Guillermo Cañedo De La Bárcena para decirle que el líder de todo aquello se llamaba Guillermo Sepúlveda Rodríguez, el apodado Tigre del equipo Guadalajara. Y adivine que sucedió, Sepúlveda no fue al mundial y Albert sí, aun cuando no participó en ningún partido. Hasta donde sabemos, nadie desmintió lo dicho por el narrador quien siempre recordaba que “el último minuto también tiene sesenta segundos.” (18 de Marzo de 2017)

Una y otra vez, Osorio tiene que salir a justificar la estrategia que por más que trate de convencernos no funciona. La competencia es el año próximo y no se ve cómo pueda lograr éxitos. Hablamos del panbol mundano, de lo otro solamente los especialistas en el tema están capacitados para dar opiniones…

Si todo indica que, con cualquiera, el PRI será derrotado en la elección presidencial, nos surgen un par de preguntas: ¿Por qué interesa tanto cuando, como, donde y con quien va a contender en una causa que para la mayoría de los opinadores luce perdida? ¿Desde cuándo aquel que está en calidad de vencido irremisible es objeto de tanta atención? (25 de Noviembre, 2017)

Ni quien pueda negarlo, el PRI recurrió al dedazo. Pero si sus dirigentes y militantes aceptan convertirse en un partido de alquiler, pues muy su gusto. (2 de Diciembre, 2017)

La política mexicana es como la lucha libre. Arriba del ring se hacen de todo, pero en cuanto bajan se van a departir para ponerse de acuerdo y ver a quien le toca ganar en el match siguiente. Por ello, la fanaticada no debe de apasionarse y enfrascarse en reyertas inútiles. (2 de Diciembre, 2017)

Un amigo, quien como militante de toda la vida ha sudado la camiseta por su partido, nos hizo el mejor resumen sobre el sentir de los miembros acerca de la asamblea priísta: DECEPCIONADOS. (12 de Agosto, 2017)

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Añadido a- los Añadidos: Esperemos que el 2018 arribe con lo mejor para usted lector amable y que, durante los 366 días, prevalezcan la salud y el bienestar.
23 Diciembre 2017 04:00:00
Los añadidos de 2017 / A
Semana a semana, al final de cada colaboración, incorporamos uno o varios comentarios a los cuales denominamos añadidos. A manera de editorial breve, tratamos temas que en ese momento forman parte del acontecer cotidiano. Con ellos proveeremos, en esta y la colaboración próxima, un resumen de lo acontecido durante este año. Vayamos al repaso.

Una medalla más para los funcionarios del medio ambiente y de la Ciudad de México. De noviembre de 2015 a noviembre de 2016, las ventas de autos se incrementaron en 22.5 por ciento. Todo un acierto. Sus medidas, lograron el objetivo. No importa que la contaminación continúe afectando la salud de los mexicanos comunes. Recordemos que los otros, gracias a sus cargos altos, son inmunes a esas veleidades… hasta el día en que vuelvan a ser mortales simples. Por lo pronto, disputan el premio “the car dealer of the year”. (7 de enero de 2017)

Para quien dudaba que las medidas tomadas en la Ciudad de México para “combatir” la contaminación fueron simplemente co$mética$. ¿Por qué en lugar de reunirse en la CoNaGo para palmotearse, no se ponen a trabajar y, conjuntamente con el Presidente de la República, elaboran una política integral real en la materia para el Valle de México? (20 de mayo de 2017)

El Acuerdo de París vale tanto como lo escrito y firmado en aquella hoja de papel que Nevil Chamberlain llegó restregando a los ingleses, misma que Winston Churchill descalificó de inmediato. Porque ni modo que vayamos a creernos el cuento de que por signar un papiro, algunos de los principales países contaminadores del planeta como China, India y México van a tomar algo más que medidas cosméticas para lograr que sus habitantes dejen de respirar porquerías. Lo que provoca los gritos de los vividores del ecologismo son los tres mil millones de dólares que dejaran de percibir al retirarse los EUA. (10 de junio de 2017)

Esos cuatro tweets, adornados con un cielo azul invocado como lo prevaleciente, debieron sacar de dudas a quienes se cuestionaban acerca de los daños neurológicos generados por la contaminación. Quienes aún viven en la realidad, observaban un panorama cubierto por una nata que sin distinción de edad, género, condición socioeconómica o cargo importantísimo que se tenga, fríe el cerebro a todos por igual. (27 de Mayo de 2017)

Una muestra de que la contaminación ambiental provoca desfrontalización son las imágenes de la otra niña bien, María Guadalupe Loaeza Tovar, en donde apuñala una piñata con la imagen del presidente de los EUA. Una cosa es discrepar de las políticas del vecino y otra exhibir esa risa y saña que denotan un estado mental muy deteriorado, algo en lo que parece no estar sola cuando, en el video, se escucha la reacción de quienes la acompañan. Como dirían los antiguos, ‘están listos para el Fray Bernardino.’ (19 de Agosto, 2017)

Cerca de 25 millones de mexicanos son víctimas, diariamente, de un proceso neurodegenerativo causado por la contaminación ambiental. Cuando los científicos serios presentan un estudio tras otro al respecto, las autoridades mexicanas, los hombres de negocios y los comunicadores guardan silencio absoluto. Sin embargo, basta con que venga un actorcito hollywoodense inflado para que todos, vueltos loquitos, se proclamen ecologistas salvadores de la vaquita marina, de la cual supuestamente existen treinta ejemplares. Bueno, es que hay de prioridades a prioridades. (10 de junio de 2017)

El 22 de abril de 1992, en Los Pinos, Jacques Cousteau declaró que en sus viajes múltiples por el Golfo de California no había observado vaquitas marinas y en el evento nadie fue capaz de mostrar una fotografía reciente, entonces, de dicha especie. Han pasado casi 25 años y hoy nos salen con que la especie está en peligro de extinción y requieren quien sabe cuántos millones para salvarla. No hay duda, el verde es el color que alivia los male$ de los ecologi$ta$. (14 de enero de 2017)

¿No será que detrás de esa medida “ecológica” para proteger a la vaquita marina se esconde algo más? Recordamos que allá por 2003, un grupo de inversionistas españoles, en conjunción con la oficina de la Presidencia de la República, proponían cerrar totalmente el Golfo de California a las actividades pesqueras. El objetivo era crear marinas turísticas en esa área y convertir a los pescadores en mozos de todo tipo. Sin embargo, entonces aún quedaban funcionarios del estado mexicano, no chambistas de ocasión, quienes vehemente se opusieron en una y otra reunión, en donde eran vistos como engendros del demonio, a dicha aberración. Pero aquellos eran otros tiempos y... (13 de Mayo de 2017)

Quien sabía cómo estuvo todo lo de Acteal, la semana previa al evento se paseó por toda la entidad, ya se fue con sus secretos. (7 de enero de 2017)

Desconocemos si quienes profesan la fe católica recuerdan que la revista Rolling Stone, en 2016, enfrentó, y tiene en proceso otro, un juicio por difamación. Una administradora de la Universidad de Virginia la demandó por haber publicado una historia acerca de que en el campus de Charlottesville las violaciones sexuales a mujeres era cosa común. Todo eso resultó ser una mentira burda y tuvieron que pagarle 3 millones de dólares. La revista aún espera el fallo de una demanda por 25 millones de dólares presentada por la Fraternidad Phi Kappa Psi en cuyas instalaciones, de acuerdo con el artículo de marras, se efectuó una de las violaciones. ¿Podrán los católicos sentirse orgullosos de que el ciudadano Bergoglio Sivori ocupe la portada, y se regodee con sus declaraciones, en un pasquín de ese calibre? (11 de marzo de 2017

Para el presidente de la Radio y Televisión Española, José Antonio Sánchez Domínguez, el látigo, el hierro candente y la espada son instrumentos religiosos. Y para purificar almas nada como una sesión en el potro y después a la pira con leña verde. Así, ni como negar que lo realizado por los españoles en nuestras tierras fue evangelización. Solamente los herejes podemos dudarlo. En eso de comparar a los Aztecas, con todos los defectos que su imperio pudo haber tenido, con las huestes de la bestia austriaca, solamente un mentecato puede hacerlo. (8 de Abril de 2017)

¿Por qué será que ahora, cuando el país anda muy necesitado de recursos, nadie osa proponer que se impongan medidas sobre el manejo de recursos generados mediante la excusa de que así les otorgarán el perdón de los pecados y les abrirán las puertas celestiales? Por esa vía, periódicamente, salen millones de dólares cuyo único fin es continuar ensanchando las arcas de aquellos, quienes dicen no tener interés en las cosas terrenales (28 de enero de 2017)

Como lo hicieron sus antecesores en esos casos, el ciudadano Bergoglio mandó oraciones para los damnificados en Houston y los afectados por el terremoto en México. Como siempre puro humo, nada de ayuda material. ¿Aparte de mantener la opulencia del organismo trasnacional, a que destinaran los recursos que les entregan quienes desean redimir pecados y asegurar la gloria eterna? (9 de septiembre, 2017)

A la distancia, observamos con rabia las imágenes que nos hicieron recordar lo que vivimos hace 32 años. Una vergüenza que en ese tiempo todo haya sido simulaciones. En contraste, la abrumadora mayoría de la población con grado de EXCELENTE. (23 de septiembre, 2017)

No extraño que lo hagan Televisa y su triada Loret-Maerker-López, sabemos lo que son. Pero es vergonzante que la Armada de México, institución por la que personalmente sentimos un gran respeto y estimación, acabe inmersa en esa cloaca. (23 de septiembre, 2017)

¿Cuántos serían los millones de dólares pagados por conciertos, filmación de películas, estudios ‘científicos’ inútiles para beneficiar a los cuates, actos circenses, cocinado de tortas, roscas, tamales y quien sabe cuántas cosas más de tamaño gigantesco? ¿Por qué no fueron utilizados para crear grupos de rescate permanente por cada delegación y proveerlos con equipo y preparación para atender desastres como el que se vive? ¿Será que lo de ellos es solicitar limosna, perdón, fomentar la solidaridad? (30 de Septiembre, 2017)

Durante cerca de cinco años ha pauperizado y destruido la ciudad. Ahora, tomando como excusa el sismo, demanda que le den más dinero para reconstruir lo que, aquellos a quien benefició edificaron sin cumplir las regulaciones vigentes. ¿Por qué hasta ahora no hay nadie sujeto a proceso penal como responsable de la porquería de construcciones que se erigieron con la autorización del gobierno de la ciudad? (21 de octubre, 2017)

Respecto al nuevo plan educativo, nos surge una pregunta: ¿Incorporaron en él la fórmula para que los educandos con los estómagos vacíos adquieran conocimientos o ya resolvieron ese problema? (18 de Marzo de 2017)

(17.15.59) Aun no aprende a “ler” en español y ahora vende que “…México no podrá ser un país exitoso si no se vuelve un país bilingüe o trilingüe. El inglés permitirá a la nación dar un brinco cuántico y extraordinario” No desconocemos lo valioso que es dominar otro idioma. Sin embargo, ¿Qué tal si, a la par, los enseñamos a leer, escribir y pronunciar correctamente el idioma español? Como ejemplo, recordemos que hay un buen número quienes hablan con “faltas de ortografía.” Los “pos,” “pus,” y “pa” en boca de muchos analistas televisivos que presumen de intel¿cuáles? son el pan de todos los días. (15 de Abril de 2017)

Don Xavier Diez de Urdanivia Fernández definió puntualmente lo que son las disputas políticas actuales en busca de gobernar tres entidades. En su escrito, Educación y Campañas (Zócalo 30-IV-17), apuntó: “... [Han] hecho de la contienda electoral una palestra para denostar y descalificar a los adversarios, con o sin razón para ello… pareciera que más bien pretenden un cargo judicial o en el Ministerio Público, porque su más recurrente oferta es meter a la cárcel a alguien, en todo caso ‘a los corruptos’…” (6 de mayo de 2017)

A quienes se desgañitan demandando la inhabilitación del proceso electoral en Coahuila, les recomendamos que, para serenarse, efectúen una lectura cuidadosa del artículo, “Anular la elección, misión casi imposible” (El Heraldo de Saltillo 09-VI-17) de la autoría de José Gerardo Villarreal Ríos, un abogado quien, acerca de los asuntos electorales, sabe un buen rato tanto en la teoría como en la praxis. Repasar el texto mencionado hará reflexionar a quienes hoy andan inquietos en demasía, pero claman su deseo por vivir en un estado de derecho. (17 de junio de 2017)

Siempre lo hemos sostenido, ni la capacidad intelectual, ni la probidad están en función del género. Ese es un cuento alimentado por los políticamente correctos. Como prueba tenemos los ejemplos de manufactura reciente. Las sinvergüenzadas, chicas o grandes, se cometen lo mismo portando pantalones que enaguas. (29 de abril de 2017)

¿En verdad, todavía, los políticamente correctos creen que con asignar candidaturas en proporciones similares a hombres y mujeres se mejora el quehacer de la vida pública? O ¿Acaso, nos van a decir que una muestra de cómo la igualdad de género eleva el debate es la actuación que las diputadas federales priístas tuvieron la semana pasada cuando exhibieron un nivel cultural digno de cualquier pulquería, en la sección de damas por supuesto? (18 de noviembre, 2017)

¿Hasta cuándo habremos de cargar los nigropetenses con el baldón de que en el pueblo glorifiquen al cobarde-gigolo-sinarquista-nazi, José Vasconcelos? ¿Habrán olvidado que ese mercenario execrable era un adorador de la bestia austriaca? (25 de febrero de 2017)

¿Por qué se extrañan de la actitud del cuentachi$te$ saltillense? A quienes lo hemos observado desde los tiempos en que gobernaba Coahuila el general Raúl Madero González nada nos sorprende. Es la forma en que ha operado toda su vida. (17 de junio de 2017)

Allá por los rumbos más cercanos al pueblo, los estudiantes acaban de hacer que empiece a pagar algunas cuentas un traidor y valentón amenazante cuando vendía engañifas a quien, por crédulo, terminó en el ostracismo político. (11 de febrero de 2017)

El par de ciudadanos que aparecen al centro de la fotografía adjunta a la columna “Solo para Iniciados” escrita por el periodista Juan Bustillos, titulada “Santiago el mentiroso y políticos y periodistas mala leche” (
http://www.impacto.mx, 26-X-2107), son un ejemplo de cómo una impresión grafica expresa más que un millón de palabras. O, como dijeran los creyentes, “Dios los hace y ellos se juntan.” Allá, por los rumbos cercanos a nuestro pueblo, tienen pruebas fehacientes para comprobarlo. (28 de octubre, 2017)

Pero como no va a estar agradecido con la científica galardonada. Durante seis años, sus allegados, no lo descuidaron un momento y siempre estuvieron atentos para que no se fuera a desviar del camino correcto. Cada tres meses, le enviaban personal para que lo auditara. Aquello llegó a un extremo tal que, aun cuando previamente en radio pasillo se cruzaban apuestas sobre cuando rodarían las cabezas de su jefe y la de él, al terminar una de esas revisiones los encargados no tenían observación alguna que hacerle. Al presentarse con sus superiores a informales, estos no quedaron satisfechos y los regresaron para que repitieran la indagación. Gracias a ese celo, cuando terminó el sexenio no tuvo problemas al grado de que se dio el lujo de rechazar el ascenso al cargo inmediato superior, ya para que, su futuro había terminado seis meses antes. (9 de diciembre, 2017)

Respecto a nuestro escrito de la semana anterior, “El resquebrajamiento de las instituciones y los actores de hoy,” un lector amable, don Francisco Loreto, nos escribió un comentario congratulándonos por el contenido, algo que siempre se agradece. En el contexto de ese mensaje hay algo que nos llamó la atención cuando apuntó: “…Ojalá que su artículo esté escrito en buena lid…” Al respecto, cabe indicar que bajo esas circunstancias está redactado. Este escribidor no pertenece a cofradía alguna, ni escribe por encargo de nadie. Las cosas llegan a un extremo tal que hasta en nuestro pueblo natal, Piedras Negras, Coahuila, salvo en Zócalo y en la Universidad Autónoma de Piedras Negras (UAPN), estamos en la lista negra de vetados. Si les dijéramos las razones que alguien esgrimió, hace varios años, seguramente usted, lector amable, acabaría carcajeándose. Pero, mientras nos los permitan en este medio, y alguien continúe leyéndonos, persistiremos con un ejercicio semanal que realizamos por el puro placer de hacerlo. (13 de mayo de 2017)

Don Rafael Villarreal Martínez. Miércoles 29, tres años. Cuanta falta ha hecho tú presencia y bien sabes el porqué. Sin embargo, el Gran Arquitecto estableció la cita para esa fecha y… (25 de marzo de 2017)

Este martes 18 habrá trascurrido un año, lapso durante el cual han sido muchísimas las ocasiones en que a lo largo de los días existen momentos en que pienso que al llamarte escucharé tu voz siempre alegre y llego a creer que aun estas ahí en casa presta siempre a recibirnos a todos con tu sonrisa cantarina. Sin embargo, de pronto, me percato que eso es simplemente un deseo fundado en los recuerdos gratos. Más de lo que nunca llegamos a imaginar, hemos extrañado tu presencia doña ESTELA RÍOS SCHROEDER. (15 de julio, 2017)

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Añadido a los Añadidos: A usted lector amable, cualquiera que sea su forma de interpretar su relación con el Gran Arquitecto, le deseamos que, en compañía de los suyos, disfrute una NAVIDAD FELIZ.
16 Diciembre 2017 04:00:00
Los tres precandidatos
A este escribidor, economista de origen quien encontró su verdadera vocación, tardíamente, como historiador, de vez en vez le da por dar por incursionar en el presente y emitir sus opiniones respecto a lo que acontece en el ámbito político de nuestro país. A estas alturas, en nuestra calidad de autoexiliados, los comentarios que realizamos están alejados de apegos a uno u otro de los partidos políticos o contendientes en las lides políticas. O como se diría comúnmente, “no tenemos gallo en este palenque.” Nuestra divisa ideológica está sustentada en el Juarismo-Elíascallismo, la cual consolidamos, paradójicamente, gracias a las enseñanzas que recibimos en la escuelita parroquial a la que acudimos para aprender economía. En ese contexto, en esta ocasión ofreceremos nuestra perspectiva, sobre quienes están involucrados en la contienda por la presidencia de la República que habrá de celebrarse el año próximo bajo el principio de que estamos conscientes de lo que parece no necesariamente es lo real, algo similar a lo que sucede en otro espectáculo en donde predominan los vuelos, piquetes de ojos, costalazos y llaves. Pero vayamos a la lucha política y sus actores.

Daremos inicio con el primer combatiente que fue ungido como precandidato bajo la denominación de simpatizante priísta, José Antonio Meade Kuribreña. El proceso de proclamación, por la forma en que se dio, dejó más lastimados de lo que parece a simple vista. Dícese que es quien menos negativos tiene de entre los que más se mencionaban. Si bien el ritual fue cumplido al pie de la letra, hasta se desempolvaron las matracas, algo hay en el ambiente que no acaba de proyectar la imagen de que, a quienes les pidió “háganme suyo,” hayan aceptado proceder en consecuencia. Claro que alguno podrá decirnos que de entrada hizo el primer milagro, logró que el líder de la CTM, Carlos Aceves Del Olmo, dejara su silla de ruedas y se pusiera de pie, pero eso no creemos que vaya abonar en la recolecta de votos tricolores. A quienes tratan de presentarlo con una imagen fresca, les cuesta trabajo justificar la presencia cercana que tienen con él algunos personajes como Augusto Gómez Villanueva, de memoria infausta para el campo mexicana; Beatriz Paredes Rangel, cuyo par de fracasos en el DF no son su mejor carta de presentación; y José Ramón Martel, quien a toda costa busca ocultar su pasado y hasta el apellido materno esconde simplemente porque es López Portillo.

Eso sí, quienes lo saben comentan que Meade Kuribreña es de los que honran la amistad y ponen como ejemplo que es de los poquísimos que cada año no falta a la misa que se celebra en memoria de Carlos María Abascal Carranza, aquel personaje quien fuera secretario del trabajo y de gobernación durante el (des)gobierno del ignaro con botas. Y en eso de los terrenos religiosos, se ha enfatizado que es un católico ferviente y cada domingo acude a cumplir con el ritual que le dicta su, muy personal y respetable, forma de interpretar la relación que tiene con el Gran Arquitecto. En ese contexto es que quienes lo seleccionaron ven que por ahí habrá de atraer una gran cantidad del voto duro del panismo, al cual está además ligado por su linaje familiar. Aquí cabe mencionar que, hasta este momento, no ha recurrido a colgarse de cruz alguna para hacerse publicidad. Esto no impide comentarios de que la curia católica no lo ve con malos ojos especialmente ahora que el ciudadano Carlos Aguiar Retes llega a remplazar en el cargo a Norberto Cardenal Rivera Carrera. Sin embargo, aquí debemos preguntarnos si ya le perdonaron haber enviado aquella nota diplomática protestando por el insulto que nos endilgó, hace casi tres años, el ciudadano Bergoglio Sívori, mismo que algunos insisten en minimizar. Pero volvamos a los temas mundanos.

Meade tiene aún un camino muy cuesta arriba por recorrer, lograr que el voto duro priísta se motive y lo apoye en las urnas. Todos sabemos que el hecho de que los priístas salgan entusiasmadísimos en la coreografía no necesariamente se refleja en los votos. Sería pecar de ingenuos creer que las bases del PRI aceptaron con regocijo el nombramiento de Meade Kuribreña como un candidato al que, como dicen por ahí, “le falta chispa.”. Solamente pongámonos a pensar que mensaje se les envía a quienes sudan realmente la camiseta tratando de hacer méritos partidistas cuando se les anuncia que su candidato a la presidencia no pertenece al partido y ni se afiliara. Respecto a la trayectoria en el sector público del candidato priísta adoptado, desde nuestra perspectiva su mejor desempeño lo tuvo al frente de la Secretaria de Relaciones Exteriores, en las demás cumplió y no generó negativos lo cual le alcanzó para el ungimiento como candidato. Con relación a los apoyos de los liderazgos dentro del partido de alquiler que lo acogió en su seno, todos nos parecen escenográficos. Las fotos con quienes le compitieron lucen tan reales como una moneda de tres pesos. Claro, sabemos que tras bambalinas es donde se amarran los compromisos y los acuerdos. En ese entorno se mueven dos de los mas prominentes priístas ya que ellos, como el anuncio antiguo de los sombreros Tardán, andan entre Sonora y Yucatán buscando les aseguren que sus retoños habrán de ocupar, ahora o en un futuro no muy lejano, la gubernatura de dichas entidades, al tiempo que negocian su propia supervivencia. En donde creemos que esta el mayor apoyo de Meade Kuribreña es en el sector de hombres de negocios, ya que cumple con todos los requisitos que demandan los miembros de ese sector para quien aspire a un cargo público.

Asimismo, estimamos que en esta ocasión el más visible de los dueños del dinero no va a destinar recursos a otra candidatura cuando un miembro de la gran familia libanesa en México está en posibilidad de alcanzar el cargo mas alto en la política mexicana. Sabemos que los apoyos financieros no necesariamente son los más importante, pero si se carece de ellos es muy difícil alcanzar el triunfo en una contienda como esta. Aun cuando ahora ya nos enteramos de que está dispuesto a todo, inclusive vestirse de chamula, pero pasemos al segundo combatiente.

En una de esas mescolanzas extrañas en donde la derecha y la izquierda se amanceban, nació el llamado Frente Ciudadano por México. Al principio todo indicaba que la lucha habría de darse entre Ricardo Anaya Cortés y Miguel Mancera Espinosa. Sin embargo, pronto dieron inicio las puñaladas traperas y, entre Alejandra Barrales Magdaleno y Dante Delgado Ranauro, sacaron la candidatura de Anaya y dejaban al jefe de gobierno de la ciudad de México fuera de la contienda. De esta manera, quien hace seis años era simplemente un diputado, se transformó del chico maravilla admirado por la clase gobernante para convertirse en el abanderado presidencial de un frente que de ciudadano no tiene nada. Antes de eso, el ciudadano Anaya fue dejando en el camino un tiradero que dejan mucho que desear respecto a que sea cumplidor de los compromisos que dice adquirir.

Recordemos que en sus inicios políticos era quien se encargaba de hacer el trabajo sucio del gobernador de Querétaro (2003-2009) Francisco Garrido Patrón. Dicen sus malquerientes que Anaya resultó bueno para el “business” y gracias a ello, tanto a él como su familia política, les “empezó a pegar el sol de frente” y de ahí a la fama hasta convencer a los actuales de que era el chico maravilla. Y muchos se lo creyeron. Su mentor Madero Muñoz terminarían sufriéndolo. Margarita la esposa de quien le otorgó el primer cargo en el gobierno federal, vería como Anaya le destrozaba el proyecto de reelección, por interpósita persona, de su marido. Mancera, quien ideó eso del Frente, se quedó abanicando la majagua. Moreno Valle no supo ni a que hora lo dejaron con la carabina al hombro. Al Presidente Peña Nieto ni siquiera lo voltea a ver, ¿ya para qué? Ante eso, no podemos negar la” habilidad” política de Anaya para hacerse de lo que quiere. Ya es suya la candidatura, del PAN, los despojos del PRD y lo que represente Movimiento Ciudadano (MC). Asimismo, cuando todos decían que los gobernadores panistas no lo apuntalarían ahí estaban 10 de 11.

Al observar aquella imagen, sin embargo, no pudimos sustraernos al recuerdo de Roberto Madrazo Pintado allá por 2005-2006. Todos los apoyaban hasta que llegó el día decisorio y entonces sí las ausencias se hicieron notar. Anaya aparentemente tiene todo, pero habría que preguntarnos si cuenta con las voluntades del voto duro panista quienes podrían voltear hacia la parte superior derecha de la boleta y optar por cruzar el emblema tricolor. Recordemos que lo siguen viendo como un arribista. Además de que cometió el error de atacar al ignaro con botas y al portador de chamarras con las mangas largas quienes entre los blanquiazules representan una buena cantidad de votos. Por lo que respecta a los sufragios que supuestamente le aportara el PRD, primero habría que ver cuantos quedan por ahí pues una buena cantidad ya emigró a otras latitudes y, después de esos, cuantos de los seguidores de Mancera van a ir a sufragar por quien se chamaqueo a su líder. Pero recursos verbales no le faltan al ciudadano Anaya, de tiempo atrás ha dado muestras de que es bueno para pronunciar discursos.

Para que vean que se preocupa por el bienestar de todos, salió con que habrá de proporcionar salario universal para todos los mexicanos. No especificó como va a generar los recursos para que ello sea una realidad, pero seguramente él sabe cómo hacerlo, o algún miembro de su familia política lo asesorará, pues ya vimos que eso de multiplicar los panes es algo que se les da. Anaya no ha recurrido a recalcar su condición de católico practicante y tal vez por eso no hemos visto, en estos días cuando el voto celestial está muy peleado, si es que la curia católica y/o alguna otra agrupación religiosa lo habrá de apoyar. Sobre sus fuentes de financiamiento poco se conoce, pero ya iremos sabiendo quien lo refacciona. Vayamos al tercer combatiente.

Tras tres sexenios de campaña, dos elecciones presidenciales incluidas, se nos aparece nuevamente el ciudadano Manuel Andrés López Obrador quien pareciera busca presentarse, como el morenito del Tepeyac, lo cual para los católicos practicantes es una afrenta. Solamente él para perdonar a los pecadores y únicamente los que acepten cubrirse con su manto habrán de alcanzar la gloria eterna. Sobre su actuación publica todos sabemos que es especialista en violar la ley, pauperizar ciudades, encriptar la información, comprar conciencias y votos a base de billetes, poco le importa destrozar negocios, mientras cierra las calles para protesta, cuando alguien ya no le es útil simplemente lo desecha y a lo que sigue. Cuando el PRD no le sirvió más, creo su propio partido y ahí se ha convertido en el gran gurú que determina quien esta libre o no de pecado.

Por tercera ocasión va por la presidencia de la República tras dos derrotas previas, nadie le pude negar que es empeñoso, ni mucho menos su habilidad para atraer simpatizantes que le creen cuanto sale de su boca, de vez en vez se acuerda de lo que abrevó a la vera del poeta del trópico, Carlos Pellicer Cámara y suelta ocurrencias ingeniosas. Se presenta como un líder mesiánico y por el muégano ideológico que ha formado a su alrededor logra que se ericen los cabellos solamente con recordar que la más infamante y famosa de esas promiscuidades es aquella que surgió en la Alemania de los 1930s. Entre sus apoyadores hoy aparecen algunos hombres de negocios, políticos de variopinta, intele?cuales?, líderes religiosos y por supuesto sus seguidores cegados por la verborrea que les vende. Cuando parecía, dado su condición de candidato de la izquierda, que era el único que no habría de montarse en una cruzada religiosa, de pronto es el único que lo hace. Si bien en el pasado tenía el respaldo de Norberto Cardenal Rivera Carrera, por supuesto ese no fue de a gratis, hoy que este ya ha dejado de tener un cargo, pues el ciudadano López fue literalmente a treparse al cerro del Tepeyac y se declaró guadalupano. Sin embargo, dado que seguramente calculó que ni los nuevos dirigentes máximos de la curia católica, ni los creyentes fervientes le creerían, corrió en busca del amancebamiento con el Partido de Encuentro Social (PES) integrado en su gran mayoría por evangélicos. Pero no todo podía ir por la derecha, así que tratando de presentarse como Liberal dijo ser juarista, seguramente porque gusta de la canción de aquel que vivía en Ciudad Juárez, no por el Benemérito Estadista quien se avergonzaría de tener entre sus seguidores a un fulano como este. Hasta este momento todo pareciera indicar que ahora si nadie le impedirá llegar a la presidencia de la república. Pero, algunas cosas muestran que él no está tan seguro de ello.

Contrario a las dos ocasiones anteriores, en esta no creemos que vaya a contar con el apoyo financiero que le dieron antes, recordemos que el paisanaje de ancestros si vale entre ellos, por eso es por lo que para nosotros no resultó una sorpresa que en Guerrero fuera a ofrecer el indulto a criminales, en realidad fue solicitar que lo financiaran y les iría muy bien en sus negocios, hasta los convertiría en gente decente llevando el aval del morenito del Tepeyac. En una muestra de que desconoce lo que implica descentralizar avisa que todo se ira a provincia. Quienes conocemos lo que eso implica y los recursos que se requieren para hacerlo, vemos eso como una ocurrencia más para engañar incautos. Y como hay que asegurar el voto de los que ni estudian ni trabajan pues a ofrecerles 3600 pesotes para que se mantengan mientras aprenden a hacer otra cosa, pues para lo que estudiaron no sirven.

Asimismo, en un acto de lo mas irresponsable saco a jugar la carta sobre la pigmentación de la piel y la condición social de sus contrincantes a quienes llamó “güeritos y pirruris.” Con ello busca crear enfrentamientos sociales que a nadie ayuda, además de exhibir nuevamente su incongruencia. Atrás, a su izquierda, estaba una ciudadana con el pelo teñido de rubio, ¿a esa persona también la considera indeseable? O ¿Cómo calificara a una tercia de jóvenes que viven al amparo del nombre y recursos pecuniarios de su padre? En igual forma, hay un elemento que tendemos a olvidar, pero que no podemos dejar de recordar, ¿Qué tan bien está la salud del ciudadano López? No puede dejarse de lado que sufrió un infarto cardiaco y cuando menos lleva dentro un par de “stents.” Pero, en fin, esas son consideraciones que habrán de valorar los electores y determinar si quieren vivir en el paraíso de lo regalado generado a partir de recursos que vaya usted a saber de dónde saldrán. Por lo pronto, todo indica que la mayoría lo apoya.

Todo pinta que entre estos tres personajes habrá de decidirse quien gobernará México a partir de 2018. Sin embargo, lo que a nosotros nos interesa escuchar de ellos es su programa de gobierno en el cual considere, con propuestas reales no ocurrencias mercadotécnicas, ni arrebatos patrioteros, como habrá de enfrentar la relación en todos los sentidos con los EUA, con o sin tratado; que medidas implantara para reactivar la economía interna; como va a romper el circulo vicioso de la pobreza; que hará para terminar con tanta sanguijuela disfrazado de salvador de la patria; como instrumentara una política para que la división estado-iglesia vuelva a prevalecer, etc. Eso es lo que nos interesa conocer. Porque no basta con que se le quiera comparar o se asuma como la versión moderna de los únicos dos estadistas que ha tenido esta nación. Recordemos que uno la formó echando fuera al intruso y eliminando cacicazgos, mientras que el otro estructuró el único sistema político-económico que ha sido exitoso en los más de doscientos años que tenemos de vida independiente. No olvidemos que la levita negra de Don Benito y el calzado de Don Plutarco son de una talla que no cualquiera puede hacer que al portarse luzcan con elegancia.

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Añadido (1): Los propios integrantes del partido, aquel que otrora agrupaba a la gente decente, han agregado otras dos características necesarias para pertenecer al mismo, ser “pend…. y cabr….” Para que no se vaya a quejar nadie de sus agremiados de que no lo consideran.

Añadido (2) Dado que la comunidad libanesa ya tiene candidato presidencial, que tal si la comunidad judía presenta el suyo para el gobierno de la Ciudad de México pensando en que dentro de seis años puede ser su proyecto.
09 Diciembre 2017 04:00:00
Los motivos para la destrucción de Piedras Negras en la versión para sus vecinos en Eagle Pass Texas
Dos semanas atrás relatábamos cÓmo, en 1855, el pueblo fue defendido por las fuerzas militares mexicanas que buscaban evitar la acometida de unos forajidos estadounidenses, quienes bajo el pretexto de perseguir aborígenes lipanes, arrasaron con el pueblo. Sin embargo, como a este escribidor le enseñaron que todo relato en la relación con nuestros vecinos siempre hay dos versiones, pues se fue a hurgar en los archivos y encontró lo que publicó entonces The Galveston Civilian. En la pieza, se anotaba que los invasores estadounidenses solicitaban apoyo, y se reproducía una proclama a los habitantes de Texas emitida por quien estuvo al frente de la expedición destructiva, el capitán James Hughes Callahan. Demos paso a los días aquellos.

Callahan era un nativo del estado de Georgia, quien como avecindado en Texas combatió en la guerra mediante la cual el quince uñas mostró sus dotes de lotero y acabó por ceder ese territorio que se convirtió en república. Desconocemos si la participación en la contienda militar mencionada despertó en Callahan un profundo sentimiento antimexicano o bien, como dirían en el pueblo, lo era de “nacencia.” Entre 1839 y 1841, estuvo al frente de un grupo de milicianos habitantes del Condado de Guadalupe quienes perseguían y combatían indios y mexicanos acusados de robar caballos. Con esta experiencia a cuestas, su momento de “gloria” lo viviría en el otoño de 1855.

En esa época, el quinto gobernador de Texas (1853-1857), volvería a serlo en 1867, Elisha Marshall Pease era un nativo de Connecticut quien autorizó se formará un grupo de vigilantes para tomar venganza de los ataques que los indígenas realizaban en contra de los condados de Bexar y Comal. Al frente de ese grupo colocó a Callahan quien, también, se encargaría de servir a los esclavistas quienes demandaban se armará una incursión militar para regresar a los negros esclavos que habían huido hacia México. Una vez definido el escenario imperante, vayamos a la versión con la cual fueron provistos nuestros vecinos en Eagle Pass, Texas.

The Galveston Civilian iniciaba comentando que “se ha cruzado el Rubicón, y la sangre estadounidense ha inundado nuevamente el suelo de México. Las tropas estadounidenses están nuevamente fortificadas en el oriente del Río Grande (Bravo) amenazadas por un grupo integrado por indios, mexicanos y negros renegados”. El autor de la pieza periodística sentía que en cualquier rato les caían encima, por lo cual apelaba a sus paisanos para que fueran en ayuda de aquellos quienes “tienen un propósito noble como lo es castigar y someter a esos asesinos implacables de nuestras mujeres y niños, lograr la destrucción de nuestros seminoles y lipanes y sus aliados los negros renegados y los mexicanos quienes por dos años han utilizado la línea divisoria del Río Grande como su escudo, una barrera de protección, en sus incursiones sangrientas traspasando nuestras fronteras”. Ante eso, no quedaba otro camino sino “…expulsarlos y aniquilarlos para que la vida y las propiedades de quienes vivían en la frontera de Texas puedan estar seguras”. Asimismo, se apuntaba que Henry Eustace McCulloch, un oriundo de Tennessee, antiguo combatiente de la Guerra de Texas, y quien el futuro seria general brigadier confederado durante la Guerra Civil, andaba, junto con otros más, reclutando personal para ir en apoyo de Callahan quien estaba en Eagle Pass, desde donde, el jueves 4 de octubre de 1855, lanzó una proclama al pueblo de Texas. Veamos el contenido de la arenga.

Dirigiéndose a sus conciudadanos, les indicaba que como comandante en jefe de la expedición que recientemente partió desde aquí, para destruir el campamento de los indios lipanes y para exterminar a los guerreros de esa tribu de salvajes, es mi obligación darles a conocer los avances, acciones y éxitos. “El 24 de septiembre, [en un sitio que Callahan identifica como Leona], se me unieron dos compañías de voluntarios comandados por [un par de Texas Rangers], los capitanes William R. Henry [natural de Virginia, notorio por sus acciones como filibustero y aventurero] vecino de San Antonio, y Nathaniel Benton [nativo de Tennessee quien más tarde sería oficial de caballería Confederado, juez de condado y maestro] habitante de Seguin.” Tras de que, el 29 de septiembre, los [indígenas] lipanes arribaron al Río Grande a la altura de la boca de Los Moros, las huestes de Callahan emprendieron la marcha. Sin embargo, no fue factible continuar la persecución porque el río iba muy crecido. Estuvieron varios días en espera de que como apuntaban en los rumbos del pueblo hace muchísimos años, “bajara la creciente,” Callahan indicaba que decidió dirigirse hacia Eagle Pass, distante del sitio a una distancia aproximada de treinta millas, cruzar el río y si podía atacar directamente el campamento de los indígenas, el cual estaba situado en un lugar estimado a treinta y cinco millas al oeste del río, cerca de la ciudad de San Fernando (Zaragoza, Coahuila). Pero antes debió hacer un alto en Eagle Pass.

Cuando llegó ahí, narra Callahan, el alcalde de Piedras Negras y los ciudadanos de Río Grande le mostraron su aprecio, al tiempo que le prometían apoyo a su misión tanto con hombres como con medios para servir a los dos países y “…exterminar a esa banda de salvajes forajidos quienes han infestado nuestra frontera, asesinando mujeres y niños y depredando nuestras propiedades.” Con eso en mente, Callahan continuó con su plan.

El 2 de octubre cruzó sus tropas hacia México, una parte por Piedras Negras y otra unas millas más abajo. Dado que las aguas no cedían, relata el georgiano, fue muy difícil cruzar con los caballos. Al día siguiente, reanudó la marcha al frente de 111 hombres con quienes se encaminaba hacia el campamento de los indígenas. Alrededor del mediodía, las fuerzas invasoras arribaron a “un arroyo ubicado diez millas al oeste del Río Grande…hasta ese momento, tanto las autoridades como los ciudadanos se habían mostrado amables y expresaban sus buenos deseos por el éxito de la misión, y aun cuando algunos ofrecieron enlistarse como voluntarios, no los acepté”. Tras de ese descanso, “aproximadamente dos horas después, reiniciamos la marcha hacia San Fernando. Tras caminar cerca de diez millas por un camino ubicado en medio de una pradera extensa, vimos que se aproximaban tres jinetes de quienes en principio creímos se trataba de pastores, pero al aproximarse a doscientas yardas de nosotros descubrimos que eran [indígenas] vestidos y pintados listos para entrar en combate”.

Las tropas estadounidenses fueron alineadas por Callahan “a lo largo del camino en espera de que el enemigo apareciera”. Para sorpresa de los visitantes, “un gran numero de ellos aparecieron listos para el combate, al desplegarse enfrente de nosotros, nos percatamos que eran varios cientos quienes, a caballo, nos atacaban y disparaban. Fue factible percatarse que las tropas estaban compuestas por [indígenas] y mexicanos”. Según el recuento de Callahan en una primera descarga fueron muertos treinta de sus enemigos y solamente cuatro de los suyos perdieron la vida. “Tras de tres horas de combate, ellos [indígenas y mexicanos] abandonaron el sitio y se dirigieron hacia San Fernando…dejando ochenta y cinco muertos y cien heridos”. Según información que les proporcionaron algunos de los lesionados, en total los defensores totalizaban 750 hombres. Dado que Callahan estimó que los retirados podrían volver con refuerzos en cualquier momento, decidió, esa misma noche, regresar a Piedras Negras a donde arribaron al amanecer y se ubicaron el lado oeste del Río Grande. Acerca de la batalla, Callahan enfatizaba que sus hombres se portaron con valentía y fiereza, salvo dos quienes pusieron pies en polvorosa al abandonar la batalla y “no pararon hasta que se encontraban del otro lado del Río Grande”.

Pero de este lado, las tropas de Callahan ya estaban en posesión de Piedras Negras, y la pensaba estar ahí por un rato. Argüía que “los mexicanos nos traicionaron al pretender que estaban de nuestro lado en la lucha con los lipanes, y hasta pretendieron tendernos una trampa a empujarnos a una batalla desigual en lo cual hubieran tenido éxito de no haber sido por la bravura de mis hombres…” Acto seguido, en una narrativa que desde aquellos tiempos es muy socorrida, Callahan dijo “esta mañana, le comenté a una persona prominente del lugar que no venimos aquí a pelear con los mexicanos, sino a castigar y exterminar a los [indígenas] que no deseamos enfrentarnos con ellos [los mexicanos], aun cuando han matado y herido a varios de nuestros mejores hombres. Les he dicho que deben de entregarnos a los [indígenas] de otra manera, los texanos los harán responsables por las perdidas de sus esposas e hijos, así como la destrucción de sus propiedades”. Y como no encontraba la respuesta que demandaba, Callahan infería que “esta claro que ellos se involucran y protegen loa [indígenas]. Les he explicado lo injusto de sus acciones, a la vez que les advertí de que invadiríamos su país y quemaríamos hasta el último de sus pueblos en caso de que continuaran conviviendo y protegiendo a esas bandas de forajidos suyas manos estaban aun escurriendo la sangre de inocentes…Nunca los habíamos molestado hasta que descubrimos su contubernio con los [indígenas]. Y para cerrar esa parte de la proclama dirigida a nuestros paisanos, los conminaba a que deberían entregarles “los [indígenas] enemigos o atenerse a las consecuencias que resulten de la perfidia que ya han cometido”. Ante eso, Callahan volteaba hacia sus vecinos adoptivos.

Y les decía: “Conciudadanos de Texas, les pedimos su ayuda. Es por sus esposas y sus hijos que hemos expuesto la vida y estamos dispuestos a continuar la lucha. Es por ustedes como amigos, vecinos, compatriotas, que algunos de los nuestros han caído y otros ofrecido su sangre. Es por ustedes que estamos dispuestos a ofrendar nuestra sangre y la vida, al tiempo que les preguntamos si aceptan que sus hermanos sean asesinados por los mexicanos y salvajes pérfidos sin que ustedes tomen ninguna acción en venganza.” Acto seguido, les informaba que “estamos bien fortificados con cañones para nuestra protección y podemos resistir hasta que recibamos los refuerzos solicitados. [Tras la batalla], trasladamos a los heridos y están siendo atendidos en un hospital en Eagle Pass. Nuestros muertos los traeremos y serán sepultados en suelos estadounidense. Estamos expectantes de que nos ataquen miles de mexicanos e [indígenas], pero podremos castigarlos”. Pero una cosa era la arenga y otra la realidad y eso se demuestra en el siguiente párrafo.

“Una vez más, les pido su apoyo por su protección propia y la de sus compatriotas. Los [indígenas] dicen estar dispuestos a matarnos y [recuerden] cruzan semanalmente hasta sus asentamientos. Si no son exterminados, en cualquier momento pueden ir y matar a sus familias y amigos. No habrá seguridad en ningún sitio a partir de ese momento. Los seminoles, mezcaleros y lipanes están dispuestos a bañar Texas en sangre y violencia en tanto no se les someta…” Y para cerrar la súplica-orden: “Hombres de la frontera, vengan a ayudarnos. Pero solamente vengan quienes desean y están aptos para pelear. Si van a venir, vengan rápidamente; y vengan bien preparados”.

Y aun cuando no llegaron muchos, Callahan le prendió fuego al pueblo y lo destruyó, que no es lo mismo que lo acabó. El 25 de octubre, el diario The San Antonio Texan publicaba que el general mexicano Emilio Langberg demandaba a los comerciantes de Eagle Pass que contribuyeran con recursos pecuniarios para pagar los daños ocasionados por el incendio de Piedras Negras, les recordaba que “este pueblo está construido y apoyado principalmente por el saqueo que se realiza al este del Río Grande”. A finales de noviembre, el gobernador Pease envió un mensaje a la legislatura texana justificando las acciones de Callahan, pero se arrepentía de haber tenido que incendiar Piedras Negras. Ya metido en la contrición, desautorizaba, a partir de ese momento, cualquier expedición hacia México cuyo fin fuera perseguir indígenas. Para mediados de enero, el gobierno mexicano demandaba al estadounidense le resarciera los daños causados en Piedras Negras por la expedición de Callahan, al tiempo que pedía protección para evitar ese tipo de incursiones. Los deterioros no fueron reparados sino hasta 1876 cuando la Comisión de Reclamaciones de 1868 concluyó sus trabajos. Aproximadamente 150 ciudadanos mexicanos lograron que se les repartiera un total de 50 mil dólares por daños, lo cual significó que cada uno recibió trescientos treinta y tres dólares con treinta y tres centavos, el único tres que les faltó les asignaran fue el de la santísima trinidad.

Esa fue la historia sobre los motivos por los cuales el pueblo fue incendiado. En la relación con los vecinos del norte, nunca estará de más revisar la versión de ellos sobre nuestras relaciones. Solamente de esa manera podemos aproximarnos a tener una visión objetiva de los acontecimientos, algo que expresamos con pleno conocimiento de causa.

A pesar de ese evento, con el trascurrir del tiempo, las poblaciones de Piedras Negras y Eagle Pass terminaron por entender que era mas conveniente afrontar la vecindad al amparo de una relación armoniosa. De las batallas con nuestros vecinos en Eagle Pass, las únicas que, en lo personal recordamos son las deportivas, ellos obtenían las victorias en béisbol y nosotros los derrotábamos en basquetbol.

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Añadido (1) Pero como no va a estar agradecido con la científica galardonada. Durante seis años, sus allegados, no lo descuidaron un momento y siempre estuvieron atentos para que no se fuera a desviar del camino correcto. Cada tres meses, le enviaban personal para que lo auditara. Aquello llegó a un extremo tal que, aun cuando previamente en radio pasillo se cruzaban apuestas sobre cuando rodarían las cabezas de su jefe y la de él, al terminar una de esas revisiones los encargados no tenían observación alguna que hacerle. Al presentarse con sus superiores a informales, estos no quedaron satisfechos y los regresaron para que repitieran la indagación. Gracias a ese celo, cuando terminó el sexenio no tuvo problemas al grado de que se dio el lujo de rechazar el ascenso al cargo inmediato superior, ya para que, su futuro había terminado seis meses antes.

Añadido (2) Una vez más comprobábamos que hay quienes no terminan de entender que en los EUA las decisiones no se toman en función de si nos van o no a gustar, un miembro de ese club es el director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), José Luis de la Cruz Gallegos, quien “… consideró que la reforma fiscal aprobada este sábado por el Senado de Estados Unidos atenta contra la seguridad nacional de México, en el sentido de que desvía los incentivos a invertir en nuestro país y busca llevarlos hacia allá…” Acto seguido, el ciudadano De La Cruz, posiblemente como resultado de una epifanía, soltó como gran novedad: “Me parece que el país tiene que voltear hacia adentro como un mecanismo para enfrentar los efectos de esta reforma fiscal…(La Jornada (03-XII-17)” ¿Para qué premio lo proponemos ante prueba tan basta de ingenuidad y “sapiencia”?
02 Diciembre 2017 04:00:00
¿Héroe, caudillo, cacique, o traidor?
No se espanten, los calificativos para nada corresponden a nadie del presente. Lo nuestro es la historia y aun cuando no somos especialistas en el tema en específico, nos atrae sobremanera revisar los acontecimientos ocurridos durante el Siglo XIX en nuestro país. La semana anterior comentábamos sobre hechos sucedidos en esa época allá por los rumbos del pueblo. En esta ocasión, aún cuando seguiremos abordando eventos desarrollados en el noreste mexicano, el foco central de estos comentarios abarcara la región en su totalidad. Por qué decidimos abordar el tema, se deriva de la lectura que, hace unos días, hacíamos de la obra “Fulguración y Disolvencia de Santiago Vidaurri,” del escritor neolonés, Hugo Valdés.

El contenido de la misma nos puso a reflexionar sobre el papel que jugó este personaje en el proceso histórico mexicano. Sin embargo, antes de enfocarnos en el desempeño del gobernante de Nuevo León, quien un día, por sus pistolas nos hizo parte de su entidad, y analizar el porqué de cada uno de los cuatro calificativos, daremos un repaso a otros personajes que en esos tiempos y en esa zona específica del país surgieron para tener una participación importante en el proceso para transformar lo que era un conglomerado de cacicazgos en una nación.

Iniciaremos por el lado de la reacción, en donde encontramos al neolonés gran enemigo del progreso y de las Leyes de Reforma, el arzobispo de México, José Lázaro de La Garza y Ballesteros quien, como dato curioso, por el lado materno comparte raíces genealógicas con la madre del prócer Francisco Ignacio Madero González. Al mismo tiempo, en el lado opuesto, en la bancada de los Liberales, se ubicaban hombres de talla superior. En Coahuila, Juan Antonio de La Fuente Cárdenas, autor de la Ley de la Libertad de Cultos; Andrés Saturnino Viesca Bagües, de participación prominente en la batalla de Santa Isabel; el general Victoriano Cepeda Camacho, destacado participante en el sitio de Querétaro; el general Miguel Blanco Múzquiz, figura de la Reforma y la Batalla de Puebla; así como personajes, poco recordados, el coronel Jesús González Herrera y Juan de La Cruz Borrego a quienes debemos que los archivos de la nación perduraran; y, por supuesto, el héroe de la patria, Ignacio Zaragoza Seguín.

En Nuevo León, Mariano Escobedo de La Peña, el triunfador de Querétaro; José Silvestre Arramberri Lavín militar combatiente en la reforma y en contra del invasor francés, fundador del Colegio Civil, antecedente de lo que hoy es la Universidad Autónoma de Nuevo León, y ancestro directo de alguien a quien miles de nigropetenses debemos el haber tenido oportunidad de cursar nuestra educación desde básica hasta la preparatoria, el profesor Fausto Zeferino Martínez Morantes; Jerónimo Treviño Leal, militar destacado quien, durante la segunda mitad del siglo XIX, se convertiría en el hombre fuerte de Nuevo León; y, Juan Zuazua Esparza, el general de generales defensor de la patria durante la invasión estadounidense y liberal destacado en la Guerra de Reforma. Tomando estos personajes como marco, pasemos a responder la pregunta titular de esta colaboración.

Sobre el tema del tema del noreste mexicano durante el siglo XIX, nuestras lecturas se hicieron hace ya varios años cuando éramos eso, unos lectores amantes de la historia, y lejano estaba el día que pudiéramos ver aquello bajo la óptica de alguien que durante los últimos tres lustros se ha dedicado a estudiarla. De aquellos tiempos, nos quedamos con las lecturas del historiador Mario Italo Cerutti Pignat quien da una perspectiva amplia sobre como era la vida política, social y económica en el noreste mexicano. De hecho, en esas obras iniciamos el proceso de conocer la historia de nuestro pueblo. Otra lectura que nos proveyó de información y nos imbuyó de la pasión con que está escrita fue “Coahuila: La Reforma, La Intervención y el Imperio,” producto de la pluma de uno de los tres mejores mandatarios que ha tenido Coahuila desde su creación como entidad, el gobernador Óscar Flores Tapia, quien ofrece una perspectiva apasionada desde el punto de vista de un Liberal. Sin embargo, ninguna de esas lecturas nos había hecho que reconsideramos un análisis sobre la figura de Vidaurri Valdez, ello no se debía a que en ellas se omitiera el papel del neolonés en diversos acontecimientos, sino a la perspectiva desde la cual las abordamos. Sin embargo, cuando revisábamos la obra “Fulguración y Disolvencia de Santiago Vidaurri,” del escritor neolonés, Hugo Valdés, nos fue surgiendo la pregunta que es motivo del cabezal de esta colaboración.
La condición de héroe puede adjudicársele parcialmente al gobernante neolonés cuando analizamos cual fue su comportamiento durante la Revolución de Ayutla.

En ese contexto, se dio el intercambio epistolar que mantuvo con el general Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado de Luna, el último de los luchadores de la independencia quien vivió lo suficiente para, en 1854, encabezar la revuelta que al año siguiente derrocaría al López del Siglo XIX. A pesar del apoyo inicial otorgado a Álvarez, sin embargo, Vidaurri acabó por adherirse al Plan Restaurador de la Libertad que, como escribía Flores Tapia, a diferencia del de Ayutla que había sido escrito por Liberales moderados como Juárez, era obra de radicales como Melchor Ocampo, José María Mata Reyes y José Ponciano Arriaga Leija. El 23 de mayo de 1855, Vidaurri en su calidad de comandante de las tropas, anunciaba que “hoy a las once y media del día ha sido asaltada y tomada esta plaza por las fuerzas a mi mando, quedando en nuestro poder todos los pertrechos que encerraba, y prisioneros de guerra los [j]efes y oficiales que la defendían.” Para que se viera que, aún, no era remilgoso a la hora de repartir laureles, Vidaurri clamaba que esa victoria era de producto del esfuerzo de los ciudadanos con ello se “ha puesto al Estado en posesión de sus derechos y en libertad de arreglar provisionalmente su política , mientras lo hace de una manera definitiva derrocado que sea en el resto de la República el poder militar [ejercido por López De Santa Anna] que la oprime y la gobierna de un modo desconocido en el derecho publico y evidentemente contrario a su libertad, voluntad e intereses.”

Y como él era el triunfante, acto seguido anunciaba que convocaría a una “Junta de los ciudadanos principales que por sus luces y demás recomendaciones sociales puedan acordar una organización provisional que ponga al Estado en aptitud de defenderse y hacerse respetar y de conservar al mismo tiempo la libertad que se ha conquistado.” Y por supuesto cuando, el 25 de mayo, se reúnen tan preclaros personajes, sesenta y cinco para ser exactos, a quien se elige para que quede encargado del mando político y militar es a Vidaurri. A partir de ese momento actuaría en calidad de caudillo.

Bajo el ala de ese caudillo habrían de formarse una generación de generales destacadísima en la vida nacional de los días por venir. Juan Zuazua, el casi hermano de Vidaurri y el más apto de los militares que fue muerto a edad temprana; Arramberri quien no era precisamente el más dócil a Vidaurri; Escobedo con quien se enemistaría-reconciliaría esto ultimo solamente en apariencia; Zaragoza quien siempre le guardo la consideración del alumno al maestro; y Jerónimo Treviño quien fue su alumno mas aventajado para eso de combinar la política y los negocios porque en lo militar, de acuerdo a las consejas familiares, según palabras del propio Treviño, quien lo formó fue el general Eugenio de Jesús González González. Pronto, las tropas de Vidaurri volverían a la acción.

El 22 de julio de 1855, en las inmediaciones de Saltillo, la fuerzas de Vidaurri derrotaron a las santanistas y acto seguido procedió a ocupar la capital coahuilense en donde encontró una acogida cálida al grado que sus habitantes le propusieron fuera su gobernador lo cual el neolonés aceptó y a partir de ahí empezó a firmarse como “General en [J]efe del Ejercito del Norte Restaurador de la Libertad de la Patria, gobernador y Comandante General de los Estados Libres y Soberanos de Nuevo León y Coahuila.” Aquí el caudillo se alejaba y pasaba a ejercer en calidad de cacique. Al año siguiente, el 19 de febrero de 1856, Vidaurri emite un decreto mediante el cual anexaba Coahuila a Nuevo León. Oficialmente, la hacienda del cacique crecía, a la par que soñaba con agregarle Tamaulipas y crear la República de la Sierra Madre. Cuando, en diciembre de 1857, Félix María Zuloaga Trillo lanza el Plan de Tacubaya que desconocía la Constitución, lo cual produciría el autogolpe de Comonfort, quien renuncia a la presidencia para que este la ocupara. Vidaurri se pronuncia en favor del presidente de la Suprema Corte de Justicia, Benito Pablo Juárez García a quien por ley le correspondía ocupar el cargo. El 31 de diciembre de 1857, lanza un manifiesto a sus gobernados en donde otras cosas dice: “No es por cierto Nuevo León-Coahuila el que ha de inclinar su noble frente y cruzar sus robustos brazos delante de ese fantasma de Tacubaya. ¡No por Dios!”

Da inicio la Guerra de Reforma y con el gobierno de Juárez itinerante, a los gobernadores les va muy bien. Pueden manejar las entidades a su antojo y en el caso de Vidaurri no era la excepción. Por ello fue que, en septiembre de 1859, cuando el secretario de guerra y marina, Santos Degollado Sánchez lo destituye del cargo y nombra a Arramberri como su sustituto, un cargo en el cual apenas duró dos meses cuando la fuerza de Vidaurri lo obligó a dimitir. Contando con el apoyo valioso de Zuazua y Zaragoza, fue factible que aquello no terminara en un derramamiento de sangre y finalmente se convocar a elecciones que fueron ganadas por el ya para entonces cacique, Vidaurri, quien retornó a la gubernatura el 11 de abril de 1860.

Aun cuando en lo personal y militar, sufriría una grave pérdida, la muerte de su soldado más leal y eficiente, Juan Zuazua., los años por venir serían muy productivos en lo económico
El amasiato de los negocios y el poder político empezó a vivir tiempos gloriosos. A la par que Vidaurri controlaba los ingresos aduaneros, el comercio exterior florecía. En especial durante la Guerra Civil estadounidense cuando en el pentágono San Antonio, Texas-Piedras Negras, Coahuila-Monterrey, Nuevo León-Matamoros, Tamaulipas-Europa de ida y vuelta se movían todo tipo de mercancías, teniendo a Nuevo León como el beneficiario mayor. Eso sí, los ingresos que generaba la aduana de Piedras Negras nada de enviarlos al centro. La relación con el Estadista Juárez García cada vez era más tirante, pues a cada solicitud de este para que se apoyara al gobierno central, la respuesta eran evasivas o simples mentiras. Aquello alcanzaría su punto culminante a principios de 1864.

