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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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20 Julio 2018 04:00:00
Arturo y la revolución
Morbosa como soy con lo insondable, ayer entregué a la muerte a otro hermano.

Arturo lleva la encomienda doble de responder preguntas y guardarse las respuestas hasta que sea yo, en persona, quien vaya a pedirle cuentas.

Siento la responsabilidad particular de preservar su esencia. No fui su madre; si bien ella le concedió la existencia, su ser lo construyó conmigo en el corral de casa. Tampoco encarné a su esposa, quien lo enfrentó al invencible reto de acabar con la tozuda paciencia que otorga la esperanza. Fui su hermana.

Una hermana de seis que tuvo Arturo fui yo; no la mayor de todos ni la menor, sino la que está al lado. De su costado derecho fui la investigadora asistente: Observamos hormigas en su hábitat natural, nos conmovimos con múltiples cementerios de moscas que debieron morir al servicio de la ciencia. Nos graduamos en historia mexicana y antropología con excavaciones inéditas hasta descubrir los ecos de la revolución que se escuchaban a modo de gritos lejanos distorsionados por el tiempo, el espacio y la mala calidad de nuestras herramientas improvisadas.

Ahora bien, del lado derecho, fui la peor ocurrencia de mi madre: Una hermana apenas menor con la cual se carga en tanto las edades tengan a bien acomodarnos en escuelas distintas. Él debió inscribirme desde la primaria, lidiar con la sorna del amigo quien tenía la osadía de encontrar en mí belleza en ciernes, y confiarme los laberintos secretos para andar rumbo a la prepa entre la oscuridad temprana; veinticinco cuadras recorríamos con la promesa de un ahorro monetario que nos permitía comprar un Mamut cada semana. La ruta tenía por nombre Karchafle, iniciales personalísimas para ambos.

Se deshizo de mí en cuanto pudo, eso le dejé creer hasta el final. Nunca le confesé cuánto traía conmigo su imagen paralizada ante el miedo infinito de ver a mamá enferma; tuve siempre a la mano la candidez de su cara infantil cuando ya no podíamos ser Superman y Superchica porque mis poderes se desvanecían con demasiada facilidad. Será imposible ignorar que me rondaba en los sueños su devenir cuando creyó, casi 20 años atrás, que la vida terminaría pronto. No fue así.
Murió ayer: Esta vez no me dijo nada.

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19 Julio 2018 04:00:00
Amor y futbol
Eso de “te amo porque compartes conmigo el futbol” me parece una razón muy dudosa. Nadie ama a la porra contrincante, así que el verbo compartir mejor se refiere a coincidir en color y marcadores. Es más, apuesto a que incluye también en las formas y los fondos: Compartir con el señor el balompié va mucho más allá de la cancha, porque implica ingesta de sustancias espirituosas y una atención sin gestos a quienes lo acompañan.

Las mujeres de mi generación de plano nos quedaremos sin el halago, salvo algunas raras excepciones. Esto sucede porque quedamos marcadas de por vida por el futbol, y no me refiero a esa señal que se lleva como el apellido, sino a las que se esconden como tatuajes de la juventud.

Durante toda mi niñez, la televisión local sólo permitía dos canales: El nueve y el cinco. En el primero, Raúl Velasco –a quien siempre consideré enviado de la iglesia católica para hacernos una purga dominical, porque el domingo era el día de arrepentirse de todos nuestros pecados- nos torturaba con México, magia y encuentro para luego continuar con Siempre en domingo. El segundo transmitía los partidos de futbol en vivo, luego venían los comentarios y después, para darle variedad, empezaba Acción, en donde hacían un resumen del multicitado partido.

No imaginan las batallas que con mi hermano mal libraba para que me dejara ver televisión esas tardes de grima y desesperación. Cuando lograba apoderarme del sillón –el control remoto era apenas un prototipo-, luchaba contra la somnolencia, puesto que hubiese perdido la guerra si me dejaba vencer por el sueño que me daba ver a don Raúl y su transparente esposa, ataviados con kimonos en una nueva visita a China, donde el conductor traducía mal al traductor, quien le hablaba en español, y coleccionaba una serie de barbaridades dignas de una antología. Pero al otro lado del botón estaba el futbol y eso era una amenaza para mí, así que aprendí a tolerar al hombre.

El asunto entonces radicaba en que el futbol era obligatorio, no teníamos demasiadas opciones, menos aún si estábamos rodeadas de una orquesta de varones dispuestos a todos por ver, minuto a minuto, lo que hacían en la cancha los equipos.

Mi mamá solucionó salomónicamente el problema. No tuvo que amenazar a nadie ni prometer recompensas: Compró otro televisor. Sin embargo mi alma estaba marcada ya con un trauma que, a la fecha, no he podido superar. (Si saben de algún sicólogo que no le vaya al América, recomiéndenlo por favor).

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17 Julio 2018 04:00:00
Sola y soledad
Una mujer sola, vista desde la polisémica modernidad, se convierte en un fracaso o en una oportunidad. Como no me encuentro hábil para explicar la primera, me abocaré al segundo caso con el fin de aportar las técnicas infalibles para que una dama, recién estrenada en la soledad, no sucumba ante la terrible tentación de volver al matrimonio por el inexcusable hecho de que alguien debe de cambiar el botellón del agua.

Antes, observaré que el título de este artículo bien sugiere los nombres de dos féminas protagonistas en un filme francés; además, reconozco la aportación filosófica de Sid, el perezoso en “La era del hielo”, quien dijo: No hay peor soledad que no estar acompañado. No es una broma pueril, hay una diferencia importante entre una mujer que está sola y otra quien dejó de estar acompañada.

Para quien dejó de estar acompañada, el primer paso, antes del duelo, consiste en hacer un recorrido minucioso por la realidad emergente a fin de responder a estas preguntas profundísimas, cuyas respuestas pueden contener la felicidad o el terrible despertar a un enigma. ¿Puedo cambiar el tanque del gas? ¿Soy capaz de podar el césped? ¿Bañar al perro es demasiado para mí?
Si ella cuenta con gas entubado, un jardinero y estética canina a la mano, las preguntas anteriores deberán adaptarse a las necesidades particulares. Cuando encuentre un cuestionamiento cuya respuesta sea negativa, no entrará en pánico, mejor organizará un tour catártico por Home Depot, Auto Zone y la plomería de su confianza.

En los comercios antes citados encontrará especialistas capaces de identificar su punto preciso para el desahogo, acabar con la desesperanza, de construir la incertidumbre y, lo mejor, explicar a las mujeres cómo hacer conexiones varias, cambiar piezas, enlazar lazos y desamarrar nudos; las llevan de la mano al pasillo correcto para encontrar las refacciones necesarias, señalar los procedimientos, aportar sugerencias y tratarlas con la caridad de un hombre que siente cómo se acerca al cielo por ayudar a una mujer solitaria haciendo cosas de señores.

Si lo anterior fue insuficiente, debo decir que los servicios anteriores tienen un costo, pero siempre es en efectivo, porque no van acompañados con críticas mordaces, frases dobles, advertencias de fracaso ni una cédula vitalicia de zozobra.

En conclusión, sola y soledad ya pueden cantar albricias y obtener una tarjeta de cliente distinguido.

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14 Julio 2018 04:00:00
Así no
Hay intenciones samaritanas ambulatorias e insistentes en mantener un matrimonio ajeno sin separación de cuerpos –por usar el término legal- con argumentos válidos para la sociedad pero gastados para el individuo.

Algunos incluyen en la lista el gastado “qué dirán”. Más allá de esos prejuicios, se mantiene en el hit parade una recomendación para seguir juntos: El de un amor acumulado, alimentado por circunstancias complejas libradas en común.

He conocido personas cuyos matrimonios terminados llevaban diarios escritos con aventuras reales, en apariencia suficientes para salvar no solo el vínculo sino la vida misma y, sin embargo, acabaron por separarse. ¿Qué pasó? Pasa que el amor no es un sentimiento acumulable; en todo caso, lo que se alberga en una pila de razón es el agradecimiento.

Los jueces civiles suman gran cantidad de divorciados después de los 30 años de matrimonio. Solo esperan a que los hijos hagan su vida; entonces, cada quien toma su camino, porque sienten que ya no hay nada que los una; es decir, fue una relación funcional. Esto me lleva a pensar cuánto el amor es más una reacción química veleidosa y diferente en un organismo y en otro.

Hace unos días apareció una noticia referente a dos tortugas ancianísimas y obcecadas por seguir cada una su tortuguil vida de forma separada. Los cuidadores del zoológico insistieron en mantenerlas unidas, hasta procuraron la reproducción suministrándoles afrodisiacos… y nada, de plano se mordieron y dijeron adiós.

En seguida les transcribo un párrafo de la noticia:
El matrimonio más antiguo del mundo animal parece haber terminado. Las tortugas gigantes Bibi y Poldi se niegan a seguir compartiendo su jaula en un zoo austriaco. “Tenemos la impresión de que ya no soportan verse. No sabemos la razón por la cual han decidido separarse” (Periódico Austrian Times). La hembra fue quien dio el primer paso en la ruptura. Los cuidadores se dieron cuenta de que ya no podían convivir cuando Bibi atacó a su compañero mordiéndole parte del caparazón. Cuando los ataques continuaron, Poldi fue trasladado a otra jaula.

Los empleados seguirán preguntándose la razón sin obtener una respuesta.

Primero, porque, asumimos, la tortuga no hablará; segundo, porque sí. Ya se ha visto cómo de pronto una emoción se trastoca por la contraria y no necesita de una razón consciente para la escapada, ni siquiera puede acusarse a Bibi de tener una aventura.

¿Qué hacer? Vivamos el amor en toda su magnitud porque, sin decir agua va, puede transformarse en rechazo; demos cuantos besos sea posible antes de empezar a repartir mordidas.

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13 Julio 2018 04:00:00
Flores negras
Mi casa paterna tenía ventanas breves, pocas, con puertecitas enmarcadas con fierro rústico; lo más robusto en ellas era la torta de masilla que sostenía el cristal. La masilla tenía fecha de caducidad, cuyo síntoma inequívoco era una excesiva resequedad que la hacía saltar al primer toque. Podría contar numerosas historias sobre ese material, porque luego devino colores, texturas y brillos, pero ninguna tendría las implicaciones dolorosas que hoy me provoca el arte ver cómo se celebra el miedo al disfrazarlo de arte.

En el rancho todavía se encuentran construcciones desde donde sus habitantes pueden ver el campo sin la interrupción de los barrotes, pero son escasas viviendas habitadas por quienes aún se sienten capaces de vivir en libertad. En general, la arquitectura cotidiana de nuestro país incluye rejas metálicas para apresar a sus moradores, cuando son ellos, y no los delincuentes, quienes deberían vivir en libertad.

Si en un principio se trataba de barrotes simples, aferrados a los dinteles con el claro objetivo de evitar la entrada a un delincuente, el tiempo y la insistencia del delito las fue transformando en elemento necesario del panorama.

La paradójica modernidad citadina disfrazó de arte lo que es miedo en realidad.

Como si fueran barandales en un balcón, hermosa corona para la construcción tradicional, las protecciones en ventanas y puertas tienen ahora especialistas, artesanos, forjadores de ensueños que decoran con flores y mil fantasías esas piezas de encarcelamiento que llegan a cotizarse como si fueran certificados de seguridad.

Junto con ese rococó se han desarrollado cristales irrompibles –que sí pueden romperse-, cercas electrizadas –que se pueden neutralizar-, bucles de púas –que se cortan con la herramienta correcta-; incluso las colonias de clase A se han inventado sus propias cárceles, de marca sí, pero cárceles al fin.

Ya en este último párrafo dudo sobre esta manía del hombre por ornamentar lo terrible: Tal vez no sea socarronería, sino la inefable aceptación de que nunca podremos contra nosotros mismos y en lugar de padecer esa miseria, la volvemos divertimento.

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12 Julio 2018 04:00:00
Primera vez
La primera vez se queda grabada, indeleble. Los detalles, las sensaciones, los miedos, las perspectivas, todo suma una operación cuyo resultado suele ser muy diferente al esperado; eso suele suceder con las cosas incuantificables.

Nadie se sienta sonrojado si está inscrito en el altísimo porcentaje de seres humanos quienes derivan la frase “primera vez” a la relación sexual, es común.

En esta ocasión, sin embargo, aplico la frase a cualquier ocasión o suceso que acontece sin precedentes y nos pone ante una nueva perspectiva.

¿Cuántas “primera vez” podemos acumular en la memoria? La búsqueda en Google arroja datos interesantes: a) La primera opción no es la memoria humana, sino toda clase de memorias artificiales; b) informa que contamos con aproximadamente mil millones de neuronas; c) señala la manera exponencial como la combinación de esas neuronas aumentan el almacenamiento; d) indica que ese almacenamiento de recuerdos es cercano a 2.5 petabytes; d) no tengo idea de qué es un petabyte, pero suena a espacio suficiente para guardar, una sola persona, todas las “primera vez” de la humanidad. Ya lo consulté pero sigo sin dimensionarlo.

Así las cosas, problemas de espacio no tendríamos para vivir la vida como si fuera la primera vez; es decir, si las experiencias nuevas son aquellas capaces de mantenernos a la expectativa, con la adrenalina suficiente para continuar, no hay una clara explicación para responder por qué no buscamos siempre experiencias nuevas.

En el periodismo -cuando hay un periodista de por medio- la existencia se conforma casi a diario de primeras veces: Si ellas no vienen a nosotros, nosotros las buscamos. No hay lugar para el hastío pues se da por hecho que existe, indefectiblemente, un plano poco conocido de lo cotidiano.

En una clase de lingüística utilicé cierto meme en donde un caballero honestísimo conquista a una dama asegurándole que ella es la primera mujer en su vida, mujer rubia, rubia y bajita, en esa ciudad, en ese restaurante, a esa hora… Las especificaciones se alargan tanto como Números en la Biblia. Quizá la chica no haya valorado que, con todo y eso, además de conocer a un hombre confiable, estaba viviendo una primera vez.

Si a diario repetimos una rutina que nos apresa en el tedio, pongámosla de cabeza, iniciemos con la cena y terminemos con el desayuno. Disfrutar un rápido picnic en martes, ligero vino tinto el jueves y sexo aunque no sea viernes; vestir de rojo y no de negro, regalar flores cuando solo se hayan recibido, cualquier intervención de la creatividad será una generosa aportación a las primeras veces que le hacen falta a la vida.

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11 Julio 2018 04:00:00
Somos cuadritos
El cubo Rubik es la versión compleja de un tradicional juguete para quienes gozamos la infancia hace dos décadas, más o menos. Un cuadro enmarcaba quince cuadritos móviles numerados y coloreados en blanco y rojo, los cuales debían ser acomodados en orden ascendente o descendente; contadas ocasiones logré ese cometido, de ahí que me parece natural hacer una analogía entre este objeto y la vida humana.

El Juego del 15 exigía del intrépido participante la capacidad para organizar, en prospectiva, los movimientos necesarios para terminar en filas organizadas.

Hace unos días vi en televisión la versión moderna, a la cual se le agregaron colores y el reto de un patrón: Un cuadro ágil que, al sacudirlo, organiza azarosamente los cuadros; el jugador deberá imitarlo en su propio juguete.

No imagino cómo pasó, pero se me ha puesta en la mente que así es la vida diaria. Las personas, con una manifiesta necesidad de vivir en sociedad, ocupan la mayor parte de su existencia en encajar con los patrones que les rodean, mimetizarse con ellos, mover sus piezas para congeniar con el movimiento externo y continuo de una comunidad.

Cuando el azar sacude los modelos para dejarlos en órdenes atípicos, la habilidad para organizarse ascendente o descendentemente es un pase de entrada a la extraordinaria experiencia de enfrentar lo incierto. Claro, siempre está la opción de quedarse inmóvil, pero priva en nuestra especie cierto vértigo por lo improbable.

Como los cuadros cromáticos, no tenemos más espacio que ese donde estamos enmarcados, así subamos de peso o incrementemos musculatura. Somos los cubos que nos conforman, estamos teñidos previamente para identificar los polos de nuestras vidas racionales; las revoluciones que nos construyen solamente suceden porque tenemos en perspectiva un nuevo patrón, casi siempre diseñado por otros quienes, a su vez, libraron cierta batalla y ya están inmersos en otra.
Tras pensarlo mejor, quizá nosotros seamos un mejor reto para actualizar el Juego del 15: Tenemos millones de piezas sueltas por acomodar.

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10 Julio 2018 04:00:00
Discurso para dormir
Una cama sin tender es todo un discurso. Los pliegues de las sábanas delatan a gritos que hubo una contienda a su costa, puede ser esta contra el tiempo, contra uno mismo o con alguien más. Las razones por las cuales una persona no hace la cama son escasas: El despertador falló, el “arrullador” no falló o la ocasión se prestó para una protesta silenciosa.

La última opción fue usada por una amiga mía cuando hubo de divorciarse: toda la vida su madre le dijo que tender la cama en la mañanita era una prueba de ser buena esposa; nunca dejó de hacerlo durante su matrimonio y no le valió de mucho, así que dejó, por tres días, la cama sin tender.

A su madre –la de ella- le cabía algo de razón. Todas las consejeras de orden y diseño aclaran que nadie debe salir de casa sin lavar trastes, tirar basura y tender las camas, a fin de no caer en profunda depresión al volver a casa al medio día. No tengo problema con las dos primeras acciones, pero el asunto de estirar correctamente las sábanas, es una lid que, hasta hoy, no he logrado ganar y temo, señores y señoras mías, que mi marido me califique de mala esposa porque suelo esconder las almohadas con tal de no envolverlas bajo el edredón con todas las de la ley.

Mucho me gustaría tomar un curso con cualquier camarera de hotel. Esas mujeres son capaces de empaquetarlo a uno cada noche porque es imposible sacar la sábanas de abajo del colchón, todo queda tan restirado que a la mañana siguiente no es necesario usar faja ninguna bajo el vestido, porque amanecemos muy planos y sin marcas en la cara.

Alguna vez lo intenté y en el punto extremo de la desesperación, acabe pegando sábanas y cobertores con cinta canela bajo el colchón; esa misma noche parecía que bajo mi cama había una horda de grillos, los cuales no me permitieron dar rienda suelta ni al sueño ni a nada, absolutamente a nada.

Muy al contrario de esas maravillosas mujeres, mi técnica de tender la cama es al estilo boy scout: Como esas casas de campaña que se lanzan al aire y caen listas para usarse. Así procedo yo, mas cuando aquello queda para llorar, entonces anuncio a todo mundo el día de lavar blancos de la casa y dejo el colchón desnudo y mi fama de afanada ama de casa muy impoluta. Bueno, cada quien se las arregla como puede.

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07 Julio 2018 04:00:00
Desencadenada
La “Melodía desencadenada”, tema de la película “Ghost”, se convirtió en un ícono del romanticismo. En el plano superficial, fue entendida como la canción cuyas notas pueden desatar cualquier pasión carnal; en el profundo, representa el poder evocador de los sentidos.

La melodía retrae a la protagonista a un momento particular de su vida, a un contexto, a un significado personalísimo que le representó la confirmación de lo deseado: Constar el amor de su pareja, si bien dicho no con palabras, sí con acciones.

Todas las melodías tienen poder desencadenador. Las canciones primeras de la infancia, aquellas con las cuales crecimos en edad y madurez, las escuchadas por accidente durante un acto en apariencia insignificante, las percibidas por equivocación, las emergentes por obligación.

La circunstancia signa el eslabón nemotécnico que caracterizará el recuerdo, la forma como se desencadenará primero un registro mental y, tras de él, una emoción, luego un sentimiento, luego una acción en consecuencia.

No siempre somos conscientes de lo que desatará escuchar cierta canción, la melodía de una voz, la discordancia de un ruido en específico, el chasquido de un objeto o el silencio de un momento, pero aun con eso, hay todo un accidente en nuestro ser cada vez que nos enfrentamos a ello.

Las músicas con las cuales hemos construido nuestra vida –o la han construido otros- tiene la potencia gatilladora de lanzarnos a revivir ciertos momentos. Solo hay algo más fuerte que ellas: La voluntad para resituar un recuerdo doloroso relacionado con cierta melodía, al situarnos ahora en circunstancias felices y ponerla como música de fondo.

Las melodías que desencadenan una pasión como la de Ghost, así sea que el otro ya no esté, esas vale la pena guardarlas, repetirlas, recrearlas, porque son capaces de mantenernos vivos.


