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Juan Villoro
Juan Villoro
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23 Agosto 2019 04:00:00
En manos de la fe
En manos de la fe
El domingo 11 de agosto vi marchar en Guadalajara a más de 100 mil personas en apoyo a Naasón Joaquín García, líder de La Luz del Mundo, detenido en Estados Unidos por 26 cargos que incluyen pornografía infantil, trata de personas y abuso sexual, y que hace tres meses fue homenajeado en Bellas Artes. Casi todos los peregrinos eran menores de 30 años; las mujeres llevaban faldas hasta el tobillo y entonaban plegarias melodiosas. La seguridad, el tráfico y las ambulancias dependían de personal con camisetas que decían: “Protección Civil, La Luz del Mundo”. Guadalajara había sido tomada por la congregación que erigió un templo para 12 mil feligreses y gobierna de facto la colonia Hermosa Provincia.

Yo salía de la exposición de Guillermo del Toro En Casa con mis Monstruos. Ante el despliegue evangélico, quise volver a la muestra en busca de consuelo. Los jóvenes que cantaban hacia un porvenir regido por la fe eran más inquietantes que las criaturas con ojos en las manos imaginadas por Del Toro.

La Luz del Mundo surgió en 1926 durante el movimiento cristero. El Gobierno no dudó en apoyar una forma de espiritualidad que competía con los católicos en pie de lucha. El fundador fue el abuelo de Naasón y su heredero, el padre de Naasón. Desde entonces se ha impuesto un “nepotismo sagrado”. Diego Petersen Farah informó en El País que la congregación tiene vínculos con Movimiento Ciudadano en Guadalajara, el Partido Verde en la Ciudad de México y Morena en Puebla y Veracruz. Si Jesús expulsó a los mercaderes del templo y advirtió que su reino no era de este mundo, Naasón abraza la “teología de la prosperidad”. Tan solo en Estados Unidos tiene propiedades por 7.3 millones de dólares.

Las redes del evangelicalismo llegan a la Presidencia: “AMLO creció en el seno de una congregación adventista dentro del corredor evangélico, como se les conoce a los municipios que van del sur de Veracruz hasta Campeche y donde el catolicismo tiene menos de 50% de los creyentes, y comparte la agenda moral de estas iglesias”, escribe Petersen.
En el acto de Tijuana por la unidad de la patria, Arturo Farela, líder de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, elevó una plegaria para que Estados Unidos no subiera sus aranceles. El 21 de febrero, Farela y otros 20 ministros fueron recibidos por López Obrador en Palacio Nacional. Una semana después, el pastor escribió en Facebook que la reunión había sido “sumamente fructífera por las cuatro propuestas que nos hizo el Presidente de México”. No dijo cuáles fueron las propuestas, pero es sabido que las iglesias evangélicas negocian beneficios fiscales ante Hacienda y concesiones de televisión.

Con gran impacto en Brasil y Costa Rica, el evangelicalismo busca acomodos en el resto del continente. Una vez a la semana, el pastor Ralph Drollinger visita a Donald Trump y Mike Pence. De acuerdo con Raúl Olmos, del proyecto Transnacionales de la Fe, que incluye a 16 medios latinoamericanos, Drollinger se ha reunido en México con Farela y políticos de distintos partidos.

Ningún Presidente ha citado tanto la Biblia como López Obrador. Ese texto inagotable tiene muchas formas de ser interpretado. En The Scandal of the Evangelical Mind, el historiador de las religiones Mark A. Noll lamenta que numerosas ramas evangélicas se hayan apartado de la investigación, las universidades y el debate intelectual. Al entender la lectura de la Biblia como verdad revelada, juzgan que toda forma adicional de conocimiento es farisea. Los exégetas y los expertos no existen para la gente de fe que siempre tiene “otros datos”.

Quienes votamos por López Obrador en 2006 y 2012 desde una convicción de izquierda, lo hicimos a pesar de su agenda retardataria en temas como el aborto y los matrimonios del mismo sexo. Cada vez menos izquierdista y más evangelista, en 2018 se alió con el PES, que perdió el registro pero dispone de 29 diputados y 5 senadores, y predica con Farela, quien considera que “los gays y las lesbianas tienen más derechos que los cristianos” (La Jornada, 22 de mayo de 2018).