Mientras los franceses y los maxhincados originales organizaban los preparativos para recibir al emperador barbirrubio, llegó a los terrenos del noreste el Estadista Juárez García llevando la República a cuestas. Un mes después de haber arribado a Saltillo, Juárez va a Monterrey a conferenciar con Vidaurri quien, tras imponer condiciones para que las tropas que acompañaban a Juárez se retiraran, fue a entrevistarse con el presidente en una reunión que fue muy breve tras de la cual hay varias versiones, una de si Juárez fue perseguido por hombres armados de Vidaurri y otras de que Juárez regresó a Saltillo sin mayor problema. En lo que si coinciden las crónicas es que en cuanto el mandatario de la República salió de Monterrey, las campanas sonaron a repique, era el anuncio del rompimiento sin retorno. Uno representaba el proyecto de nación, el otro el del cacicazgo regional excluyente del interés de la patria como un todo. Como muestra de ello, el 26 de febrero, Juárez emitió un decreto mediante el cual Coahuila recobraba su soberanía y procedió a nombrar como gobernador a Andrés S. Viesca.

No pasarían muchos días para que Vidaurri recibiera el comunicado que le enviaba, con fecha 15 de febrero, el general Bazaine mediante el cual le decía que pronto llegarían los invasores a Nuevo León y “con el fin de ahorrar al pueblo de México los horrores que siempre lleva consigo una guerra fratricida, y poner a Nuevo León al abrigo de tamaña desgracia…y[como el estado] será invadido… os ofrezco en una mano la paz y en otra la guerra, vos podéis escoger lo que os dicten vuestra conciencia y patriotismo…” Con la respuesta Vidaurri empezó a mostrar que su cuarta “virtud” estaba por brotarle. El 2 de marzo contestó arguyendo que no tenía autoridad para dar una respuesta, pero que lo consultaría con el pueblo. Al proceder de esa manera, infringiendo la ley del 25 de enero de 1862 que prohibía entrar en tratos con un invasor extranjero, Vidaurri pasó inmediatamente al bando de los traidores y como solamente le quedaba su esbirro, el renegado de siempre, Julián Quiroga, quien para nada alcanzaba la estatura de Zuazua, lo mandó a intentar atacar Saltillo en donde fue rechazado y más tarde, las fuerzas de la República iniciaron el avance sobre Monterrey, ante lo cual Vidaurri, el 25 de marzo, envió emisarios para tratar de negociar con Juárez quien los envió por donde vinieron.

Esa misma noche, Vidaurri salió volando de Monterrey a donde, el 3 de abril, Juárez haría su entrada triunfal. Poco después en septiembre, Vidaurri ya estaba entrevistándose con Maximiliano y en abril de 1865, se adhiere oficialmente a la causa que había venido a civilizarnos. Y a partir de ese momento, aquel que era amo y señor del noreste mexicano, quien llegó a sentirse casi dueño de su propia República, pasaba a ser un miembro más del grupo de los maxhincados. Obviamente, su forma de ser no encajaba en una corte de pompa y circunstancia. A pesar de ello, conforme pasaba el tiempo y todos empezaban a huir, Vidaurri fue ganando preeminencia hasta convertirse en el tesorero de un imperio que cada vez mas frecuentemente veía como la escasez de fondos era lo prevalente. Y de ahí hasta el día en que las fuerzas al mando del general José de la Cruz Porfirio Diaz Mori lo apresan. Poco tiempo pasaría antes de que sin juicio de por medio fue calificado de traidor a la patria y, el 8 de julio de 1867, de espaldas e hincado sobre las losetas de la Plaza de Santo Domingo enfrente del edificio que en un tiempo albergara el Tribunal del Santo Oficio, fue fusilado Santiago Vidaurri Valdez.

A este recuento y reflexión nos llevó la lectura de un libro bien escrito, apoyado en fuentes confiables y con inserciones literarias que dan frescura al relato. Altamente recomendable revisar la obra, editada por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México “Fulguración y Disolvencia de Santiago Vidaurri,” del escritor neolonés, Hugo Valdés quien nos narra una historia que nos hace reflexionar de un hombre al cual los neoloneses no le pueden negar lo que hizo por ellos, inclusive convertirse en el patriarca del Grupo Monterrey, pero que abandonó su ámbito de acción en donde fue héroe, caudillo, cacique para insertarse en otro al cual no pertenecía y en ese itinerario concluye como un traidor o como lo escribe Valdés convertido en alguien que “había perdido el norte para siempre.”

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Añadido (1) Ni quien pueda negarlo, el PRI recurrió al dedazo. Pero si sus dirigentes y militantes aceptan convertirse en un partido de alquiler, pues muy su gusto.

Añadido (2) La política mexicana es como la lucha libre. Arriba del ring se hacen de todo, pero en cuanto bajan se van a departir para ponerse de acuerdo y ver a quien le toca ganar en el match siguiente. Por ello, la fanaticada no debe de apasionarse y enfrascarse en reyertas inútiles.

Añadido (3) Seguramente el médico oftalmólogo, Enrique Luis Graue Wiechers, quien funge como rector de la UNAM, no ha sido revisado recientemente por un colega. De otra manera no se explica su declaración en donde rechaza los muros divisorios. O ¿Acaso, las rejas que circundan la UNAM son una ilusión óptica que percibimos solamente los mortales simples y, por ello, no califican como murallas?
25 Noviembre 2017 04:00:00
Con la excusa de perseguir a los lipanes, destruyeron el pueblo
En esta ocasión, vamos a dar un repaso por los rumbos del pueblo justo un siglo antes de que nosotros nos apareciéramos por ahí. Esa fue la primera ocasión en que Piedras Negras, Coahuila fue reducido a cerca de la nada, la segunda fue noventa y nueve años más tarde. El causante de la primera intentona por desparecerlo fue el fuego, la segunda sería el agua. En el primero de los casos no es que Zeus tronante hubiese enviado rayo alguno y la yesca seca prendiera, fueron humanos quienes, tea en mano, quisieron borrar del mapa a sus vecinos. El pretexto argüido era que iban tras indios lipanes causantes de destrozos al norte del Bravo y a quien había que castigar. Pero antes de irnos directamente al evento y ver porque eran perseguidos, es conveniente dar un repaso breve sobre quienes eran estos aborígenes.

Los lipanes eran un grupo de cazadores y pescadores que daban el carácter de sacro a la vida de los animales a los cuales sacrificaban para alimentarse, por lo cual cada vez que atrapaban una pieza daban las gracias al espíritu del animal por proveerlos del sustento. Conforme a fuentes varias, los lipanes se establecieron en Texas desde la segunda mitad del siglo XVII. Al momento en que los españoles intentaron colonizar Texas, como respuesta natural, se da la confrontación armada entre los miembros de esa etnia y los europeos. Sin embargo, los lipanes no solamente se enfrentaban a los españoles, lo hacían igualmente con los comanches. Como resultado de ello, la población lipanes sufrió un grave descenso. En 1700, se estimaba que seis mil personas y para 1800 ya solamente se contaban 750. Sin embargo, ello no les impactó sobre su ánimo guerrero, por lo cual durante la guerra que nos inventó el presidente James Polk, los habitantes de Texas aprovecharon el viaje para buscar exterminar a los miembros de tribus nativas ubicadas en la frontera sur con ese estado. En medio de ello, los lipanes que escaparon a la limpieza étnica, fueron a refugiarse a las montañas de Santa Rosa (lo que hoy es el municipio de Zaragoza). Pero esas confrontaciones no cesaban y, una vez que se establecieron los límites nuevos entre los dos países, los lipanes gustaban de cruzar el Bravo e ir a causar estropicios, además de tomar algunas cosas de nuestros vecinos en Texas. Estos, en una reacción lógica, salían en su persecución y aprovechaban el viaje para cometer tropelías.

Eso fue lo que sucedió conforme a lo reportado en el Boletín Oficial Número 35 de fecha 19 de octubre de 1855. Aquí cabe hacer una pausa en la narrativa para indicar que esta publicación era el órgano oficial del ejercito del norte Restaurador de la Libertad de la Patria y del Gobierno de los Estados Libres y Soberanos de Nuevo León y Coahuila, encabezado por quien se firmaba como su General en Jefe, gobernador y comandante general, José Santiago Vidaurri Valdez. En el boletín referido aparecía el reporte que, el 7 de octubre de 1855, el comandante en jefe de la sección de Coahuila, el teniente coronel Manuel Menchaca, envió al secretario de guerra del ejercito del norte restaurador de la libertad de la Patria, Emilio Langberg. Un texto que daba una versión parcial de los hechos militares, pero obviaba mencionar las condiciones en que encontró a Piedras Negras al momento de darse la batalla.

Al inicio apuntaba, utilizaremos la reproducción original del texto, el día 1º del corriente (octubre de 1855) como a las seis de la tarde se echaron sobre los esquifes (pequeñas embarcaciones) que había a la otra banda del Bravo cosa de doce voluntarios obligando a los esquiferos a que las bajaran hasta las Adjuntas donde estaba toda la fuerza de ellos; en vista de esto dispuse al momento llamar al alcalde y ordenarle reuniera a todos los vecinos de Piedras Negras en el cuartel para que con aquella fuerza y los esmeriles que se encontraban allí se defendieran mientras, yo [Menchaca] marchaba en aquel momento a la Villa de Morelos donde deberían estarse reuniendo las fuerzas del partido y emprendiendo mi marcha con mi asistente D[on] Juan Rodríguez al que adelanté dándole orden de que alcanzara al capitán D[on] Miguel Patiño que acababa de salir y le informara de esta ocurrencia para que activando su marcha llegara a Morelos y comenzará a reunir las fuerzas mientras, yo llegaba a la Villa de Rosas (Zaragoza) con el objeto de alistar la que allí había. Como a las dos de la mañana del día 2 llegué a Morelos y en el momento tomé todas las medidas necesarias con tal objeto y como a las 8 de dicho día salí a la mota de Enmedio, donde campé en espera de la fuerza que me faltaba, y al amanecer del día 3 emprendí mi marcha para el punto de la Maroma con 200 y tantos hombres, creyéndome que en aquel punto o sus inmediaciones deberían de estar los filibusteros para el día 4 en la noche, según noticias que había recibido, para ahí camparme en un punto donde poder obrar según V[uestra] S[uperiorirdad] se sirvió ordenarme en sus superiores instrucciones del 26 de septiembre último; más dentro de una hora recibí un informe del juez de Piedras Negras, diciéndome: Que los americanos venían a dormir esta noche a la Villa de Rosas, y al mismo tiempo me dio parte de que venían llegando donde yo estaba, por cuya razón no tuve tiempo mas que para que mi fuerza ensillara; esta ocurrencia imprevista me obligó a atacarlos, tanto porque precisamente me veían, como por embarazarles tomaran la Villa de Rosas antes de ser noche; dispuse el ataque en la llanura que allí había; me presente al enemigo, y estando formado pie a tierra se mantenía firme con sus caballos a la mano, y habiendo dispuesto se flanqueara por mi derecha e izquierda, acometiendo yo el centro por el frente, conociendo el enemigo que lo iba a envolver con aquel movimiento, montó a caballo con mucha velocidad, me dio una fuerte carga, que por mi fuerza fue contestada denodadamente, huyendo el enemigo por la orilla del Río Escondido cosa de 300 pasos, donde encontró un arroyo y se echó pie a tierra con toda su fuerza dentro de él, pasándose cosa de ocho o diez que los abandonaron; y aunque dispuse tirotearlos con tres guerrillas para ver si lograba echarlos fuera, no me fue posible conseguirlo..[posteriormente] dispuse retirarme sin que el enemigo me observara mi movimiento a la Villa de las Rosas. Mientras el ciudadano Menchaca perseguía a unos, otra parte de los aventureros lo estaban esperando en Piedras Negras.

Conforme a su narrativa, llegó como a las ocho de la mañana del 6 de octubre al sitio denominado el paso del Águila al enterarse de que los aventureros estaban bien fortificados en el muelle de Piedras Negras hasta donde habían retrocedido y que la fuerza de línea del Fort Duncan había avanzado cuatro piezas al frente de dicho muelle… En ese entorno, se daría el enfrentamiento en donde según el parte de Menchaca, el enemigo dejó en el campo de batalla cinco muertos que no pudo levantar y en el arroyo cinco que se llevo a ocultar… y además pasó por los esquifes trece heridos…siendo su total pérdida la de treinta y ocho hombres entre muertos heridos y dispersos, según ellos mismos lo han dicho en Piedras Negras. Acto seguido, Menchaca, después de lamentar la muerte de tres de sus hombres y otros tres heridos, procedía a expresar alabanzas a sus tropas, en especial a su segundo, capitán de la compañía de Morelos, Miguel Patiño; al capitán de la compañía de Guerrero, Evaristo Madero, (el abuelo del prócer) quien desplegó mucha energía y valor en la acción, así como el teniente de la colonia de Morelos, Pablo Espinosa. En toda esta narrativa no se hacia mención a lo que sucedió en Piedras Negras antes de que se suscitara la derrota de los invasores. Para ello, recurriremos al informe que el 8 de octubre desde Piedras Negras, Coahuila enviaba Emilio Langberg.

Reportaba que cuando llegó encontró que los aventureros se habían retirado el día anterior, después de haber saqueado el comercio y las casas particulares y quemado la población dejándola en ruinas llevándose además armamento de los vecinos, una pieza útil de a cuatro y dos esmeriles. Lo que reclamaba Langberg era que “todos esos hechos escandalosos habían sido cometidos a la vista y presencia de la guarnición americana…por las cartas que escribe uno de los bandidos, llamado capitán [W.R.] Henry…alegan haber pasado el río en persecución de los indios lipanes y que vienen apoyados por las fuerzas de los EE.UU. y la conducta del comandante del fuerte, lo comprueba bastante.” Contrario a la postura de Menchaca, y previendo que los aventureros volverían en cualquier momento, Langberg informaba a sus superiores cual era la situación en Piedras Negras. Describía que “la gente aquí se halla completamente sin parque, el armamento esta en estado deplorable y no hay una sola pieza de artillería. Para hacer una resistencia formal se necesitan todas estas cosas…”.

Si bien las autoridades mexicanas estaban consientes de que los lipanes eran el motivo de la invasión por los robos y asesinatos que causaban en Texas, no creían que eso justificara que fuerzas invasoras entraran en México. Sin embargo, el gobernador Viudaurri decidió tomar algunas medidas. Ordenó que “se prevenga a los lipanes que dentro de los terrenos que se les señale, les es permitido cazar y procurarse su subsistencia, absteniéndose de traspasarlos porque serán responsables de los males que resulten y se les declarara la guerra hasta exterminarlos. En este negocio…es conveniente hacer uso de mucha prudencia y, mezclando amenazas con promesas, obligar a estos salvajes a guardar la fe de los pactos que con ellos se celebren.” En ese contexto, Vidaurri se quejaba de que en los tiempos en que el general Pedro Ampudia y Grimarest mandaba en Nuevo León [fue gobernador de esa entidad en dos ocasiones, en 1846 y en 1853-1854] demandó que se firmara la paz con los indios lipanes bajo reglas y precauciones que garantizaran la convivencia con ello, pero un comandante general del estado de Coahuila se opuso. Y, según las palabras de Vidaurri, dado que los militares que han mandado en esta frontera se han distinguido más por sus caprichos, vieron como dos comandantes militares se enfrentaban, Uno, el de Nuevo León, pedía el castigo y la sujeción de los lipanes; el otro, el de Coahuila, los defendía y abonaba hasta el grado de llevar este asunto al Ministerio donde era natural que ganara dado quienes gobernaban aquella malhadada época, se refería al tiempo en que el quince uñas desgobernaba. De ahí, continuaba Vidaurri, fue como los indios lipanes quedaron enorgullecidos, así dejó arraigado el comandante general de Coahuila, un mal que ahora nos ha causado el efecto de traernos una invasión extranjera, que ha encontrado un pretexto en las atrocidades de esos salvajes que por otra parte merecen ser sometidos al yugo de la ley que les quita la posibilidad de dañar. La lucha no era nueva, se había dado desde el momento en que los colonizadores españoles llegaron a las tierras del norte. Los aborígenes, con razón, al verse amenazados reaccionaron en consecuencia. Los recién llegados fueron, poco a poco, apoderándose de esas regiones, al tiempo que el exterminio crecía y se generaba un mestizaje incipiente. Sin embargo, los pueblos indígenas que se resistían terminaban por marginalizarse y en su rebeldía cometían todo tipo de latrocinios, era su último recurso antes de perecer. Con ello, daban un pretexto a nuestros vecinos para que nos “visitaran” y dejaran su recuerdo poco grato.

Esas eran las circunstancias en esa región de nuestro país que aún no acababa de conformarse como nación y en donde los cacicazgos buscaban definirlo. En ese proceso, pueblos enteros eran diezmados, unos para nunca volver a existir. A la par otros, como aquella población pequeña de la frontera en el noreste, renacían, literalmente, de sus cenizas. No pasaría mucho tiempo, una década más tarde, cuando los ingresos generados en la aduana de Piedras Negras Coahuila habría de convertirse en el motivo de la controversia entre el Estadista Juárez García y el gobernador-cacique Vidaurri Valdez, mientras permitía que las fortunas de las familias Madero y Milmo tomaran un impulso cuyo vuelo llega a nuestros días. La economía del pueblo lucía pujante, los lipanes, ya no eran problema y de las cenizas ni quien se acordará, excepto el miércoles que los creyentes destinan para untárselas en la frente.

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Añadido (1) Por favor, el Estadista calzaba de un número muchísimo más grande…

Añadido (2) Si como dicen las cosas estaban definidas por uno, ¿Cuál fue el motivo por el que de pronto se treparan al ring e iniciaran la campal? ¿Les ganó la inexperiencia o los nervios los traicionaron?

Añadido (3) Fuentes fidedignas comentan que en una de las secretarias ya preparan, y designaron a quien estará encargado, el proceso entrega-recepción. ¿Indicación de que surgirá alguna sorpresa?

Añadido (4) Si todo indica que, con cualquiera, el PRI será derrotado en la elección presidencial, nos surgen un par de preguntas: ¿Por qué interesa tanto cuando, como, donde y con quien va a contender en una causa que para la mayoría de los opinadores luce perdida? ¿Desde cuándo aquel que está en calidad de vencido irremisible es objeto de tanta atención?
18 Noviembre 2017 04:00:00
La Revolución Mexicana, el recuerdo para los desmemoriados
Inmersos entre “el buen fin” consumista, y un fin de semana largo, pocos habrán de reparar que este lunes el calendario marque el vigésimo día noviembre. Para ellos, la fecha nada les dice acerca de conmemorar, ya no digamos celebrar, que hace ciento siete años dio inicio el movimiento armado llamado Revolución Mexicana. Somos pocos, aun a nuestro pesar debemos de reconocerlo, quienes persistimos que lo sucedido entonces fue realmente un hecho trascendental mediante el cual se dio inicio al proceso de trasformación del país. Si, ya sabemos que los políticamente correctos de hoy, acompañados por un montón de renegados beneficiarios, quiéranlo o no aceptar, habrán de clamar que nada positivo se derivó de la Revolución Mexicana. Por supuesto que en ese proceso no todos fueron aciertos, ni los actores se comportaron como seres impolutos en olor a santidad. Sin embargo, gracias a lo iniciado entonces y desarrollado a través de los años fue factible que el país se transformara para bien. Estamos conscientes de que simplemente el contenido de este párrafo es suficiente para que alguno por ahí vaya en busca de la leña, verde de preferencia, para armar la pira. Con eso en mente, este escribidor-historiador quien no está adherido a cofradía alguna y cuyo compromiso es con usted nuestro único lector amable, pues los otros dos que lo eran ya no están con nosotros, emitiremos nuestra perspectiva sobre la Revolución Mexicana, sus actores iniciales y los beneficios que trajo para el país.

Antes de que Francisco Ygnacio Madero González se lanzara en su aventura presidencial, hubo otros como Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera, Manuel y Juan Sarabia Díaz de León, Esteban Baca Calderón y Antonio Irineo Villarreal González (ninguna relación familiar con este escribidor) quienes intentaron infructuosamente prender la mecha rebelde. Sin embargo, la razón por la cual Madero fue capaz de llamar la atención se debió a que detrás de su apellido estaba el grupo de hombres de negocios quienes a pesar de tener recursos monetarios no tenían acceso a una piscacha de poder político. Cuando el Presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori se percató de que, aun cuando Madero no había logrado del todo soliviantar la rebeldía, aquello no duraría mucho tiempo sin que sucediese. Por ello, envió a New York al encargado de los dineros, José Yves Limantour Marquet, para que en su nombre negociara con Francisco Madero Hernández y Gustavo Madero González quienes no solamente acudían en nombre del rebelde visible, sino de los poseedores del dinero en el norte. En marzo de 1911, en el Hotel Plaza neoyorkino acordaron que se diera una transición pactada, la cual fue formalizada oficialmente mediante los Tratados de Ciudad Juárez firmados en mayo de ese mismo año. En el marco de todo ello, se daría la renuncia del presidente Díaz Mori, el interinato de Francisco León de la Barra y las elecciones en donde Madero González ganó sin problemas.

Como presidente, Madero González actuaba en consecuencia a lo pactado en busca de generar la transición que permitiera la prevalencia de la paz, para nada iba a traicionar lo que el mismo era. Por supuesto, eso no gustó a algunos, entre ellos Pascual Orozco, padre e hijo, quienes en su código genético llevaban impresa la traición, así como a Emiliano Zapata Salazar quien vivía embebido en como cobrar todo lo que tuvo que hacer para que Nachito de la Torre y Mier, el yerno de don Porfirio, lo tuviera en su casa de la Ciudad de México como su caballerango consentido. Aun cuando los desmemoriados lo quieran ocultar, los Orozco y Zapata buscaban abiertamente la caída de Madero González, el Plan de Ayala que algunos invocan como bandera libertaria del campesinado, no era sino un llamado a favor del derrocamiento del presidente Madero González. En el programa de gobierno original del coahuilense estaba el dar juego a todas las fuerzas políticas, pero por las vías legales. Ejemplo de ello fueron las elecciones realizadas en octubre de 1912. Los resultados de los comicios abrirían los apetitos de poder de la curia católica que, al ver como el Partido Católico Nacional obtenía resultados muy halagüeños, empezaron a salivar de que podían volver a hacerse del poder político omnímodo. No pasaría mucho tiempo para que encontraran socios que los acompañaran en la búsqueda, ellos fuero el embajador estadounidense Henry Lane Wilson y el traidor disfrazado de militar, Victoriano Huerta. Este último era parte del error cometido por Madero González al dejar intacta la estructura castrense leal al régimen de Díaz Mori. Tras de darse la sonada que culmina con el asesinato del presidente Madero González y el vicepresidente José María Pino Suárez, surge la figura del gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza quien emerge como aquel que habría de encabezar el proceso de transformación de México. Pero para ello antes tendría que echar fuera al usurpador del poder presidencial. En esa encomienda habrían de nacer dos figuras militares refulgentes, una el brazo armado de la Revolución, Francisco Villa quien fue fundamental para quebrar la espina dorsal del ejército huertista. La otra, el único general invicto del movimiento armado, Álvaro Obregón Salido poseedor de un genio militar innato. Sin la participación de ambos, Carranza no hubiera sido capaz de lograr la victoria militar que obligó a que Huerta renunciara y se fuera a continuar su batalla por ganarle la partida a los alambiques de alcohol que terminaron por derrotarlo. Con Carranza como el triunfador, se planteaba como recomponer el gobierno. Sin embargo, como siempre sucede, en los grupos triunfadores se dan las batallas intestinas.

Villa estimaba que únicamente a él se debía el triunfo y no mostraba respeto a Carranza Garza. Asimismo, aun cuando militarmente tuvo una actuación marginal, Zapata creía que por organizar quemazones de haciendas debería de pagársele su participación, además de que olvidaba su traición a Madero. Ambos se enfrentarían a Carranza. A Villa debe reconocérsele su actuación militar y que, aun cuando tenía claro no estar capacitado para dirigir el país, poseía un esquema bien definido sobre la importancia de la educación para el futuro de la patria y que la actividad agrícola debería de realizarse en extensiones que permitieran generar riqueza. En el caso de Zapata, su objetivo único era acabar con las haciendas, para satisfacer su sed de venganza personal, y repartirlas entre el campesinado, pero sin tener claro que, con la pura tenencia y la lluvia, nadie iba a salir de pobre. En el caso de Villa, militarmente fue derrotado por el genio de Obregón Salido para, años después, terminar pactando a cambio de una hacienda y prerrogativas. Zapata acabó emboscado hasta que el gigolo-cobarde-nazi-sinarquista lo convirtió en “héroe” para quedar bien con su jefe y de ahí se colgaron otros para alimentar la patraña que persiste. Al final, el grupo encabezado por Carranza Garza emergió como el triunfador.

Si bien este no era el grupo que podía ganar un concurso de popularidad, si era aquel que tenía bien delineada la estrategia de lo que debería de ser la nación en el futuro. Carranza desde que tomó el liderazgo del movimiento revolucionario en contra de Huerta tenía bien clara su visión de país. Sabedor que era necesario contar con gente preparada profesionalmente, se dio a la tarea de enviar a varios de los que estaban a su alrededor a los centros educativos superiores nacionales y aun cuando ni quien pensara en asuntos globalizadores, muchos otros fueron dirigidos hacia los Estados Unidos de América para que se prepararan en áreas diversas. Carranza sabía perfectamente que a la hora de armar el nuevo modelo no sería suficiente con los conocimientos adquiridos a nivel local, aparte de que no había nada como contar con la experiencia de quienes conocieran al vecino desde adentro, aun cuando ya lo teníamos de visita en Veracruz y mucho esfuerzo costó convencerlos para que se regresara a su casa.

No obstante que Huerta ya estaba de huida y los invitados non gratos seguían aquí, Carranza Garza empezó a tomar medidas para poner orden. A los primeros que las dirigió fue a los antiguos socios del huido, la curia católica. Una vez que el auto invitado desalojó el puerto, Carranza Garza empezó a emitir decretos y leyes. El 12 de diciembre de 1914, publicó un decreto para hacer cumplir la Leyes de Reforma; el 25 del mismo mes y año, sin andar presumiendo de pertenecer a avanzada alguna, emitió las leyes del divorcio; y el 29 de enero de 1915 apareció una enmienda al Código Civil mediante la cual se permitía el divorcio. El 6 de enero de ese año, se había publicado la Ley Agraria. Todo esto era el preámbulo para que, a fines de 1916, convocara al Congreso Constituyente que daría por resultado la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. Un documento de gran contenido social y político que dio pie a que la organización trasnacional denominada Iglesia Católica Apostólica y Romana, por voz de su CEO, Giacomo Della Chiesa, el papa Benedicto XV, lo rechazó e instruyó a sus representantes en México que la combatieran y en esa encomienda se treparon todos aquellos que seguían añorando los tiempos de la encomienda.

Es la Constitución el eje primordial del diseño, o para que lo entiendan quienes piensan en inglés, el “blueprint,” de lo que habría de ser el estado mexicano moderno. Ese gran edificio que, con base en el diseño de Venustiano Carranza Garza, se habría de construir, primero con la desbroza del terreno efectuada por el presidente Adolfo de la Huerta Marcor; seguida por la labor de cimentación hecha por el presidente Álvaro Obregón Salido; y concluido con la construcción del inmueble, llevado a cabo por el estadista Plutarco Elías Calles. Al amparo de esa morada habría de operar el estado mexicano moderno durante el siglo XX. Si el mismo que ahora hay algunos que se niegan a aceptar su existencia. Ese que nació de la Revolución Mexicana y que fue capaz de armar todo un sistema educativo desde nivel básico hasta el universitario que ha permitido que millones de nosotros tuviéramos acceso a la instrucción, algo que bajo otras circunstancias jamás hubiéramos podido lograr. El que generó todas las instituciones de seguridad pública que, con todas sus fallas, han sido capaces de traer beneficios para la mayoría de la población. El que permitió que pasáramos de ser un país rural a uno urbano. El que dio pie para que surgieran las clases medias, al tiempo que permitía la movilidad social. El que aprobó que cada uno de nosotros adoptáramos nuestra relación o no con el Gran Arquitecto en la forma que lo deseáramos, sin estar temerosos de que nos fuera a llegar el representante del Santo Oficio para llevarnos a alguna mazmorra religiosa. El que dio pie para que se generara toda una red de comunicaciones, de todo tipo, a lo largo y ancho del país. Si, el que generó la presencia de un partido mayoritario en donde, a pesar de lo que algunos insistan en hacer creer, se confrontaban las divergencias por lo cual las opciones que otros ofrecían lucían desdeñables. El que propició un gobierno en donde existía el orden que hoy muchos añoramos, aun cuando por supuesto un precio hubo que pagar. El que formó la leyenda del presidente todo poderoso y omnipresente, decididor de todo, pero que en realidad era el gran aglutinador de las expresiones diversas. El que permitió que el país creciera y se desarrollara, mientras alcanzaba niveles de crecimiento anual promedio de alrededor del seis por ciento. El creo las condiciones para que naciera una incipiente industria nacional. Si, el que tuvo grandes fallas y propició el enriquecimiento, ilícito y no, de varios que con el tiempo en busca de su purificación habrían de patrocinar su denostación buscando con ello, en compañía de sus asociados santos, la recuperación de canonjías. El que tenía como modelo original hacer que el campo fuera un ente generador de riqueza para la mayoría. El que de manera gradual fue abriendo los espacios para que todas las formas de expresión política terminaran por hacerse presentes, algo que no necesariamente redundó en beneficio del país, sino que nos trajo una parvada de vividores de todos tipos y colores que han hecho del quehacer político un mercado en donde se ofertan al mejor postor sin el menor pudor o sustento ideológico. El que, cuando se percató de que era necesario adaptarse a las nuevas circunstancias, dio pie a la apertura y al final no supo cómo manejar la transición y terminó por adoptar un modelo económico que nos llevó a ser simplemente un país maquilador. Inmersos en esto último, hoy, de una manera u otra, el objetivo parece ser acabar por ocultar que hubo un día en que surgió un movimiento armado llamado Revolución Mexicana, al amparo de la cual el país creció, se desarrolló, y permitió la movilidad social de sus habitantes. ¿Será a esto último a lo que temen quienes están empecinados en que olvidemos que un 20 de noviembre de 1910 dio inicio la Revolución Mexicana cuyos resultados nos permitieron tener una nación con una perspectiva positiva del futuro?

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Añadido (1). ¿En verdad, todavía, los políticamente correctos creen que con asignar candidaturas en proporciones similares a hombres y mujeres se mejora el quehacer de la vida pública? O ¿Acaso, nos van a decir que una muestra de cómo la igualdad de género eleva el debate es la actuación que las diputadas federales priístas tuvieron la semana pasada cuando exhibieron un nivel cultural digno de cualquier pulquería, en la sección de damas por supuesto?

Añadido (2) Hay algunos políticos que presumen ser liberales de avanzada, pero en cuanto ven que el portador de una sotana les arroja un mendrugo, de hinojos van a recogerlo. Una vez ahí, son tratados como escoria y luego, indignados, exigen disculpas y explicaciones por qué no los respetaron. Si tuvieran un poco de… conocimiento de la historia.

Añadido (3) Un grupo de notables, se reunió en la UNAM para glorificar al rey de la machincuepa, pero que no es Hugol; al adalid del saltimbanquismo, pero que no es el quince uñas; al invocador de los derechos de sangre, pero que no es el conde Drácula; al esteta del arte de fistiana, sin diferenciar géneros por aquello de la igualdad, pero que no es el J.C.; al empistolado, quien no duda en mostrar el arma para defender sus derechos hasta para estacionar el auto, pero que no es guarura; al que tanto le debe la industria etílica, nacional e internacional, pero que no es cualquier teporocho; al que vive sumido en la amargura porque no llegó a ser presidente de la republica, mientras que aquel, a quien consideraba inferior, sí lo logró; al sujeto que con sus secreciones biliares engendró eso que llaman partido de izquierda. Todo un modelo para ser imitado por los integrantes de las generaciones universitarias del presente y el futuro.

Añadido (4) Lo comentamos en este espacio, en varias ocasiones, que el asunto de la vaquita marina no era sino una sinvergüenzada. Los involucrados en el tema, se han empeñado en darnos la razón.
11 Noviembre 2017 04:00:00
Cuando el petróleo ¿Era nuestro?
Hoy que faltan vestiduras para desgarrarlas porque la industria petrolera mexicana se abrió al capital privado nacional y extranjero, volvimos a recordar el gran cuento con que nos mecieron, (León Felipe dixit) durante décadas. Cada 18 de marzo, ríos de melcocha inundaban la patria. Escuchábamos la gran epopeya de cómo las compañías extranjeras explotadoras de nuestro oro negro habían sido expulsadas en 1938. Sin embargo, lo que nunca nos narraron es que hasta 1954 las compañías inglesas siguieron operando en suelo mexicano, que la participación del capital privado siempre estuvo presente en esta industria, y en la secretaría mayor se escondía lo que había ocurrido durante 1940. Mientras la prensa estadounidense daba puntual seguimiento de cómo funcionarios gubernamentales mexicanos expedían permisos para que empresas japonesas aprovecharan los recursos petroleros mexicanos, el presidente Lázaro Cárdenas Del Río, seguramente por no saber inglés, no se percataba de lo que afuera se publicaba acerca de las acciones de sus subalternos. Sobre lo que, al respecto, informaron los diarios estadounidenses, entre enero y diciembre de 1940, les comentaremos.

Nada de vayamos a adjudicarnos ser los grandes descubridores del evento, como en este espacio lo hemos comentado en otras ocasiones, la vez primera que supimos algo acerca del tema fue cuando leímos el libro “Strategy, Security, and Spies: México and the U.S. as Allies in World War II” (1997) escrito por la economista e historiadora María Emilia Paz, una obra sobre la cual al parecer cayó alguna maldición pues nunca, hasta donde sabemos, fue comentada, salvo en este espacio, en nuestro país. La información ahí contenida, nos llevaría a hurgar en documentos oficiales y los diarios estadounidenses, especialmente The New York Times que dio un seguimiento puntual al evento, así como en las memorias del embajador, el segundo mejor que nos hayan enviado en toda la historia, de los EUA en nuestro país, Josephus Daniels.

Inmersos en el último año de la administración cardenista, era el 25 de enero de 1940, cuando se dio a conocer en la prensa estadounidense que, en los campos petroleros de la región del Golfo de México, se observaba un incremento en la presencia de japoneses. La Compañía Petrolera Veracruzana, fuertemente apalancada por capital nipón, daba inicio a los trabajos para abrir a la explotación diez pozos nuevos en el sitio denominado Jopoy, ubicado en Tamaulipas. Con tal efecto, el jefe de perforaciones de dicha firma, Carlos Almanza, dirigía la movilización del equipo requerido. Se resaltaba que, desde el 18 de marzo de 1938, los únicos dos permisos otorgados con tal fin habían sido para dicha empresa, una suerte con la que no habían corrido las estadounidenses que se dedicaban a la misma actividad. Asimismo, enfatizaban que las posibilidades de éxito en dicha zona eran muy altas dado que ese era un campo de la región del Panuco en donde los estudios realizados por las empresas estadounidenses expropiadas habían determinado la existencia del hidrocarburo.

A principios de febrero, se anunciaba que como el tratado de comercio entre los EUA y Japón había concluido, estos últimos buscaban con quien hacer negocios. Para ello, los japoneses voltearon hacia el sur del Bravo y como acá controlaban, con capital provisto por Mitsui, la Compañía Petrolera La Laguna, la otra beneficiaria de los permisos petroleros, pues aprovecharon para negociar con las autoridades petroleras mexicanas. La oferta era que, a cambio de llevarse siete millones de barriles de crudo, ellos pagarían con efectivo y bienes. El precio en que se tasaría por el crudo no sería menor al que prevaleciera en el mercado estadounidense. La cantidad por pagarse en efectivo sería pequeña, la mayor parte se haría con productos de algodón, equipo eléctrico de costo bajo y otros artículos similares. El trato parecía benéfico para ambos. Japón cubriría sus necesidades petroleras para uso doméstico y de la guerra, además de que no desembolsaría oro.

México encontraba un sustituto para las compras que anteriormente le hacia Alemania, 40 por ciento del total de las exportaciones, al tiempo que podía resolver los problemas de exceso de almacenamiento de petróleo. A lo largo de los casi dos meses siguientes, nada de supo públicamente de cómo iban las negociaciones. Sin embargo, en marzo, el presidente Cárdenas Del Río envió al presidente de la compañía La Laguna, el Dr. Kisso Tzuru, un proyecto de acuerdo para construir un oleoducto a través del Istmo de Tehuantepec, el cual operaría mediante una inversión conjunta a través de la creación de una empresa que dirigiría el general Francisco José Mujica Velázquez.

A principios de abril, se daba a conocer que la Compañía Petrolera La Laguna y las autoridades mexicanas encargadas de administrar el recurso firmaban un contrato para que se enviaran a Japón 2.4 millones de barriles de productos petroleros, (dos millones de crudo, 210 mil de gasolina y 192 mil de queroseno), mismos que se nos pagarían a 30 centavos de dólar por abajo del precio de mercado alegando que esto era para compensar el costo de transportarlo a través del Canal de Panamá. En el contrato, se especificaba que los desembolsos se efectuarían en efectivo, salvo los cien mil dólares que fuentes no oficiales indicaban habían sido entregados cuando se firmó el contrato, al momento de la entrega a tanques japoneses que estarían en Tampico y Minatitlán.

Durante los últimos días de junio, los estadounidenses empezaron a percatarse de que su presencia económica en México disminuía, mientras que la de los japoneses crecía. Estos últimos habían actuado con gran sigilo para no que no se notara el crecimiento de su influencia en nuestro país. Sin embargo, todo apuntaba que estaban convertidos en un rival comercial para nuestros vecinos del norte. Las actividades japonesas caían en tres categorías, la comercial, la petrolera y la estratégica.

En un análisis elaborado por The New York Times, se enfatizaba que México era un país pobre en donde el comprador considera más el costo inicial de un producto que su valor intrínseco. Si bien más de la mitad de las importaciones mexicanas provenían de los EUA, durante los tiempos recientes, 1930s-1940, el mercado mexicano se había convertido en un buen sitio para productos baratos provenientes de Gran Bretaña, Francia Alemania, Italia, suiza y Japón. De todos ellos, este país era el que mayor dinamismo mostraba. Entre 1931 y 1938, las exportaciones estadounidenses, medidas en dólares, a México se habían duplicado, mientras que las japonesas crecieron ocho veces, especialmente en productos como rayón, juguetes, equipo eléctrico, maquinaria pequeña y otros similares. Asimismo, la Cámara Japonesa de Comercio mantenía en la Ciudad de México una exhibición permanente de productos de origen nipón, además de que una delegación mexicana había ido, en abril, en misión comercial a Japón.

Detrás de este boom, estaba un ciudadano japonés a quien se identificaba como el, ya mencionado, Dr. Tzuru (al nacionalizarse mexicano lo castellanizó a Turo) quien actuaba como gerente general de la Compañía Internacional de Comercio, la cual se encargaba de introducir al país artículos farmacéuticos, además de controlar otras siete u ocho negociaciones. En igual forma, a través de la Compañía Minera Turo, se infiltraron en los negocios de extracción de minerales inicialmente con la exportación de plomo, pero aspirando a obtener concesiones para aprovechar minas de carbón, cobre, mercurio y hierro. En ese contexto, aspiraban a poder explotar las minas de hierro ubicadas en Las Truchas, Michoacán. A todo ello, se agregaba la presencia ya comentada en el sector petrolero de las dos empresas referidas arriba de las cuales se decía que una gran parte de su capital de operación eras suministrado por Oji Paper Manufacturing Company of Tokio, cuyo presidente G. Fujihara tenía gran influencia en Japón. Sin especificarse quien, se decía que los permisos de exploración que obtenían las empresas japonesas se lograban gracias a los buenos oficios de un antiguo presidente de La Veracruzana, quien se desempeñaba como subsecretario en la administración de Cárdenas.

Se mencionaba que esta compañía realizaba perforaciones en seis de los diez pozos que se le autorizaron, en cuatro de ellos no encontraron nada y en los otros dos no era rentable explotarlos. Hasta ese momento, se hablaba de que los japoneses habían gastado alrededor de tres millones de pesos en perforaciones ejecutadas en zonas que de antemano se sabía no había petróleo, pero que no obstante eso, planeaban recibir mayores inyecciones pecuniarias con tal efecto. Ello hizo pensar que solamente eran acciones distractoras para encubrir toda una estrategia.

Esta al parecer, según el análisis del Times, se desarrollaba en la costa oeste de México en donde alrededor de 30 mil japoneses vivían, cifra que algunos consideraban exagerada, y que mantenían una interacción amplía con los mexicanos ya fuera mediante el matrimonio o simplemente a través de la nacionalización. De igual manera, llamaba la atención la presencia en las aguas del Pacifico mexicano de la flota pesquera japonesa compuesta por veinte embarcaciones, aun cuando al parecer eran más. La compañía Kaishan era la que aparecía como propietaria, aun cuando el 80 por ciento de las acciones de la misma eran propiedad del gobierno japonés. Las naves habían pertenecido a la guardia costera de Inglaterra, pesaban en promedio 650 toneladas y estaban preparadas para que en ellas se colocaran tres ametralladoras y podían trasportar torpedos y minas. A la par, se hablaba de centros de espionaje japonés ubicados en Tijuana y Guaymas en donde operaban las oficinas de una compañía pesquera, no muy lejos de este sitio, en un poblado pequeño, había una radiodifusora clandestina.

En igual forma, se especulaba que los representantes de las empresas Mitsui e Iwai estaban en negociaciones con el gobierno de México para que se les concesionara el aprovechamiento de la sal que se ubicaba en la bahía Ojo de Liebre en Baja California, Sur, mientras que los nipones deseaban construir un ferrocarril a la bahía de San Bartolo. En medio de todo ello, uno de los miembros de la misión comercial mexicana que fue a Japón, indicaba que acerca de lo que más les preguntaron fue sobre la relación de nuestro país con los EUA y no de las posibilidades de hacer negocios. Pero al parecer, como no se leían los diarios en inglés, en México todo era ver como se podían entablar relaciones más estrechas con las empresas japonesas, especialmente las petroleras.

Inmersos en todo lo anterior, a mediados de octubre, se dio a conocer habérsele otorgado a la Compañía Petrolera Veracruzana una concesión por cinco años para que explorara en un área de 101 hectáreas en el estado de Veracruz. En el cuerpo del documento, se especificaba que no había ninguna obligación de la receptora de perforar pozos, solamente hacer un levantamiento del terreno y elaborar mapas de la zona. La concesión fue publicada en el Diario Oficial de la Federación. Hasta ahí llegó la indiferencia del gobierno estadounidense que había observado pacientemente como los nipones tomaban posesión de uno y otro negocio en México,

El 20 de octubre, el Presidente Cárdenas Del Río recibió la visita del embajador estadounidense Daniels. Debemos de recordar que, en 1938, gracias a la desobediencia de este personaje, no tuvimos de nueva cuenta la visita de las tropas estadounidenses. Cuando el secretario de estado Hull se mostraba furioso por la expropiación y envió una carta de amenaza a nuestro gobierno, Daniels la guardó, sabía que su antiguo subordinado Franklin Delano Roosevelt no lo iba a cesar por hacerlo, y esperó a que se atemperaran los ánimos. Sin embargo, ahora, les queríamos ver la cara de “what” y eso ya no era posible tolerarlo. Ante el reclamo, el Presidente Cárdenas Del Río alegó desconocimiento de lo que sucedía, seguramente porque no leía inglés, e inmediatamente instruyó al secretario de economía, Efraín Buenrostro Ochoa, para que precisara quien era el chivo expiatorio, perdón, el responsable de aquella acción que iba en contra del patriotismo acendrado del michoacano. Pronto lo hallaron, era un sudcaliforniano quien se desempeñaba como subsecretario de economía, Modesto C. Rolland Mejía quien seguramente se mandaba solo y todo lo realizaba a espaldas de sus jefes patriotas.

Al día siguiente de la visita de Daniels, el Presidente Cárdenas Del Río, salió a anunciar que en un acto de “solidaridad continental,” se cancelaba la concesión otorgada a la firma con capital mayoritario japonés. Dicha autorización había sido producto de un error de juicio y un acto ilegal, mismo que se corregía inmediatamente. El acto, ahora se percataba Cárdenas de ello, era anticonstitucional e iba en contra del decreto que él mismo firmara en 1938. Sin embargo, debería quedar muy claro, todo se hacía en el afán de colaborar con la familia de las naciones del Continente Americano. Para dar formalidad legal a todo, se buscó un tecnicismo y, en base a ello, fue establecido que la Compañía Petrolera Veracruzana debería de cubrir un fondo de 20 peso por hectárea para garantizar la operación.

De no hacerlo, en un plazo de 30 días, se cancelaría la prerrogativa, lo cual sucedió. Pero ahí no paró todo, había que lavar el honor nacional, como de que el presidente no se enteraba de lo que sus subalternos realizaban. Con Cárdenas ya fuera del mando, durante la segunda quincena de diciembre, se acusó a Rolland de que, ante la ausencia de Buenrostro, le autorizó a la Veracruzana la importación de 7 mil toneladas de celulosa, mientras les negaba permiso a otras que también utilizaban el producto. Lo que no se mencionaba es que para la publicación en el Diario Oficial de las concesiones era menester, cuando menos enterarlo, sino es que la firmara el responsable de la secretaria respectiva y en el caso de una como la de la Veracruzana que involucraba un asunto petrolero, es difícil creer que no pasó por la autorización del Presidente Cárdenas Del Río, salvo que este arguyera que como él no hablaba inglés, pues no estaba enterado de lo que publicaba la prensa estadounidense sobre los acontecimientos en México. Aquellos eran los tiempos en que el petróleo ¿era nuestro? y no permitíamos que ni un centavo, partido por la mitad, fuera a provenir de una fuente privada ya fuera foránea o local.

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Añadido (1) Se había tardado la princesita plagiaria en sacar en público su yo verdadero. Fue a Oaxaca e insultó a las aborígenes cuando señaló: “…Ahora las juchitecas que yo he visto, por la cerveza están bien panzonas y mensas…” Esta es una de las integrantes más conspicuas de ese grupo que hemos denominado los maxhincados quienes ahora salen a defenderla y decirnos que la interpretamos mal pues, como no pertenecemos a su cofradía, somos tan tontos que ni siquiera somos capaces de escuchar bien.

Añadido (2) El ignaro con botas ya encontró su alma gemela en la esposa del gobernador de Puerto Rico quien “descubrió” que Cien Años de Soledad fue escrito por Paulo Coelho. Los engendros del libro vaquero y el folletín motivacional amancebados por la ignorancia.
04 Noviembre 2017 04:00:00
Obregón y la ‘madre conchita’
Tal vez para las generaciones nuevas el nombre entrecomillado les suene extraño. Si acaso, los creyentes, católicos profundos, han comprado la historia de que se trata de alguien quien “ayudó” a defender su religión. Para quienes estudiamos la historia, pero no hemos profundizado en el análisis de ese punto en específico, nos queda claro que fue parte del engranaje de una maquinación urdida por el alto clero católico cuyos integrantes buscaban a toda costa evitar el nacimiento del estado mexicano moderno, ese que, aun cuando ahora muchos intenten en negarlo y a pesar de sus errores, fue capaz de generar para el país crecimiento y desarrollo económico. En lo personal, poca atención habíamos puesto a los detalles sobre esa persona. Sin embargo, hace unos meses, alguien cuyas credenciales en materia del estudio de la historia se ubican en primerísima línea, tuvo a bien obsequiarnos un libro sobre el tema. Por una u otra razón, fuimos difiriendo su lectura hasta que, cuando los humos generados por los fuegos forestales nos impusieron permanecer enclaustrados, decidimos dar inició a su lectura, la cual iniciaríamos en los linderos con Canadá y la continuaríamos hasta concluirla en las proximidades de la Patagonia, toda una lectura transcontinental. Sobre el contenido de tal obra comentaremos a continuación.

Bajo el título de “El asesinato de Álvaro Obregón: La conspiración y la madre Conchita,” (2014) el doctor en sociología, Mario Ramírez Rancaño nos ofrece un análisis, fundamentado en fuentes primarias y secundarias de solidez indiscutible, relatado con un lenguaje claro y ameno que provee al lector con una perspectiva amplia sobre toda la trama que envolvió lo que nosotros hemos calificado como la reyerta inútil, comúnmente conocida como “la cristiada” o para otros como “la revolución cristera.” Trepados en ese andamio, aparecen personajes diversos quienes aparentemente actuan libremente movidos por el deseo de defender sus creencias religiosas, pero en realidad son marionetas cuyas cuerdas invisibles los llevan a hacer y deshacer tropelías en nombre de la fe. Si bien, en el contexto histórico, se da por sentado que fue la ciudadana Concepción Acevedo De La Llata la instigadora principal del asesinato del presidente electo Obregón Salido, el doctor Ramírez Rancaño incorpora elementos que la ubican en el papel de simple instrumento de una curia ávida de mantener privilegios y para ello están dispuestos a realizar cualquier cosa, aun cuando tengan que recurrir a acciones que nada tienen que ver con lo que predican desde el púlpito.

Las directrices sobre lo que era necesario ejecutar las delineaban los obispos José Mora Del Río, Leopoldo Ruiz y Flores y, amparado en las sombras, quien era conocido como “el chamula” Francisco Orozco y Jiménez. En los tres prevalecía un solo objetivo, echar abajo las disposiciones contenidas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos promulgada en 1917. Y como nunca faltan crédulos que compran falacias, pues hubo varios que fueron engatusados y lanzados para irse a matar, creyendo que defendían su muy personal y respetable concepción de como relacionarse con el Gran Arquitecto. En realidad, no eran sino instrumentos de un grupo codicioso de poder político y económico. En ese contexto, fueron varias las veces que se atentó en contra de la vida de Obregón Salido. Quizá la más significativa, antes de su asesinato, fue la que ejecutó un sujeto de nombre Luis Segura Vilchis. Afortunadamente, por los rumbos del pueblo, a nadie se le ha ocurrido homenajearlo por el simple hecho de que por allá lo parieron, eso sería la ignominia. Bastante vergüenza tenemos ya con que al gigolo-cobarde-nazi-sinarquista lo reverencien.

Pero volvamos a Segura Vilchis quien, confabulado con un par de sacerdotes jesuitas, los hermanitos Pro Juárez, José Ramón Miguel Agustín y Humberto, intentaron asesinar a Obregón Salido y al fallar acabaron enfrente de un pelotón de fusilamiento. Eso fue suficiente para que, años después en plena barata santoral, el ciudadano Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo II, beatificara a Miguel Agustín y hoy el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el Papa Francisco, este a punto de convertirlo en santo número 53 perteneciente a esa orden que se dice partidaria de la igualdad, pero no permite a las mujeres que pertenezcan a ella. Eso de santificar exterminadores no tiene nada de extraño, después de todo en el año 2000, 27 personas de catadura similar pasaron a los altares convirtiendo en virtud el lanzarse a matar a todo aquel que no comulga con su perspectiva religiosa. ¿Cuál es la diferencia entre aquellos y los jihadistas actuales? Excepto de a quien dicen servir, ninguna, todos son instrumentos de quienes ambicionan poder político y económico. En ese contexto de manipulación, Ramírez Rancaño analiza una organización secreta surgida entonces.

Se refiere a la llamada Asociación del Espíritu Santo o la Unión de Católicos Mexicanos, mejor conocida como la U. Esta agrupación fue creada, con el apoyo de la curia católica, con el fin de combatir a la Masonería y su área de operación era la zona centro-bajío-occidente de México, aun cuando su mayor fuerza la alcanzó en Jalisco. A ella, decían, solamente podían pertenecer personas de conducta y honradez intachable. El objetivo era “doblegar a Calles…y combatir los artículos de la Constitución Política de 1917.” Para ello, tenían toda una estrategia que provocó desavenencias con los miembros de la Liga Nacional de la Defensa Religiosa quienes veían a la U como una organización extremista. Antes de continuar, debemos mencionar que esta organización podría ser considerada como el antecedente de la Liga de la O, o la OCA (Organización–Cooperación–Acción), que en los 1930 se convirtió en la base de la Unión Nacional Sinarquista. Pero volvamos a los 1920s y como los miembros de la U, aun antes de que fuera formada, andaban reclutando a quienes les sirvieran para lograr sus objetivos.

Una de las personas seleccionadas fue la joven Concepción Acevedo De La Llata quien, en 1911, en Querétaro había ingresado a la Orden de las Capuchinas Sacramentarias. Con el paso del tiempo, esta religiosa quien mostraba ser poseedora de una capacidad intelectual singular habría de tomar posiciones y convertirse en líder de sus compañeras de claustro. Sin embargo, no siempre las personas provistas de materia gris abundante actúan en consecuencia y por un fenómeno extraño se convierten en seres manipulables que terminan por anteponer el fanatismo a la razón. Un ejemplo de ello es como Acevedo De La Llata y sus correligionarias, en actos que ellas llamaban de penitencia, acaban marcándose con hierro candente en el pecho la palabra “Jesús.” Y de ahí en adelante, todo tipo de castigos corporales para granjearse la vida eterna. Nada de esto pasaba desapercibido para los miembros de la alta curia quienes siempre han tenido “buen ojo” para seleccionar a quienes les harán el trabajo sucio. En ese sentido, continuemos con el análisis de Ramírez Rancaño.

El doctor en sociología nos narra como once años después de que Acevedo De La Llata habíase iniciado en la vida religiosa, fue por ella el fundador de los Misioneros del Espíritu Santo, el francés Félix de Jesús Rougier. Este no se mandaba solo, estaba ahí cumpliendo la encomienda de José Mora del Río, el arzobispo de México, quien deseaba que la religiosa joven fuera trasladada a la Ciudad de México.

En esa ciudad, sería enclaustrada en el convento de las Capuchinas Sacramentadas ubiczado en Tlalpan. Pero no se trataba simplemente de convertirla en un huésped más, le encomendarían ser la abadesa del Convento. Aquello no era de gratis, como le vieron “madera” para tratar de alcanza la santidad al costo que fuera, en 1926, el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores le pidió “que se ofreciera como víctima propiciatoria para que [Elías] Calles cambiara sus sentimientos y diera libertad a la Iglesia.” Inicialmente, la llamada madre Conchita, se negó, y le envió una respuesta por escrito en ese sentido, lo cual ofendió a personaje tan piadoso quien en cuanto tuvo oportunidad de tenerla enfrente le espeto un reproche. Sin embargo, cara a cara, no duró mucho la resistencia y conforme a lo que se cita textualmente en la obra “El asesinato de Álvaro Obregón,” la ciudadana Acevedo respondió: “Si el buen Dios me acepta, tal vez me hará sufrir mucho y su Ilustrísima tiene la culpa si algo muy doloroso me manda Dios por esto que ofrezco.” Y a partir de ese momento inicia un camino que habrá de desembocar en los acontecimientos del 17 de julio de 1928. En ese inter, la madre Conchita y sus monjas anduvieron moviéndose de un lado a otro embarcadas en ser parte de la oposición al gobierno.

Cuando Obregón es seleccionado para contender nuevamente por la presidencia, se convierte en el objetivo de los católicos fanáticos quienes veían en él la encarnación del mal y dan inicio a una serie de acciones para exterminarlo. A la ya mencionada que fue ejecutada por Segura Vilchis y los jesuitas hermanitos Pro, siguieron varias más, todas fallidas. En ese contexto, Acevedo De La Llata tuvo contactos con otros quienes planeaban ejecutar operaciones para aniquilar a Obregón. Entre ellos estaban Carlos Diez de Sollano, Jorge Gallardo, Eduardo Zosaya y Manuel Trejo Morales a quienes movía un fanatismo religioso extremo y creían que al acabar con la vida de Obregón resolverían los problemas del país. El lavado cerebral realizado por la curia era total, la razón andaba de paseo fuera de la mente de estos sujetos. Sin embargo, por una u otra razón sus planes fallaron y todo acabaría por reducirse a un solo sujeto que nada tenía que ver con estos que mencionamos.

Dado que la curia había cerrado los templos, aun cuando a los crédulos les vendan la falacia de que eso lo hizo el gobierno, entonces los servicios religiosos se realizaban en casas particulares o como en el caso de la madre Conchita, en viviendas habilitadas para albergar órdenes religiosas, quien entonces moraba por los rumbos de Santa María la Ribera. A ese lugar llegaría, “a fines de febrero principios de marzo” de 1928, un joven de origen potosino, José De León Toral quien buscaba “escuchar misa, confesarse y comulgar.” Ahí, la religiosa y el potosino se conocieron. Por esos rumbos, oficiaba misas otro sacerdote jesuita José Jiménez quien, acorde con lo narrado por Ramírez Rancaño, convertía los actos religiosos en auténticos mítines políticos. Las palabras vertidas por Jiménez calaban hondo en De León Toral en quien cada día crecía el resentimiento derivado de haber visto fusilados a los asesinos fallidos de Obregón, los jesuitas hermanitos Pro Juárez. Para cuando Obregón fue electo, tanto los miembros de la Liga como de la U, decidieron que había que liquidarlo.

En el proceso de llevar a cabo la ejecución, les faltaba decidir quien habría de realizar el “trabajito.” Aun cuando consideraron que Acevedo De La Llata pudiera hacerlo, terminaron decantándose por que fuera De León Toral. Previo al acto final, la madre Conchita ya había sido apartada de toda actividad visible y tenía prohibido recibir a nadie. Sin embargo, De León Toral, se dio habilidades para localizarla y con el pretexto de que una ciudadana de nombre María Luisa Peña quería platicar con la religiosa, el asesino en ciernes fue y consiguió, como se lo exigió Acevedo De La Llata para verla, una tarjeta de la Mitra. Con ese reencuentro habría de sellarse el destino de la queretana. Posteriormente, la mañana del 16 de julio, De León Toral vuelve a apersonarse en la morada de Acevedo bajo el pretexto de que quería escuchar misa y comulgar al día siguiente, lo cual cumplió religiosamente.

Lo que el doctor Ramírez Rancaño plantea es una tesis novedosa. Todo indica que aquello fue una celada para involucrar directamente a la religiosa en un plan siniestro montado desde las más altas esfera de la curia católica. Finalmente, De León Toral, con el cerebro embebido por las intrigas del padre Jiménez, va con la pistola que este le había bendecido y ejecuta a Obregón. Tras la detención del asesino, efectuada en el lugar de los hechos, al día siguiente arrestarían a Acevedo De La Llata a quien sus antiguos correligionarios le pedían se hiciera corresponsable del asesinato. “te hemos echado la culpa de todo para que seas mártir…que recordara a los mártires del cristianismo, a los santos, y que no fuera tan indigna…” Sin embargo, la monja no estaba dispuesta a cargar con aquella culpa. Ante esto, Ramírez Rancaño soporta su tesis con citas textuales de como reaccionaron los miembros de la curia.

Un cuarteto integrado por Leopoldo Ruiz y Flores, Maximino Ruiz y Flores, Miguel M. De La Mora y Luis María Martínez se reunieron para dilucidar qué harían con aquella quien se mostraba rejega. El primero y el ultimo eran los más preocupados, uno porque negociaba el fin del conflicto religioso y el otro por ser el promotor principal de la U. Ellos como miembros de una organización trasnacional que tenía (tiene) muchos años en el negocio, procedieron a sacrificar a la orora receptora de sus adulaciones. Total, era una más a sacrificar entre los millones que han ofrendado a través de los siglos. Entre otras cosas, fue acusada de confabularse con Luis Napoleón Morones, el entonces secretario general de la Confederación Revolucionaria de Obreros Mexicanos (CROM). Pero aún faltaban los deslindes de la curia.