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05 Julio 2018 04:00:00
Sobada
Sucede cuando andamos por la vida con un nudo en la panza, no cual consecuencia de cierto apuro emocional, sino gástrico. Es entonces, y solo entonces, cuando vienen a nuestra mente tantos consejos y constancias de madres y abuelas.

Achaco mis males a ciertos taquitos ingeridos ayer en lugar non sancto, por lo menos para Salubridad, o bien, el postre consistente en esa clase de mescolanzas creadas por el ingenio mexicano cuya barbarie azucarada agrede, primeramente, al orgullo; eternamente, a los niveles sanguíneos. Referente a la cura, todavía no tengo a quién rendirle honores, pues estoy entre el Kaopectate y la tortilla caliente en el ombligo.

Bueno, Conchita acostumbraba curar a Lety colocando una tortilla de maíz bien caliente en su pancita –de Lety-. Luego, supongo, la llevaba a la cocina, aunque nunca tuvo a bien responderme si alguien debía comérsela para concluir con éxito el tratamiento; asumo que el enfermo no. ¿O sí?

Rosita La Usada –esta es una referencia distintiva familiar- nos sobaba el abdomen y sus alrededores con manteca de cerdo. Su empeño nos reportaba un montón de gusto, pero el olor a porcino, la consistencia gruesa de la verdadera grasa animal, nos dejaba peor que el mismo marrano: A los pálpitos estomacales se agregaban vómitos y otras escatologías.

El remedio con aceite de ricino ha sido infalible desde que el hombre tiene memoria, y aceite. Lo daban para depurar los intestinos o desenredarlos, para drenarlos correctamente si algo estaba atorado o curar de espanto. En el último caso, las madres apretaban la nariz de sus chiquillos a fin de encontrar una boca dispuesta a ingerir la pócima extraña; los niños estábamos tan espantados que se nos quitaba, por arte de magia, cualquier mal.

Algo así le pasó a mi primo, quien hace tiempo tuvo accesos de hipo por 24 horas seguidas. Cuando llegamos con él al IMSS, apareció una enfermera dispuesta a inyectarlo con impresionante aparato de tortura –una jeringa de 5 ml-; él montó un invisible corcel que lo sacó de la clínica en dos segundos. Hasta la fecha, en los últimos 15 años, no ha tenido hipo alguno.

A reserva de lo que ustedes digan, sobar se lleva las palmas en los remedios caseros; a menudo no quitan la enfermedad, pero ah, cómo dan cariño.


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04 Julio 2018 04:00:00
Galleta inútil
El primer día de clases de mi hijo empezó para mí, que soy su madre, desde el sábado anterior. Consulté un montón de recetarios para encontrar las galletas más deliciosas del mundo, probadas y comprobadas por mamás responsables en todos los continentes. El resultado: Unas gigantescas figuras de chocolate con chispas coloridas.

Su consistencia semidura era perfecta; el color, inmejorable; el sabor, irrepetible... pero él acabó almorzando un par de galletas Oreo que le compartió su nuevo amiguito, “porque mi lonche estaba fatal”, lo dijo con todas sus palabras.

Ese día puse en tela de juicio mis enseñanzas sobre siempre decir la verdad y lo que uno siente, para información de todos y evitar confusiones. No, amiga mía, jamás funciona, pues yo entré en un estado de hervor existencial sobre mi valía como progenitora, mis actos fallidos en su educación y la mala mano para hornear galletas.

La preocupante situación de obesidad infantil en el país ha sido bien aprovechada por los editores nacionales y extranjeros al publicar revistas monográficas en donde aparece un sinfín de maravillas por lonche. No es mala idea, siempre y cuando los creativos chefs que las originan se asociaran con alguna empresa farmacéutica, lo digo por ese periodo de prueba, cuando un centenar de inocentes se someten a pruebas terribles al probar, por vez primera, un producto.

Yo lo llevaría a una escuela pública: Si todos los de segundo y cuarto aceptan el platillo, pasamos a la prueba final, consistente en decirles que lo hizo su madre, eso podría cambiar dramáticamente los resultados. Bueno, durante muchos años me negué a probar la sopa de repollo que hacían en casa, pero la engullía con placer en casa de mi tía. Creo, aún tengo una niña dentro de mí. (Esa fue Santa Isabel).

No es fácil, compañeros, dice Don Ramiro. Todo parece perfecto en la teoría cuando de poner lonche se trata. Las fotos muestran el colorido, sabor y valor en tal cantidad de opciones que podríamos no repetir en todo el ciclo escolar (considerando que son años de 100 días); sin embargo, nadie nos aclara en dónde venden el queso rosa, los ratones de cheddar, el pan con figura del Capitán América ni los pastelillos de amaranto con arándano.

En nuestro mejor esfuerzo, si acaso logramos ponerle una rebanada de queso amarillo comercial, o un tajo de acetato, no hay gran diferencia; los animalillos terminan en monstruos informes de puré; en lugar del súper héroe, decimos a nuestros hijos que llevan al Pípila (ahí está, debajo del pan Bimbo) y el sano pastelito es un pingüino, al cabo de vez en cuando.

Yo empiezo a tener ciertos temblores esperando el lunes. Espero estar cuerda para entonces y encontrar, de perdido, en dónde puse el jamón y la mayonesa.

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30 Junio 2018 04:00:00
Bronco y en tacones
La máxima inmarcesible de Lupe Esparza fue que con zapatos de tacón las nenas se ven mejor. Su huella caló profundo en la autoestima femenina.

La presencia de este hombre imponía, pero seguramente no está impuesto a montarse sobre unas agujas de 15 centímetros, razón por la cual olvidó realizar especificaciones respecto de los sitios pertinentes en donde las damas en verdad se verán como tales calzadas así.

Ayer mismo corroboré la regla del señor Esparza: Tardó diez minutos en decidir cómo treparse a la escalera eléctrica para bajar al primer piso; no lo dijo, pero los presentes asumimos que tuvo entre sus opciones el ir parada de manos, de panzazo o en liana, pues sus enormes tacones y plataformas le hacían imposible mantener el equilibro para atrapar uno de esos escalones fugaces. Cuando por fin se decidió, su acompañante acabó con 500 cabellos menos y ella bien pudo integrarse en ese momento al Cirque du Soleil.

En estos tiempos, cuando la educación es por competencias, bien harían las escuelas para adolescentes incluir un curso sobre “Competencias para mantener la buena reputación aún entaconadas”. No se nace con la habilidad, chicas, es necesario desarrollarla antes de salir a confundirnos con un ave exótico y poco elegante, cuando el objetivo era partir plaza.

En definitiva, este asunto se presta a demasiadas suspicacias; he pensado, incluso, en la posibilidad de cobrar venganza entre enemigas usándolos como arma mortal. No puedo explicarme, de otro modo, cómo se organizan despedidas de solteras y cumpleaños en amplios jardines sin aclarar que el calzado obligatorio es un par de tenis.

No miento: tras un festejo al aire libre, las mujeres acabamos con medio tacón pelado; quienes se atreven a más altura, llevan a casa muestras de petróleo extraído de yacimientos profundos. Es una regla: No se llevan tacones al jardín; no se organizan las fotografías familiares sobre tierra cuando se cuenta con un poco de cemento al lado, claro está, si se quiere evitar esa danza simiesca de la que participamos cuando el piso se hunde bajo los pies y nuestra dignidad también.

Lo supongo: Christian Dior, Victoria Secret y Mitzi escucharon la canción de Bronco y la siguen a pie juntillas. ¿El resultado? Interminables modelos en bikini o lencería… y montadas en tacones; sus tobillos acaban partidos en dos y pasan formar parte no del catálogo primavera-verano, sino de los videos más terribles en YouTube.

Mi apreciado Lupe, extiendo una amable invitación para que posen en tacones en el jardín de su abuelita.

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29 Junio 2018 04:00:00
Verdadero animal
La primera vez que vio una vaca en el campo me preguntó: ¿Verdad que las vacas vuelan, tía? No solté esa risotada automática que suelen emitir los adultos ante las inocencias de los chiquillos, porque ese asunto de la naturaleza siempre me lo tomé muy en serio.

Mi sobrino, entonces de cinco años, recién se había mudado a vivir a provincia. Desde su nacimiento habitó un pequeño departamento en una populosa colonia de la Ciudad de México, y era evidente que ningún documental, libro ilustrado o película infantil le mostraron la naturaleza en toda su realidad. Pasados veinte años de ese acontecimiento, creo que cada vez más son –y serán- los niños y los adultos que duden sobre las vacas, los osos y todo animal excediendo el rango de perro o de gato.

En el contexto de la televisión por paga, es una suerte encontrar canales cuyos programas divulgan, con la mejor intención, usos y costumbres de la fauna más simple, menos conocida, excesivamente peligrosa, poco abundante o en vías de extinción, sin embargo el verdadero comportamiento y la palpable realidad de esos animales será conocido por muy pocos; dentro de algunos años, por casi nadie.

Los documentales de oso negro, por ejemplo, los presentan desde su mejor perspectiva: El pelambre oscuro y brillante, el carácter irascible. En las montañas del noreste, estos ejemplares viven con menos lucidez porque les falta alimento, han tenido que tolerar la presencia humana a fin de hacerse con frutos cultivados. Suelen andar flacos y asustadizos al borde de las carreteras y entre los huertos.

Los felinos, siempre presentados en televisión con la magnificencia de su figura altiva, en los bosques norteños asolan las casas campestres, sus ruidos y figuras se han vuelto fantasmales comparados con los que conocieron los abuelos.

El verdadero venado ya no es altivo, sino escurridizo porque lucha para sobrevivir; el verdadero coyote se minimiza en número y presencia ante el poblamiento de su territorio. No es en televisión como se conoce al verdadero animal, pero sí es muy probable que para las siguientes generaciones, sea la única fauna de verdad por conocer.

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27 Junio 2018 04:00:00
La mala educación
Circula en redes sociales un video breve con cifras promisorias para mejorar el ingreso económico de una sociedad si esta se decide a educar a las niñas. Alude al dinero que pueden ganar, a la postre, las mujeres; pero hay un impacto más grande si se les educa más allá de la escuela y se les promete algo mejor que el dinero.

De acuerdo con las cifras publicadas, el producto interno bruto de una nación aumentará hasta en un setenta por ciento conforme las mujeres alcancen mayor grado de estudio.

Luego analizan ingresos desglosados respecto de cada nivel, desde secundaria hasta una carrera universitaria, como resultado de salarios más prometedores en respuesta a su grado académico.

El asunto de educar a las niñas se cierne a la parte económica, sin embargo hay otra educación que redituaría mucho más a ellas mismas, a sus familias, a la sociedad y al mundo.

Consistiría esta en deconstruir la idea muy arraigada del derecho a la compasión, con la cual, por dar un ejemplo, se trata de convertirse en madres siendo niñas o adolescentes para obtener así los beneficios que “obligadamente” les debe proporcionar la sociedad.

Dos años atrás una jovencita estudiante de secundaria dijo que pensaba embarazarse antes de terminar el ciclo únicamente “para ver que se sentía”. Su madre, al fin y al cabo, estaría socialmente obligada a “apoyarla”, el gobierno a “sostenerla” y la escuela a “aprobarla”. Y eso que aún no había, becas, guarderías y salarios asistenciales para madres solteras como en la que ella pensaba convertirse.

Pero educar a las niñas, además de escolarizarlas, se requiere mostrarles una realidad responsable que deberían de enfrentar, pero que el populismo y la mala política ha convertido en una terrible predestinación de dolor y pobreza para miles de recién nacidos.

Enseñarles por qué una beca no lima las arideces de un embarazo precoz, explicarles cómo un marido sobrevive aunque las mujeres no dejen su empleo para servirle, reflexionar con ellas sobre el impacto de su ejemplo para las nuevas generaciones, tal vez eso, junto con la promesa de un aumento en el producto interno bruto, sea bastante aleccionador para todos.
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26 Junio 2018 04:00:00
Ludovico
Mis enfrentamientos con quienes se inclinan por el cine y la literatura de la guerra son constantes. Ellos argumentan que la exposición a los hechos tan crudos de la Segunda Guerra Mundial, en particular, enseñará a la humanidad a no repetirlos; yo me limito a mostrar las fotografías de los niños enjaulados de Trump para sostener lo contrario.

En 1971 se filmó una de las películas parteaguas del cine social. Stanley Kubrik dirigió “La naranja mecánica”, cuyo clímax pone a reflexión cierto método psiquiátrico para tratar a las personas patológicamente violentas. El método Ludovico fue una terapia de aversión, consistente en exponer al enfermo –generalmente delincuente- a situaciones crudísimas, similares a las que ellos cometían en contra de sus víctimas.

El protagonista es obligado a mirar escenas de violación, golpes y asesinatos, sin la posibilidad de voltear la cabeza a otro lado o cerrar los ojos, pues le colocan alfileres en los párpados.

El resultado, aparentemente exitoso, fue la incapacidad posterior del enfermo para defenderse; sin embargo, tras un intento de suicido, queda “curado” y vuelve a delinquir.

Lo mismo acontece con el supuesto empírico del aprendizaje social a partir del ejemplo. Las miles de novelas, los cientos de películas que abordan los horribles hechos ordenandos por Hitler no parecen tener más éxito que el económico. Si se pretendía erradicar la xenofobia, el odio racial y todos los excesos cometidos publicando a profundidad la infamia, no parecen haber tenido éxito en el largo plazo.

Las fotografías recientes diseminadas en las redes sociales prueban mi postura. Los niños enjaulados de Trump, alejados de sus padres por ser “extranjeros”, “migrantes” o “ajenos” a su cultura, tienen muy poca diferencia con los pequeños judíos separados de sus familias y hacinados el siglo pasado apenas.

No sé hasta dónde las protestas en redes sociales tengan fuerza para combatir esta injusticia, pero no parece haber ninguna voz firme y con la fuerza necesaria para impedirla, tal como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, la iglesia, por ejemplo, la intelectualidad y todos aquellos que han sufrido vejaciones históricas como pueblo y como cultura.

Yo no veo el beneficio de habernos regodeado tanto con la brutalidad bélica si al cabo cometemos y permitimos más o menos lo mismo.
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23 Junio 2018 04:00:00
Educación mística
La relajación siempre es buena, hablando del cuerpo estresado, claro. Pero cuando aplicamos el término a leyes y reglamentos válganos Dios con las consecuencias.

Tengo serias dudas de que lo anterior sea una regla, pues no le encuentro la excepción: Si hablamos del vecino, la mamá, el hijo o el perro, el resultado será el mismo y no es difícil comprobarlo.

Miren que mis ejemplos fueron bastante ordinarios y prosaicos: Si dejamos una vez a un chiquillo incumplir con la tarea, será un infiernillo la vida después de esa tarde para volverlo al redil; igual a la oveja, con dificultad la regresaremos si dejamos que sea montaraz.

Ahora imaginen dónde irán las ovejas pastoreadas en una religión. Fíjense hasta qué niveles llegamos en tres párrafos, cuando empezamos hablando del Firulais y lo peligroso de permitirle una sola vez dormir dentro de casa.

No es chisme, es plática, decía la tía Rosita, pero el otro día me tocó consolar a una mujer entrada en años quien salió bañada en lágrimas de la iglesia. Sé cuán catártico puede ser enfrentarse con el dueño de la casa máxima en cuestión de fe, pero no se trataba de eso, sino de una extrañísima respuesta dada por un sacerdote.

Me contó la dama de su intención para regalar una Biblia a su amiga Judith; como quería hacer el favor completo, llevó el libro a bendecir con el sacerdote de la iglesia católica más cercana. El hombre, cuya apariencia era más de empecatado que de confesor, le contestó sardónico: “¿Una Biblia? ¡Regálele mejor el Kamasutra, señora!”

Comprendí a cabalidad el dolor que la invadió, porque en la respuesta cupo tanta no sólo una falta de respeto a persona tal, sino una indignidad que abraza a nuestras instituciones, incluso aquellas cuya solidez debiera ser indiscutible.

El sacerdote ventiló con el tiempo mucho más de su carácter y la iglesia, al mantenerlo en su puesto, mucho más de su extravío. Las instituciones sociales deben de cumplir un cometido, cuando éste se pierde, van con ellas al abismo todos seguidores.

Hace poco un representante y alto jerarca católico criticó la situación educativa en nuestros niños mexicanos y exigió la atención debida en las aulas y la corrección en los sistemas magisteriales.

Muy estimado señor, le diría yo: La educación no se cierne a las escuelas, ni a las familias, ni al aparato de Estado nada más, para eso está usted leyendo la Biblia.  ¿O acaso le recomendaron también el Kamasutra?

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22 Junio 2018 04:00:00
Feliz de mentiras
Esta mañana soñé que, frente a mi ventana, la neblina dejaba paso a una lluvia pertinaz y luego a la nieve, su majestad.

La montaña, mi vecina de siempre, lucía una resbaladiza capa blanca que, a menudo, el viento le arremangaba, como si corriese el peligro de que alguno de nosotros, plebeyos y pueblerinos, le alcanzáramos el dobladillo a semejante armiño.

Luego vi cómo las ramas de pinos y oyameles aplaudían la presencia alba y luego dejaban caer, en pequeños trozos y con cuidado, hojuelitas claras que tapizaron, en un momento, cualquier camino, labor barbechada o no, árboles desnudos, así fueran de cereza o de manzana.

Enseguida un rebaño de semovientes dejó su huella vertical rumbo a lo verde y húmedo. Sus pezuñas se marcaron, como en molde de paleontólogo, en la fresca nieve que estuvo cae y cae desde la madrugada.

El humo del café negro me llegó hasta la mirada y atajé el frío ligero con la imagen de las aves guareciéndose, bien pero sin prisas, en cualquier hoyo de la naturaleza. Como sea, juguetearon sobre las huertas y dejaron sus picos blanquearse de copos un ratito.

Las puntas de cada cerro, altivas, seguían surtiendo sus reservas de blancura con una caída constante de papelitos transparentes, deshilachados por el viento algunos, por la lluvia otros; pero los más resistentes, se abrazaron para formar un tapiz impoluto, brillante, invernal.

Hay una cualidad en las nevadas de mi rancho: ponen las narices frías y los corazones tibios. Por alguna razón se filtra la alegría entre los adobes de la casa, por el tubo de la chimenea o burlan las rendijas de las puertas azotadas entre la confusión de los pájaros carpinteros.

En esos momentos nadie tiene demasiado frío para salir, pero tampoco calor suficiente para derretir semejante belleza tan a la mano, tan abundante, tan milagrosa y tan de a gratis que lo mismo disfrutan y signan los zapatos de don Panchito, las manos de Eliud, las patas del Sere y los aullidos de los coyotes, para quienes eso de la nieve, es más bien noticia infausta.

Abrí mejor los ojos para no dejar írseme este sueño bendito, esperado, fantástico para tanta gente. Todo seguía ahí, pero más palpable, más blanca esa lluvia de estrellas, más fría la imagen de postal y más cálido el abrigo.

No es un sueño, me di cuenta enseguida. Y entonces, pregunté ¿por qué no somos felices si esto es verdadero?

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21 Junio 2018 04:00:00
Si moja, seque
Facundo Cabral solía usar como personaje anecdótico a su madre. En un concierto abordó el tema de los candidatos políticos y su bipolaridad entre ser probable elegido y recién electo; para ello, parafraseó a la mujer, quien durante una campaña presidencial respondió a la pregunta de ¿cómo la puedo ayudar? con un tajante “con que no me joda es suficiente”.

La política todo lo ha complicado a pesar de ser las cosas tan sencillas si se atendiera al sentido común. Y como muchos afirman que el sentido común es el menos común de los sentidos, puedo ejemplificar con algo harto conocido y coloquial: La petición diaria de las esposas a sus viejos. Sí, señor mío, refiero a ese asunto de no dejes los calcetines tirados, acomoda tus zapatos, recoge la herramienta que usaste, mira la ropa en el baño, no cambiaste el papel sanitario.

¿Acaso me contradice diciendo que eso no es sentido común?  Pues miren ustedes, enseguida paso a citar una lista de reglas básicas para la buena convivencia que me llegó por la interné; todas ellas me parecen lógicas, amigables y necesarias. Se las dejo, háganles caso, sean felices y entréguenlas a cualquier candidato en campaña que vaya por su colonia.

¿Llegó? ¡SALUDE!

¿Se va? ¡DESPÍDASE!

¿Le hablaron? ¡CONTESTE!

¿Encendió? ¡APAGUE!

¿Abrió? ¡CIERRE!

¿Desarmó? ¡ARME!

¿Rompió? ¡REPARE!