Después de visitar Tabasco, Graham Greene escribió dos obras maestras, Caminos sin Ley y El Poder y la Gloria. Esos títulos aludían a la persecución del catolicismo en la tierra de Garrido Canabal. Hoy podrían aludir al poderío evangélico en la tierra de López Obrador.
19 Abril 2019 04:00:00
Infierno en la Catedral
Cuando a Jean Cocteau le preguntaron qué obra rescataría de un incendio en el Louvre respondió sin vacilar: “el fuego”. Nada encandila con la fuerza de las llamas.

Las hipótesis fomentan ideas ingeniosas. Difícilmente Cocteau habría respondido lo mismo ante un incendio real.

En la noche del lunes 15 de abril, Notre Dame ardió hasta la madrugada. A medida que el fuego devoraba las maderas y los vitrales, una espesa nube cambiaba de color en el cielo de París. El blanco inicial fue relevado por un fulgor verdoso; luego, una explosión cárdena adquirió destellos anaranjados. Eran los cambiantes tonos de un infierno que no llegó a describir Dante, el mensaje de las llamas el primer día de Semana Santa.

A las 6:30 de la tarde caminaba hacia Notre Dame en compañía de mi hermana, mis hijos y mi sobrina. Habíamos llegado a la Isla de San Luis cuando mi hermana Renata averiguó en Google que la catedral cerraba a las 6:45.

Decidimos entrar a una heladería. Por la ventana, vimos pasar un pequeño coche de bomberos que parecía más diseñado para repartir los célebres helados de la Isla que para combatir el fuego. Poco después supimos la razón: el tráfico impedía que los grandes camiones de bomberos llegaran a un incendio cercano.

A las 7 volvimos a la calle. Una columna de humo se alzaba sobre los simétricos edificios de la zona. Al llegar al puente que cruza el Sena, avistamos el ábside de Notre Dame. Su aguja estaba en llamas. La gente miraba el desastre con la atención hipnótica con que las gárgolas de la catedral miraban la ciudad.

Nadie se atrevía a decir nada. Escuchamos el crepitar de las maderas a doscientos metros. Sólo cuando la aguja se vino abajo, envuelta en una espiral de fuego, hubo una exclamación colectiva. Quienes azarosamente habíamos quedado ahí, recibimos con cierto recelo a los que llegaban atraídos por la notoriedad de la catástrofe, pero al llegar a ese andén de la impotencia, todos se integraban a la misma grey enmudecida.

Desde la orilla derecha del Sena podíamos ver el exiguo arco de agua que salía de una manguera. ¿Por qué no se aplicaba otro remedio? La desesperación despierta ideas sin fundamento. Mientras Donald Trump proponía en Twitter que aviones apagaincendios arrojaran agua sobre la catedral, otros ignorantes pensábamos lo mismo. Pero la masa de agua hubiera hecho que las piedras sobrecalentadas se desplomaran.

El único remedio dependía de una virtud teologal que en un relato Villiers de L’Isle Adam convirtió en una variante de la tortura: la esperanza.

Para impedir que el fuego se propagara a las torres y la fachada, los chorros de agua debían caer con la paciente puntería que la artillería napoleónica tuvo en la batalla de Austerlitz.

Aunque la campana de Quasimodo seguía a salvo, era difícil saber si cuatrocientos bomberos (veinte de ellos al interior del edificio) lograrían limitar los daños. Un dron sobrevoló el sitio y tomó el retrato decisivo de la noche: la catedral era una cruz ardiente.

Edificada del siglo 12 al 14, Notre Dame sobrevivió a dos guerras mundiales pero no a los trabajos de quienes pretendían restaurarla.

Desde muy pronto se dijo que se trataba de un accidente provocado por las obras de reparación; sin embargo, ningún medio francés entrevistó a los responsables de la tarea y no se levantaron las sospechas propias de los países donde las licitaciones se obtienen por corrupción y compadrazgo.

El accidente se debió a un error o a una negligencia de la compañía contratada por una cifra millonaria. Con todo, las nociones de culpa y castigo quedaron fuera de la discusión durante la tragedia. Sólo en las redes sociales, donde la Edad Media dispone de tecnología, hubo teorías conspiratorias, algunas de ellas inspiradas en el siempre citable Nostradamus.