Mediante una carta, firmada por Leopoldo Ruiz y Flores, este negaba que Acevedo De La Llata fuera monja, por lo tanto, la curia nada tenía que ver con ella y por lo tanto podía disponer como quisiera de esa persona. Asimismo, indico que la rea “descendía de una familia de trastornados mentales.” Posteriormente, Miguel M. De La Mora buscó deslindar a la organización trasnacional de estar detrás del asesinato y terminó por llamar imbéciles exaltados a quienes ellos habían lanzado para que fueran a matarse con quienes no compartían su interpretación de la fe. A De León Toral, aparte de incluirlo en ese grupo, le echaba en cara haberse creído enviado de Dios, a más de ser un trastornado mental. Un cargo similar aderezó a Acevedo De La Llata a quien, además, acusó de tener un hijo con el asesino. Al final de cuentas, como es sabido, la curia salió librada de cargo alguno, De León Toral acabó enfrente de un pelotón de fusilamiento y Acevedo De La Llata es condenada a 20 años de vacaciones en las Islas Marías, periodo que se acortó pues en 1940 fue liberada.

Muy conveniente es la lectura de la obra del doctor Mario Ramírez Rancaño. En lo personal, al no haber estudiado de manera profunda y cuidadosa ese punto en específico, nos provee de conocimientos que permite paliar nuestra ignorancia, al tiempo que nos da la oportunidad de reafirmar la perspectiva de como la curia católica no se detiene ante nada, inclusive poco le importa embarcarnos en una revuelta sangrienta, si con ello puede satisfacer sus apetitos de poder. Pero a la vez, nos hace reflexionar acerca de cuan positivo sería que la obra fuera revisada por muchas de aquellas personas quienes dejándose llevar por sus sentimientos nobles, son capaces de creer cuanto les dice un portador de oscura, blanca, o roja, según sea la ocasión, y larga vestimenta a quien creen poseedor de la verdad celestial. Ahí, podrán percatarse de como un evento de hace casi noventa años muestra que los representantes de esa organización trasnacional son capaces de utilizar a cualquier persona y una vez logrado su objetivo dejarla abandonada a su suerte, total, nunca faltaran almas candorosas, aun cuando no le hacen el asco a interesados con piel de oveja, quienes crean que sirviéndoles habrán de alcanzar la gloria eterna.
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Añadido (1) Bragado les salió el “líder” los embarcó en la lucha y en cuanto vio que la ley prevalecería arrancó corriendo, dejándolos a la deriva, mientras busca convertirse en mártir. Acto inverso al que hace muchísimos años protagonizó un sudamericano quien hablaba y actuaba de manera congruente. Solo, metralleta en mano, enfrentó la asonada militar, mientras sus “leales” huían exhibiendo cuan “valientes” eran.” Súbitamente, todos decían ser doctores y aquí les creyeron.

Añadido (2) Sobrada de pobreza intelectual se exhibió, al hablar sobre el TLC, quien intenta convertirse en candidata independiente. Confirmó lo que todos sabemos, las credenciales únicas que la amparan son las derivadas del contrato civil que tiene celebrado con quien demanda que no la identifiquen.
28 Octubre 2017 04:00:00
Sobre la estrategia de industrialización, un análisis realizado hace más de tres décadas
Eran los tiempos en que aún no éramos modernos, ni estábamos globalizados, mucho menos nos habíamos vuelto codependientes “telecianos” o “naftianos,” ni firmantes de mil y un tratados comerciales. Andábamos, todavía, en el proceso de ver cómo íbamos a instrumentar la estrategia del cambio (estructural se le llamaba) que nos permitiera concluir con el modelo de sustitución de importaciones y prepararnos para lo que ya se vislumbraba.

En ese contexto, profesionales con afinidades políticas y especialidades de todo tipo participaban en la elaboración de un Suplemento de Política Económica el cual era publicado en la, hoy extinta, Revista Tiempo. Ahí, el ultimo día de 1985, aparecía un articulo titulado “La Industrialización, un Desafío Para Nuestro Desarrollo.” Aun cuando nadie lo firmaba, conocemos de primera mano quienes eran sus autores, cuyos nombres nos reservamos.

Procedamos a trascribirlo, sin olvidar que este análisis casi cumple treinta y dos años desde que fue elaborado bajo un entorno que en nada se parece al actual, pero que mostraba como podíamos enfrentar en el futuro sin que acabáramos sumergidos en la dependencia absoluta por no haber hecho nada para que, a partir de la interrelación, fuéramos capaces de ser algo más que un gran país maquillador.

La pieza iniciaba apuntando que, para responder a los grandes desafíos de nuestro desarrollo, es menester resolver los problemas actuales y proyectar nuestra economía con mayor solidez hacia el futuro. El desarrollo industrial constituye la fuerza motriz que permite integrar la modernización del país con el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. La industria ha trasformado nuestros medios y vidas, ha cambiado la imagen tradicional de un México rural por la de un país nuevo, industrializado.

Resultaría difícil hacer un balance sobre lo que ha sido el desarrollo industrial de México, pero es fácil reconocer que después de 60 años desde Elías Calles hasta la fecha, México ha realizado enormes progresos en su desarrollo económico. Durante este periodo, nuestro país logra situarse como la segunda potencia industrial en América Latina; producir casi una cuarta parte de las manufacturas de la región; ser la cuarta potencia petrolera mundial y colocarse como la décima cuarta nación industrial del mundo. Sin embargo, actualmente, existen graves y numerosos problemas industriales por resolver, tanto de origen interno como externo.

Los cambios industriales que se operan en los países más avanzados contrastan con la industrialización naciente de los países en desarrollo que se hunden bajo el peso del endeudamiento. Los intercambios de mercancías se orientan hacia nuevos horizontes. El lugar de Europa y los Estados Unidos retrocede, el de Japón y los países del sureste asiático avanza claramente.

Las revoluciones tecnológicas, tradicionalmente iniciadas en Occidente, se trasladan hacia la zona del Pacífico. El problema del desempleo en aquellas naciones se convierte en el hoyo negro de sus economías. La crisis es generalizada. En estas condiciones ni el liberalismo puro, ni el estatismo severo, ni el Oeste, ni el Este, ni el Norte o el Sur pueden, teniendo en cuenta sus resultados, ponerse legítimamente como modelo.

México no escapa a esos problemas como lo muestra el hecho de que, tras un crecimiento sostenido durante los últimos decenios, la industria mexicana se encuentra en una situación de crisis. En los años recientes el sector industrial ha disminuido la capacidad de absorción de la mano de obra; los créditos disponibles y la inversión se han reducido drásticamente e impiden, a corto plazo, un crecimiento importante y frenan la capacidad de ayuda a las empresas amenazadas con la quiebra. El problema estructural de nuestra economía, origen de esta situación, encuentra sus raíces en el desequilibrio externo que se manifiesta como un problema fundamental de la industria y el comercio exterior.

Esta realidad no escapa a los análisis y diagnósticos que sobre este sector se han realizado por las instancias normativas correspondientes, así como tampoco el planteamiento de estrategias y políticas coherentes que es necesario reactualizar y pugnar porque su puesta en práctica sea un hecho gradual y progresivo. En ese contexto, la estrategia industrial concebida persigue hacer del país una potencia industrial intermedia para finales del siglo. Esta estrategia tiene como objetivos principales el restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos, en particular el de comercio exterior y del empleo, impulsar el cambio estructural a través de la modernización y la reconversión industrial.

La industrialización tardía, el modelo sustitutivo que orienta la producción de bienes hacia el mercado interno, y la protección excesiva, son la causa de la desarticulación histórica entre desarrollo industrial y comercio exterior. Es claro que la única vía para equilibrar esta situación es la realización de un esfuerzo gigantesco en las exportaciones industriales, con el fin de cubrir con estas, buena parte de, nuestras importaciones manufactureras.

Este reto significa poder ser capaces de impulsar nuestro crecimiento sin permanecer sumergidos en nuestro mercado interno y desarrollar nuestras exportaciones sin que lo paguemos con una recesión interior. Es en razón misma de nuestras insuficiencias que debemos reforzar nuestro comercio exterior, evitando las posturas extremas de una liberalización a ultranza y la de un proteccionismo a cualquier costo. Rechazando el falso dilema de mercado interno contra mercado externo.

Una industria fuerte es necesaria para mejorar las oportunidades de empleo. Las ganancias en productividad, la competitividad y el grado de crecimiento se traducen en un aumento en el volumen de los empleos industriales. Contra la creencia generalizada, la modernización industrial puede muy bien conciliarse con la generación de empleos.

Si las empresas grandes, en la coyuntura actual, tienen pocas perspectivas de creación directa de empleos, los múltiples servicios asociados y la pequeña y mediana industria integrada constituyen una fuente real de generación de empleos.

Avanzar en este sentido representa el poder llevar a cabo el cambio de la estructura industrial actual hacia otra más eficiente y competitiva mediante la modernización del aparato productivo. Esto significa incorporar tecnologías nuevas y de punta, principalmente en las industrias básicas de transformación.

En realidad, la industrialización sustitutiva tal como fue concebida y aplicada nos ha mantenido alejados de las evoluciones tecnológicas y ha provocado que el sector de bienes de capital se encuentre fuera de nuestras posibilidades de corto plazo.

Dentro de la nueva estrategia de industrialización se pretenden conjuntar los esfuerzos para dar un impulso a la totalidad de la industria nacional integrada por la gran industria , la industria paraestatal, la pequeña y mediana industria y las industrias del sector social. La promoción a la empresa privada grande nacional debe de traducirse en una participación más dinámica en la actividad industrial y el comercio exterior.

Para ello, será necesario utilizar intensivamente su capacidad instalada y extender su participación a áreas industriales prioritarias con el fin de obtener mayores ventajas técnico-económicas asociadas a su tamaño, montos de inversiones y forma de financiamiento.

En el caso de la industria privada de bienes de capital, es necesario otorgar un financiamiento a plazos especiales según el periodo de maduración de la inversión, de la tecnología que actualmente se importa, de la utilización de mano de obra altamente calificada y de contratos de demanda anticipada, lo cual favorecerá el aprovechamiento de economías de escala que les permita ser competitivas en costos.

Asimismo, con el fin de impulsar una mejor organización industrial es necesario consolidar y fomentar mayores niveles de subcontratación entre empresas de diferente tamaño. Eso, evitara la duplicidad de inversiones y los costos excesivos, tratando de lograr, al mismo tiempo, el desarrollo de plantas que aprovechen plenamente las economías de escala que permite la tecnología moderna.

Para el sector industrial paraestatal, se deberá intensificar el proceso de reconversión, revisando inversiones, readecuando el tamaño de las plantas y reduciendo subsidios. Continuar con el proceso de liquidación, fusión o venta de entidades en donde la participación del sector público no es prioritaria, ni estratégica. Realizar inversiones en áreas específicas tales como la fabricación de locomotoras, vagones de ferrocarril, modernización de la industria azucarera, producción de turbogeneradores, hidro generadores y grandes motores de diesel, entre otras.

Por otra parte, con el propósito de consolidar la articulación industrial se debe procurar que la gran industria paraestatal canalice un importante porcentaje de sus compras hacia la pequeña y mediana industria; asimismo, que el sector energético aproveche la vinculación productiva que existe entre las diversas empresas públicas para apoyar la planta productiva y el empleo.


La pequeña y mediana industria (PMI) juega un papel preponderante dentro del proceso industrializador dado que participa con el mayor número de empresas, ocupa más de la mitad de la mano de obra y contribuye con una parte sustancial de bienes desempeñando una función estratégica en el desarrollo regional.

Por estas razones, la pequeña y mediana industria requiere de un apoyo sustancial, especialmente frente al nuevo esquema representado por el eventual ingreso de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT).

Estos apoyos deberán incluir, entre otros, créditos blandos acompañados de programas específicos de asistencia técnica. Asimismo, será necesario estimular la participación de la PMI como proveedora de los grandes proyectos nacionales para lograr así una articulación vertical y horizontal más eficiente, que les permita a la vez un desarrollo tecnológico mayor.

En lo que respecta a la industria del sector social, es necesario incrementar su participación en los procesos productivos y distributivos, a fin de aprovechar todas sus potencialidades.

Se debe, también, fortalecer su presencia sobre bases más sólidas. Para ello, los criterios de rentabilidad económica y social deberán regir el funcionamiento de estas empresas.

Es un hecho conocido que, dentro de nuestro sistema de economía mixta, la industria del sector social cumple una función de particular relevancia, especialmente en la producción de bienes básicos y en las actividades agroindustriales, áreas en las que se debe de fomentar su participación más activa mediante una política adecuada de apoyo.

Seguramente, no faltara por ahí quien dijera que a este escribidor le salió lo nostálgico, lo cual está alejado de la realidad.

Decidimos reproducir este texto de hace casi treinta y dos años simplemente para exponer como entonces había un sentido de que sí deberíamos de prepararnos para lo que irremediablemente vendría, pero a partir de tener una base de sustentación doméstica, al menos en el caso del área industrial, que nos permitiera crecer y desarrollarnos.

Sin embargo, en cuanto nos llegó la globalización la abrumadora mayoría de nuestros hombres de negocios optó por vender sus haberes y poco a poco nos fuimos quedando con un número escaso de establecimientos pertenecientes a nativos. Hoy, hasta las empresas generadoras de los productos más identificados con el sentir nacional son propiedad de extranjeros.

Ante ello, las estrategias se definen, en materia industrial, en función de los intereses de otros lados y aquí terminamos convertidos en un en país maquilador viviendo bajo el espejismo de que exportamos muchísimo y tenemos empleos.

En ese mismo contexto, la pequeña y mediana industria mexicana, se convirtió en marginal y jamás fuimos capaces de armar las cadenas productivas fuertemente generadoras de insumos y proveedoras de mano de obra. La industria paraestatal desapareció. No solamente aquella en la que el gobierno no tenía nada que hacer, sino también la estratégica y fundamental para apalancar el crecimiento y el desarrollo.

Bajo la falacia de que por ser propiedad del gobierno aquello no podía ser rentable, se fueron cerrando o vendiendo fuentes de empleo y así hasta llegar al punto que, por carencia de inversión, la única alternativa fue aceptar ser socio minoritario para poder seguir operando. De las empresas del sector social, ni quien las recuerde, eso en los tiempos globalizadores era un pecado capital y desaparecieron. Hoy, hablar de economía mixta es un concepto teórico, la participación del estado en la economía es cada vez menor o prácticamente ya no existe, ha dejado de ser un contrapeso y los intereses de los grandes capitales lo zarandean como les da la gana. Hoy, andamos renegociando un tratado comercial en condiciones muy limitadas y es dar pena ajena la postura que observamos, en los de aquí, especialmente entre los miembros del sector privado, cuando EU y Canadá demandan que se deben de incrementar los salarios en nuestro país. Sabemos que esto no puede ocurrir mediante actos mágicos, sino vía incrementos en la productividad, lo cual lleva tiempo, cuesta dinero, pero nadie quiere adoptar esta vía.

Toda nuestra vida, al fin fronterizos, hemos estado convencidos de la importancia que tiene la interrelación con otras naciones. Cuando llegaron los tiempos de la apertura y la firma del TLC, estuvimos convencidos de que eran positivos. Sin embargo, en nuestra opinión, ello debería de hacerse bajo la perspectiva de poner por delante los intereses del país y que ambas situaciones eran una oportunidad para superar limitantes, corregir errores y mirar hacia el futuro en busca del crecimiento y desarrollo económico. Sin embargo, nos abrimos sin ton ni son, cuanto se podía vender lo mercaron, creyeron que la consolidación industrial se lograba de arriba hacia abajo y desaparecieron toda la base de sustentación productiva nacional.

Hoy, cuando en otras latitudes anteponen sus intereses nacionales a los globales, nos traen, como dijera aquel cronista boxístico, “de pilar a poste,” y se muestran los resultados de habernos olvidado de que modernizarnos, globalizarnos, o como quiera usted llamarlo, no estaba reñido con el diseño de una estrategia industrial en función de los intereses de nuestro país, algo en lo cual debieron de haber ido juntos el sector productivo y el sector público.

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Añadido (1): El par de ciudadanos que aparecen al centro de la fotografía adjunta a la columna “Solo para Iniciados” escrita por el periodista Juan Bustillos, titulada “Santiago el mentiroso y políticos y periodistas mala leche” (
http://www.impacto.mx, 26-X-2107), son un ejemplo de cómo una impresión grafica expresa más que un millón de palabras. O, como dijeran los creyentes, “Dios los hace y ellos se juntan.” Alla, por los rumbos cercanos a nuestro pueblo, tienen pruebas fehacientes para comprobarlo.

Añadido (2) Lo que son las coincidencias, la serie final número setenta y tres, porque mundiales solamente se han jugado cuarenta, la disputan dos equipos excelentes que representan ciudades en cuya vecindad acaecieron desastres naturales en el pasado reciente.

Añadido (3) La cereza que le faltaba al pastel del otrora adalid de la lucha por la libertad de expresión, hoy convertida en bastión de la irracionalidad izquierdista. Ahora, la Universidad de California-Berkeley agregó a sus blasones el del antisemitismo. O, en términos llanos, diríamos que se mueve entre la filosofía del carnicero de Georgia y la de la bestia austriaca. Como dijera el hombre de campo, “chulada de ‘mais’ prieto…”

Añadido (4) Para quienes arguyen que los EU van camino al aislamiento y no acaban de percatarse de lo que sucede, les recomendamos un par de libros: “The Tragedy of American Diplomacy” escrito por William Appleman Williams (1959) y “American Business and Foreign Policy: 1920-1933” de Joan Hoff Wilson (1973).
21 Octubre 2017 04:00:00
Remembranzas sobre el suroeste mexicano: Oaxaca y otras cosas / y B
Como lo mencionamos en la colaboración anterior, en esta ocasión abordaremos las remembranzas que aquel funcionario, del ayer, servidor del Estado Mexicano tiene sobre el estado de Oaxaca.

Trascurría la segunda mitad de la última década del siglo XX. Aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano, acompañado por uno de sus dos colaboradores más cercanos y quien representaba a la entidad federal en el estado, se habían pasado todo el día recorriendo la costa oaxaqueña por los rumbos de Puerto Ángel y Puerto Escondido. Ahí, se entrevistaron con quienes se dedicaban a la actividad relacionada con un sector que nada tenía que ver con el glamur, pero si con una actividad muy demandante y no necesariamente igual de remunerativa.

Para cuando se percataron ya los había agarrado la noche y entre el trajín llevaban varias horas desde que habían probado el ultimo alimento. La jornada aún no terminaba, al día siguiente deberían de estar en un evento en Oaxaca ciudad capital. Tras encontrar por un sitio en donde mitigar el hambre, tomaron carretera. Era la medianoche y solamente conociendo el camino podía conducirse un vehículo por esos rumbos. Aquello parecía campo minado, esquivar los hoyancos o caer en uno de ellos mantenía despierto tanto al conductor como sus acompañantes. Durante el trayecto, aquel funcionario servidor del Estado Mexicano habría de pasarse el tiempo cuestionándose qué clase de gobierno estaba haciendo el entonces mandatario estatal. Llegaron a Oaxaca capital ya en la madrugada y batallaron un rato para encontrar alojamiento. Con pocas horas de sueño allá van al evento, pero antes debería de dar una versión sintética a su superior jerárquico inmediato de lo que había observado.

Y llegaron la reunión presidida por el gobernador alguien a quien el funcionario servidor del Estado Mexicano había conocido en una época en donde ambos eran damnificados del primer golpe modernizador. Hagamos una pausa para recordar esos tiempos. Dado que entonces ambos pertenecían al mismo grupo político-burocrático, pues fueron a terminar armando, junto con varios más, un suplemento de política económica que se publicaba en la revista, hoy desaparecida, Tiempo. Vaya contrasentido, la temática de ese suplemento era explicar el cambio que ya se instrumentaba en materia económica. Aparte de los aludidos, había otros escribanos quienes pertenecían a todas las corrientes políticas y hoy algunos buscan evitar que los identifiquen como tales pues quedaría en entredicho la banderita con que han navegado a lo largo de su vida.

Aquello empezaba entre penurias y al principio, ni oficina tenían. En una ocasión, al ser literalmente echados del sitio en donde armaban el suplemento referido, no les quedo sino archivar, bueno es una forma de decirlo, en cajas de cartón los documentos y meterlos en una vagoneta propiedad de quien después sería gobernador. Por razones que nunca supo aquel funcionario servidor del Estado Mexicano, ellos dos más un trío de personas más, acabaron en una sala de juntas ubicada en Palacio Nacional, la cual lucia unos cortinajes de color rojo carmesí que hubieran provocado la envidia de cualquier Salón Fru Fru. Ante ese entorno, corta fue la estancia en lugar tan deprimente, agarraron “liachos” y volvieron a subir las cajas a la vagoneta y ahí van por la ciudad. Quien después sería funcionario al servicio del Estado mexicano le hizo la broma al futuro gobernador oaxaqueño diciéndole que seguramente ya se sentía igual que su paisano el Estadista cuando cargaba los archivos de la nación por los desiertos del norte. Al día siguiente, acordaron encontrarse en un edificio ubicado por avenida Reforma. El inmueble estaba bastante alejado de cualquier lujo y/o comodidad, lucía esplendorosamente los estragos del sismo de 1985 con la consabida cuarteadura a mitad de la pared, pero no había más y ahí, apiñados alrededor de un par de mesas rectangulares, los diez escribanos que componían el equipo de trabajo, desarrollarían sus labores hasta que se movieron a unas oficinas cercanas al edificio en donde se ubicaba la sociedad mexicana de siquiatría, eso fue coincidencia, no vaya a creer usted lector amable que era por sí alguno necesitaba ayuda de ese tipo, bueno eso creemos. Tras de varios meses, un día el futuro gobernante anunció que dejaba aquello y retornaba a su estado para coordinar la campaña para gobernador de un líder campesino prominente. De esa campaña hay algunas anécdotas que este escribidor conoce de primera mano, pero prefiere guardarlas. Desde entonces el funcionario al servicio del Estado Mexicano, mantuvo observación a la distancia del ciudadano oaxaqueño. Hasta ese día en que acudía, como parte del grupo selecto de señores y señoras al evento que presidia su compañero antiguo de editoriales.

Al concluir el mismo, el funcionario al servicio del Estado Mexicano se acercó a saludar al mandatario oaxaqueño dirigiéndose a él por su nombre obteniendo una respuesta similar. Tras un intercambio breve de impresiones, el gobernante de Oaxaca voltea hacia su derecha y al localizar al funcionario federal de más alto rango, amigo del gobernador y que encabezaba el grupo visitante, literalmente, le grita mencionándolo su nombre, mientras tomaba por el hombro al funcionario al servicio del Estado Mexicano, y le dijo: “…te trajiste a lo mejor…” La respuesta fue un elocuente siiii… Al escuchar aquello, el funcionario al servicio del Estado Mexicano recordó inmediatamente lo aprendido durante las charlas con su padre, y así sucedió. A partir de ahí, ya no fue convocado a los otros dos eventos que faltaban, ni mucho menos a la comida que se realizaría al final de la gira de trabajo. Todo eso fue coincidencia pura. Aquello en nada afectó su actuar futuro, sabía que eran gajes del oficio y ni modo de que fuera a borrar lo impreso en su ADN, la lealtad-la honestidad-la capacidad de trabajo-aquello que no se vende en las farmacias. Y en ese contexto, continuó desarrollando sus labores que constantemente tenían que ver con Oaxaca.

Tiempo después, habría de acudir a un evento que presidia el sucesor de su antiguo compañero de escribanías. A regañadientes, eran los tiempos en que ya no tenía futuro, pero ante todo estaba la institucionalidad y enmarcada en ello asistió. Durante la reunión habría de exponer la estrategia sobre como implantar medidas de seguridad en el desarrollo de la actividad. No obstante la fama de aquel gobernador, caracterizado por su rudeza, profesó un trato amable y cordial a aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano quien vivía, profesionalmente hablando, tiempo prestado en ese sector al que en el pasado había servido intensamente.

En ese tenor, fueron las reuniones diversas que en varias ocasiones sostuvo con diputados federales representantes de la entidad. En los tiempos de no futuro, le encargaron que atendiera varias veces a uno de ellos quien, en el marco de sus aspiraciones para convertirse en candidato a la gubernatura oaxaqueña, gestionaba acciones diversas para los grupos varios que buscaban mejorar sus condiciones de vida. Ha de resaltarse que aquellas propuestas iban más allá de la actividad primaria pura. No obstante, lo positivo de su encomienda, era muy difícil apoyarlo pues los obstáculos venían de más arriba y no necesariamente iban dirigidos hacia él.

Muchas fueron las ocasiones en que el funcionario al servicio del Estado Mexicano visitó Salina Cruz y, en compañía del representante del sector a nivel federal, recorriera el muelle. Eso era una caminata que debía de hacerse con sumo cuidado, las condiciones eran deplorables. De no poder atención podía acabarse introduciendo el pie en alguno de los hoyos o bien caminar sobre algún tablón mal colocado y arrimarse santo porrazo. Asimismo, observaban con tristeza el panorama en los alrededores. A la salida del muelle, sobre un terreno sin pavimentar, había un corredor en donde un grupo de mujeres mercaban sus productos en condiciones que no podía decirse cumplieran con las normas más estrictas. Sobre la ciudad mencionada en el renglón primero del párrafo, parecía encontrarse en construcción perene y al polvo que se levantaba de las calles, se agregaba un clima cálido al extremo. Todo ello, no impedía que cuando de yantar se trataba, las cosas cambiaran acompañadas por el trato amable de los lugareños.

Con varios de ellos era común que se reunieran en la localidad o en su oficina en la Ciudad de México para tratar asuntos de trabajo. La mayor parte de ellos eran representantes del sector social pertenecientes al área en donde desarrollaba sus actividades. Decir que aquello fue todo armonía seria mentir.

Al principio, en ocasiones, se daban discrepancias y el funcionario al servicio del Estado Mexicano tenía que hacer uso de toda su capacidad negociadora para lograr acuerdos. Pero aquello evolucionó y el trato institucional terminó por ser cordial. Tiempo después, uno de los lideres gustaba de recordar, entre carcajadas, la anécdota de cuando el funcionario al servicio del Estado Mexicano había puesto como “lazo de puerco”, ante más de doscientos representantes sociales de todo el país, a un esbirro de un gobernador del noroeste mexicano quien al terminar su gestión acabó en la cárcel. En igual forma, le contaban anécdotas de cómo llegó a Oaxaca tal o cual personaje, ya para entonces encumbrados y preclaros representantes de la actividad a nivel nacional. Pero no todos adoptaban esa situación para compartir información. Existía por ahí un líder quien, poseedor de características peculiares, representaba a una de las etnias existentes en Oaxaca. Sobre las situaciones que el funcionario al servicio del Estado Mexicano enfrentó, comentaremos a continuación.

En cuanto le anunciaban que aquel líder solicitaba audiencia, el funcionario ya sabía que era necesario armarse de paciencia y tener un arsenal de respuestas a la mano. Pronto, por el umbral de la puerta de la oficina asomaba la figura rolliza, acompañada de un andar y hablar cansino, a más de un trio que lo escoltaba. Tras de los prolegómenos de rigor, entraban al tema que usualmente implicaba queja por la falta de atención a tal o cual pedimento. Y entre que se exponía la problemática y se le daba respuesta trascurría un buen rato. Finalmente, se lograba un acuerdo que era sellado con un apretón de manos que servía como preámbulo de la despedida. El funcionario quedaba satisfecho pues había resuelto un problema. Sin embargo, no trascurrían ni cinco minutos cuando llegaba uno de sus colaboradores agitado y alarmado. Al verlo, le pedía que tomara asiento y le explicara que pasaba. Lo primero que escuchaba era: “Pues que le hiciste a, aquí pronunciaba el nombre del líder que recién había abandonado la oficina, salió echando pestes y dijo que te iba a acusar con…” quien era la autoridad máxima en el sector. Y así era cada vez que tenía una entrevista con el líder de aquella etnia. Pero aún le faltaba un capítulo final.

Sin recordar las fechas, pero ya en el siglo XXI, el funcionario al servicio del Gobierno mexicano se encontró a la orilla de un embarcadero en donde con varios más habrían de iniciar una gira por las siete áreas ubicadas por San Dionisio del Mar, San Francisco del Mar, San Mateo del Mar, Santa María del Mar, en donde moraban las casi 18 mil personas que pertenecían a esa etnia. El objetivo era conocer de primera mano la situación y discutir acerca de los proyectos productivos que podían generarse para permitirles mejorar sus condiciones de vida. Durante todo el día, el grupo, anduvo trepado en una lancha con motor fuera de borda, no había otro medio de acceder a esos lugares. Cuando retornaban por la noche, aquel funcionario venía reflexionando sobre todo lo que había visto. El desarrollo o el crecimiento económico no habían llegado de visita por aquellos rumbos. Los moradores de la zona visitada realmente hacían milagros para poder realizar su actividad. Ahora entendía muchas cosas, inclusive la actitud de aquel líder reacio a aceptar como ciertas las promesas o acuerdos logrados. Poco les habían cumplido. Y en ese entorno, ya en tierra firme y en camino de regreso, llegaron a dejar en su casa al líder quien, al momento de arribar, invitó al representante del Gobierno federal en la entidad y al funcionario al servicio del Estado Mexicano a que pasaran a su casa a tomarse un vaso de agua fresca. Eso tenía un significado y así lo entendió este último. Al despedirse, el líder y el funcionario lo hicieron mediante un abrazo. Desafortunadamente poco se pudo hacer ya, no hubo tiempo para concretar el apoyo.

Pero de Oaxaca, se quedó con el recuerdo grato del trato amable recibido por su gente, a pesar de discrepancias normales en esas situaciones. Plasmado lleva el recuerdo de Oaxaca capital con los aromas de sus comidas y las caminatas placenteras por sus calles y visitas a edificios. Sin embargo, lo que no puede olvidar es que a un buen número no les había llegado, ni pareciera que lo ha hecho, la visita de opciones que les permitan salir de su situación económica precaria. Después de aquel recorrido, poco fue el tiempo en el funcionario al servicio del Estado Mexicano continuó sirviéndole a su patria en ese sector.

Llegó lo que desde tiempo atrás había estado mencionándole a su superior jerárquico burocrático que habría de suceder. Ante ello, ni asistió a funerales disfrazados de jolgorio, ni “centaveó” su salida, ni anduvo en busca de pagos por favores otorgados en el ayer, ni mucho menos iba a andar tasando lealtades, simplemente se retiró del sector. Era un funcionario al servicio del Estado Mexicano formado en la escuela antigua de la institucionalidad. Todo aquello había terminado un viernes 19 de septiembre de…

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Añadido (1) De pronto en la cloaca hollywodense, y en el medio artístico fílmico en general, todos quieren aparecer como impolutos. El fulano de ahora no es el único, ni mucho menos con él iniciaron esas “pruebas de talento.” Tanto en el cine como en la televisión glorifican las miasmas de la sociedad y después quieren venderse como los guardianes del sepulcro santo.

Añadido (2) Durante cerca de cinco años ha pauperizado y destruido la ciudad.

Ahora, tomando como excusa el sismo, demanda que le den más dinero para reconstruir lo que, aquellos a quien benefició edificaron sin cumplir las regulaciones vigentes. ¿Por qué hasta ahora no hay nadie sujeto a proceso penal como responsable de la porquería de construcciones que se erigieron con la autorización del gobierno de la ciudad?

Añadido (3) En las voces de sus propios militantes nos vamos enterando de que un partido con colores santificados, otrora de la gente decente, hoy está conformado por “pus”, “elitistas”, “manzanas podridas”, “traidores”, “incumplidores de promesas”, “carentes de palabra de honor”, “misóginos”, “nazis”, “populistas”, “borrachos”, “antidemócratas”, “divisionistas”, “imbéciles”, etc. Quién iba a pensar que, detrás de esos bien portados con caras mustias, se escondían seres con tantas virtudes que, decían ellos, solamente podían encontrarse entre miembros de otros institutos políticos. ¿Será eso por lo que no tienen problema para cambiar de camiseta?

Añadido (4) Como música celestial sonó en los oídos de los maxhincados escuchar las palabras del historiador de origen francés, Jean Meyer, ¿será su vocero?, quien apuntó: “…México necesitaría ahora un fenómeno comparable como el que acaba de vivir Francia, es decir, un Emmanuel Macron…” a lo cual agregaríamos, para que en tres meses se gaste 26 mil euros en maquillaje y quede demostrado que todo es cosmético.
14 Octubre 2017 04:00:00
Remembranzas sobre el suroeste mexicano: Chiapas / A
Ha trascurrido un mes y una semana desde que un sismo azotara Chiapas y Oaxaca. Pareciera como si se hiciera el gran descubrimiento de que en dichas entidades se padece de la escasez de todo y que los niveles de pobreza son aberrantes y vergonzantes. Ello llevo a que aquel funcionario, del ayer, al servicio del Estado Mexicano recordara cuando recorría buena parte de la geografía de ambas entidades. De cómo recuerda Oaxaca nos ocuparemos la semana próxima. En esta ocasión abordaremos sus remembranzas de Chiapas.

Eran los inicios del año que marcaba la mitad de la última década del siglo XX. Chiapas vivía la charlotada de los zapatistas, aprovechada por algunos para envalentonarse y tratar de sacar raja. Muy común era encontrar que cuando algo no gustaba, a un grupo o individuo, inmediatamente aparecía el valentón que clamaba: “Entonces quieren que vayamos a juntarnos con los zapatistas…” Eso no pasaba de amenazas ya que tontos no eran, además de que su actividad la desarrollaban en terrenos diferentes. Sin embargo, las acciones de las autoridades del pasado no los había dejado muy satisfechos y tenían rencores acumulados. Ante ello, los dos responsables de un sector específico, en conjunción jerárquica, idearon una estrategia para desfogar la presión y evitar cualquier chispazo que encendiera la yesca. El método era simple, había que reunirse con los grupos diversos y abrir el dialogo. Sin embargo, para tener éxito requería proveerse de piel bien dura y una paciencia a prueba de todo. Durante las primeras sesiones, se rondaron los linderos de una batahola, no en contra de los funcionarios sino entre los grupos. A pesar de tener muchísimos años desarrollando actividades conjuntamente, no eran capaces de hacer a un lado
rivalidades añejas.

En esas reuniones, que por razones de seguridad y estrategia se realizaban en la ciudad de México, no era difícil percatarse del daño que a través de los años habían causado los grupos religiosos que, en afán de ganar adeptos, fomentaban el divisionismo entre los pueblos y, lejos de buscar cómo trabajar conjuntamente para mejorar las condiciones de vida, acrecentaban el odio derivado de obtener ventajas a como diera lugar. Las cosas llegaban a un grado tal que cuando eran convocados al dialogo con las autoridades, era común escuchar frases como “Mi Dios es más fuerte que el tuyo…” y bajo esa premisa, en medio de palabras altisonantes, aquello llegaba a las amenazas de muerte. Hemos de precisar que no se trataba de que militantes del islam estuvieran presentes, los asistentes practicaban devotamente el cristianismo en sus acepciones diversas. Después de permitirles que soltaran exabruptos, los funcionarios gubernamentales intervenían haciéndolos volver al dialogo juicioso estrictamente sobre el sector y ver cómo podían encontrarse soluciones a algún problema específico, empezando por la convivencia entre las partes, sin la cual no era factible avanzar. Bajo la premisa de que el estado no actuaría como nodriza y que los tiempos de la entrega de dinero a fondo perdido habían pasado, se buscaba instrumentar programas generadores de riqueza que los sacara de aquel marasmo. En ello iba implícito “empezar por el principio”.

Aquello partía de poner en orden a las organizaciones cooperativas que participaban en la actividad. Implicaba revisar la organización para que estuviera constituida conforme a la ley, conocer cuál era su zona de operación, inclusive determinar claramente su padrón de socios y cuáles eran los haberes de la organización. La labor no era fácil y mucho quedaba por hacer. Con todo ello, poco a poco el tenor de las reuniones fue cambiando. No habían trascurrido aun los dos años cuando el trabajo de los dos responsables del sector, apoyados a nivel de tropa por las acciones de aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano quien, con sus dos colaboradores más cercanos y el resto del grupo, realizaban una labor titánica para poner en orden desde el punto de vista legal y administrativo a las agrupaciones, en esto los apoyaba el encargado de los asuntos de la capacitación para la organización. Todo eso permitió revertir lo que antes era desorden y luchas estériles en entidades que económica y legalmente estaban en posibilidades de concretar un logro mayor para el futuro de dichas organizaciones. Sin embargo, una dificultad surgió.

A lo largo de los años, uno de los problemas que impidió el desarrollo de las organizaciones sociales fue la aparición de líderes quienes, lejos de servir como impulsores de cambio, buscaban ante todo hacer prevalecer sus intereses personales o tomar la ocasión para exhibir que eran más poderosos que su contraparte. En ese contexto, llegó la mitad de diciembre de 1997, con toda la documentación en regla, los estudios que proveían el soporte técnico para el aprovechamiento del recurso, así como los análisis económicos-financieros que sustentaban la viabilidad de la actividad a largo plazo de 21 organizaciones ubicadas en las áreas pertenecientes a los municipios de Tonalá, Pijijiapan y Mapastepec, estaban en una situación envidiable. Tenían la posibilidad de acceder a concesiones que les permitirían operar por un periodo de 20 años, lo cual implicaba planear a largo plazo para consolidar su actividad. Sin embargo, dado que los grupos pertenecían a dos federaciones distintas, los líderes de ambas tenían una disputa sobre una agrupación en específico. Con el fin de solucionar aquello fue enviado aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano, con el apoyo del encargado de los asuntos de capacitación, a negociar con el par de necios, de alguna manera hay que calificarlos, quienes ponían en riesgo el futuro de más de dos mil personas y las familias que de ellos dependían. Entre el 15 y el 18 de diciembre, las reuniones se sucedían una tras otra. Varias veces estuvieron a punto de lograr un acuerdo, especialmente cuando dialogaban en lo individual con los representantes de cada cooperativa. Pero en cuanto se aparecía el personaje rollizo que encabezaba a una de las federaciones cambiaban su postura, igual sucedía con el otro bando encabezado por un protagonista de corta alzada pero astuto lo suficiente para controlar a sus grupos. Ni que decir cuando los dos ciudadanos se enfrascaban en un dialogo intenso. Mientras tanto, hasta esas reuniones llegaban noticias de que el nuncio apostólico recorría la entidad con fines espirituales, bueno, eso decían. Finalmente, el día 18, con la frustración a cuestas, aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano estimó que las reuniones no iban a ninguna parte y así se lo comunicó a su superior jerárquico en la escala burocrática quien lo autorizó a regresar a la Ciudad de México. Con el ánimo por los suelos, aun le quedaba rendir cuentas más arriba y lo mandaron llamar. Expuso todo tal cual, al tiempo que reiteró que todos los documentos estaban listos, consciente de no él quien tenía atribuciones para tomar la decisión final que en esos momentos se movía entre un acto de autoridad y una disposición política. En primera instancia, la decisión era aplazar aquello y dejar correr el tiempo. Sin embargo, quienes tomaban las decisiones conferenciaron a lo largo del día y de pronto, ya entrada la tarde, lo mandan llamar y le dicen “ten todo listo, nos vamos mañana a entregar las concesiones”. Al día siguiente, temprano, aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano iba volando, acompañando a los responsables del sector, rumbo a Tuxtla Gutiérrez, estaba ahí porque de él era la responsabilidad administrativa-operativa en primera instancia y si algún problema surgía debía de aclararlo. Además, había logrado en base a trabajo-honestidad-lealtad y algo más que no se surte en las farmacias, quitarse el sambenito que portaba un año atrás producto de las intrigas de una personita. Entonces no confiaban ni tan siquiera que fuera capaz de arribar a tiempo a tomar el vuelo, mucho menos dejar bajo su custodia los documentos que se entregarían en un acto similar al que iba a participar.

Al llegar, visitaron la casa de gobierno para la salutación respectiva al ocupante en turno. Ahí, se enteraron de que el religioso ya se iba después de cumplir con su misión espiritual (¡!). Posteriormente, fueron al Palacio de Gobierno para efectuar el acto de entrega, al cual no asistió el mandatario estatal pues tenía un compromiso trascendental que cubrir, acudía a un bautismo. A la entrega de las concesiones concurrieron los líderes de cada cooperativa y varios de sus agremiados. De los líderes de las dos Federaciones, solamente el de poca alzada estaba ahí, mientras que el otro con su humanidad rolliza prefirió hacer mutis, mismo que no fue compartido por sus agremiados. Y aquello fue una fiesta, los beneficiarios salieron de ahí repartiendo abrazos y por los veinte años próximos no tendrían que enfrentar periódicamente procesos burocráticos y les era factible planear a largo plazo. Lo que acontecería después en la entidad hizo crecer la dimensión de la medida tomada. Pero hubo otros eventos en los que participó el funcionario al servicio del
Estado Mexicano.

En otra ocasión, lo enviaron a Tuxtla Gutiérrez como avanzada para explorar como andaban las cosas ya que al día siguiente habría un acto al cual acudiría el gobernador y la persona con el cargo más alto en la escala burocrática del área a la cual estaba adscrito el sector, pero que no estaba directamente relacionado con este. Al abordar el avión, se encontró una sorpresa. A su lado, en la ventanilla, viajaba una dama. Era la presidenta del partido de izquierda quien, extrañamente, viajaba en clase económica. Sin embargo, aquello no le iba a quitar su alcurnia. Durante todo el viaje, no se dignó dirigir ni tan siquiera el saludo a su vecino de asiento. A lo largo del traslado, se pasó estirando el cuello y con el dorso de la mano se daba palmaditas debajo de la barbilla, excepto cuando era abordada por uno de sus ayudantes quien ocupaba un asiento en la fila de adelante. Pero faltaba lo más gracioso. Por la tarde-noche el funcionario al servicio del Estado Mexicano, portando una guayabera, pieza que pocas veces vestía, baja al lobby del hotel. Eso no tendría nada de extraordinario, excepto que ahí estaba el asistente de la dama mencionada antes. Por poco y los ojos de aquella persona abandonan sus órbitas, seguramente pensó que se trataba de algún agente encubierto que la vigilaba. De haber podido, el blanco de la mirada tan espantada hubiera soltado una carcajada estruendosa, pero se abstuvo. Al día siguiente, acudió al acto aludido arriba.

Otra vez, por los rumbos de Tapachula, realizaba una visita de trabajo junto con quien representaba al sector en dicha zona y el responsable del área de organización. Sin recordar los motivos, acabaron visitando una plantación de mangos. Un espectáculo para no olvidarse. Era alrededor del mediodía, el sol caía inmisericorde, los árboles estaban cargados de fruta, a la par que sobre el piso miles de mangos se pudrían mientras, bajo la sombra, colgaba una hamaca en donde sobresalía una protuberancia, era el estómago del encargado quien plácidamente tomaba un descanso. Cuando se le cuestionó si podía venderles la fruta, respondió con pereza y se incorporó para ir a cortar lo solicitado. Todo un ejemplo del esfuerzo mínimo. Pero volvamos a los avatares de las responsabilidades.

Había un líder de otro grupo con quien aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano gustaba intercambiar puntos de vista. Sin embargo, en esa ocasión, no coincidieron en una perspectiva política y para acabarla al ciudadano chiapaneco le faltaba cumplir con varios requisitos por lo cual no era factible acceder a su solicitud. Eso provocó que saliera disgustado de la oficina de donde se fue a ver a un senador por su entidad A los pocos días, el funcionario al servicio del Estado Mexicano era llamado para que explicara las cosas, lo cual hizo. Sin embargo, como el senador andaba en campaña para la gubernatura pidió reunión y ni modo de que no fueran a tener presente al inculpado a quien acusaban de tenerle “mala fe” al peticionario por lo cual fue amonestado, sabía que eso sucedería, se aclararon las situaciones, pero el acusante quedó resentido. El senador sería gobernador para, posteriormente, acabar encarcelado acusado de malversación de fondos y varias cosas más.

Cuando al país le cayó la noche encima, aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano sabía que nada le quedaba por hacer en esos terrenos. Sin embargo, a pesar de no tener futuro, debería de honrar la amistad y ni modo de abandonar a su maestro-amigo a quien le encomendaron dirigiera aquel sector. De aquellos tiempos, relacionados con Chiapas, recuerda un par de eventos.

Uno de ellos, cuando acompañó a su superior jerárquico en la escala burocrática, a una reunión en Tuxtla Gutiérrez, misma que desde antes no lucía nada prometedora y hasta llegaron a temer que acabarían retenidos por los integrantes de los grupos. Aquello empezó bajo una tensión que como dicen por ahí el aire se podía cortar con un cuchillo. Aparecía una petición tras otra, demandando tal y cual cosa. Deseaban el todo o nada. Sin embargo, poco a poco, la negociación sustituyó al arrebato y el dialogo adquirió fluidez. Tras varias horas fue factible amarrar compromisos y lo que dio inicio bajo miradas fieras terminó entre abrazos de despedida y apretones de manos. Más tarde, a inicios de noviembre de 2002, junto con varios más, participó en una gira que su superior jerárquico realizaba en compañía de autoridades estatales del sector. Dado la extensión a cubrir, los traslados se realizaron en helicóptero. Cuando llegaban a Pijijiapan por poco, al aterrizar, la nave da una vuelta de campana y los dejaba a todos convertidos en estadística. Desde entonces no visita la entidad, pero pareciera que al desarrollo económico no ha sido suficiente para generar un vuelco en las condiciones de vida. De los beneficiarios de aquella decisión de 1997 nada sabe, asume que si actuaron correctamente deben de estar en proceso de renovar su logro.

Pero de Chiapas, lo que sigue vigente en aquel funcionario al servicio del Estado Mexicano es una imagen que lo impactó para siempre al observar el verde esmeralda de la vegetación dominando el paisaje, nunca ha percibido otra similar. Aun cuando está lejos de ser un fanático de la poesía, aquel servidor del Estado Mexicano cuando evoca los tiempos idos gusta de recordar los versos del poeta español, León Felipe Camino quien apuntaba: “Yo no sé muchas cosas, es verdad / Digo tan solo lo que he visto/ Y he visto:...”

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Añadido (1) Una vez más, nos acercamos por los linderos del fin del mundo vía Chile. Ahí, disfrutamos de la amabilidad y hospitalidad de nuestros amigos, la doctora en periodismo y catedrática de la Pontificia Universidad Católica de Chile, María Elena Gronemeyer Forni y el virtuoso de la música, catedrático de la Universidad de Chile y a un paso de convertirse en doctor en filosofía por la misma institución, Rolando Cori Traverso. Asimismo, fuimos objeto de atenciones por parte de los miembros de la Sociedad Chilena de Pediatría, en especial de las doctoras Lidya Cecilia del Carmen Tellerías Castillo y Teresa Alarcón Orellana. A todos, nuestro agradecimiento.

Añadido (2) De pronto quienes practican el arte del tío Lolo salen espantados porque se descubre que el deporte colegial en los EU está convertido en una cloaca. Pagos subrepticios realizados por asistentes para enganchar atletas; profesores que realizan las tareas de los alumnos para que los jugadores cubran sus créditos; desembolsos a prostitutas para que entretengan a los muchachos; casos de pederastia practicados por los entrenadores, etc. Eso sí, las autoridades universitarias, los directores de los programas atléticos y los entrenadores en jefe de cada especialidad, mientras contaban los billetes, no se percataban que a sus pies corrían ríos de inmundicia. De haberlo hecho se acababa el negocio y entonces quedaban con las manos vacías. Hoy todos están indignados y claman limpieza. Farsantes.
07 Octubre 2017 04:00:00
La definición del modelo estadounidense después de su independencia
Tras las colaboraciones previas acerca de los EU, un lector amable nos indicó que olvidamos mencionar en qué sustentaron los estadounidenses su modelo político-económico-social, mismo que siempre estuvo detrás de la defensa que el Norte realizó durante la Guerra Civil. Ante lo acertado de la reflexión, revisaremos brevemente las bases del modelo estadounidense.

Al independizarse de Inglaterra, los estadounidenses procedieron a construir un país bajo un sistema de gobierno con características distintas a las prevalecientes al otro lado del Atlántico. Los Padres Fundadores entendieron que el sistema requeriría mecanismos para continuar con las relaciones políticas, comerciales y económicas con el mundo viejo, pero deberían de ser ellos quienes dictaran los términos de ese intercambio. De acuerdo con William L. Barney en “The Passage of the Republic” (1987), al redactar la Constitución, dos eran los elementos fundamentales. Uno, como implantar tal sistema y otro que tanto debería centralizarse el poder en el gobierno federal. Para estructurar el primero era necesario responder a lo segundo. Los Fundadores consideraron básico crear una sociedad democrática. Ante ello, dieron el paso primero en la Constitución al establecer una república con un gobierno basado en la representación de la población mediante la elección de los funcionarios, pero de todos los federales solamente los miembros de la Casa de Representantes eran nombrados directamente por la gente.

John M. Murrin en “The Great Inversion or Court versus Country” (1984), apunta la percepción de Charles Beard para quien la Constitución no resolvió todos los problemas heredados de la Revolución, ni las turbulencias de los 1780, únicamente proveyó una respuesta para asegurar un gobierno a ejercerse por los capaces, los ricos y los buenos. Al respecto, Sean Wilentz en “The Rise of American Democracy: Jefferson to Lincoln” (2005), apuntó que “era un error fundamental de los estadounidenses quienes habían considerado la Revolución como completa cuando en realidad era solamente el inicio.” Esa Revolución no implicaba el uso de armas, era una lucha que involucraba ideas y conceptos acerca de cómo consolidar una república en la cual la gente pudiera mejorar su nivel de vida mientras ejercía la libertad personal. En ese debate, durante la administración de George Washington, surgirían dos grupos con percepciones diversas.

Uno, los Federalistas encabezados por Alexander Hamilton. Otro, los Republicanos comandados por Thomas Jefferson y James Madison. Esta división representó la creación del primer sistema de partidos políticos en los EU. De acuerdo con Murrin, para Hamilton una Revolución Estadounidense exitosa significaba que los EUA pudieran desarrollarse tal y como la Gran Bretaña lo hizo; generando una economía manufacturera integrada. Hamilton estaba convencido de que un gobierno republicano florecería solamente si era dirigido por una elite. La forma de diversificar la vida económica estadounidense seria impulsando el trasporte de carga y la creación de manufacturas mediante decreto. Para Jefferson y Madison, la independencia significaba permanecer diferentes, libres y más virtuosos que los británicos. Proponían un futuro nuevo dependiendo en una democracia agraria y pequeños talleres de manufacturas que reducirían la dependencia estadounidense de bienes importados.

Los Federalistas eran el partido mayoritario durante los 1790. Por ello, Hamilton lanzó una revolución financiera. Creó el Banco de los Estados Unidos, una copia del Banco de Inglaterra; implantó acciones para pagar la deuda externa e interna, lo cual concluyó en 1795; asumió las deudas estatales, generando utilidades grandes para los especuladores, pero no para los ex soldados, terratenientes o empresarios; y estableció la moneda acuñada. Todo iba bien hasta que, en 1792, uno de los colaboradores de Hamilton realizó acciones especulativas erróneas y ocurrió el primer pánico financiero. Aquello no pasó a mayores y el crecimiento económico se consolidó en los años venideros. Hamilton planeaba un modelo gubernamental estatista con fuerza para someter la disidencia, algo que los Federalistas equiparaban con deslealtad. En la jerarquía de valores políticos de los Federalistas, libertad y equidad eran subordinados del orden público y un gobierno fuerte.

Embriagados por el éxito económico logrado durante la presidencia de Washington, de quien Hamilton era su asesor principal, los federalistas, en 1798 y 1799, establecieron impuestos para financiar una guerra supuesta en contra de Francia, la cual no se materializó. Los costos de ello y los cálculos políticos erróneos serian pagados por los Federalistas en las elecciones presidenciales de 1800 cuando los votantes optaron por Jefferson quien cambió el concepto de Republicanismo de su interpretación original del siglo XVIII como oposición a la monarquía y la aristocracia para crear la versión siglo XIX como antagónico al modelo Hamiltoniano de un gobierno centralista y la prevalencia de unos cuantos involucrados en actividades manufactureras en escala grande.

De acuerdo con Wilentz, democracia significa un hecho histórico derivado de un cambio en las relaciones entre los gobernantes y los gobernados. Solamente después de un periodo largo es posible ver como la democracia y un gobierno emanado de ella emergen en una sociedad en particular mediante la organización política, en base a los principios del mercado regidos por la competencia en un contexto de intereses económicos-intelectuales-políticos. A inicios del siglo XIX, se discutía que era la democracia. Para algunos era la ley del pueblo otorgando el poder a las masas analfabetas, mientras otros estimaban era la meta ultima para gobernar una sociedad. En 1804, el político y comerciante bostoniano, George Cabot escribió que la democracia representaba el gobierno de lo peor. Posteriormente, un abogado de Boston, James Otis definió la democracia como un gobierno de todos en el cual los votos de la mayoría serán considerados como la voz de la sociedad completa en donde los gobernantes son los gobernados, Pero, no es factible entender lo que significa la democracia en los EU durante el siglo XIX sin analizarla dentro del proceso de desarrollo del Republicanismo y las fuerzas del mercado hasta años antes de que la Guerra Civil estallara.

William Barney, en “The Passage of the Republic,” (1987), indica que los puntos claves del Republicanismo en los EU eran: Propiedad, igualdad, libertad y virtud. Implícito en ellas estaba el sentido de independencia para el individuo. Propiedad significaba la adquisición de una cantidad suficiente de tierra o de habilidades artesanales y herramientas que aseguraran independencia que permitieran una existencia decente. Posesión de propiedad productiva llevaría a igualdad y libertad, permitiendo al ciudadano ser virtuoso para sacrificar su interés personal por el bien general. A esa idea, se oponía la aristocracia o
los privilegiados porque su estatus no se sustentaba en trabajo productivo.

Aunado, surgió la discusión sobre el cómo y quién debería de estar al frente del gobierno. La concepción clásica de que las personas al detentar un cargo público perseguían sus intereses propios como una fuente del bien público perdía significado. Los estadounidenses dejaban atrás la idea de que los cargos públicos eran responsabilidad de los patricios y que los desempeñaran sin cobrar sueldo. Gordon S. Wood en “The Radicalism of the American Revolution” (1993), apunta que Jefferson proveyó la mejor respuesta al dilema estableciendo que el bien público se promueve mejor mediante el esfuerzo de cada individuo buscando, a su manera, su propio bienestar. Con ello terminaba el Republicanismo clásico y nacía la democracia liberal.

A inicios del siglo XIX, apunta Sellers, el Republicanismo desarrolló un consenso de valores tan amplio que sus seguidores pudieron participar en política formando grupos diversos utilizando el mismo lenguaje. El liderazgo, lo tomaron empresarios elitistas quienes habían sido excluidos o segregados del Federalismo local. Cuatro fueron los tipos de Republicanismo. En la New England yankee, con una membresía de congregacionalistas, ministros, agricultores y comerciantes; en el Sur individualista, integrado por bautistas y metodistas, la mayoría no poseedores de esclavos; en los estados democráticos del Medio Atlántico, escoceses-irlandeses presbiterianos y alemanes luteranos; y Nacionalistas representados por las elites urbanas de financieros y comerciantes cuáqueros y episcopales. Esta división permite entender porque Jefferson y Madison tenían acepciones distintas sobre el Republicanismo. El primero veía al mercado como la fuente de corrupción para las familias estadounidenses dedicadas a la agricultura, el segundo consideraba a los agricultores como pequeños empresarios incipientes quienes se incorporarían al mercado. A pesar de ello, ambos se preocupaban por mantener la independencia de los agricultores garantizando tierra a precio bajo para una población creciente, lo cual buscaban mantener ante un posible flujo de intercambio proveniente de Europa. En ese sentido, Jefferson veía la compra de Louisiana, principio del expansionismo estadounidense, como una forma de asegurar lo primero. Sin embargo, no era suficiente para resolver el segundo problema.

Los británicos buscaban interferir con el comercio estadounidense. Ello requería una solución, de otra manera significaría que los EU perderían su capacidad para financiar la importación de bienes manufacturados con los recursos generados por la exportación de bienes agrícolas. Por ello, Jefferson implantó un embargo sobre los bienes británicos lo que generó problemas para le economía estadounidense, Wilentz indica que el trasporte de carga estadounidense se redujo en 80 por ciento causando daños a los artesanos y trabajadores en las ciudades portuarias y los agricultores aledaños. El desastre económico se evitó gracias a un superávit del tesoro federal que entre 1805 y 1807 fue de 17 millones de dólares. Sin embargo, exhibió que el modelo de Jefferson requería arreglos.

En 1809, ya como presidente, James Madison implantó medidas que asemejaban más a las de Hamilton que a las de Jefferson. Esto no era fortuito, de acuerdo con Sellers, empresarios y sus representantes controlaban el Partido Republicano y con ello el Gobierno federal. Sin embargo, el punto de quiebre en la política y economía estadounidense fue la Guerra de 1812. A pesar de no imponerse a los británicos, bastó la victoria de Andrew Jackson en la Batalla de New Orleans, en enero de 1815, para que, los EU, se sintieran victoriosos y lo convirtieran en el héroe nuevo. Sin embargo, la guerra corroboró la necesidad de un poder nacional y controles financieros centralizados, así como un ejército permanente.

Tras de ello, los Republicanos implantaron tarifas para proteger a los manufactureros pequeños. Los Republicanos Nacionalistas propusieron un programa de desarrollo capitalista apoyado por el estado y la consolidación nacional mediante un banco nacional, expansión territorial, mejoras domésticas y tarifas proteccionistas. Este programa generó una insurgencia política entre agricultores y mecánicos urbanos quienes veían amenazada su forma de vida por la revolución del mercado y quienes apoyaban el gobierno local autónomo y limitado. Sin embargo, a finales de los 1810s-inicios de los 1820, la economía estadounidense no estaba bien; el valor de las exportaciones, principalmente productos agrícolas, cayó en 41 por ciento de 1818 a 1820. Otros factores, como el pánico de 1819, que un tercio de la población fueran esclavos y el Compromiso de Missouri, sacudieron la estructura económico-política estadounidense. La predominancia del Republicanismo antiguo mostró sus limitantes cuando, en 1824, John Quincy Adams derrotó en el voto popular a Andrew Jackson, pero requirió una negociación cuestionable con las fuerzas de Henry Clark para ocupar la presidencia. Este fue el principio del fin de los partidos políticos tradicionales. En 1828, después de un gobierno desastroso de Adams, Jackson emergió como líder de un partido de masas, los Demócratas. Citando a Barney, el país entró en la búsqueda por definir lo que debería de ser la democracia. El ímpetu libertario del Republicanismo estadounidense y el deseo de ser libres del control de otros, proveyeron un impulso poderoso a las corrientes democráticas que emergieron en la sociedad durante los 1820 con la aparición de la cultura política de masas, la expansión de los derechos de voto para los hombres blancos y la apertura de oportunidades económicas para los individuos.