¿Ensució? ¡Limpie!

¿Mojó? ¡SEQUE!

¿No sabe hacerlo mejor? ¡NO CRITIQUE!

¿No vino a ayudar?  ¡NO ESTORBE!

¿Pidió prestado? ¡PAGUE!

¿No le pertenece? ¡NO SE LO LLEVE!

¿Habló de más? ¡SOSTÉNGALO!

¿Prometió? ¡CUMPLA!

¿Compró? ¡PAGUE!

¿Ama? ¡DÍGALO!

¿Le hicieron un favor? ¡AGRADEZCA!

¿No le hablaron? ¡NO INTERVENGA EN CONVERSACIONES AJENAS!

Junto con opinar sobre candidatos deseables, acciones pertinentes, políticas honestas practicar estas rutinas tal vez darían más resultados, porque además de votantes seríamos ciudadanos.

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20 Junio 2018 04:00:00
En pro de los oídos
Soy abierta ante las nuevas corrientes musicales. Debo reconocer el mucho acrecentamiento en mi cultura derivado de escuchar versiones mil y ritmos 500 de lo que hoy bailan los chicos.

Hace muy poco agregué a mi bagaje musical un texto profundo y propositivo que dice: “Mueve tu botecito, mami, mueve tu botecito”, ritmo además bastante cantable y bailable para el gimnasio.

Camino a casa, un caballero joven tuvo a bien iluminar mi ignorancia con otra canción maravillosa, que trata sobre los altibajos en la existencia humana: “Cambié las chelas por el coñac, ahora prestigio tiene el viejón, y del batillo con el que andabas soy el patrón”.

No quiero con este sarcasmo llevarlos hasta las profundidades acapulqueñas de Agustín Lara, pero creo que todo tiene su límite. Por cierto, hasta Límite tenía letras más sustanciosas, bien recuerdo aquellos de “te quedó grande la yegua”, por lo menos fue bastante funcional como para dejar claros los motivos que acabaron divorciando a Alicia Villarreal.

Debo reconocer este síndrome como una consecuencia del relajamiento provocado por Raúl Velasco. Ya en su Siempre en Domingo salían a cantar lo que les viniera en gana, así Rafaela Carrá brincoteaba con su “mamá dame 100 pesitos porque a América me voy”, y deben creerme que eso era lo más trabajado en el poema.

De ahí surgieron cosas tan románticas como el Sur. Sí, cómo no, yo recuerdo perfectamente que las estaciones de radio parecían cicladas tocando esa canción interpretada por Magneto, chicos apretadísimos que invirtieron su voz en un interminable “hacia el suuuuuuur” y párele de contar. Bueno, el sur de qué, quizá eso nos aclararía algunas posturas.

Los radioescuchas tenemos culpa grande en este estatus musical tan decadente, pues se acepta lo que venga y lo compramos a raudales. Hagamos algo por nuestros “oyiditos” –dijera doña Mary, que Dios la tenga cantando una de las Jilguerillas- y pongamos a trabajar a los compositores y a vocalizar a los cantantes, yo creo que estando tan al sur en asuntos musicales, mínimo llegamos al noreste.

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19 Junio 2018 04:00:00
El anillo en la estrella
Parece ficción que la NASA quiera pellizcar meteoritos, pero es ciencia. Pasará luego a ser magia proyectada en películas, cuyos productores videntes nos dirán cómo recrear museos de aerolitos “vivientes” a partir de un átomo proveniente de la primigenia pellizcada.

Pienso a menudo que los científicos tienen por confidentes a los directores de cine, o bien, los directores de cine tienen pacto con el diablo, porque crean historias imposibles para vender muchos boletos y unos años adelante la cosa se vuelve realidad.

Víctor Von Doom, , el Doctor Dumm en “Los cuatro fantásticos”, gustaba de hacer viajes al espacio con puros fines de solaz y esparcimiento. Si el común de los mortales pide matrimonio en la Plaza de Armas, este hombre se lanzó a entregar el anillo frente a las estrellas. Ahora es posible, quizá no para usted ni para mí –a reserva de que Carlos Slim no está entre mis lectores.

Todo parece estar aquí, como lo vaticinó Mafalda: uno puede darse piquetes de ombligo con los cometas, chocar los cinco con cualquier satélite y pellizcarle cualquiera de sus partes a los meteoritos. Las aspiraciones no tienen límite y la capacidad de asombro está en coma, y ni siquiera en los más sorprendentes avances médicos cubanos podrían salvarla.

He sido reacia a pagar por trocitos del muro de Berlín y sus lamentos; tampoco compré astillas de la cruz divina; no tengo espinas de ninguna corona ni trozos de algodón con aceite sacro, pero una morona del primer meteorito pellizcado sí valdría la pena: Me daría la sensación de tener la respuesta a la pregunta número 5789 en la lista millonaria sobre dudas acerca de nuestro origen.

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15 Junio 2018 04:00:00
Urdimbres
Es probable que la canción escrita por Joaquín Sabina en honor a José Alfredo Jiménez se explique poco entre los mexicanos, tan subsumidos en la cultura vernácula que la hemos dado por vista. A la vista de la literatura -y a sabiendas de arriesgarme al exilio-, el compositor español comprendió el valor inigualable en las canciones hechas para explicar lo que en palabras cultas se llamaría novela de costumbres.

Las canciones de José Alfredo cuentan una historia, casi siempre fatales, porque la fatalidad persigue al recio hombre mexicano; la felicidad, en cambio, es un estatus potencial del cual se habla solamente cuando es fugaz.

En “Las ciudades”, el compositor mexicano incluyó dos frases breves, profundas y palmarias: 1) Las distancias apartan las ciudades y 2) las ciudades destruyen las costumbres. La primera es una verdad paradójica: Una ciudad aparenta acercar las respuestas a las necesidades básicas y sociales de una población, sin embargo, acaba por aislar a los individuos que son, en la dimensión de Cavafis, ciudades mismas, a menudo derivados en islotes.

Las costumbres tienen una connotación histórica más compleja. A simple vista, la afirmación es verdadera cuando se piensa cuánto las comunidades pequeñas, las rurales, son más capaces de preservar los usos y las costumbres en pro de un aseguramiento de acción y de provenir; la incertidumbre es, en gran parte, el arma letal de las urbes.

La palabra costumbre está compuesta por una raíz que significa junto con, cerca de, que en el pasado siempre aparecía cuando se aludía a algo en común. Luego tiene grupos de letras que aluden a un grupo comunitario y, finalmente, el sufijo relativo a la acción que tiene esas cualidades; es decir, la cualidad de que un grupo realice acciones en común que los acercan.

Costumbre tiene un prefijo que me lleva a relacionarlo con urdimbre, cierto tejido que producen las personas con la única finalidad de no perderse en el laberinto de los lugares, las cosas y los desconocidos.

No tengo idea sobre los conocimientos etimológicos de José Alfredo o si aplicaba algo así en sus composiciones; como sea, su sentido común lo llevó a aplicar el conocimiento milenario que no viene en el diccionario pero que conforma nuestro ADN.

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14 Junio 2018 04:00:00
Después del clímax
Muchos años nos estuvo prohibido hablar del tema; cualquier mujer abordando el tópico entró como descocada al club de las insensatas. Hablo de tiempos cuando las féminas debían apegarse a la disposición de los hombres en los horarios, las formas y los modos dispuestos por ellos.

Estoy hablando de política. La buena noticia es que ahora las mujeres también participamos de todas las formas posibles y no es dado elegir cómo, a qué hora y con quién queremos estar gobernadas; la mala, es cómo, igual que los varones, nos dejamos llevar por una descarga adrenérgica temporal. Luego la euforia pasa.

Refiero al asunto un poco por la época y un mucho por la historia. En víspera de elecciones, los ánimos están arriba; todos nos creemos capaces de cambiar el mundo –el nuestro, el inmediato, porque no existe otro- y tratamos de anexar a medio mundo a la mejor causa, sobre la que estamos honestamente convencidos. En estos días hay un hervidero de pasiones, una adrenalina política. Pero ¿qué sucede después del clímax? Haré una analogía con otro acto igualmente pasional y propio de la humanidad: antes del amor, cualquiera dice “mañana nos casamos”; después del clímax, la frase deriva en: “bueno, no hay que apresurarnos”.

Lo sé de cierto por dos razones: tengo edad suficiente para reconocer esos ciclos y relatos bastantes sobre la laxitud de las decisiones posteriores al clímax electoral. Ayer mismo recibí tres invitaciones por facebook: una protesta silenciosa, una asociación para combatir a los gobernantes corruptos, emulando a gente de otro país y una invitación en pro de conmiserar a quienes no desean votar por el PRI. Mis ofertas las he planteado los últimos cinco años y aún no tengo, ni siquiera, el “Me gusta” prometedor.

¿Acaso debo plantear mis proyectos solo en tiempos electorales? Me niego a ello, porque tengo la mala costumbre de planear sobre lo sustentable, y los modos políticos efímeros son los que, en estos tiempos, dan un toque a las personas. Esto de dormirse después del clímax definitivamente “ya no me gusta”.

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12 Junio 2018 04:00:00
Menos penas
No veo películas dramáticas, terroríficas, de suspenso o profundamente lacrimógenas; considero mi vida lo suficientemente complicada como para andar desperdiciando sustos, llantos o temores por desconocidos a quienes la situación ni les importa y además les pagan por eso.

Debo sumar a mi lista los filmes franceses, los de sensibilidad norteamericana y las telenovelas latinas. Estas por una muy lógica razón: Lo que sucede ahí va mucho más allá del realismo mágico más aventurado. ¿Acaso no se han fijado cómo las mujeres se quedan calladas a veces y otras los hombres las escuchan? Eso es imposible.

Las películas provenientes de Francia se entretienen media historia en un diálogo sin fin, en el que participa activamente tanto el hombre como la mujer, hasta llegar al fondo y las últimas consecuencias de sus sentimientos; ambos parecen tener buena disposición para agotar el asunto y alcanzar el estado catártico que les permita seguir siendo buenos amigos, los cuatro.

Ahora bien, cuando los norteamericanos abordan un asunto del corazón, puede suceder que toda la trama se consuma en aclarar el prudente silencio guardado por la chica, lo que provocó la confusión de sus sentimientos y no permitió explicarle al novio que el galán con quien la sorprendió era su primo –el de ella-. No sé de ningún silencio como esos en toda la historia de la mujer, desde Eva a nuestros días.

Lo de las telenovelas no hay necesidad de explicación: La joven buena –muy buena- es capaz de ocultarle al protagonista que su hijo es suyo y de los dos hasta que este tiene edad suficiente para ser cerillo en algún centro comercial; por su parte, el caballero ingenuo podrá creer en la paternidad de otro bebé a cuya madre no ve desde hace 10 años.

El problema no es que suceda en la pantalla. Pasa luego que nos metemos tanto en esos papeles y venimos a poner el ejemplo en práctica con los resultados previstos: Ni ellos tienen la paciencia para escucharnos ni nosotros la capacidad para callarnos; los hijos no se ocultan porque saltan a la vista y el hombre en cuestión no va a creerse lo del hijo, así haya cenado con la madre.

Así, vuelco mis pasiones en la varita mágica de Harry Potter y pongo atención en el atuendo de Fiona; esto me ha evitado muchas visitas al sicólogo.

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09 Junio 2018 04:00:00
Perro ladrón
A reserva de ser sonámbula, mi querido Sancho, los perros ladraron porque vamos caminando, más os juro lo siguiente: Permanecí en mi lecho la noche entera, dando vueltas, eso sí como un canino, sin encontrar el acomodo.

No me he dado a la tarea sistemática de buscar estudios científicos al respecto, pero estoy cierta de la siguiente teoría: Dueño de perro ladrador, es sordo. No hay otra forma para explicarme la supervivencia de esas mascotas noctámbulas en sus ladrar y el dueño ni se inmuta, porque si se inmutare, mínimo un chanclazo le lanzare al can escandaloso.

En pro de la buena vecindad, cuando se presenta un caso insomne hecho a puro ladrar, solemos acercarnos al dueño de la bestia con bastante tiento y comentarios así: “Anoche hubo mucho ruido en la calle; el problema es que tengo el sueño muy ligero y no podía dormir… ya imaginarás lo desvelada que me fui a trabajar, espero esta noche esté más tranquila”.

El buen hombre –o buena mujer- escuchan con paciencia la retahíla y suelen responder, con toda sinceridad, algo así: “Ah, no, yo no escuche nada”. ¡Vaya desarmados como nos dejan! Por alguna razón, el angelito de los buenos modales nos impide soltarles una cantidad de improperios y quejas que incluirían algo como esto: A ver si callas a tu perro, porque no lo llevas a la perrera, pásalo al patio trasero o regálalo a tu suegra.

El otro día una vecina mía hizo campaña para desperrizar la calle e incitó a todas y todos para llamar a sanidad; urgía la limpia. Al fin, después de cinco llamadas, vino el hombre de la camioneta y repasó el sitio con la mirada: Solo un cánido negro y medio escuálido estaba sentado frente a nosotros. Ya a punto de la captura, la vecina incitadora le dice: “No, ese no se lo leve, aquí nos cuida”.

El fulano tomó su cuerda, subió al vehículo y se fue más de prisa que como llegó. Ya sabrán cuánto la vergüenza y el coraje invadió nuestros rostros, más aún esa noche, cuando, el animal cuidador, estuvo aullando en franca celebración por su triunfo. Al día siguiente preguntamos a la mujer cómo había dormido con tanto ruido, para encontrar en el fondo de su cordura un poco de lucidez y recapacitar sobre la pésima decisión. Ella, muy oronda, solo dijo: “No, no escuché nada”.

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08 Junio 2018 04:00:00
Beso indeleble
Nunca se dan más besos como en las mañanas. Esa rutina inaugura el día, plaga la memoria y alarga los recuerdos.

Afuera de las escuelas, padres, madres, abuelas y abuelos prodigan generosamente una andanada de ósculos previstos, inconscientes, que en mi andante creatividad, se parecen a un baño de barniz antireflejante, una sellada al trozo de lomo, una mano de tinta indeleble o esos protectores en aerosol para salvar un sillón de los feroces ataques infantiles.

Un año atrás, cierta amiga, celebrando sus 35 años de matrimonio, me confesó que, para entonces, la vida conyugal se restringe a una cantidad específica de besos, “los de rutina” dijo, y entonces mi mente viajó muy rápido desde la Atlántida hasta Mictlán, pues cada uno establece lo reiterado entre lo imposible y lo introspectivo. (Hoy en día hay personas que tienen como rutina quitar la vida a otros apenas empieza la noche).

Poco silencio tan revelador hay como en los besos. Son actos condenatorios, signan las relaciones desde su aparición primera y desgajan una clasificación interminable, emancipada y con tantas imbricaciones como las categorías gramaticales.

Hay besitos entre amigos, los besos de la madre, los del padre a su hijo varón, los de la hija a su papá, entre las parejas públicas, entre las relaciones privadas; los hay evidentes, obviados, ocultos, deseados, de ensueño, cavilantes, tímidos, imposibles, descarados, necesarios, indebidos, obligados, impertinentes, confundidos, insustanciales pero con sentido.
Las despedidas con beso siempre son prometedoras, es un pacto signado entre dos para aseverar lealtad y presencia. Ambivalente, el ósculo mañanero reafirma el buen estatus en una relación y abre posibilidades; es un amuleto para el día pero una oferta para después.

Los niños se aseguran volver con sus padres el mediodía, los esposos vuelven esa rutina un GPS que los regresa al sitio de partida; las mujeres se autoevalúan y retoman el camino, y los amigos se acercan, a menudo, más de lo debido.

Después de ese específico roce, lo demás es lo de menos: La anatomía humana no puede mentir –a diferencia del sonido envuelto entre palabras-. No importa la frase que acompaña a la acción de besarse, a final de cuentas sólo esto último se queda; lo otro, vuela con el viento y no tiene pasado ni futuro. El beso sí, ese es energía: Permanece, aún después de partir los besadores.

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07 Junio 2018 04:00:00
Despertares
Es el momento fugaz del duermevela matutino. El despertador amenaza con hacerse presente; lo hace, irrumpe la indeterminación entre la realidad y el ensueño. Hay dos segundos entre la catatonia y el movimiento certero para acallar el intruso: Es la hora de despertar.

Ni siquiera sumará cinco segundos el ritual matutino de volver a la vigilia. Despertar cuando, se acostumbra decir, más dormidos estamos porque los insomnios suelen ser más nocturnos que madrugadores, prefieren la oscuridad.

En cinco segundos cabe el azoro, la perplejidad, el acto involuntario de cubrirse los ojos y extender la mano para apagar el tiempo. Además están en ellos, las realidades personales de cada ser humano, mismas que pasan como en un “flashback” desfilando ante la mirada interna de la memoria.

Los hombres, supongo, se bastan con reconstruir la rutina inmemorial de ponerse en pie para cumplir con el deber; los niños, se regodean en su pereza cuanto más si se los minutos amenazan con dejarlos fuera de la escuela o dentro de casa. Las mujeres tenemos otra clase de tiempo, uno elástico e infinito.

El primer segundo es mecánico y reiterativo, pero el siguiente combina la acción precisa de oprimir el botón correcto y enumerar las cosas que deberán acompañarnos durante la jornada; el tercero contiene la clara idea del horario y una agenda impecable de actividades organizadas mentalmente por hora, lugar y persona. El cuarto segundo contiene el intento decidido por empezar a ponerse en pie y un repaso del discurso dicho ayer a cierto alguien y el que estará por decirse a tal otro; en el quinto, los ojos bien abiertos ya construyeron la lista de faltantes en la despensa y el cerebro estructuró una previsión del clima con la recomendación del atuendo apropiado para los hijos.

No todos los segundos son iguales, sobre todo, cuando de despertares se trata.

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06 Junio 2018 04:00:00
Mujerúncula
Tras ingerir cuatro cervezas y tres copas de kirsh, Paracelso se sacó de la manga a un homunculus el cual, afirmó, se construía con facilidad si se contaba con algunos ingredientes de fácil consecución: Una bolsa de huesos donde se depositaba esperma, fragmentos de piel y pelo de algún animal del que se quisiera sacar un híbrido; todo esto enterrado en estiércol de caballo, daba como resultado, luego de 40 días, el embrión de lo que sería una personita de 30 centímetros.

Quizá inspirados en semejante hombrecillo, hubo algunos pensadores que decidieron pasar por alto la condición como fue creado este ser e hicieron pública la posibilidad de un homunculus habitando en nuestro interior para decirnos lo bueno y lo malo antes de tomar decisiones. Pero no es de filosofía ni de química que quiero hablar hoy con ustedes, sino de la real existencia de ese “serecillo” en la industria de la moda femenina.

Pues a Paracelso se le escaparon de una caja de Petri. Tengo razones para pensar que sí hay personillas que se dedican a destrozarnos la existencia a las señoras aun interesadas en vestir con algo más que un costal de papas: ¿En quién están pensando los modistos chinos cuando hacen tallas extras para damas que a las mexicanas no nos sirven ni para el Niño Dios?

La ropa interior es un ejemplo fehaciente de sus extrañas figuras. Aparecen sus creaciones en bonitos catálogos con leyendas como: Ayudan a reducir el abdomen, no ciñen la cadera y tienen corte a la cintura. Bueno, pues la creación paracelsiana tiene la cintura donde nosotras los mulos, su abdomen debe de medir dos metros porque a nosotros nada más no nos esconde nada y su cadera es tan ancha como la cintura de Thalía, porque todos los calzones nos llegan a media cadera, dejan una marca indeleble y permite salir sin contemplaciones todas nuestras carnes abdominales.

Los encuartes de los pantalones son otro argumento a favor de mi teoría: Los más altos muy apenas nos cubren las muy adoradas huellas de dos o tres embarazos por debajo del ombligo. La moda de estos hombrecitos nos veta para llevar unos jeans sexis cuando somos madres…. ¿será una estrategia religiosa? No lo había pensado así.

Por lo pronto, aliviemos nuestras conciencias: No somos nosotras, son ellos.

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05 Junio 2018 04:00:00
Retrato hablado
Un divertido ejercicio para mis estudiantes de Literatura –aunque más lo es para mí- consiste en encargarle la lectura de cierto cuento elegido a propósito para luego presentar un “examen” sobre lo leído. Ellos ponen atención en nombres de personajes, la relevancia de estos en la historia, los sitios, las acciones, pero nadie imagina que la única pregunta de su prueba será: “¿cómo era la madre del protagonista?”, aunque ella nunca aparezca en la escena.