Como el viento soplaba de norte a sur, fuimos testigos del horror sin respirarlo. Sólo al volver a nuestro alojamiento advertimos que el aire había cambiado. Ahora tenía una consistencia acre. Esa rara pimienta estaba hecha de piedras, frisos, arquitrabes, ojivas, moléculas de catedral.

Durante la noche, la gente se aceró a rezar a orillas del Sena y al cabo de cuarenta y ocho horas sonaron todas las campanas de Francia.

Sin embargo, ante los trabajos del fuego, sólo hubo una forma de plegaria: el silencio.



14 Julio 2014 04:00:00
La épica de la normalidad: gana Alemania
En su atribulada historia, Alemania ha aprendido que lo importante no es ganar la guerra, sino la posguerra. La Final contra Argentina fue un equilibrio de la tensión hasta que en el tiempo complementario Götze bajó el balón con el pecho y remató de volea para marcar uno de los mejores goles del Mundial.

El cronista Nelson Rodrigues pedía al Brasil de Pelé que no exagerara con golizas en los partidos previos al Mundial. Ostentar la fuerza indigna a los dioses del futbol. Después de arrollar 7-1 a Brasil, Alemania despertó las sospechas de quienes saben que no conviene mandar toda la carne a la parrilla antes del banquete decisivo.

A lo largo del campeonato, la Mannschaft fue un equipo satisfactoriamente bipolar. Avasalló a Portugal y Brasil, presuntos grandes equipos, como si participara en una exhibición de futbol de playa; en cambio, sudó la gota gorda para vencer a naciones sin pedigrí, como Ghana, Estados Unidos y Argelia.

Por primera vez una selección europea se corona en América. El hecho de que Argentina no levantara la copa alivia un poco la pesadilla brasileña y evita las especulaciones teológicas sobre la comunicación directa del Papa con Dios. Aunque Ratzinger se encuentra en el banquillo, Bergoglio no hizo valer su titularidad.

La fortuna, el árbitro y los ángeles no participaron en un partido ganado desde el esfuerzo. Alemania controló la pelota sin apelar a la inventiva. No les hubiera molestado ser campeones del mundo con un tiro de esquina.

Por su parte, Argentina mostró un espléndido cuadro bajo y esperó que Messi hiciera un milagro de la media cancha en adelante. Con Di María lesionado, la “Pulga” debía actuar de enganche y falso extremo. En cada intervención, demostró que nadie más tiene ese control de la pelota, esa capacidad para cambiar de ritmo, ese sentido del dribling, esa puntería para ajustar los disparos cerca del poste. Estas inmensas virtudes carecieron de acompañamiento y no alcanzaron a inventar un prodigio.

En Sudáfrica, España dominó gracias a los jugadores del Barcelona. En Brasil, Alemania fue una versión reforzada del Bayern Múnich. No es ocioso reparar en que el entrenador del Barsa en 2010 y el entrenador del Bayern en 2014 son la misma persona: Pep Guardiola.

Alemania ha tenido en toda su historia la misma cantidad de entrenadores que México en los últimos 10 años. Esa continuidad, y el trabajo reciente del Bayern Múnich, llevaron a la conquista de su cuarto Mundial.

Brasil 2014 fue una fiesta de la variedad al alcance de la FIFA, lo cual significa que no hubo negros en las tribunas y que al final ganó Alemania.
11 Julio 2014 04:00:37
Sobran o faltan goles
El partido previo a la Final es como la antesala del dentista. Ahí los nervios no pueden ser entrenados.

Las mejores Semifinales se han disputado de principio a fin: Italia-Alemania en 1970, Francia-Alemania en 1982. Ahora vimos dos versiones extremas del género, ninguna apasionante, pero ambas inolvidables.

Durante décadas, los brasileños han convertido la cancha en una extensión de la playa y la discoteca en una alternativa a su casa. Mover el cuerpo con ritmo ha sido su esencia. “Felipao el Iracundo” decidió transformarlos en legionarios que sólo abandonan el gimnasio para tatuarse. Ronaldinho y Kaká quedaron fuera de la convocatoria y Neymar cumplió el papel del excipiente en las medicinas: el elemento que hace viable la receta.

Esta escuadra musculosa y de mirada violenta se derrumbó como un castillo de naipes. Alemania no tuvo que recurrir a su sexta velocidad: le bastó un soplido para desenmascarar a Scolari, que ni siquiera insultó al borde del campo. Salvo el séptimo gol, los tantos fueron típicos de un entrenamiento.