Como presidente, Jackson ejerció sus poderes constitucionales hasta el límite. Uno ejemplo fue la desaparición del Segundo Banco de los EU y el otro, la Invalidación (“Nullification”). Este fue el primer intento de Carolina del Sur por rebelarse ante la Unión. Arguia que un estado podía, dentro de sus fronteras, declarar nula una ley federal. Aprobación previa del Congreso, Jackson utilizó la fuerza militar y terminó con la Invalidación. En base a ello, Jackson redefinió la presidencia como la única oficina federal representado a todo el pueblo. De acuerdo con Wilentz, el Jacksonismo se desarrolló como un ejemplo de los miedos y las expresiones de los productores y productores pequeños amenazados por la comercialización, así como los votantes en áreas distantes no integrados dentro de la revolución del mercado. Esta transformó una sociedad agraria autosuficiente en una sociedad industrial de empleados asalariados. Actuó como un agente de cambio, ofreciendo la libertad de competir y elevar el nivel de vida, pero a la vez quitó la independencia económica y el auto empleo. Asimismo, desarrolló el transporte, especialmente los botes de vapor, canales, ferrocarriles lo que permitió mover más rápido a la gente y los bienes en una era en donde la expansión territorial se incrementaba. Surgía un nuevo tipo de sociedad, la actividad interregional se convirtió en el foco principal de la actividad económica. Esto tuvo impactos sociales como la separación de familias, problemas de herencias, emigración hacia el oeste, énfasis en el trabajo en factorías y el incremento en la agricultura de arrendamiento. Después de 1840, surgieron dos EU. Uno, el Norte del capitalismo libre con una ideología social que pugnaba el desarrollo progresivo de individuos libres que buscaban mejorar su situación mediante el acceso a un beneficio económico. El otro, el Sur esclavista apagado a los códigos culturales de honor del hombre blanco que sustentaban la base ideológica de la “democracia” de los esclavistas. Lo que suscitó la Guerra Civil fueron las interpretaciones diversas que uno y otro tenía respecto a los cambios en el mercado. Al final, el resultado de ese conflicto permitió preservar la Unión y sentó las bases del desarrollo económico futuro. Sin embargo, alcanzar la democracia plena requeriría el paso de varias generaciones.

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30 Septiembre 2017 04:00:00
Los progresistas y la elección de 1912 en los EUA
En medio de la prosperidad y avances que vivían los estadounidenses durante la llamada “Gilded Age,” como lo mencionamos en la colaboración anterior, se daban desigualdades grandes. En ese contexto, miembros de las clases media y alta empezaron a desarrollar un movimiento reformista cuyo fin era de subsanar esas desigualdades, así como mejorar las condiciones de vida de los desposeídos en las ciudades. Este movimiento fue llamado en los EUA, “Progressivism,” o en español Progresismo. Sobre esto y su impacto en las elecciones presidenciales estadounidenses de 1912,
comentaremos a continuación.

A finales del siglo XIX, inicios del XX, factores diversos afectaban a los EUA. Eran la oleada de inmigrantes; el crecimiento, sin regulaciones, de los negocios; un descontento laboral creciente; corrupción e ineficiencia en el gobierno; y muchos otros problemas que amenazan llevar la sociedad al caos. Ante ello, los miembros del movimiento progresista, mencionados en el párrafo anterior, iniciaron sus trabajos a nivel local y estatal. En ese grupo estaban los populistas del ayer, los promotores del evangelio social, inmigrantes socialistas y los reporteros llamados “muckraking” aquellos que publicaban notas, reales o ficticias, que expusieran escándalos de corrupción, especialmente política. Pero veamos las tres clases de reformadores que formaban el Progresismo inicial.

Una eran los sociales quienes buscaban elevar la moral de la población propugnando por la prohibición del alcohol y la prostitución, restringir la inmigración, mejorar las condiciones de vida en las ciudades, incrementar la educación pública y acabar con el trabajo infantil. Otra, los económicos iban en contra de los monopolios; proponían establecer reglas para la operación de la industria; mejorar las condiciones de trabajo, especialmente en lo concerniente a la sanidad y seguridad en los sitios de labor; proteger los derechos del consumidor; y buscar la protección de los recursos naturales. Una tercera lo fueron los públicos quienes proponían terminar los abusos de poder de los políticos urbanos, hacer que los gobernantes en las ciudades fueran más eficientes y que planteaban reformas democráticas para que la población tuviera una participación política mayor, la elección directa de los senadores y el derecho al voto de las mujeres y las minorías de color. En síntesis, estos grupos reformistas, jóvenes universitarios quienes vivían en las ciudades, enarbolaban que los problemas de la sociedad podían resolverse proveyendo a la población de educación adecuada, y un entorno laboral seguro y eficiente. Estaban convencidos de que el Gobierno podía ser una fuerza de cambio. Entre los progresistas más destacados resaltan Jane Addams, y los periodistas Jacob Riis e Ida Tarbel. Veamos ahora el significado del Progresismo desde la
perspectiva de otros.

Para Robert Crunden, un historiador-profesor quien en vida laboró de la Universidad de Texas, el Progresismo fue un clima de creatividad en el cual sus miembros compartían valores morales y estaban de acuerdo en que los EUA requería una reforma espiritual que permitiera completar el plan que el gran Arquitecto tenía para la democracia en el mundo nuevo. Para Alan Dawley, un historiador ya extinto de The College of New Jersey, el Progresismo ofrecía un modelo de cambio para reparar el desequilibrio imperante entre el Estado y la sociedad. Michael Mc Gerr, en “A Fierce Discontent: The Rise and Fall of the Progressive Movement in America, 1870-1920” (2003), afirma que el Progresismo fue un movimiento radical que ofrecía una utopía que terminó por crear gran parte del predicamento político en que hoy vive la sociedad estadounidense. Mientras tanto, Eric Rauchway, profesor de UC-Davis, en un artículo publicado, en junio de 2004, en Reviews in America History titulado “Armchair Warriors” establece que el Progresismo nace como respuesta a la batalla entre la clase alta con sus negocios grandes, fortunas y su cultura inconsciente de tolerancia personal; y la clase baja, los pobres incapaces de consolidar el individualismo y recurriendo al mutualismo que los llevaba hacia el socialismo. Ante eso, las clases medias buscaron una solución basada en el abandono al interés propio y reemplazarlo por una asociación en donde personas con identidades diversas fueran capaces de conjuntarse hacia un objetivo común. Pero, lo que inició como un movimiento social, se convirtió en uno
político.

Eso sucedería, en 1901, cuando el Presidente William McKinley (1897-1901) es asesinado y su lugar lo ocupa Theodore Roosevelt (1901-1909) quien estaba abierto a las demandas de los progresistas para incorporarlas a la agenda nacional lo cual expandiría el papel de la presidencia e incrementaría las regulaciones gubernamentales en asuntos económicos. Se mostró partidario de romper los monopolios que controlaban los precios y evitaban la competencia. Estaba a favor del comercio justo y leyes pro-trabajadores, incluyendo el número de horas laboradas durante la semana, restricciones al trabajo de los menores y la implantación de medidas de seguridad en los lugares de trabajo. En ese contexto, utilizó más de 40 demandas legales para evitar que los monopolios manipularan los mercados. Buscó hacer efectiva la Ley Sherman Antitrust de 1890, al tiempo que emprendía varios pleitos antimonopolio de alto perfil. En 1904, la Corte Suprema le concedió la razón en su demanda en contra de la Northern Securities Company, un monopolio ferrocarrilero, y ordenó su desaparición. Tras del fallo, otros monopolios importantes fueron declarados ilegales, lo cual hizo que varias corporaciones cumplieran con la legislación federal y empezaran a promover regulaciones industriales en ese contexto. En síntesis, la política de Roosevelt puede resumirse en el llamado “Square Deal” (Acuerdo Equitativo) en término de la tres C’s: Control de las corporaciones, protección al Consumidor y el Conservacionismo. Respecto a este último término, Roosevelt es considerado, junto con John Muir, como uno de los padres del ecologismo actual. El activismo del héroe antiguo de “La Colina de San Juan,” le permitió obtener la reelección en 1904 sin problemas. Eso, no lo eximió de recibir críticas.

Las principales provinieron de un líder previo del Progresismo, Rober La Follete quien en “La Follete Autobiography: A personal narrative of political experiences” (1911), analiza las políticas reformistas de su rival, particularmente su postura y estrategia ante la ley anti monopolios y como no resolvió los problemas, sino que incrementó el crecimiento de los monopolios y el poder de los negocios grandes. Al parecer los ataques a Roosevelt no están del todo errados, aun cuando se hizo notorio por su Acuerdo Equitativo, requirió del doble de tiempo para terminar con la mitad de los monopolios del número logrado posteriormente por el Presidente William H. Taft (1909-1913). Eso sí, cuando emprendió la lucha en contra de los negocios grandes, lo hizo en medio de una sonoridad extrema. Hay quienes dicen que se convirtió en el enemigo acérrimo de los “trusts” porque era más riesgoso no hacerlo. Al terminar su mandato, en 1909, optó no ir por un tercer término y anunció su retiro de la política. Sin embargo, tres años más tarde resolvió contender por la candidatura Republicana en contra de su pupilo otrora, el Presidente Taft. Ello ocasionó una división profunda en el partido que al final escogió al mandatario en funciones para ir por otro periodo. Roosevelt, furioso, decidió participar bajo las siglas del Partido Progresista mejor conocido como el “Bull Moose Party” en una contienda en contra de otros tres candidatos, Woodrow Wilson, Demócrata; Eugene V. Debs, Socialista; y, William H. Taft, Republicano quienes, al igual que él, proponían en uno u otro sentido soluciones progresistas a los problemas de los EUA.

A pesar de lo realizado por Roosevelt y Taft, continuaban imperando las disputas entre el poder acumulado por los negocios grandes y el Gobierno ejercería su autoridad; las condiciones laborales y sus impactos sociales y económicos sobre las familias en general, así como las mujeres y niños en lo particular; en la arena política, la corrupción era el tema principal, las maquinarias políticas determinaban quienes serían los candidatos en cada partido; y el sistema judicial tenía dificultades para el ejercicio de la ley.

Brett Flehinger en “The 1912 Election and the Power of Progressivism. A Brief History with Documents” (2003), enfatiza que los cuatro candidatos estaban convencidos que los gigantes corporativos nuevos podrían adquirir tal poder económico que corromperían el proceso político y llegar a ser más poderosos que el propio gobierno. Respecto a lo anterior, Wilson mostró una postura ambigua. En su discurso del 2 de septiembre de 1912 en Buffalo, New York, mencionó que una vez que el gobierno regula los monopolios, entonces estos tienen que ver lo que regula al gobierno. Después agregaría: ¿Qué ha creado entonces esos monopolios? La competencia desregulada y propondría emitir legislación para restringir el uso erróneo de la competencia, arguyendo esta era una propuesta en pro de la libertad. Posteriormente, en Sioux City, Iowa, el 17 de septiembre, se proclamaría partidario en favor de los negocios grandes y en contra de los “trusts.” Por su parte, Debs reconoció la importancia de los negocios grandes en la economía, dado que favorecía su presencia. En lo que no estaba de acuerdo era en quien los poseyera. Era necesario socializar dichos negocios y que fueran el pueblo quien los detentara, solamente así el gobierno podría controlarlos y regularlos. Obviamente esta propuesta nadie la compró. Taft creía que el tamaño producía eficiencia, por supuesto que no se refería a su humanidad, recordemos que pesaba 154 kilogramos y medía 1.80 metros, sino a las corporaciones cuyos problemas, decía, era factible resolverlos con las leyes existentes tales como la Ley Sherman, mencionada arriba. Roosevelt entendía que el crecimiento de los negocios grandes era inevitable y proponía que todos los negocios en los cuales el elemento del monopolio entre de cualquier manera, y cuando en la práctica se vea que es imposible eliminarlo, debe de ser supervisado, regulado y controlado cuidadosamente por una autoridad federal y tal control debería de ejercerse por oficiales administrativos y no judiciales. Bajo esa premisa propuso crear una comisión industrial nacional que regulara los negocios interestatales y lidiara con los abusos de los “trusts.” Eso proveería de autoridad al ejecutivo para ejecutar políticas efectivas en favor de la mayoría de la gente relacionada con asuntos de negocios. Además, se discutían otros temas.

Uno era las condiciones laborales en general y las de las mujeres y niños en particular. Wilson se enfocó a los derechos de los trabajadores para organizarse. Debs demandaba disminuir la fuerza de trabajo dado el incremento del uso de la maquinaria en la producción, requería un día y medio de descanso a la semana, prohibir el empleo de menores de dieciséis años y una inspección más rigurosa de los talleres, fábricas y minas. De Taft no se tiene opinión sobre el tema. Roosevelt promovía un salario digno y establecer una comisión de salarios mínimos a niveles nacional y estatal. Se prohibiera el trabajo nocturno de niños y mujeres, dar un día de descanso a la semana, impidiera el empleo prematuro a menores y el trabajo de las mujeres en las manufacturas y otorgar ocho semanas de descanso a las mujeres tras de un parto.

Otro, se relacionaba con la democracia directa, destitución de un funcionario mediante voto popular, referéndum y el sufragio femenino. Wilson veía la democracia directa como una amenaza, se oponía a la destitución de jueces vía voto popular y al sufragio femenino. Debs apoyaba las cinco mociones, además de proponer la representación proporcional a nivel nacional y local. También demandaba la abolición del senado y el poder de veto presidencial, la elección directa del presidente y el vicepresidente y establecer que las leyes nacionales deberían ser rechazadas por el Congreso o por referéndum y no por la Corte Suprema. Para Taft, no era necesario ninguna innovación relacionada con la democracia directa. Definía a los partidos políticos como cruciales para la democracia estadounidense. Se oponía a la destitución vía voto popular. Para él, la defensa de los derechos a la vida, de la libertad y de la propiedad descansaba en la independencia del poder judicial. Roosevelt apuntaba que la democracia directa incrementaría el poder político del individuo y actuaría como una barrera en contra de las corporaciones. Apoyaba la elección directa de senadores, la cual junto con el referéndum no eran elementos que fueran a destruir el gobierno representativo, sino a corregirlo. La remoción vía voto popular permitiría destituir a los jueces corruptos. Demandaba elecciones primarias en los partidos para seleccionar sus candidatos. Respecto al sufragio de las mujeres varió su postura. En una carta a Mary Ella Lyon Swift, una activista quien trabajo en la protección a los huérfanos, le decía que las damas no requerían votar, aun cuando hacerlo no les causaría daño alguno. Posteriormente, en otra misiva dirigida a Jane Addams, una de las líderes históricas del Progresismo, expresó su apoyo al voto de las mujeres y precisó que en seis años no habría en los EUA quien se opusiera a ello.

Al final, la divisiÓn entre los Republicanos terminó por dar un triunfo irrefutable a Wilson (1913-1921) seguido por Roosevelt y Taft. No obstante que durante la campaña Wilson lució como un Progresista moderado, en el ejercicio del poder adoptó algunas propuestas de sus rivales. Citando a John Milton Cooper, Jr. en “Pivotal Decades: The United States 1900-1920” (1990), el programa legislativo original de Wilson contenía: revisión de tarifas con impuestos adicionales; reforma bancaria incluyendo un nuevo sistema de la reserva; y, legislación antimonopolios que imponía mayores restricciones y ampliaba las leyes existentes, al tiempo que creaba una agencia regulatoria. Posteriormente en su programa “New Freedom,” estableció la Comisión de Tarifas, prohibió el trabajo infantil, reguló el número de horas laborales, dicto leyes fiscales y, a partir de 1918, se declaró partidario del voto femenino aprobado por el Congreso estadounidense en junio de 1919 y que entró en vigor el 26 de agosto de 1920. Al final, podremos decir que las mejores propuestas durante la campaña fueron las de Debs, aun cuando este lo hiciera desde una perspectiva irreal y las de Roosevelt quien entendía mejor el entorno en que vivía, por ello es factible apuntar que perdió la batalla política, pero sus propuestas fueron las que gobernaron.

Nadie va a negar que el Progresismo tenía elementos positivos que ayudaron a cambiar el panorama del capitalismo salvaje. Sin embargo, al pasar el tiempo el Progresismo acabó convertido en demandante del apapacho, ante lo cual devino la sobreprotección gubernamental generando en el individuo la pérdida del deseo de superación al estar esperanzado a que todo se le dé gratuitamente. Hoy, el Estado Benefactor está convertido en el Estado Nodriza del cual todos buscan vivir a sus expensas, algo que no es benéfico ni para la sociedad estadounidense, ni para ninguna otra que vegete bajo ese esquema de gobierno.

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Añadido (1) Durante los últimos años repartieron permisos de construcción como se hiciera en el pretérito con los programas de circo. Hoy, con gesto adusto, apuntan que realizaran una revisión rigurosísima de los edificios…derrumbados o en ruina franca. Por supuesto, sabemos que no habrá responsable alguno de las sinvergüenzadas.

Añadido (2) El juego de los tapados: Yo te tapo; tú la tapas; ella me tapa; nos tapamos. Hágase la trasparencia informativa en los bueyes del compadre de otro.

Añadido (3) ¿Cuántos serían los millones de dólares pagados por conciertos, filmación de películas, estudios “científicos” inútiles para beneficiar a los cuates, actos circenses, cocinado de tortas, roscas, tamales y quien sabe cuántas cosas más de tamaño gigantesco? ¿Por qué no fueron utilizados para crear grupos de rescate permanente por cada delegación y proveerlos con equipo y preparación para atender desastres como el que se vive? ¿Será que lo de ellos es solicitar limosna, perdón, fomentar la solidaridad?
23 Septiembre 2017 04:00:00
La guerra civil: Después del final, la reconstrucción y la edad dorada / y D
Habían trascurrido cinco días desde que Ulysses S. Grant recibiera la rendición de Robert E. Lee. El Presidente Lincoln emergía triunfador y planeaba la reconstrucción de los EUA. Tras cuatro años de contienda fragorosa, la noche del 14 de abril de 1865, decidió relajarse y acudió al teatro Ford a ver la comedia, “Our American Cousin.” De pronto, se escuchan tronidos, los espectadores creían que eran parte de la obra. Sin embargo, aquello no era ficticio. Era el sonido de los disparos que un teatrero fracasado, John Wilkes Booth, había realizado sobre la humanidad del Presidente Lincoln quien a las 7:22 horas del 15 de abril moriría. De nueva cuenta la incertidumbre. Como lo marcaba la ley, el vicepresidente Andrew Johnson tomaba el mando y debería de conducir el proceso de reconstrucción, previo a lo cual anunció, el 9 de mayo de 1865, que, legalmente, la Guerra Civil concluía. La Reconstrucción oficialmente comprende entre 1865 y 1877. Sin embargo, existen otras dos etapas que abarcan cuarenta y tres años durante los cuales terminó de suscitarse la transformación de los EUA. Una de 1877 a 1895, la llamada “Gilded Age” o Edad Dorada y la tercera de 1895 a 1920. En esta ocasión, nos concretaremos a revisar las dos primeras.

Con la Reconstrucción inicia la transformación de la economía y el tejido social. Recurriendo a Eric Foner en “A Short History of Reconstruction, 1863- 1877” (1990), es factible apuntar como los cambios en las leyes laborales, impositivas, sobre derechos de propiedad, de administración de justicia y de educación fueron parte del esfuerzo en donde el poder del estado permitió modelar las relaciones sociales que sustituirían al esclavismo. Lo cual afectaba tanto a negros como a los sureños blancos. Foner, citando textualmente a uno de los historiadores estadounidenses más influyentes de la primera mitad del siglo XX, Charles Beard y su esposa Mary Ritten Beard, señala que ellos utilizaron el término de la Segunda Revolución estadounidense para describir lo que como consecuencia de la Guerra Civil fue modelado, una transferencia del poder detentado por la aristocracia terrateniente del Sur hacia los capitalistas norteños y los agricultores libres con el impacto consecuente en la economía y la estructura de clases en el Norte.

Provenientes de esa región llegaron al Sur los llamados “carpetbaggers,” inversionistas quienes trataban de establecer un sistema de trabajo basado en el pago de salarios. Aunado a ese grupo, estaban profesionales, maestros y predicadores quienes deseaban modernizar el Sur, eran llevados por un impulso de misioneros o bien buscaban una forma de adquirir poder personal. Esto no sería un proceso fácil ya que en el Sur prevalecía una estructura económica que no estaba diseñada para la competencia y le era difícil ajustar su sistema de producción que estaba sustentado en un solo producto, el algodón. A la vez, quienes anteriormente eran esclavos se resistían a incorporarse en una actividad que implicaba trabajar para alguien más porque estimaban que la libertad recién adquirida se vería restringida.

Una vez que la plantación desaparece, fue remplazada por un sistema de aparcería (“share cropping”) o agriculturor arrendatario (“tenant farmer”). Bajo este esquema el dueño de la tierra (el esclavista de ayer) proveía de la semilla al comunero quien la plantaba, cuidaba de la cosecha y al levantarla compartía un tercio o la mitad de la producción con el terrateniente. Sin embargo, el eslabón de la cadena seguía intacto, durante el periodo entre la siembra y la recolecta, el comunero requería de alimentos, vestido y vivienda. Dado que no contaba con los recursos para adquirirlos, recurría a préstamos del propietario de la tierra. Esto provocaba un circulo vicioso ya que el aparcero vivía endeudado y al final no hacía sino trabajar para pagar las deudas. Aquí hay algo curioso de mencionar, los ex esclavos usualmente no permanecían en las plantaciones a las que originalmente habían pertenecido.

Lo anterior implicaba un elemento muy importante de la emancipación, la reunificación familiar que era en muchos de los casos la razón que los motivaba a moverse de un lado a otro en busca de oportunidades nuevas o comenzar una vida distinta. Foner señala que, entre 1865 y 1870, la población negra de las diez ciudades del Sur más grandes se duplicó, mientras que el número de residentes blancos creció solamente en un diez por ciento. Los pueblos pequeños experimentaron cambios aún más dramáticos. Lo que esta migración produjo fue un exceso en la mano de obra disponible que generó empleos con salarios bajos y en consecuencia condiciones de pobreza entre la población. No obstante, hay algunos elementos positivos a considerar dentro de la Reconstrucción.

Uno de ellos fue la declaración de las enmiendas constitucionales números 14 y 15. La primera, decretada en 1868, daba protección similar ante la ley a todos los ciudadanos nacidos o naturalizados en los EUA; mientras que la segunda, promulgada en 1870, se establecía que a nadie podía negársele el derecho a votar basado en la identidad racial. Esto último permitió que los hombres de raza negra aprovecharan la oportunidad para empezar a organizarse políticamente. Los recientemente hombres libres, se afiliaron al Partido Republicano y cientos de delegados negros participaron en las convenciones políticas a lo largo y ancho de los estados. Cerca de 600 negros actuaron como legisladores estatales, y muchos participaron en los gobiernos locales como alcaldes, jueces y jefes de policías. Entre 1868 y 1876, a nivel federal, 14 hombres negros fueron miembros de la Casa de Representantes y dos más -Hiram Revles y Blanche K. Bruce, ambos de Mississippi y educados en el norte, sirvieron en el Senado. El otro elemento positivo de la Reconstrucción fue el establecimiento de un sistema de escuelas públicas. Para 1877, cerca de 600,000 estudiantes negros, desde niños hasta ancianos, acudían a escuelas ubicadas en el sur. Sin embargo, hubo acciones que se atravesaron a la Reconstrucción.

Quienes se oponían a ella, llevaron a cabo acciones violentas en contra de la población negra, cometiendo asesinatos y linchamientos. Asimismo, las acciones realizadas por el Ku Klux Klan impedían la implantación de medidas para terminar de romper aquellas cadenas. Aunado a ello, se presentó otro elemento que vino a empeorar las cosas para los liberados recientemente, la depresión económica de 1873. Ella alteró el comercio llevando a la quiebra a los comerciantes y empeorando la situación de los artesanos. Todo ello dio por consecuencia que las perspectivas de movilidad social, entre los trabajadores de ambas razas, desparecieran. Políticamente, la depresión significo un retraso para los lideres negros quienes dependían de sus salarios para vivir. Adicionalmente, en su narrativa, Eric Foner califica la Reconstrucción como un proceso inacabado dado que los líderes presidenciales no lograron enfrentar el sistema de las plantaciones. Querían lograr desarrollo económico, pero no aceptarían todo lo que ello implicaba -una revolución agraria y un mercado laboral libre. Para Foner, la Reconstrucción fue un proceso inacabado debido a la ausencia del Presidente Lincoln. Con él a cargo del Ejecutivo, esa página de la historia estadounidense hubiese sido escrita de manera distinta. El liderazgo político no existió en el momento en que era necesario manejar correctamente el proceso de cierre de heridas y sentar las bases para un inicio nuevo. Aquello implicaba más que una declaración oficial, se requería una figura política fuerte para encabezarla y eso no lo tenían ninguno de los tres que ocuparon la presidencia de los EUA.

Un Demócrata, Andrew Johnson (1865-1869) con una postura moderada trató de reinstalar el Sur en el contexto de la Unión, lo cual le costó enfrentarse con los Republicanos. Mas que por sus acciones pro-Reconstrucción es recordado por haber sido el primer presidente sometido a juicio por el Congreso. Posteriormente, un Republicano ocupó la presidencia, era el héroe de la Guerra Civil, Ulysses S. Grant (1869-1877). El enfoque primario de la administración de Grant fue reconciliar al Sur con el Norte y proteger los derechos civiles de los esclavos negros recién liberados. Sin embargo, la recesión de 1873, mencionada anteriormente, actuó en contra de sus esfuerzos. Entre 1873 y 1876, los salarios disminuyeron en un promedio de 35 por ciento. Asimismo, aun cuando Grant era honesto, algunos de sus colaboradores se distinguieron por corruptos y su gobierno fue empañado por varios escándalos. El tercer presiente durante el periodo de Reconstrucción lo fue otro Republicano, Rutherford B. Hayes (1877-1881) quien previo a su ascenso al poder enfrentó una elección muy complicada en contra del Demócrata, Samuel J. Tilden. Este obtuvo el voto popular mayoritario, pero en votos electorales 184 fueron para Hayes, 165 para Tilden y 20 (en Florida, Louisiana y Carolina del Sur) estaban en disputa pues ambos clamaban haber obtenido el triunfo ahí. Ante ello, todo hubo de decidirse en el Congreso, en donde Hayes firmó el llamado Compromiso de 1877. Mediante este, le otorgó el control del Sur a los Demócratas quienes representaban lo intereses de los esclavistas antiguos. Asimismo, accedió nombrar a un sureño como director general de correos quien nombraría a todos los directores locales de correos; al mismo tiempo consintió retirar del Sur todas las tropas del ejército. Con esto concluía el proceso inacabado de la Reconstrucción, la pobreza continuaba siendo el tema más importante. La gran mayoría de los negros sureños continuaban viviendo en condiciones paupérrimas; algunos seguían realizando actividades de aparcería las cuales los colocaban en una situación de servidumbre con sus acreedores; la mayoría eran trabajadores sin adiestramiento condenados a realizar trabajos con salarios muy bajos, especialmente en las actividades mineras y forestales.

A la par que el Sur continuaba sin salir del marasmo, en el Norte estaba en marcha la llamada “Gilded Age” (Época Dorada) durante la cual ocuparon la presidencia James A. Garfield (R) Mar.-Sep. 1881; Chester Alan Arthur (R),1881-85; Grover Cleveland (D) 1885-1889 y 1893-1897; Benjamin Harrison (R) 1889-1893; y William McKinley (R) (1897-1901). El termino fue acuñado por el escritor Mark Twain en su novela “The Gilded Age: A Tale of Today” (1873), pero fue hasta las décadas de los 1920s y 30s cuando los historiadores estadounidenses empezaron a utilizar el término para describir lo acontecido entre los 1870s y 1890s. Si bien esta fue una era de crecimiento económico e industrialización, a la par creó disparidades económicas. Demos un repaso breve sobre los acaeceres de entonces.

Mientras que en el Sur acontecía lo descrito líneas arriba, en el Norte, retomando lo señalado por Foner, se creaba una clase creciente y poderosa de industriales y empresarios ferrocarrileros que venían a conjuntarse con la elite comercial antigua. Asimismo, el número de profesionales y de trabajadores del área de servicios se incrementaban y con ello aparecían los empleados asalariados quienes sustituían a los artesanos independientes. La conjugación de todos estos elementos generó un periodo de prosperidad económica. Entre 1865 y 1873, la producción industrial en los EUA creció en 75 por ciento; para 1873, 35 mil millas de líneas férreas cubrían el país generando con ello el impulso al desarrollo económico e industrial. Ante esto, los EUA se convirtieron en tierra de oportunidades y cerca de tres millones de inmigrantes arribaron provenientes principalmente de Europa. Este proceso no estuvo exento dificultades como las suscitadas en septiembre de 1873 cuando se dieron problemas financieros con los bonos del Northern Pacific Railroad que llevarían a la depresión económica indicada en párrafos anteriores.

Durante “The Gilded Age,” los EUA vivieron una realidad doble. Por un lado, todo era brillo creado por el crecimiento de los negocios grandes y la consolidación de los líderes empresariales como Andrew Carnegie, John D. Rockefeller, James B. Duke, William Vanderbilt and John P. Morgan, entre otros, quienes eran el reflejo de un presente esplendoroso que se consolidaría en los años venideros. Ellos eran los propietarios de las corporaciones modernas, y creían firmemente que la mejora en los métodos de producción de manufacturas, la maquinaria nueva, y la reducción en los costos de trasporte debido al desarrollo de los ferrocarriles permitían lograr productos con calidad mayor a precios más bajos y otorgar salarios más altos para los trabajadores. Eso era el resultado, estimaban ellos, de sus esfuerzos y logros empresariales. En paralelo a este esplendor, existía un lado oscuro.

Durante las tres décadas posteriores a 1865, prevalecieron los problemas sociales debido a un proceso de ajuste en donde sobresalían los resentimientos entre las razas. Los blancos buscaban como regresaban al orden antiguo, estimaban que los negros eran inferiores y deberían continuar como sus subordinados. Bajo este panorama, durante los 1880s, el linchamiento, la privación de derechos y la exclusión racial de algunos lugares públicos como bibliotecas, parques, albercas; y aun leyes segregacionistas como la Jim Crow eran práctica común en el Sur. Mientras tanto, en las áreas rurales, los precios del algodón y el trigo, las cosechas más importantes, declinaban debido a la competencia generada por las importaciones y la disponibilidad de maquinaria nueva que permitía alcanzar mayores niveles de producción. Sin embargo, la vida en las ciudades no era mejor. Se caracteriza por un incremento en la división social generada en base a clase, raza y etnicidad, un conflicto que se agravaba por la suciedad, sobrepoblación y viviendas poco higiénicas en donde vivían. Asimismo, estaba presente la explotación laboral de los menores, las malas condiciones en los sitios de trabajo en la industria y los salarios bajos.

De acuerdo a Janette Thomas Greenwood en “The Gilded Age: A History in Documents” (2003), si bien no es posible negar los avances logrados en ese periodo, tampoco puede negarse la presencia de una disparidad abrumadora. En 1890, el 73 por ciento de la riqueza de la nación estaba en manos del 10 por ciento de la población, lo que demandaba hacer algo. Sobre ello comentaremos en nuestra siguiente colaboración.

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Añadido (1) A la distancia, observamos con rabia las imágenes que nos hicieron recordar lo que vivimos hace 32 años. Una vergüenza que en ese tiempo todo haya sido simulaciones. En contraste, la abrumadora mayoría de la población con grado de EXCELENTE.

Añadido (2) Nunca faltan los oportunistas nauseabundos. Ricardo Monreal Ávila, en lugar de irse a dar apoyo, inmediatamente clamaba le declararan la Cuauhtémoc zona de desastre.

Añadido (3) El 17 de septiembre, parecía Joaquín De la Cantolla y Rico. El 19 de septiembre, el globo se desinfló, nada tenía para responder a las emergencias reales. ¿Acaso nos van a decir que estar solicitando agua, medicinas, guantes, palas, picos, azadones, etc. son una muestra de estar preparados? Eso sí, no se trate de presumir la rosca más grande del mundo…

Añadido (4) No extraño que lo hagan Televisa y su triada Loret-Maerker-López, sabemos lo que son. Pero es vergonzante que la Armada de México, institución por la que personalmente sentimos un gran respeto y estimación, acabe inmersa en esa cloaca.

Añadido (4) La visita del Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu; la filtración de las palabras del jefe de asesores de la Casa Blanca, General John Francis Kelly y el viaje a México del secretario de la defensa de los EUA, General James Norman Mattis son parte de un mensaje similar. La economía no es el problema, la dificultad está en asegurar la gobernabilidad para que las inversiones puedan desarrollarse. Eso implica buscar alguien que le sepa al asunto y eso está difícil, a menos que decidan salir del círculo.
09 Septiembre 2017 04:00:00
La Guerra Civil estadounidense: Lincoln, la emancipación,  la lucha armada y el factor México / B
Tres serán los tópicos principales para comentar sobre la Guerra Civil estadounidense. El primero girará sobre la personalidad del presidente Abraham Lincoln. El segundo acerca de la declaración de emancipación y las acciones militares que generaron un giro en la lucha armada. El tercero versará sobre cómo México, y algunos mexicanos, tuvieron algo que ver con aquellos acontecimientos. Como dicen por ahí, “empecemos por el principio”.

Sin duda, la figura de Lincoln siempre ha sido objeto de controversia. No obstante su grandeza histórica, algunos buscan anteponer sus negativos a los positivos, especialmente en lo concerniente a su forma de ser. David Herbert Donald en su libro “Lincoln”, (1996) hace énfasis en la pasividad del carácter de Lincoln. Sin embargo debe mencionarse que Lincoln era un hombre quien conocía el valor de la paciencia a la hora de tomar decisiones. Eso no era pasividad, se trataba de conocer el momento exacto para proceder con la medida correcta. Una persona con orígenes tan modestos que alcanzó una grandeza singular como presidente de los EUA no puede ser definido en tal forma, aun cuando el mismo tratara de presentarse de esa manera. El comportamiento personal de Lincoln puede ser analizado desde un punto de vista psicológico o psiquiátrico, pero eso es un asunto que solamente los expertos pueden emitir un juicio certero, lo que importa para un historiador, como este escribidor, es lo que Lincoln logró consolidar durante su vida pública.

Es difícil pensar que la existencia de Lincoln fue dominada por las acciones de otros. Fue capaz de educarse por sí mismo y, con solamente dos años de instrucción formal, logró convertirse en un abogado más que sobresaliente; posteriormente en un político prominente; y finalmente restaurar la grandiosidad de la presidencia de su país cuando tomó decisiones que no solamente revolucionaron su presente, sino el de las generaciones futuras. Poseedor de un carácter reservado, no dado a exteriorizar abiertamente sus sentimientos o pensamientos, Lincoln era un pragmático convencido de sus principios y metas. Una vez que, en 1848, Lincoln concluyó el periodo como representante en el Congreso, su carrera política lucía terminada. Ante eso, se dedicó a ejercer la abogacía lo cual hizo con tal éxito que se convirtió en uno de los juristas más importantes de Illinois en donde laboró entre 1849 y 1857. Sin embargo ello no le impidió que, en paralelo, consolidara su posición económica y continuara participando en política hasta convertirse en una de las figuras más importantes de Illinois. Esto le permitió que, al desaparecer el Partido Whig, él emergiera como la figura del Partido Republicano en Illinois. En ese contexto, en 1858, contiende por un escaño senatorial en contra del Demócrata Stephen A. Douglas otro hombre de mente lúcida. Esto convierte a la contienda en un evento único en donde los debates entre ambos personajes sentaron las bases de lo que debe de ser la confrontación de las ideas y no las mamarachadas que hemos visto en los últimos tiempos. Lincoln triunfó en los debates, pero fue derrotado en las urnas. Sin embargo dos años más tarde contendió por la presidencia y fue capaz de convertir en victoria lo que lucía como una derrota segura.

Al tomar posesión, el 4 de marzo de 1861, en medio de amenazas de muerte, Lincoln encontró un país dividido con 7 estados, Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas, ya fuera de la Unión y cuatro más, Virginia, Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee. en vías de hacerlo. Así, el 12 de abril estalla la Guerra Civil al darse la Batalla de Fort Sumter. Casi un par de meses antes, los Confederados habían nombrado presidente a Jefferson Finis Davis quien fuera senador Demócrata por Mississippi y combatiera en la Guerra contra México bajo las órdenes de quien sería su suegro, Zacahary Taylor. Como vicepresidente fue seleccionado Alexander Hamilton Stephens, un político Demócrata del estado de Georgia al que había representado en la Cámara Baja. Los estados Confederados situaron su capital en Montgomery, Alabama entre el 4 de febrero y el 29 de mayo de 1861. Mas tarde, el 30 de mayo la trasladaron a Richmond, Virginia. Durante poco más de un año y medio, las fuerzas de la Unión tuvieron poco éxito militar. Una y otra vez, Lincoln hubo de cambiar de general en jefe. Era evidente la superioridad de los sureños comandados por Robert E. Lee y Thomas Jonathan “Stonewall” Jackson, por mencionar solamente dos. En ese contexto, las bajas de los norteños eran mayúsculas y empezaba a escasear el material humano para enviarlo a combate. Ante ello, apareció el pragmatismo de Lincoln. El 22 de septiembre de 1862, emite la Declaración de Emancipación Preliminar. Esto fue una especie de alerta antes de emitir la proclama final, el 1 de enero de 1863, mediante la cual tres millones de esclavos fueron liberados. Los descendientes de africanos podían abandonar el territorio sureño y convertirse en libres o bien esperar a la llegada de las tropas norteñas y que tomaran posesión del territorio confederado para que pudieran adquirir tal condición. Asimismo, los ex esclavos negros podían incorporarse al ejército de la Unión. Durante la guerra alrededor de 200 mil en esa condición decidieron hacerlo. Mientras tanto, cuando la guerra lucia cuesta arriba, los sureños decidieron permitir que negros se incorporaran a su ejército. Sin embargo, las repercusiones de la Declaración mencionada no se redujeron al territorio estadounidense, al sur cruzaron el Bravo y al este atravesaron el Atlántico.

Tras diez meses de permanecer en México, a partir de enero de 1863, las tropas francesas intensificaron el ataque. En “One War at a Time: The International Dimensions of the American Civil War”. (1999), Dean B. Mahin explica como al enterarse de la Declaración de Emancipación, Charles-Louis Napoleón Bonaparte, a quien conocemos como Napoleón III, estimó que era el momento de dar el siguiente paso y tras apoderarse de la Ciudad de México, el 7 de junio de 1863, decide proclamar el 10 de julio un imperio católico al cual le faltaba monarca. Con tal fin, se ofreció a Maximiliano de Habsburgo dicho cargo, el cual aceptó el 3 de octubre. Todo esto hacia que los Confederados estadounidenses construyeran castillos en el aire. Jefferson Davis creía que, al intensificarse la presencia francesa en México, el gobierno de los EUA le declararía la guerra a Francia y habría de olvidarse de los rebeldes sureños, algo que no sucedió. Por su parte, Napoleón III tenía otros planes. Buscaría crear una Confederación integrada por el Norte, el Sur, el Oeste y México, cada una de esas regiones investida con niveles de poder similar. En el recuento de Mahin, eso implicaba “desintegrar a los EUA, lo cual permitiría que un México dominado por Francia se anexara Texas y tal vez la antigua posesión gala, la Louisiana”. Mientras tanto, como representante Confederado, andaba por Europa un antiguo senador Demócrata por Louisiana, John Slidell a quien anteriormente el Presidente James Polk envió a México a negociar los límites de Texas y la compra de Nuevo México y California, lo cual no prosperó pues el gobierno mexicano rehusó a aceptar sus credenciales. La misión de Slidell era obtener el apoyo de Napoleón III para la Confederación como una forma de debilitar la presencia marítima de Inglaterra. El monarca francés se resistía a otorgar el apoyo al Sur a menos que tuviera a su lado la flota británica. Un miembro de la Casa de los Comunes, John Arthur Roebuck, se apersonó de manera no oficial ante Napoleón III para tratar el tema. Tras de ello, presentó al Parlamento Británico una propuesta para reconocer a la Confederación, lo cual fue rechazado. Pero los europeos aun no tomaban la decisión final. De acuerdo con el embajador estadounidense en Francia, William Lewis Dayton, si las fuerzas de la Unión eran derrotadas en la batalla de Gettysburg (Pennsylvania) los europeos acabarían reconociendo a los sureños. Entre el 1 y 3 de julio de 1863, se desarrollaría el combate que habría de convertirse en el parteaguas de la lucha fratricida. Las fuerzas de la Unión al mando del general George Meade derrotaron a los Confederados encabezados por Robert E. Lee en lo que fue una de las contiendas más devastadoras de la Guerra Civil. Alrededor de 50 mil combatientes, de ambos bandos, perdieron la vida, fueron heridos o capturados por el enemigo. En esos mismos días, desde el 18 de mayo, se efectuaba otro combate de importancia similar. En Vicksburg, localidad ubicada en la ribera del Mississippi, el general Ulysses S. Grant mantenía acorraladas a las fuerzas sureñas comandadas por el general John Pemberton quien el 4 de julio decidió aceptar la derrota. Finalmente, Lincoln había encontrado los generales que lo podrían hacia la victoria definitiva, un camino largo aún.

En agosto de 1863, el presidente confederado, Jefferson Davis, acabó de convencerse que los ingleses no tenían ninguna intención de reconocerlos. La declaración de emancipación y las dos victorias de la Unión convencieron a los británicos de que el futuro estaba en el norte. Durante el otoño, ya enterados de la aceptación de Maximiliano, los Confederados decidieron negociar con él para que actuara como intermediario y asegurara una alianza con Francia o bien que interviniera en nombre de los sureños. Napoleón III, mientras tanto, utilizaría la Confederación como una salvaguardia para México contra la Unión. Pero el monarca francés hacia doble juego y esperaba que los EUA reconocieran a su protegido. Sin embargo, el secretario de estado, William Henry Seward, le hizo saber que no sería así. Esto provocó el enojo del francés quien argüía que Lincoln le prometió reconocer a su “chamaco” a cambio de que él no lo hiciera con la Confederación. México convertido en moneda de cambio, mientras algunos de nuestros connacionales actuaban con pragmatismo mas tangible.

En “Abraham Lincoln and a New Birth of Freedom: The Union and Slavery in the Diplomacy of the Civil War” (1999), Howard Jones relata como las fuerzas de la Unión fueron enviadas a Texas buscando establecer un punto de apoyo que actuara como barrera psicológica entre la Confederación y las fuerzas francesas en México. Estimaban que, ocupando Brownsville, y teniendo bloqueado el puerto de Nueva Orleáns, Louisiana, evitarían que el principal producto de exportación de los sureños, el algodón, fuera exportado a Europa. Sin embargo no contaban con que los amigos mexicanos de los sureños veían eso como una oportunidad. Dado que, por designios del gobernador de Nuevo León, Santiago Vidaurri Valdez, Coahuila había pasado a formar parte de esa entidad, el neoleonés controlaba la aduana de una población llamada Piedras Negras. Respecto a lo sucedido hay un relato excelente de Mario Italo Cerutti Pignat en “Economía de Guerra y Poder Regional en el Siglo XX”, (1983). Ahí, narra como el algodón viajaba de San Antonio a Eagle Pass en Texas para cruzar por Piedras Negras en donde José Evaristo Madero Elizondo, el abuelo del Apóstol Francisco, y un ciudadano de origen irlandés, Patrick Milmo O’ Dowd, yerno de Vidaurri y bisabuelo de Emilio Azcárraga Milmo, se disputaban el control de las mercancías que entre 1862 y 1864 generaban ingresos a la aduana nigropetense entre 50 y 60 mil dólares mensuales, además de lo que no se registraba en libros. De la frontera, las mercancías eran enviadas a Monterrey, en donde otras familias empezaban a constituir su fortuna, para después trasladarse a Matamoros, Tamaulipas y de ahí trasladarse a Europa. En retorno, los sureños obtenían alimentos, ropas y municiones todo transportado en sentido inverso en carretones propiedad de Oliver Hermanos y de Don Evaristo. Respecto a este personaje, quien le iba a decir que la fortuna que empezó a construir al amparo de una guerra civil habría de proporcionar los recursos para que, años después, uno de sus nietos empezara otra al sur del Bravo. Pero retornemos a Vidaurri quien, convertido en gran patriarca del noreste mexicano, llegó a tener sueños separatistas y, sin consultar a los habitantes de Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, se proponía crear la República de la Sierra Madre, un tema que es tratado con amplitud por Gerardo Gurza Lavalle en “Una Vecindad Efímera,” (2001). Al parecer, Vidaurri creía andar mercando piezas de manta y en ese mismo contexto, en agosto de 1861, ofreció a los Confederados dichas entidades para que las incorporaran como parte de esa agrupación. Sin embargo, Jefferson Davis ignoró el ofrecimiento. Pero eso no es todo.

De acuerdo con la narrativa de Jones, en Texas, los oficiales del ejército Confederado otorgaron su apoyo verbal a Napoleón III. En octubre de 1863, el comandante de las fuerzas confederadas en Texas, John Bankhead Magruder, solicitó al representante de su grupo en París que le hiciera saber a Napoleón III que “los sentimientos de los Estados Confederados simpatizan con Francia y la ocupación de México les ha proporcionad la mayor de las satisfacciones”. Aun cuando el monarca galo no otorgó reconocimiento a los sureños sublevados, se mostró muy complacido de que su incursión en suelo mexicano fuera vista como algo positivo. Y para que vieran que el amor era algo más que palabras, en 1863, autorizó personalmente que 20 mil rifles Enfield y municiones cruzaran la frontera entre México y Texas. Estos pertrechos de guerra fueron muy útiles para que los texanos pudieran defenderse tras de la derrota confederada en Vicksburg.

Los confederados estaban deseosos de convertirse en aliados de Maximiliano quien en 1863 dio algunas indicaciones de que posiblemente otorgara el reconocimiento a los sureños. A pesar de los guiños, Maximiliano se percató de que ganaría más si lograba establecer relaciones diplomáticas con el gobierno legítimo de los EUA. Sin embargo, sus sueños se desvanecieron cuando en junio de 1864, el Partido Republicano en su convención presidencial adoptaron una resolución en la que declaraban que la suplantación del gobierno republicano de México representaba una amenaza para los EUA.

En enero de 1865, Francis Preston Blair, Sr., el patriarca de una familia política prominente que se alió a Lincoln y sirvió como enlace diplomático con los confederados, le sugirió a Jefferson Davis encabezar una expedición militar a México para expulsar a los franceses, lo cual fue visto por el llamado presidente de los sureños como la última tabla de salvación para la supervivencia de la Confederación. Al parecer, Blair buscaba quien le comprara su idea de incursionar al sur del Bravo, una propuesta similar le hizo al general en jefe del ejército de la Unión, Ulysses S. Grant quien veía la acción con simpatía. Sin embargo, el Presidente Lincoln no deseaba embarcarse en otra guerra, todo indicaba que estaba cerca de lograr el triunfo en la Guerra Civil. Acerca de los últimos acontecimientos de esta y la victoria del Norte comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) Uno tras otro, se abren socavones, el metro se atora, mientras las calles y avenidas se inundan. Son muestra del esfuerzo realizado durante dos décadas por gobiernos de “izquierda”.

Añadido (2) Como lo hicieron sus antecesores en esos casos, el ciudadano Bergoglio mandó oraciones para los damnificados en Houston y los afectados por el terremoto en México. Como siempre puro humo, nada de ayuda material. ¿Aparte de mantener la opulencia del organismo trasnacional, a que destinaran los recursos que les entregan quienes desean redimir pecados y asegurar la gloria eterna?

Añadido (3) Mientras la gente luchaba por salvarse, no faltó la presencia de la estupidez encarnada en un profesor asistente de sociología, visitante en la Universidad de Tampa en Florida, Ken Storey, quien rebuznó que la tragedia en Houston era un castigo divino porque votaron por el Presidente Trump y que como Florida también lo hizo, pues merecían pena similar. Y pensar que sujetos de ese talante han ido adueñándose de las cátedras en las universidades estadounidenses, algo que no lo decimos de oídas.
02 Septiembre 2017 04:00:00
La guerra civil estadounidense: Los antecedentes / A
En los días que corren, la guerra civil estadounidense se ha convertido, nuevamente, en tema de discusión. Quienes se dicen purificadores de culpas pasadas tratan de tumbar cuanta estatua exista de héroes confederados y de paso la de todo aquel que poseyera esclavos. Sin embargo, no han comentado si eso incluiría las del fundador del Partido Demócrata, Andrew Jackson y su pupilo James Polk. Parecen aquellas damas de pasado tormentoso, que de pronto se convierten en señoras respetables y a toda costa buscan borrar su pretérito nebuloso. Porque quienes promovieron la reyerta separatista fueron los sureños que por pura coincidencia eran miembros o simpatizantes del Partido Demócrata. Sentimos destrozar algunos corazones cándidos que siguen instalados entre buenos y malos, pero esta es la historia y nosotros no la fabricamos, nos dedicamos a estudiarla, analizarla y emitir opiniones. Por su parte, quienes se oponían a la secesión eran los norteños liderados por el Partido Republicano, encabezados por el décimo sexto presidente, Abraham Lincoln (1861-1865). En base a la perspectiva de estudiosos del tema, demos un repaso a los eventos de aquellos días bajo la premisa de que la historia nunca es asunto antiguo sino de actualidad plena.

Todo dio inicio con el apetito que mostraban ambos bandos, esclavistas-secesionistas y antiesclavistas-unionistas, por adquirir territorios nuevos y el deseo de imponer su modelo económico no solamente en el territorio del otro, sino en los recientemente adquiridos e incorporados a los EUA. Ambos, el sur y el norte, buscaban trasladar sus instituciones más allá de los respectivos límites fronterizos. Al respecto, James McPherson en su libro “Battle Cry of Freedom: The Civil War Era.” (1988) apunta como la elección de Lincoln, en 1860, fue simplemente la excusa que buscaban los lideres sureños para proclamar la secesión y dar inicio a la guerra civil. Esta fue la culminación de un proceso largo que comienza al momento en que los EUA, adquieren el territorio que antes pertenecía a México.

Detrás de la creación de la Confederación estaba diseminar la institución del esclavismo en los territorios incorporados a los EUA. En la opinión de McPherson, el triunfo del Destino Manifiesto recordaba la profecía de Ralph Waldo Emerson. Antes de abordarla, veamos algo sobre este poeta estadounidense quien, entre muchas cosas, aparecía como líder del trascendentalismo, una concepción basada en la bondad innata de la gente y la naturaleza. Quienes se sumaban a ella creían que la sociedad y sus instituciones habían corrompido la pureza del individuo. Para ellos, las personas alcanzaban su mejor momento cuando eran verdaderamente autosuficientes e independientes. Emerson fue, desde mediados de los 1840’s, un opositor de la guerra en contra de México. Estaba convencido que, por la superioridad militar, los EUA derrotarían a México, pero ello envenenaría a su país ya que, en los territorios anexados, florecería la esclavitud. Si bien en lo que se llevaron no se practicaba la esclavitud, en las tierras que nos dejaron fue algo común. Al revisar los registros parroquiales de Nuevo León entre los siglos XVI y XVIII se encuentra que, con la bendición religiosa, la esclavitud generó riqueza. Aun cuando, a diferencia de los sureños estadounidenses, los neoloneses transitaron de poseedores de esclavos a una sociedad industrializada.

Mientras los sureños veían la incorporación de tierras nuevas como una oportunidad para consolidar su poder mediante la instalación de la esclavitud, para los norteños eso representaba una amenaza para el futuro de la nación. Los norteños orientaban su economía hacia una sociedad industrializada; la riqueza de los sureños estaba sustentada en la propiedad de la tierra y los esclavos, dado lo cual harían cualquier cosa, incluso separarse de la Unión Americana, para preservar la esclavitud. Como podemos observar, la diferencia en esta perspectiva nada tenía que ver con asuntos morales, era un tema puramente económico.

Es importante resaltar que la secesión como problema no surge súbitamente en 1860. Años antes, en 1851, cuando el norte muestra resistencia a ejecutar la ley del esclavo fugitivo, el gobernador de la entidad con la mayor concentración de esclavos en el país, Carolina del Sur, John Hugh Means (1850-1852) hablaba ya del derecho que tenía esa entidad para separarse y al año siguiente apoyó un acuerdo en tal sentido, defendiendo la esclavitud. Sin embargo, esos eran, por el momento, fuegos artificiales, ya que la economía marchaba bien. Los precios del algodón eran altos y la producción era abundante, lo cual hizo que los dueños de las plantaciones reconsideraran su posición. Entre 1850 y 1860, la economía del sur aparentaba un estado de salud rozagante. La riqueza per cápita creció 62 por ciento durante la década; el precio de los esclavos se incrementó en 70 por ciento; el valor de la tierra aumentó 72 por ciento, pero la inversión suriana en manufacturas únicamente se acrecentó en 39 por ciento. Sin embargo, la producción de alimentos declinó durante la década. La combinación de todos estos indicadores muestra que la opción única para el sur era adquirir territorios nuevos en donde fuera factible instaurar la esclavitud como fuente primaria de riqueza. Era el camino único para poder preservar la sociedad en la forma que ellos la concebían. Eso era en el aspecto económico, había otra parte que hacía fermentar la secesión.

Continuando con el análisis de McPherson, en lo concerniente a la política, la Ley Kansas Nebraska, del 30 de mayo de 1854, fue el acto singular más importante que empujó el país hacia la guerra de secesión. En el cuerpo de esta ley, se establecía que en los territorios de Kansas y Nebraska (se incorporaron como estados el 29 de enero de 1861 y 1 de marzo de 1867 respectivamente), la población podía tomar la decisión personal de permitir o no la esclavitud dentro de sus fronteras. Esta Ley rechazaba el llamado Compromiso de Missouri de 1820, que prohibía la esclavitud al norte de la latitud 36°30´. Asimismo, en las palabras de McPherson, lo que al final de cuentas acabaría con el Partido Whig y daría origen a un instituto político enteramente norteño, el Partido Republicano, creado el 20 de marzo de 1854 y que seis años más tarde ganaría la presidencia de la república. Aquí estaba la gran amenaza que los sureños advertían, el poder político se movía al norte en donde una sociedad moderna estaba en proceso de consolidación., al tiempo que el sur trataba de preservar el estatus antiguo.

En ese contexto, recurrían al argumento de que la soberanía estatal había precedido a la nacional. Los Confederados argüían su derecho a poseer esclavos; la libertad que tenían para trasladar esa propiedad (así consideraban a los esclavos) a los territorios; y, que eran libres (los estados confederados) de los poderes coercitivos del gobierno central. El argumento que utilizaban públicamente como respaldo para separarse no era la preservación de la esclavitud, sino el derecho a la libertad y el autogobierno de acuerdo con las reglas sureñas, las cuales implicaba lo primero. Lincoln no estaba dispuesto a negociar, ni mucho menos, a otorgar concesión alguna para preservar la unión; el argumento válido único era acatar lo establecido en la Constitución. Los Confederados optaron por ir a la lucha armada.

Una vez que la guerra inició, se hicieron evidentes las diferencias en el desarrollo económico de los contendientes. El sur tuvo problemas para movilizar el abastecimiento, aún cuando su producción de alimentos era suficiente para alimentar a los miembros del ejército; enfrentó dificultades con la materia primas para elaborar municiones y artillería, y los explosivos siempre representaron un problema, Un ejemplo de cuan precaria era la infraestructura se da durante la batalla de Manassas cuando los confederados, tras lograr el triunfo, fueron incapaces de capturar Washington debido a la carencia de provisiones y transporte.

En síntesis, lo que McPherson muestra es que los sureños pelaban por la preservación de una sociedad vieja con valores y derechos anquilosados. Enfrentaban la llegada de una era nueva en la cual sus estructuras estaban carcomidas y requerían ser demolidas. Sin embargo, era tal la riqueza que aquello les había generado que seguían creyendo en ese tipo de sociedad como la única que podía mantenerles el nivel de vida. Por ello, la alternativa que veían era embarcarse en una guerra para evitar lo inevitable, la llegada de una sociedad libre y moderna en la cual la industrialización reemplazaría a las instituciones de los terratenientes y el esclavismo. Pero veamos otro análisis sobre este tópico.

En “The Impending Crisis,” (1976), David Potter apunta que la controversia real detrás de la Guerra Civil no era la confrontación entre libertad y esclavitud, sino como evitar que esta se diseminara por el territorio estadounidense. Sin embargo, existían factores que constitucionalmente limitaban el poder del gobierno central para actuar al respecto. Asimismo, el congreso no tenía facultades para proceder directamente sobre el tema de la esclavitud.

Entre 1848 y 1861, el asunto no era exterminar la institución del esclavismo, sino como implantar medidas para encapsularlo en los territorios en donde ya existía. Ni en el Sur, ni en el Norte los ahora llamados afroamericanos, que entonces eran calificados como negros, enfrentaban situaciones fáciles. Mientras que en el Sur sufrían las consecuencias de la esclavitud; en el Norte, a pesar de que la esclavitud estaba prohibida, el “Negro libre” no estaba exento de segregación y discriminación, aún cuando disfrutaba de algunos derechos civiles. Aquí, cabe mencionar que, en la región norteña, los negros no necesariamente experimentaban condiciones de pobreza. Varios de ellos eran propietarios de negocios que les permitían vivir bien hasta el grado de que podían considerarse como miembros de lo que hoy conocemos como la clase media. Pero esto no era la constante en todo el territorio estadounidense, algunos estados como Ohio, Indiana, Illinois y Oregón promulgaron leyes para prohibir o desanimar a los negros de emigrar hacia su territorio.

Bajo ese contexto, en 1847, David Wilmot hizo una campaña en contra de implantar la esclavitud en los territorios en donde no existía enfatizando su preocupación por los trabajadores blancos libres en el norte, pero no en pro de liberar a los negros esclavos en el Sur. El tema principal no era una batalla entre emancipación versus esclavitud, lo mas importante era discutir los tecnicismos de la doctrina legal concerniente a la relación del Congreso y los estados con los territorios, organizados o no. En lugar de confrontar la existencia de la esclavitud en donde existía, se enfocaba a desafiarla en donde no estaba presente. Lo más importante era preservar la unión bajo la guía de la Constitución.

En ese entorno, las propuestas del Senador por el Partido Whig, Henry Clark que concluyeron con el Compromiso de 1850, instrumentado mediante una negociación con el Senador Demócrata por Illinois, Stephen A. Douglas, otorgaron la parte mayor de las concesiones materiales al Norte: California sería un estado libre: el resto de la “cesión” mexicana no calificaba para albergar la esclavitud lo cual la convertía en zona libre; en los territorios de Utah y Nuevo México, el tema de permitir o no la esclavitud, se decidiría mediante voto popular; la mayor parte al oeste del Río Grande (Bravo) pasaría a formar parte de Nuevo México en lugar de serlo de Texas; y, la compra-venta de esclavos seria abolida en el distrito de Columbia. Al sur, se le otorgaría reconocimiento formal de su derecho a la esclavitud y reclamar los esclavos fugitivos; y un arreglo territorial rechazando la Provisión Wilmot. Al final, lo que este compromiso logró fue retrasar por una década la confrontación inevitable, pero permitió a la unión promover la causa de la libertad y consolidar su poder económico. Mientras tanto, los partidarios del esclavismo buscaron la forma de como incrementar la extensión territorial en donde predominara esa institución. En 1854, la discusión era sobre si se mantenía a Nebraska como libre o se le convertía en territorio esclavista. Sin embargo, todo ello concluyó con la Ley Kansas Nebraska que comentamos líneas arriba.