El ejercicio de imaginar a partir de las pistas aportadas por terceros da buen resultado si se desea provocar reflexión y pensamiento crítico. Si esta estrategia parece efectiva, la que utilizaron los compositores de la canción vernácula hace parecer a aquella como un inocuo pasatiempo.

“Peregrina”, compuesta por Luis Rosado y Ricardo Palmerín, da el santo y seña sobre aquella mujer cuya estancia en México arrancó más que suspiros a estos caballeros. Ojos claros y divinos, mejillas encendidas de arrebol, labios purpurinos y cabellera como el sol; esto da como resultado una rubita entre canadiense y las jovencitas del rancho mexicano, cuyos pómulos muestran sin pena las injurias del sol serrano. Para adivinar el resto, es necesario hacer un acto semiótico de los abetos y la nieve por donde habita la susodicha mujer.

Es “A pesar de todo”, canción llevada a la fama por Javier Solís, el mayor ejercicio crítico y profundamente interpretativo realizado por radioescuchas a lo largo de la historia. Él prefiere los ojos verdes y grandes; busca a la gente alegre y la tez blanca, tanto como la ensoñación, mas he aquí la descripción puntual de la enamorada que eligió: ojos negros y pequeños; piel morena y tanta dificultad para sonreír como para soñar despierta.

No estamos en posición para inquirir por las razones de semejante cambio en las preferencias, sin embargo, si mis alumnos debieran presentar un examen sobre los mensajes ocultos de esa lectura, la única pregunta sería: “¿cuánto tiempo durará la relación?”.

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02 Junio 2018 04:00:00
Itacate sin fecha
Hay una señora que en Semana Santa recalienta pavo navideño para la comida. Entre lo sabroso que es el recalentado y los muchos niños sin nada para comer en el mundo, este uso humano se ha llevado hasta los extremos.

Yo no sé de ninguna leona haciendo su guardadito de aquello que su viejo león tuvo a bien dejar en el plato. Pudiera ser, en primera instancia, porque no tiene refri; en segunda, porque ellos si aplican bien a bien lo de Dios proveerá.

Adivino: se inventó la desconfianza en la manutención divina cuando la aparición de cierta tecnología capaz de conservar alimentos. Y no, no estoy en contra de ese itacate sin fecha de caducidad, pues soy la primera en añejar tamales nuevos para comerlos al día siguiente; solo creo que, a menudo, este asunto del recalentado se lleva a los extremos o, si fuese un arte, a su máxima expresión tocando, incluso, en el albur.

Si se trata de seguridad, hay una estrecha relación entre historias de vida, cuya difícil situación económica en la infancia los lleva a exacerbar ese aprovechamiento de la comida; aunque también hay épocas que vuelven híper previsora a toda una sociedad. Mi tía dice que cuando eran niños ella y sus hermanos había en casa suficientes recursos –mi abuelo Felipe encontró un tesoro enterrado-, sin embargo, debían eficientar las existencias en la cocina al máximo y dar grandes brincos para alcanzar la canasta.

Yo tengo dos teorías al respecto: O mi abuelo era muy avaro o tenía todavía los rezagos de la época revolucionaria, cuando, seguramente, sus padres fueron testigos y protagonistas de la incertidumbre de la guerra.
Ahora bien, tratándose de fiestas, cada ser humano aporta argumentos válido para elogiar el recalentado: se come con más relajamiento ya sin la presión de los invitados -a mi mamá eso no le funciona porque todos volvemos a aparecer al día siguiente; requiere menos formalidad y pompa poner la mesa del otro día; quiere decir que sobrevivimos a la cena, o simple y llanamente, evitamos que nuestros sacrosantos progenitores nos sirvan pierna navideña el Día de la Candelaria porque “todavía sirve”.

Para victoria del mexicano, un experto en el recalentado, existen en el diccionario 92 formas de conjugar el verbo “recalentar” con sus accidentes de tiempo y modo, así tenemos otro pretexto para usar todo el año el guardadito de Navidad. Por lo pronto, yo les pregunto ¿habéis recalentado ya?

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01 Junio 2018 04:00:00
Las llaves de la casa
Si un desconocido toca a su puerta y justo al mostrarte frente a él te insulta, amenaza, ofende o critica ¿le entregaría enseguida las llaves de su casa? Antes de responder, medite sobre la cantidad de mujeres que permiten ese trato cada día de alguien que, vuelto un desconocido por su comportamiento, no solo tiene acceso pleno al hogar, sino a la vida familiar.

Entre las amigas variopintas que pueblan mi vida las hay con una férrea determinación a ser libres, con una paciencia de santas, con una tranquilidad envidiable o con un andar etéreo por la vida; pero todas ellas han establecido claramente sus parámetros para medir si la atracción por un hombre es integral, conveniente o pasajera.

“Imagínalo desnudo”, dice la más revolucionara de todas; otra insiste en hacer una reflexión previa sobre la cantidad de asuntos sobre los cuales se podría conversar con él, y una tercera hace notar la importancia de conocer sus lazos familiares y las maneras como estos afectarían una vida en pareja.

Lo anterior evidencia varias circunstancias: Son mujeres con experiencia en la vida marital y solteril, ninguna es adolescente, todas se volvieron autosuficientes en lo económico y lo emocional. Así las cosas, detenerse a seguir el protocolo que sugieren implica una madurez específica y una certeza de que hay más tiempo que vida.

Las mujeres jóvenes, solo en casos excepcionales, tienen pocos elementos y muchos pretextos para decidir si su relación con un hombre es sana o amenazante. Se me ocurre como buena idea cuestionarles cuál sería su actitud si una persona que no es su pareja tiene comportamientos como los siguientes: insulta, abandona, desprotege, despoja, amenaza, cela, vigila, apoda, humilla, critica, burla, exagera, amedrenta, controla; y si después de todo esto es un caballero, promete, se disculpa, regala y acaricia.

El sentido común y el de supervivencia llevarán a la respuesta lógica de alejarse, advertir, buscar ayuda y protección. La duda es sobre porqué causas las mujeres se quedan con una pareja violenta aun cuando ha dado señales como las anteriores o más graves aún. ¿Cuáles el perfil de ingreso a casa de alguien a quien, con toda confianza, le entregarías las llaves?


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31 Mayo 2018 04:00:00
De hombre a hombre
Dejaré por aquí una lista delatora por demás de las muchas diferencias que siguen haciendo las personas al referirse, comparativamente, al sexo femenino y masculino. Las mujeres, por una lado, quienes debemos dedicar una tercera parte de la vida a mantenernos impolutas, pintadas y lampiñas; los hombres por el otro, a quienes se les alaba todo lo contrario.

Esto es solo una muestra pequeña de la terrible realidad que nos vasalla, de modo y manera que son bienvenidos sus agregados.

Entrados en cierta edad: ellos interesantes, nosotros avejentadas

Medir más de 1,70: ellos altos, nosotros grandototas.

Cabello blanco: ellos interesantes, nosotras muy canosas.

Barba cerrada: ellos sexis, nosotras peludas.

Anteojos por la vista cansada: ellos intelectuales, nosotras acabadas.

Ropa sucia de grasa y tierra: ellos trabajadores, nosotras fodongas.

Marcas en el abdomen: ellos musculosos, nosotras al pie de la cirugía.

Zapato tosco y enlodado: ellos émulo de Indiana Jones; nosotras la réplica de Carmen Salinas en su papel de La Coyota.

Gorra con visera: ellos muestran su esencia deportiva, nosotras es sospecha de canas y sin tiempo para peinar.

Mucho tiempo frente a la computadora: ellos se adaptan a las nuevas tecnologías, nosotras somos adictas a las redes sociales.

Despeinados y sin fajar: ellos son unos genios pensantes; nosotras quedamos entre Juana liachos y ser en profunda depresión.

Todo esto deja en claro lo muy poco que hemos recorrido en el camino de la igualdad, bueno, a estas alturas ya no quiero ser igual, me bastaría con volverme invisible a fin de no ser juzgada con tanta parcialidad.


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30 Mayo 2018 04:00:00
Tomar distancia
Toda la escuela primaria tomaba distancia, previo al inicio de la jornada escolar. Bajo el sol o el frío, todos los chiquillos nos formábamos en sitios reconocidos como nuestros y estirábamos los brazos lánguidos unos, tensos otros, hasta alcanzar el hombro del compañero. Tomar distancia era cosa de alcanzar al de adelante, no hacía falta ninguna unidad especial de medida.

Excepto esa distancia escolar, todos los demás actos de alejamiento carecen de un sistema universal de medidas. Es decir, si en la fila escolar uno se permitía incluso jalonear el cabello de Olivia o estirarle la oreja a Pablo aprovechando la mano cerca de su persona, cuando la distancia a tomar es por la urgente necesidad de sobrevivir, entonces las cosas se complican.

Lo más difícil en la primaria a la hora de formarse era cierta resistencia de los compañeros a tocar el hombro del otro bajo el argumento de que suda, huele mal, tiene piojos o se apellida como si viniera de otro planeta; todos válidos en el contexto infantil. En la vida adulta, alejarse requiere de una decisión que hace sudar, ensuciarse el alma, sentirse invadido y desear ser un insensible extraterrestre.

No existe un manual con las reglas específicas para sanar con distancia un daño emocional provocado por la presencia indebida; sin embargo todos sabemos que el primer paso para la rehabilitación de los sentimientos es la lejanía. Mirar las cosas desde el interior es una forma de ir muy lejos.

Algunos adjudican al dolor de la distancia el hecho mismo de no estar el otro aquí. En realidad, el dolor sobreviene no por quien se va, sino por lo que se queda. Las rutinas de vida impregnan cada espacio, objeto, acción registrada por nuestra memoria como un hecho que debe realizarse entre dos, pero eso sucede por la sencilla razón de que no nos hemos mostrado cómo grabarnos la manera de hacerlo en solitario sin morir en el intento.

Estirar el brazo hacia adelante es una buena forma de tomar distancia. Si no hay un hombro en el cual apoyarse y de todos modos seguimos de pie, entonces estaremos listos para encontrar numerosas formas de dejar al otro y quedarnos con nosotros.


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29 Mayo 2018 04:00:00
Cirugía plástica
Mafalda preguntó alguna vez cómo hacía uno para colocarse una curita en el corazón. Frente a ella estaban imágenes de niños muriendo de hambre y su malestar era evidente; sin embargo, a la siguiente tira, su pasión desbordaba en baile escuchando a The Beatles. Esa niña mostró al mundo las formas extremas del amor.

El amor es una cosa plástica e inestable que cede con facilidad a todos cambios de temperatura. Es fiel a sí mismo en esencia, más no en estructura, de ahí que se pueda encontrar en todas las formas, tamaños, colores, texturas, olores y sabores.

No es un material para construir, digamos, una cápsula del tiempo o un edificio a largo plazo. Es más útil aplicado en sistemas ecológicos por manos expertas en el reciclaje, porque se requiere talento específico para reciclar semejante material y saber qué hacer con la siempre nueva consistencia del amor, material que mantiene la química en su constitución atómica intacta, pero renueva constantemente su apariencia física y engaña, es tan instable como las explosiones fugaces que dan pie a la existencia del agua.

El amor es personal e intransferible, se construye voluntariamente por una fuerza directamente proporcional y en sentido contrario, aunque muchos acusen a un tercero de haberlo generado; en realidad, el otro solo funge como una provocación al cambio.

Tener éxito permanente en el amor requiere un perfil de ingreso complicado. Se exige la capacidad para reconocer sus señas aun en la oscuridad o entre la luz excesiva; creatividad bastante para ofrecerle formas nuevas cada vez; agudeza visual, verbal y auditiva para percibir su presencia aun cuando se haya convertida solo en forma, en voz o en sonido.

No tengo la información precisa sobre el origen del amor, sin embargo sospecho que ha sido la volatilidad de la emoción humana la causante de que se haya vuelto camaleónico, al mismo tiempo para retar nuestro intelecto que para mantenerse a salvo.


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26 Mayo 2018 04:00:00
La culpa es del autor
Hay autores físicos e intelectuales. Los hay autores de toda clase: Artistas, delincuentes, papás que lo son, respectivamente, de una obra, un crimen o un graciosa personita.

Es autor “el que es causa de alguna cosa, el que la inventa” dice el Diccionario de la Real Academia Española, de ahí mis argumentos para bautizar así a quien crea una gran obra o realiza enorme fechoría.

Busqué por cielo, mar, tierra y restaurantes una definición a propósito de lo anterior: Cocina de autor. En el internet aparecen cosas como estas:
1.- Es la armonía y la estética aplicada en el uso de las materias primas de cada zona o país, lo que rompe con todo lo establecido.

2.- Es la búsqueda de nuevos sabores y nuevas texturas y a su vez, es el rencuentro con sabores ya establecidos en nuestro subconsciente.

3.-Es la madurez creativa de la cocina del último siglo.

Los grandes restaurantes y hoteles de cadena presumen, entre sus servicios para gente VIP, cocina de autor como sinónimo de altos vuelos y hartas estrellas. Y en efecto, es posible encontrar en esos lugares platillos con una presentación impecable, creativa y original, es decir, irrepetible.

Consciente ahora de su definición, paso a comentar lo siguiente: Si a esas vamos, la cocina de autor la encontramos también en nuestra memoria casera, porque no me dirán que las inigualables tortas de papa fabricadas por nuestra madre no eran de autor, y eso lo constatamos al andar por la vida probando otras en busca de ese sabor y vemos con desgano que no es posible encontrarlo.

¿Qué puedo decir del caldito de pollo de doña Mary –que Dios la tenga moliendo cominos con ajo- o el bistec con papas de Malena? No los hay iguales, presentados humeantes, con su salsa martajada. Mismo asunto son las tortillas de maíz hechas por Guadalupe y las donas azucaradas de Carmelita.

Conclusión: yo tengo una nueva definición para la cocina de autor. Se trata de un conjunto de platillos cuyos autores son capaces de agregar sabores tales que nos signan de por vida, ponen en la confección una parte de sus personas, pues es inevitable traerlas a la mente en cuanto la añoranza de su mesa vuelve a hacernos de las suyas.

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25 Mayo 2018 04:00:00
Nos incitáis al mal
El compromiso de la mujer moderna, liberada, en pleno ejercicio de la igualdad, tuvo un incremento directamente proporcional a sus exigencias. Esto no va a parar, pues cada vez se encuentran más resquicios en donde se ha fosilizado la idea despectiva hacia el género femenino; sin embargo las concesiones sociales siempre llevan compromisos públicos –y curvas exigidas- que no siempre seremos capaces de cumplir.

La apariencia es en la mujer productiva lo que el plumaje al pavorreal; sin él, no conquistará siquiera a la hurraca más modesta. Por conquista entiéndase una amplia gama de acepciones: Pareja, ascenso, crédito, credibilidad. Cada vez más pública, la mujer aceptó, por implícito, el compromiso social de ser un modelo, y como tal, deberá apegarse a las exigencias que se fueron concedidas cuando obtuvo sus derechos.

En el tema del físico no veo cómo las mujeres pueden alcanzar ese descarriado tren de vida cuyo fundamento central radica en lo de afuera, en la primera impresión; el resto es discutible, incluso perdonable.

Mantenerse una dama con las curvas necesarias para ocupar páginas públicas enfrenta retos que van de los celos, la envidia, la inseguridad, el machismo y la clase social. Parece ínfimo el impacto, pero en familias encabezadas por parejas trabajadoras establecer rutinas que les permitan bajarle al azúcar, a la sal –como pide el PrevenIMMS- es un acto de malabarismo. En contraste, una mujer con recursos e interesada en mejorar su apariencia requiere de otro factor: Un esposo seguro de sí mismo, quien asuma el atractivo de su mujer como un plus tras el matrimonio y no como una amenaza.

La afirmación anterior tiene un sustento. La encuesta nacional sobre violencia en el noviazgo tiene entre sus rubros principales de indagación preguntar si la pareja la violenta física, verbal o sicológicamente por su apariencia y/o su manera de vestir. Chantajes, insultos, pellizcos, bofetadas reciben mujeres con una firme pretensión de tener buena imagen pública, pero en privado, la actitud es considerada como retadora o malintencionada.

Si bien Sor Juana Inés de la Cruz recibió violencia de género en su momento no fue por andar mostrando el atractivo visual, sino el de su intelecto, y este le dio a saber que el hombre incide bastante en un “comportamiento reprobable” cuando empuja constantemente a la mujer a rebelarse.


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24 Mayo 2018 04:00:00
Más allá del huevo
El otro día, hace muchos años, un nutrido grupo de personas se encontraban en un puerto inglés esperando el arribo de un barco mercante. Mucho antes de lo esperado todos corroboraron la presencia cada vez más cercana de un buque más grande y ostentoso; intriga y gusto los invadió hasta el momento cuando esa emoción se trocó en perplejidad y pena: El navío nunca llegó al muelle, simple y sencillamente desapareció.

Esa fue una sumaria narración de cierto hecho real en Inglaterra. Imagino a los testigos hablando del tema durante mucho tiempo, sacando conclusiones entre las cuales jugarían un papel importante Dios y el diablo; sin embargo, la constante debió ser esta pregunta: “¿verdad que sí lo vimos?”, pues la única manera de corroborar lo verdadero una sociedad es cuando hay consenso.

El huevo me viene bien para abordar el tema, sobre todo aquellos “blanquillos” manipulados por Rosita –la usada- cuando alguien manifestaba mal de ojo indiscutible en sus desvelos, sustos y manías. (Aclaro que el adjetivo para la mujer es porque en casa teníamos también a Rosita, la nueva).

Cuando un niño presentaba sudores, vascas e insomnios, aparecía Rosita con su bolso blando conteniendo una gran cantidad de artilugios ni siquiera pergeñados por nosotros como instrumentos de alivio: Pirul, alcohol, perfume y un huevo. Se escanciaba el perfume sobre la persona, se restregaba el alcohol en la nariz y el huevo recorría de pies a cabeza la anatomía del afectado quien debía contestar de cuando en cuando que seguía ahí, que no se había ido.

Al terminar, Rosita quemaba el pirul desdentado de tantos ramalazos aplicados en el tratamiento, sentaba al perfumado enfermo y rompía el huevo para vaciarlo en un recipiente hondo pero con boca ancha. Irremisiblemente aparecía ahí el mal; en el centro de la yema quedaba un punto rojo, o verdoso, o blanco o nada; es más, la mayoría de las veces nunca encontré el rostro del enemigo ni en la clara, pero la convicción de la curandera, de mi madre y mis hermanos mayores eran suficientes para convertirme en testigo de cuánto sigue existiendo el mal en este mundo.

Con el tiempo he pensado lo siguiente: A menudo el mal escapaba al huevo y las personas lo encuentran en lugares espantosos, manifestaciones inexplicables, animales irracionales e, incluso, en las personas mismas. El secreto consiste en creerlo uno y convencer al otro, ese acuerdo social basta para construir nuestros monstruos personales.


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23 Mayo 2018 04:00:00
Inédita por aburrida
Agradeceré que me ayuden a decidir si tener un affaire, consumir alguna droga, declararme medio heterosexual, o algo así, porque de otra forma nadie dará crédito a mi biografía, hasta ahora, inédita, por aburrida.

Hice un recuento de mi existencia; llega un momento en la vida de toda mujer cuando nos preguntamos respecto del pasado, presente y futuro. Sea que hayamos tenido hijos, plantado árboles y escrito tantos artículos como 20 libros juntos… nada somos si nuestra vida no es una vitrina digna del sello redondito “best seller”.

Nada más vean la sonrisa del Schwarzenegger, la naricita de Carmen Campuzano y las uñas de Niurka Marcos, todos ellos son un “modelo a seguir”, pues con sus actos tan bizarros lograron colocarse en el “hit parade” de las librerías en el continente americano.

Claro, si buscara lectores en Francia, pudiera publicar algo versado en lenguaje; si en Alemania, sobre investigación; si en Estados Unidos, acerca de cómo un perro me salvó la vida, si en México, cómo me ocurrió el peor desliz de mi vida.

La verdad, es poco alentador saber que el mundo está tan interesado en las vidas personales de terceros que cualquier hijo de vecino se convierte en escritor de la noche a la mañana, baste con incluir en sus capítulos temas sobre sexo con conocidos.

Yo recuerdo que en la década de los 80, un poeta que se preciara de capaz e inspirado, debía incluir términos que aludieran a la relación sexual, y no precisamente los más culteranos: Se dio rienda suelta a lo coloquial, y así, escribir poemas era tan fácil para ellos como ir a la cama con los otros. Debo decir que algunos se quedaron allí: En la coloquialidad y en la cama, haciendo intentos por convencernos sobre sus habilidades de creadores.