Llamamos “orden” al caos que entendemos. El repertorio de asombros de Alemania es la mayor aventura del orden en el futbol.

Un marcador de 7-1 resulta simpático para un partido de futbol-playa, no para una Semifinal, donde se espera competencia. Lo importante de ese exceso estadístico es que revela dos modos de jugar: Alemania perfeccionó su tradición y Brasil jugó contra la suya. Si el fantasma de Seeler se insinuaba en cada ataque de la Mannschaft, el de Pelé había sido enviado a las regaderas. El pragmático Scolari piensa que el espíritu se purifica con jabón.

La otra Semifinal fue un equilibrio del miedo. Sin cometer error alguno, Argentina y Holanda apenas profanaron sus áreas. Luego de cuatro partidos espléndidos, Messi es un hombre cansado. Su obligación de ser “Maradona todos los días”, como ha dicho Valdano, provoca que el único sitio donde pueda tomar vacaciones sea la cancha. Camina como si jugara el deporte de sus bisabuelos y se limita a mostrar ocasionales destellos. ¿Se reserva para la Final o padece la fatiga molecular que no perdona a los genios?

Mascherano fue el capitán alterno. Se desmayó y resucitó para dar un partido soberbio y guiar a los suyos.

La Holanda que comenzó arrollando a España se convirtió en un equipo de tiro al blanco. Superó a México con un penalti inventado y ante Costa Rica actuó con la prepotencia de quien considera que la ruleta rusa no depende de la suerte sino de las ciencias exactas. Argentina le recordó que chutar es un oficio de barrio.

El domingo ganará el que esté a altura de sus fantasmas.
30 Junio 2014 03:00:30
Fuimos a toda madre
¿Qué hicimos para merecer esto? La Selección dio un partidazo hasta que se asustó de su propio poderío y se refugió en su área como en el regazo materno.

Giovani, que había sido un fantasma, tuvo su domingo de resurrección. Su gol confirmó la capacidad del equipo para decidir jugadas de media distancia. Pero también tuvo un efecto emocional atroz. A partir de ese momento, el “Tri” ya no parecía entrenado por el enjundioso Herrera, sino por un Sófocles de barrio que propiciaba una tragedia.

En ese lapso de angustia, cada vez que Robben tomaba la pelota daban ganas de que el árbitro decretara una pausa de hidratación.

El equipo de Orange jugó a la temperatura en que crecen las naranjas. El estadio de Fortaleza parecía estar en Martínez de la Torre, Veracruz. Van Persie salió del campo, derrotado por la marca y el calor. El clima era nuestro aliado, pero ningún partido se gana por insolación.

Por desgracia, el “Tri” abandonó la pelota apenas se sintió fuerte. Esto sería un enigma psicológico si no formara parte de una atávica costumbre nacional: asustarse con los logros conseguidos.

Holanda carece de sentido del drama en el futbol. Tres veces ha quedado en segundo lugar sin que eso represente un trauma. Recuerdo la ocasión en que Kluivert falló un penalti y la cámara enfocó a Guillermo Alejandro, entonces príncipe de Orange. ¿Qué hizo el heredero al trono ante la pifia? Sonreír divertido.

El dolor del “Maracanazo” convirtió a Brasil en una potencia. En cambio, los prósperos Países Bajos pueden prescindir de la compensación emotiva del futbol. Si ganan, lo disfrutan; si pierden, siguen siendo holandeses.

México llegó al campo con los agravios acumulados por el gol de Peiró en Chile ‘62, la fractura de Onofre en vísperas de México ‘70, la eliminación en Haití para Alemania ‘74, las golizas recibidas en Argentina ‘78, la suspensión de Italia ‘90 por los cachirules, los penaltis de Estados Unidos ‘94. Pero no basta sufrir más que Holanda para superarla.

Herrera tomó al cuarto equipo de la Concacaf y le cambió el rostro. Su forma de festejar los goles se convirtió en el más extremo performance de la dicha. Si nuestro sueño de niños era abrazar a Santa Claus, ahora es abrazar al “Piojo”. Ojalá el sorprendente técnico siga al frente del “Tri” otros cuatro años.

La Selección Nacional enfrentó a Holanda sin miedo, pero se temió a sí misma. Asustada de lo que había logrado, cedió la iniciativa.