Durante la década previa al inicio de la Guerra Civil, todos los asuntos políticos de una u otra manera giraron en torno a la esclavitud, pero muy pocas veces el debate fue sobre la libertad de los esclavos. Embarcarse en una cruzada en favor de su liberación podía costar la carrera política. Aun el futuro presidente Lincoln durante su lucha senatorial, en 1858, en contra del demócrata Stephen A. Douglas, fue muy cauto de no adoptar una postura extrema. Lincoln ofrecía la emancipación de los esclavos, sin especificar como, ni un tiempo definido, el cual no lucía que fuera a ser pronto. Para el negro, Lincoln no proponía derechos de franquicia, jurado o ciudadanía, no presentaba ninguna promesa de igualdad social o política. Lincoln excluiría la esclavitud de los territorios mediante acciones tomadas a nivel federal. Nada se puede argüir en contra de esta postura, es un ejemplo de como los políticos requieren jugar sus cartas para poder acceder a niveles más altos desde los cuales podrían implantar lo que desean sobre ciertos asuntos. De no hacerlo así, en una sociedad de mentalidades cerradas al cambio, el rebelde radical simplemente es eliminado de la vida política.

Al final, lo que llevó a la guerra Civil, como lo mencionamos antes, no fue la lucha por la libertad de los esclavos, sino por la preservación del esclavismo, fueron los sureños quienes accionaron el gatillo. Lo que el gobierno de los EUA fue responder para preservar la unión. Fue hasta ese momento cuando la liberalización se convirtió en el tema toral de la guerra civil; antes de eso solamente se buscaba contener el avance de la institución sojuzgadora. Al volverse la lucha más intensa y radicalizarse las posturas, el presidente Lincoln ya no tuvo otra opción sino romper la base económica de los sureños. Para ello, procedió a emancipar los esclavos y destruir la riqueza económica de quienes los utilizaban como una mercancía de su propiedad. De cómo se llegó a ese punto y lo que aconteció después, les comentaremos en la colaboración próxima, por supuesto, si usted lector amable decide repasar las líneas que ocupan este espacio semanal.

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Añadido (1) Hace tiempo les comentamos aquí que, al chico maravilla azulado, sus paisanos lo conocían como bueno para el “business”, pero no es cierto. Quien resultó efectivo en eso es su suegro. Mientras su yerno ascendía políticamente, en paralelo, a él le cuajaban todos los negocios. Como dirían en el pueblo “a los dos les pegó el sol de frente,” al mismo tiempo. Coincidencias de la vida…

Añadido (2) Los maxhincados andan muy tristes. A su modelito francés, a pesar de las sumas erogadas, ya se le corrió el maquillaje y cada día decepciona más a sus seguidores galos quienes creyeron que compraban algo auténtico y aquello resultó puro “makeup”.

Añadido (3) En un aeropuerto estadounidense, en uno de esos locales donde venden souvenirs, periódicos, revistas y toda clase de comida chatarra, a la entrada lucía esplendoroso su nombre CNBC News, con todo y símbolo del pavo real. Al entrar, observamos un televisor encendido sintonizando FOX News. ¿Tan baja estará la credibilidad que hasta los de casa optan por la competencia para mantenerse informados?

Añadido (4) Y al tercer día… se les inundó el socavón, perdón, el túnel de Mixcoac. ¿Será competencia de ineptitudes?
26 Agosto 2017 04:00:00
La política exterior estadounidense: Del trauma de Vietnam a la búsqueda por recuperar el liderazgo
Durante los 1960, la política exterior estadounidense y la nación en general vivieron momentos de crisis. La Guerra de Vietnam cimbró los cimientos de la política de Contención, mientras que en lo interno las demandas sociales demandaban cambios radicales cuyas consecuencias repercuten hasta nuestros días. Demos un recorrido por lo acontecido desde el último tercio del Siglo XX hasta llegar al presente.

Con la finalidad de aminorar las protestas generadas por el conflicto bélico mencionado arriba, el presidente Lyndon B. Johnson impulsó la Ley de Derechos Civiles, la del derecho al voto y reformas al sistema de salud. Sin embargo, nada tranquilizó las protestas. Por un lado, los liberales clamaban más libertad, la cual no necesariamente significaba que de cumplirse sus demandas los problemas sociales habrían de resolverse. Por el otro, la derecha construía un escenario nuevo en el cual daba inicio lo que sería un proceso que la llevaría a un triunfo de la mano de quien menos lo esperaban.

Rick Perlstein, en “Who Own the Sixties?,” publicado en Lengua Franca (Mayo/Junio 1996), escribía que el rumbo nuevo de la derecha se empezó a construir a partir de 1964 con la nominación de Barry Goldwater como el candidato presidencial del Partido Republicano. La plataforma de este partido se situó en un populismo de derecha cimentado en temas totalmente opuestos a los que prevalecían en los sesenta. Los Republicanos promovían la ley y el orden, el patriotismo y los valores familiares.

Durante ese evento, un actor-político llamado Ronald Wilson Reagan pronunció uno de los discursos de mayor impacto, “A Time for Choosing” (Tiempo de elegir). Si bien el presidente Johnson fue reelecto, de poco le sirvieron sus medidas en pro de las mejoras sociales para sobreponerse a las protestas generadas por la Guerra de Vietnam, soliviantadas tarde a tarde por Walter Cronkite en la CBS y por la prensa estadounidense durante la mañana, parte con noticias verídicas y otras tantas de su cosecha. Ante la crisis, el presidente Johnson decide no buscar la reelección. La sangre de Martín Luther King y Robert Fitzgerald Kennedy mancharon la sucesión.

El triunfador es Richard Milhaus Nixon (1969- 1974) sobre, vaya paradoja, el político liberal y vicepresidente, Hubert Horatio Humphrey sobre quien pesó apoyar las acciones de Johnson en Vietnam. Pero si en lo interno aquello caminaba hacia tiempos nuevos, no necesariamente mejores, en lo externo, la política de Contención estaba a su nivel más bajo, ya no respondía a las circunstancias del presente. Finalizaban los 1960 e iniciaba el mandato de Nixon.

De acuerdo a Gordon A. Craig y Alexander L. George en “Force and Statecraft: Diplomatic Problems of Our Time” (1995), a inicios de los 1970, el presidente Nixon y su secretario de estado, Henry Kissinger, estaban convencidos de que el mundo estaría mejor si todas las potencias condujeran sus asuntos sobre la base del interés nacional y un equilibrio global entre ellas.

Nixon identificaba cinco centros de poder mundial, los EU, la URSS, China, Japón y Europa. Esto era el fin de la política de Contención para dar paso a la de Distensión (“Détente”) de acuerdo a la cual “cada centro [de poder] debería mantener el orden entre los estados más pequeños integrantes de su región de responsabilidad.” Era volver a las esferas de influencia con ropajes distintos.

“Considerando que las cinco superpotencias mencionadas determinaría el futuro económico, Nixon explicaba, y dado que el poder económico será la clave para otra clase de poderes, [ellos determinarán] el futuro del mundo.”

Bajo esa perspectiva, en 1972, Nixon inauguró una era nueva en la diplomacia con China, la cual, de acuerdo a Kissinger, formaba parte de una política cuyo objetivo era apoyar los intereses estadounidenses a largo plazo con una política exterior completa. En las palabras de Nixon, “nuestros [los estadounidenses] intereses deben de moldear nuestros compromisos, en lugar de viceversa.” Nixon tomó medidas progresistas en lo interno, y procedió a: concluir la guerra de Vietnam, la apertura con China, el acuerdo de Berlín, instrumentar medidas políticas con respecto a Rusia, y el inicio del proceso de paz Árabe-Israelí. Nada de eso valió ante sus enemigos, acumulados en cantidades mayores a lo largo de su vida política. Estos utilizaron el asunto de Watergate para exhibirlo como el inventor del espionaje electrónico, una práctica común entre sus predecesores y sucesores en el cargo. Por ello, abandonaría la presidencia en medio del descrédito. Su sucesor, Gerald Rudolph Ford (1974-1977), trataría de poner orden, restaurar el honor de la institución presidencial, un proceso que incluyó el perdón a Nixon, lo cual le costó perder popularidad y la propia elección presidencial.

La combinación del trauma de Vietnam y los efectos de Watergate tuvieron un impacto profundo en la sociedad estadounidense por lo cual, en busca de redimirse, eligieron como su trigésimo noveno presidente a James Earl Carter Jr. (1977-1981). En el entorno interno, Carter fue incapaz de resolver la crisis económica, social y política. Se tuvo una inflación alta; escases de combustible; la moral del ejército estaba por los suelos; el gobierno vivió una época de distorsión; los valores estadounidenses fueron cuestionados; no se apreciaba liderazgo en la conducción del país; los antiguos aliados, especialmente los asiáticos, no apoyaban las propuestas estadounidenses. Para algunos, los EUA eran una potencia en decadencia. Sin embargo, apoyado en una política de “comprensión y compasión,” Carter creyó que podría recuperar el prestigio y sostener el poderío internacional de los EUA.

Bajo esa premisa, dio inicio a los Acuerdos de Paz de Camp David; negoció el traspaso del Canal de Panamá a esta nación; cuando Rusia invadió Afganistán proveyó en secreto de ayuda financiera a las facciones islamistas afganas; firmó el SALT II para reducir el armamento nuclear, retiró todas las armas nucleares de Corea del Sur; dio reconocimiento diplomático a China; fomentó el respeto a los derechos humanos. En América Latina, aparte del tema de Panamá, trató de imponer una política de buena voluntad en América Central y aquello acabó en un desaguisado, primero en Nicaragua con la caída de Anastasio Somoza y la llegada de los Sandinistas, a quienes inicialmente les proporcionó ayuda; y posteriormente en El Salvador.

El problema centroamericano se resolvería, años después, gracias a una página brillante de la diplomacia mexicana, poco comentada, cuando el presidente Miguel De La Madrid Hurtado y el secretario de relaciones exteriores, Bernardo Sepúlveda Amor trabajaron laboriosamente para que el Grupo Contadora pudiera ser factor de solución, algo que tuvimos que pagar con la crisis de inicios de los 1980s. Y ya que andamos por los rumbos mexicanos, el presidente Carter escribiría, durante una visita a nuestro país, uno de los episodios más pedestres en la historia de la diplomacia estadounidense. En la cena oficial con el presidente José López Portillo y Pacheco le hizo reclamos poco diplomáticos para el momento y Carter mostró capacidad de respuesta limitada cuando mencionó que en una visita anterior a México, fue víctima de “la revancha de Moctezuma.” Esa misma carencia para responder apareció durante la crisis de los rehenes en Irán, con los EUA convertidos en el hazmerreí
Al arribar a la presidencia, Reagan planteó su visión de lograr un mundo totalmente democrático que reflejara y apoyara los valores estadounidenses. Estaba decidido a recuperar el respeto y no se detenía para manifestar que el liderazgo mundial estadounidense era el resultado de su fuerza y los valores de libertad. Su política exterior puede calificarse como una síntesis de todos los principios prevalecientes a lo largo de la política externa estadounidense. Logró concluir la Guerra Fría mediante una combinación de la política de Contención con un espíritu agresivo del cual esta había carecido desde sus inicios, a la vez recuperaba la iniciativa en su lucha con la Unión Soviética. De acuerdo a Andrew J. Bacevich, al concluir la Guerra Fría, el termino defensa nacional ya no era suficiente para definir los propósitos de las actividades políticas-militares de los EUA, por lo cual procedieron a utilizar el de seguridad nacional el cual cubría desde aspectos de retos militares hasta asuntos de comercio y salud. En este contexto, recordamos lo que en nuestras clases de política exterior estadounidense nos refería el embajador Mark Johnson en relación a los tres elementos que la seguridad nacional implicaba: Seguridad que incluía salvaguardar el territorio de los EUA; Prosperidad, la cual implicaba la protección de los estadounidenses en otras naciones, además de lidiar con problemas como tráfico de drogas y sus consecuencias; y, Valores que involucraba el concepto de democracia, la preservación de la estabilidad , ayuda humanitaria y ver como los EUA iban a ser parte activa de la globalización.

Tras caer el Muro de Berlín, en 1989, los EUA se convirtieron en un poder unipolar. Contrario a lo que dijera Francis Fukuyama, no fue el fin de la historia, fue un paso nuevo en el proceso de interacción entre las naciones. Iniciaba la era del Nuevo Orden Mundial bajo el liderazgo del presidente George H. W. Bush (1989-1993). Después de muchísimos años, el enemigo, la URSS, se vino abajo y los principios de libertad y democracia se convirtieron en la aspiración de los antiguos satélites soviéticos. Sin embargo, otros problemas surgieron.

En 1991, Sadam Hussein invadió Kuwait, lo cual representó el primer gran reto del Nuevo Orden Mundial. En una de las operaciones militares más precisas, se derrotó a Hussein y parecía que los EUA se curaban del síndrome de Vietnam. Asimismo, durante la presidencia de Bush Sr., se negoció y firmó el TLCAN que iniciaría durante la administración Clinton, el cual fue la culminación de un proceso largo relacionado con un mercado común y un primer paso hacia la integración del Hemisferio Occidental. Al surgir los problemas en la Región de los Balcanes, los EUA no prestaron mucha atención al grado de que cuando el secretario de estado, James Baker la visitó, en 1991, declaró: “nosotros no tenemos perro en este pleito.” Al inicio de su presidencia William Jefferson Clinton (1993-2001) creía que los europeos podían resolver el problema. En 1995, b<
Otra, para defender esos valores al utilizar la intervención militar en los asuntos internos de los estados soberanos en lugar de simple oposición a la agresión transfronteriza, como en la Guerra del Golfo de 1991. Aun cuando Mandelbaum critica la doctrina Clinton por castigar al inocente en función de expresar indignación con el culpable, la intervención militar de los EUA en los Balcanes ayudó a reactivar la presencia estadounidense en Europa en donde ya operaba, desde 1993, la Unión Europea. Por lo que concierne al Continente Americano, aparte del TLC con Canadá y México, su acto más significativo fue autorizar, en 1995, la ayuda financiera a nuestro país, lo cual si bien él lo califica como una de las mejores decisiones que tomó durante su gobierno, algo que nadie nos lo platicó, con ello evitó que el modelo globalizador se viniera abajo. Es fecha que no acabamos de pagar las consecuencias de esa ayuda. Asimismo, en 1996, Clinton firmó la Ley Helms-Burton que endureció el bloqueo a Cuba. En el terreno doméstico, la economía estadounidense creció gracias al incremento de la productividad, mientras el modelo globalizador seguía avanzando.

Tras de elecciones controvertidas, el ex gobernador de Texas, George Walker Bush (2001-2009) derrotaría al vicepresidente Albert Arnold Gore Jr. Era ya el siglo XXI con un mundo distinto. La globalización sustituía a la internacionalización, la política exterior era reemplazada por la política internacional. Ya no existía el bilateralismo, prevalecía el multilateralismo. La política exterior estadounidense enfrentaba un reto que si no del todo nuevo, reunía características peculiares, los bloques políticos y económicos. En ese contexto, lo importante era la democracia, la libertad política, la eliminación de fronteras y el libre acceso a la información. El paradigma era que mediante la apertura se lograría eliminar la pobreza. Sin embargo, cuando todo resplandecía en el panorama estadounidense y el presidente Bush trataba de diseminar por el mundo los valores estadounidenses al amparo de una era nueva de realismo, llegó el 11 de septiembre de 2001 y el mundo cambió para mal.

En el proceso de buscar los responsables del acto terrorista, los EUA acabaron embarcándose en un par de guerras, Irak y Afganistán, que marcarían su política internacional en los años por venir. Lo que en un principio fue unidad nacional, devino en controversias y la guerra en contra del terrorismo, amparado por el islamismo, no pudo dar resultados en el corto plazo dado su naturaleza peculiar. En materia comercial, bajo la premisa de mercados abiertos, Bush apoyó el ingreso de China a la OMC, mientras que la Unión Europea continuaba ocupando espacios en el mundo. Pronto, las empresas manufactureras estadounidenses ya no se conformaron con cruzar el Bravo, sino que se fueron a China dado los bajos salarios que allá se pagan. Ello incrementó el flujo de mexicanos quienes, en su mayor parte de manera ilegal, cruzaron a los EUA en busca de lo que un par de ineficientes en México no les podían proporcionar, oportunidades para poder aspirar a condiciones de vida dignas En consecuencia, las remesas de divisas de los EUA hacia México fueron creciendo y convirtiéndose en el pendón de orgullo de ese par de sujetos azulados.

A finales de 2007, se inició la explosión de la burbuja hipotecaria alimentada desde los tiempos de Clinton y aquello hizo crisis en 2008, justo antes de las elecciones presidenciales que fueron ganadas por el candidato demócrata, Barack Hussein Obama (2009-2017).

Con un país dividido y la imagen estadounidense en el exterior por los suelos, el presidente entrante, al estilo del Presidente Carter, creyó que la solución a los problemas era aparecer como amigable al mundo. Olvidó que las potencias, en cualquier época de la historia, nunca han sido queridas sino temidas y por ahí les llega el respeto. El presidente Obama enfocó su política internacional hacia esos esfuerzos y al final no logró, ni lo uno, ni lo otro. Otros líderes surgieron en China, la Unión Europea y la recuperada Rusia ocupando espacios dejados por la política exterior estadounidense. En el Medio Oriente, mientras se alejaban de Israel, los EUA iban acercándose hacia las otras naciones del área que acabaron inmersas en la llamada primavera árabe cuyos resultados fueron el impulso a gobiernos islámicos y los movimientos terroristas pasaron de ser un problema externo para manifestarse en territorio de los EUA y en el resto del mundo.

Como resultado, surgió un candidato atípico, Donald John Trump quien apeló al patriotismo y a la recuperación del liderazgo mundial, y, para sorpresa de varios, se impuso a la candidata Demócrata, Hillary Rodham Clinton.

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19 Agosto 2017 04:00:00
La política exterior estadounidense: Del internacionalismo independiente hasta Vietnam
En términos generales, los historiadores afirman que durante la década de los 1920s, los EUA vivieron un periodo de aislamiento y dejaron de tener un rol activo en el terreno internacional. Sin embargo nos contamos entre quienes no coinciden con las tesis desarrolladas por los que aseguran que, tras la conclusión de la Primera Guerra Mundial y el fracaso para que los EUA ingresaran a la Liga de las Naciones, ese país se encerró y a partir de ahí actuó como un simple espectador de lo que sucedía en el mundo. Estamos de acuerdo con los historiadores William Appleman Williams y Joan Hoff quienes refutaron tal estereotipo que aun hoy algunos insisten en proclamar. Partamos de aquí hasta llegar a la diplomacia estadounidense durante los 1960s.

Primero, en 1954, en el artículo “The Legend of Isolationism in the 1920s,” publicado en la revista Science and Society y más tarde, en 1959, en su libro, “The Tragedy of American Diplomacy”, William Appleman Williams produjo una crítica devastadora sobre el aislamiento que supuestamente vivieron los EUA durante los 1920s, inicios de los 1930s. De acuerdo a Williams, no era posible caracterizar como aislada a una nación que tenía inversiones por todo el mundo y cuyo departamento de comercio promovía activamente esos intereses. Asimismo, indicaba que “los estadounidenses tienden a pensar acerca de los 1920s como un fin de semana perdido en términos de asuntos internacionales, como un periodo en el cual los Estados Unidos ignoró sus responsabilidades mundiales mientras se intoxicaba bebiendo la ginebra del aislamiento de fabricación casera.” Sin embargo, argüía, las administraciones de los Presidentes Warren Gamaliel Harding, Calvin Coolidge, y Herbert Clark Hoover tuvieron un papel muy activo dando seguimiento a los intereses económicos [y políticos] de los estadounidenses alrededor del mundo.

En base al análisis de Williams, la historiadora Joan Hoff publicó su libro “American Business and Foreign Policy: 1920-1933” (1971). Hoff sostiene que los Estados Unidos se mantuvo “aislado” solamente en el sentido de que no ingresó a la Liga de Naciones y quiso evitar alianzas que pudieran llevarlo a involucrarse en otra guerra en Europa. Los EUA optaron por seguir un camino propio, interactuando con las naciones de Europa cuando hacerlo era redituable para sus intereses. La política exterior estadounidense desarrollada, durante el periodo entre 1920 y 1933, fue denominada por Hoff como “Internacionalismo Independiente” el cual no es una filosofía de política exterior, sino un método pragmático de conducir los asuntos foráneos. Bajo esta perspectiva, se asumía que los Estados Unidos cooperarían a nivel internacional cuando no pudieran, o no quisieran, resolver un problema diplomático específico a través de una acción unilateral.

Respecto a lo anterior, veamos varios ejemplos. El rol activo que los Estados Unidos tuvieron en México para resolver los problemas que se suscitaban entre las empresas petroleras y el gobierno mexicano. Asimismo, aun sin hacerlo de manera oficial, la intervención del mejor embajador que hayan enviado a nuestro país, Dwight W. Morrow, quien supo lidiar con los representantes de la poderosa organización política internacional llamada la Iglesia Católica Apostólica y Romana, a cuyos dirigentes convenció de lo importante que era concluir con la reyerta inútil. O bien el papel activo que tuvieron los EUA durante el conflicto en Nicaragua por esos años. En el entorno europeo, Coolidge autorizó que representantes estadounidenses, primero Charles Dawes y después Owen Young participaran en el proceso para resolver los problemas financieros de Europa consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El llamado Plan Dawes planteó los mecanismos para equilibrar el presupuesto de Alemania, reorganizar el Reichsbank, y estabilizar la moneda. Eso le permitiría a Dawes obtener, en 1925, el Premio Noble de la Paz. Asimismo, en agosto de 1928, se firmó el Pacto [Frank Billings] Kellogg-[Arisitide] Briand mediante el cual se proscribía y prohibía la guerra como instrumento de política nacional. A pesar de ser firmado por quince naciones, Coolidge reconoció su naturaleza simbólica, pero representó un paso hacia la creación de protocolos globales que sirvieran como normas para el comportamiento internacional en los años venideros. Por ello, Kellogg ganaría el Premio Nobel de la Paz en 1929. En igual forma, durante los 1920s, la diplomacia estadounidense sufre una transformación que pocos mencionan. A esto, el historiador Robert Beisner, lo llamó el cambio de la diplomacia vieja a la nueva. Beisner afirmó que una vez que los EUA se consolidan como una potencia mundial, la diplomacia de esa nación sufre un giro al dejar de ser conducida por amateurs y/o designados por motivos políticos para ser conducida por personal diplomático profesionalizado.

La política exterior estadounidense de los 1920s podríamos denominarla “la política externa silenciosa,” acorde a una de las características del Presidente Calvin Coolidge, un personaje poco analizado por quienes tienden a etiquetarlo como gris, no obstante que condujo a su país por una época de prosperidad la cual si bien concluyó con la crisis de 1929, no fue culpa de Coolidge quien ya no estaba en el poder. El problema le estalló al presidente Herbert Hoover (1929-1933) quien poseía una capacidad intelectual muy alta, pero no supo dejar de lado su procedencia tecnocrática y adoptar un manejo político de la crisis. Dada su formación como ingeniero, cuando le preguntaron sobre la situación económica respondió con un término propio de su profesión dijo que los EUA estaban en una “depresión.”

Asimismo, cuando presentó al Congreso un programa para resolver el problema, sus enemigos políticos lo rechazaron al igual que lo haría más tarde, Franklin Delano Roosevelt ( 1933- 1945) quien prefirió jugar política y encargarse de mantener vivo al moribundo que solamente se salvó “gracias” a que estalló la Segunda Guerra Mundial.

Con los tambores de guerra sonando en Europa, el Presidente Roosevelt proclamó, en la cita de Kissinger, como las metas de la política estadounidense, las cuatro libertades: De expresión, de religión, de deseo, y del miedo en cualquier parte del planeta. Era el arribo del globalismo mesiánico estadounidense del siglo XX. En ese contexto, una vez que los EUA emergen como triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, los Presidentes Roosevelt y Harry S. Truman (1945-1953) estuvieron en condiciones de dar forma al entorno internacional de acuerdo a los principios estadounidenses -seguridad colectiva, autodeterminación nacional y descolonización- en el proceso crearon la Organización de las Naciones Unidas como reemplazo de la Liga de las Naciones.

A pesar de que los EUA se convirtieron en el ente dominante sobre las naciones europeas, no fue nada sencillo establecer las reglas nuevas en el orden mundial. Robert J. Donovan en su libro “Conflict and Crisis” (1977), menciona que en la era Post Segunda Guerra Mundial, existía el sentir de que Rusia violaba o trataba de establecer su versión propia de lo que se había pactado en los Acuerdos de Terán, Yalta y Potsdam. Iósif Stalin buscaba consolidar el poderío soviético y, al mantener el control del Ejército Rojo en Europa del Este, retrasaba la firma de la paz. Los soviéticos deseaban instalar un gobierno amigable en Grecia, hacer de Turquía un estado títere y apropiarse de los campos petroleros en el Medio Oriente. Moscú apoyaba a los comunistas en China y se resistía a la unificación de Corea, excepto bajo un gobierno comunista. Ante esto, algunos diplomáticos estadounidenses analizaron la situación y buscaron proveer con una guía política y diplomática para manejar la situación.

En el verano de 1947, el diplomático estadounidense, George Frost Kennan, bajo el seudónimo Mr. X, introdujo el término “Containment” (Contención), en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, titulado “The Sources of Soviet Conduct”. A este había precedido el famoso “Telegrama Largo” en donde alertaba sobre el peligro que representaba Rusia. A partir de ello, la política exterior estadounidense habría de basarse en el principio de Contención que consistía en proveer a las naciones con fondos para que lograran su desarrollo económico, así como otorgarles protección mediante apoyo militar. Esto, de acuerdo al presidente Truman, citado por Barton J. Bernstein en “Towards a New Past: Dissenting Essays in American History” (1970), podría detener la expansión del comunismo, el crecimiento del militarismo podría controlarse y prevenir las revoluciones. Dado que estas últimas, de acuerdo a la definición liberal, eran impuestas por una minoría pequeña, un gobierno estadounidense vigilante podría detenerlas. Eran las bases de la Doctrina Truman.

Entre 1947 y 1948, el gobierno estadounidense dio los pasos primeros para transformar el principio de Contención en una política tangible. De acuerdo a Thomas Paterson en “Every Front: The Making and Unmaking of the Cold War” (1992), la meta de los EUA era construir una red internacional económica y defensiva la cual permitiera reafirmar y proteger la hegemonía estadounidense. El primer experimento se realizó en Europea occidental con el Plan Marshall, el cual cubría varios objetivos estadounidenses tales como; la reconstrucción económica, prevención de victorias políticas de izquierdistas y comunistas, sacar al comunismo del gobierno, integración europea mediante la incorporación de la zona occidental de Alemania dentro del sistema económico de Europa occidental ligado a los EUA, arreglos de las disputas coloniales que estaban drenando los recursos escasos de las naciones de origen, bloquear una “tercera fuerza” o tendencias neutralistas y la creación de una alianza defensiva. El panorama lucia esplendoroso para los EUA. Sin embargo, apareció un elemento externo, que en ocasiones generó confrontaciones en lo interno, la Guerra Fría.

Fuentes diversas señalan que la Guerra Fría se deriva de tres causas entrelazadas: a) un sistema internacional conflictivo; b) la divergencia fundamental de necesidades, ideas y poder de los EUA y la URSS; y, c) la conducta diplomática y los sistemas políticos domésticos –las tácticas- de los lideres estadounidenses y soviéticos. Dejando a un lado esto, lo que más contribuyó a la Guerra Fría fue cuál de las dos potencias controlaba el desarrollo, difusión y uso de la energía atómica.

Hasta 1948, los EUA tenían el monopolio de la bomba atómica y estaban preocupados porque una vez que ya no lo poseyeran, serían más vulnerables. Durante los años primeros de la postguerra, los soviéticos mantuvieron sus tropas en Europa del Este como una medida para detener el poderío estadounidense nuclear y aéreo. En 1949, la Unión Soviética produjo su propia bomba y el escenario quedo listo para que la Guerra Fría fuera el eje de la política exterior estadounidense durante los años venideros.

En 1948, dentro del contexto de la esfera militar, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda fueron impulsados por los EUA para crear el Pacto de Bruselas. Más tarde, ellos reconocieron que sin la participación de los EUA, el Pacto no funcionaría y le solicitaron que participara. Posteriormente, con la incorporación de EUA y Canadá, nació, en 1949, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los Estados Unidos se convirtieron en el miembro clave de la OTAN, proveyendo protección y seguridad, así como los fondos para adquirir equipo militar y hacer viable la asociación regional. En ese contexto, mediante la promulgación de la primer Ley de Asistencia para la Defensa Mutua (Octubre 1949), se autorizaron cerca de dos mil millones d dólares en ayuda militar para los miembros de la OTAN, así como para Grecia, Turquía, Irán, Corea, Filipinas y China. Se había militarizado la Contención. Asimismo, se implantó una política para ayudar a Japón en su reconstrucción y asegurar así que ese país se incorporara a la esfera estadounidense.

Para lograr las metas de desarrollo descritas bajo la política de Contención, los EUA disponían de dos instrumentos El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (Banco Mundial) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Dado que ambos tenía su sede en Washington, el presidente del Banco Mundial era un estadounidense, y los EUA el principal proveedor de financiamiento, los préstamos se otorgaran a los amigos de los estadounidenses y se negaran a los que pertenecían a la esfera soviética. Fue la transformación de la “Dollar Diplomacy” en un
instrumento moderno de desarrollo.

Pero, la Contención no era un concepto rígido. En 1949, cuando el líder de Yugoslavia, Tito rompió con la URSS, tras cavilarlo, los EUA se percataron de lo importante que era dar apoyo a un disidente de la esfera comunista como un paso inicial para romperle la unidad. Regresando a Paterson, los EUA gradualmente se abrieron al comercio con el país balcánico, además de otorgarle créditos en 1949 y ayuda militar dos años más tarde. También en 1949, Al momento en que Mao Zedong derrotó a Chiang Kai-shek, y proclamó un gobierno comunista independiente de Moscú, los estrategas del departamento de estado recomendaron reconocerlo y continuar con el intercambio comercial de bienes no estratégicos. Por esos rumbos,cuando los soviéticos armaron a Corea del Norte para invadir Corea del Sur (CS), el aliado de los EUA, estos asumieron que los rusos trataban de medir su grado de debilidad, a la vez que se convertían en una amenaza para la ribera del Pacifico y apoyaron a CS, mientras tanto Francia determinaba ir en busca de su expansión en Indochina (Vietnam, Cambodia y Laos), Filipinas y Formosa (Taiwán).

Por nuestros rumbos, durante los 1950s, la política de Contención enfrentó varios retos. Los países latinoamericanos ofrecieron poco apoyo a los EUA durante la Guerra de Corea; el Panamericanismo y la OEA mostraron ser ineficientes en el manejo de los problemas regionales. Ya en la administración del Presidente Dwight D. Eisenhower (1953-1961), en 1954, cuando, en Guatemala, Juan Jacobo Árbenz Guzmán desafió la hegemonía estadounidense aquello acabó en una asonada organizada por la CIA y la caída del gobierno. En 1958, el vicepresidente Richard Milhaus Nixon fue vejado durante su gira por países latinoamericanos; mientras que en Panamá los nacionalistas demandaban términos nuevos en el acuerdo para operar la Zona del Canal.

Richard Immerman, en un artículo publicado en 1979, en Political Psychology, titulado “Eisenhower and Dulles: Who Made the Decisions?” señalaba que, en los 1950s, la situación en Europa se movía en contra de los intereses estadounidenses. Francia vetó la Comunidad de Defensa Europea, apoyada por los EUA, arguyendo que permitiría el rearme germano. Igualmente, los galos ayudaron a la creación del Mercado Común Europeo para disminuir la influencia estadounidense en Europa, al tiempo que abandonaban la OTAN y demandaban se removieran las bases militares de su territorio. En medio de esto, el Presidente Eisenhower mantuvo una política sin requiebros hacia Rusia demandándole acuerdos que condujeran a reducir el armamentismo Su énfasis no estaba en la conciliación sino en la firmeza. Pero aun vendría otro problema para la política de Contención.

A finales de los 1950s, encabezados por Fidel Castro Ruz, los rebeldes se apoderaron de Cuba y si bien no mostraban su filiación política izquierdista, una serie de medidas estadounidenses equivocadas, culminadas en el desastre de Bahía de Cochinos, terminaron por arrojarlos a los brazos soviéticos. Esto, en octubre de 1962, llevaría a la Crisis de los Misiles. Ante eso, posteriormente, el Presidente John F. Kennedy (1961-1963) implantó una política que promovería que las naciones del llamado Tercer Mundo pasaran de una situación económica precaria a la madurez política y económica. En ese proceso deberían de adoptar el desarrollo capitalista y alejarse del radicalismo, socialismo o comunismo. Inclusive deberían olvidar la neutralidad y abiertamente declararse pro EUA. Entre los programas desarrollados para tal fin destacaron la Alianza para el Progreso y los Cuerpos de Paz.

A pesar de esas propuestas, Kennedy continuó enfocado a detener la propagación del comunismo e ignoró los consejos de abandonar Vietnam. Rechazó cualquier acuerdo negociado y se embarcó en una de las peores experiencias bélicas de la historia estadounidense, la Guerra de Vietnam. Al caer asesinado, en noviembre de 1963, Kennedy lega una situación conflictiva al Presidente Lyndon Baines Johnson (1963-1968) quien prosigue con la política de Contención. Al persistir con la Guerra de Vietnam, Johnson enfrenta protestas en contra de ella. A la vez que esos mismos activistas incorporan a su paquete de demandas la integración racial y el movimiento feminista. A la par, antiguos admiradores del régimen soviético se muestran decepcionados al enterarse de la represión que se vivió en la URSS durante la administración de Stalin. De que como se desarrolló la política exterior estadounidense desde la segunda mitad de los 1960s hasta nuestros días, les comentaremos en la colaboración próxima.

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12 Agosto 2017 04:00:00
La política exterior estadounidense: La doctrina Monroe y el corolario Roosevelt / C
En el contexto de la política exterior estadounidense, América Latina ha ocupado un lugar preponderante al encontrarse dentro de su esfera de influencia. En base a ello, se arguye que cuando la Doctrina Monroe establece aquello de “América para los americanos,” entendamos como sinónimo de estos últimos a los estadounidenses y no al continente que comprende desde el norte del Bravo y hasta la Patagonia. Si bien, la Doctrina fue un acto unilateral de los EU en función de preservar para sí el control de América Latina y evitar cualquier intervención europea, rememoremos que cuando nace, en 1823, apenas nos acabábamos de sacudir tres centurias de dominio español, el cual sin negar que nos legó el mestizaje de donde provenimos, poco o nada dejó en términos de bienestar para la población. En ese contexto, los EU vieron que en estas tierras había un espacio en donde ejercer su influencia y a partir de ahí instrumentar su política exterior para nuestros países. Antes de que por ahí salga un ensabanado en el lábaro patrio, recordemos que este análisis está fundado en datos duros y no en “wishful thinking.” En ese contexto, no olvidemos que esta es una revisión de la política exterior estadounidense, la cual no fue diseñada para ver si nos gustaba o no. Con ella han lidiado nuestros gobernantes. Varios de ellos han mostrado un grado alto de dignidad por lo cual han sido respetados y capaces de desarrollar políticas conjuntas, los otros han utilizado conforme al nivel exhibido. Vayamos al recuento de las dos primeras décadas del siglo 20 en el entorno de la política exterior estadounidense durante ese lapso.
Al momento en que la Doctrina Monroe aparece, los EU eran aún una nación en vías de formación. Sin embargo, los alcances de la misma fueron más allá de lo esperado. Acabaría estableciendo las bases para el futuro de la política exterior estadounidense en general. Inmersa en ese proceso, llegó a los albores del Siglo 20 y ya no era factible utilizar las medidas empleadas cuando apenas se configuraba el país que cuando ya había obtenido el estatus de potencia. Por ello, el Presidente Theodore Roosevelt decidió tomar los principios de la Doctrina Monroe al nivel siguiente. Ahí, nació el llamado Corolario Roosevelt.

Conforme a lo citado por uno de los historiadores estadounidenses más connotados, Walter Lafeber, ese Corolario establecía como falso que los Estados Unidos “estuvieran hambrientos por adquirir posesiones territoriales nuevas o considerara cualquier proyecto al respecto para otras naciones del Hemisferio Occidental, excepto la búsqueda de su bienestar. Todo lo que [los EU] desean para sus naciones vecinas, citaba LaFeber, es estabilidad, orden y prosperidad…” Acto seguido venia la admonición preventiva. Sin embargo, de persistir “situaciones equivocas crónicas o la impotencia que den por resultado la pérdida de vínculos con la sociedad civilizada puede en América [entendida como el Continente Americano], como en cualquier otro sitio, requerirse la intervención de alguna nación civilizada…” Y como por estos rumbos ya sabíamos quien representaba eso, pues indicaba claramente: “En el Hemisferio Occidental, la observancia por parte de los Estados Unidos a los principios de la Doctrina Monroe podría forzar [a que esta nación], aun renuentemente, en los casos en que persistieran las situaciones equivocas y/o la impotencia flagrantes, tuviera que actuar como un poder policial internacional…” Pero no fueran a creer que aquello se daría de forma automática, “[Los EU] intervendríamos en [América Latina] únicamente como un recurso último, y solamente si fuera evidente que su incapacidad u oposición a impartir justicia en casa y hacia el exterior hubieran violado los derechos de los Estados Unidos o bien se hubiera recurrido a llamar a otras fuerzas externas de agresión, lo cual generara el detrimento de todo el conjunto de las naciones [del Continente Americano].” Para algunos era la puesta en práctica de las palabras que Roosevelt pronunciara años atrás: “speak softly and carry a big stick, you will go far” (habla suavemente y carga un garrote, así llegaras lejos). Si bien la Doctrina y el Corolario parecían un elemento unificado, existían algunas diferencias.

La Doctrina apoyaba las revoluciones en América Latina, el Corolario se oponía. Esto se explica ya que, a inicios de los 1800, los enemigos eran los europeos quienes desafiaban la predominancia estadounidense en el Hemisferio Occidental. En los albores del Siglo 20, las revoluciones podían estallar para combatir la intervención de los EU en el área.

Monroe demandaba la no intervención de fuerzas externas, incluyendo los EU, en esas revueltas, Roosevelt declaraba que intervendría para mantener el orden civilizado. Cuando Monroe proclamó su Doctrina, los EU no poseían un ejército fuerte para intervenir en esas insurrecciones, era mejor prohibir cualquier intervención. Pero una vez que se tiene un apoyo militar fuerte, no iba a permitir que nadie iniciara un fuego en la puerta de su casa.

La Doctrina había visto el poder económico actuando en un mercado tradicional, comprando y vendiendo de acuerdo a las reglas establecidas por el país de origen. El Corolario planteaba usar el poderío económico del país para controlar esos mercados y revertir el control ejercido por el país de origen para que fuera ejercido por los EU. O, como se dice, quien tiene el oro escribe las reglas, una potencia tiene capacidad para dictar los términos de intercambio.

Monroe argumentaba que al mantenerse alejado de los asuntos internos de América Latina, no requeriría una intervención militar. La propuesta de Roosevelt implicaba que si las cosas no se daban correctamente, en función de los intereses de los EU, en esa región o en uno de los países de la misma entonces había que hacer uso de la fuerza para corregir el problema.

La Doctrina establecía abstención. En Congreso no tenía un rol específico y el presidente no tenía que preocuparse por problemas constitucionales con la legislatura. Roosevelt siguió un camino que constitucionalmente requería la aprobación del Congreso, pero lo ignoró cuando se le oponía.

Para el Presidente Roosevelt, el futuro de los EU no estaba solamente en el Hemisferio Occidental, había una oportunidad muy importante en Asia. Los estadounidenses tenían que conquistar el mercado más grande del mundo que ofrecía la mano de obra más barata. El presidente estadounidense trató de garantizar la política de puertas abiertas al mercado chino mediante el apoyo otorgado a Japón, mientras obstaculizaba los intentos de Rusia por colonizar Manchuria y controlar Corea. Al final, Roosevelt fue capaz de sentar en la mesa de negociaciones a ambas partes, Japón y Rusia lograron un acuerdo de paz el cual colocó al gobierno ruso en una situación tal que años más tarde concluyó con la erupción de la Revolución Bolchevique. Al respecto, revisemos la perspectiva de un experto en el tema.

En la opinión de Henry Kissinger, lo que Roosevelt hizo fue utilizar las reglas del equilibrio de poderes. Esto implicaba querer debilitar a Rusia, pero sin llevarlo a un grado en que fuera derrotado y los japoneses se convirtieran en la amenaza sustituta de los rusos. En el llamado Tratado de Portsmouth, los arreglos se basaron en la premisa de un equilibrio de poder asiático en el cual Japón, apoyado por la Gran Bretaña, compensaría a Rusia, mientras los Estados Unidos mantendrían el balance final entre las dos partes de Asia, tanto como Gran Bretaña preservaba el equilibrio en Europa.

Quien sucedió a Roosevelt fue, otro Republicano, William Howard Taft (1909-1913). Su ritmo de trabajo fue lo opuesto a su predecesor en términos energéticos, lo cual no significó que cayera en la inactividad. La política externa de Taft quedó en manos del secretario de estado, Philander C. Knox, de quien un diplomático británico dijera que concebía los asuntos internacionales en igual forma que la práctica de la abogacía. Para Knox, un tratado era un contrato, la diplomacia era un litigio, y los países involucrados son partes en una demanda.

Bajo esa suposición, Knox and Taft creían que no era necesario el uso de la fuerza para continuar la consolidación del poder estadounidense en el mundo. Según su perspectiva, era suficiente con utilizar el capital creciente del país e invertirlo en otras altitudes. A esa política se le llamó “Dollar Diplomacy.” De acuerdo al Presidente Taft, mediante su implantación, sería factible crear sociedades ordenadas al ayudar a industrializar las naciones y a la vez generar utilidades para los inversionistas estadounidenses. La realidad habría de hacerle ver que aquello funcionaba mejor si le aderezaba un poco de orden. La utilización de la “Dollar Diplomacy” en China casi termina en catástrofe tanto para los chinos como para los EU.

Durante la era de la “Dollar Diplomacy,” específicamente en 1909, se propuso un tratado de reciprocidad el cual implicaba disminuir las tarifas en el intercambio comercial con México y Canadá. Sin embargo, la propuesta se vino abajo debido a los desacuerdos surgidos entre Republicanos conservadores quienes demandaban tarifas más altas y los Progresistas quienes apoyaban a Taft. Asimismo, la diplomacia promovida por Taft fue puesta en práctica en América Central. En Costa Rica y Honduras, la United Fruit jugó un papel importante en las plantaciones de plátano y los ferrocarriles, lo cual le permitió extender su control sobre el trasporte de carga, la banca y el gobierno.

El Presidente Taft, se preocupaba por ver cuál era la situación de los negocios estadounidenses en el mundo. Creía que los préstamos y la inversión de capital generarían orden, estabilidad y prosperidad a las naciones. Prefería esperar los resultados en lugar de ir a buscarlos o implantar medidas para lograr que se presentaran conforme a los planes. No obstante todas esas acciones, estallaron revoluciones en México y Nicaragua. Mientras tanto, en Europa, el sistema sustentado en el equilibrio de poder mostró una estabilidad muy endeble lo cual conduciría a la Primera Guerra Mundial.

En 1912, empieza a aparecer una fase nueva en materia de comercio. El entonces candidato presidencial Demócrata, y futuro presidente, Thomas Woodrow Wilson (1913-1921), señaló, tal como es citado por LaFeber, que era necesario encontrar la frontera nueva de los mercados mundiales para reemplazar la frontera geográfica. El gobierno, encabezado por un presidente fuerte, debe de abrir y ordenar esas fronteras nuevas. Wilson reconocía que las corporaciones serian un factor diferente de carácter nacional, pero deseaba emplear al gobierno para reforzar los valores políticos y morales tradicionales.

La presidencia de Wilson se distinguió por ser una combinación de idealismo con pragmatismo. De acuerdo a Kissinger, las ideas de Wilson habrían de dar forma a la base conceptual de la política exterior estadounidense durante el resto del siglo 20.

Una vez en la presidencia, Wilson realizó su primer movimiento diplomático cuando, con la finalidad de estabilizar China, sacó a los banqueros estadounidenses del consorcio de las seis potencias integrado también por Rusia, Francia, Alemana, Japón y Gran Bretaña. Esta medida la tomó no porque careciera de conocimientos sobre lo que China representaba, sino debido al hecho de que Rusia y Japón, que controlaban el grupo, mostraban muy poco interés por la política de puertas abiertas. Utilizaría el poderío económico creciente de los EU e iría solo en China. Trabajaría con el líder chino quien prometiera estabilidad y cooperación.

En relación a Japón, Wilson, a través del secretario de estado, Robert Lansing, obtuvo un acuerdo en el cual los EU reconocían el dominio de Japón en áreas como el sureste de Manchuria. A cambio, Japón reafirmaba su participación en la política de puertas abiertas.

La imagen que Wilson proyectó durante su campaña fue la de un pacifista. Sin embargo, durante su administración implantó una política exterior más agresiva aun que la de Theodore Roosevelt. Wilson no tenía duda de que el uso de la fuerza era necesaria para poder alcanzar el orden. Aun cuando cabe mencionar que también utilizó el poder del dinero para hacerse de territorio como fue el caso de las Islas Vírgenes por las cuales le pagó 25 millones de dólares a Dinamarca. Tras de que en su campaña para reelegirse, les prometió a los estadounidenses que no enviaría sus hijos a la guerra, al final no tuvo otra opción sino involucrarse, y ganar, en la Primera Guerra Mundial. Por tierras Latinoamericanas durante el gobierno de Wilson seis fueron las veces en que envió tropas para “pacificarnos” o “ayudarnos”. No olvidemos que dos de ellas fueron aquí en México, mismas que trataría de justificar años después, pero que en su momento no fueron bien recibidas por nadie y solamente la testarudez positiva de Venustiano Carranza Garza hizo factible que no termináramos en protectorado o de achichincles durante la Primera Guerra Mundial.

Retornando a Kissinger, desde su perspectiva los motivos que indujeron a Wilson a involucrarse en la Guerra no fueron generados por el deseo de preservar y fortalecer el equilibrio de las potencias en Europa. Lo que en realidad Wilson buscaba era terminar conjuntamente con ese equilibrio y el sistema de Westfalia. Aquí cabe hacer un paréntesis y precisar a lo que se refiere esto último. En 1648, se firmó la Paz de Westfalia dando fin a la Guerra de los Treinta Años. Era un acuerdo para respetar el principio de integridad territorial. En el sistema de Westfalia, se asumía que los intereses nacionales y los objetivos de los estados (más tarde estados-naciones) estaban por encima de cualquier ciudadano o gobernante. Los estados, se convirtieron en los agentes institucionales primarios en un sistema de relaciones regionales. Hasta aquí la disgregación, retornemos a principios el siglo 20 en los EU en donde el presidente Wilson estaba convencido de que las relaciones entre países no deberían fundarse en un equilibrio de potencias , sino en una comunidad de potencias; no en un conglomerado de rivalidades organizadas, sino sustentada en la instauración de una paz común. A partir de ahí, el Presidente Wilson habría de delinear los tres temas básicos en los cuales se sustentaría la política exterior estadounidense del futuro.

Primero, habría que considerar la prevalencia de la armonía como el orden natural de los asuntos internacionales. Segundo, generar el cambio mediante el uso de la fuerza es inadmisible; toda transformación debe de suscitarse mediante un proceso basado en la ley, algo que se asemeje a ella o mediante un procedimiento legal. Tercero, cualquier nación construida bajos dichos principios nunca debería optar por la confrontación violenta; aquellos estados que no adopten estos criterios más temprano que tarde llevaran al mundo a un conflicto. El objetivo de Wilson era extender al resto del mundo lo que ellos llaman los valores estadounidenses por lo cual se convierten en una política exterior activa.

En ese contexto, al finalizar la Primera Guerra Mundial, Wilson promovió la creación de un parlamento mundial liderado por los EU. Esto generaría seguridad colectiva y representaría un acuerdo en pro de la paz permanente. Bajo este esquema, se creó la Liga de las Naciones. Tras convencer a los otros líderes ganadores de la Guerra, Wilson retornó a los EU para promover la incorporación a su país a dicha Liga. Sin embargo, pagaría el olvido que tuvo cuando se fue a París sin invitar a miembros del Congreso como parte de la delegación estadounidense. El triunfo lo cegó y creyó era un mero trámite convencer a los integrantes del legislativo en su país. Sin embargo, su rival acérrimo, el senador por Massachusetts, Henry Cabot Lodge, encabezó la oposición para que los EU ingresaran a la Liga de las Naciones.
Cuestionó el contenido del artículo X de la Liga que se refería a la seguridad colectiva. Esto significaba que si una nación estaba bajo ataque, todos los demás miembros habrían de defenderla, lo cual argüía, ponía en riesgo a los EU. Se requerían dos tercios de votos aprobatorios del Senado para aprobar la participación de los EU en la Liga, pero Wilson y los Demócratas no pudieron alcanzarlos. Eso, le costó la salud a Wilson y el poder presidencial disminuyó. A partir de ahí, aseguran algunos historiadores, da inicio un periodo de aislamiento de los EU con respecto los eventos mundiales, algo con lo que de acuerdo a nuestras investigaciones no ocurrió, eso lo trataremos en la colaboración siguiente.
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Añadido (1) A poco creían que era un partido de pelados, pues no. Ya tenía a la princesita plagiaria, ahora muestra al rey de mazapán. Desde la cúspide, luce complacido su Alteza Serenísima, el del Siglo 21, no el del 19.

Añadido (2) Un amigo, quien como militante de toda la vida ha sudado la camiseta por su partido, nos hizo el mejor resumen sobre el sentir de los miembros acerca de la asamblea priísta: DECEPCIONADOS.

Añadido (3) En el boxeo, los antiguos aconsejaban golpear al cuerpo para minar la velocidad de del contrario y que llegara exhausto a los rounds finales. De continuar a ese ritmo el “traca-traca,” como dijera el cronista nigropetense Agustín Álvarez Briones, cuando los negociadores mexicanos se vayan a negociar el TLCAN o NAFTA llegaran con los brazos caídos pesándoles una tonelada. Primero fue la papaya, siguió el batacazo del dinero sucio, a ver mañana que nos anuncian. Y aquí, impávidos en espera de que les asignen otra chambita en pro de la democracia.
05 Agosto 2017 04:00:00
El punto de inflexión en la política exterior estadounidense/ B
Al momento en que el siglo XIX finalizaba, tras la Reconstrucción, el auge industrial alcanzado en la llamada “Gilded Age,” la crisis de 1893 y su recuperación, los EUA estaban listos para buscar un sentido nuevo a sus relaciones con el exterior. En 1896, concluía el mandato del vigésimo segundo y vigésimo cuarto presidente de los EUA, el Demócrata Grover Cleveland (1885–1889 y 1893–1897). Alguien cuyo nombre suena extraño al sur del Bravo o, por qué no decirlo, desconocido. Sin embargo, está pleno de anécdotas entre las que se encuentran alegatos de una paternidad fuera de matrimonio; el casamiento con la hija de su socio en el despacho de abogado, a la cual le llevaba 28 años de edad; ser el segundo presidente en casarse en la Casa Blanca; haber procreado la primera criatura nacida en la Casa Blanca, y realizar la inauguración de la Estatua de la Libertad. Durante su primer mandato mantuvo la política de aislamiento, mientras que en el segundo logró superar la crisis de 1893; obligó a Gran Bretaña a aceptar los límites de Venezuela invocando la Doctrina Monroe, y apoyó la restauración de la monarquía en Hawái, retirando del Senado el proyecto de anexión de Hawái a los EUA. En la contienda presidencial de 1896, se enfrentaron quien fuera gobernador de Ohio (1892-1896), William McKinley (Republicano) y William Jennings Bryan (Demócrata), enemigo del patrón oro y partidario de que lo fuera la plata. Partamos de aquí para revisar el punto de inflexión en la política exterior estadounidense.

Bajo la promesa de fomentar la industria y la banca y generar prosperidad para todos, McKinley derrotó en una contienda cerrada a Bryan. Al finalizar 1897, el primer año de gobierno de McKinley (1897-1901), la economía estadounidense estaba en recuperación plena. Sin embargo, para entonces la rebelión cubana en contra de la dominación española de la isla llevaba dos años y ello ponía en riesgo las propiedades de los estadounidenses, cuyo valor era de alrededor los 50 millones de dólares. Ante esa situación, el gobierno de los EUA, buscando proteger los bienes de sus connacionales, le solicitó a España conceder la independencia a Cuba. Dado que España rechaza la propuesta y los cubanos continuaban destruyendo el patrimonio de los estadunidenses buscando con ello forzar la intervención armada estadounidense, esto permitía que un par de próceres del periodismo estadounidense, Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst se enfrascaran en ver quien vendía un número mayor de diarios. Permítanos precisar de qué se trató esto.

En su afán mercantilista por vender papel, Pulitzer y Hearst inflamaban el nacionalismo y no les importaba lo que fuera a suceder, lo significativo era derrotar al rival y apoderarse del mercado de lectores neoyorkinos. Un día sí, y al siguiente nuevamente, publicaban notas alarmistas respecto a lo que sucedía en Cuba en sus diarios The New York World, propiedad de Pulitzer, y The New York Journal editado por Hearst. A la par, se convertían en los padres de la llamada prensa amarillista, porque de ese color era el papel en donde se plasmaban historias poco sustentadas, pero suficientemente alarmistas para atraer lectores, algo que hoy ha quedado atrás. El New York Times y el Washington Post, junto con las cadenas televisivas CNN, NBC, MSNBC, ABC y CBS, difunden sus versiones de la realidad pintadas de colores etéreos y/o fantasmales, en el caso de FOX todo depende del color del cristal con que se mire, y las redes sociales tienden a cubrir una multitud de sus mensajes con un tono café de aspecto y olor desagradable. Pero, el 15 de febrero de 1898, Pulitzer y Hearst recibieron como maná caído del cielo la noticia de que la embarcación estadounidense Maine había explotado. Este es un evento que hasta nuestros días no se define que fue realmente lo acontecido. Unos dicen que fue una mina y otros que una explosión en la cocina. Sin embargo, para ese par de editores, entonces, y siempre, 274 muertos representaban un número suficiente para inflamar el fervor patrio. La narrativa periodística que prevaleció, compartida por autoridades y ciudadanos estadounidenses, fue que los responsables de tal barbaridad eran los españoles y deberían de pagar.

Walter Lafeber en “The American Age: United States Foreign Policy at Home and Abroad Since 1896” (1994), menciona que entre el 20 y 28 de marzo de 1898, el Presidente McKinley presentó un serie de demandas a España. Entre ellas destacaban que deberían: Pagar una indemnización por el hundimiento del Maine; prometer que no utilizarían la política del reconcentrado [la política de mover a los civiles cubanos a poblaciones del centro en manos del ejército español]; declarar un cese al fuego; y, negociar la independencia de Cuba, sí fuera necesario, a través de la intervención de los EUA. España aceptó todas las demandas, excepto la última. Como consecuencia, se incrementó la presión en los EUA; entre las voces más demandantes se encontraban la del subsecretario de marina, Theodore Roosevelt. El 11 de abril, el Presidente McKinley solicitó al Congreso autorización para declarar la guerra dado que tres años de lucha en la isla amenazaba la vida de los cubanos, las propiedades de los estadounidenses, y la tranquilidad misma de los EUA.

Tras un debate feroz, ambas Cámaras aprobaron, el 19 de abril, la declaración referida que al día siguiente fue firmada por McKinley. El presidente aceptó la llamada Enmienda Teller en la que se especificaba que el objetivo no era obtener territorio, su objetivo no era hacerse de Cuba sino de Hawái. Tras una serie de acciones militares, el 25 de abril, los EUA declararon estado de guerra con España, lo cual persistiría por los 113 días siguientes. En ese inter, tan pronto los buques estadounidenses destruyeron la flota española en Filipinas, en mayo de 1898, el presidente solicitó al Senado la anexión de Hawái. Esta solicitud revivió después de que, en 1897, Japón envió buques de guerra a esa isla con la finalidad de que formara parte de su territorio. Sin embargo, no todos los estadounidenses estaban convencidos, los productores de azúcar temían ser desplazados por las importaciones del producto de aquellas tierras. Al no contar con los 60 votos requeridos, McKinley promovió una resolución conjunta de ambas Cámaras, utilizada en 1846 para incorporar Texas. Así, el 12 de agosto de 1898, Hawái pasó a ser parte de los EUA. Meses antes, McKinley declaraba: “Necesitamos a Hawái y un buen acuerdo, tanto como lo hicimos con California. Este es el destino manifiesto.” Era tiempo de atender totalmente el conflicto en Cuba.

Mientras tanto, un escuadrón español cruzaba el Atlántico, a la vez que por el Pacifico se desplazaba el USS Oregon para atravesar el Cabo de Hornos y de ahí subir por el Atlántico hasta el Caribe en un viaje que duró 68 días. En ese contexto, se reafirmó la idea de que era necesario construir un canal ístmico que atravesara América Central. Cuando ambas flotas se encontraron en Cuba, doce embarcaciones estadounidenses destruyeron la flota hispana, una lucha en donde un estadounidense perdió la vida. Para entonces, Theodore Roosevelt al frente de los Rough Riders ya había tomado la Colina de San Juan y curado parcialmente el trauma que lo aquejaba desde que se enteró como su padre pagó a otro para que combatiera en su lugar, el del padre, en la Guerra Civil Estadounidense. Al finalizar la contienda que el secretario de estado, John Milton Hay llamara “una guerra pequeña espléndida,” 2900 estadounidenses perecieron, de los cuales 2500 fue debido a enfermedades, se erogaron 250 millones de dólares, se obtuvo el control de Cuba y ya se habían anexado Hawái. Sin embargo eso no fue todo, mediante los Acuerdos de París, firmados el 10 de diciembre de 1898, se conviene la futura independencia de Cuba, que se concretaría en 1902, y España cede, a los EUA, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Por su parte, el subsecretario de estado, John Basset Moore, citado por LaFeber, mencionaba que la nación pasó de una situación de libertad relativa con enredos a ser considerada una potencia mundial.