Como poesía no voy a escribir, entonces pensaré en la posibilidad de mi “best seller”, quizá cuente cuando me perdí en el centro de la ciudad siendo una niña y mi valor y mi llanto estentóreo ayudaron a encontrar a la madre descuidada; o bien, podría contar la vida y palabrotas de esos poetas que les digo, seguro ellos sí me compran un ejemplar.


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22 Mayo 2018 04:00:00
La chica inflable
Hace años leí la novela “Amor Portátil”, de Kalman Barsi, una historia durante la cual un par de creativos socios instalan el primer centro de refocileo carnal con mujeres de plástico. Visto a través de los años, la historia resultó ser profética: Las emociones ahora tienen surtidores artificiales en apariencia más eficientes que los erráticos humanos.

Alonso y Tulio, los protagonistas de la novela llevan por Sudamérica su portátil y prometedora empresa, sin embargo, la realidad atropella los planes sin importar la brillantez de su ingenio que ofrecía amor libre de infecciones, de pecado y de embarazos. Hoy en día, un amplio porcentaje de la población acaba por cobijarse con amores inflables que se pinchan con relativa facilidad.

En México, 45 por ciento de las mujeres no tienen pareja, por lo menos oficialmente registrada; de esa cantidad, poco más del 31 por ciento están solteras. Esto da como resultado que de los 127 millones de mexicanos, la mitad son mujeres y de esa mitad, aproximadamente diez millones resuelven sus asuntos de amor desde su placo de viudas, divorciadas o separadas.

La falta de respeto mutuo es la causa principal de los divorcios, como se adivina, dentro de este rubro caben mil y una formas de suceder. La infidelidad real o supuesto, y la violencia verbal que arroja, ocupan el hit parade de los fracasos matrimoniales, lo que acaba por construir en las personas una gran bodega vacía en donde se recibirá afecto de mil amores.

Ante una circunstancia como la anterior, piense usted en una persona solitaria a quien todas las mañanas se le despierta con un amable mensaje sobre las precauciones que debe tomar por la lluvia prevista, frases de amable saludo y un evidente interés por asegurarse que al destinatario no le hace falta algo, y si lo requiere, acompañarlo en la búsqueda y la consecución. ¿Quién no se enamoraría del emisor?

Estos amores modernos vienen en pantallas planas, con sistema Android y cámara súper equipada. Es imposible no amar a quien incondicionalmente está de nuestro lado, así su corpulencia sentimental se pueda pinchar apenas toque el agua, se le acabe la batería o sea descontinuado. En fin, así como Alonso y Tulio inflaban a otra chica, hoy en día solo se adquiere un modelo más reciente y el problema queda resuelto.


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19 Mayo 2018 04:00:00
Amor y distancia
El amor debió ser inventado por un historiador. Poniendo en consideración la materia prima con la cual construyen su disciplina, queda claro que el espacio y el tiempo son los elementos aglutinadores de esta emoción hecha en pedazos.

El lugar de coincidencia detona el encuentro, pero el momento oportuno dispara la atracción y el encuentro. Surge en la tierra correcta y sobrevive en el periodo adecuado hasta su floración, sea de hoja perenne o caducifolia.

Entonces, el amor debió ser inventado por un biólogo. No cabe duda que las etapas vitales en donde transita el amor se parecen bastante a los ciclos naturales de cualquier ser vivo, es decir, nacer, crecer, reproducirse y morir. Aunque hay quien afirma experiencias indomables de amorosa melancolía aunque el otro habite una dimensión distinta.

Podría decirse luego que el amor fue inventado por un físico. Las formas en las cuales se transforma el amor no parecen amenazar su química, pero sí los efectos sensibles que produce y se provoca, a tal grado de comportarse como un animal distinto entre su estado natal y su madurez, cosa difícil de explicar con ecuaciones científicas, apenas sí con algunas palabras.

Así las cosas, tal vez el amor lo inventó un lingüista. Colocar en frases un sentimiento imposible, cuando se manifiesta en modos contrarios, luego transformarlo en viable para, finalmente, valorarlo como finito, es asunto que logran apenas los muy buenos literatos.

Luego, el amor debió ser inventado por el hombre, porque lleva al sentimiento más allá de las palabras y lo imagina, lo recrea y lo mejora. La mayor ventaja de poner el amor, el tiempo y la distancia en el mismo enunciado es que el apego se mantiene intacto hacia la persona, cuya imagen también se encuentra eternizada en un rostro que la Penélope de Serrat sí podría reconocer tras de su espera en la estación del tren. Esto nada más la esencia humana lo pudo lograr.

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18 Mayo 2018 04:00:00
Epopeya con alfombra
Fiona esperó al príncipe encantador por quince años. Cuando su salvador arribó hasta la torre en donde estaba prisionera, ella pidió, además del pañuelo, un poema épico; él se lo negó por razones varias: no era el novio oficial, lo quemaba los talones una dragona y lo más difícil de entender, era un ogro.

El cambio obrado en Shrek no fue producto del amor ni de la poesía épica, sino de la época. Él era un inspirado ser con dotes para el diseño de interiores y la comida gourmet; que la sociedad pueblerina circundante no lo entendiera, ese no era su problema, porque en esencia él era un caballero y su hazaña una epopeya única en su clase.

Las epopeyas parecían cosa del pasado ante una realidad innegable: Extintos los caballeros andantes, reconocidos como genios los Quijotes, agotadas las batallas cuerpo a cuerpo y desaparecidos los personajes heroicos no había, al parecer obras literarias para contar en verso las hazañas de personaje alguno como origen de una estirpe.

Así como Shrek acabó con esa creencia, fundando toda una pléyade de héroes feos, fuertes y formales, la literatura visual que inunda hoy en día la fantasía del mundo con artes espectaculares. Si Gilgamesh fue en el pasado, ahora Avatar narra el origen alterno para una forma de vida; si Odiseo volvió de entre los monstruos y las mujeres, Thor se ciega y se recompone en distintos universos.

En mi más tierna juventud, lo más cercano a una epopeya era la vida de Remi, un chico “prestado” a cierto músico anciano para convertirse en su lazarillo. Sus andanzas provocaban más que la admiración por un héroe en ciernes, las lágrimas del público ante la imposibilidad de echar una manita a ese chico triste y solo.

Las epopeyas modernas -con la lógica filosofía del villano y simple principio del héroe- vienen con “dolbi stereo” y “surround sound” y se pueden ver desde la comodidad simple de la sala general hasta la superficialidad de la zona VIP. Eso sí: la quinta dimensión sigue siendo exclusiva para las epopeyas escritas con todas sus letras


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17 Mayo 2018 04:00:00
Pecado de omisión
De frío a caliente, el termómetro de la violencia contra la mujer es un claro listado de las muchas vías como la agresión se puede presentar en una relación de pareja. Pienso cuánto esa misma colección de barbaridades pueden atentar igualmente en contra de un varón.

La mujer mexicana, como sea, ha encontrado “contrargumentos válidos” para desviar el calor subido de las agresiones recurrentes en su contra, casi siempre con la espada de la tradición. Enseguida muestro los diferentes grados de violencia y lo que mi tiempo sobre la Tierra –y considerando que he sido mujer todos mis 50 años- y las justificaciones facilonas que nos llevan a momentos complicadísimos.

Si te hace de menos, es porque está muy ocupado; si te cela, es a razón del mucho amor que te tiene. Si te grita, ridiculiza o culpabiliza, es porque no lo has comprendido, si te ignora, es porque sabe que eres tan fuerte.

Si te insulta y chantajea, es porque resultó ser muy emocional; si te controla el celular, los correos, las redes o tus salidas, es porque está preocupado por ti. Si te amenaza, es porque no has respetado sus propias decisiones; si te aísla de tu familia y amistades, es a razón de querer estar mucho tiempo contigo.

SI te hace sentir miedo, es porque creció en una familia difícil; si te agarra, empuja, abofetea o golpea es porque lo educaron en un ambiente de violencia. Si te toca de forma que no te gusta y obliga a prácticas sexuales no deseadas o te viola, es porque resultó ser muy apasionado. Ahora bien, si atenta contra tu vida, es porque cuando se enoja no entiende razones.

Si todo esto es verdad, como una gran cantidad de mujeres quisieran hacerlo parecer, el ser víctima de acoso, humillación, agresión física y sexual, es porque estamos seguras de merecer eso y nada más.


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16 Mayo 2018 04:00:00
La rajita de canela
Una rajita de canela, decía la receta. La sola mención del ingrediente desataba un torbellino mental en la cocinera, quien debía atar los demonios de la añoranza y la melancolía para no escanciar el platillo con lágrimas no previstas.

A diferencia de la sal, que aparece en cuarenta versículos bíblicos, la canela solo protagoniza cuatro. Aquella es el condimento de la vida común, pero esta se reserva para la opulencia y el detalle; una la blanca necesidad, la otra, un oscuro deseo.

Traída de Sri Lanka, los mexicanos nos la apropiamos y hemos regresado al mundo medio centenar de platillos en donde su presencia distingue entre la perfección y el desamparo. Además, ha crecido con nuestra historia: Va de la mano con las abuelas y las madres; las hijas tal vez ni siquiera la conozcan: Hace tiempo la canela dejó de serlo.

Algunos dicen que nos dan acacia por canela, otros aseguran estar tomando raíces secas e indeterminadas, pero lograr el aroma arrojado por el hervor de una varita parece encontrarse, en estos días, solo en el mercado negro de la comida evocadora.

El ingenio humano, confrontado consigo mismo, ha desarrollado tantas formas de falsearla como de encontrarle la falacia: China siembra la canela falaz, el mercado desea acostumbrarnos a tomar un producto picante, se han desarrollado plantas a las cuales se les adicionan químicos para disfrazar la pieza. Como sea, es inviable viajar con el cargamento para descubrir su origen, eliminar el picor o tener un laboratorio en casa.

Tal vez, solo tal vez, así como los narcóticos adulterados llevan a una visión distorsionada y tensión muscular, probablemente la canela falsa nos arroje al delirium tremens de no poder distinguir a la abuela de Satán en el recuerdo liberado por sus aromas.

Extraño la canela.


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15 Mayo 2018 04:00:00
Eso es todo
Me tomó dos largos segundos el combate interno frente Sanborns. Solo un protector solar, nada más eso debía comprar, por lo tanto, no veía razón alguna para temer por la integridad de mi muy aporreada cuenta bancaria. Así las cosas, empujé la puerta de cristal. Después, ya nada fue igual.

El destino presupuestal de una mujer vanguardista es la mejor forma de ejemplificar lo churrigueresco si quisiera explicarse al neófito. De lejos, parece un claro y lindo entretejido, pero visto muy cerca, se convierte en intrincadas ramificaciones de un centro común, es decir, la mujer misma.

Las listas de compras dan apenas una pista muy superficial de lo que digo, porque una cosa es planificar las adquisiciones futuras y otra es el acto mismo de acrecentar las necesidades en un momento emergente. Así, al lado de la leche fresca y la mantequilla, van las chanclas de baño, champú, perfume fino, tapa del fregadero, conector para el riego exterior, chocolates, vinos y libros, muchos libros.

Tras la rama gruesa de los libros se derivan otras claramente independientes. Una pudo agotar su presupuesto en libros para el trabajo, pero eso no suple a los necesarios para estudiar un posgrado, además, están los de cocina, pues una dama moderna es una empírica chef. Ahora bien, se es esposa y madre, falta adquirir los textos que explican la realidad desde la filosofía, la historia, la sociología, la pedagogía.

Los libros clásicos son compras extraordinarias, las cuales cada vez se vuelven en pecados reiterativos pues las editoriales se empeñan en publicar clásicos modernamente presentados con ilustraciones antiguas retocadas de muy moderna manera.

Volviendo al principio, les decía que entré a Sanborns, necesitaba una pantalla solar. Atravesé el pasillo de los libros cual una paloma que cruza el pantano y se enfanga toditita, y al llegar a la farmacia me dijeron que no había pantalla solar. Me fui a la caja escondiendo el rostro para que nadie descubriera la vil forma como había caído en la tentación otra vez.

El muy solícito cajero se acerca y me dice, con un tono inolvidable: Eso es todo, su rostro se transfiguró en demonio y la frase coloquial convirtiose en un sarcasmo. Así que dije:

No, agrégueme la revista Aalgarabía.


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11 Mayo 2018 04:00:00
En la intimidad
Así como velar a los difuntos, las celebraciones también tenían como escenario la casa familiar. Abrir las puertas de la casa al mundo era una forma de ofrecer su espacio el recién fallecido, en el primer caso, y de mostrar la opulencia de la que se era capaz cuando de festejar se trataba.

La gente “apurada”, como decía mi papá tenía guardado un discurso para esas ocasiones; en él aparecían concatenadas dos ideas básicas: La pobreza innegable, el esfuerzo inigualable. Así y todo en la pobreza, se era capaz de conseguir suficiente efectivo para exhibir que el amor por el festejado no tiene precio ni límites de endeudamiento ni pedigüeñería.

Las bodas en el rancho –todavía vigentes en algunos casos- eran, necesariamente, en la casa paterna. El mismo patio donde se persogaban caballos, degollaban marranos y cacareaban las gallinas quedaba replanado con agua y escoba, techado con ramas y escanciado con vinos cuyo origen era la providencia, porque jamás en la vida de los festejante se lograba reunir tanto dinero como para pagar semejante cantidad de bebida.

Las novias, todavía en la adolescencia, se metían en vestiditos blancos como para la primera comunión y bailaban pasadita la media noche, porque la rato estaban tendidas en la cama de los anfitriones, mezcladas con chiquillos y bebés quienes aprovecharon la parada de la música para declararse vencidos por el sueño, dejando las muchachas para la siguiente ocasión su noche de bodas.

Los cumpleaños también se celebraban en casa. Se organizaban juegos en el patio cuyo marco se construía con sillas variopintas prestadas por los vecinos para ser las suficientes; en las fotos conmemorativas aparecen los respaldos tallados o los tejidos reventados de tanto uso y fiesta. Los adobes descascarados daban fe también del mucho esfuerzo de un padre por festejar a su hijo así el hogar se viniera abajo.

Incluso los quince años tenían lugar en la sala. La entrada con la corte festiva se hacía desde la puerta del patio, cruzaban la cocina damas y chambelanes para dejar el centro de la habitación libre para el vals, por lo menos, lo más libre posible entre una cama vuelta de costado y el pino con nacimiento si la quinceañera tenía el fatal sino de cumplir en diciembre.

Las fiestas de salón estaban reserva das para los pudientes. Luego hubo sitios en renta para todos los presupuestos, pero se necesitó todavía bastante tiempo para entender que hacer la fiesta afuera no la hacía una fiesta ajena.


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10 Mayo 2018 04:00:00
Gorda de gusto
La felicidad inspira muy poquito y engorda demasiado. Nunca se ha vuelto clásica la historia de un rotundo ser rebosante en contento y calma.

Las madres históricas han tenido derroteros terribles y dolorosos. Vayamos de María, la madre de Jesús, hasta la nana negra María Dolores, la madre adoptiva en “El derecho de nacer”; encontraremos mucho sufrimiento y pocos ratos de satisfacción. Como vieron, opté por una temporalidad conservadora para terminar por la tercera mitad del siglo pasado, pues en adelante baste con enumerar las lacrimógenas y reiterativos culebrones con la Rufo.

Las antes mencionadas son personajes, cuyas tragedias fueron urdimbre para grandes narraciones, pero bien podríamos pasar a la vida real en donde encontraremos otros dramas tan vívidos que parecen –y algunos se han convertido- una buena novela cuyo final aún no se escribe.

Isabel Allende es un buen ejemplo: Mujer revolucionaria, esposa contestaría y madre sufriente. Los pasajes más difíciles en su vida la llevaron a producir lo mejor en su saga literaria. Jo Rowling, la madre literaria de Harry Potter, debió pasar las de Caín para inspirarse, con urgencia monetaria, en una historia vuelta un clásico moderno.

Frankestein, la novela, fue creada por Mary Shelley, una dama inglesa cuyo marido casó con ella en segundas nupcias, pues la primera esposa se suicidó. El hombre tuvo fama de mal poeta y buen bribón quien maltrató a su mujer hasta que la naturaleza tuvo a bien llamarlo, pues murió ahogado. Ella vivió el resto de su vida con el único hijo sobreviviente –de tres- y el corazón del extinto viejo envuelto en un pañuelo.

“El tema a discutir es que mi inferioridad me cierra una puerta y otra y otra por las que ellos holgadamente atraviesan para desembocar en un mundo luminoso, sereno, altísimo que yo ni siquiera sospecho y del cual lo único que sé es que es incomparablemente mejor que el que habito, tenebroso, con su atmósfera irrespirable por su densidad…. El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre; se llama cultura”. Esto lo escribió Rosario Castellanos, también una madre con vida laberíntica, doliente y luminosa.


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09 Mayo 2018 04:00:00
Hotel de ochenta
Cuando empecé a viajar era posible alojarse en hoteles familiares cuyo costo alcanzaba ochenta pesos por huésped; incluían una cama con la proverbial colcha de gusanos, un buró y cierto baño completo sin toalla ni jaboncitos. Pagar ciento setenta y cinco pesos era un lujo inalcanzable para la mayoría de mis conocidos, y si llegué a pernoctar por ese precio fue gracias al estado magnánimo del contador quien administraba los viáticos por viaje laboral.

Ocasionalmente, en Chachalacas, Veracruz, me vi obligada a hospedarme en un motel por horas: La temporada alta, mis escasos recursos económicos, la avanzada noche y el cansancio extremo justificaron mi decisión. A diferencia del dilema moral que libré por tres minutos, el recepcionista del establecimiento enfrentó uno mayor, pues debía hacer el cálculo sin precedentes de una clienta solitaria e insistente en ocupar la habitación durante ocho horas.

El tiempo mínimo a pagar era por dos horas -treinta pesos- y máximo durante seis -ochenta pesos. Aunque insistí en hacer una multiplicación sencilla a razón de quince pesos la hora, él se negó argumentando que las horas aumentaban su costo conforme el huésped se quedara más tiempo, y no a la inversa; en esa ocasión recibí la más profunda clase de economía pasional. La cuenta quedó en cien pesos cerrados. Pasaron ya veinticinco años de aquella hazaña.

Ayer vi sobre la carretera un anuncio, espectacular no por su tamaño o su dinamismo, sino por la información: Ochenta pesos la hora y dos por ciento cincuenta. El lugar parece mucho mejor equipado que el otro de hace un cuarto de siglo, sea cual fuere la actividad a realizar en él, sin embargo, si consideramos la inflación y el tiempo, la pasión parece haber sufrido una depreciación significativa.

A sabiendas de cómo a ciertas personas nos lleva toda una vida en identificar si aquella cosa es amor o no lo es, tasar el tiempo a 80 pesos la hora me parece una devaluación sin mejores esperanzas ni mayores promesas.


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05 Mayo 2018 04:00:00
Todo con medida
El hombre es la medida de todas las cosas, dijo Pitágoras en sus elucubraciones rumbo a tomarse algún vino con otros filósofos auspiciados por el genio y la cultura griega. Quiso decir, si nos ponemos a traducir de un español a otro, que las medidas humanas acaban por ser relativas a cada sujeto; esta verdad palmaria la descubrieron, demostraron y combatieron hasta la fecha grandes empresas como Urrea y Rugo que sin importarles el genio, invirtieron su ingenio para mostrarle al hombre que en cuestión de medirse, es un desmedido.

Si partimos de este principio: “el hombre es bueno por naturaleza pero la sociedad lo corrompe”, tiene sentido el que durante siglos se haya dejado al libre albedrío de la humanidad el uso y abuso de los recursos naturales, en particular el agua, principalmente en América Latina, en donde fuimos bendecidos con grandes caudales pero nos castigaron con pequeñas conciencias.

La proliferación de llaves para lavabo, regaderas y sanitarios con sistemas dosificadores de agua muestra cómo, por sí solos, no fuimos capaces de calcular la justa medida la cantidad del líquido necesario para cada acción. Aunque los mililitros expulsados han sido cuantificados estadísticamente hablando, el uso y costumbre lleva a las personas a considerar el ahorro de agua o una lata o una muestra de avaricia empresarial.