Sólo cuando superemos este complejo seremos capaces de salir del laberinto de la soledad para merecer la extraordinaria frase de Miguel Herrera: “¡Somos a toda madre!”
24 Junio 2014 03:00:07
El Último Mohicano
En ocasiones el futbol es una dolorosa forma del placer. El 0-0 ante Croacia nos calificaba, pero cualquier error podía echarnos afuera. Ver esta clase de juegos es como usar los zapatos muy apretados para sentir el alivio de quitárnoslos.

Un espléndido tiro al larguero de Herrera mostró que el “Tri” no se conformaba con el empate. Pero la personalidad del equipo apareció en el segundo tiempo, bajo la conducción de Rafa Márquez.

En 2012, el capitán de la selección comía los filetes del prejubilado en la liga de Estados Unidos, pero regresó al país para llevar dos veces seguidas al León al campeonato y se convirtió, tardíamente y gracias a la visión del “Piojo”, en un entrenador dentro de la cancha. Controla la línea defensiva como un acordeón que reduce espacios y sus pases en profundidad son lecciones de táctica. No es raro que la bilirrubina se le suba en el Tri: en el Mundial de 2002 le propinó un artero cabezazo a Cobi Jones y en 2006 metió una mano inútil dentro del área. Ante Croacia estuvo a punto de ver roja directa por una entrada de cuchillería. Aparte de ese exabrupto, refrendó dos virtudes a la ofensiva: el remate de cabeza con el que abrió el marcador y la pelota peinada con la que habilitó al “Chicharito” para el tercer gol.

El futbol se vive en presente pero se entiende en pasado. Durante 45 minutos estuvimos demasiado nerviosos para saber qué sucedía. Con el ritmo cardiaco recuperado, comprendimos que la selección le cerraba espacios a las celebridades de Croacia con el recurso tribal de agrupar jugadores en torno a la pelota.

Había muchas cosas en juego en vísperas de San Juan. Se rumoraba que el Congreso, tan reacio a la discusión, aprovecharía el juego como cortina de humo para aprobar la reforma energética. ¿El Tri salió a la cancha con pantaloncillo color petróleo en azarosa alusión al patrimonio perdido? Sería extraordinario que la pasión nacional desbordara las canchas para analizar qué se está haciendo con los recursos naturales que no son entrenados por el “Piojo” Herrera.

Cada Mundial inaugura modas. Brasil 2014 ha sido el festival de los mohicanos. Pero actuar como mohicano es más importante que parecerlo. “Si los pelos fueran importantes, estarían dentro de la cabeza”, ha dicho Eduardo Galeano.

En su cuarto Mundial como capitán, Rafa Márquez defiende una tradición casi extinta. Como Franz Beckenbauer o Paolo Maldini, en vez de despejar, inicia una jugada de 70 metros.

Mientras otros se vuelven vistosos con alardes de peluquería, el último mohicano de nuestro futbol demuestra que el líbero todavía existe.

23 Junio 2014 03:00:01
Pasiones cruzadas
La identidad tiene un origen confuso. Aldyr García Schlee nació en 1934 en Yaguarón, en la frontera de Brasil con Uruguay. De niño se aficionó a la escuadra celeste y en 1950 fue uno de los pocos brasileños que celebró el “Maracanazo”. Curiosamente, el triunfo de Uruguay también le brindó su primera oportunidad de trabajo.

Con el fin de borrar todo vestigio de la derrota, Brasil lanzó un concurso para cambiar de uniforme. La selección vestía de blanco y nadie quería recordar a esos fantasmas.

A los 19 años, Aldyr se impuso a otros 300 concursantes para elegir la nueva vestimenta. Destinada a superar el complejo del “Maracanazo”, la canarinha fue inventada por un fan de Uruguay. Con el tiempo, Aldyr se doctoró en Ciencias Humanas sobre un tema que ya se adivinaba en su diseño textil: la identidad cultural y las relaciones fronterizas. Además ha escrito obras narrativas (“Línea Divisoria, una tierra sola”) donde recrea los valores híbridos de su provincia.

El sentido de pertenencia es tan caprichoso como la historia de la camiseta brasileña. Los hermanos Boateng son el mejor ejemplo al respecto. El patriarca de la tribu lleva el apropiado nombre de Prince; nació en Ghana en 1953 y es alemán por adopción.