Los EUA no ocuparon territorialmente Cuba, pero mediante la Enmienda Platt ejercieron su influencia. En ella, se estipulaba que los EUA tenían derecho a intervenir como lo desearan para proteger la independencia de Cuba; la deuda cubana debía de ser limitada para que los acreedores europeos no la usaran como excusa y utilizar la fuerza para cobrarla o tal vez apoderarse como compensación del territorio cubano; los EUA demandaban rentar por 99 años la base naval de Guantánamo, y, desarrollar un programa sanitario extenso para la población cubana que permitiera hacer la isla más atractiva para los inversionistas estadounidenses. La Doctrina Monroe era llevada a la práctica. Pero los EUA ya eran una potencia mundial y tenían que actuar en otras arenas.

En ese contexto, John Hay, al igual que muchos estadounidenses, tenían una fascinación grande con Asia, especialmente con China. Hay veía que el futuro del comercio estaba en aquella región y mencionó que quien entendiera a China tendría la llave del mundo de la política por las próximas cinco centurias. En lo que se conoce como “Open Door Notes,” escritas en 1899 y 1900, Hay pidió a las otras potencias (especialmente Rusia y Alemania) que no cargaran a los extranjeros más de lo que sus propios ciudadanos pagaban por los privilegios de transporte de carga y ferrocarril en las llamadas esferas de influencia en China que cada potencia clamaba detentar. Hay insistía en que la tarifa general de China se utilizase para todas las esferas de influencia, y que China recolectara los derechos. Era necesario reforzar la integridad territorial de China. Ninguna de las otras potencias estuvieron de acuerdo con las Notas de Hay, pero tampoco las rechazaron. Hay logró un acuerdo con Gran Bretaña, Japón y Francia. Ante esto, Alemania y Rusia, que se detestaban mutuamente, no tuvieron otra alternativa que aceptarlas o desafiar a las otras potencias. Pero algo más sucedería en China por aquel entonces.

A principios de 1900, la Emperatriz Dowager, Cixi, quien encabezaba la dinastía Manchú que se encontraba en decadencia plena, promovió una política radical anti extranjera para lo cual utilizó a una sociedad militarista conocida como los Boxers cuyos miembros procedieron a atacar a los foráneos y sus propiedades. Rusia, Alemania y aun Japón tuvieron que hacer uso de esos mismos Boxers para sellar algunas partes de China dentro de sus propias esferas de influencia. La situación empezó a revelar las ventajas de las acciones realizadas por los EUA a finales del siglo XIX.

Pronto, McKinley pudo mostrar porque había sido importante adquirir las Filipinas. Ordenó la movilización de cinco mil elementos del ejército estadounidense para que se dirigieran de Manila hacia China.

Mientras tanto, Hay solicitó a todas las potencias que directamente declararan comprometerse a preservar la integridad territorial y administrativa de China. Todos aceptaron cumplir el requerimiento realizado por el secretario de estado de los EUA. Hay entendió la necesidad que su país tenía de mercados comerciales y religiosos y el limitado poder que podía ejercer en la región. McKinley no veía otra opción sino tratar de mantener a las otras potencias alineadas voluntariamente respaldando la política de puertas abiertas. Esto no se podía alcanzar mediante el uso de la fuerza militar estadounidense, sino enfrentando una potencia entre sí-

Al realizar todas estas acciones, McKinley había convertido a los EUA en una de las grandes potencias, emergiendo como un rival para los europeos. Sin embargo, el objetivo primordial de los estadounidenses ya no era la adquisición de más territorio, lo que deseaban era apoderarse de los mercados. En ello, veían una alternativa que les permitiría estar a salvo de situaciones como las que vivieron durante la post depresión de 1893. El presidente McKinley proclamó que no era posible, ni deseable vivir en un estado de aislamiento. Por ello, los EUA tendrían que diseñar un esquema nuevo de tarifas, acompañado de otras políticas, que les permitiera conquistar los mercados comerciales del mundo. Con la prosperidad rampante y los territorios adquiridos, los estadounidenses no tuvieron mucha dificultad para reelegir, en 1900, a McKinley quien derrotó nuevamente a William Jennings Bryan. Todo lucia esplendoroso para McKinkley quien fue un ejecutivo moderno que proveyó a su país con una clase de liderazgo diferente.

Sin embargo, el 6 de septiembre de 1901, al inaugurar la Exposición Panamericana, en Búfalo, New York, William McKinley recibió los disparos del anarquista Leon Czolgosz. El 14 de septiembre de 1901, víctima de gangrena, fallece el vigésimo quinto presidente de los EUA.

El sucesor de McKinley fue el vicepresidente Theodore Roosevelt, un hombre de acción quien creía que el libre albedrío y la capacidad individual eran los elementos vitales que podían generar el cambio social. Estaba convencido firmemente que era necesario regular la competencia y de esa manera evitar el desorden. Roosevelt deseaba el orden y la paz., al mismo tiempo que ejemplifica la política exterior estadounidense post 1890s. Esto implicaba una inclinación a utilizar la fuerza como un medio para obtener el orden, enfatizar la responsabilidad especial que recaía sobre los hombros de los EUA para garantizar la estabilidad en América Latina y Asia, y la creencia de que los valores anglosajones y el éxito que al amparo de ellos se había tenido, daba a los estadounidenses el derecho de manejar una política exterior bajo esas premisas.

Con respecto a quien debería de conducir la política exterior estadounidense, no obstante su profundo respeto por la Constitución, Roosevelt no tenía duda alguna de que debería ser responsabilidad única del presidente. Roosevelt nunca percibió que sus acciones en el terreno de asuntos foráneos fueran una muestra de actividades imperialistas. Para él, simplemente, se trataba de actividades que tenía que desarrollar quien se asumía como un guardián encargado de mantener el orden entre pueblos menos civilizados.

Sí algo caracterizó la presidencia de Roosevelt (1901-1909) fue su frenético accionar. Lo mismo buscó poner en orden a los grandes consorcios que se instauró como el padre del ecologismo estadounidense. Mientras su política interna era catalogada de Progresista. Y para quienes hoy se alarman porque el Jefe del Ejecutivo de los EUA firma decretos para avanzar su agenda, vale mencionar que durante su administración, Roosevelt firmó 1081 decretos. En el contexto externo, perdió interés en las Filipinas y en seguir incrementando las posesiones en Asia. A la par, entendiendo su condición de potencia mundial, se dio a la tarea de acrecentar su poderío naval y, para finales de su segundo término, solamente Gran Bretaña lo superaba en el número de embarcaciones de batalla. Asimismo, estrecho sus lazos con Gran Bretaña, logrando que, el 18 de noviembre de 1901, se firmara el Tratado (John Milton)Hay–(Lord Julian) Pauncefote, el embajador británico en los EUA, que vino a sustituir al Tratado (John Middleton) Clayton–( Henry Lytton Earle) Bulwer, firmado el 19 de abril de 1850, el cual prohibía a ambas naciones colonizar o controlar algún país en América Central y por consiguiente impedía a los EUA construir un canal que conectara al Pacifico con el Atlántico. En igual forma, solucionó el problema de los límites de Alaska. Sin embargo, asumiendo la postura de que encabezaba a una de las grandes potencias, actuó como mediador para lograr finalizar la guerra entre Rusia y Japón mediante la firma del Tratado de Portsmouth. Con esta acción obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1906, en aquellos tiempos en donde dicho galardón tenía un valor real y no como ahora que se otorga a inventoras de historietas rosas. Posteriormente, finalizó las disputas de los EUA con Japón mediante el Acuerdo de Caballeros (1907). Por lo que concierne a América Latina, además de dar inicio a la construcción del Canal de Panamá, estableció un nuevo sentido a la Doctrina Monroe. Las condiciones imperantes en los inicios del Siglo XIX habían cambiado para los albores de la vigésima centuria. Los EUA estaban convertidos en una potencia mundial y actuaban en consecuencia. Cerca de ello, nos ocuparemos en la tercera colaboración sobre este tópico.
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Añadido (1) Vaya que añoramos los tiempos en que nuestro país regía sus relaciones con otras naciones bajo los principios de la Doctrina Estrada. Entonces, ganamos prestigio y respeto en el entorno internacional. Hoy, el prestigio se ha evaporado y ni quien nos respete por andar de entrometidos. Ante eso, han degradado la diplomacia a reyerta de piquera.

Añadido (2) El globito galo se desinfla. Aquí, los maxhincados andan descorazonados pues el modelito que buscaban imitar y vender en el 2018 luce desteñido y ajado. Eso pasa por deslumbrarse con cualquier retazo de percal que a los ojos de los cándidos luce como seda.
29 Julio 2017 04:00:00
Sobre la política exterior estadounidense / A
A lo largo del tiempo, se ha escrito ampliamente sobre la política exterior estadounidense y mucho nos hemos quejado sobre ella. Algunos buscan precisar si es justa o injusta, algo que es totalmente subjetivo, ya que la primera pregunta que surge es ¿para quién o para qué? A varios no les ha quedado claro que, hasta nuestros días, quienes definen las acciones a seguir en materia de los asuntos externos en los Estados Unidos de América (EUA) lo han hecho, y lo realizan en función de los intereses de ese país para consolidar su poder y no pensando que opinara el vecino al respecto. Sobre esto nada se puede argüir, es la forma en que deben actuar quienes estén a frente de cualquier nación. Tomando en cuenta todo esto, y la situación que se vive actualmente en ese entorno, decidimos nuevamente irnos a buscar en el baúl de los escritos elaborados, pero no publicados. Recuperamos uno de ellos para someterlo a su consideración, lector amable, bajo la premisa de que son los ciudadanos estadounidenses quienes deben de aprobar o no las acciones de sus gobernantes y nosotros los foráneos demandar que los nuestros sean capaces de tener la destreza requerida para saber cómo hacer frente a las políticas implantadas por quien posee el liderazgo mundial.

En esto de las relaciones con el vecino hemos tenido ejemplos verdaderamente notables por parte de nuestros líderes a lo largo de la historia, aun cuando otros han mostrado una incapacidad que los ha llevado a la abyección. Pero demos un repaso histórico a lo que ha sido la política exterior
estadounidense.

Definir la política exterior de los EUA simplemente como la construcción de la relación con otros países es una acepción a medias, ya que deja fuera lo concerniente a organizaciones y empresas. Asimismo, es olvidarse de que en ella va inmersa los esfuerzos de los gobernantes de ese país para consolidar metas específicas entre las que van el desarrollo de lo que ellos llaman los valores estadounidenses lo cual da lugar a esos objetivos. En esto no hay nada nuevo, todos los países que en algún momento han detentado liderazgos sobre otros a lo largo de la historia lo han hecho. Tomando la experiencia de otros, la política exterior estadounidense ha estado fundamentada en las cuatro “P”. Primero, el uso de las herramientas políticas para consolidar el Poder; segundo, ayudar a diseñar y establecer un orden mundial que permitan alcanzar la Paz; tercero, hacer del comercio la herramienta económica que permita la Prosperidad; y, cuarto, ayudar al desarrollo de una situación en donde el idealismo democrático y la cohesión se conviertan en los más importantes Principios. No obstante esta aparente coherencia, no todos los estudiosos han estado de acuerdo en que a lo largo del tiempo todo ha sido uniformidad. Veamos la opinión de algunos expertos en el tema.

En 1967, el Senador J. William Fulbright en The Arrogance of Power argüía que tradicionalmente la política exterior estadounidense había que considerarla desde dos aspectos: Ambos se caracterizan por una especie de moralismo, pero una es la moral de los instintos decentes que se forja bajo la premisa de reconocer la existencia de la imperfección humana y la otra es la moral de la confianza absoluta en sí mismo que se catapulta por el espíritu de lucha”. Más tarde, Henry Kissinger en Diplomacy (1994) establecería que los “Estados Unidos habían oscilado entre aislamiento y compromiso. Aun cuando ambos términos parezcan contradictorios, de acuerdo a Kissinger reflejan una fe subyacente común: que los Estados Unidos poseen el mejor sistema de gobierno en el mundo, y que el resto de la humanidad puede lograr paz y prosperidad si abandona la diplomacia tradicional y adopta la admiración y el respeto estadounidense por las leyes internacionales y la democracia”. Para concluir el autoelogio a su país adoptivo, Kissinger enfatizaba que “el recorrido de los Estados Unidos por la política internacional ha sido un triunfo de la fe sobre la experiencia”. Por su parte, Andrew J. Bacevich en American Empire (2004) cita al historiador Ernest May quien dijo: “los Estados Unidos no actúa de acuerdo a una lógica predeterminada; reacciona a las circunstancias”. Dejando de lado asuntos moralistas o considerar que una nación posee un sistema de gobierno superior al de otras o que la fe es lo que les ha permitido triunfar, lo que definitivamente es cierto es que enmarcar la diplomacia de los EUA como una reacción a las circunstancias es una percepción simplista.

La política exterior Estadounidense a lo largo de la historia ha tenido un hilo conductor. Se ha presentado en formas diversas, pero nunca ha dejado de lado que su objetivo es muy claro, la consolidación del poder estadounidense y la propagación por todo el mundo de los valores prevalecientes en la sociedad de esa nación. Para apoyar esta acepción, procederemos a realizar un análisis partiendo de los principios establecidos en la Constitución de los EUA, a la par que consideremos aquellos elementos que involucran seguridad, política, comercio, economía, ayuda humanitaria y por supuesto el poder.

Desde el punto de vista del marco legal, hay un debate intenso sobre quien está a cargo de la política exterior estadounidense. ¿El Presidente o el Congreso? En relación a esto, Louis Henkin en Foreign Affairs and the United States Constitution (1990) establece que los asuntos externos no es un término encontrado en la Constitución y lo que se caracteriza como asuntos externos no es una categoría constitucional aislada. Citando al Juez Robert H. Jackson, quien, en 1954, escribió que es posible mencionar que hay una zona nebulosa en la cual el presidente y el Congreso pudieran tener una autoridad concurrente o en la cual sus atribuciones son inciertas.

En lo concerniente a la Constitución, encontramos que de acuerdo al Artículo I, Sección 8, el Congreso tiene entre otras prerrogativas declarar la guerra, crear y financiar el ejército, determinar los impuestos, definir la política fiscal y definir el gasto. En otras palabras, el Congreso tiene el poder de controlar el “monedero”. Asimismo, en el Artículo II, Sección 2, se establece que además de otros poderes el Presidente será el comandante en Jefe del Ejército y al Armada, tendrá la autoridad para, con la asesoría y consentimiento del Senado, firmar tratados, nombrar embajadores. También, en base a la “War Powers Resolution” aprobada por el Congreso en 1973, el Presidente tiene el poder constitucional para enviar las fuerzas armadas a combate o hacerlo en aquellas situaciones cuando el involucramiento en hostilidades es inminente como pudiera ser los casos de un ataque en contra de los Estados Unidos o de sus fuerzas armadas. Vayamos ahora al terreno de quien corresponde la definición de la política exterior estadounidense.

El debate se remonta hasta los Padres Fundadores. Para Alexander Hamilton, la cláusula en la Constitución en la cual se establece que el Poder Ejecutivo estará investido en el presidente significa que le otorga todo el poder ejecutivo de los Estados Unidos – el cual para Hamilton incluye todos los poderes relacionados con el exterior- excepto que expresamente sea previsto lo contrario. Por su parte, James Madison escribió que el poder estaba en el Congreso, excepto que la Constitución expresa y específicamente lo otorgue en cantidades modestas al presidente. No obstante las discusiones generadas a lo largo de los años, lo que prevalece en este tema es lo que John Marshall declaró: La Presidencia es el único órgano de la nación en sus relaciones externas y es el único representante ante las naciones foráneas. Esa descripción, continuando con la cita de Henkin, fue expresamente aprobada por la Suprema Corte de Justicia en la confrontación The United States v.

Curtiss-Wright Export Corp. (1936), la cual se refiere al muy delicado, plenario y ejecutivo poder del presidente como el único órgano del Gobierno federal en el campo de las relaciones internacionales. Pero vayamos ahora a como se ha dado la política internacional estadounidense en la práctica a través de los años.

No hay duda de la político externa estadounidense, desde una acepción que podría llamarse moderna, nace a partir de 1905. Sin embargo, para entender los principios de dicha política es necesario remontarnos a lo que dio como resultado la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto. En su análisis, Kissinger se remonta a los principios de los Padres Fundadores y menciona como entendían y respetaban los principios del equilibrio Europeo. Para Alexander Hamilton, los mejores cálculos sobre su interés requerían que los Estados Unidos moderaran su apoyo a los poderes Europeos sin ligarse a ninguno de ellos. Por su parte, Thomas Jefferson articulaba una versión estadounidense de la teoría del balance de poderes, mencionaba que “debemos orar especialmente para que las potencias de Europa puedan estar tan equilibradas y contrarrestadas entre sí que su propia seguridad puede requerir la presencia de todas sus fuerzas en el país, dejando a las otras partes del mundo en una tranquilidad ininterrumpida”. En ese contexto, cabe anotar que los estadounidenses de aquella generación veían a su nación motivada por principios cuyos valores estaban muy por encima de los del viejo mundo, el cual se imaginaban reflejaban básicamente las aspiraciones egoístas de loa monarcas. Los Estados Unidos, decían, están destinados a servir de modelo para que los pueblos menos afortunados puedan vivir al amparo de la ley. En 1804, James Madison, (más tarde, entre 1809 y 1817, fue presidente), señaló que los Estados Unidos le debían al mundo, al igual que a sí mismos, el ejemplo de que un gobierno al menos proteste en contra de la corrupción prevaleciente. En 1821, John Quincy Adams, (sería presidente entre 1825 y 1829), insistió que los Estados Unidos debe de realizar su misión sin hacer uso de la fuerza, eliminando así la base ideológica para la intervención en el equilibrio europeo de poder.

Dos años después, el presidente James Monroe (1817-1825) dejó de lado razones prácticas y optó por acogerse a la premisa establecida por Hamilton en la cual prevalecía el temor a una intervención Europea en el Hemisferio Occidental y fue así como nació la Doctrina Monroe.

De acuerdo a Warrenm Zimmerman, en ‘First Great Triumph’ (2002), la Doctrina Monroe, proclamada en 1823, consistía de cuatro Nos: No a una nueva colonización Europea; No extensión de los sistemas políticos europeos en el Hemisferio Occidental; No intervención para terminar revoluciones; y No interferencia Estadounidense en asuntos internos de Europa. Por supuesto que la Doctrina Monroe fue un acto unilateral de la política de los EUA, no un tratado. No vinculaba a ningún país sino a los Estados Unidos, ni se aplicaba u observaba uniformemente Esta doctrina vendría a ser acompañada más tarde por , algo que se usó por vez primer en los 1840s, el llamado Destino Manifiesto. Esto fue casi una justificación teológica de la expansión continental de los EUA y del misma doctrina. Fue en cierta forma un acto de fe nacional para expandir y propagar los valores anglosajones.

En el contexto de lo anterior, la Doctrina Monroe vio sus primeros frutos cuando los pueblos Latinoamericanos lograron su independencia de España y los mismos estadounidenses terminaron de echar fuera de este continente a los ingleses. Sin embargo, como todos lo sabemos, los pobladores de lo que originalmente eran Trece Colonias estimaron que aquel territorio era pequeño e iniciaron su marcha hacia el oeste. Primero fueron los territorios en donde habitaban los aborígenes y más tarde procederían con la marcha imparable en medio de la cual, como dirían en el pueblo, “nos llevaron de corbata,” y mediante la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo “legalizaron” lo que ellos elegantemente llaman “la adquisición” (mediante el pago de 15 millones de dólares) de la mitad del territorio Mexicano con los cual los EUA terminaron de ampliar su superficie en un 60 por ciento más. Es importante mencionar, simplemente para recordarlo, que en esa política expansionista estaba considerado anexarse, aparte de lo “adquirido”, lo que restaba de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos Mexicanos, pero una vez que se firmaron los papeles de la “transferencia” decidieron dejarlo para otra ocasión. Pero no nada más nosotros estábamos en el esquema, Canadá también fue considerado dentro de la política expansionista, pero elementos diversos se conjugaron y la anexión no se concretó. Entre ellos estuvieron el rechazo de los Canadiense a ser parte de los Estados Unidos, pero quizá lo más importante fueron las divergencias suscitadas dentro de los EUA en donde no lograron ponerse de acuerdo. Los Sureños se oponían a la unión pues Canadá no aceptaba la esclavitud, algo en lo cual los Norteños estaban de acuerdo. Además, la presencia británica en Canadá seguía siendo fuerte y los EUA decidieron no confrontarla.

Kissinger establece que durante el periodo comprendido entre la aparición de la Doctrina Monroe y Guerra Estadounidense con España que culminó con la independencia de Cuba, la noción misma de política exterior -sus prácticas y estrategias- ocupó un espacio muy poco importante dentro del pensamiento estadounidense. Sin embargo, a pesar de esta afirmación, no podemos olvidar que durante los años de la Guerra Civil estadounidense, Francia invadió México, lo cual representó un reto a los principios de la Doctrina Monroe. Napoleón III, se convirtió en una amenaza para la consolidación del poder de los Estados Unidos en el Hemisferio Occidental. México fue como se dice simplemente la punta de iceberg. La idea original de Napoleón III, apoyado por otros monarcas Europeos, era iniciar un proceso gradual que llevara a la conquista y recuperación para Europa de las tierras que hoy conocemos como América Latina, algo que hasta nuestros días aquí en nuestro país sigue teniendo seguidores quienes son conocidos como los Maxhincados. Pero en aquellos tiempos, el paso siguiente, después de someter a México, era otorgar apoyo financiero y moral, así como respaldo militar clandestino a los Estados Confederados para de ahí proceder a la reintroducción de un sistema monárquico de gobierno en un Estados Unidos dividido. Una vez consolidado eso, procederían a suprimir todos los regímenes republicanos y las revoluciones en el Nuevo Mundo. Por si alguno no se había percatado de lo importante que fue que por estos lares se contara con un Estadista de la talla de Benito Pablo Juárez García al frente de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Al no caer la primera pieza del dominó, los planes de los europeos se vieron alterados. A Napoleón III no le quedó sino atender el llamado que le hizo, en una nota enérgica fechada en diciembre de 1865, el secretario de Estado de los EUA, William H. Seward. En ella le requería el retiro inmediato de las tropas francesas de México. Al ver que a pesar de todos sus esfuerzos no podía exterminar la lucha fiera librada por los Mexicanos patriotas, Napoleón III se arropó en la misiva de Seward y ordenó la evacuación de sus soldados, era menos deshonroso a los ojos de los europeos decir que acataban las ordenes de los estadounidenses que aceptar la verdad de no haber podido vencer a un pueblo liderado por un indio quien en plena adolescencia no sabía ni leer, ni escribir el idioma que se hablaba mayoritariamente en su patria. Al francés no le importó abandonar a su socio austriaco, Maximiliano quien ante la orfandad buscó al Presidente Andrew Jackson a quien le propuso una reconciliación y, en uno de las pocas cosas positivas que este hizo durante su mandato, se rehusó a escucharlo.
En ese contexto, podemos precisar que los Estados Unidos durante el periodo comprendido entre 1867 y 1898 cuando estalló la Guerra Estadounidense con España, enfocó sus esfuerzos a construir su poderío económico e industrial. Una vez edificado esto, pudo dar inicio a una era nueva de la política exterior Estadounidense. En ese momento, los Estados Unidos de América estaban listos para dar el paso siguiente. Sobre esto comentaremos en la colaboración próxima, claro sí usted, lector amable, nos favorece con su lectura.

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Añadido (1) Un día sí y otro también, nos encontramos con noticias acerca de paisanos quienes se largan del país, literalmente a jugarse la vida, ante la falta de oportunidades. Condolencias oficiales no faltan cuando varios de ellos perecen. Sin embargo, no escuchamos que gobierno y hombres de negocios, acepten la responsabilidad compartida ante su incapacidad para crear condiciones que eviten irse a otros lares en busca de mejores condiciones de vida. Eso sí, gran algarabía porque van a dedicar mil millones de pesos para rescatar una especie marina cuya existencia alcanza niveles míticos que casi igualan a los de las sirenas.

Añadido (2) Pero un momento, no seamos injustos que nuestras autoridades.

También reconocen a los emigrantes, recordemos que es la única política exitosa de los últimos 17 años, durante ese lapso, vía remesas, el país ha captado alrededor de 350 mil millones de dólares. Por eso, mediante un gasto mínimo, inventan apoyos y asistencias allá y no se ocupan por crear aquí las condiciones para que existan oportunidades reales y no tengan que largarse.
22 Julio 2017 04:00:00
El Estado mexicano y la Iglesia con aderezos Jesuíticos / y II
En nuestra colaboración anterior nos quedamos de cómo, a inicios de 1926, la clerecía católica daba muestras de que, tras varios años de preparación, arremeterían con todo en busca de recuperar lo que consideraban era su privilegio, el monopolio religioso-político. Habían trascurrido sesenta y nueve años, desde les habían quitado el pingüe negocio y buscaban recuperarlo, algo que no lograron entonces al ser metidos al orden en 1929. Sin embargo, 63 años después les volverían a abrir la puerta. Vayamos a este recorrido histórico.

En 1926, la estrategia no operaría solamente en el frente interno, sería ampliada al ámbito internacional. Al otro lado del Bravo, buscaron involucrar a los católicos estadounidenses, jerarquía y feligresía, y obligar al presidente Calvin Coolidge a derrocar al estadista Plutarco Elías Calles quien en esos momentos vivía serias controversias con los estadounidenses a consecuencia de la puesta en práctica de las leyes petroleras y un ambiente desfavorable creado por el pésimo embajador de ese país en el nuestro, James Rockwell Scheffield. A la par, cruzando el Atlántico, el 3 de julio de 1926, se abría el “fuego sagrado” disparado por Achille Damiano Ambrogio Ratti, el papa Pío XI, quien, ante los estudiantes de la Pía Escuela Latinoamericana, condenó las políticas del Gobierno mexicano. Al día siguiente, la oficina de Relaciones Exteriores del Vaticano envió una carta a los diplomáticos acreditados ante esa institución, así como a los representantes de la iglesia alrededor del mundo, en la cual condenaba a Elías Calles a quien denominaba enemigo de la religión.

Don Plutarco no iba a quedarse con el golpe y respondió implantando reformas al Código Penal de las cuales la única criticable era de que las autoridades locales determinarían el número de sacerdotes por localidad. Lo de que se registraran nada tenía de excesivo. Los prelados apoyaron la convocatoria de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa la cual llamaba a un boicot económico. Sin embargo, el Papa, siempre cuidadoso de los intereses de sus fieles más fervientes recordó que eso les pegaría en el bolsillo y desaprobó tal medida, pero señaló que el 1 de agosto sería un día de oración mundial para terminar con la persecución de los católicos mexicanos.

Al inicio del segundo semestre con la bendición papal, recordemos que nada hacen sin su aprobación, ocho arzobispos y 29 obispos emitieron una carta pastoral mediante la cual ordenaron cerrar los templos y suspender las misas, mientras vendían a los crédulos, aun hoy muchos viven con esa idea, que el gobierno ordenó tal acción. Ante ello, el Gobierno tomó el control de los templos ya que estos eran propiedad de la nación. Posteriormente, a mediados de agosto, los miembros de la jerarquía católica enviaron un comunicado al Estadista Elías Calles en el cual trataban de justificar sus acciones que decían, eran su respuesta al no tener libertad para ejercer su ministerio. Asimismo, pedían en palabras elegantes, que las autoridades se hicieran, como dirían en el pueblo, de “la vista gorda” y dejaran de cumplir con las disposiciones legales. Como les es costumbre, invocaban la necesidad de tener libertades tales como de conciencia, pensamiento, de adoración, de instrucción, de asociación, de prensa y por supuesto que se les reconociera personalidad jurídica. Por supuesto, entonces como hasta nuestros días no lo han hecho, no repudiaban un par de encíclicas. Una, Mirari Vos sobre el Liberalismo y el indiferentismo religioso emitida el 15 de agosto de 1832 por Bartolomeo Alberto Cappellari Pagani Gesa, el Papa Gregorio XVI. La otra Pascendi Dominici Gregis sobre la doctrina de los modernistas, firmada el 8 de septiembre de 1907 por Giuseppe Melchiorre Sarto, el papa Pío X. La primera cuestionaba la liberta de libre pensamiento y la segunda aprobaba la censura sobre aquellos escritos que no coincidieran con la perspectiva de la Iglesia. Ensabanados como supuestos paladines de la libertad los clérigos fueron a reunirse con el Presidente de México el 21 de agosto.

Aparte de repetir sus dichos de la carta mencionada nada nuevo dijeron, ante lo cual Elías Calles les recomendó dirigirse al Congreso solicitando cambiara las leyes. Mientras esto no sucediera, su opción era obedecer las disposiciones en la materia. Sin embargo, fieles a sus tradiciones, los miembros de la jerarquía católica querían la rendición del Estado Mexicano o nada. Como lo que lograron fue nada, pues “submecatum” soliviantaron a los fanáticos. Para septiembre, ya algunos andaban levantados en armas por el rumbo del occidente mexicano. Los trabajos realizados años antes por el jesuita francés Bernard Bergöen y el cerebro de la oposición, formado en el Colegio Pío Latino en Roma de orientación jesuita, el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, empezaban a dar frutos.

A finales de octubre, aquello estaba extendido a 10 entidades de la región centro-occidente en donde los alzados clamaban luchar en el nombre del Sagrado Corazón de Jesús. Que invocaran esta imagen no era fortuito. La leyenda narra que, en 1675, a Margarita María de Alacoque perteneciente a la Orden de la Visitación de Santa María, Jesús se le manifestó con el corazón abierto. Sin embargo, sus visiones le trajeron problemas que fueron solucionados al ser puesta bajo la protección de su confesor, el jesuita Claudio de la Colombière quien a través de los miembros de su orden propagó el culto y la devoción tanto en España como en América Latina. Además, recordemos, esa misma imagen fue utilizada por los contrarrevolucionarios del Vendée durante la Revolución Francesa, salvo que allá lo hacían para combatir que no les impusieran un remedo de credo para que sustituyera a su fanatismo religioso y acá no había amenaza sobre sus creencias sino sobre los privilegios de quienes los encandilaron a ir a matar compatriotas y de esa manera seguir gozando de sus canonjías. Al igual que en la Francia de finales de los 1700s, los miembros de la iglesia católica con mayor poder económico se ubicaban en la región occidental del país, los sacerdotes eran los lideres morales en las comunidades y pues no iban a permitir que les quitaran el mana.

Para que no se sintieran desamparados, el 11 de noviembre de 1926, el papa Pío XI emitió la encíclica Iniquis Afflictisque cuyo contenido actuó como el pistoletazo oficial para dar inicio oficial a la revuelta. Conociendo esto, días más tarde, los líderes del movimiento se reunieron con loa arzobispos que operaban en México para pedirles autorización de irse a matar a quienes no comulgaran con su visión de las cosas inmanentes. Tras de pensarlo por unos días, los prelados respondieron que no podían abiertamente otorgar el permiso, pero que les asignarían capellanes para que los acompañaran en su lucha, o sea no pero sí.

Pero si del otro lado del Atlántico soliviantaban los ánimos, en la ribera del Potomac habitaba alguien con cordura, era el Presidente Calvin Coolidge quien envuelto en su silencio proverbial juagaba las cartas diplomáticas con maestría y se rehusaba a engancharse en el conflicto religioso mexicano. Cuando los Caballeros de Colón píamente fueron a solicitarle que nos invadiera, les dijo que él favorecía una política de “hands off” (manos fuera) y que eso era un asunto interno de México. Más tarde, mostraría que la diplomacia del silencio era más efectiva que la estridencia que algunos gustaban, y gustan, de practicar.

Tras de un año de lucha, y observar que la conflagración podía cruzar las aguas del Bravo y convertirse en un asunto contaminante en la política estadounidense, Coolidge decidió remplazar al nefasto embajador Sheffield por el mejor que hayan enviado los estadounidenses a nuestro país, Dwight W. Morrow. Antes de venir a México, Morrow, se entrevistó con la jerarquía católica estadounidense para discutir el problema religioso mexicano. Al llegar a México inmediatamente encontró empatía con el Estadista Elías Calles a quien para marzo de 1928 ya había convencido, tras de negociaciones silenciosas, de que se entrevistara con el sacerdote paulista John J. Burke quien era el líder del National Catholic Welfare Council (NCWC). En abril, en medio de gran sigilo, Burke llegó a México investido como enviado especial del arzobispo Fumasoni-Biondi, el Delegado Papal en los EUA. Durante seis horas, en San Juan de Ulúa, el estadista mexicano, el sacerdote paulista y el asesor legal del NCWC, William F. Montavon discutieron sobre el conflicto religioso mexicano. Cuando concluyeron la charla, un acuerdo estaba sobre la mesa para terminar aquella revuelta inútil. Burke, cuidadoso de las formas, solicitó comentarlos con los miembros de la jerarquía católica mexicana exiliados en San Antonio, Texas. Cuando les expuso del proyecto, estuvieron de acuerdo y solicitaron una reunión entre su líder, el arzobispo Ruiz Flores, y el presidente mexicano.

Sin embargo, hubo resistencia del Presidente Elías Calles y nuevamente el embajador Morrow tuvo que hacer uso de sus artes diplomáticas para convencerlo. Durante el verano de 1928, se efectuó la reunión en México en al cual se logró un acuerdo para finiquitar la estupidez. Sin embargo, faltaba la aprobación de Roma y cuando se esperaba una respuesta afirmativa inmediata lo que llegó fue el silencio. Los sacerdotes mexicanos por allá, los más conservadores, querían una rendición del Estado mexicano, algo con lo cual coincidían los combatientes fanáticos. Aunado a ello, Pío XI andaba enganchado en negociaciones con el faro de bondad que era el Duce, Benito Mussolini con quien negociaba la creación del Estado Vaticano y pues México era un asunto de segundo nivel, total que tanto eran unos muchos muertos más, después de todo servirían para engrosar las huestes celestiales, aunque hubo bajas a quien definitivamente no iban a darles entrada por allá.

Ese fue el caso del ex presidente-presidente electo, Álvaro Obregón Salido a quien, el 17 de julio de 1928, un fanático católico, José de León Toral, lo asesinó. No era la primera vez que lo intentaban, durante su mandato entre 1920 y 1924, en varias ocasiones atentaron contra su vida. Al repasar esto, vino a nuestra mente un intercambio de opiniones que tuvimos con el economista sinaloense Sergio Enrique Castro Peña acerca de Enrique de Borbón quien, entre 1589 y 1610, fuera rey de Francia como Enrique IV. La charla giró en torno a que originalmente profesaba la religión protestante, pero en un acto de pragmatismo dijo aquello de “Paris bien vale una misa,” y se convirtió al catolicismo. Su gobierno se caracterizó por la tolerancia religiosa hacia los hugonotes (protestantes), al mismo tiempo que reconocía al catolicismo como religión de estado. Sin embargo, esto no era suficiente para quienes no le perdonaban su pasado protestante. Los inconformes eran liderados por miembros de la orden de los jesuitas. En total, Enrique IV sufrió un total de 21 atentados contra de su vida, detrás de los cuales en gran parte de ellos estaban los jesuitas quienes cristalizaron su “obra” el 14 de mayo de 1610 cuando el fanático católico François Ravaillac acaba con su vida. Muchos años después, en el caso del presidente Obregón, detrás de los dos atentados, la mano que mecía la cuna era la de los hermanitos Miguel Agustín y Humberto Pro ambos pertenecientes a la orden de los jesuitas, el primero ya beatificado por el ciudadano Wojtyla quien antes santificó a una parvada de asesinos en donde solamente les falta Toral, también adoctrinado por los jesuitas, para completar el grupo. Con ese hecho se evaporó la solución inmediata. Trascurriría casi un año hasta que las actividades diplomáticas no oficiales de Morrow fructificaron. En diciembre de 1928, cuando el presidente interino Emilio Portes Gil tomó el mando, el embajador estadounidense reanudó actividades sobre el tema desarrollando un accionar febril en ambos lados de la frontera. Mientras tanto después de que el Duce firmara los Tratados de Letrán, en febrero de 1929, para dar pie al nacimiento del Estado Vaticano, Pío XI volvió a ver hacia México que seguía proveyendo de almas al mas allá.

Tomando como base el acuerdo alcanzado en 1922 con Francia para resolver un problema similar en lo concerniente a la separación de la iglesia y el estado, Pío XI decidió retomar el control. Hizo a un lado a los sacerdotes mexicanos y dejo el caso en manos de la jerarquía católica estadounidense. Nombró como su representante al sacerdote jesuita Edmund Walsh quien era vicerrector de la Universidad de Georgetown en Washington. Antes de continuar con esta narrativa, debemos de recordar que años después, a principios de la década de los 1950s, el jesuita Walsh fue el cerebro generador de aquella cruzada emprendida en los EUA para terminar con los comunistas y que es popularmente conocida como “Macartismo.” Sin duda un acto de “piedad” congruente, como lo hemos mencionado líneas arriba, con las acciones que miembros de esa orden han desarrollado a lo largo de la historia.

Cuando el jesuita Walsh quiso tomar el control de las negociaciones e imponer una propuesta extremista, Morrow no lo permitió y retornó a la acordada con el paulista Burke. El 21 de junio de 1929, se firmó el Modus Vivendi mediante el cual se permitía a la Iglesia designar sus sacerdotes quienes deberían de registrarse, no se permitiría la enseñanza religiosa, salvo en los templos y se les reconoció a los miembros de la iglesia el derecho de petición para la implantación o derogación de leyes. Como nos dijera nuestra profesora Joan Pavilack, cuando defendíamos nuestra disertación doctoral, “al final todo quedo igual a como el gobierno mexicano lo demandaba desde el principio.” Al día siguiente de la firma del acuerdo, como en la Francia de 1794, la iglesia y el Estado retornando a sus actividades usuales. A partir de ahí en México, durante los próximos sesenta y tres años se dio una convivencia más o menos armónica, salvo por un episodio generado en el sureste mexicano.

A finales de los 1920s, principios de los 1930s, el gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, tal vez inspirado en los revolucionarios franceses quiso crear una versión mexicana de la iglesia francesa y procedió a cometer tropelía y media, similar a las realizadas por los de los 1790s. Aquello no era más que otro remedo para combatir un fanatismo creando otro. Igualmente terminó en fracaso. Con el correr del tiempo, los Presidentes Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo se entrevistaron con el papa Paulo VI y el papa Juan Pablo II respectivamente, pero las relaciones oficiales continuaban rotas. En pleno proceso modernizador, en 1992, el Presidente Carlos Salinas de Gortari decidió reanudar relaciones con El Vaticano y abrir la puerta para que la curia volviera a meterse en la vida política mexicana. A partir de ahí, el activismo de los miembros de la curia no ha parado. Disfrazados de defensores de las causas justas tratan de convertir al estado mexicano en uno teocrático. Lo mismo han inventado charlotadas como la creada en Chiapas, a principios de 1994, por el jesuita Samuel Ruiz García, que toman cuanta causa política se les aparece y la convierten en bandera que les reditúa mucha$ $atisfacciones. A ello, agregamos que desde la llegada a la presidencia de la república del ignaro con botas, dizque instruido en la jesuítica Universidad Iberoamericana, quienes representan al estado mexicano no han sido capaces de comportarse a la altura de hombres de estado, al referido y los dos siguientes se han postrado ante el Jefe del Estado Vaticano con quien han tenido que interactuar tal y como lo vimos durante la visita del ciudadano perteneciente a la orden de los jesuitas, Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco. Pero a la generación actual de políticos poco les importa rendirse ante el jefe de otro estado, ellos creen que al postrarse habrán de ganar indulgencias para asegurar un espacio celestial en la vida eterna. Desconocen que la curia simplemente los utiliza para obtener canonjías y el día que se vean en desgracia, ni tan siquiera voltearan a verlos, mucho menos los ayudaran a salir del trance. Sí estudiaran la historia…

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Añadido (1) Todos claman, con muchísima razón, la falta de “precaución” de las autoridades a la hora de aprobar la construcción de esa brecha elevada disfrazada de paso exprés y demandan se cuelgue a los funcionarios gubernamentales responsables. Sin embargo, por ningún lado vemos un fervor similar por que aparezca la otra parte. Los nombres de las constructoras los mencionan muy quedito, para nada demandan que los dueños y representantes salgan a dar la cara y nadie sabe quién fue el ingeniero que construyó la oquedad.

¿Aca$o olvidaron que la corrupción es una callejuela de do$ carrile$?
15 Julio 2017 04:00:00
Las relaciones estado-iglesia a lo largo de la historia mexicana/ I de II
En nuestra colaboración anterior tratamos acerca del conflicto y las consecuencias que trajo para Francia que sus revolucionarios quisieran sustituir un fanatismo religioso por otro. En ese contexto, no faltó quien nos hiciera el comentario de que eso era exactamente lo que sucedió en México durante los años de la revuelta inútil o lo que popularmente se conoce como La Cristiada. Sin embargo, discrepamos con ese punto de vista, aún cuando a lo largo de la historia haya pasajes coincidentes entre lo ocurrido en Francia y en México en asuntos en donde está involucrada la clerecía. En nuestro país, ni LOS HOMBRES DE LA REFORMA, ni los revolucionarios quisieron terminar con el catolicismo, mucho menos implantar un remedo de credo, aun cuando por ahí surgió un iluminado. Ambos grupos, lo único que buscaban era hacer que prevaleciera la separación Estado-Iglesia. Y mientras garrapateábamos esto, escuchábamos en nuestro subconsciente la voz de quien, a pesar de tener toda la autoridad para hacerlo, solamente en una ocasión nos solicitó que comentáramos sobre algo específico en este espacio, cada vez que abordábamos lo relacionado con la clerecía nos decía: “No escribas sobre ese tema. De por sí casi nadie te lee y al insistir en tópicos como ese no ganaras ningún adepto”. Sin embargo, necios como somos, hoy volvemos a las andadas.

En Francia, la relación gobernantes-iglesia se remonta al siglo VIII cuando, en el año 732, el mayordomo de palacio, Carlos Martell derrota a los árabes. Más tarde, el Papa Zacarías (741-752) coadyuva a que el hijo de Martell, Pipino el Breve, con el mismo cargo que su padre era el hombre fuerte que gobernaba, derrotara al último rey merovingio Childerico III. Sin embargo, surgía un problema. Pipino carecía de sangre real para ser coronado y esto solamente se lo podía proporcionar el papa quien actuando pragmáticamente, a través del arzobispo Bonifacio, hizo que ungieran a Pipino con santos óleos como en el Antiguo Testamento. A partir de ahí, se crea la noción cristiana de que el rey de occidente solamente podía serlo por la gracia de Dios, es decir del papa. Asimismo, le otorga el derecho de que puede nombrar a su sucesor. Más tarde, como nobleza obliga, cuando el Papa Zacarías le solicita apoyo para combatir a los longobardos, Pipino va y los derrota y le entrega los territorios del norte y centro de Italia al papa con lo cual se crean los Estados Pontificios que prevalecerán hasta 1870. Más tarde, el hijo de Pipino, Carlomagno, es coronado rey de los francos la Navidad del año 800 por el Papa León III (795-816) quien se atribuyó el derecho de coronar al emperador. Es por ello que Carlomagno sentía que también era señor de la iglesia y la política imperial era la política de la iglesia, y la política de la iglesia era la política del imperio. Ahora veamos cómo da la relación entre los hombres del poder político y la iglesia en nuestro país.

En México, o la Nueva España para decirlo con propiedad, los conquistadores españoles imponen a los aborígenes la religión católica al amparo de lo que años antes había concedido graciosamente aquel engendro del mal, un ibérico llamado Rodrigo Lanzol y Borja quien transformado en Rodrigo Borgia alcanzaría el cardenalato de donde saltaría a convertirse en el guía espiritual de los católicos bajo el nombre del papa Alejandro VI. Dejándose llevar por el amor a su patria natal, y sus ambiciones, mediante las bulas papales, Inter Caetera y Eximiae devotionis emitidas en 1493, prácticamente entregaba las tierras descubiertas, lo que hoy es América Latina, a los Reyes de España, Isabel y Fernando, a cambio de que convirtieran a los nativos sin alma en seguidores de la religión católica. Sin embargo, no era tan fácil convencer a aquellos idolatras a lo que los creyentes llaman la “fe verdadera.” Por ello, fue necesario utilizar algunos instrumentos más convincentes que la simple cruz. En primera instancia recurrieron a la trinca látigo-espada-hierro candente. Para quienes resultaban más rejegos estaban otros instrumentos de apoyo que eran del uso exclusivo de la mal llamada Santa Inquisición y en caso de que no surtieran efecto, entonces la pira habría de purificar las almas para que en la vida eterna encontraran su salvación y redimieran los pecados que cometieron al no aceptar ver la luz aquí en la tierra. Así, trascurrieron tres centurias en donde el fanatismo y la superchería prevalecieron sobre un pueblo mantenido en el analfabetismo, la función educadora que consistía en enseñarles rezos y cánticos religiosos, fue todo un éxito. En el siglo XIX, alrededor del 98 por ciento de la población mexicana era analfabeta. Así logramos la independencia y nos pasamos la mitad de dicho siglo en riñas internas, en donde las leyes obligaban a todo aquel que viviera en nuestro país a profesar la religión católica, hasta que la generación de LOS HOMBRES DE LA REFORMA, encabezada por sus dos individuos más distinguidos, el estadista Benito Pablo Juárez García y la mente más preclara de ese grupo, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, instrumentaron el rompimiento del monopolio religioso y dieron paso a la separación Estado-iglesia. Contrario a lo que promueven los poco cuidadosos en revisar el respaldo documental, el objetivo no era desaparecer la entidad religiosa, sino ubicarla en el contexto espiritual en que
debía de operar.

Pero como nunca han de faltar quienes disfrazan las ambiciones bajo el manto de fervor religioso, de la mano del Arzobispo de Puebla, Pelagio Antonio De Labastida y Dávalos fueron a Europa a traernos un príncipe barbirrubio para que viniera a civilizarnos. Sin embargo, Maximiliano de Habsburgo optó por no reinstalar el catolicismo como la religión oficial y pronto le retiraron su apoyo. Para cuando las fuerzas de la República derrotaron a los invasores, la clerecía, empezando por el papa Pío IX, ya se mostraba distante de los redentores europeos. Si bien al iniciarse la reconstrucción nacional el estadista Juárez García implantó una política de conciliación, algo que es muy diferente a la rendición, en donde dejó que tanto el Estado como la iglesia operaran en sus respectivos campos de acción. Ejemplo de ello fue que sin perder su condición de hombre de estado laico, Juárez acompañaba a su esposa los domingos a los servicios religiosos. Al fallecer Juárez, su sucesor Sebastián Lerdo de Tejada, retomó la línea dura en contra de la iglesia. Sin embargo, cuando José de la Cruz Porfirio Díaz Mori asume el poder, en 1876, da inicio para la iglesia un periodo de reposicionamiento. Aun cuando entonces no detentaba la presidencia, se la había prestado por cuatro años a su compadre Manuel del Refugio González Flores, el poder real era de Díaz Mori quien en noviembre de 1881 contrae nupcias religiosas con Carmen Romero Rubio en el templo jesuita de la Iglesia de la Profesa, en una misa celebrada por el mismo De Labastida y Dávalos con quien Díaz ya departía amistosamente al igual que lo haría con el Arzobispo de Antequera, Eulogio Gregorio Clemente Gillow y Zavala.

Dado lo anterior, las condiciones para que la clerecía recuperara sus canonjías se iban dando. Claro que había que cambiarle ropajes al discurso y en ello fue fundamental la encíclica Rerum Novarum, emitida por el Papa León XIII. En ella, se apoyaban los derechos de los indicadores, pero se rechazaba el socialismo, mientras se defendía la propiedad privada. A la vez, en lo concerniente a las relaciones Estado-negocios-trabajadores, la iglesia proponía una estructura económica y social que después sería llamada corporativista. Inclusive se dio un comunicado de León XIII al Presidente Díaz proponiendo reanudar las relaciones, pero el mandatario mexicano no dio respuesta. Ello no fue impedimento para que durante el Porfiriato se crearan nuevos arzobispados, aparecían periódicos apoyados por la clerecía, fueran organizados congresos por todo el país, y los funcionarios gubernamentales hicieran exhibición pública de sus creencias religiosas. Los delegados apostólicos enviados a México fueron considerados como emisarios diplomáticos papales.

Lo anterior permitió que al inicio del Siglo XX, la iglesia católica en México estuviera en una situación similar a la que gozaba dicha organización en Francia a finales del siglo XVIII, se encontraba inmersa en la opulencia. Se estimaba que a lo largo del Porfirismo, la Iglesia Católica vio aumentar su riqueza hasta totalizar un valor de 100 millones de pesos, lo cual le permitió recuperar su influencia política. Esta recuperación de poderío contrastaba con los síntomas de fatiga que ya mostraba el régimen porfirista, no solamente por una razón biológica natural en el caudillo, sino porque el modelo de gobierno ya estaba agotado. Algo similar a lo que había ocurrido durante la penúltima década del siglo XVIII en Francia. Sin embargo, los paralelismos no
paraban ahí.

Alrededor del Presidente Díaz Mori, se conformó el grupo denominado los Científicos, el cual durante el Porfiriato detentó no solamente el poder político, sino que consolidaron su fortuna. Paradójicamente, ellos trataban de imitar la forma de vivir de los franceses con lo cual marcaban la diferenciación d clases sociales. En el siguiente escalafón social, se encontraba otro grupo de hombres de negocios y terratenientes, quienes a pesar de sus riquezas estaban marginados para acceder al poder político. Ante ello, en 1909, decidieron apoyar a Francisco Ignacio Madero González como candidato presidencial en contra de Díaz. Las elecciones resultaron muy cuestionadas y Díaz vuelve a imponerse, lo cual termina por dar pie a la revuelta armada que conocemos como Revolución Mexicana. En medio del descontento, tanto el Presidente Díaz, cuyo amor por México está fuera de toda duda, como los apoyadores de Madero deciden que hay que buscar una salida al problema. En marzo de 1911, se reúnen en New York el padre el hermano de Madero con Jose Yves Limantour y acuerdan que Díaz renunciaría, Limantour ocuparía la presidencia y en seis meses convocaría a elecciones en donde participaría Madero. Posteriormente, se dan los Tratados de Ciudad Juárez, el presidente Díaz renuncia y acaba ocupando la presidencia Francisco León de la Barra quien convoca a elecciones. En medio de todo ello, los miembros de la clerecía buscaban como participar directamente en la política y el 7 de mayo de 1911, dieciocho Díaz antes de la renuncia del presidente Díaz, se crea el Partido Católico Nacional. En octubre de ese año, apoyan con recelo la candidatura de Madero y al año siguiente participan en las elecciones en donde obtienen resultados muy favorables, incluyendo cuatro gubernaturas.

Como dirían por ahí, olfatearon que la presa estaba cercana y se convirtieron en críticos acérrimos del Presidente Madero González. En febrero de 1913, se embozaron como la fuerza tras bambalinas y, mediante un católico ferviente, Victoriano Huerta y el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, operaron el asesinato del presidente Madero González. Tras de ello, las campanas de los templos católicos aun cuando llamaban a triunfo gozosas, a lo que incitaban era a que obtuvieran una respuesta, misma que llegó del norte encabezada por Venustiano Carranza Garza. Así, nos fuimos a una guerra civil la cual concluiría en 1916 y que en 1917 se institucionalizó mediante la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

El contenido de ese documento hizo que nuevamente la clerecía mostrara su oposición, quisieron vender a sus feligreses que vientos similares a los de la Francia del Siglo XVIII soplaban sobre México. Liderados a distancia por el Papa Benedicto XV y en territorio mexicano por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, se declararon enemigos de las nuevas disposiciones. El presidente Carranza Garza emitió leyes diversas, entre ellas las que permitían el divorcio, lo cual avivó la protesta. Nuevamente, el afán conciliatorio postergó la implantación total de las leyes.

Así, arribamos a la década de los 1920s y el presidente Álvaro Obregón Salido decidió que era el momento de poner un alto al desorden con que operaba la clerecía. En 1922, cuando el delegado Apostólico, Ernesto Philippi encabezó la ceremonia para erigir el monumento a Cristo rey en el Cerro del Cubilete en Guanajuato, con la ley en la mano, dos días después fue expulsado por el Presidente Obregón Salido. Más tarde, en 1924, los obispos organizaron en la Ciudad de México un Congreso Eucarístico detrás del cual tenían como propósito consagrar la Ciudad de México al Sagrado Corazón de Jesús. Coincidencia o no, debemos de recordar que ese fue el símbolo que utilizaron los contra revolucionarios de la región del Vendée durante la rebelión de 1793. Ante la amenaza, de aplicar la ley a quienes acudieran a las ceremonias, los católicos decidieron cancelar una peregrinación que tenían planeada a la Basílica de Guadalupe.

En 1924, cuando el Estadista Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia, en el horizonte aparecían nubes de controversia. La clerecía lo acusaba de ser enemigo de la religión a lo cual él respondía que respetaba todas las creencias, pero que era enemigo del clero político, intrigante, explotador, del que busca mantener a la población en la ignorancia, del que se aliaba con el hacendado para explotar al campesino, o del que se unía con el hombre de negocios para tomar
ventaja del obrero.

Ante eso, hubo quien creyó ver una oportunidad de crear, al igual que sucedió en la Francia del Siglo XVIII, un remedo de religión. En febrero de 1925, en la Iglesia de la Soledad ubicada en la ciudad de México, en medio de la misa arribó un grupo armado y demandó la posesión del templo. Posteriormente, arribaría el sacerdote Joaquín Pérez quien se proclamó líder La Iglesia Ortodoxa Católica Apostólica Mexicana, también conocida como la Iglesia Cismática. Contrario a la leyenda, el estadista Elías Calles nunca apoyó dicho movimiento. En un intercambio epistolar, cuyos originales revisamos, con el ex presidente Obregón Salido, este le aconsejaba no darles soporte pues entonces tendría que lidiar con dos problemas en lugar de uno, la romana y la mexicana. Al año siguiente, Elías Calles decidió poner en práctica la ley, lo cual provocó el descontento de la curia. El 4 de febrero de 1926, el arzobispo Mora y Del Río declaró en El Universal que “la doctrina de la iglesia era inamovible porque era una verdad divina…Por lo tanto, cualquier cambio que quisiera hacérsele seria considero un acto de deslealtad a la fe y a la religión.” El escenario iba configurándose para dar paso a la reyerta y a las acusaciones de que el estado mexicano planeaba repetir el error cometido por los revolucionarios franceses de los 1790s, un planteamiento acerca del cual discrepamos y a partir de ahí, lo analizaremos en la
colaboración siguiente.

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Añadido. Este martes 18 habrá trascurrido un año, lapso durante el cual han sido muchísimas las ocasiones en que a lo largo de los días existen momentos en que pienso que al llamarte escucharé tu voz siempre alegre y llego a creer que aun estas ahí en casa presta siempre a recibirnos a todos con tu sonrisa cantarina. Sin embargo, de pronto, me percato que eso es simplemente un deseo fundado en los recuerdos gratos. Más de lo que nunca llegamos a imaginar, hemos extrañado tu presencia doña
ESTELA RÍOS SCHROEDER.
08 Julio 2017 04:00:00
El combate al fanatismo religioso con un remedo de credo durante la revolución francesa
Al conmemorarse, este 14 de julio, el aniversario número 228 del inicio de la Revolución Francesa nacida bajo el lema de “Liberté, Égalité, Fraternité,” algo que suele provocar que varios en nuestro país casi pierdan la respiración al pronunciarlo, decidimos irnos a buscar uno de esos escritos que tras haber cumplido el propósito para el cual fueron elaborados pasaron a guardar reposo en los archivos. Todos sabemos que la revuelta mencionada no fue todo lo exitosa que algunos insisten en creer. La iniciaron, en 1789, para terminar con el despotismo del Rey Luis XVI y la concluyeron coronando, en 1804, como monarca del Primer Imperio Francés a Napoleón Bonaparte, un acto con bendición incluida de Giovanni Angelo Braschi, el Papa Pío VI. Sin embargo, tal acercamiento gobernantes-iglesia no fue la constante durante aquel periodo caracterizado por la abundancia de hemoglobina la cual los revolucionarios franceses fueron muy dados a desparramar por su suelo patrio. En ese proceso de transformación, los beligerantes galos decidieron que era necesario terminar con el fanatismo religioso y para ello procedieron a crear una religión propia. Sobre esto comentaremos a continuación.

Es conveniente recordar que en Francia, la cristianización se consolidó durante el siglo XVI “cuando el catolicismo post-tridentino [el periodo en donde se da el florecimiento de las corrientes espirituales] intenta reafirmar su dominio y la iglesia busca elevar el nivel intelectual de sus sacerdotes construyendo seminarios a lo largo del país y estableciendo un esquema regular de visitas pastorales.” (Mona Ozouf. De-Christianization en A Critical Dictionary of the French Revolution.1989). Esto permitió que antes de que estallara la Revolución Francesa, el catolicismo fuera la religión dominante. “Esta era la religión de una nación que los papas llamaron ‘La Hija más antigua de la Iglesia’”. (A.

Aulard. Christianity and the French Revolution. 1927)
Conforme a lo apuntado por Aulard, en Francia, durante el siglo XVIII, el catolicismo floreció. Existían muy pocos quienes eran miembros de otras religiones o no practicaran ninguna. La Iglesia Católica era una entidad opulenta viviendo de su riqueza, mientras que el gobierno absolutista del Rey Luis XVI mostraba signos de decadencia derivada de su pereza y carácter débil. El rey era incapaz de manejar la crisis económica y el país estaba al borde de la bancarrota. Ante esta situación, Luis XVI “no tuvo otra alternativa sino llamar a los Estados Generales integrados por miembros de los tres estamentos [clero, nobleza y los representantes de las ciudades que disponían de consistorio] en que se dividía la sociedad francesa, los cuales no se habían reunido desde 1614. El rey no fue lo suficientemente capaz, ni imaginativo para poder manejar la situación.” (Linda S. Frey and Marsha L. Frey. The French Revolution. 2004). Un elemento muy importante detrás de esta crisis fue el conflicto de clases. No fueron el hambre de la mayoría de la población, ni tampoco la distribución del ingreso inequitativa los elementos que detonaron la Revolución Francesa, la causa verdadera del estallido fue la lucha entre las clases altas, social y económicamente hablando. La aristocracia y el clero disfrutaban de los beneficios que el rey les otorgaba, mientras que la burguesía era dejada al margen a pesar de su poderío económico. Ahí subyacían las raíces que darían origen al árbol de la rebelión.