Numerosos gimnasios colocaron también regaderas dispensadoras con chorros mínimos necesarios para ducharse como Dios manda: Ni baño vaquero ni sauna romano. Sin embargo, si entra usted al área de damas a las ocho de la mañana, escuchará las más variopintas expresiones sobre la escasez de agua y la abundancia de jabón en ciertas partes de su anatomía.

Platón consideró la medida como un arte que tasa número, largo, altura, ancho y velocidad, pero también lo describió en relación al justo medio, a lo conveniente, a lo oportuno, a lo obligado, a lo que está en el medio de dos extremos. En síntesis, la consideró como la base para el orden y la armonía de las cosas.

Lo que no consideró el popular filósofo fue que el ser humano, tratándose de guardar las dimensiones, acaba casi siempre por irse al baño.

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04 Mayo 2018 04:00:00
La buena y la mala
Cuenta mi madre cómo tuvo la fortuna de ver la lluvia de estrellas más tupida en la historia de nuestro cielo nacional. La primera vez, esa narración tuvo un amplio impacto en mí, pues ella usó las atinadas metáfora “parecía como si el cielo se viniera encima” para que yo tuviera un sentimiento encontrado entre estar deseosa por ver un acontecimiento tal y sumamente temerosa porque, tal vez, el cielo sí estaba dispuesto a caer sobre mi persona en caso de mal comportamiento.

Casi me era posible mirar cómo las abuelitas, tías amorosas y padres idos prematuramente se cernían sobre mi cabeza si fuese yo testigo de una lluvia estelar. No usó mi madre ese cuento para mantenerme a raya, pero le dio buen resultado.

Les narré lo anterior solo por nostalgia, porque hoy en día lograr que los niños y jóvenes guarden las formas no basta con un amenazante acontecimiento celestial, tampoco con terribles posibilidades divinas y diabólicas, mucho menos con viejos del costal. Estos muchachos de hoy saben demasiado y podrían defenderse con un cálculo muy preciso sobre la escasa probabilidad de ser alcanzado por un meteorito o basura estelar.

Es más probable encontrar a un chamaco en pánico, construyendo un gorro con papel aluminio, por la llegada –programada mediáticamente- de extraterrestres poco amables. Las fechas, los sitios y sus coordenadas se publican con una certeza indiscutible. Las amenazas tradicionales han quedado descontinuadas.

Asustarlos no es bueno, dirán los modernos sicólogos modernos, sin embargo, considero relativamente bueno que le temieran a algo, algo que no sean ellos mismos, hoy por hoy su peor amenaza, como muestran los noticieros plagados con disparos a escolares, agresiones entre muchachos o suicidios inexplicables para los adultos.

Tener miedo es un acelerador con embrague: Permite ir más rápido si se han pisado los pedales correctos. El asunto es cuánto se han diversificado los motivos para temer que no parece haber un freno suficiente para la irrealidad.

La oscuridad, el gato negro, Santaclós mirándonos, los abuelos viéndonos desde las estrellas, un costal vacío, toda esta fantasía dejó de ser amenazante pues fue vencido por una realidad terrible e imparable.


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03 Mayo 2018 04:00:00
Pollo pasado
Los huevos de gallo-gallina que suelen poner las aves campiranas siempre fueron para mí un misterio insondable. El tema se ofreció arisco cuando hablamos de sexualidad en la escuela pues ofrecía aún una dificultad anatómica; ahora que ya soy grande, ese asunto sigue en mi lista de pendientes filosóficos.

Mucho me tranquiliza saber que no soy la única en estos intríngulis de la filosofía coloquial, hay quienes invierten bastante tiempo en pensarlo, y con profundidad y conocimiento, sépanse ustedes. Un buen ejemplo es el siguiente texto que, resumido, muestro a ustedes, pues el original tiene kilómetros de historia científico-filosófica-pedagógica-moral.

La pregunta inicial es: ¿por qué el pollo cruzó la carretera?

BUDA: Preguntar eso niega tu propia naturaleza de pollo.

SÓCRATES: ¿Sabes qué es un pollo?

ARISTÓTELES: Está en la naturaleza de los pollos cruzar la carretera.

HIPÓCRATES: Debido a un exceso de humores en sus páncreas.

CRISTÓBAL COLÓN: Para ir donde ningún pollo ha estado antes.

DESCARTES: El pollo cruzó la carretera y luego existió.

SHAKESPEARE: Para ser.

NIETZSCHE: El pollo ha muerto... ¡Viva la carretera!

DARWIN: A lo largo de grandes períodos de tiempo los pollos han sido seleccionados naturalmente de modo que ahora tienen una disposición genética a cruzar carreteras.

ALBERT EINSTEIN: Si el pollo ha cruzado la carretera o la carretera se ha movido debajo del pollo depende de tu marco de referencia.

SIGMUND FREUD: El hecho de que estés preocupado porque el pollo cruza la carretera revela tu inseguridad sexual.

PAULO COELHO: El universo entero conspiró para que el pollo cruzara la carretera.

MARTIN LUTHER KING: Veo un mundo en el que todos los pollos serán libres de cruzar la carretera sin que sus motivos se pongan en cuestión.

FIDEL CASTRO: Los pollos solo podrán cruzar dentro de los límites de este país, y solo cruzarán si los persigue un yankee.

BILL GATES: Acabo de lanzar el nuevo Windows Chicken Office 2007, que no solo cruza carreteras, sino que pone huevos, archiva tus documentos importantes y encuadra tus cuentas.

STALIN: Hay que fusilar al pollo inmediatamente, y también a los testigos de la escena y a diez personas más escogidas al azar por no haber impedido este acto subversivo.

SOPORTE TÉCNICO: “Yo desde acá no veo que haya cruzado la calle. Resetea el pollo y si sigues viendo que cruza, formatea la carretera”.


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02 Mayo 2018 04:00:00
Cinco pollitos
Cuando el hit parade musical presume en su lugar más alto a un grupo de cinco muchachos cuyo nombres es Cinco, y está vendiendo millones, entonces sabemos que la sociedad, si no ha tocado fondo, sí anda ya por los refajos.

El refajo era un intermedio colocado sobre el fondo para evitar que las mujeres fueran demasiado sugerentes con sus vestidos. Un hombre llegando a los fondos, tenía claro que no había vuelta atrás. Como sea, ese asunto de escudriñar por tantos nieves debió ser una excitante aventura.

Trasladado al plano social, asomados los refajos de la cultura, la perspectiva no es tan alentadora como en el caso de la relación hombre-mujer, pues a diferencia de esta, cuando viene el clímax, aquella tuvo por punto álgido sus inicios, de modo que lo venidero promete más tristeza que culminación.

El grupo de marras está compuesto por cinco proverbiales jóvenes reunidos en un grupo musical: Bonitillos, variopintos, con voces estándar que permiten un hip hop o un reguetón. La letra explica cuánto desea un hombre a su chica, tan maravillosamente como lo hacen los ciento cuarenta y nueve mil temas de reguetón registrados en los últimos tres años.

El nivel de fama que los trae por el mundo demuestra las preferencias por las cuales se inclina el público joven, principalmente. No me atrevería siquiera a sugerir nada al respecto: A nuestros muchachos les hemos dado televisión abierta, cincuenta canales de paga con los mismos videos, léxico disminuido y violento y reguetón, mucho reguetón. ¿Cómo exigirles una cultura profunda cuando se les hemos negado?

Cuando los adultos abordan el tema de los muchachos superfluos, de cuánto las formas culturales fueron de la admiración respetuosa a la facilidad vulgar, no agregan una propuesta. Los diversos mundos de la cultura siguen ahí, tal parece que a nuestros jóvenes sencillamente se les ha prohibido conocerlos tan a fondo que les encuentren sentido.

CiNCO –pronunciadas las siglas en inglés- es el nombre del grupo, más que, igual al resto, solo vendrá a dejar menos.


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27 Abril 2018 04:00:00
El botecito
Soy moderna musicalmente hablando. Nada más y nada menos ayer en la mañana agregué a mi bagaje musical un texto profundo y propositivo que dice más o menos así: “Mueve tu botecito, mami, mueve tu botecito”, ritmo además bastante cantábile y bailábile en el gimnasio.

Camino a casa, un caballero joven tuvo a bien iluminar mi ignorancia con otra canción maravillosa, que trata sobre los altibajos en la existencia humana: “Cambié las chelas por el coñac, ahora prestigio tiene el viejón, y del batillo con el que andabas soy el patrón”, cantó un fulano de voz aguda desde el auto estéreo.

Sí, señor, es puro sarcasmo. Tampoco quisiera llevarlos a ustedes hasta las profundidades acapulqueñas de Agustín Lara, pero creo que todo tiene su límite.

Por cierto, hasta Límite tenía letras más sustanciosas, bien recuerdo aquellos de “te quedó grande la yeguaaaa”, por lo menos fue bastante funcional como para dejar claros los motivos que acabaron divorciando a Alicia Villarreal.

Debo reconocer este síndrome como una consecuencia del relajamiento provocado por Raúl Velasco. Ya en su Siempre en Domingo salían a cantar lo que les viniera en gana, así Rafaela Carrá brincoteaba con su “mamá dame 100 pesitos porque a América me voy”, y deben creerme que eso era lo más trabajado en el poema.

De ahí surgieron cosas tan románticas como el Sur. Sí, cómo no, yo recuerdo perfectamente que las estaciones de radio parecían cicladas tocando esa canción interpretada por Magneto, chicos apretadísimos que invirtieron su voz en un interminable “hacia el suuuuuuur” y párele de contar. Bueno, el sur de qué, quizá eso nos aclararía algunas posturas.

Miren, una que ya no se cuece al primer hervor, necesita algo más para perdonar un yerro, mínimo las mañanitas que cantaba el Rey David, por lo menos incluyen pájaros y amaneceres, y bien rimados, además.

Aceptaré que los radioescuchas tenemos culpa grande en este estatus musical tan decadente, pues se acepta lo que venga y lo compramos a raudales. No hay que ser, hagamos algo por nuestros “oyiditos” –dijera Doña Mary, que Dios la tenga cantando una de las Jilguerillas- y pongamos a trabajar a los compositores y a vocalizar a los cantantes, yo creo que estando tan al sur en asuntos musicales, mínimo llegamos al noreste.

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26 Abril 2018 04:00:00
La luz de mis ojos
En el video no más plástico se muestra cómo los peces son afectados por las fibras sintéticas de nuestra ropa que, por vías insondables, llegan al mar, además enseña que hasta la miel que consumimos contiene partículas que regresan a la tierra a través nuestro cuerpo. No tengo muy claro cómo voy a sustituir todos los productos con los componentes dañinos a nuestro alrededor, sobre todo si considero que ahora soy portadora de todos ellos, pues ya los bebí, mastiqué, engullí, chupé y -lo peor- tal vez hasta lo disfruté.

A este paso, viviré desnuda e iluminada únicamente con la luz de mis ojos. El tema de la contaminación no es un chiste, lo tengo claro. En la medida de mis posibles, recojo, reúso, reciclo o regalo; sin embargo, las grandes campañas promundo rebasan mis posibilidades.

Una petición es botar la ropa sintética y elegir algodón o lana. La línea de JLo, por decir algo, me cobra 530 por un vestido sencillo confeccionado en bonitas licras y barrocos encajes con opción a pagos fáciles de 47 pesos; mientras tanto, un quintal de algodón supera las tres mil libras, lo que me da cerca de 70 mil pesos. Si considero mi talla, un tercio de quintal apenas bastaría y así, el vestidito me resultará en 100 mil con la suma del algodón y la marca del diseñador.

El ahorro de energía es otro tema importante. Usar energías renovables es la opción, pero si quiero instalar en mi casa un sistema solar, las cotizaciones para tener una vida digna en la cual al menos pueda tener un refrigerador en donde quepa la leche y dos cervezas, así como una tele del tamaño mínimo necesario para leer los subtítulos, la instalación se convierte en cientos de miles, van más allá de la realidad del mexicano promedio. Yo estoy en ese ranking.

Cuando separo las latas del papel, aprovecho la basura orgánica y digo no a la bolsa plástica, siento como si mis alas crecieran dos centímetros más, pero la constante publicación de cosas dañinas que hacemos sin darnos cuenta acaban por frustrar mis aspiraciones angelicales.


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25 Abril 2018 04:00:00
Pobre meme
Entre los memes alusivos a la pobreza encontré uno con más ingenio del que aparenta a primera leída: “Éramos tan pobres que ni siquiera diabetes teníamos”.

El humor latino, siempre tan sarcástico y desbocado, en esta ocasión logró concretar pasado, presente y futuro de nuestra realidad.

Cuando mi abuelo era un señor maduro, algunos de sus conocidos y conocidas murieron de secazón. La mayoría de las personas en el rancho morían de muerte o de enfermedad; la primera resultaba ser el inexorable destino de la gente mayor; la segunda, voluntad de Dios bien señalada como pulmonía, presión, contagio o corazón.

Irse secando era una manera de dejarse morir en ese entonces. Las personas ni perdían el apetito ni la voluntad, pero el cuerpo se les acababa poco a poco en una delgadez galopante que no paraba ni el laurel ni el orégano en tés e infusiones.

Lo cierto es que no era un mal común entre las personas del campo ni las más pobres de la ciudad; ahora sabemos que su alimentación no daba para adquirir una enfermedad como la diabetes, esa que les provocaba hacerse pequeñitos hasta que tenían a bien fallecer.

Los alimentos artificialmente azucarados no estaban al alcance de la tienda anca Juan, en el rancho, ni con Don José, en el barrio; comprar un refresco implicaba fin de semana, día de jauja y el mayor espíritu comunista al compartir una Coca-Cola de 500 mililitros entre cinco personas. En verdad, esa pobreza no daba como para enfermarse de azúcar, como se le conoció en sus albores a la diabetes.

El meme es tan cruel como genial; sin embargo, tras el chiste está una realidad imparable sobre el poder adquisitivo en un grupo social de mediana posibilidad, que dan la bienvenida a un mejor estatus pero no siempre saben que están dejando entrar a casa a un enemigo que desdeña a los pobres, porque se beneficia poco de ellos.

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24 Abril 2018 04:00:00
Tres veces me engañé
Gustar y respetar no es el mismo. A mi prima, por ejemplo, le gustó siempre –y mucho- la tandareola, pero, siendo honesta, su infidelidad con la profesión no rindió los frutos que la familia esperaba, pues se puso a coquetear con la vida seria y las aspiraciones de riqueza se nos vinieron al piso.

Gustarme algo tiene qué ver con regodearme con sus posibilidades, en cambio, respetarla es adentrarme en ello con todos sus usos y costumbres. Como verán, incluso la tandareola tiene reglas propias que la prima debió seguir a pie juntillas.

El otro día salió en la tele un candidato a la presidencia de la República. Nadie tenía demasiados elementos –unos pocos nada más- para poner en tela de juicio sus afirmaciones, sin embargo, cuando llegó al punto en donde se le hizo bolas el gusto con el respeto, las estadísticas se arrastraron con penosa insatisfacción.

Dijo “El Bronco”: yo respeto mucho el matrimonio, tanto así que me he casado tres veces. El rostro de su entrevistadora fue contundente, desde su punto de vista como mujer, esposa y periodista, la respuesta no encontró ningún frente para caer en buena tierra.

No en este mundo, ni en la Real Academia Española, ni en los diez mandamientos ni en el Corán se dará por cierto que respetar una condición social es mandarla a volar sin palomear todos los requisitos sobre los cuales se aceptó entrarle al toro.

Tres veces se casó y tres veces faltó a la regla del matrimonio, en términos llanos, sea que se haya casado como cristiano, mahometano o chiita. En la primera por la reiteración, en la segunda por la monogamia serial y en la tercera por la insistencia.

Sea como fuere, fundamentar un acierto sobre el error, no es la mejor idea cuando se está en cualquier contienda, mucho menos si se pretende ser guía y modelo para toda la nación.
  
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21 Abril 2018 04:00:00
Canibalismo
Son muy lindas las reuniones de familia. Si compartimos el pan y la sal las cosas resultan mucho mejor. Reunidos tíos, primos, hermanos, cuñados los menús se ofrecen muy variados y canibalescos.

Siempre hay una parte de alguien para deglutir. Los aperitivos están a cargo de las mujeres quienes, luego de saludarse de beso, abren el banquete: “¿Ya viste lo flaca que se puso María Ester? Seguro está embarazada”.

Se pasa revista a cuanta fémina pertenezca a la familia, sea nueva adquisición o ya reconocida por instrumentos evaluatorios muy determinantes, todos hechos de modo que quien evalúa nunca queda satisfecha.

Las primas jóvenes suelen ser menos voraces. Se cuentan el santo y seña de los amigos y pretendientes, alaban la buena suerte de la otra pero empieza a salirles un pequeño humo de la cabeza cuyo mensaje silencioso es algo así: “¿Pero cómo, tan boba y con ese novio?”. Así aparecen los primeros síntomas de la adultez.

Las abuelas, con su jerarquía y autoridad, nada se callan y condimentan cualquier reunión con sus frases de alarma cuando ven el desfile de nietos con copetes altos o de plano pelados a rapa; además, durante toda la fiesta, no dejan de lamentarse cómo es que se le olvidaron todos los detalles de la boda de Marianita, la nieta menor, quien ya ostenta un avanzado embarazo. “No hubo boda, abuelita”, la convencen algunos condescendientes, y ella se echa a llorar y reniega porque está segura de que tratan de darle por su lado para que ya no se preocupe, pues últimamente se le va la memoria de vez en cuando. Intenta de consolarse con la cercanía de quien insiste en confundir con Adela, la hija de su sobrina, “ya te dije que es Polo, el amigo de Mariana”, le aclaran una y otra vez.

Los hombres no se ocupan de sí mismos. Los más jóvenes pasan revista a las primas que el año pasado aún se sentaban a comer en la mesa de los niños. Los adultos solo procuran sentarse bien lejos de la muy atractiva cuñada del hermano, a fin de no despertar suspicacias, y se guardan sus platillos de prójimo para disfrutarlos en una sesión de glotonería personal.
Las comidas familiares, como ven, son siempre inolvidables.

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20 Abril 2018 04:00:00
Amor al fin
“Te amo Aydee”. Así, sin comas y sin acentos. Fue la sorpresa matutina.

Imposible no mirar la leyenda en rosa fosforescente sobre el verde de mi barda principal.

Ni siquiera la primera reacción fue natural: Las letras enormes y rosadas poca mella hicieron sobre mi estabilidad emocional y ni siquiera crucé la frontera entre el desazón y la rabia. ¿Quién ama a Aydee? La tintura da pocas pistas porque no tiene el cariz masculino de ostentar a una mujer como propiedad a voz en cuello. Sí, también se me ocurrió que Aydee misma lo haya puesto: La letra es más redonda que angulosa y los trazos, con todo y todo, limpios.

Prefiero asumir que es un chico. La frase llega más allá de la mitad. Él debió ser tan alto como eso, por lo tanto se ha estirado en estos años hasta alcanzar la medida prudente para “elevar” su voz gráfica. Acaso sería un adulto, pensé fugazmente. Descarté la idea porque los grandes solemos resguardar los amores en silencio por motivos varios.

Claro está, sí aparecieron en mi mente las imágenes posibles: Cuánto le hubiera dicho y maniatado en tanto llega la policía si lo pillo en acción; mucho hubiese corrido tras de él si intentara escapar; por lo menos una foto tomaría para luego buscarlo en la escuela más cercana…. porque fue un estudiante. Aquí terminaron las elucubraciones: un joven estudiante enamorado.

Sí, un típico muchacho que bien podría caer en la generalidad del desgano, la incertidumbre, la identidad perdida, la incursión en la violencia multimanifiesta a todos los niveles, la pobreza de expresión, la incapacidad para entender la necesidad de otros y la publicación de mensajes sanguinarios.

Sin embargo, este chavo ama a Aydee.

La tercera mañana yo también empecé a amarla. Miré el letrero y espanté un pequeño insecto que intentaba hacer nido por la “A”. El sol empieza a gastar el tono rosado pero aún es perfectamente visible el mensaje: alguien, en medio de todo, ama a otro. Todavía existe un grupo capaz de sentir amor… ¡y decirlo sin miramientos!

Cancelé la visita del pintor. El mensaje quedará ahí en tanto la luz y el calor le den permiso. Espero que ella haya respondido de buen modo a propuesta tan abierta, me gustaría saberlo. Por lo pronto, alguien ama a Aydee, Aydee es amada.