El mayor de sus hijos, George, tenía talento para el futbol pero se incorporó a una pandilla berlinesa y hoy es criador de perros. Cinco años menor, Kevin-Prince aprendió a jugar en una jaula del barrio de Wedding.

Prince abandonó a sus primeros hijos y favoreció a Jerome, hijo de una azafata, que creció en el más acomodado barrio de Wilmersdorf. El estilo de juego de los Boateng refleja su educación. Kevin-Prince recorre la cancha con una enjundia que se confunde con el instinto asesino (en vísperas del Mundial de Sudáfrica fracturó a Michael Ballack, capitán de Alemania). Mientras tanto, Jerome cumple con disciplina sus tareas de defensa.

Los tres Boateng sellaron su amistad con un tatuaje. No les costó trabajo encontrar un motivo común: el mapa de África. Pero la vida es más contradictoria que las emociones y Kevin-Prince y Jerome juegan para selecciones distintas.

Como el destino vive de coincidencias, el 21 de junio Ghana enfrentó a Alemania en Brasil 2014. En un partido de elevada tensión, los medios hermanos repartieron su suerte: 2-2. Al quitarse las camisetas, entre otros tatuajes apareció la silueta de África. El uniforme es menos genuino que la piel.

“El amor es eterno mientras dura”, escribió Vinicius de Moraes. Esto se aplica a los romances y a las camisetas. Lo saben los Boateng y lo sabe Aldyr, quien diseñó el idolatrado uniforme de la selección que repudiaba.
18 Junio 2014 03:00:21
Un triunfo de entrenador
Hay empates que consagran a un técnico. Con un equipo más limitado que el brasileño, Miguel “El Piojo” Herrera obtuvo un punto de oro y superó el planteamiento de Scolari. Hace unos meses nuestra Selección era la burla de Centroamérica. Ahora defiende cada centímetro de la cancha como una porción del patrimonio nacional.

Cuando la figura de tu equipo es el portero hay que preocuparse. Cuando eso sucede ante Brasil, hay que festejar. Ochoa dio el partido de su vida y justificó haber sido escogido por encima de Corona, menos acrobático pero que transmitía mayor seguridad. Las estampitas de Ochoa ya son religiosas y confirman lo raras que son las matemáticas: el uno vale más.

Al partido le faltó calidad pero el público mostró la épica condición de los pulmones. Por su parte, “Felipao” y “El Piojo” gritaron como los tenores heroicos de un libretista muy mal hablado.

México había derrotado a Brasil en el Mundial Sub-17 y en la Olimpiada, pero siempre había perdido en Copa del Mundo. El empate es histórico por su novedad estadística y por la forma en que se consiguió.

A diferencia de los pentacampeones, el “Tri” no tiene astros que militen en el Chelsea, el Bayern o el Real Madrid. Nuestra única figura indiscutible, Carlos Vela, no fue al Mundial por desavenencias con la Federación. Pero Herrera creó un grupo compacto, que ataca y defiende con enjundia.

Durante décadas, la selección consideró que el sitio más remoto para disparar a portería era el manchón de penalti. Hoy ensaya el tiro al blanco de media distancia. Ante los riflazos de Vázquez, Guardado y Jiménez, Julio César temió que la suerte estuviera echada.

Herrera sabe combinar la sensatez con el riesgo. En su último cambio no pretendió mantener el resultado; en vez de tranquilizar el juego con Salcido, optó por la verticalidad de Jiménez.

Cuando aún era futbolista, “El Piojo” fue entrevistado antes de que su equipo, el Atlante, disputara la Final. “Vamos a dar la vuelta olímpica en la cancha”, respondió. Optimista incorregible, ya pensaba en la celebración. Con el mismo talante, prometió ante Peña Nieto jugar siete partidos en Brasil.

En México ninguna mercancía es más barata que la ilusión, pero el técnico nacional no habla en vano: su entusiasmo tiene un efecto viral. Los jugadores se creen distintos. ¿Qué piojo les picó?

“¿Quieres seguir vendiendo agua con azúcar o quieres cambiar la historia del mundo?”, preguntó Steve Jobs al estratega de Pepsi. La Selección Mexicana ha estado en manos de demasiados vendedores de agua con azúcar. “El Piojo” no tiene medida. Ignoramos adónde va a llegar, pero sólo parece conocer una meta: cambiar el mundo.

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