Cuando se inicia la revuelta en contra de la monarquía, los líderes del movimiento utilizan a los campesinos como una herramienta para iniciar la Revolución. Al final, la Asamblea estaba dominada por miembros de la burguesía quienes ejercían el liderazgo político, mientras el pueblo se enfrascaba en luchas callejeras. Esta situación permitió a los burgueses negociar la rendición del antiguo régimen. Al inicio de la Revolución Francesa, “los miembros de los tres estamentos, el clero menos vehemente que los otros dos, demandaban el fin del despotismo y por la instauración de una monarquía controlada.” (Francois Furet. Revolutionary France: 1770-1880. 1992). Entre los primeros pasos tomados por la Asamblea, destaca el instituir la Monarquía Constitucional, lo cual convierte al rey en una figura decorativa, misma que tarde o temprano está condenada a desaparecer institucional y físicamente. El objetivo principal de los revolucionarios era “la reconstrucción del cuerpo político basado en principios universales”. (Furet). En esta configuración estaba incluida una reforma que consideraba las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Aun cuando el antiguo régimen caminaba por los linderos de la destrucción, “la religión católica como tal no estaba amenazada por la mayoría revolucionaria de la Asamblea Constitucional”. (Furet) Lo que la asamblea buscaba era “regular, en nombre de la nación, las relaciones entre el clero y la autoridad laica, hacer que la iglesia actuara en armonía con las instituciones nuevas…el enfoque nada tenía que ver ni con la religión, ni con asuntos de teología”. (Alberth Mathiez, The French Revolution. 1927) En consecuencia, es un hecho innegable que “a partir de los Estados generales, los cuestionamientos acerca de la religión estuvieron también, cada vez más, enfocados hacia aspectos políticos. Una de las cosas que [valga la expresión], fueron revolucionarias de la Revolución fue que esta convirtió a la organización religiosa en un asunto de política pública”.

(Charles Tilly, The Vendée: A Sociological Analysis of the Counterrevolution of 1793. 1967). Sin embargo, en medio del conflicto cuando la Revolución estaba en el proceso de reconstruir el Estado, lo cual pasaba por reformar el papel que la iglesia jugaría en el futuro, “el clero, preocupado únicamente por conservar sus privilegios, cometió un error gravísimo al no considerar, ni presentar, algo que era imperativo tras la abolición de los diezmos, un plan constructivo para reformar las finanzas eclesiásticas”. (William Milligan Sloane, The French Revolution and Religious Reform. 1901) Como MathiE apuntaba, “la reorganización del estado necesariamente involucraba la reforma financiera de la iglesia, de la cual dependía la salvación del estado, pero hubiera sido un error si se hubieran preservado todas las prerrogativas de la iglesia”.

El 4 de agosto de 1789, los miembros de la Asamblea Constitutiva en Francia dieron inicio a la implantación de una serie de reformas sobre la constitución de la Iglesia Gala. “Primero abolieron el sistema y los derechos feudadles; posteriormente, suprimieron toda clase de diezmos, así como los cobros ocasionales que realizaban los clérigos en los pueblos; prohibieron que los annates, (recursos provenientes de los pagos que hacían los recipiendarios de servicios eclesiásticos a las autoridades ordinarias) fueran enviados a Roma; cancelaron los privilegios de los obispos, arzobispos y canónigos; al tiempo que prohibían obtener beneficios si su valor era mayor a tres mil francos”.

(Aullard). Las reacciones entre los miembros de la clerecía fueron mixtas.

Mientras que el Papa y el alto clero mostraban su disgusto, el clero bajo mostró su apoyo a las medidas. Pero, a pesar de que la Asamblea Constitutiva había declarado inicialmente el catolicismo como la religión de estado, las medidas dispuestas eran solamente las primeras en un serie larga que buscaba controlar a los miembros de la clerecía. El 19 de diciembre de 1789, se ordenó la venta de propiedades de la iglesia con valor de 400 millones de liras. Conforme la Revolución progresaba y los miembros de la Asamblea orientaban sus acciones más en concordancia con la Declaración de los Derechos del Hombre, la predominancia del catolicismo como el credo religioso oficial declinaba. Consecuentemente, diversas medidas fueron tomadas. Primero, “el 13 de febrero de 1790, todas las congregaciones y órdenes religiosas fueron suprimidas.” (Aular). Posteriormente, las diferencias entre la Iglesia y la Asamblea se ahondaron. “El 29 de marzo de 1790, siguiendo la asesoría del embajador francés, François-Joachim de Pierre de Bernis, el cardenal de Bernis, desleal a su mandato, el papa Pío VI condenó, en un consistorio secreto, la Declaración de los Derechos del Hombre”.

(Mathiez). De acuerdo al papa, dicho documento cuestionaba la autoridad de la iglesia, especialmente cuando señalaba que “la ley es la expresión de la determinación general… al igual que la afirmación de que todos los ciudadanos son elegibles para tomar parte en el proceso legislativo ya sea en persona o a través de sus representantes”. (Aullard).

Bajo la premisa de que la Revolución era cambio, vuelco e innovación, los revolucionarios franceses implantaron las medidas necesarias que, para algunos, eran consideradas como el inicio de la descristianización de la sociedad y, para otros, el retorno a los orígenes del cristianismo. Sin embargo, era imposible que este grupo de hombres, quienes firmemente “creían en un Ser Supremo distante convenientemente”, (R. R. Palmer, Twelve Who Ruled: The Year of the Terror in the French Revolution. 1989) fueran a destruir del todo una religión en un país en donde la mayoría de la población era católica. Lo que hicieron fue empezar a construir una “religión” alternativa fundamentada en principios similares. El primer paso formal fue la proclamación, el 12 de julio de 1790, de la Constitución del Clero la cual se encontraba dividida en cuatro disposiciones.

En la primera, se abolía las instituciones preexistentes de arzobispados, obispados, prebendarios, canonjías, monasterios y abadías, sustituyendo diez distritos metropolitanos o arzobispados y ochenta y tres obispados”. (William Milligan Sloane, The French Revolution and Religious Reform. 1901). En síntesis, “esta era una reorganización de la división territorial de la Iglesia Francesa para adecuarla a las divisiones civiles nuevas”. (Tilly). La segunda disposición estaba relacionada con la institución y la forma de ordenar a los ministros de culto. Los electores de la asamblea departamental nominarían los candidatos a ocupar los cargos de obispos, mientras que aquellos pertenecientes a la asamblea distrital designarían a los clérigos encargados de las parroquias. La tercera disposición estaba relacionada con los salarios de los miembros de la curia y la cuarta establecía las reglas para la residencia de los sacerdotes, lo cual estaría supervisado y controlado por aquellos quienes ejercieran la autoridad en las municipalidades.

Un número importante de clérigos, especialmente en la región del Dauphiné, vieron esas reglas nuevas como “un retornos a las condiciones imperantes durante los primeros años de la Cristiandad. La Constitución, escribió el Abad Cazaneuve, tiende a revivir los días gloriosos de la iglesia primitiva al destruir dicha perspectiva emanada de los abusos introducidos por la superchería.” (Timothy Tackett, Priest and Parish in Eighteen Century France: A Social and Political Study of the Curés in a Diocese of Dauphiné. 1750-1791.

1977). Sin embargo, dicha perspectiva empezaría a cambiar pronto. El 27 de noviembre de 1790, se publicó un decreto mediante el cual las autoridades civiles demandaban que los clérigos en active, en un periodo no mayor a dos meses, “juraran la Constitución y consecuentemente la Constitución del Clero que se incluía en la misma”. (Furet). Los revolucionarios acaban de cometer un error mayúsculo al no considerar que hasta ese momento la amplia mayoría del clero bajo los apoyaba junto con sus medidas. A partir de ese momento, “la necesidad de tomar una postura absoluta y clara a favor o en contra de la Constitución Civil, colocaba al clero en un dilema agonizante.” (Tacket). El plan reducía la relación del papa con la iglesia a un término puramente mítico y convertía a los clérigos en servidores del Estado.

Para enero de 1791, solamente un tercio de los miembros de la Asamblea de los ministros eclesiásticos y siete obispos, principalmente aquellos sin diócesis, aceptaron tomar el juramento. A partir de ese momento, de acuerdo a la Asamblea, existían dos tipos de clérigos: Constitucionales y refractarios. Sin embargo, ante las reacciones negativas, se decidió reconsiderar la intransigencia y “autorizar que los clérigos refractarios permanecieran en sus parroquias hasta que se les encontrara un reemplazo”. (Mathiez).

El Sistema Nuevo había sido emitido sin que los diputados en Paris consultaran al papa, aun sin verlo y negociarlo con el clero francés. Esto fue, sin duda, la razón última por la cual muchos sacerdotes rechazaron jurar la Constitución, aun cuando en muchos aspectos la consideraban una mejora sobre lo dispuesto bajo el régimen antiguo. (Tackett). Adicionalmente, crecía el descontento entre la alta jerarquía eclesiástica, principalmente los obispos. “Muchos de esos obispos, que eran Émigrés, habían mostrado su hostilidad hacia la Revolución”. Supuestamente, aquellos obispos que abandonaron el país estaban conspirando, mientras que quienes permanecieron incitaban a la población civil a la guerra civil en medio de todo esto el Papa Pío VI no tomó ninguna postura oficial sino hasta marzo de 1791 cuando emitió el breve Quod Aliquantum, en el cual apuntaba que la Constitución negaba las creencias sagradas , abolia la mayoría de los servicios sacros (por ejemplo, los oficios corales de los monjes) y generaba calamidades, las cuales serían increíbles, si no era que ya habían sido experimentadas.

(Arthur Galton, Church and State in France: 1300-1907. 1907).

En ese momento, las reformas religiosas estaban fuera del control, de los revolucionarios. Existía una confrontación abierta entre el clero refractario y el constitucional, la cual fue agravada cuando el directorio del departamento de París “emitió, en abril de 1791, una ordenanza mediante la cual se organizaba el ministerio de los clérigos refractarios como un culto tolerado.” Los sacerdotes constitucionales protestaron arguyendo que después de declarasen partidarios de la Revolución, tan pronto como los problemas surgieron “fueron amenazados con despojarlos de sus derechos”. (Mathiez). Ante esto, los sacerdotes constitucionales dejaron de apoyar a Lafayette y su partido, y empezaron a ingresar a los clubes de Jacobinos. La disputa religiosa no solamente fortaleció al partido aristocrático sino que “también propició la formación del partido anticlerical que no existía previamente”. (Mathiez). Ante esto, los Jacobinos tomaron un papel muy active en atacar al catolicismo romano y proponer la sustitución de la Constitución Civil, así como la creación de una religión nacional. “También, se dieron mascaradas anticlericales, y virtualmente en todos lados hubo intentos para que se implantaran los rituales revolucionarios en sustitución de las ceremonias cristianas”. (Ozouf)
Cambon propuso finalizar los pagos de los gastos y estupendos para cualquier religión y sus miembros. Sin embargo, no fue sino hasta el 21 de febrero de 1795 (Tercero Ventosa del Año III) cuando se publicó un decreto que restauraba legalmente la libertad a la iglesia católica. Los puntos principales de tal decreto eran: Libertad de todas las religiones, la condena como culpables a todos aquellos que se opusieran o insultaran a quienes practicaran públicamente la religión. El estado no pagara más a ningún sacerdote o proveerá recursos para el mantenimiento de ningún edificio dedicado al culto. Se prohibían manifestaciones externas de ceremonias religiosas, hacer inscripciones o señalamientos llamando a asambleas, utilizar vestimentas religiosas y todas las re uniones de carácter religioso estarían bajo la supervisión política. También, se impondría un impuesto para el mantenimiento de la religión. (Aulard).

Después de esto, el catolicismo reapareció en toda Francia, ya no hubo distinción entre los clérigos y la razón volvió a prevalecer. El terror terminó, pero aun había muchos asuntos por resolver antes de que un Concordato se firmara, lo cual ocurrió años después. Mientras ello sucedía, la Iglesia y el Estado pudieron trabajas sin que uno tratar de hacer el trabajo del otro.

Los eventos mencionados en esta colaboración muestran lo que sucede, ayer y hoy, cuando el Estado y la Iglesia tratan de establecer la prevalencia del uno sobre el otro. Si bien Alexis de Tocqueville en “The Old Régime and the French Revolution” apuntaba que la “estabilidad del Estado y el mantenimiento de la ley y el orden…así como una comunidad civilizada no podían existir sin la presencia de la religión”. nosotros, no practicantes de religión alguna, apuntamos que ello puede ser parcialmente cierto. Somos firmes creyentes de que es necesaria la presencia de un Estado fuerte capaz de establecer los límites dentro de los cuales las religiones pueden operar sin interferir con las funciones de gobierno.

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01 Julio 2017 04:00:00
Un acuerdo financiero con lecciones intemporales
Sin duda alguna, la década de los 1920 fue la etapa definitoria en lo que habría de ser el país a lo largo del Siglo XX. Durante esos diez años habría de emerger el estado mexicano moderno que, como ya lo hemos dicho en este espacio, estuvo sustentado en las acciones de cuatro hombres. El diseño arquitectónico ideado por Venustiano Carranza Garza; el desbroce del terreno que corrió a cargo de Adolfo de la Huerta Marcor; las actividades de cimentación realizadas por Álvaro Obregón Salido; y la construcción del edificio ejecutada por Plutarco Elías Calles. Sin embargo, durante ese proceso hubieron de superarse obstáculos diversos, especialmente en lo relacionado con los Estados Unidos de América (EU). Una de esas dificultades fueron las financieras en donde jugó un papel fundamental el ex presidente, convertido en secretario de hacienda, De la Huerta quien creyó que por ello la patria le estaba en deuda. Sobre ello versara esta colaboración.

Para ubicarnos en contexto, debemos de recordar que la Revolución de Agua Prieta, mediante la cual la trinca sonorense derrotó la testarudez del coahuilense, al convertirse en gobierno tuvo que iniciar un proceso de pacificación exprés en un semestre. Sin embargo, el gobierno encabezado por De la Huerta no fue reconocido oficialmente por el gobierno de Thomas Woodrow Wilson, aun cuando las negociaciones tras bastidores nunca pararon, al grado tal que cuando, a finales de 1920, cuando ambos concluían su mandato estaba listo un acuerdo entre ambas naciones. Esto llegaba muy tarde para los dos que se iban y llegaban muy temprano para Obregón y Warren Gamaliel Harding quienes arribarían a la presidencia de sus países respectivos. No obstante el distanciamiento diplomático, a la ceremonia de toma de protesta de Obregón asistieron más de 500 hombres de negocios estadounidenses, principalmente de la zona fronteriza que, como hace unos días le comentábamos a un amigo sonorense profesor en la universidad de esa entidad, siempre ha tenido su dinámica propia que va más allá de lo que se decida en Washington o en la Ciudad de México. Pero de nada valían las relaciones cordiales a nivel de terreno, el presidente Obregón tenía que cimentar el futuro del país y para poder hacerlo requería recursos adicionales que como todos sabemos o se generan vía impuestos o a través de créditos. En el primero de los casos, la fuente principal eran los provenientes del petróleo, pero a los segundos, no era factible recurrir dado que al no haber no reconocimiento oficial de los EU, los banqueros de aquel país estimaban que el riesgo de prestarnos era altísimo y por consiguiente no éramos sujetos de crédito.

Obregón, quien si sabía cómo lidiar con nuestros vecinos pues ellos fueron sus clientes principales en los tiempos de productor de garbanzos, decidió enviar a su secretario de hacienda, De la Huerta, para que empezara a convertirlos en fuente de financiamiento. Dado que lo único que teníamos era petróleo, pues en base a ello habría que negociar. México requería entre 50 y 100 millones de dólares y los petroleros necesitaban volver a producir pues perdían parte del mercado de producción en México. En ese contexto, los representantes de las principales firmas petroleras operando en México decidieron venir a visitarnos para buscar un acuerdo. En el grupo encabezado por el presidente de la “Standard Oil” y líder del Comité de Ejecutivos Petroleros, Walter Clark Teagle, venían, entre otros, el Presidente de la “Mexican Petroleum Company”, Edward L. Doheny y el Presidente Ejecutivo de la “Sinclair Oil Company,” H.F. Sinclair. Los dos últimos eran un par de angelitos quienes años después estarían involucrados en el escándalo de “Teapot Dome” en donde terminaría sacrificado Albert B. Fall aquel que, entre 1919 y 1920, como senador instaló un comité senatorial itinerante para someter a juicio a México. Fall obtuvo el deshonroso galardón de ser el primer funcionario federal estadounidense de primer nivel convertido en huésped de una prisión. Pero volvamos a los petroleros visitantes.

Antes de emprender el viaje, Tagle le mencionó al secretario de estado, Charles Hughes, que existía la posibilidad de que nuestro país le solicitara al grupo un préstamo. Al respecto, Hughes le comentó tener información proporcionada por el presidente ejecutivo del Comité Internacional de Banqueros para México, Thomas William Lamont, que ese tema ya había sido discutido entre ellos y los banqueros interesados. Como sugerencia, les recomendaba que las negociaciones sobre el préstamo las realizarán de manera independiente de las que realizarían con respecto a las tasas impositivas que México planteaba imponer sobre la producción petrolera. El 29 de agosto de 1921, arribaron los petroleros a nuestro país y, ese mismo día, la Suprema Corte de México inicio deliberaciones sobre un amparo presentado por la Texas Oil Company. Con eficiencia para el día siguiente ya estaba listo el fallo que declaraba que lo dispuesto en el artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no tenía carácter retroactivo. Todo era pura coincidencia, decía el presidente Obregón y de seguro alguno empezó a abrir cajones, como lo hiciera muchos años antes Manuel González cuando lo visitó Porfirio Díaz, para tratar de encontrar al tarugo que se lo creyera. Retornemos a 1921.

El 3 de septiembre, las negociaciones concluían, los petroleros pagarían los impuestos pendientes al gobierno de México y retirarían el amparo, mientras, las autoridades mexicanas levantarían el embargo a la producción. Todo resumido en un acuerdo de siete puntos, el sexto de los cuales establecía que el gobierno de México pondría en el mercado estadounidense bonos. A finales de septiembre, Lamont envió una carta a Teagle indicándole que dicha venta no funcionaria. Tres meses después, los hechos darían la razón a Lamont, los compradores no mostraron interés por los bonos mexicanos. Sin embargo, durante ese lapso acontecieron otros eventos que armarían el andamiaje de acuerdos futuros.

En octubre, Lamont visitó México para discutir con De la Huerta la restauración del crédito mexicano y la renovación del pago de la deuda. Sin embargo, aquello se atoró rápidamente. Lamont no quiso participar en el plan para vender los bonos mexicanos, mientras que De la Huerta argüía que las condicionantes para disponer nuevamente de crédito y reactivar los pagos del débito eran onerosas y por lo tanto, se negó a cualquier negociación. En ese impase quedó todo hasta enero de 1922 cuando se reanudarían las negociaciones entre banqueros y autoridades mexicanas.

A partir de ahí, durante los cinco meses siguientes, diferentes propuestas fueron estudiadas. Las posturas poco cambiaban, los banqueros continuaban dudando de la capacidad para respaldar los bonos por parte del gobierno mexicano el cual continuaba solicitando a los bancos un préstamo, mientras aseguraba que poseía el potencial para cubrir las primas de los tenedores de bonos mexicanos. A finales de mayo, De la Huerta partió hacia New York para entrevistarse con el Comité de Banqueros. Entre el 2 y 6 de junio, se efectuaron las reuniones que dieron por resultado lo que conocemos como los Tratados De la Huerta-Lamont. En ellos, México reconocía su deuda externa en 500 millones de dólares sobre los cuales se habrían de cubrir intereses por 289 millones de dólares, pero se cancelaba el pago de los intereses vencidos. El repago de la deuda ajustada iniciaría en 1928 y el periodo durante el cual se cubriría serían los cuarenta años siguientes. Loa pagos de los intereses para el periodo 1923-1928, darían inicio en el primer año y se realizarían parcialmente en efectivo y un tres por ciento en forma de crédito al gobierno mexicano. Hasta aquí lucía que el acuerdo era satisfactorio para ambas partes. Los banqueros obtenían que México les pagara y el gobierno de nuestro país tenía acceso al crédito.

Sin embargo, había otras cosas que no sonaban tan placenteras. Adicionalmente, México se comprometía a entregarles a los banqueros, por un periodo de cinco años, todos los ingresos provenientes de la exportación de petróleo, las ganancias netas derivadas de la operación de los ferrocarriles y todos los ingresos generados por un impuesto de 10 por ciento sobre las ventas brutas de boleros de los ferrocarriles. Aunado a ello, nuestro gobierno, se comprometía a privatizar los Ferrocarriles Nacionales de México. Al final de cuentas, este acuerdo imponía una pesada carga sobre las finanzas gubernamentales, mientras que transfería los problemas a administraciones futuras. Y aquí cabe hacer una pequeña digresión hacia los rumbos por allá en el pueblo. Nuestra generación crecimos con la leyenda, que aun algunos siguen tomando como cierta, de que, en 1928-1929, el traslado de las instalaciones ferrocarrileras de Piedras Negras, Coahuila a Monterrey fue como represalia al desaire que los paisanos hicieron al estadista Elías Calles cuando anduvo solitario por la calle Real (hoy Zaragoza) sin recibir muestra de simpatía alguna. Así, nos lo narraba nuestro abuelo materno, Rafael Ríos Lozano, quien tenía motivos muy personales, y valederos, para no simpatizar con el mandatario sonorense. A la par, el paterno, Rafael Villarreal Guerra, directamente afectado por la medida, siempre sostuvo que aquello era producto de una decisión de política que por mucho rebasaba los linderos de nuestra población natal. Dejemos nuestras remembranzas pueblerinas y volvamos al entorno internacional de 1922.

En julio, De La Huerta volvería a los EU en busca de concluir aquel acuerdo financiero, pero a la vez trataba de lograr avances para obtener el reconocimiento diplomático. Con certeza ya se veía que si concretaba aquello con certeza volvería a cruzarse la banda presidencial. El 18 de julio, De la Huerta, acompañado por el senador Holm Olaf Bursum (R-New Mexico) y el general James A. Ryan tuvo reuniones separadas con el presidente Harding y el secretario Hughes. De acuerdo a la narrativa del secretario de finanzas mexicano, durante la entrevista, Harding recordó los tiempos cuando De la Huerta era gobernador de Sonora y él, en compañía de un amigo, invirtieron en una mina en aquella entidad, la únicamente les ocasionó pérdidas. Anécdotas aparte, De la Huerta cuestionó acerca de porque Harding demandaba firmar un tratado con México antes de otorgarle el reconocimiento diplomático a lo cual el presidente estadounidense dijo que todas las naciones firmaban acuerdos. Sin embargo, dijo De la Huerta, eso se hace una vez que ya están establecidas las relaciones. La réplica de Harding fue que no solicitaría firma de tratado alguno como prerrequisito para otorgar el reconocimiento diplomático, mientras se comunicaba con Hughes para que lo recibiera esa tarde. Antes de concluir la entrevista, De la Huerta invitó a Harding a cenar a su carro de ferrocarril en donde le dijo traía algunos caldos de esos que no podían ingerirse en los EU. Socarronamente, el nativo de Ohio respondió que él no podía hacer eso pues era respetuoso de la ley, algo que no era más que una falacia pues no había tarde-noche en que, junto con las cartas y los cigarros, corrieran litros de beberacua en un recinto no muy lejano de la Casa Blanca de donde De la Huerta partió hacia su otra cita.

Por la tarde, Hughes cuestionaría a De la Huerta sobre la retroactividad del artículo 27, a lo cual el secretario mexicano arguyó que eso sucedía con todas las constituciones emanadas de una revolución ya que esta implicaba el establecimiento de un orden nuevo. Aun cuando el secretario estadounidense aceptó el argumento, arguyó que nuestra constitución no debería de serlo. De la Huerta le aseguró que México respetaría los derechos de los propietarios y efectuaría algunos cambios. Quienes aprovechaban los recursos del subsuelo, en lugar de ser propietarios, obtendrían una concesión para explotarlos por un periodo de cincuenta años. Respecto a esta entrevista, hay algo que De la Huerta hizo omisión. En un comunicado confidencial que Hughes envió a la embajada estadounidense en México, De la Huerta propuso, como solución a los asuntos pendientes, un intercambio de comunicados entre el secretario y Obregón para lo cual presentó un par de proyectos. Obviamente la respuesta fue negativa dado que hacerlo implicaba otorgar reconocimiento a Obregón. Además, Obregón demandaba ciertas cosas que estaban fuera de la esfera de acción del Departamento de Estado. Hughes reconocía que México tenía el derecho de emitir cuanta ley quisiera, siempre y cuando respetara los derechos de los estadounidenses. Según De la Huerta aquello fue todo un éxito y en cuanto Hughes retornara en octubre de una gira por Brasil, lo único pendiente seria nombrar embajadores.

Las reuniones en Washington recibieron cobertura de la prensa estadounidense y mexicana, aun cuando los detalles de lo tratado no fueron revelados. Aun cuando, públicamente, De la Huerta declaró que nada se había tratado acerca del reconocimiento, el memorando de Hughes muestra lo contrario. Sin embargo, publicaciones en ambos países especulaban que próximamente se reanudarían relaciones diplomáticas. Sin aportar mayores datos, en Frederick, Maryland, The Daily News, publicó un titular que se leía: “Recognition for Mexico is nearer” (El reconocimiento para México está cercano). En México, Las Noticias publicaban: “De la Huerta regresó con el reconocimiento en la bolsa”. Así, el documento llegó al Congreso Mexicano.

Y como se trataba de la salvación de la patria, pues volvieron a aparecer las coincidencias. El 15 de septiembre, la Cámara de Diputados aprobó el acuerdo y el 27 del mismo mes, de manera unánime, el Senado hizo lo mismo. Los miembros de ambos cuerpos legislativos alabaron el contenido del documento. Afirmaban que, gracias a ese acuerdo, el país se ahorraba 571 millones de pesos. Con la aprobación, se confirmaba lo que De la Huerta dijera a Hughes: “El acuerdo con los banqueros se aprueba porque se aprueba, como que mi nombre es De la Huerta”. Mientras escribíamos sobre este salvamento vino a nuestra mente otro que sucedió allá por los 1990 cuando también nos prometieron que nunca volveríamos a tener problemas, la patria estaba emancipada. El día 29, el presidente Obregón firmó el decreto aprobando los tratados De la Huerta-Lamont.

Y llegó octubre, al regresar Hughes de Brasil, el reconocimiento seguía pendiente. El día último del mes, en Boston, Hughes aseguraba que “para los mexicanos, los EU no tenían sino sentimientos de amistad, pero que no estaban dispuestos a reconocer ninguna política mexicana domestica fundada en medidas confiscatorias en contra de extranjeros”. El reconocimiento continuaría pendiente hasta que arribo mayo de 1923 y representantes de ambos países se sentaron a negociar y acordar lo que ellos conocen como “The General Claims Conventions” y nosotros como los Tratados de Bucareli, acerca de los cuales se ha tejido toda una leyenda negra, no obstante que lo único que implicaba era el pago de daños que en uno u otro país se hubiese hecho en contra de los ciudadanos de ambos. Ello daría pie para que vivales con pluma en mano convencieran a De la Huerta que la patria estaba en deuda con él y se lo creyera. Fue a , casi, demandarle al presidente Obregón que lo nombrara como su sucesor y al no recibir una respuesta afirmativa alegó que con los Tratados de Bucareli se vendía a la patria y que él nunca estuvo enterado de las negociaciones.

Al respecto, diplomático-político-hombre de negocios, Aarón Sáenz Garza lo desmiente plenamente al recordarle que sobre el tema siempre se trató en las reuniones de gabinete a las cuales De la Huerta asistía. Sin embargo, dejándose llevar por los consejos de una ristra de plumas de alquiler quienes veían se les iba el negocio que implicaba tenerlo en la presidencia convencieron a De la Huerta de que se lanzara a una lucha armada sin sentido que terminó en derrota, pero que sirvió para que algunos como Martín Luis Guzmán despotricaran en contra del presidente Obregón Salido y el estadista Elías Calles a quienes presentó como un par de matarifes, algo que creyeron pie juntillas quienes son poco dados a revisar la historia basada en información dura y no la generada por jugos gástricos. En eso concluyó la historia de un acuerdo financiero que hizo creer a su principal instrumentador que la patria estaba en deuda con él e hizo que sus servicios valiosos, para la construcción del estado mexicano moderno, terminaran olvidados. Una lección intemporal que algunos deberían de repasar.
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Añadido (1) Una y otra vez, Osorio tiene que salir a justificar la estrategia que por más que trate de convencernos no funciona. La competencia es el año próximo y no se ve cómo pueda lograr éxitos. Hablamos del panbol mundano, de lo otro solamente los especialistas en el tema están capacitados para dar opiniones…

Añadido (2) Convirtieron en un asco la Avenida Insurgentes, siguieron con las calles de Xola, Félix Cuevas, Río Mixcoac y ahora, para que quede su recuerdo imperecedero, van a destrozar el Paseo de la Reforma. A todo ello, agreguemos que no hay calle o avenida que no luzca como campo minado. Pero como dice el tango, “veinte años no es nada…” y nada es lo que han hecho en ese tiempo por elevar la calidad del nivel de vida de los habitantes primero del DF y la ahora pauperizada CDMX.

Añadido (3) En Alemania, al aparearse la izquierda con la derecha nació un engendro que bautizaron como nacionalsocialismo con el cual, dijeron, habrían de salvar al país de todos los malvados y los males. Muy conveniente sería que quienes hoy andan de aplaudidores de amancebamientos potenciales de corte similar revisaran la historia.
24 Junio 2017 04:00:00
Los editoriales y las noticias que The New York Times publicaba sobre los eventos en México hace 150
Hoy, cuando varios acostumbran tomar como palabra sagrada lo que se publica en The New York Times (NYT), vale la pena irnos a revisar el debate que se daba en las páginas de dicho diario durante el mes de julio de 1867. Entonces, en los editoriales lo mismo apuntaba la necesidad de definir una política estadounidense hacia México que criticaban al grupo encabezado por el estadista Juárez García, acusándolos de ser unos asesinos por haber mandado un mensaje claro y conciso al exterminar al invasor. Sin embargo, en otras secciones, se presentaban opiniones diversas, destacando entre ellas las contenidas en un largo artículo elaborado por el político-escritor-poeta-militar guerrerense, Ignacio Manuel Altamirano Basilio. Para cerrar esta serie de colaboraciones, seis con la actual, acerca de aquellos días en que la nación nueva nacía en medio de las críticas de los maxhincados internos y los siempre correctos extranjeros que no perdían, ni lo dejan de hacer, la oportunidad para embestir en contra de nuestro país cuando de defender su dignidad se trata. Vayamos a lo que en las páginas del diario neoyorquino era publicado hace un siglo y la mitad de otro.

El 9 de julio, aparecía en el NYT una nota en la cual se hacía una observación. Desde el 10 de junio de 1863, cuando los 42 mil hombres que conformaban las fuerzas de Bazaine y Forey tomaron la ciudad de México hasta el 20 de junio de 1867, cuando el general Porfirio Díaz Mori la recuperó para la República, los habitantes de dicha población no realizaron ningún acto de rebelión que mostrara su incomodidad por la presencia de extraños. Ante ello, preguntamos nosotros, ¿Acaso aquellos ciudadanos capitalinos fueron víctimas de la fascinación ante lo europeo o como lo han hecho siempre, ellos nunca se equivocan, siempre están con el vencedor en turno? Antes de que alguien por ahí nos diga: “Ya le salió el complejo de provincianito a este”, lo invitamos a que revise la historia del siglo XIX y XX, la cual nosotros estudiamos y comentamos, pero que no es de nuestra invención. En la misma fecha citada al inicio de este párrafo, en la sección editorial, se apuntaba que los EU deberían de definir una política hacia México, la cual tendría que ser “liberal, vigorosa, definitiva, pero que debe de ser ejecutada”. Posteriormente agregaba que para que esa política tuviera éxito, era necesario se contara con “un estadista capaz de generar un plan que asegure el establecimiento permanente del orden y un gobierno estable en México, el cual a la vez permita prevenir la interferencia de poderes externos.” Sin embargo, afirmaba el editorialista neoyorkino, “creemos que México es incapaz de lograr esto por sí mismo y ello solamente puede concretarse mediante la influencia o dominación estadounidense.” Para que se viera cuan listos estaban, en una nota pequeña, anunciaban que la embarcación Susquehanna procedía directamente hacia México para que en caso de que la muerte de Maximiliano suscitara conflictos, la fuerza bélica estadounidense estuviese bien representada y lista para actuar.

Durante los días subsiguientes, el NYT, se dedicó a narrar como fueron los últimos momentos de esos angelitos que formaban la triple M, incluyendo pasajes del juicio. Al respecto, el 11 de julio, aparecía la nota en donde se enfatizaba que uno de los defensores de Maximiliano, de nombre Eulalio Ortega, refutaba los cargos de que el austriaco hubiera actuado como un usurpador y con crueldad. Para sustentar estos dichos argüía que la promulgación de la ley del 3 de octubre era consecuencia de que a Maximiliano lo engañaron diciéndole que Juárez había salido de México y que uno de los artículos de dicha ley fue elaborado por el comandante en jefe francés. Pobre hombre tan inocente y compadecido, resulta que como ya se había ido su oponente principal, pues a darle gusto al gatillo y a cazar aborígenes rebeldes, pero ni crean que de él fue la idea. Ni duda, al final de cuentas el austriaco no era sino un felón incapaz de reconocer sus actos. Eso sí, la defensa maximilianesca clamaba que lo perdonaran en nombre de la civilización, de hacerlo “salvaría el buen nombre de México a los ojos de las generaciones venideras. Ellas aplaudirán por siempre la coronación de una de las victorias más grandes mediante el mayor de los perdones.” Acto seguido, otro maxhincado, Jesús María Vázquez, quien se ostentaba como consejero del barbirrubio, procedió a cerrar los argumentos con esta perorata: “Si ustedes condenan al archiduque a muerte, me inquieta la posibilidad de que Europa integre una coalición o la actitud que los EU pueda tomar respecto a la República [Mexicana]… temo que el reproche universal caiga sobre nuestro país como una anatema…” Pero otros con antelación nos habían prevenido de no tomar medidas drásticas.

Uno de ellos era el nominado como ministro estadounidense ante el gobierno de la República, Lewis D. Campbell, quien con fecha 6 de abril de 1867, envió un mensaje a nuestro representante ante Washington, Matías Romero Avendaño, en el cual le reiteraba las simpatías estadounidenses hacia la causa Republicana, pero le preocupaba la severidad con que se castigó a los traidores en Zacatecas. Temía Campbell de que en caso de que se capturara a Maximiliano, sanciones similares fueran implantadas. En caso de que ello sucediese, pudiera ser que el gobierno estadounidense variase su actitud, además de que dicho comportamiento ocasionaría que disminuyera “la estimación de los pueblos civilizados, y tal vez perjudiquen la causa del republicanismo, retardando su progreso en todas partes”. Y luego viene un párrafo que no tiene desperdicio, casi es un tronido dactilar, “El Gobierno [estadounidense] me ha prevenido que haga saber al presidente Juárez, pronta y eficazmente, su deseo de que, en caso de que se capture al príncipe Maximiliano y a los que lo sostienen, ellos reciban el tratamiento humano que se acostumbra con los prisioneros de guerra en naciones civilizadas”. Respecto a este comunicado, el NYT reproducía en la página primera, el 12 de julio, un artículo que el segundo día del mes anterior había aparecido en México en el periódico anticlerical “El Pájaro Rojo”. La pieza era de la autoría de una de las plumas literarias más poderosas que hay dado la nación, la de Ignacio Manuel Altamirano cuyo escrito iniciaba así: “No bien nos hemos librado del yugo de la intervención europea – gracias a nuestra propia fuerza, nuestro propio coraje, nuestra propia fidelidad y nuestro propio orgullo republicano- [esto es lo que deberíamos de tener presente siempre y no andar creyendo que fueron otros los que nos hicieron triunfar en lo que es la victoria mayor obtenida a lo largo de la historia patria] cuando nuevamente tenemos que repeler un intento de intervención por parte del país más poderoso del continente”. Dado que Altamirano no andaba con correcciones políticas, procedía a señalar que “si dejamos pasar este incidente confiando en la amistad de los estadounidenses, mañana tendremos un comunicado dirigido al Gabinete Mexicano sugiriendo la abolición de tal o cual gravamen comercial bajo el pretexto de simpatía y civilización”. Respecto a la admonición de Campbell, la respuesta era directa, “siempre he creído que ya pasaron los tiempos de permitir que un ministro extranjero venga con esas expresiones feudales a la hora de comunicarse con nuestro gobierno, mientras lanza la amenaza en la frase primera.” Enseguida, el escritor guerrerense les recordaba que mucho era lo que se había combatido y nos habíamos ganado el derecho a ser respetados. El país pasaba por un momento de “grandeza y majestuosidad que nos permitía responder en un tono de orgullo a quienes buscaran amenazarnos”. Respecto a la invocación realizada a mantener la estima de las naciones civilizadas, Altamirano directamente le preguntaba “¿cuáles son esas monarquías europeas? ¿Qué les debemos a ellas por el odio y las desgracias que nos trajo la intervención de Maximiliano? ¿Qué acciones tomaron las llamadas naciones civilizadas para evitar la carnicería desatada por los franceses al amparo de sus cortes marciales, al tiempo que realizaban la destrucción de pueblos y ciudades enteras? ¿Qué hizo el gobierno de los EU cuando los liberales mexicanos eran masacrados por quienes hoy piden sean considerados con clemencia?” Tras esto, les espetaba: “…

ahora en el nombre de la civilización claman impunidad para estos europeos aventureros quienes fueron los mercenarios del déspota cuya única misión era matar mexicanos”. Y si de intervencionismos se tratara, Altamirano les cuestionaba “¿Cuál sería su respuesta si fuéramos a decirles que Jefferson Davis y sus cómplices deberían ser decapitados, basando nuestra demanda en el hecho de que los Confederados reconocieron el imperio, apoyaron la intervención europea y declararon la guerra a los republicanos mexicanos?... Los EU deben de tener una idea muy pobre sobre la dignidad de México para pensar que pueden dictar nuestra política interna. Nuestro gobierno debe de ser justo. Su energía, demostrada en la última contienda, es garantía suficiente del brío que mostrara en esta hora de la victoria….Las leyes de la nación deben de crear un código inviolable y los gobernados deben de asumirlas como una regla de conducta para acatarlas…” A la par de este artículo, aparecían otros en donde se informaba lo mismo acerca de las disposiciones militares en la ciudad de México que aparecían notas en donde se argüía que los Liberales habían inaugurado una era de terror en contra de la curia y acólitos que los acompañaban. Los “sufrimientos” de los habitantes de la ciudad capital una vez que cayeron en manos de los Republicanos. Y para conocer la postura del NYT al respecto, nos vamos a la página editorial de ese día.

En ella, volvían a arremeter en contra de los Liberales a quienes les endilgaban ser poseedores de una apetencia mayúscula por hemoglobina que cualquiera diría que provenían de Transilvania. Asimismo, para terminar de condenarlos los hacían aparecer como emisarios de Satanás dispuestos a terminar con cuanto cura y monja existiera en México, además de ser unos vulgares extractores de los bienes de otros a quienes sometían a préstamos forzosos. Y a los extranjeros el trato que les daban era insolente, en fin que aquello lo resumía en aprensiones, ejecuciones y extorsiones. A la par que, según el diario neoyorkino, constantemente había manifestaciones demandando a los extranjeros que se fueran. Si ese era el clima prevaleciente en la capital mexicana, aun no entendemos cómo es que, por el rumbo de las calles de San Juan de Letrán y Tacuba, un joven prusiano, quien nada tenía que ver con la política, anduviera “echando novia” con una damita de origen guanajuatense, seguramente no estaban enterados de lo que publicaba el NYT. Un diario muy al pendiente de nuestros eventos.

A mediados de julio, en primera plana dedicaba un artículo extenso en el cual el secretario de estado, William H. Seward realizaba una serie de precisiones negando existiera apoyo alguno por parte de los estadounidenses al siempre dispuesto a salvar a la patria, el López del siglo XIX. Por esas mismas fechas, se informaba de la misa de réquiem que celebrarían por el alma de Maximiliano sobre cuyo juicio el NYT presentó un artículo precisando pormenores. . En igual forma, daba paso a noticias especulando que un grupo de nicaragüenses e imperialistas mexicanos planeaban integrar un grupo, para lo cual ya reclutaban voluntarios en New York, New Orleans y Philadelphia, con el cual habrían de venir a “salvarnos” de los Liberales. Mientras estos deliraban, había otros con los pies sobre la tierra.

Uno de ellos era el abogado, militar, político, diplomático, escritor y general estadounidense, Lewis Wallace, autor de la novela “Ben Hur: A Tale of the Christ”, (1880), quien indicaba “… podemos destruir a México, no hay duda, pero no lo hagamos simplemente porque podemos. Un estudio de nuestras propias culpas, junto con un breve análisis de las costumbres, hábitos y peculiaridades de los mexicanos, convencerá a cada ciudadano [estadounidense] pensante de que es más conveniente apoyar la consolidación de un México independiente que tomar acciones para absorberlo, y que será mucho mejor gastar cincuenta millones de dólares para ayudarlo a recuperarse que hacerlo para mantenerlo sojuzgado”. Nadie podrá dudarlo, esas palabras siguen teniendo vigencia hoy en día. Lo que ya no prevalece es el hecho de que diarios como el NYT antiguamente utilizaban la página editorial para plasmar la postura de la publicación y hoy han optado por editorializar las noticias.

Con esto concluimos la serie de seis artículos fundamentados en las opiniones que sobre nosotros se tenían en otras latitudes. En ellos, hemos querido mostrar el tamaño de la obra realizada por los HOMBRES DE LA REFORMA, encabezados por el estadista Benito Pablo Juárez García. Las opiniones provenientes del exterior, cercano y lejano, una y otra vez buscaban mostrarnos como un pueblo de salvajes, mientras que desde su postura de superioridad supuesta demandaban se perdonara a quienes trajeron destrucción y miseria a un pueblo inmerso en la búsqueda por construir la nación nueva. Esa es una historia que, una y otra vez a lo largo del tiempo, se ha repetido y en esa reiteración siempre ha existido un grupo de connacionales ansiosos de halagar al que venga a dominarnos, mostrando con ello que su aspiración suprema es convertirse en ciudadanos de segunda en su propio país, son los maxhincados de ayer y hoy quienes, debemos de reconocerlo, siguen ganando espacios y son objeto de entrevistas en los medios de comunicación nacionales pontificando acerca de las bondades de su “emperador”. Somos muy pocos los Laicos-Republicanos-Juaristas quienes abiertamente mostramos nuestro orgullo por el triunfo que, hace un siglo y medio, nos llevó a la concreción de esta nuestra patria. Aun no entendemos la actitud de quienes dicen pertenecer a ese grupo y optan por el silencio o hablar en voz baja. ¿A qué le temen o acaso encubren su naturaleza verdadera?

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(1) Qué tal si los trepan a un ring rodeado por una jaula metálica, reforzada con candados, y que de ahí no salgan hasta que diriman todas sus diferencias. Estamos seguros que el éxito, en taquilla y de “pay per view,” estaría asegurado. Lector amable, nada más imagínese el anuncio: “Lengua contra lengua, sin límite de tiempo, en esta esquina, con calzoncillos cafés, El Mesías Tropical de Macuspana y, en esta otra, con mallones celeste y blancos, El Ignaro con Botas del Bajío”. Para cuidar que la deslenguada se lleve conforme al nivel intelectual de los contendientes, como tercero en el ring, el joven Lorencillo ataviado con tirantes multicolores por aquello de que fueran a acusarlo de favoritismo.

Añadido (2) Cayó en trance para que el mánager transe.

Añadido (3) En estos días, por los rumbos del Caribe Mexicano, las figuras del presidente don Adolfo López Mateos, del canciller Manuel Tello Baurraud y la del embajador Rafael de ca Colina Riquelme adquirieron dimensiones colosales. Estamos ciertos de que esto ha sido percibido por usted, lector amable. ¿Lo habrán notado otros?

Añadido (4) De pronto, volteamos a la mesa contigua y ahí estaba, desayunando, más solitario que un alma en pena, un otrora prócer de la democracia. No hay duda, cuando dejas de ser, ya no eres y el enjambre vuelva hacia otras colmenas.
17 Junio 2017 04:00:00
La prensa externa aporreándonos después del 19 de junio de hace 150 años
Apenas empezaba a clarear el tercer miércoles del sexto mes del año. Las campanas tañían llamando a la misa primera en el Querétaro siempre religioso. Aquel día, la población despertó más temprano que de costumbre. Era la fecha señalada tras de una posposición de tres días. El Gobierno de la República actuaba dentro del marco para acatar el mandato de un jurado y el clamor general de la mayoría de la población, enviar un mensaje que resonara más allá de las fronteras patrias. La nación estaba en ruinas como consecuencia de las acciones realizadas durante los cinco años previos por el grupo encabezado últimamente por esos tres personajes quienes enfrentaban el último amanecer de sus vidas.

El jefe, un austriaco quien clamaba inocencia y poco faltaba que llamara malagradecidos a los habitantes de estas tierras a los que, según él, había venido a redimir. El segundo, un indígena puro quien bajo el argumento de defender su religión decidió seguir a aquel hombre blanco y barbado quien seguramente le recordaba alguna leyenda vieja que le contaron sobre asuntos de la salvación que traería un hombre, proveniente del Este, poseedor de las características físicas descritas. El tercero, un descendiente de francés quien, tras de ser un joven héroe defensor de la patria, optó por aliarse con los enemigos del progreso para terminar convertido en el lugarteniente principal del invasor.

El sol, no queriendo ser menos se hacía presente, mostraba la luz generada por el triunfo de los Patriotas sobre las tinieblas creadas por los invasores y traidores. Eran las siete de la mañana del 19 de junio de 1867, enfrente del muro de adobe construido por los miembros del Batallón de Coahuila, Maximiliano, Mejía y Miramón eran ejecutados. Ese era su castigo por las miles de vidas que fueron cegadas y la destrucción que ocasionaron a un país al que sumieron en la miseria. Pero en medio de ese acto hubo todo tipo de protestas, peticiones y críticas provenientes de distintas partes del planeta, de ello nos ocuparemos en esta colaboración.

El uno de julio de 1867, The New York Times (NYT) informaba que conforme a lo hecho saber por la tripulación de un vapor austriaco que arribó a New Orleans, Maximiliano había sido ejecutado el 19 de junio y que al día siguiente, el general Díaz Mori se apoderaba de la ciudad de México. Sin embargo, apuntaba, el Departamento de Estado no tenía información oficial. Inclusive, la nota especulaba, si eso aconteció probablemente fue porque los generales decidieron hacerlo sin consultar a Juárez quien, según el NYT, optaba [¿?] por dejarlo libre. A la par, en Europa, se daba por cierta, sin dudar, dicha información. Al día siguiente, en la misma publicación estadounidense aparecía un editorial titulado “The Murder of Maximilian” (El asesinato de Maximiliano). Tras de presentarlo como un hombre bien intencionado quien vino a México por la invitación de quienes creyó representaban el sentir de las mayorías, acabó abandonado.

Sin embargo seguía la pieza, un triunfo de Maximiliano hubiera resultado una calamidad no porque la condición de México empeorara con ello, sino debido a que era un severo revés al Republicanismo en el Continente Americano. Además, no había jurado respetar la doctrina Monroe y no tenía ningún apego a los principios republicanos. Sin embargo creía que podía redimir y regenerar a los mexicanos. “Su muerte confirma dicha necesidad. Es difícil creer que los responsables de ella sean capaces de auto gobernarse o que puedan ser investidos con autoridad. Son insensibles a cualquier sentimiento de honor o cualquier dictado de prudencia.

La sed de sangre está en su naturaleza… El asesinato de Maximiliano deja al gobierno de México sin la simpatía de ninguna otra nación, a la par que lo hace objeto de la desconfianza, el escarnio y el odio de todas ellas.” En tono similar aparecía otro editorial en el NYT el 4 de julio. Nos llamaba salvajes a los mexicanos, calificativo que extendía a los líderes que, según el artículo, “…se autodenominaban Liberales quienes desafiaban el sentimiento del cristianismo [¿Habrán considerado las medidas bondadosas tomadas años atrás por la Inquisición?] para tomar una postura alejada de la civilización.” Pero no solamente editorialistas anónimos nos “surtían” de epítetos.

Un escritor y viajero estadounidense, Henry Wikoff, indicaba que aun cuando se le sugería a Maximiliano que abandonara México una vez que ya no contaba con el apoyo francés, el austriaco persistió en quedarse y “luchar en contra de la venganza de un gobierno bárbaro… un acto que ennoblece y honra a este príncipe… tanto coraje y devoción solamente pudo ser superada por la furia de esos asesinos desalmados… Maximiliano ha sido exterminado, los sentimientos de esta era humanitaria han sido lacerados y una afrenta ha sido cometida en contra de los Estados Unidos, la cual debe ser castigada. El pueblo y gobierno estadounidense dieron su apoyo a la causa republicana en México y lo que las autoridades de nuestro país les solicitaron fue simplemente clemencia para Maximiliano cuya mala fortuna ha subsanado sus errores. Su muerte no es solamente un acto inhumano, pero un insulto. Hagamos que esos semisalvajes se enteren de ello…” Dejemos por un momento las opiniones generadas al norte del Bravo y vayamos al otro lado del Atlántico.

Desde Londres era anunciado que todas las cortes europeas se declaraban en luto. El gobierno británico había llamado a su representante ante México, al tiempo que consideraba dar por terminadas las relaciones diplomáticas. A la par, en París, Le Moniteur Universel publicaba un artículo en el cual condenaba el asesinato, así lo llamaba, de Maximiliano. Asimismo, daba cuenta de que en el Senado y en todo el cuerpo legislativo los discursos en general coincidían en que la ejecución era un crimen en contra de la humanidad. El gobierno francés había ordenado a sus cónsules en México cesar sus actividades, al tiempo que suspendía los festejos para celebrar el inicio de su revolución. Mientras los europeos buscan alejarse de nosotros como represalia, en los EUA, había quienes tenían una perspectiva con pragmatismo mayor.

El 20 de junio, The Times-Picayune editado en New Orleans publicaba un escrito firmado por W.M.B. Ahí, se indicaba que México era entregado a los demonios de la anarquía y la insolvencia. Acto seguido, se preguntaba: “¿Permitirán los Estados Unidos que las vidas, propiedades y comercio de sus ciudadanos queden a merced de un gobierno sin esperanza e incapaz de preservar el orden. Sí en México no se establece el orden ahora, si no desea la paz después de este periodo de conflictos y miseria, lo único que podemos esperar es una guerra perpetua? Los EUA necesitan enviar un ministro hábil a México. No debería de ser un político… nosotros necesitamos el mercado doméstico de México para nuestras manufacturas, envíos y provisiones… necesitamos el derecho de vía a través de Tehuantepec y del Pacifico a través de sus estados del norte. Requerimos comercio libre o reciproco a través de los puertos mexicanos. No podría México abrirse y utilizar esto ante el mundo. Los comerciantes de New York y los industriales de New England estarían muy interesados en reanudar las relaciones con ese país. ¿Por qué dejar que los políticos fomenten el conflicto y paralicen la energía potencial de este país [los EUA]? Los integrantes del primer grupo desean mercados para su industria. Los miembros del segundo buscan salarios y contratos. Cuando los políticos claman falta de gobernabilidad en México, olvidan que aun nosotros [los EUA] vivimos en una incertidumbre casi similar acerca de nuestro futuro.” Sin embargo había quienes no actuaban en términos tan conciliatorios y pragmáticos.

El 6 de julio, el NYT publicó una carta firmada por Béla Estván, quien se firmaba como el director del Buró Imperial de México en los EUA. Antes de ir al texto, cabe apuntar que este sujeto era un húngaro quien combatió al lado de los Confederados en la Guerra Civil estadounidense. Más tarde, Estván se enteró que Maximiliano había establecido una oficina en New York para diseminar propaganda e intrigas, al tiempo que nombraba a Luis De Arroyo como cónsul de su imperio en dicha ciudad. Ante esto, Estván se apersonó ante este último a quien le vendió que era influyente entre la prensa neoyorkina. Posteriormente, consiguió una audiencia con el austriaco a quien engatusó con el cuento de su amor y admiración por los Habsburgo. Para demostrar el cariño, ofreció sus influencias con el fin de revertir la imagen poco grata que nuestro visitante indeseado tenía en los EUA. Sin embargo, para ello, eran requeridos algunos recursos. Entre 1865 y 1867, Maximiliano le asignó cinco mil dólares anuales, además de 40 mil dólares para gastos. Esto último lo utilizó para “maicear” a los principales diarios neoyorkinos en busca de notas positivas sobre el “imperio” Una vez establecido quien era Estván, retornemos a su carta, la cual iniciaba lamentando la muerte de Maximiliano de quien decía fue abandonado y vendido por sus amigos, así como por aquellos gobiernos, los cuales le otorgaron la promesa moral de proteger y salvar su vida.

Decía que había muerto como un mártir, en un evento que no tenía paralelo en la historia moderna que será recordado como abominable y vergonzoso. Tras de lamentarse que con esa muerte concluía la misión que le encomendaron y, diríamos nosotros, cesaba el fluir de fondos a su bolsillo, procedía a ser “magnánimo” mientras apuntaba que no acusaría a los EUA de violar una obligación solemne con Europa y Francia, solamente lo acusaba de una “vacilación inexcusable y auto denigrante.” Invocando que el ministro austriaco ante Washington solicitó a nombre de su gobierno que intervinieran para salvarlo. Estván se preguntaba porqué no enviaron un ministro a México, no a pedirle a Juárez, sino a demandarle que le perdonara la vida. “Esta demanda no era solamente un privilegio glorioso, sino un derecho que los EUA tenían.” Tras de esto, daba paso a la mentira que a lo largo del tiempo han alimentado los europeos y los maxhincados de ayer y hoy, que los EUA fueron realmente el soporte del estadista Juárez y no el pueblo mexicano.

Ante de ir al texto de entonces, cabe recordar que una y otra vez los historiadores, quienes sí conocen el tema, han demostrado cómo durante todo el tiempo en que los franceses estuvieron en México, los EUA les vendieron pertrechos de guerra. No fue sino hasta que se largaron cuando México empezó a comprar armamento proveniente de allá. Pero retornemos a los decires de Estván quien argüía que no fue la bravura de las tropas mexicanas, ni mucho menos la pericia de sus generales quienes echaron fuera a los franceses, lo que los expulsó fue la fuerza y el deseo de los estadounidenses quienes con su poder moral obligaron a los europeos a retirar su apoyo a Maximiliano.

“Hubiera bastado con que las tropas estadounidenses se colocaran a lo largo de la frontera con México para que la vida de Maximiliano se hubiera salvado y con ella el honor de la civilización occidental.” Acto seguido, Estván procedía a mencionar de que a Maximiliano lo habían ido a buscar y no aceptó venir hasta que le demostraron [falsamente] que la gran mayoría lo quería aquí para que nos redimiera. Al fallar Maximiliano en “su intento noble, México mostró que no era merecedor de alcanzar un destino como el prometido bajo su liderazgo. Con este acto barbárico, México se autocondena.” Para concluir, Estván demandaba al editor que publicara su perorata, esto no era extraño si nos atenemos a las cercanía$ que este tenía con los diarios neoyorkinos. Mientras tanto, los austriacos hacían preparativos para venir a llevarse los despojos del redentor fallido.

El 7 de julio, desde Viena, era anunciado que la flota austriaca enviaba una embarcación hacia México. Asimismo, días después, Napoleón III culpaba a los miembros del Partido Católico en México de ser los responsables de la muerte de Maximiliano. Un hecho curioso aconteció en París, en donde el 20 de junio los diarios parisinos daban cuenta de lo sucedido cuando se presentaba la obra Hernani, escrita por Víctor Hugo y ambientada en la España medieval. De pronto en una de las escenas, llega un ayudante y le anuncia al personaje principal, don Carlos, “El emperador Maximiliano ha muerto,” refiriéndose a un personaje del medievo. Sin embargo la audiencia inmediatamente hizo la conexión con los acontecimientos mexicanos. Pero más allá de asignar culpas o hechos curiosos, otros se preocupaban por llevar el cuerpo de la derrota de retorno al sitio de donde nunca debió de haber salido. En ese contexto, la prensa estadounidense daba a conocer que el capitán Grueller, al mando la corbeta austriaca Elizabeth, le solicitaba al capitán F.A. Rowe, quien comandaba el vapor estadounidense Tacony, que intercediera ante el presidente Juárez García para que le permitiera recibir los despojos de Maximiliano y trasladarlos a Austria. Pero eso tardaría todavía tiempo para materializarse.

Mientras los restos del austriaco continuaban pudriéndose en el Convento de las Capuchinas en Querétaro, en donde permanecería (mal embalsamado) hasta el mes de noviembre cuando fue trasladado a la ciudad de México, en el Congreso de los EUA algunos legisladores continuaban empeñados en que pagáramos la “afrenta.” El 8 de julio en la Cámara de Representantes, los Republicanos, Abner C. Harding (Illinois), John P. C. Shanks (Indiana) y John D. Baldwin (Massachusetts), al igual que los Demócratas. James Brooks (New York) Fernando Wood (New York) y William Mungen (Ohio) presentaron una serie de resoluciones relacionadas con México, mismas que fueron referidas al Comité de Asuntos Externos.

Los Republicanos Harding y Shanks expresaban su satisfacción por la caída de Maximiliano y el triunfo de la República, solicitando se actuara en consecuencia. Por su parte los Demócratas volvían a mostrar su “amor” a México. Brooks proponía que se impugnaran las leyes de neutralidad que prohibía la intervención armada en México. Wood demandaba acción inmediata y sumaria en contra de México por sus acciones en perjuicio de ciudadanos estadounidenses y por el hecho de que funcionarios mexicanos abordaron el vapor Virginia y sin autorización alguna sacaron de ahí al López del siglo XIX, justo era que se indignara de trato tal a un sujeto que tanto les dio a los estadounidenses, para ir a depositarlo en las mazmorras de San Juan de Ulúa. Mungen solicitaba al secretario de estado que clarificara como fue “secuestrado” el quince uñas.

Seguramente leer sobre estas propuestas habrá de descorazonar a los maxhincados que dividen el mundo entre buenos y malos cuando se trata de lidiar con los estadounidenses. Las propuestas causaron resquemor en algunos, especialmente el editorialista del NYT quien veía que en caso de aprobarse la abolición de la ley de neutralidad, pronto México se viera en manos de filibusteros estadounidenses. O bien, si se sumaban a la felicidad de Harding y Shanks significaba que “se aprobaba la barbarie de Juárez y de los Liberales carniceros, lo cual significaba que los EUA se degradaban ante el mundo cristiano, así como a los ojos de mahometanos y persas.” No cabe duda, aún quedaban en el bolsillo algunas monedas de aquellas que el húngaro Estván repartió entre los plumíferos neoyorkinos. Mientras tanto, al mando del Almirante, Wilhelm von Tegetthoff, la fragata austriaca Novara, la misma en que llegaron a Veracruz, Maximiliano y Carlota, venía a recoger el cadáver del primero.

Mientras llegaba, la prensa extranjera continuaría aporreándonos, al tiempo que los epítetos de salvajes era lo más delicado que se leía sobre los Hombres que osaron derrotar a los invasores europeos. Acerca de ello, les comentaremos en nuestra próxima colaboración, sexta y última de este capítulo glorioso de la historia patria que los maxhincados quieren ocultar, mientras invitan a la misa que celebraran en la ciudad de México, este 19 de junio, en memoria de su segundo emperador de opereta.