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19 Abril 2018 04:00:00
Debajo de la mesa
Lo hecho por debajo de la mesa, además de ser oculto, resulta prohibido; eso las pone en el conjunto de las cosas malas, feas, faltas de ética. Considerando lo anterior, el que los estudiantes mexicanos deban resguardarse bajo sus mesas de trabajo cuando se presentan enfrentamientos en las calles colocaría a alguien en una posición muy criticable. ¿Quién será el sorteado con el galardón a la barbarie?

La diferencia entre los roces pasionales de Manzanero y su conquista o la intimidad en la pareja protagónica de la canción “Mujer contra mujer” cantada por Mecano y el caso de muchachos pecho a tierra para salvar el pellejo mientras intentan terminar la educación básica, es que este acto último no es voluntario ni elegido, ni siquiera deseable, sin embargo, en los mejor de los casos se volvió un sitio oculto para la creatividad.

Hace un par de años, cierto brillante alumno mío aprovechó la brutalidad de lo que se quiere ocultar bajo las mesas políticas y mediáticas. Enfrentaba una situación atípica para terminar su tesis: No podía concluir con su práctica docente por las constantes interrupciones de violencia en la calle frente a la escuela secundaria. No se trataba de párvulos a quienes consolar con una canción infantil, sino de adolescentes en plena conciencia de los riesgos que se cernían sobre ellos.

Ahí, debajo de las mesas, este muchacho hizo su cuartel de poetas y narradores.

Los adolescentes podían decir, sin censura, sus emociones, ideas, fantasías que los desviaran de una verdad latente; pasado el peligro, emergían a la superficie del aula para darle forma a su miedo escrito.

Logró frutos mejores que tener un grupo aprobado por circunstancia o compasión, en realidad egresó personas críticas, con amplia capacidad de adaptación y resiliencia, que luego se levantaron en “armas de papel para exigir que los dejaran leer a Carlos Fuentes. Como se puede ver, no todo lo que se hace bajo la mesa es reprobable.

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18 Abril 2018 04:00:00
El problema de las hadas
La profesora nos decía: van a inventar un cuento, tienen quince minutos. Todos hojeábamos nuestros cuadernos como si alguna hoja en blanco tuviera la trama de una historia exprés que nos permitiera localizar a la musa correcta para lograr semejante hazaña.

Con el tiempo, la estrategia se modificó un poco: Van a escribir un cuento en donde aparezca un oso, una chancla y una nave espacial. Así los niños llevarían su imaginación al límite para concatenar una narración de cierto oso chancludo que quería ir al espacio.

En estos días de educación formada y reformada ya no hay chancla, oso, cuento ni quince minutos para la imaginación, porque la fantasía es un asunto entre chistoso y prohibido. La educación básica pretende en sus estudiantes una adultez ciernes antes que una niñez plena.

Escribir un cuento en 15 minutos no es posible, lo sabemos desde su nieto de siete años hasta Augusto Monterroso; la intención de las maestras radicaba más en el uso de ciertas palabras bien escritas que en la inspiración creativa porque esta es, al fin y al cabo, muy difícil de evaluar. Si usted, como yo, obtuvo una buena cantidad de “muy bonito”, en realidad la profesora comprendió muy poco.

El problema con la fantasía es que siempre había tenido una contraparte y ahora tiene dos. La primera es el contrario y la segunda es la fantasía misma, el alejamiento de una realidad que a la sociedad le urge activar en los niños para no postergar demasiado sus vidas productivas.

Las hadas vienen siempre con brujas, los superhéroes con villanos, los países de las maravillas con reinas malas. Dejar abierta la puerta a la fantasía enfrenta a la persona con los valores humanos, siempre anunciados en paquete: Quien distingue la bondad es porque ha vivido la maldad.

Ejercitar la fantasía era una manera de enseñar a los niños a ser personas cuya conciencia rebasara la competición por ser el mejor ante los ojos de un jurado. Tal parece que hoy en día solo se trata de volverlos números y multiplicarlos.

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17 Abril 2018 04:00:00
Morir soñando
Un terrible ejercicio se generaliza entre las sociedades del mundo: Mirar el obituario con la certeza de que la lista está engrosada con difuntos cuya edad apenas rondaba los cincuenta. No deberá confundirse con morbo, es incapacidad para comprender cómo en un presente donde la expectativa de vida es de 80, cada vez más personas se van dejando sin vivir los años que les correspondían.

En la película “El león en invierno”, el rey Enrique II, recién cumplió los 50 años y se siente solitario, incapaz de hacerse comprender por nadie porque, dice, no conoce a nadie que sea mayor que él para discutir la sucesión de un gobernante que, para la época, debía haber muerto ya.

Cincuenta años eran demasiados vistos desde casi diez siglos después. Hoy, nuestros ancianos parecerían acreedores a hechizos de inmortalidad frente a la terrible costumbre medieval de morir tan joven; sin embargo, es abril del 2018 y los obituarios y las esquelas no tienen empacho en mostrar el nombre completo y la edad de difuntos on 18, 35, 52 años. No hay error, tampoco límite, porque un ejercicio exhaustivo de creer esta verdad como algo atípico, me ha llevado a sorprenderme cada día con la multiplicación de muertos precoces.

La definición de esperanza de vida consiste en los años que un recién nacido puede esperar vivir si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos a lo largo de su vida. Para mí, es la inversa del fenómeno Cenicienta: Puedes ir al baile si barres, trapeas, lustras, lavas, cocinas, sacudes y planchas; en este caso la promesa de alcanzar los 77 años esperados está condicionado a comer de tal manera que se nutra el cuerpo en un sitio donde sea capaz de generar los anticuerpos a cierto medio ambiente –no a otro- en el cual la persona se comporte de modo tal que no se exceda, no se extralimite, no se exponga, no se arriesgue y no le caiga el chahuistle.

Es vox pÓpuli este asunto de encontrar, cada vez más, edades impensables en los obituarios, peor algo me dice que la esperanza oficial de vida en el país no va a cambiar porque a cualquier gobierno se le vería muy feo que se le mueran los muchachos y las muchachas.

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14 Abril 2018 04:00:00
¿Adivinen qué?
Escuché que una mujer lanzó la iniciativa an-eyebrow, es decir, dejarse crecer el pelo de las cejas hasta que se unan y formen un todo completo. En cuestión de apariencia yo lo pondría en discusión, pero a modo de hacerse ver, será una cosa indiscutible, porque hay casos de violencia profunda contra las damas que invierten toda una tarde en perfilarse las cejas y sus maridos no se dan cuenta de algo tan, pero tan evidente en el rostro de su mujer. ¡Por Dios: quién dejaría de notar que se perfiló la ceja!
Pues nada menos, el otro día, a una amiga le sucedió algo parecido con unos zapatos nuevos. Los compró con tanto entusiasmo porque al fin había encontrado el tono beige –como los que ya tenía- pero con un filito café tan femenino. Ahí tienen a su marido: Ni cuenta se dio del cambio tan radical obrado en las piernas de su esposa gracias a la nueva adquisición. No, si todos son iguales.

Hasta aquí el sarcasmo. En esta ocasión juego el partido en el equipo masculino, porque la mente femenina parece exigir detalles de pintor medieval a la atención del sexo opuesto. Haré una analogía: Todas sabemos lo terrible en la pregunta masculina ¿qué hay? cuando les cuestionamos sobre sus preferencias para la cena. Ahora yo les digo, a ciencia cierta, que en ellos surte el mismo efecto si los recibimos con un ¿adivina qué? porque en realidad los enfrentamos a una circunstancia entre “La pregunta de los 64 mil pesos” y “Cien mexicanos dijeron”.

Hay razones biológicas, orgánicas, anatómicas para esa distracción hacia el detalle. Ellos verán un conjunto en tanto esté dentro de los límites terrenales; es decir, solo atraeremos su atención especial si nos aparecemos frente a ellos con un abrigo de piel -cuya procedencia desconocen- en el verano, o sin nada encima, en cualquier día del año.

Lo más claro es lo más decente – sin hablar de tintes para el cabello, por favor-. Suena poco romántico, pero es más sencillo decirle el santo y seña de nuestro nueva apariencia, tan evidente entre las féminas, pero imperceptible al ojo masculino.

Las ventajas de evitar las adivinanzas radican, principalmente, en enviar una vana. No cuesta tanto; por otro lado, para alimentar el ego, se organiza una reunión de mujeres quienes, antes de saludar, alabarán el finísimo trabajo en el perfilado de las cejas.

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13 Abril 2018 04:00:00
Puesta al sol
Una de las películas animadas mejor hechas es la de Tom y Jerry y los piratas hermanos. Durante la búsqueda del tesoro, en algún momento el espíritu guardián del mismo, una jocosa calavera, les advierte que, salvo cumplan con sus mandatos, morirán al amanecer.

La voz amenazante se escucha clara al inicio, y luego se va perdiendo aunque se entiende claramente como el plazo termina apenas se asome el sol. Igual que con Fiona, la de Shrek, pero al revés: A ella la buenaventura le empieza cuando sale el sol y le termina con la puesta.

La historia ha usado al amanecer como pretexto, amenaza, motivo, esperanza, promesa, sentencia, señal, prueba y confirmación. Los duelos tenían el horario preciso en él, marcaba el término de un plazo, su luz daba elementos para iniciar algo, la fiel presencia ofrecía posibilidades, su tiempo fue usado como momento clave, los fusilamientos se hacían a esa hora, su aparición mostraba la circularidad de la Tierra, su existencia evidenciaba otra y daba por hecho una presencia poderosa.

Todos los verbos están puestos en pasado, no porque los fusilamientos dejaran de existir o los duelos ahora prefieran la oscuridad, sino porque casi nadie tiene ya como signo relevante la aparición del sol en sus mañanas.

Las sociedades de antaño tenían en el amanecer un símbolo de laboriosidad y costumbre. Levantarse con el sol –y acotarse cuando este lo hacía- era una rutina muy bien vista, apegada al funcionamiento de la naturaleza, claro está, cuando el ser humano era amigo de la naturaleza, no su contrincante.

Si la puesta de sol ha sido motivo de numerosas alabanzas poéticas y plásticas, el amanecer tiene una mayor trayectoria como protagonista en los momentos más importantes de nuestra historia.

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12 Abril 2018 04:00:00
Cabello del deseo
El cabello es un tema polarizado entre los seres humanos: Bien se convierte en objeto del deseo o en el deseo de cabello; si Dios nos hizo el cuerpo, supongo que el pelo es cosa del demonio.

Los hombres poco manifiestan su acuerdo o desacuerdo con el tipo de cabello otorgado por la naturaleza –los milenials no entran en esa lista-, pero en ambiente femenino, las células que componen a la mujer nunca dan con bola sobre el deseo capilar de su poseedora.

Las investigaciones para generar tecnología relacionada con el cabello han seguido un parámetro muy sencillo: Buscar la manera de deshacer lo hecho. Máquinas para hacer rulos en el pelo lacio, otras para hacer lacio en cabezas chinas; si es ondulado nada más, entonces deberá convertirse en hirsuto; si se trata de un caso medio de cabello lacio, entonces se buscará la caída perfecta.

Algo que no se ha desarrollado, y tal vez nunca se logre, es el aparato capaz de acomodar cada uno de los cabellos femeninos en el lugar correcto. Puede estar perfectamente lacio o correctamente chino, pero siempre se requiere un acomodo constante a cargo de la portadora.

Es fácil ver lo anterior en las entrevistas hechas a las actrices. Están listas para las cámaras, arregladas, bañadas, planchas y pasteurizadas para no mostrar defecto alguno; sin embargo las manos empiezan a mostrarse tras los primeros 30 segundos de transmisión: Se aplanan el fleco, se acomodan el chino, sacuden la melena, pellizcan las ondas, lanzan un rulo atrás y luego lo traen al frente.

Es tan relevante el asunto del cabello y las manos que la neurolingüística dedica capítulos completos al análisis y la significación del movimiento. Se dice, en primer término, que el juego cabello-dedos es un intento de seducción, pero es mucho más complejo que eso.

Una mujer se toca el pelo si está preocupada o ansiosa; se lo mece si está al punto de la locura o temerosa; se lo arregla si está insegura, lo acomoda si se encuentra insatisfecha; lo pule si guarda un secreto a punto de explotar, lo peina si se enoja.

Como se ve, el juego seductor no es cualquier tocada de pelo, sino un concierto completo de mensajes que no planchará ningún aparato en el mundo.

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11 Abril 2018 04:00:00
Mi lado silvestre
Mis problemas de columna debieron empezar aquella tarde en la escuela primaria, cuando me monté en las botas de Marilú para bailar el Tamatán que tan aplicadamente nos enseñó la profesora Catita.

Una madre hace cualquier cosa con tal de ver a sus retoños en la fiesta de fin de cursos; esto ha sido y será siempre, claro, con sus diferencias bien guardadas. Si en el pasado nuestras profesoras aprendían desde la Normal todos los jarabes, polcas y pasodobles, en la actualidad deben haber cambiado la currícula por Zumba, Tubo I y Tubo II, pues a los niños ?y más a las niñas- se les cuecen las habas porque llegue la fiesta para despojarse, con permiso, de una gran cantidad de prendas y bailar, en medio del patio, ese ritmo desenfadado el resto del año.

Algo tendrá este festejo para cerrar el ciclo que provoca tal euforia en la comunidad escolar; bien valdría la pena investigar su esencia para repetirlo entre los semestres, muy bien nos haría que mamás y papás se empeñaran tanto en buscar la fórmula para que los hijos aprendan a usar la tablas como lo hacen para encontrar el leotardo color naranja que usarán en el bailable.

Los niños siempre se ven muy bien ejercitando sus humanidades con orden y coordinación, es solo que no comprendo el afán por perder la galanura guardada durante un año y desbordar el lado silvestre organizando ritmos de perreo con movimientos que en mucho pueden determinar la orientación vocacional de sus participantes.

Alguna vez acudí a Atotonilco, Guanajuato, en día de carnaval. Resulta que la gente aprovecha el festejo para disfrazarse y ocultar perfectamente su identidad, con ello podrán dar rienda suelta a sus bajos instintos y nadie sabrá quién con quién. Yo, claro está, solo era turista.

Pues algo así me resultan las fiestas escolares en fin de año: Las chiquillas pueden acortar sus faldas, alargar las pestañas, pintar la cara, estirar las uñas y crecer su estatura con tacones hasta del 10; así, tienen su día especial. Miren cómo cambian las cosas, cuando las mujeres crecemos, una jornada esperada consiste más bien en lo contrario: Olvidar las faldas, perder las pestañas, despintar la cara, morder las uñas y andar descalzas.

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10 Abril 2018 04:00:00
Los leggins y la dignidad
Nunca esperé ver estas dos palabras en la misma frase, sin embargo, debo aceptar la felicidad que me provocó encontrar artículos esperanzados en que las usuarias de esta prenda de ropa comprendan el enorme compromiso que significa portarla.

El texto disponible en la web se llama “Leggins, reglas de etiqueta para usarlos”.

Técnicamente hablando, no hay manera para ponerse de etiqueta llevando leggins, pero los autores del texto fueron muy listos al llevar a un plano imposible una prenda irreversible. La regla primera lo dice todo, porque aclara, con énfasis, que los leggins no son pantalones ni pantimedias, no se llevan a la oficina, no van bajo el vestido ni con botas y blusa corta, no están hechos para lucir la pantaleta ni la transpiración del gimnasio, y si los blancos son malos los que tienen color piel son peores. Queda claro que usarlos es un reto a la naturaleza femenina.

Junto con los leggins yo colocaré el pantalón deportivo. No con la censura abierta de aquellos, sino en una época muy particular de la mujer, y me refiero a la dama jubilada. Nada podría deprimir más a una fémina que resignarse a los “pants”.

El impulso por la belleza pública parece tener caducidad al día siguiente del último día laboral. Entretenerse en el espejo para algo prohibitivo para una gran cantidad de mujeres quienes consideran que han cumplido ya su labor de enchular al mundo si completaron los 30 años laborales o los 60 de edad. Siendo que hay moda para la coquetería de cualquier edad, pero la supervivencia de la hermosura no está tan relacionada con marcas como con actitud.

Cuando yo era una jovencita escuchaba de un temor fundado sobre jubilarse e ir a morir a casa, por ello muchas mujeres se resistían a ir a casa. Ahora creo que si no hay un plan de vida post-laboral y demasiados pantalones deportivos en el guardarropa, el riesgo es inminente, muy inminente.

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07 Abril 2018 04:00:00
Asunto mancomunado
Ir al baño, en cuanto acto volitivo, personal e intransferible, pareciera ser un asunto sin mayor trascendencia. Mi diatriba es cómo el asunto de entrar al sanitario es ahora un acto, imperante sí en nuestras vidas, mas hoy simbólico, determinante de estatus y definitivo para nuestra posición socioeconómica.

En un lugar público, una chica caminando sola al baño es un grito tajante de escasa popularidad; la modernidad dicta que debe ser un acto colectivo de plena socialización en tercer grado, cuya finalidad es la comunicación no solo en el mismo idioma, sino en códigos dialectales que es menester conocer para formar parte de una comunidad, congregación o clan. Por qué a los hombres les importa un bledo acudir solos a solventar la urgente necesidad, es un tema pendiente en mi agenda de soliloquios.

Sé de casos en que las damas acuerdan pactos diplomáticos para acompañarse en público hasta la puerta de Ladies, aunque ya dentro ni siquiera puedan verse, pero el género las obliga a solventar semejante compromiso ante los otros. Son reglas de guerra.

Por otro lado, el baño público se ha vuelto un búnker de acuartelamiento en donde se resuelven los más intrincados problemas, se dictan las tácticas de guerra, llevan las espías sus informes actualizados y retocan sus disfraces las agentes encubiertas. ¿Por qué los salones de fiesta tienen mullidos sillones frente a los lavabos? Lo anterior responde ampliamente a esta pregunta y también a otra cuestión: El baño de caballeros no tiene love seat pues no lo necesitan para leer ahí dentro.

Los asuntos resueltos en este recinto son temas de máxima seguridad, desde ahí se han resuelto noviazgos o desecho matrimonios; estrategias completas contra el enemigo pueden planearse frente a los grandes espejos, a fin de cuentas, hay suficiente papel en el dispensador para secarse las manos.

Desde el “ahí va el agua” que dicen usaban en la edad media para avisar cuando vaciarían sus bacinicas por la ventana, hasta una bien diseñada sala de juntas, el baño puede preciarse de tener historia propia.

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06 Abril 2018 04:00:00
‘Dijió’
Somos unos eternos inconformes. Eso, justamente, nos volvió humanos e inconmensurables. Apenas creemos que nos tenemos asidos, y no es cierto: Ya andamos subiendo un escalón que parecía existir únicamente en la imaginación.

Los niños son quienes más sorprenden, y quizá lo harían hasta la adultez si no les coartásemos tan temprano el ensayo de la genialidad. En cuestión del lenguaje, y sin discusión alguna, ellos se manifiestan inconformes con el arbitrio vocal que les enseñamos y cantan sin descuido un “dijió” y “escribido”.

Enseguida, los grandes “los hacemos entrar en razón”. ¡Vaya ironía!
Esa es una de las inconformidades a que aludo en el primer párrafo, mas quiero abundar en otra. Son las categorías en que están clasificados los pasos seguidos para aprender. Parece como si todo estuviera dicho ya: Memorizamos, transformamos, adecuamos, aplicamos, creamos, evaluamos. Y colorín colorado. Quedaremos muy conformes cuando nuestros niños suban esas escaleras. Pero estoy inconforme con ese final. Quisiera aprendices cosificando ese escalón imaginario. Es más, ya le puse nombre: Analogar, por hacerlo un verbo.

Hacer una analogía, creo y pienso, es llevar un aprendizaje al colmo de su racionalización. Es como resolver un problema de “por” –así les decíamos a las multiplicaciones- aunque nos cambien de lugar las cifras, descubrir a Hitler así esté vestido de mujer, es, en fin, llegar al fin de un proceso completito. Tengo un buen ejemplo para toda esta teoría.

Un niño de siete años, luego de escuchar la canción “Corazón en fuga”, de Silvio Rodríguez, meditó cómo el cantante, al igual que él, deseaba convertirse en capitán de barco pirata, en viajar como Simbad y ponerse una escafandra. Pero volvió a sur realidad inmediata y supo que ni siquiera podía ir solo a la colonia vecina porque el peligro acecha. Entonces hizo esta analogía: “El corazón de los malos es como un hoyo negro, porque chupa todo”.

¿Cuántos pasos siguió esa cabecita para llegar a la analogía? Mucho hubo de asimilar a partir del bombardeo diario con la información espeluznante que lo aterrizó en la comparación, bastante precisa para mi gusto, de cuánto le han quitado los sueños esas hordas de inexplicables.
Sí, también estoy inconforme con esto último.

