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[Elecciones 2018]

¡Les mojan la pólvora a los Candidatos!

‘Aprietan’ a AMLO

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¡Les mojan la pólvora a los Candidatos!
Mérida, Yucatán.- Los candidatos presidenciales Ricardo Anaya y José Antonio Meade aumentaron sus ataques contra Andrés Manuel López Obrador en el tercer y último debate presidencial.

Durante el ejercicio, celebrado en el Gran Museo del Mundo Maya, en Mérida, Yucatán, exhibieron su gestión como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, su presunto pacto con el presidente Enrique Peña Nieto y hasta salió embarrado con el caso Odebrecht.

José Antonio Meade afirmó que el socio de esta petrolera en México es la familia Jiménez Espriú y que uno de sus miembros está propuesto por el abanderado de Juntos Haremos Historia como titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

En tanto Ricardo Anaya acusó al abanderado de Morena de haber beneficiado con contratos por 170 millones de pesos al ingeniero José María Rioboó cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

El panista cuestionó directamente al morenista y lo retó a renunciar a su candidatura si le presentaba los contratos que demuestran su dicho, pero López Obrador declinó. “Te has convertido, Andrés Manuel, en lo que tanto criticabas: como los del PRI, ya tienes también tus contratistas favoritos”, le espetó, sentado a su lado en el debate.

Moderadores frenan a los Candidatos

Los tres moderadores designados por el Instituto Nacional Electoral –Carlos Puig, Gabriela Warkentin y Leonardo Curzio– se convirtieron en férreos garantes de que la “sugerencia” a los candidatos de “no tocarse” se cumpliera a cabalidad. Rígidos en el control del tiempo y apegados en todo momento a la estructura previamente fijada, impidieron en los hechos que los señalamientos directos entre aspirantes tuvieran eco. Incluso llegaron a “enfriar” los momentos más álgidos de acusaciones directas, llamando inmediatamente a los candidatos a que retomaran los temas acordados, contribuyendo a que el tercer y último debate se convirtiera en un ejercicio plano y sin grandes emociones.

Enfría debate ‘calor’ de campaña

El tercer debate presidencial estuvo marcado por una rebaja en el tono y la agresividad mostrada por los candidatos en las primeras citas.

El último ejercicio realizado en Mérida, Yucatán, transcurrió de manera lenta y aburrida, pese a la relevancia social de los temas: crecimiento económico, desigualdad, pobreza, educación, ciencia y tecnología, salud y desarrollo sustentable.

En esta opcasión, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador se vio acorralado en dos ocasiones: Anaya y Meade mencionaron a personajes vinculados con él –como Javier Jiménez Espriú y José María Rioboó– a quienes asociaron con actos de corrupción.

Al momento de activar su defensa, López Obrador careció de contundencia.

A partir de las 21:00 horas la noche tuvo la sensación de ser más larga y el debate fue menos dinámico que sus predecesores.

Ricardo Anaya no logró brillar y exhibió tensión, ya que poco antes del encuentro, le volvieron a salpicar las acusaciones por lavado de dinero y corrupción que dieron materia a sus contrincantes para intentar dejarlo tendido en la lona.

José Antonio Meade, por su parte, fue quien más atacó, aunque sus ofensivas surtieron poco efecto. Mientras que Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, bajó la energía de sus intervenciones, al mostrarse más recatado e incluso conciliador.

Se presentó gran cantidad de ataques, pero en términos efectivos hubo más propuestas, con 83 totales.

Estas últimas quedaron opacadas por los intentos de confrontación, frenados de tajo por los moderadores, quienes tomaron la batuta y mandaron a la congeladora lo que se avizoraba como el debate que lograra acelerar a fondo de cara a las semanas finales de campaña. Esto no sucedió.

Los encargados de moderar fueron los periodistas Gabriela Warkentin, Leonardo Curzio y Carlos Puig. Los tres bajaron la intensidad de la confrontación y colocaron un muro infranqueable para debatir.

Previamente el INE había marcado las reglas que siguieron a cabalidad: los aspirantes no podrían tener contacto físico, ni intercambiar mensajes o documentos; estarían sentados en un semicírculo con el espacio suficiente para no estorbarse. El cometido se logró y todo resquicio de algún fuerte enfrentamiento quedó congelado.

Los temas estaban marcados y se habló de ellos, perdiéndose en la agonía con que transcurrían los minutos.

El último debate se convirtió en solemnidad y somnolencia, lento, arrítmico con destellos que fueron suprimidos por los moderadores. Reencaminaron a los candidatos a las preguntas y temas pactados, pero entre los intentos por confrontarse y culparse de corrupción, las respuestas cumpieron aunque sin un eco, sin un impacto.


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