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Añadido (1) A quienes se desgañitan demandando la inhabilitación del proceso electoral en Coahuila, les recomendamos que, para serenarse, efectúen una lectura cuidadosa del artículo, “Anular la elección, misión casi imposible” (El Heraldo de Saltillo 09-VI-17) de la autoría de José Gerardo Villarreal Ríos, un abogado quien, acerca de los asuntos lectorales, sabe un buen rato tanto en la teoría como en la praxis. Repasar el texto mencionado hará reflexionar a quienes hoy andan inquietos en demasía, pero claman su deseo por vivir en un estado de derecho.

Añadido (2), Siempre será grato acudir a un evento en donde se ofrece una perspectiva objetiva sustentada en el conocimiento sobre lo acontecido en México hace 150 años. Ese fue el caso al escuchar a los doctores Patricia Galeana Herrera, Rafael Estrada Michel y Silvestre Villegas Revueltas en la charla titulada “Los Juicios a Maximiliano, Miramón y Mejía.

Añadido (3) ¿Por qué se extrañan de la actitud del cuentachi$te$ saltillense? A quienes lo hemos observado desde los tiempos en que gobernaba Coahuila el general Raúl Madero González nada nos sorprende. Es la forma en que ha operado toda su vida.
10 Junio 2017 04:00:00
Desperdigaban noticias falsas e infamaban a los mexicanos mientras buscaban salvar a Maximiliano
Eran los inicios de junio y el mundo apenas conocía lo acontecido quince o más días atrás en México. Ése era el ritmo al cual viajaban las noticias en aquellos años. La caída de Querétaro, acompañada por la captura de Maximiliano, había acontecido el 15 de mayo. El evento agravó las preocupaciones de quienes se presentaban como adalides del humanitarismo, siempre y cuando se tratara de un príncipe europeo usurpador. Semejante desasosiego nunca estuvo en la agenda apretada de dichos sujetos cuando los afectados eran los habitantes de un país que fue destruido al sumirlo en una guerra invasora que devino en intestina. Vayamos a las noticias que por el mundo circulaban respecto a México durante el sexto mes de 1867.

Para el día 4, las versiones aun variaban sobre si las fuerzas maximilianescas habían rendido sus espadas al general Escobedo De La Peña. En los EU, la prensa informaba que tras la captura, Maximiliano fue víctima de disentería, misma que fue atendida por los médicos de su captor. Los optimistas aseguraban que rápidamente había superado el malestar y que ya era esperado en San Luis Potosí para que de ahí se fuera a los EU y posteriormente retornara tranquilamente a Austria. Como quien dice, aquí no pasó nada y lo que hizo fue una “chamacada de un príncipe juguetón”. Sin embargo, para el 20 de mayo en Veracruz aún no se conocía del fin del maximilianismo, pero mencionaban que eso sucedería gracias al apoyo estadounidense a los Liberales mexicanos. Igual situación prevalecía en La Habana, sitio al cual arribó el vapor Sonora el 28 de ese mes y nadie podía asegurar con certeza que aquello había terminado.

Para el 7 de junio, The New York Times (NYT) anunciaba la captura de Miramón y 200 de sus subalternos. Asimismo, se informaba que el general Escobedo de la Peña ordenó que todo aquel enemigo que no se entregara por voluntad propia sería pasado por las armas al identificarlo, mientras quienes lo hicieran voluntariamente serían sujetos a un juicio. Seguían insistiendo en que el barbirrubio austriaco sería trasladado a San Luis Potosí y tratado como prisionero de guerra al cual Juárez mandaría a la capital de la República el 19 de junio, los redactores le atinaron a la fecha del traslado, pero no al sitio a donde se iría. Posteriormente, la misma publicación daría detalles acerca de la captura. Apuntaría que por 48 mil dólares, el coronel Miguel López fue quien dio el acceso para que entraran a capturar a los invasores-traidores. Que Maximiliano envío una bandera blanca, junto con su espada, a Escobedo indicándole que se rendía incondicionalmente, pero pedía tres favores. Uno, no ser insultado y recibir trato de prisionero. Otro, si fusilaban a alguien que él fuera el primero. Un tercero, que en caso de ser ejecutado, su cuerpo no fuera abusado. En el informe que Escobedo presentó, indicaba que 15 mil hombres se rindieron, incluyendo 13 generales y 500 oficiales de rango menor. En ese contexto de victoria, el 15 de mayo, Juárez había enviado una misiva al ministro Romero Avendaño felicitándolo por la victoria de la República. Pero vayamos a Europa y la percepción que allá tuvo la caída de su representante en solar mexicano.

El 29 de mayo, The London Times (LT) citaba como fuente la prensa estadounidense acerca de la caída de Maximiliano. A ello, agregaba, que de acuerdo a información recibida vía telegráfica, se aseguraba que Juárez había ordenado la ejecución de los invasores y los traidores que actuaron como sus aliados. Eso no era todo, el diario londinense indicaba que “México, bajo el líder Republicano, recuperara su democracia y anarquía… habrá de retornar al desorden que, hace seis años, llevó a tres naciones europeas a intervenir en nombre de la humanidad y la civilización”. No podían los europeos dejar de lado la amargura que les ocasionaba que un puñado de aborígenes valientes terminaran por echar fuera a un miembro de una de las casas reales más importantes de Europa. Debemos de recordar que a los franceses siempre se les han indigestado los aborígenes de estos rumbos. En los finales del siglo XVIII, principios del XIX, en Haití, una partida de negros zarrapastrosos (en esas condiciones estaban) encabezados por Toussaint-Louverture y Jean-Jacques Dessalines, derrotaron a las huestes de Napoleón, el de verdad, para lograr su independencia. Como resultado de esa derrota, el corzo-francés, decepcionado, decidió venderle el territorio de la Louisana (desde Montana hasta Louisiana) a Thomas Jefferson. Dejemos disgregaciones históricas de inicios de la centuria antepasada y retornemos a la segunda mitad de la misma.

En la nota del LT, se enfatizaba que la noticia, de la captura de Maximiliano, causaría regocijo entre aquellos que se opusieron desde un principio a la intervención de Francia o bien predijeron que eso terminaría en fracaso. Sin embargo, indicaba, si en lugar de haber tratado de imponer un príncipe, simplemente se hubiera instalado una administración civil, Francia habría pacificado a ese país. Eso hubiera permitido que la presencia francesa se diera sin sobresaltos y, posiblemente, habría generado la aceptación de los EU. Pero, el emperador francés decidió trasplantar una versión europea a México olvidando que los EU estaban en una guerra civil y no admitirían un enclave europeo que pudiera terminar aliándose con los secesionistas. Acto seguido, los ingleses se preguntaban cómo fue factible que un príncipe europeo haya aceptado ser vasallo de Francia. Era inconcebible que alguien tan cercano a un trono, casado con la hija de un soberano europeo, hubiese consentido ir a tratar de gobernar a “una raza de degenerados. En lugar de Viena o Miramar, en donde recibía los honores más altos, optó por ir a tratar de someter a una raza de varios millones de semisalvajes o de españoles cuya degeneración los ha llevado más abajo que los aborígenes salvajes…” Sin embargo, se leía en la nota del LT, “Maximiliano ha actuado con nobleza [sic] y mano firme [resic]. Desde la partida de los franceses ha tratado de poner orden y luchado bravamente para mantener su posición. Pero, la simpatía de los EU y la influencia directa de su gobierno han trabajado en pro de la causa de Juárez proporcionándole partidarios y reconociéndolo como Jefe de Estado y, probablemente, proporcionándole pertrechos de guerra.” La nota concluía aceptando que “el imperio mexicano está en su última etapa y nada queda sino que el Jefe triunfante reorganice el gobierno o permita al país hundirse bajo el poder de los Estados Unidos”. Mientras en Europa lamentaban la caída de uno de los suyos, en México los generales triunfantes intercambiaban congratulaciones.

El 12 de junio, la prensa estadounidense publicaba los mensajes de felicitación que intercambiaban los generales Escobedo de la Peña y Díaz Mori. El primero, una vez cumplida su misión le ofrecía 15 mil hombres al segundo para que terminara de tranquilizar a la ciudad de México. En medio de todo ello, los acólitos del emperador de opereta seguían diseminando mentiras. Por un lado decían que Escobedo, pistola en mano, habíase dedicado a matar heridos y prisioneros. A la vez, aseguraban que la viuda de un mexicano prominente había pagado 80 mil dólares a Juárez para evitar que sus bienes le fueran confiscados en el futuro. Como podemos ver, la enseñanza quedo muy bien fijada, o ¿ya estaba impresa en su código genético?, y los maxhincados de ahora continúan empleando los mismos métodos cuando de desperdigar patrañas se trata. Sin embargo, no todas las publicaciones estadounidenses hacían eco a las “fake news”. Uno de los que buscaba ser objetivo era The Galveston News el cual desmentía las historias de horror de ejecuciones y masacres, mientras enfatizaba que Maximiliano recibía buen trato y ya estaba recuperado de la disentería que lo aquejó por varios días. A la par, los periódicos estadounidenses repetían la historia de los esfuerzos que hacia la princesa Salm-Salm para salvar a Maximiliano.

En el contexto de lo anterior narraban que tras el rechazo del estadista Juárez García a las proposiciones, los prisioneros principales fueron colocados en celdas separadas custodiadas por una guardia doble. A la par, se armaba lo que habría de ser “la corte marcial” a la cual someterían al intruso y sus aliados principales. “Desde los años de la inquisición no se había visto nada igual. Quien la presidirá no se sabe. En donde será establecida y quienes actuaran como testigos, también es desconocido. El juez de la causa tenía catorce puntos acusatorios…” En una información que aparecía contradictoria, de pronto, la nota señalaba que el juicio llevaba tres días y concluiría al siguiente. Posteriormente recalcaba que Maximiliano demandaba una corte bajo la jurisdicción de las leyes internacionales arguyendo que él representaba un gobierno que era reconocido por todos los países, excepto los EU y por consiguiente debería ser juzgado por el Congreso de la nación. En base a ello, la prensa estadounidense argüía que Juárez estaba en un dilema por un lado todos los Liberales clamaban por la ejecución culpándolo de todas las atrocidades cometidas por las tropas francesas, pero por otro si accedía a ello, perdería la simpatía estadounidense. Sin embargo, el sentimiento antiestadounidense era tal que, simplemente por eso, la suerte del austriaco estaba echada. Los europeos estaban convencidos de ello.

E4 de junio, el periódico La Gazette de France publicaba una nota al respecto. Iniciaba que ni aun los festejos que se realizaban en París con motivo de la visita del rey de Bélgica y el zar “podían hacer olvidar la penosa situación que Maximiliano vivía en México, atrapado sin esperanza de clemencia o aun de justicia por parte de un hombre llamado Juárez. Ningún calificativo en contra de este es severo. Juárez no es el jefe de una república sino de una banda. Ha roto todas las leyes y responsabilidades que corresponden a un jefe de estado… Ha sido apoyado por los EU que lo convirtieron en un mero instrumento de su política”. Sí algún maxhincado de ahora lee lo anterior habrá de refocilarse, pero la continuación de la nota con certeza los hará padecer malestares biliares similares a los que sufrían los franceses de entonces. “No podemos sentir sino pesar de que nuestra expedición [la francesa] no haya permitido a México despojarse de este hombre peligroso [Juárez] sus victorias aparentes en contra de la política francesa serán injuriosas para nuestro prestigio [el francés] y para la protección de nuestros paisanos [los franceses]. Es inexplicable que ninguno de nuestros generales haya sido capaz de lograr la retirada de Juárez…pero lo que nos resulta incomprensible es no haber tenido la satisfacción de tomar prisionero a Juárez y sacarlo fuera de la escena de la guerra y la política. Su captura, aparentemente fácil, habría sido un consuelo para el amor propio de Francia”. Mientras tanto en México continuaban las discusiones sobre el juicio a Maximiliano y se hacían peticiones para que no fuera ejecutado.

En San Luis Potosí, un grupo integrado por cincuenta damas distinguidas pertenecientes a lo “mejor” la sociedad de dicha ciudad acudió ante el estadista Juárez a quien solicitaron perdonara la vida de Maximiliano. Como respuesta escucharon que el asunto aun no le había sido llevado para su consideración, pero que cuando ello ocurriese habría de tener en mente su petición. Mientras aquellas damas acicaladas intercedían por intrusos, por los rumbos del Golfo de México aparecían quince uñas embarradas de inmundicia, eran las del López del siglo XIX quien convenció a varios para que, el 20 de junio, desde Tampico desconocieran al presidente Juárez a quien acusaban de hipotecar a los EU, los estados de Tamaulipas y San Luis Potosí por 45 millones de dólares. Ante ello, reconocían a López de Santa Anna como presidente interino de México. Quien firmaba la proclama era un tal Manuel Gardette. Al final nada se concretó pues el Comodoro Rowe, quien venía al frente del vapor Virginia, en el cual se trasladaba el gallero de Manga de Clavo, lo entregó a las autoridades mexicanas luego de una amenaza. Y ya que andamos entre sujetos de esa calaña, el 25 de julio, se publicaba que, en la capital del país, Leonardo Márquez había hecho prisioneros a treinta liberales a quienes planeaba intercambiar por la vida de Maximiliano. Asimismo, daba a conocer que entre los documentos que le dejó bajo resguardo el austriaco estaba el de su abdicación y el nombramiento, como heredero del trono, de un nieto de aquel criollo quien un día se sintió noble, Agustín Cosme Damián.

Por esas mismas fechas, las noticias seguían corriendo en ambos sentidos. Desde Galveston anunciaban el perdón a Maximiliano quien, decían, pronto se iría por Tampico o Veracruz. Desde Londres se informaba que el escritor francés Víctor Hugo apelaba ante el estadista Juárez García para que perdonara a Maximiliano. Sin embargo, no sería sino hasta el 30 de junio cuando la prensa estadounidense comunicaba que Maximiliano había sido ejecutado. Sobre ello discerniremos en la próxima colaboración, la quinta de esta serie escrita en un entorno en donde predomina el silencio o el hablar en voz soterrada por parte de los oficialistas (historiadores y gobiernistas) quienes no quieren incomodar a los maxhincados recordándoles como acabó uno de sus héroes del ayer. ¿Cuántos de los callados pertenecerán a este grupo?

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Añadido (1) Millones de pesos son erogados para tener un aparato electoral supuestamente confiable. Sin embargo, cuando llegan las elecciones pareciera que aún estamos en la cuaternaria y nadie es capaz de ofrecer información certera y confiable. Resulta ridículo lo acontecido en Coahuila. Los encargados del proceso no fueron capaces de ofrecer resultados confiables en un tiempo perentorio. Al parecer las actas eran trasportadas a lomo de burro provenientes de la serranía agreste. De pronto creímos que andábamos entre 1938 y 1942. Ante la ineptitud y falta de claridad, todos aprovecharon para declararse triunfantes o bien cuestionar los resultados.

Añadido (2). Cuando comentábamos con el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña lo ocurrido en Coahuila, nos preguntó: “¿Dado que priístas y panistas aseguraban haber ganado, porqué ninguno procedió a escanear las actas de cada casilla y las subió a la internet mostrando así un soporte sólido a su aseveración? O ¿Acaso sus representantes no firmaron una por una las actas mencionadas tras efectuar el
conteo correspondiente?”

Añadido (3) El Acuerdo de París vale tanto como lo escrito y firmado en aquella hoja de papel que Nevil Chamberlain llegó restregando a los ingleses, misma que Winston Churchill descalificó de inmediato. Porque ni modo que vayamos a creernos el cuento de qué por signar un papiro, algunos de los principales países contaminadores del planeta como China, India y México van a tomar algo más que medidas cosméticas para lograr que sus habitantes dejen de respirar porquerías. Lo que provoca los gritos de los vividores del ecologismo son los tres mil millones de dólares que dejaran de percibir al retirarse los EU.

Añadido (4) Cerca de 25 millones de mexicanos son víctimas, diariamente, de un proceso neurodegenerativo causado por la contaminación ambiental. Cuando los científicos serios presentan un estudio tras otro al respecto, las autoridades mexicanas, los hombres de negocios y los comunicadores guardan silencio absoluto. Sin embargo, basta con que venga un actorcito hollywoodense inflado para que todos, vueltos loquitos, se proclamen ecologistas salvadores de la vaquita marina, de la cual supuestamente existen treinta ejemplares. Bueno, es que hay de prioridades a prioridades.

Añadido (5) Con otra “victoria” como la del acuerdo azucarero y la patria está salvada. Esto fue nada más para que la máquina se vaya aflojando. Cuando llegue la hora de renegociar el TLC, ni un rechinido. Todo habrá de proceder, como dirían los estadounidenses, “smoothly.”

Añadido (6) El rector de la sacrosanta UNAM, Enrique Luis Graue Wiechers, se muestra indignado por la corrupción de algunos gobernadores, cólera que nada tiene de cuestionable y cualquiera que se respete habrá de compartirla. Sin embargo, nos surge una pregunta: ¿Dado que alrededor del 90 por ciento, el total en 2017 fueron 40.9 mil millones de pesos, de su presupuesto proviene de fondos públicos, cuándo fue la última vez que la Auditoría Superior de la Federación y/o la Secretaria de la Función Pública realizaron una auditoría sobre el ejercicio de los recursos en esa casa de estudios? O ¿Será que eso no es necesario ahí ya que todo es pulcritud y no hay ninguna alma pecaminosa con las uñas largas?
03 Junio 2017 04:00:00
En medio de las lluvias, el ‘imperio’ se deshizo en Querétaro hace 150 años
En mayo es cuando oficialmente inicia la época de lluvias en Querétaro. En 1867, algunos auguraban que esas aguas terminarían por obligar a las fuerzas de la República a retirarse y dejar en paz al barbirrubio ahí encerrado. Sin embargo, esas aguas acabarían por terminar de deslavar aquel “imperio.” Pero continuemos con esta serie de relatos de como desde otras latitudes veían los acontecimientos que se desarrollaban en el México de aquel año.

Para cuando iniciaba el quinto mes del año, muchos eran quienes con antelación observaban que la suerte de nuestro visitante barbirrubio estaba lejos de ser halagüeña. El 2 de mayo, la prensa estadounidense daba cuenta del comunicado que, un antiguo teniente coronel del cuerpo austriaco de voluntarios en México, Frederick Hotze, enviaba a quien fuera enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del gobierno de Austria ante el de EUA, Ferdinand Freiherr von Wydenbruck, el Conde Wydenbruk. En dicho documento, originado en Cincinnati, Ohio, reconocía que “la posición del príncipe es sumamente critica… corre peligro su vida. Se debe evitar al mundo un drama sangriento y una terrible pesadumbre a la familia imperial de Viena.” Al ciudadano Hotze no le importaba la destrucción ocasionada a México y las muertes de nuestros nacionales que ocasionó la aventura de aquel a quien buscaba salvar. En ese contexto, pedía al conde que intercediera ante el secretario de estado de los EUA, William Henry Seward para que demandara, aun cuando no fuese de manera oficial, sino mediante su influencia ante Juárez para que respetara la vida de Maximiliano. Dado que Hotze había estado comisionado en Oaxaca, argüía conocer a la familia del presidente mexicano y en base a ello ofrecía sus servicios para convertirse en el portador de un comunicado de Seward a Juárez. Para entonces, los EUA ya habían instruido a L.D. Campbell a negociar al respecto, algo que comentaremos más adelante. Sin embargo, la precisión no era la característica de las noticias que llegaban de México.

Anticipando vísperas, se afirmaba que Miramón había caído muerto en batalla, que Márquez estaba derrotado totalmente, que Querétaro ya era posesión de la República, que Maximiliano había huido y se desconocía su paradero. Lo totalmente cierto era que el hambre hacia mella entre las fuerzas maximilianistas. En base a toda esa información, el 3 de mayo de 1867, The New York Times (NYT) armaba un editorial dando por hecho el fin de la aventura del austriaco de quien decían desde su llegada a Querétaro negociaba con Juárez la capitulación. Según la publicación, el oaxaqueño podría en cualquier momento terminar con el conflicto con tan sólo ofrecer amnistía a todos los que luchaban del lado del “imperio.”

El 13 de mayo, el diario The Sun, publicado en Baltimore, Maryland, aseguraba que en el caso de Veracruz, la ciudad no caería en manos de los Liberales a menos de que se susciten desavenencias entre los generales del imperio. Sin embargo reconocían que la escasez de alimentos causaba estragos y que las clases menesterosas se alimentaban con carne de caballo. En esa misma fecha, desde Europa era informado que cuatro embarcaciones de la flota francesa arribaban al puerto de Cherburgo, agregaríamos nosotros, llevando de regreso a miembros de las tropas que otrora apoyaran a nuestro visitante indeseable. Pero en México aún quedaban quienes gustaban desperdigar información falsa o vivir en un estado de “wishful thinking,” como dirían los estadounidenses. A La Habana llegaban noticias, mismas que después pasaban a los diarios estadounidenses. En Querétaro, según ellos, las fuerzas de la República eran derrotadas y salían huyendo para San Luis Potosí. El 29 de abril, aseguraban, Maximiliano había entrado a la Ciudad de México y al frente de ocho mil hombres derrotaba al general Díaz Mori. Mientras eso obnubilaba la mente de algunos, otros con mayor pragmatismo buscaban paliar la ya casi inminente derrota de los maximilianistas.

Como lo mencionábamos líneas arriba, el secretario de estado Seward ordenó al ministro de los Estados Unidos para México, Lewis D. Campbell, que enviara un representante a San Luis Potosí para buscar negociar con Juárez. La comisión recayó en James White. Tras permanecer dos días en esa ciudad, regresó al sitio por donde había ingresado a México, Matamoros, Tamaulipas. Desde ahí, informaba el trato cortés recibido durante su visita a San Luis Potosí a donde llegó la tarde del 21 de abril. Inmediatamente entregó los documentos que llevaba y al día siguiente tuvo entrevistas con Juárez y dos de los miembros de su gabinete. Ese mismo, día a las doce de la noche, White concluía su misión y el martes retornaría a la ciudad tamaulipeca mencionada. De acuerdo a la descripción que hacía White, “Juárez es un hombre de movimientos moderados, de piel morena oscura, de complexión robusta, cuya edad fluctúa alrededor de los cincuenta años; un indígena puro con cabello corto de color negro, al igual que sus ojos; su rostro, perfectamente afeitado, es de aspecto tosco, muy expresivo que refleja determinación, al tiempo que muestra una gran inteligencia, su cabeza es grande apoyada en un cuello que sienta bien con su cuerpo. Lucía su traje negro con elegancia y pulcritud, su dicción era clara y tenía un caminar que si bien no era elegante, ello no le restaba distinción. Su hablar es pausado, pero pleno de arrojo. Su único inconveniente es que no habla inglés.” Sí algún maxhincado de ahora lee esta descripción entrecomillada, antes de sufrir una apoplejía, seguramente dirán que en estos tiempos no serviría ni para candidato pues no vendería imagen y, como ya sabemos para qué sirven los guapitos, pues el resto del comentario es suyo lector amable. Tanto el estadista mexicano como sus colaboradores habían tratado a White con cortesía y consideración amplia, la cual mostraba que no eran lo que los traidores propalaban, lo hacen aun, por ahí calificándolos de una partida de salvajes. Recordemos a los desmemoriados que esa ha sido la generación más preclara, LA DE LOS HOMBRES DE LA REFORMA, que haya tenido México en toda su historia. Pero retomemos la narración de hace un siglo y la mitad de otro.

Asimismo, White aseguraba que Escobedo seguía en Querétaro al frente de 35 mil hombres quienes tenían cercados todos los caminos de acceso, salvo uno, y que Maximiliano continuaba adentro con 15 mil seguidores. En igual forma apuntaba que entre los Liberales prevalecía el disgusto en contra de los traidores y hacia el objetivo de sus lealtades. En caso de ser derrotados estos últimos, pocas eran las esperanzas de salvarles la vida. En eso de preservar existencias otros también andaban desde hacía rato.

Con la “celeridad” con que viajaban las noticias, el 19 de mayo reportaban la entrevista que exactamente un mes antes tuvieran en la Hacienda de Los Morales, al norte de la ciudad de México, el general Díaz Mori y el secretario de Maximiliano, el sacerdote Agustín Fischer quien buscaba que el primero respetara las vidas de cuantos capturaran como prisioneros. Como Díaz no andaba para favores, le espetó que a cuanto francés, belga y austriaco capturara habría de pasarlo por las armas. Al escuchar eso, Fisher lo acusó de ser un asesino bárbaro y abandonó la conferencia. En medio de todo ello, la prensa estadounidense estaba convencida de que el ejército maximilianista contaba con el mejor talento militar al tener sujetos como Miramón, Márquez, Mejía, Quiroga, Méndez, Vidarrui y varios más. En contraste, las fuerzas de la República solamente tenía a Díaz y si acaso a Ramón Corona Madrigal, los demás no eran sino abogados y camaradas habilitados en la milicia, ni siquiera a Escobedo Leal le otorgaban crédito. De aceptarse esa perspectiva, diríamos que entonces de poco servían los conocimientos militares a traidores tan deslavados. Con sesos y cojones, como diría nuestro amigo hidalguense, bastaba para derrotarlos.

En ese tenor, las noticias seguían llegando con retraso, y el 20 de mayo, la prensa del otro lado del Bravo daba a conocer que un mes antes llegó al cuartel general de Díaz una princesa alemana, en realidad era una estadounidense avecindada en Prusia, se trataba de Agnes Elisabeth Winona Leclerc Joy, mejor conocida como la princesa Salm-Salm. Esta dama arribó con un pliego petitorio que incluía: que al desintegrarse los cuerpos belga-austriacos, se les garantizara la vida y pudieran retornar a sus países sin problemas. Asimismo, demandaba la certeza de que se perdonaría la vida de Maximiliano. A los primeros puntos, Díaz respondió que los evaluaría. Respecto al último, fue claro al indicar que no estaba en sus manos la respuesta final. De pronto todos se volvieron negociadores.

En Querétaro, el 20 de abril el NYT anunciaba que Miramón pidió suspender por un momento las hostilidades pues quería conferenciar con sus amigos personales de años atrás, el general Sostenes Rocha Fernández y los coroneles José Montesinos y José Rincón Gallardo. Con el río de por medio, Miramón exhibió los efectos del trajín sitiador, propuso un armisticio para que durante ese lapso, se discutiera en la ciudad de México el tipo de gobierno que prevalecería para nuestro país en el futuro. Contrario a lo que el otrora niño héroe creyera, sus compañeros no se encontraban en estado de pen..satez y soltaron la carcajada, al tiempo que le comunicaban la caída de Puebla y la derrota de Márquez, lo cual el maximilianista no quería creer.

Para el 22 de mayo, The Picayune en New Orleans reportaba que la ciudad de México estaba rodeada por 20 mil Liberales quienes dieron inicio al bombardeo sobre las fuerzas de 8 mil hombres comandadas por Márquez. La orden era, que de capturarse a este sujeto, Miramón o Maximiliano, fusilarlos de inmediato. Mientras tanto, se daba cuenta que a bordo del vapor, French West India Mail llegaban a La Habana un grupo de pasajeros provenientes de Veracruz quienes decían que la caída de la capital mexicana era cosa de días. Las fuerzas maximilianistas estaban exigiendo prestamos forzosos de entre 10 y 15 mil dólares diarios para poder cubrir los gastos de sus tropas. Esto había provocado el enojo de todas las clases sociales. Quien no aceptara participar con su óbolo, inmediatamente era visitado por un piquete de soldados quienes no permitían a nadie salir, ni entrar de sus casas. Se quedaban ahí hasta que recibían lo que pedían. En la ciudad, la escasez de vivieres aumentaba, mientras que la industria y el comercio se paralizaban. Asimismo, relataban los pasajeros que el 14 de abril, tras de cinco horas de combate, el Castillo de Chapultepec cayó en manos de las fuerzas de la República. A la vez ya tenían cercos en las proximidades de Vallejo, Peralvillo y Tlatelolco. Por lo concerniente a Querétaro, cada vez era más difícil para los maximilianistas soportar el cerco, la comida escaseaba y los Liberales recibían más refuerzos. Puebla, en manos republicanas, estaba tranquila y los pertrechos de guerra eran trasladados a México. Veracruz seguía en medio de una lucha encarnizada, mientras que la carne de mula y caballo eran los platillos ofrecidos en los restaurantes. Sisal, en Yucatán, continuaba en poder de los Liberales quienes apenas vieron desembarcar, proveniente de Cuba, al ciudadano de nombre Simón Peón, fueron a apresarlo y bajo el cargo de ser imperialista lo pasaron por las armas. Mientras tanto en Viena, el 23 de mayo, anunciaban haber girado instrucciones al ministro austriaco ante Washington para que entrara en negociaciones con Juárez para salvar a Maximiliano en caso de que cayera en manos de los Liberales. Mientras tanto, las notas continuaban llegando confusas.

Sobre la batalla del 27 de abril, ambos bandos clamaban victoria. Escobedo admitía la muerte de 90 de sus hombres, pero estaba convencido de que la victoria final estaba cercana. Se informaba que el “príncipe” Salvador de Iturbide, nieto de otro protagonista de opereta, con apenas 14 años de edad, pero con la genética bien puesta, ofrecía sus servicios a Maximiliano. Un par de periódicos, El Mexicano y El Ranchero anunciaban que los Liberales estaban por abandonar Querétaro pues, víctimas de las lluvias, habían perdido todo. Una muestra de cómo las “fake news” no son novedad alguna. Lo real era que en Querétaro familias enteras morían de hambre y que al imperio las aguas lo desintegraban cual castillo de arena dejado al alcance de la marea.

Para el 27 de mayo, la prensa estadounidense daba cuenta de un comunicado que el día 3 previo el general Díaz Mori envió al ministro mexicano en Washington, Romero Avendaño. Después de comentar los eventos que apuntamos líneas arriba, Díaz mencionaba que a través de una tercera persona el mariscal Bazaine le ofreció entregar todas las ciudades en su poder, así como a Miramón, Mejía y Maximiliano, lo cual rechazó pues a cambio tenía que cumplir una propuesta nada honorable, misma que Díaz no precisaba. Asimismo, se le ofrecía la venta de armas y municiones. Ante eso el general Díaz Mori, en plenitud de facultades, escribió: “La intervención y sus resultados nos han abierto los ojos y deberíamos de ser muy cautelosos en nuestras negociaciones con los poderes externos, especialmente con los europeos y de estos en particular con Francia.” Vaya un mensaje del pretérito para los maxhincados de hoy.
El 28 de mayo en Europa corría el rumor de que Maximiliano había sido capturado el 15 y pasado por las armas inmediatamente. La verdad sobre el caso la publicaba el NYT que entonces aún aparentaba, en ocasiones, ser un diario veraz. Efectivamente Querétaro había caído en manos de los Liberales. Escobedo informó a Juárez que Maximiliano y sus huestes se rindieron incondicionalmente [Ahora ya sabemos que, utilizando como negociador a su compadre el coronel Miguel López, el austriaco decidió poner fin a su aventura]. En la nota se informaba que Maximiliano no había sido ejecutado, pero que dudaban mucho que fuera a salvar su vida. El rencor que generaron entre los Republicanos era muy grande, además de que el austriaco estaba bien consiente que su futuro se movía entre el deshonor y la muerte y prefería optar por esta última. Premonitoriamente el autor de la editorial apuntaba “Su destrucción [la de Maximiliano] será una llamada de atención memorable para que los poderes europeos nunca más atenten dominar parte alguna del Continente Americano.”

El 29, el mismo diario neoyorkino acusaba a los Liberales de haber cometido una carnicería con sus prisioneros lo cual decían les habría de acarrear la perdida de simpatías entre los estadounidenses. Precisaban que de continuar una política de revanchismos lo único que se generaría sería una división mayor y que eso sería tomado como justificante por los integrantes del “partido católico quienes en cuanto tuvieran oportunidad habrían de tomar venganza.” En esto tenía toda la razón, desde entonces hasta nuestros días, las autoridades eclesiásticas han azuzado a los fanáticos profesantes de esa religión a terminar con el estado laico y denostar todo lo que emita aromas de Juarismo. A pesar de esas noticias, el 30 de mayo, la prensa estadounidense continuaba sin querer aceptar los hechos como totalmente ciertos y publicaban una serie de dudas sobre la veracidad de la caída del maximilianismo.

El 21 de mayo, The London Times había considerado irremediable, sin saber los acontecimientos ya acaecidos, el fin del maximilianismo. Pero fiel a la visión euro centrista, apuntaba que no había ninguna esperanza de pacificación en México, Juárez era apto para destruir un gobierno, pero no de construirlo. Dada la incapacidad mexicana para gobernarse sería necesaria la intervención estadounidense. Mientras tanto, el 1 de junio, el ministro de los Estados Unidos para México, Lewis D. Campbell, recibía noticias de la caída de Maximiliano. Dos días después, el 3 de junio, el NYT daba a conocer que un grupo de 20 comerciantes estadounidenses, simpatizantes de la causa Juarista, acudían a la casa del general H. Sturm a celebrar la victoria mexicana y congratularlo pues en los momentos más aciagos de la causa Liberal el proporcionó apoyos más allá de solidarios. Las lluvias queretanas terminaron por deshacer el “imperio” con pies de lodo. Sin embargo, aún quedaba mucha tinta por correr respecto a estos eventos en la prensa estadounidense, de ellos comentaremos en la colaboración próxima.
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Añadido (1) Para nuestro amigo y profesor en las aulas, así como en la vida profesional, Jerónimo Ramos Sáenz Pardo, un abrazo solidario en estos momentos difíciles.

Añadido (2) Hace cuatro décadas en un día como hoy, 3 de junio que entonces era viernes, un grupo de diez jóvenes concluían los estudios que los acreditaban como licenciados en economía. Aun cuando, como es el caso de este escribidor, no se comparta la ideología política imperante en aquella escuelita parroquial, no hay duda que la instrucción recibida de nuestros profesores fue de excelencia. Hasta donde sabemos, a la mayoría de aquel grupo le ha ido muy bien en la vida en el campo que cada uno seleccionó para desarrollar su actividad profesional. Por si alguno llegara a leernos, va para ellos, dos damas y siete caballeros, un abrazo fraternal.

Añadido (3) Esperamos que mañana, en las cuatro entidades en donde hay comicios, los electores salgan y voten por quien mejor les parezca. Sin embargo, deberán de tener en cuenta que de nada vale apasionarse y llevar las cosas a otros niveles. Deberán recordar que los actores de la contienda tienen muy hecho el salto desde la tercera cuerda y al final lo que parece no es, aun cuando tengan a la fanaticada en el alarido pleno.

Añadido (4) Dicen los expertos en meteorología que la semana próxima habrá de aparecer en el firmamento un arco iris integrado por colores violeta, verde, blanco, rojo, azul, este ribeteado de amarillo y negro, acompañados de nubarrones de color café. Bueno, eso dicen los que le saben a esos temas. Nosotros, legos al respecto, simplemente lo apuntamos. Ya lo comprobaremos, y comentaremos al respecto, en los días que vienen.
27 Mayo 2017 04:00:00
Como percibían en el exterior los acontecimientos en México hace 150 años
Continuamos inmersos en el silencio oficialista, mientras algunos estudiosos de la historia tratan de vendernos la imagen de un Maximiliano bondadoso y Carlotita la virtud envuelta en huevo. Eran tan buenos que amaban muchísimo a los indios. Como muestra de ello, el 3 de octubre de 1865, Maximiliano promulgó la ley para declaraba fuera de la ley a los guerrilleros, quienes sin duda por el color oscuro del cabello y la piel denotaban su origen nórdico, que seguían combatiendo al imperio. En ese contexto, todo hombre sorprendido con armas sería remitido a las cortes marciales. Acto seguido, sería fusilado dentro de las 24 horas posteriores a su aprehensión. Una muestra de cuanto era el amor profesado por el barbirrubio austriaco hacia los aborígenes mexicanos. Algo equivalente a lo que, casi un siglo más tarde, John Wayne dijera: “el indio bueno es el indio muerto.” Pero vayamos a lo que la prensa en el mundo mencionaba durante los meses de marzo y abril de 1867 acerca de las acciones que en nuestro país se desarrollaban en torno a esos visitantes de entonces que los maxhincados de hoy perciben como seres misericordiosos.

Para finales de febrero, la prensa estadounidense reportaba, con un mes de retraso, que para finales de enero Maximiliano subastaría una cantidad considerable de sus cachivaches. Al respecto, más tarde, el 25 de abril, se informaba que, dado el rechazo de los mexicanos por adquirirlos, algunos de los caballos propiedad de Maximiliano fueron vendidos a un circo manejado por un tal José Chiarini. No hay duda, los pencos tenían su destino marcado, lo de ellos era vivir en medio de actos circenses. A la par, retornando a febrero, se informaba que las tropas francesas iban ya rumbo a Veracruz de donde zarparían hacia Europa. En el viaje los acompañarían los adalides de la derecha, el arzobispo de México, cuatro obispos, cuyos nombres no se mencionaban, y varios de quienes actuaron como ministros de Maximiliano. Eran fieles a sus costumbres, al ver el barco hundirse saltaban hacia otro para emigrar a sitios más seguros. Acabarían por arribar a La Habana como escala primaria.

Asimismo, eran señalados los actos que los apoyadores del barbirrubio emprendían en contra de la prensa. A Bazaine le dio por clausurar un órgano de difusión denominado Patria, a cuyo editor lo envió a prisión acusándolo de insultos y difamación.

A principios de marzo, en Europa, se aseguraba que Maximiliano, por temor a que cayeran en manos de los liberales, había prohibido el envío de despachos informando sobre el estado que guardaba la situación en México.

Para mediados del tercer mes del año, desde New Orleans, se anunciaba que el Estadista Juárez García estaba en San Luis Potosí. Maximiliano al frente de 10 mil hombres ocupaba Querétaro junto con sus lugartenientes Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez. En ese contexto, el austriaco decía vivir algo que por mucho tiempo había esperado, estar libre de amarras y poder él directamente encargarse de sus tropas. Por fin, podría dar rienda suelta a sus sentimientos sin tener los obstáculos de la milicia francesa. Mientras Max gozaba su dicha soñada, a 18 leguas (86.9 km) estaban quienes terminarían por romperle los sueños, eran las fuerzas comandadas por el general Mariano Escobedo De La Peña a la espera del arribo de los genérales Nicolás De Regules Cano y Ramón Corona Madrigal quienes traían cuatro y ocho mil hombres respectivamente bajo su mando. Para acabar de estropear las quimeras maximilianistas, el general Porfirio Díaz Mori, encabezando un ejército de ocho mil hombres, estaba estacionado en Huamantla mientras se le incorporaban cuatro mil refuerzos con los cuales habría de cargar sobre la Ciudad de México. Desde esa ciudad, los representantes de gobiernos extranjeros lanzaban un reclamo a Maximiliano por los asesinatos y robos que cometieron sus muchachitos en contra de ciudadanos de otros países. Esto no podía ser menos encontrándose al frente de las fuerzas maximilianistas el chacal Márquez.

Como se empezaba a vislumbrar una victoria de la República, hizo su asomo el quince uñas, Antonio López de Santa Anna y Pérez de Lebrón quien, por intermedio de un ciudadano de Memphis, Tennessee, un tal A.G. Reteham, preguntaba al embajador mexicano en Washington, Matías Romero Avendaño si el gobierno juarista no tenía objeción en que un grupo comandado por el lotero se incorporara a defender la Republica. La respuesta de Romero fue negativa al tiempo que apuntaba como ese sujeto, a pesar de haberse manifestado partidario de la intervención, había ofrecido sus servicios a Juárez quien los rechazó.

Pero la anterior no era la preocupación única que se generaba en los EUA acerca de nuestro país. El 12 de marzo, en el Congreso se discutía si, mediante una resolución, le ordenaban a Maximiliano que se regresara a Europa. Los legisladores estadounidenses expresaban su inconformidad porque el austriaco no había aprovechado el momento y, acompañando a las tropas francesas que partieron el 10 de marzo, se había despedido. Buscaban evitar un baño de sangre. Aun cuando el hecho ya había sido reportado, desconocían al detalle lo acontecido el 1 de febrero.

En esa fecha, las fuerzas de la República al mando de Mariano Escobedo De La Peña y Jerónimo Treviño Leal, en la llamada Batalla de San Jacinto, próximo a Zacatecas, derrotaron a las fuerzas maximilianistas. De los cerca de 800 prisioneros capturados por los triunfadores, 123 eran de origen francés. Vía New Orleans, el 20 de marzo, la noticia empezó a dispersarse y alarmó a los diarios y congresistas estadounidenses. Tan pronto terminó la lucha, Escobedo ordenó que esos franceses fueran pasados por las armas. Simplemente utilizó la misma medicina que Maximiliano había recomendado administrar en octubre de 1865. En ese contexto, el Coronel Palacios informaba que el 3 de febrero a las 7 de la noche había terminado de cumplir la tarea. El 26 de marzo, en un editorial titulado “Savages in Mexico” (Salvajes en México), The New York Times (NYT), que en nada criticó la disposición maximilianista, calificaba el acto como algo que nunca había ocurrido antes en ninguna guerra. Calificaba de monstruos al Presidente de México y a la causa republicana. Era algo, decían, que ningún cristiano o persona con instintos humanos podía tolerar ya que violaba todos los principios de la guerra. Demandaban que el gobierno estadounidense elevara una protesta enérgica en contra de ese crimen abominable. Lo que olvidaba, o no sabía, el redactor estadounidense era acerca de todo el rencor acumulado en las tropas republicanas, así como la crueldad y el pillaje exhibido por las fuerzas de Miguel Miramón y Tarelo apenas unos días antes al tomar la capital zacatecana en donde por poco y toma prisionero al estadista Juárez. Pero volviendo al Times, el artículo concluía mencionando como la Cámara de Representantes emitió una resolución convocando a las partes en el conflicto mexicano a observar las reglas de humanidad durante la guerra. Al respecto, invocaba llevar eso a algo más que palabras ya que ellos, los estadounidenses, ayudaron a expulsar a los franceses [para inicios de abril, la cifra rebasaba los 30 mil] y no podían permitir que México cayera en manos de hombres que eran una desgracia para la humanidad y la causa que decían defender. En términos similares habría de expresarse Miramón. El 22 de febrero, en Querétaro, arengaba a sus tropas.

Tras de imputar a las fuerzas republicanas actuar como salvajes y cometer actos de rapiña, Miramón les acusó de haber vendido el territorio a los “Yankees a cambio del honor de las familias y la independencia de México.” Este es el guión seguido por los maxhincados desde entonces hasta nuestros días. Para el 11 de abril, el NYT ya oteaba que el fin de la aventura maximilianista estaba por concluir. Mientras adjudicaba a los estadounidenses toda la gloria de habernos salvado de los franceses, estimaba que en caso de que el austriaco cayera prisionero en manos de las fuerzas mexicanas le esperaban cosas nada agradables. Eso sí, reconocía las desgracias que trajo la invasión francesa, y que actos como las atrocidades cometidas por algunos de ellos, como Dupin, alimentaban la sed de revancha. Por ello, pedía la intersección del gobierno estadounidense ante Juárez para que permitiera a Maximiliano marcharse sin someterlo a daño alguno. Sin embargo, las clemencias no entraban en el esquema de otros, los mercenarios franceses, belgas y austriacos quienes formaron parte el ejército imperial y se ofrecían a Miramón para incorporarse a sus filas y vengar la “afrenta” que sufrieron aquellos que, como ellos, andaban aquí de intrusos y a quienes Escobedo les aplicó la receta de su emperador de opereta al pie de la letra.

Mientras tanto, desde los EUA, seguían cada vez más preocupados por la suerte de las tropas maximilianistas atrapadas en Querétaro, inquietud que llegaba hasta Europa en donde el emperador de Austria temía por la suerte de su hermano. Sin embargo, aun contaban con la esperanza de que el cerco sobre esa ciudad no estaba cerrado, la comunicación con la capital del país persistía y los invasores con la ayuda de traidores mantenían en su poder algunas ciudades. Además, el ejército de la República, estimaban los estadounidenses, no contaba con suficientes pertrechos de guerra y carecían de disciplina. Aunado, decían ellos, si Miramón y Márquez continúan cooperando con Maximiliano son capaces de poner a prueba la capacidad militar de Escobedo. Sin reconocer cual sería la suerte de Maximiliano, creían que aun poseía recursos para prolongar la guerra hasta convertirla en “un negocio poco rentable para Juárez.” Apostaba el editorialista neoyorkino que el “imperio mexicano” no caería tan rápido como se esperaba, pero que de suceder ello, Juárez debería de comportarse como un estadista y ofrecer una amnistía general, al tiempo que negociaba con Maximiliano en términos ventajosos para los dos.

Apenas pasada la mitad de abril, a La Habana llegaban noticias provenientes de Veracruz puerto en manos de imperialistas que continuaban soportando el asedio de las tropas republicanas. La Península de Yucatán seguía en poder de los maximilianistas, aun cuando cada vez sufrían de más defecciones y el futuro no les prometía nada bueno. En Tampico arribaba el vapor McCulloch a bordo del cual venia un embarque de armas y municiones para el ejército de las República. Mientras tanto, se comentaba que, en Querétaro, el sitio prevalecía y tras de un intento fallido por romperlo, Maximiliano envió un mensajero para negociar la capitulación. Esto obviamente no tuvo éxito, el Estadista Juárez solamente aceptaba la rendición incondicional y que se llevara al austriaco como prisionero de guerra, con todas las consideraciones del caso, a San Luis Potosí sitio en donde se encontraba instalado el gobierno de la República. De acuerdo a esa misma información, cuando Maximiliano se enteró de eso, ordenó que no se fusilara a ningún miembro del ejército republicano que se atrapara, eso solamente debería hacerse previa autorización del cuartel general. Mientras tanto, las fuerzas maximilianistas buscaban mantener viva la comunicación con la Ciudad de México. Sin embargo, cada vez era más frecuente que los correos fueran interceptados. De los varios documentos capturados, en uno de ellos, Maximiliano expresaba desconfianza hacia su ministro de finanzas Mariano Campos. Otro, era una carta que le enviaba el gallero de Manga de Clavo quien, cual mercenario que era, ofrecía su servicios al imperio.

Asimismo, en un despacho de la Associated Press, se informaba que desde el 2 de abril, el general Porfirio Díaz Mori tenía bajo su posesión la ciudad de Puebla. Antes de iniciar el ataque final, Díaz prometía dar un tratamiento considerado a los defensores de la ciudad, para lo cual demandó un par de condiciones, las cuales no se mencionan. Como respuesta recibió una negativa acompañada de insultos de todo tipo. Ante eso, lanzó el ataque en donde perdió dos mil hombres por mil de los imperialistas. No obstante la ciudad cayó en poder del Ejercito de la República. A los 140 oficiales que defendieron los fuertes de Loreto y Guadalupe, a quienes se les permitió rendirse a discreción, les perdonaron la vida. Otros no tuvieron esa gracia y Díaz procedió a fusilarlos. Las cifras manejadas caían en un rango entre veintinueve y ciento nueve, entre los que se encontraban seis generales y sesenta y uno de rango menor. A toda costa, la prensa estadounidense insistía en presentar a los miembros del ejército de la república como auténticos carniceros, ¿en dónde hemos escuchado eso?

Dado que al norte del Bravo cada día veían más cercano el fin de la aventura europea en México. El día veinte de abril se propuso una resolución alternativa indicando que “en el caso de que, algún día, Maximiliano decidiera abdicar y se rindiera él y sus tropas para sí concluir con la guerra civil, el Senado estaría muy complacido si el presidente ofreciera los buenos oficios de nuestro gobierno para asegurar que el gobierno de México otorgara, a los nativos partidarios de Maximiliano, un trato humanitario acorde con las reglas de la guerra. Como alternativa, el Senador Demócrata por Maryland, Reverdy Johnson solicitaba en el pleno de esa Cámara que el gobierno estadounidense actuara como mediador en el conflicto mexicano. Sin embargo, la mayoría de los senadores se opusieron y desecharon la moción. A la par de Europa llegaban otras noticias.

El anuncio era que la salud mental de Carlota iba de mal en peor y pocas esperanzas existían que recobrara la cordura. Enfatizaban que la princesa belga no tenía ningún problema físico. Posteriormente, en algo que los maxhincados de hoy firmarían con gusto, se comentaba que esa información, la perdida de la razón, provocaba una pena genuina entre la población mexicana ya que si bien rechazaban a su esposo, ella dio muestras amplias de la bondad de su corazón y su caridad magnificente. Mientras tanto, en Veracruz, sus antiguos aliados quienes nunca mostraron poseer tales virtudes supuestas, seguían aferrados a mantener la plaza en donde todo era escasez y los especuladores con todo tipo de mercancías querían obtener el provecho máximo. A la par, las noticias falsas circulaban. Algunos aseguraban que Maximiliano había regresado a México. Sin embargo, en la realidad continuaba encerrado en Querétaro en donde si bien los miembros de la aristocracia seguían apoyándolo, el pueblo no estaba muy emocionado con seguir aguantando las consecuencias de tener ahí de huésped a un sujeto con el cual no se identificaban. Pero abril terminaba y, cual letra de “My Way,” el final estaba cerca. Sobre lo acontecido en mayo de 1867, les comentaremos desde la perspectiva con que los acontecimientos eran observados desde fuera de México.

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Añadido (1) Esos cuatro tweets, adornados con un cielo azul invocado como lo prevaleciente, debieron sacar de dudas a quienes se cuestionaban acerca de los daños neurológicos generados por la contaminación. Quienes aún viven en la realidad, observaban un panorama cubierto por una nata que sin distinción de edad, género, condición socioeconómica o cargo importantísimo que se tenga, fríe el cerebro a todos por igual.

Añadido (2) Ni qui´en lo dude, a pesar del paso del tiempo, muestran sus facultades. Eso es lo suyo, los tres nos enseñan cómo debe de ejercerse el control… del balón. Justo lo que la patria necesita en estos momentos.

Añadido (3) Solamente para recordar el significado del vocablo, Maxhincados: Mexicanos que anhelan ser como los europeos, príncipe incluido.
20 Mayo 2017 04:00:00
El silencio ante los 150 años del triunfo de la República sobre la reacción
Vivimos los días en que nuestra patria debería de celebrar los ciento cincuenta años de que finalmente emergimos como nación y ni quien desee recordarlo. Lo que prevalece en el presente es el silencio al respecto. El oficialismo opta por la indiferencia. Luce como si temieran que las fuerzas de los maxhincados (mexicanos que anhelan ser como los europeos, príncipe incluido) fueran a reclamarle por andar recordando los acontecimientos de 1867. Hay una corriente, bien definida, que a toda costa busca hacernos creer que el barbirrubio austriaco era un buen hombre de quien se aprovecharon algunos alevosos. En esa narrativa incluyen que al estadista Benito Pablo Juárez García le temblaron las corvas y terminó perdonándolo. Algunos, como si se tratara de Pedro Infante Cruz, hacen correr la leyenda de que Maximiliano no fue fusilado en Querétaro, sino que terminó sus días como un viejecito apacible en la República de El Salvador. Pareciera como si el triunfo de la República sobre la reacción fuera motivo de vergüenza y no un pendón de orgullo. Otros más arguyen que de nada sirve remover enconos antiguos, de hacerlo podríamos provocar la división, ¿más? Para nada quieren recordar como la curia, encabezada primero por el neolonés, José Lázaro de la Garza y Ballesteros y posteriormente por el michoacano, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, fue la que actuó como líder de la oposición para evitar nos convirtiéramos en nación. Los conservadores civiles eran meros instrumentos quienes con sus acciones buscaban ganarse indulgencias y el acceso a la gloria eterna. Cualquier semejanza con el presente no es coincidencia. Ante todo el silencio que rodea lo que debería de ser una celebración, este escribidor, como Juarista convencido que es y bajo la perspectiva de que el personaje no era un santo, esos solamente los encuentra uno en las iglesias y están elaborados con madera, estuco, mármol y/o carrizo, decidió irse a hurgar en los archivos y presentar, en esta, y en colaboraciones próximas, como se reportaban en el mundo los acontecimientos que ocurrieron durante el primer semestre de 1867 en México.

En los inicios de 1867, el imperio de opereta que oficialmente duró del 10 de abril de 1864 al 15 de mayo de 1867, estaba tambaleándose. Las tropas francesas se preparaban para retirarse. Inclusive, se apuntaba que ya evitaban involucrarse en las contiendas en contra de las fuerzas de la República. Cada vez era mayor el número de aquellos franceses y mexicanos partidarios del imperio, que se trepaban a los barcos para abandonar el país. Desde La Habana, Cuba, el 30 de enero, se reportaba que esperaban el arribo de muchos de ellos, entre los cuales especulaban encontrarían a Maximiliano. Asimismo, en Europa, aseguraban que las tropas austriaca ubicadas en México no habrían de partir cuando lo hicieran las francesas. A principios de febrero, la prensa estadounidense daba cuenta de que en una reunión realizada el 14 de enero, recordemos que entonces no había Twitter, WhatsApp, Facebook, o Hotmail y las noticias viajaban lentas, pero no exentas de contener “fake news,” Maximiliano reunió a su gabinete ante el cual sometió a consideración su renuncia. La votación mayoritaria fue en favor de que aquello terminara.

Para el 4 de febrero, las noticias eran que Los Liberales iban ganando terreno a lo largo del territorio nacional. En Morelia, las fuerzas imperialistas eran derrotadas por las que comandaba el general Vicente Riva Palacio. Por su parte, el general Ramón Corona se movía camino a Manzanillo para echar fuera a los conservadores apoderados del puerto. Mientras tanto, en Acapulco, cinco buques de guerra franceses eran custodiados por un puñado de soldados cuya suerte lucía incierta. En paralelo, Cuernavaca era capturada por las fuerzas mexicanas. A la vez, se anunciaba que, otro grupo de leales a Maximiliano, prominentes miembros de la curia habrían de treparse al barco en cuanto las tropas francesas lo hicieran. Dado que las luchas armadas se ganan con fusiles y parque, en Galveston, estaba el general Ignacio Mejía para supervisar el embarque de los rifles Withworth y otros pertrechos de guerra adquiridos por México.

No obstante lo reportado anteriormente, el 30 de enero, en “The New Orleans Picayune” se mencionaba que, el 14 de enero, Maximiliano no solamente se había reunido con su gabinete, sino con la Junta de Notables para discutir el destino de su “imperio.” Ahí, el presidente del Consejo de Ministros, Teodosio Lares preguntó si, a la luz de las cifras presentadas por los ministros de guerra y de finanzas aún era posible lograr la pacificación del país. El encargado de los dineros imperiales, Santiago Vidaurri Valdez anunciaba, imbuido por el espíritu de la lechera, que en el tesoro contaba con once millones de pesos. Sin embargo, en cuanto fueran recuperados los Departamentos de Jalisco, San Luis y Zacatecas, la cifra llegaría a 23 millones y cuando dominaran todo el país, alcanzarían los 36 millones. Por su parte, el responsable de las fuerzas armadas, anunció que contaba con 26 mil hombres listos para respaldar al imperio. Acto seguido, se suscitó la discusión sobre si seguir o no con la empresa y el chacal Leonardo Márquez aseguró que había dinero y pertrechos suficientes para exterminar a los rivales, similar postura adoptaron otros miembros de la Junta. Sin embargo, cuando le preguntaron su opinión a De Labastida y Dávalos, se excusó diciendo que no era asunto de su ministerio emitir opiniones sobre si se iba o quedaba el emperador, además de no tener elementos para juzgar las cifras de los ministros de finanzas y de guerra. Por su parte, el arzobispo de San Luis Potosí, Pedro Barajas y Moreno, arguyó que él creía haber sido llamado para discutir asuntos de moral y religión, además, ante la sorpresa de todos, indicó que el reporte sobre la bajeza de los Liberales no era cierto, el conocía a varios quienes eran personas honorables. Finalmente, los miembros de la Junta acordaron, en votación proporcional de dos a uno, que Maximiliano continuara la lucha para pacificar al país. Unos días más tarde, un grupo de capitalistas, de la ciudad de México, fueron llamados, de 80 acudieron 50, ante el ministerio de finanzas en donde les anunciaron que el imperio requería fondos por un millón de pesos y que cada uno de ellos aportaría en función de su fortuna, las cuotas variarían entre dos mil y tres mil pesos por persona. Afuera del entorno imperial y de notables había otras noticias.

En México, por esos días, se anunciaba la captura del general Jesús González Ortega. A la par, el estadista Juárez García venía ya de regreso rumbo al centro del país. Mientras tanto, en Europa, era informado que las tropas belgas pronto regresarían a su patria y que a más tardar para el 25 de febrero todos los soldados franceses deberían abandonar México. En ese contexto, el 29 de enero, en “The London Times,” aparecieron un par de artículos relacionados con nuestro país.

En el primero de ellos, se apuntaba que los mexicanos éramos incapaces de gobernarnos por sí mismos, pero a la vez rechazábamos ser dirigidos por otra nación. Recordaban que habíamos sido una colonia de España y por lo tanto pues éramos igual que aquel país. Sin embargo, decían los ingleses, en el caso de México la diferencia era que vivíamos en un estado de anarquía, en donde el grado bajo de civilización influía en la clase de dirigentes que teníamos. Esto hacia que para Inglaterra, México no importara más que Madagascar, excepto que nosotros les debíamos dinero y los segundos no. Después de hacer toda una serie de consideraciones sobre la riqueza del país y las antiguas civilizaciones que aquí se desarrollaron, el diario inglés apuntaba que cualquier intervención en México no valía la pena sino era para ejercer una conquista total. Por ello, estimaban que Inglaterra actuó correctamente al retirarse y no embarcarse en una aventura militar. Acto seguido, procedían a elogiar a Maximiliano a quien consideraba un monarca moderado y bien intencionado cuya objeción única era su origen político, pero como ya se iba a quedar sin el apoyo francés, pues entonces ya no había porque cuestionarlo. Tal vez hasta los estadounidenses dejarían de protestar, si Maximiliano fuera electo como el único gobernante de México. Reconociendo que ninguno de los dos bandos iba a deponer las armas, el diario inglés expresaba su esperanza de que, al igual que lo hacían los españoles, los líderes de las facciones solamente se atacaran unos a otros. Tal vez al final fuera posible que México dejara de representar una dificultad y encontrara el camino para convertirse en una nación.

En el segundo artículo, se expresa el lamento por lo que llaman el injusto reclamo que, en una circular dirigida a sus agentes en Europa, Maximiliano realizaba a Napoleón III. Para el inglés autor de la pieza, el monarca francés siempre fue generosos con el austriaco y si en esos momentos decidía retirar sus tropas era porque otras circunstancias ajenas a él lo obligaban. De acuerdo a Maximiliano, el éxodo francés se debía a que Napoleón III había negociado con los EU la formación de una alianza cuyo propósito era restaurar la paz y tranquilidad a México, lo cual permitiría instaurar un gobierno republicano y liberal. Esto, apuntaba el escrito, representó un revés severo tanto para el austriaco como para una considerable parte de la población mexicana que lo apoyaba, cargándose así las ilusiones que tenían de dar inicio a una nueva etapa. Obviamente ante esta circunstancia, un imperio no tenía razón de ser. En consecuencia, al carecerse del apoyo francés, nuevamente el país volvió a caer en el caos. Ante ello fue que Maximiliano convocó a la reunión que les mencionamos líneas arriba. A los ingleses alguien les vendió cuentos color de rosa y los compraron, si los franceses se fueron es porque les costaba muy caro el