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05 Abril 2018 04:00:00
Boca abajo
Hoy les tengo una propuesta. Es una cuestión lógica, si la piensan detenidamente. Muchas parejas hacen contratos prematrimoniales en donde especifican cómo repartirán sus bienes –los males cada quien se queda con ellos-; detallan desde la casona hasta el arenero del gato; algunos incluso se preocupan por prever el futuro de los hijos. Pero, hasta donde sé, ninguno incluye qué van a hacer con el sentimiento ese que tenían cuando casaron uno con el otro.

Fíjense bien el cuidado que tuve de no poner la palabra amor, porque suele suceder que ese se convierte en otras pasiones durante el tiempo de casados, desde odio hasta compasión, donde ésta última es peor.

Pues se me ocurre hacer un copy paste de los principios que rigen AlAnon (Alcohólicos Anónimos). Como sea, el apego al alcohol y la insistencia al amor, ambos se vuelven vicio ¿qué no? De acuerdo en esto, paso a detallar mi genial idea: Hagamos contratos de amor por 24 horas.

Consiste en un acuerdo de renovación, una promesa en este tenor: “Te amaré profundamente… las siguientes 24 horas”. ¿Y luego? Pasado este lapso, se renovará a voluntad.

¿Cuáles son las ventajas? Muchas, a saber:
•Nos libramos del susto inenarrable del “para siempre” porque como no lo podemos medir difícilmente lo digerimos.
•Sabemos de la posibilidad que tengo yo –y el otro también- de no renovar su trato al día siguiente, así que haremos nuestras mejores galas a cada momento.
•Es más fácil entrarle a un esfuerzo de permanencia por lapsos cortos, como con las dietas: Si un médico nos dice que comeremos cual pajaritos el resto de la vida, eso implica la muerte; sin embargo, servirnos lechuga por una semana, suena asequible.
•Y lo mejor: no habrá día en que olvidemos decirle al otro que lo amamos tanto como para quedarnos otras 24 horas a su lado.

Una recomendación nada más: junto con el recadito “tómate la pastilla”, peguen el juramento en el techo de la recámara y no habrá pierde. Claro está, no duerman boca abajo. ¿A poco no es buena mi idea?

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04 Abril 2018 04:00:00
Sobra y basta
Su mayor preocupación radicaba no en la in fidelidad de alguno, tampoco en si el trabajo del hombre era suficiente para darle una buena vida a la familia, en realidad, la oscura idea rondando por su cabeza era el inminente fin de ese matrimonio porque ella no dedicaba tiempo suficiente a su marido.

Pido encarecidamente que ninguno de ustedes me acuse de plagio, porque la historia arriba descrita es tan suya como de él, de ella o mía. No es un cuento de antaño, tampoco privativo de clases bajas o medios rurales, sino una realidad cotidiana en todos los niveles socioeconómicos.

Mi mente peregrina, al escuchar por primera vez semejante cosa, no se puso a elucubrar sobre cuánto podría yo estar incurriendo en el delito grave de desatención al marido, sino que hurgué entre mis archivos buscando una estadística que definiera con precisión cuánto es el tiempo suficiente que una mujer debe dedicar a su pareja.

Ser esposa no se trata de un empleo justo, por lo tanto, no podría decirse que 40 horas a la semana son bastantes. Ahora bien, siendo este papel de tiempo completo, ni siquiera se cubriría con doble turno, sino que toca horas extras. El tema es escabroso porque, siendo justos, tendría que estar tasado también un tiempo suficiente del hombre hacia la mujer, pero ese se exime por “obvias razones” que al fin y al cabo, no son tan obvias.

Hablando de estándares, una mujer casada y con hijos que trabaja una jornada laboral de ocho horas diarias, tiene 16 libres para dedicarle a la familia. A ese resultado le quitamos siete para dormir y nos quedan nueve, lo que resulta en 45 de lunes a viernes y 48 horas los fines de semana. Esta cuenta sería perfecta si estuviésemos hablando de una máquina de refrescos o una computadora de semáforo, porque ni siquiera una lavadora aguantaría semejante ritmo dando un servicio a terceros.

Las mujeres casadas que trabajan están dedicando también ese tiempo a su esposo y a su familia pues, en el fondo, a todas nos resultaría mucho más cómodo estar en casa si tuviésemos nuestro futuro y el de los hijos más que asegurado. Cuando esto suceda, todas nos dedicaremos a hacer obras de caridad con el excedente monetario que percibe ese marido cuyas necesidades de atención están siendo calculadas por ajenas miradas.

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03 Abril 2018 04:00:00
Fuera de lugar
Yo tenía puesto el “yómper” –mil disculpas ido a la Real Academia- azul marino de la primaria, con su respetiva blusa blanca. Una enorme mujer parada frente a mí me acusaba de algo incomprensible aunque, seguro, era en defensa de su hijo.

En cuanto mi madre se percató, dio tres zancadas, llegó al sitio y le dijo con firmeza. “¿Qué problema tiene con mi hija?”

Tal parece que arreglaron bien, como dijera don Cornelio –que Dios lo tenga unciendo yuntas-, sobre todo porque era impropio de un adulto agredir a una menor dentro del salón. Es, decir, la mujer pecó de desigualdad y actuó fuera de sitio.

De ahí en adelante valoré la profundidad que tiene ese reto escuchado, o protagonizado, por todos quienes pasamos por la escuela: ¡Te veo a la salida! Piénselo con seriedad y se darán cuenta cómo cumple con todas las reglas de combate; digamos que todo documento sobre ética de la guerra –y vaya que los hay- tendría que incluir esta declaración.

En primer lugar, nadie está desprevenido. Tanto el retado como el retador tienen claro el lugar, la fecha y la hora; ambos se conocen y pueden calcular sus posibilidades y, por si fuera poco, hay tiempo para planear la táctica.

Siempre que alguien profiere esta frase, sabe que tocará reunir a sus allegados, mismos que, conocedores de la regla, no intervendrán en el pleito más que como árbitros, quienes podrán dar fe, un poco como la ONU, de que el otro bando actúe de la misma forma; en segundo término, harán de Cruz Roja llevando al vapuleado hasta la casa de su mamá para explicar más o menos cómo sucedieron las cosas.

Ese “te veo a la salida” también ofrece la oportunidad de la rendición. Salir por otra puerta, escaparse a las carreras antes que los demás o pedir a sus aliados de otro grado le den asilo político… o avisar al profe para que regañe al revoltoso y evitar el bullying, todas son posibilidades viables entre la hora del différend y el timbre último del día.

Y volviendo a mis años muy mozos, si la señora de marras hubiese respetado las reglas de la guerra, debería haber esperado a la salida, así, podría haber decidido si enfrentaba personalmente la contienda o mandaba representantes, tal como hace el príncipe con Shrek en la primera película.

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30 Marzo 2018 04:00:00
Una protesta
Los libros con personajes humanos siempre son una protesta. Es una falacia que un autor sea tan capaz como para deslindarse de sí mismo cuando se da a la tarea de procrear a alguien con sentimientos y emociones.

Las narradoras latinas sirven bien para ejemplificar este razonamiento; de entre ellas, las feministas; de entre ellas, las mexicanas. Pongamos atención en el progreso literario de sus escritos y encararemos recurrentemente una historia propositiva, de liberalismo femenino con intervalos de una soledad decidida y mesurada. La segunda etapa consiste en generar párrafos entre los que trasluce una inconformidad indecisa porque toda la ansiada liberación resultó que no era el fin sino el camino para llegar ¿a dónde? Bueno, me parece que la meta era volver al principio, ponerse de nuevo en medio de ese mundo monstruoso dominado por lo masculino y tratar, una vez más de entender el rol de la mujer de modo que nos deje satisfechas luego de ese peleado viaje por entre la diatriba de encontrar la jerarquía superior hembra-macho.

Hay una tercera etapa: la protesta abierta, desgarbada, incontrolable pues la liberación femenina entre las letras consistió en un viaje circular. Las personas y los personajes acabaron en el mismo sitio de partida y sin que nada sea más claro al final que en el principio.

En conclusión, todas las mujeres que escribimos sobre asuntos de género –pero todititas- siempre acabamos escribiendo de mujeres. Y es que nadie encontró ya las respuestas a pesar de tanto cotilleo en foros y pasillos. Al final de la vida sabemos que todo ha sido una búsqueda inútil y estamos como en el arranque, en busca del entendimiento que nos pueda explicar exactamente cuál debiera ser la función femenina en este mundo cuyo nombre tiene una “m” frente a sí en todos los diccionarios.

La mujer protagonista en “Vivir la vida”, de Sara Sefcovich, me hizo pensar en todo esto asunto. No, en realidad no fue aquella, sino esta. La autora, venerada entre las feministas, describe en 200 páginas cuánto una vida completa de mujer puede pasar entre la indecisión y las veleidades de los otros. Es una fantasía, una exageración... una protesta a fin de cuentas contra una sociedad que no deja decidir a las mujeres, aunque a veces parezca que sí.

Mi dilema es que no puedo caer en la cuenta de esto: ¿En qué consiste el viaje feminista? A menudo me parece una huida para desafanarse del problema; luego, pasadas dos o tres novelas, enfrentar la realidad. No hay queja en todo esto: Las letras feministas me han entretenido sobremanera, más cuando pienso en las autoras, gastadas en la insistencia, solo deseo que, ya de vuelta, hayan disfrutado el viaje.

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29 Marzo 2018 04:00:00
No eres tú
Hubiese sido interesante datar el momento histórico cuando un caballero decidió proteger la integridad de su dama, respetadísima sí, pero dejadísima también, cuando le argumenta “no eres tú, soy yo”. Aunque el hombre ya tenía en mente volar del nido, la inmarcesible frase tiene una innegable marca de sensibilidad: Sobar antes del golpe, podría decirse; un poco de buena voluntad para no dejar tan averiada la dignidad del otro o la otra.

Considero que la idea contenida en esa frase ahora propiedad de la vox populi bien podría ser modelo para otras que vendrían como anillo al dedo, como mantequilla al pan o como bandera blanca a la guerra.
No es necesario decirlo yo, ustedes han sido testigos, partícipes e incluso protagonistas de una discusión que inicia con un decir inocente, sin mayor propósito que hacer plática, buscan consenso o saberse aceptado. “¡Qué frío hace!” alega uno, y el otro responde sorprendido con una negación tajante. Algo así se volverá suficiente para una contienda verbal sobre si este es friolento y la otra menopáusica y bochornosa.

Que si la comida está salada o insípida es otra situación de riesgo, pues donde a uno le parece buena la sazón a otro le resulta inadecuada y difícilmente alguien aceptará que cayó en vicio o bien, que no percibe del todo bien los sabores.

La hora del día para ser considerada tarde o temprano, la estatura, la delgadez, el color de la piel, el clima, los tonos del vestido, el volumen, las otras voces, las otras personas, la cantidad, la calidad, en fin, esta lista compuesta con desacuerdos es interminable.

Imagínese usted si dos mujeres al tazar el largo de un vestido dejarían de decirse cosas como “Es que tú estás muy chaparrita” y el comentario fuese así: “Es que yo estoy muy altota”. Al contrario del debate, vendría una andanada de adjetivos positivos sobre las virtudes de medir más que 1:60 metros.

Cierto, si lo está pensando, a mí también se me había ocurrido: Tal vez la vida, entonces, sería muy aburrida.

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28 Marzo 2018 04:00:00
Alto y sonante
Cuando Eugenio Derbez se atrevió a poner un “fue horrible” en una película internacional, quedó claro que nacionalizar el cine en las traducciones era una opción excelente para la mercadotecnia. El problema empezó cuando los productores pasaron de nacionalizar a vulgarizar.

Todas las lenguas conviven siempre en dos versiones, llamadas cada una desde tiempos ancestrales como culta y vulgar. Ninguna de ellas, históricamente hablando, buscaba iniciar una clasificación social, solo se tenía la idea de que las personas estaban predestinadas a una clase de la cual no era posible salir; entre otras cosas, la forma de hablar permitía distinguir al culto del inculto. Aunque, en honor a nuestros antepasados pobres, el inculto lo era antes porque no se le daba acceso a la cultura; hoy, en cambio, quien se mantiene al margen es por voluntad.

De esta manera, quien utiliza hoy en día la versión vulgar del español es resultado de su elección, respetable en tanto no vulnere el derecho del otro a no escucharlo. Esto último es justamente el problema del cine y sus versiones nacionales. México, ante el mundo, es ahora un país de hablantes cuyo léxico está plagado de altisonancias, por lo menos eso creen directores, productores y guionistas de cine y series infantiles de canales que se suponen constructivos.

No es difícil escuchar en boca de personajes principales términos ofensivos que eran privativos de malandros con papeles secundarios en películas para adultos. Se eligen palabras a más de innecesarias, agresivas, que violentan escenas simples y que a menudo deberían ser graciosas y no agresivas.

Nadie ha informado a los productores cinematográficos y televisivos que no todos los mexicanos gustamos o necesitamos del lenguaje vulgar, aunque podamos comprender sus huecos mensajes.

Lo difícil de asimilar será aceptar que el cine y la televisión legitiman, por ende, hablar vulgar pasará de ser una opción a un acto obligatorio.

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27 Marzo 2018 04:00:00
Polvo fuimos
La máxima “polvo fuimos y en polvo nos convertiremos” fue, antes que un axioma filosófico, una realidad inexorable para todos los niños del rancho.

Las escasas fotografías y los innumerables recuerdos dan fe de cuán evidente era la supremacía del polvo en el cuerpo del niño campirano, pues de pies a cabeza nos habitaba todo el año sí, pero con mayor determinación durante la Semana Santa.

Si bien no soy nacida en el rancho sí crecí y he renacido en él. La relación estrechísima entre los chiquillos y la tierra no ha tenido cambio alguno, pues siguen teniendo una relación indisoluble e involuntaria.

Una de las pocas imágenes que conservo de mi persona a eso de los seis años delatan esa realidad innegable: estos en cuclillas acariciando unos pollos vigilados muy de cerca por su gallinácea madre. Mi cabello llega apenas al cuello pero se ensancha en maneras imposibles de norte a sur simulando ondulados brazos en color plata.

No encanecí precozmente; el plateado en mi cabeza respondía a las inmedibles cantidades de tierra a las que nos exponíamos en el rancho. Así como el cabello, lucían cejas, pestañas y cada prenda que nos cubría, incluida la interior, pues la tierra volátil se las arregla para introducirse de forma homogénea y democrática a los sitios más recónditos del cuerpo infantil.

Los ojos de los niños en el rancho crecen durante estas vacaciones: el polvo blanco deja círculos en derredor de los párpados, único espacio anatómico que recibe, de vez en cuando, una limpieza rápida a fin de observar bien el panorama seco y airoso de la Pascua.

Es tierrita limpia, el polvo necesario, es aliento natural, es memoria cristiana; todo eso contiene ese talco inocente que viste a los chicos del campo en una época del año cuando todo es más importante que mirarse cual polvorón al volver a casa.

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24 Marzo 2018 04:00:00
El indígena que llevo dentro
No imaginan la hilaridad que desató entre mis alumnos esa fotografía. La mujer tenía una mirada fija hacia un punto distante, cuya ubicación precisa desconocemos hasta el momento por culpa del marco, pues la pintura termina justo frente a los ojos de la dama papúa.

Pero no fue ese detalle el motivo y la razón, sino las líneas coloridas que dividen su rostro en dos faces, como esos eclipses de barro que venden en San Miguel de Allende, como in Yin y el Yang, como la uña y la mugre. Ella estaba decorada quizá para algún festejo tribal, por ello dos líneas rojas brillantes la hacían más mofletuda del lado izquierdo, y los puntos blancos en círculos concéntricos le ponían un bucle en el derecho.

Ya se imaginarán a ese grupo de 30 muchachos preparatorianos y sus comentarios de entre adulto y niño: “Mira: Como Mirna”, dijo uno y todos le dieron la razón pelando los dientes. El asunto es que, en efecto, la chica comparada no tenía mucho de diferente con la indígena, solo que aquella portaba, además de los colores, tres piercing a la vista.
La señorita eligió, para esa mañana, una sombra verde fosforescente combinado con blanco tungsteno para decorar los ojos, con una dala final en negro que sobrepasaba, por mucho, los límites del párpado.

Desde otra fila una alumna aseveró que nada más le faltaba la diadema que portaba la protagonista en la pintura. Sin embargo, para colmo de males, ese día Mirna decidió un tocado de moño con esas redecillas navideñas escarchadas con diamantina multicolor. Todo estaba ahí.

Cuando logré volver el orden a la clase, les mostré fotografías de mujeres cuyas tradiciones tribales las hacen colocarse aros en la nariz, platos en las orejas y cuelleras metálicas los primeros 13 años de su vida; bueno, en ello consiste la belleza allá. “¿Y aquí?” Les pregunté.

Mirna casi se traga el aretito que le sobresalía en el labio inferior y fingió acomodarse el pelo para ocultar los ocho que había colocado, en fila india, en el lóbulo derecho. Ahí me enteré que casi la mitad de mis alumnos tenían por lo menos un metal incrustado en ciertas partes de su anatomía, incluso en rincones cuya existencia desconocía entre los humanos.

Tal parece que el modelo de belleza muy poco ha cambiado: Sea que hablemos de pieles tatuadas, un ratito o para siempre; salientes óseas por inyecciones de coral o polímero –esto para los pobres-; prótesis mil, o exageraciones labiales. Bueno, a estas alturas, los muchachos estaban escurridos en sus bancos y sin argumentos para defender su onda, supuestamente original.

Decidimos, en acuerdo unánime, pasar a otro asunto.

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23 Marzo 2018 04:00:00
Un emoji para ti
Estimado Amigo en Face Book:
Después de darte un “me gusta” por el más reciente álbum de fotos, paso a hacer mis comentarios sobre tus muy interesantes publicaciones y a compartir con todos nuestros amigos comunes este sentimiento que me crece como si alguien me hubiera dado un toque, hablando en Facebook, claro está.

Sé que podrías considerarme fuera de lugar, anacrónica y hasta ceder a la tentación de pulsar un “ya no me gusta”, pero la honestidad, creo yo, es un valor vigente también en las redes sociales; además, si no te digo esto, seguramente otra persona lo escribirá en tu muro, entonces, mejor lo hago yo.

Cada vez que ingreso a mi FB y te veo ahí, con tu cara tan atenta, sonriente y hasta misteriosa, con tu respectivo puntito verde a la derecha, símbolo de tu presencia constante en mi vida, esa esencia ecológica, una actitud de siempre adelante, como semáforo sincronizado, siento que la vida me sonríe, parece como si todo, al final de cuentas, estará bien, suceda cuanto suceda. ¡Vamos, si un amigo está en verde en la lista de contactos qué más da si los mayas vaticinaron el fin del mundo!

Bueno, amigo mío, a pesar de todo ello, siempre me queda un resquemor cuando platicamos y tienes el gran detalle de no desactivar el chat para mi persona. ¿Por qué? Te estarás preguntando; es sencillo: No puedo evitar ver cómo actualizas tu muro mientras chateas conmigo.

Sí, lo sé, todos hacen lo mismo, pero es como si estuviéramos charlando a media calle y de pronto decides ir con otro amigo a la máquina de galletas, y en el camino aprovechas para lanzar un piropo a un tercero –o tercera. Todo esto sin contar que, es probable, estés al mismo tiempo contestando una llamada, respondiendo un caduco correo electrónico y guiñando el ojo a la nueva de administración.

No, por supuesto, nada de ello es envidia por tus múltiples capacidades simultáneas, pero reclamo mi tiempo personal como lo merecía antes. Recordarás los minutitos robados a la oficina con el pretexto de sacar copias –cuando había copiadoras-, tomar un respiro –cuando las empresas no metían oxígeno en el minisplit- o de perdido ir a ver si puso la marrana; entonces uno entablaba conversaciones profundas de cinco minutos, pero personalizadas a más no poder. Todo cambia, bien lo dijo Lupita Pineda, pero el alma se arruga de cualquier modo.

Entiendo mucho la imposibilidad en lo que pido, pero no podía abstenerme de decírtelo antes de cerrar mi sesión, absteniéndome de buscar amigos, quienes puedan lastimarme el corazón con su desdén simultáneo de facebookeros.

Me despido de ti con la promesa de seguir tu publicación y la esperanza de que pronto actualices tu perfil como el que le hace caso a Dalia. Un emoji para ti.

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